UNA SALVACION…

Mikaela corrió al lugar de los hechos y encontró a Alexander tirado en el suelo, en posición fetal y con ambas aletas sobre una de sus piernas.

-Alexander, ¿qué ocurrió?.- el pingüino no contesto, solo seguía entre sollozos y gritos, apenas logrando demostrar lo lastimado que estaba. Mikaela sin obtener respuesta alguna y ante la situación en que se encontraba corrió al zoológico, ni siquiera creía conveniente avisarle al capitán, pues se daba cuenta de sus desprecios hacia él. Casi en la entrada del zoológico encontró al pingüino alto, lo llamo, le aviso de la situación y este la siguió para ayudar al pingüino lastimado. Entre los dos lo cargaron y trajeron al zoológico, ambos acordaron que el mejor lugar donde este podía estar era en el propio habitad de su madre.

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Kowalski llego corriendo a la base, bajo las escaleras lo más apresurado posible, miro a Emma pero ni aun así no detuvo sus pasos, paso junto a ella pegándole en la aleta al pasar.

-¡papá!.- lo llama lamentándose del dolor por aquel golpe recibido.

-hija perdóname, pero debo apresurarme.- explica estando ya dentro de su laboratorio.

-¿papá, que paso?

-es Alexander….

-¡¿qué?!, ¿qué le paso?

-no estoy muy seguro, lo atacaron, le dispararon un veneno demasiado potente, él se encuentra en el habitad de Marlene, se está recuperando.- Emma siguió al padre que enseguida salió con unos cuantos materiales de laboratorio. Ambos al llegar lo encontraron aun quejándose del dolor, sus hermanas y padres se encontraban con él, solo faltaba Eleonor.- por favor déjenme pasar.- pide el pingüino a duras penas examinándolo, su herida se mostraba muy profunda y sángrate, con una jeringa le tomo una muestra de sangre y la examino en su microscopio, ya encontrándose nuevamente en su laboratorio y con la compañía de la madre, aquella toma le duro como 20 minutos, además de también hacer un diagnóstico del problema.

-Kowalski, ¿qué tiene Alexander?.- interroga Marlene mirándolo con desesperación su tardado diagnóstico.

-le dispararon un veneno letal, está en grave peligro.

-¿puedes hacer un antídoto?

-no, llevaría demasiado tiempo, Alexander no dispone de ello.- Marlene no resistió más la situación de desesperación y ayuda para su hijo, hundió su rostro en sus patas y comenzó a llorar, desde hace varios minutos llevaba las lágrimas en los ojos que ya no resistía más el poder de permanecerlas ahí. No tomo mucho tiempo en que el pingüino alto le demostrara su apoyo y entendimiento al posar su aleta sobre su hombro, la nutria lo miro a los ojos por varios segundos, con una mirada entendible que el pingüino le brindaba, ella no se negó a abrazarlo.

-tranquila Marlene, te prometo que no permitiré que le pase nada a nuestro hijo, encontraré soluciones.- entre el tiempo que le daba sus esperanzas a la nutria, la pingüina ciega los encontró en tal momento, sus pupilas estaban posados sobre ellos, sus aletas temblaban y su ira crecía una vez más, tenía tantos nervios por soltar su palo guía e irse sobre la hembra, matarla a ahorcadas o a golpes, con tal de alejarla para siempre de su macho, eso le serviría de lección y advertencia.

-Kowalski… ¿estás aquí?.- interroga llamando su atención, el pingüino al verla inmediatamente soltó a la hembra y se puso algo nervioso, aunque sabía que estaba ciega, su mirada le revelaba otra cosa.

-sí, aquí estoy Anastasia, pero ya me voy.- responde inmediatamente, no sin antes tomar su material e instrumentos, la nutria lo siguió enseguida, Anastasia ni siquiera pidió explicaciones, los dejo marcharse sin más que poder decir o pedir. Cerró sus ojos fuertemente y se hundió nuevamente en la derrota.

_oOo_

Kowalski inmediatamente llego con Alexander, comenzó a trabajar en la única posibilidad que se le presentaba, tomo sus materiales principales como; mariposa, jeringa, liga para hacer presión y sistema al vacío. El pingüino herido no dejaba ni un momento trabajar al pingüino alto en silencio, la parte afectada estaba ya algo hinchada, pues le dolía en exceso las picaduras y la presión de la liga, el pingüino alto junto con la nutria se hacían transfusiones de sangre para su propia cría, no dejaban pasar a nadie a la cueva, ni siquiera sus hermanas, aun sabiendo que ellas desean estar ahí con él, pues sus gritos de tortura ponían nerviosos a cualquiera. El capitán no deseaba saber nada por el momento, andaba rondando por el zoológico hasta que encontró a Eleonor.

-¡qué bueno que llegas!, tal vez Alexander se pondrá feliz de verte.

-¿por qué lo dices?, ¡¿él ya quiere verme?!, ¿en dónde está?.- interroga entre desesperación y entusiasmo.

-tu niño dorado está en el habitad de Marlene, intentando escapar de la muerte.

-¡¿qué?!, ¿Cómo que salir de la muerte?, ¿qué le paso?

-al parecer lo intentaron atacar, le inyectaron un veneno muy mortal y Kowalski y Marlene están intentando salvarlo.- responde sin mucha preocupación por el pingüino, Eleonor paso de frente empujándolo al lado para quitarlo de su camino, su falta de preocupación por él ya la empezaban a hartar. Eleonor llego a la cueva, pero de igual manera sus hermanas del pingüino le explicaron lo sucedido sin mucho lujo de detalle, era claro que quien mejor era para explicar lo sucedido era el mismo Alexander, la pingüina se asustaba cada vez más al escuchar sus gritos de dolor, pronto recordó una de las amenazas recibidas por Anastasia.

Molesta corrió algo disimulada al habitad de los pingüinos donde se encontraba Anastasia, encerrada nuevamente en el laboratorio, apenas tuvo el tiempo suficiente para guardar muy bien su arma sin que Eleonor la viera, salió del laboratorio y fue estrellada contra la pared, ambas aletas de Eleonor se posicionaron sobre su cuello para presionar fuertemente.

-¡eres una maldita asesina en toda la extensión de la palabra!.- reclama con voz fuerte, pues era seguro que nadie se encontraba en la base, Anastasia entendía que ya se había enterado de Alexander, pero no le importo, dio una patada al estómago de su oponente y logro la liberación de su cuello, tomo su palo guía que había tirado al suelo y dio un palazo a la pingüina de lado izquierdo, dejándola con una marca en el rostro. La dejo tirada en el suelo de rodillas, la lesionada poso su aleta sobre la herida recibida y vio sangre. Eleonor inmediatamente se lanzó sobre sus patas y la tiro de espaldas hacia el suelo, su cabeza le dolía al ser su nuca directamente estrellada contra el suelo, Eleonor inmediatamente se hinco de rodillas aun lado de ella, tomo su nuca y la alzo para darle un golpe en el rostro con el puño cerrado, dejándola a tal grado adolorida como para que se protegiera el golpe con ambas aletas e hiciera una expresión facial del dolor. Al verla así derrotada tomo su palo guía, lo levanto y apunto nuevamente hacia su rostro para hacerla recibir cierto palazo final, pero su acción fue interrumpida por Tadeo, quien en seguida toma el palo y se lo arrebata en un solo movimiento.

-¡¿qué les pasa a las dos?!, ¿quieren que las descubran?.- interroga volteando a mirar a las escaleras.

-tu… ¡¿tu sabias de esto?!.- interroga Eleonor sentada en el suelo.

-¿de qué?, ¿de Alexander?, a Darío esto no le importa, así que también puedo hacer por mi cuenta lo que yo quiera.

-te dije que de alguna manera Alexander también lo iba a pagar.- Eleonor se levantó enseguida e intento irse contra el pingüino, pero no le fue tan fácil, la empujo hacia las escaleras y le pidió que se retirara, la hembra obedeció inmediatamente, le sería justo irse solamente contra Anastasia, pero ya con la protección de Tadeo le sería muy difícil lidiar, y más si ambos están unidos.

_oOo_

A la mañana siguiente el pingüino herido amaneció ya sin dolor, la aguja aún seguía insertada en su vena, pero ahora le otorgaba la sangre necesaria para sobrevivir, el peligro al parecer había desaparecido, ahora solo esperaban su completa recuperación, sus hermanas junto con el capitán ya podían entrar y salir sin ningún problema. El herido empezó a despertar pestañeando de manera constante, le ardían los ojos de alguna manera y sentía en todo su cuerpo un hormigueo molesto por su flujo sanguíneo.

-¡por fin despertaste!.-escucha una alegre voz, pero sabía que no era la de su madre, volteo su cabeza hacia su dirección y ahí encontró a Eleonor. La hembra se acercó a él que se encontraba postrado en la cama de cemento.

- ¿qué me paso?

-te atacaron en la noche, ¿ya amaneciste mejor?

-¿por qué me duele el cuerpo?

-es por todas las transfusiones de sangre que te administraba Kowalski, él y tu mamá no se despegaron de ti en toda la noche.- Alexander solo respondió con una mueca de molestia entre incomodidad, Eleonor toco su frente y mejillas para verificar que no hubiera temperatura, pero el pingüino se apartó de esta para evitar todo contacto, aun no olvidaba su pleito de la otra vez. Eleonor entendió esa acción y aparto su aleta de él.- ¿sigues molesto por el pleito de la otra vez?

-no es solo eso tía… me estoy dando ya cuenta de muchas cosas que sabía de ti… creo que ya estoy conociendo a la Eleonor de verdad… para empezar, ¿por qué no me dijiste que mi mamá y mi padrino Kowalski… son amantes?