Nota: Holaaaa! :P. Heme aquí, seguimos con las aventuras de nuestros angelitos. Ahora, con respecto a algunos reviews que recibí, me voy a disculpar de todo corazón por no responderlos personalmente, eh tenido un montón de cosas que hacer y estuve fuera de mi casa por varios días, pero igualmente los leí todos y siento que algunos ya quieren un final; por esto también me disculpo, quizá esté bastante largo este fic, no sé, ya pensaré en algo. También me disculpo por no poder satisfacer las esperanzas de todos, no puedo a complacer a todo el mundo sin perder la historia en el camino , a algunos no les gustará ciertos personajes, ciertas decisiones, otros sí, así son las cosas, (hace un mes odiaba a Rick Riordan por enviar a mis queridos Percy y Anabeth al jodido tártaro!. Hoy lo amo de nuevo). En fin, lo siento chicos (as), busco hacer la historia lo más original posible porque de aquí saltaré a "completamente original" xD por decirlo así, pero siempre leo y presto muchísima atención a todo lo que me escriben porque ustedes me ayudan a mejorar. GRACIAS! Ahora, a leer.

Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya que se utilizan en esta historia le pertenecen a Masami Kurumada

Crónica 32. El Fénix: ¡El Rey de la tortura!

A pesar de las palabras del Ángel negro, pasaron los días y Shun aún no despertaba.

En Canadá, el Loto llevaba una semana en plena emergencia. Cuando Sigma arribó con los doce poderes todos malheridos, la sede de la organización se convirtió en un caos total. Fallen fue el primero en ser trasladado en camilla hacia una habitación especial, seguido de cerca por los sacerdotes oscuros del Loto, todos recibiendo ordenes de Sigma. No estaba seguro de haber llegado a tiempo. Habiendo enfrentado solo a Gabriel, Zoe y a Ikki, las heridas del Poder Alpha eran severas y Sigma lo sabía: Aquellos podían ser, sin contar a los dos líderes, fácilmente los más poderosos de todo Mithrandir. Sin embargo, la peor herida que Fallen recibió fue la última y a la que Sigma temía más. Él llegó un par de segundos demasiado tarde y vio perfectamente como parte de la Guadaña del Shinigami atravesó el pecho de su líder. Ahora, mientras Fallen yacía inconsciente en la cama, Sigma miraba por la ventana, esperando fastidiado a que Karvain, otro sacerdote, dejara de gritar.

-¿Estás absolutamente seguro de que lo atravesó?

-Por décima vez, Karvain, Sí. ¡No sé qué tan profundo sería pero lo hizo, ahora deja de joderme con las mismas malditas preguntas!

-Que desastre-Karvain lo ignoró-¡¿Cómo pudiste dejarlo ir?! ¡Por querer vengarse de una maldita armadura que ni siquiera capturaron! ¡Sin nuestro campeón y la reina estamos en desventaja, Sigma, tú deberías saberlo!

Sigma puso los ojos en blanco y miró de nuevo por la ventana.

-Directo al corazón de la Piedra Blanca, ¡Que estupidez! ¡Ahora la mayoría están heridos de muerte, Karin ni siquiera responde! ¡Está como muerta en vida, a saber qué mierda le hicieron y quien!

-Los cegadores pueden encargarse de eso, que miren sus recuerdos.

-Si se deciden a atacarnos ahora, estamos perdidos, Sigma.

-…Lo sé.

-No sé por qué Fallen confía tanto en ti, prácticamente apareciste de la nada, medio muerto en nuestras puertas…

-¿A qué coño viene eso, Karvain?

-Pero la decisión es tuya-Karvain continuó, ignorando la pregunta de Sigma-Eres tú quien tiene el mando ahora, hasta que él despierte al menos.

Karvain notó como los músculos de la mandíbula del rubio se movían bajo su piel. Estaba claro que tocar el tema de su pasado (o la escasez de éste) lo había enfurecido, pero poco le importaba; la situación del Loto era alarmante. Sigma suspiró, calmando su furia y miró de nuevo por la ventana.

-Que los cegadores revisen la mente de Karin, Sansa puede ayudar. Y quiero a todos los Sacerdotes encargándose de Fallen.

-Entiendo.

-Centinelas en cada puerta, en los techos y en los subterráneos y que establezcan un perímetro de seguridad: al menos 8 km.

-No creo que tengamos tanta gente.

-Podemos usar nuestros cristales.

-Dijiste que querías a todos los Sacerdotes con Fallen.

-Tú te encargarás de los cristales.

-Pero…

-¡Dije que tú te encargarás de los cristales! Y cuando el nigromante despierte quiero que venga a verme inmediatamente.

Karvain apretó los labios, asintió muy levemente y se retiró. Sigma miró a Fallen y suspiró de nuevo.

-Ahora si la has cagado, Fallen. Vas a obligarme a hacer eso.-chasqueó la lengua-Maldita sea, nunca pensé que tendría que llegar tan lejos…

Mientras tanto en Mithrandir, las reparaciones iban a paso veloz, como en un principio, cuando todos los sobrevivientes de la humanidad se unieron para construir sus hogares. Sin embargo habían muchos heridos de muerte y Hyoga no tuvo otra opción que tratar de invocar al Shinigami, aunque Shun seguía dormido. Éste apareció un par de días después, encontrando que Hyoga estaba furioso con él.

-Pocas veces alguien está tan ansioso de verme.

-Estas personas llevan tres días al borde de la muerte. ¡Tres días!

-El tiempo no significa nada para mí, ya te lo he dicho. Su momento ha llegado ahora, no antes.

Gabriel, quien estaba ahí, se cruzó de brazos y sonrió. El Shinigami era definitivamente exasperante.

-¡Pero ese es tu trabajo ¿No?! ¿No puedes hacer algo por ellos, ahora?

-Si atendiera a todos los que van a morir, Shun no dormiría jamás, ni comería, no tendría tiempo. Tengo entidades que se encargan de eso.

-Como la historia de Willy Wonka y los umpa lumpa-bromeó Gabriel.

-Podría decirse. Sin embargo, me estoy cansando de dar explicaciones.

-¿Conoces la historia de Willy Wonka?-preguntó Gabriel, asombrado.

-No se desvíen del tema-interrumpió Hyoga-Ellos quieren ver a Shun.

El Ángel sonrió levemente y cuando se acarició los cabellos estos se tornaron de un brillante color esmeralda, iguales a los de Shun. Sus ojos cambiaron frente a los dos Ángeles y Gabriel se estremeció.

-Eso fue…espeluznante.

-Es lo mejor que puedo hacer por ti-Respondió el Shinigami, ahora con la voz de Shun.

Hyoga sintió que le hervían las venas, pero su rostro solo les mostró una calma fría que a Gabriel se le antojó más aterrador que el cambio del Shinigami.

-Tendrá que servir-siseó Hyoga

-Tú estás furioso por otras razones que no has dicho en voz alta-dijo el Ángel-y tú no has ido a entrenar como te indiqué.

Gabriel pareció perder un par de centímetros de su respetable estatura.

-¿Le tienes miedo?

-No. Estaba ayudando con las reparaciones.

-¿Esas son tus razones?

-Buenos, vamos, que el tipo me pone los nervios de punta. Pero iré, lo prometo.

-¿Pueden moverse?-preguntó Hyoga, visiblemente molesto-Hay gente que está esperando a morir en paz aquí.

-Y eso no suena para nada embarazoso.

-Tú tienes que caminar con nosotros-dijo Hyoga-No se te ocurra aparecerte de la nada ahí. Shun camina, no se desvanece.

El Ángel se encogió de hombros y lo siguió. Gabriel iba detrás de ellos y negó con la cabeza al parecerle insólita la situación, aunque ya esas alturas debiera estar acostumbrado.

-Esperemos que Zoe no nos vea. Está demasiado nerviosa como para verte por ahí caminando como si nada. Ha pasado más de una semana y Shun todavía no despierta.

-Lo hará.

-Sí, ¿pero cuando? Está claro que no llevas un reloj.

-Yo soy un reloj. El más importante.

Hyoga puso los ojos en blanco y suspiró. ¿Hasta dónde era que tenía que contar? ¿Era hasta diez o cien?

Al día siguiente, Gabriel cumplió con su promesa.

Estaba parado a pocos metros del volcán, respiró profundamente, dejó salir todo el aire de un tirón y escaló hasta que unos minutos después estuvo dentro de aquella extraña cueva. Había un rio de lava corriendo justo a su lado y algunas cascadas ardientes a su alrededor. El resto eran solo rocas enormes, donde quizá uno podría sentarse, pero definitivamente aquel lugar no era nada acogedor.

-Joder, qué calor hace-susurró.

-No durarás diez minutos aquí si ya te estas quejando. Patético.

El moreno se dio la vuelta para ver al Fénix, vistiendo su armadura, saliendo desde detrás de una de las cascadas.

-Oye, te ves…sólido. ¡¿Ya recuperaron sus cuerpos?!

Ikki apretó la mandíbula y consideró la posibilidad de cumplir su promesa de patearle el culo hasta el inframundo.

-Has cruzado un portal a otra dimensión sin darte cuenta.

-Oh, ya veo…Bueno, por lo que dijiste antes ya sabes por qué estoy aquí.

-Algo me dijeron. Y aquí estás siguiendo órdenes como un cachorrito.

Esta vez, la furia centelleó en los ojos dorados de Gabriel e Ikki tuvo un atisbo de quien era él en realidad. Vio al templario detrás del chico bromista y molesto, nada tímido y sarcástico. Gabriel se acercó hasta Ikki y pareció incluso más alto de lo que ya era. No intimidaba a Ikki de ninguna manera, pero si le mostraba justo lo que él quería ver.

-Soy un caballero templario…-siseó.

-Me importa una mierda tu pasado, chico.

-Y soy el único de los míos que se unió a la Piedra blanca.

- ¿Y?-Ikki enarcó una ceja.

-Son muy celosos de sus costumbres, no las cambian. Me dijeron que ya no sería parte de la orden del temple si me iba y aun así lo hice, desobedecí.

-¿Eso debería impresionarme?

-A mí me importa una mierda como lo tomes, pero esa ha sido la decisión más importante que he hecho en toda mi jodida vida así que ten cuidado con lo que dices-siseó Gabriel, de nuevo-No estoy aquí para impresionarte ni para tolerar tu puñetera personalidad.

-¿Y para qué entonces?

-¡Para que me entrenes!

-¿Por qué?

-¡Porque no quiero que nadie vuelva a protegerme!

Gabriel calló de pronto e Ikki sonrió con malicia.

-No te conozco, no estaba seguro de si serías sincero conmigo si te preguntaba directamente.

El español se sentó en el suelo y apoyó la espalda en una de las rocas, mientras se cruzaba de brazo.

-El Shinigami me envió.

-No, él solo lo vio. Tú tomaste la decisión mucho antes de que él te lo dijera y lo sabes. Tendrás que confiar en mí, Gabriel, si quieres que te entrene, pero también deberás desafiarme aunque me temas.

-No te tengo miedo.

La sonrisa y la mirada de Ikki se volvieron un poco más siniestra y Gabriel casi se estremeció.

-Lo harás. No soy como Shun o Hyoga.

-A mí me parece que sí, se parecen demasiado y ya he lidiado con sus lados demoniacos.

Ikki rió y Gabriel se enfurruñó. Aún estaba molesto por la forma en que el Fénix había manipulado sus emociones, pero la curiosidad le ganaba a la rabia. Lo observó por unos instantes, mientras Ikki miraba hacia el rio de lava para luego fijar la vista en él otra vez.

-¿Qué?

-…Me preguntaba qué tan diferente eres. Sé que dije que se parecen, ustedes tres, pero la verdad es que creo que son totalmente distintos y sin embargo hay aspectos en donde son iguales. Por ejemplo, en medio de la pelea contra Fallen, sentí tu cariño hacia Shun.

-Es mi hermano.

-Lo quieres.

-Eso no es asunto tuyo.

-Y ahí es donde se parecen-Gabriel sonrió- Hyoga también oculta sus emociones. O lo intenta al menos, me he atrevido a fijarme y he notado que no lo hace demasiado bien, pero la gente no se da cuenta porque no se atreven a mirarlo a los ojos por mucho tiempo.

-Sus intentos son patéticos.

Gabriel frunció el ceño, tan confundido como molesto e Ikki cruzó los brazos frente al pecho.

-Hyoga es uno de los caballeros de cristal. Está criado y entrenado para no dejar que sus emociones lo dominen, para no sentir nada, pero es un fracaso en ese aspecto. Para ser el Santo del Hielo es demasiado apasionado, especialmente si se trata de Shun; lo adora. Pero es precisamente por sus emociones que se ha convertido en un excelente líder. Es la razón por la que todos lo siguen y confían en él ciegamente. Aunque sigue siendo un blandengue para mí.

Eso casi había mejorado el humor del español. Casi.

Aún trataba de descifrar a Ikki. Parecía querer mucho a los otros Santos, era noble como ellos, pero aparentemente le gustaba rematar sus palabras anteriores, siempre con un algún insulto, como si así evitara agradarle a la gente. Era indudable y ridículamente fuerte, su cosmos se imponía como el Rey de la manada, siendo increíblemente agresivo y ejerciendo absoluto control sobre todo lo que lo rodeaba. En ese sentido, era diferente a Hyoga, cuyo poder se mostró antes todos en el momento preciso, con la elegancia y la fuerza de la brisa gélida contra la que no tienes ni la más mínima oportunidad. Shun era otro tipo distinto de fuerza; era como una presión en el aire, asfixiante. Una amenaza latente, pero silenciosa; era como la mirada fija de la serpiente que advierte antes de morder. Y todos eran, a su modo, líderes a los cuales él seguiría, era lo que su instinto le decía y eso era todo lo que necesitaba averiguar.

Se levantó, resuelto, sacudiéndose la arena de los pantalones negros e Ikki lo miró.

-¿Terminaste con tu palabrería ridícula?

-No hablaré de tu madre porque es la misma que tenía Shun-respondió Gabriel, enarcando una ceja.-Como te dije ya he lidiado con los lados demoniacos de aquellos dos y…

-¿Y qué piensas?

-¿Pensé que podías leer mi mente? Era una jodida tortura, así que estoy preparado.

Ikki sonrió de nuevo, con tanta malicia que Gabriel no estuvo nada seguro de sus palabras.

-No sabes lo que es tortura todavía, chico. Hyoga y Shun son buenos…pero yo soy el mejor.

Ikki encendió sus cosmos y una enorme ola de fuego se elevó hasta el techo y cubrió todo el recinto. Por donde mirara Gabriel había fuego, humo y magma y un terremoto comenzó a sacudir el piso, como si todo fuera a derrumbarse y antes de darse cuenta, el terreno debajo de él desapareció, enviándolo directo a una muerte segura y muy indigna del Ángel rojo del fuego.

-¡Mierda, mierda, mierda, mierda!

Ikki sonrió. De pronto una saliente apareció de la pared al lado de Gabriel y éste se estrelló aparatosamente contra ella para quedar atrapado entre la cortina de lava y el rio que parecía subir rápidamente.

-El fuego es tu aliado pero tu llama es débil. Yo te protegí con un manto contra el ataque de Fallen, tú puedes hacer lo mismo. Comándalo, cambia su naturaleza para que te proteja.

-¡Hijo de la gran…!

Cuando el moreno levantó la vista, Ikki ya no estaba ahí, solo el caos que armó para él.

-¡Apresúrate o morirás! ¡Tienes dos horas!

Gabriel miró hacia abajo y vio el rio acercándose de forma lenta pero segura. Detrás de él la pared estaba cubierta por la lava que caía como cascada, así que básicamente Ikki tenía razón: Tenia que apresurarse.

-O terminaré como pato frito.

En Mithrandir, horas después, una preocupada Esmeralda entraría a la habitación del templario solo para verlo llegar apoyándose en el hombro de Ikki, semi inconsciente, magullado y con la ropa chamuscada pero vivo. La rubia se asustó tanto que de no ser por la mirada fija del Fénix que la paralizó hubiera gritado a todo pulmón. En cambio lo vio depositar suavemente a Gabriel en la cama para luego darse la vuelta y desaparecer en la oscuridad como si aquello no fuera nada del otro mundo e ignorando a la rubia completamente. Solo Selene y Hyoga lograrían despertarlo pasados unos minutos.

-Es extraño, no puedo sanar todas sus heridas-dijo la peliplata.

-¿Estas segura de que era Ikki?-preguntó Hyoga.

Antes de que Esmeralda pudiera responder, Gabriel tosió y abrió los ojos. Ella se acercó mientras él miraba a su alrededor y apoyaba la cabeza de nuevo en la almohada.

-¿Me veo tan terrible como me siento?

-Yo diría que sí- dijo Hyoga, sonriendo ligeramente-¿Qué diablos te pasó?

-Ese bastardo…Que sujeto tan…tan-Gabriel tosió de nuevo-Pero lo logré…¡en dos horas!.

-Me estás hablando en sanscrito, Gabriel. ¿Ikki te hizo esto?

Gabriel logró sentarse en el borde. Apestaba a ropa quemada pero no podía evitar sonreír.

-El manto de fuego, lo dominé, Hyoga. ¡No a la perfección pero evité que me rostizara vivo!

Gabriel parecía tan emocionado que no notaba que nadie entendía lo que estaba diciendo, hasta que Hyoga ató cabos y enarcó una ceja.

-Ikki te está entrenando.

-¡Casi muero!-Continuó Gabriel-¡Tenia el rio casi rozando la saliente, estaba seguro de que iba a morir, pero luego recordé lo que nos han enseñado del cosmos, como es parte de nosotros, como Shun y tú moldean el mismo viento y el hielo y supuse que sería el mismo principio y ¡lo logré!.

Hyoga sonrió de nuevo, Selene y Esmeralda los miraban confundidas y Gabriel hablaba sin parar.

-El fuego es vida-continuó, mirándose las palmas de las manos-Y yo me sentí más vivo que nunca, más fuerte. Estaba demasiado cerca de morir por la misma naturaleza que me da mi poder. Fue increíble. Me dijo que me explicaría lo que logré mañana.

-¿Mañana?-interrumpió Esmeralda-¡Ni siquiera te puedes levantar, Selene no puede sanar tus heridas!

-Lo siento, yo…

-No eres tú, Sel', no te preocupes. Su poder lo impide. Me dijo el dolor tiene que quedarse. Y lo entiendo, Shun me dijo lo mismo una vez.

-Lo recuerdo, Ikki se lo enseñó. Entonces era a eso a lo que se refería el Shinigami.

-Sí. Ikki dijo que era el mejor, ya puedo ver por qué y…

-¿Qué fue lo que dijo?

Gabriel miró a Hyoga, quien estaba frente a él apoyado en la pared, parcialmente cubierto por la oscuridad de la noche y cuando el moreno notó lo que había dicho deseó haber mantenido cerrada la boca.

-Bueno, pues…

-Repite eso, Gabriel-dijo Hyoga, suavemente.

La mirada fija del Cisne era mala señal. Mientras que la ira de Ikki era fogosa y caliente, destructiva; la de Hyoga era gélida y afilada. Y a nadie le gustaba.

-Él dijo que era mejor que ustedes dos. En mi defensa diré que no se debe matar al mensajero.

-¿Ah sí? Pues haremos esto, y le darás un mensaje de mi parte.

Y al día siguiente…

Ahí estaba Gabriel, excitado por volver a su entrenamiento pero temiendo que su vida corría más peligro que nunca. Ikki frente a él cruzó los brazos al notar algo diferente. Muy diferente.

-En mi defensa diré que es culpa tuya-dijo Gabriel.

-Explícate.

-Pues Hyoga se enteró de lo que dijiste y supuso que entonces podrías entrenarlos a ellos también.

Si, ahí estaban: Adrián, Solange y Esmeralda. Selene se había quedado atrás y aun no se reunía con el grupo.

-¿Y si me niego?

-Dijo que recordaras que no les gustas al Shinigami. Y además…

-¿Qué?

-Pues ir a quejarte con él personalmente, ya que, cito: te enseñará a meterte tu arrogancia por el culo-Gabriel se encogió de hombros.

Ikki se echó a reír y el grupo lo miró como si fuera un extraterrestre.

-No los vi peleando a ninguno así que no tengo la más remota idea de cuáles son sus poderes. ¿Y quién es la persona que está detrás?

El grupo se abrió paso y Selene, quien parecía absorta con el entorno notó que la miraban y al girarse lo vio con claridad: Alto, moreno, fuerte, imponente. El Fénix envestido en la armadura, desbordaba un aura de poder y calidez que ella no había sentido jamás. Sin darse cuenta lo miró fijamente y todos los colores se le subieron al rostro. Sintió más calor en su cuerpo que nunca, sus mejillas tan rojas como el cabello de Solange y sin entender una pizca de lo que estaba pasando. A todas luces el resto del grupo, incluyendo el susodicho, lo captaron primero que ella. Ikki enarcó una ceja muy levemente y sonrió solo para ella, haciendo que se le erizara todo el vello de la nuca. Luego decidió darle su privacidad.

-Sus poderes. No tienen todo el día.

Adrián se paró frente a Ikki, ocultando a Selene de la vista de los demás con su ancha espalda y dándole a Solange la oportunidad de escabullirse y rodear a la peliplata con el brazo.

-¿Sel', estas bien?-susurró.

-Yo…no…

-Pues sí que tienes algo de humana, ya eso está claro-Solange sonrió.

Uno a uno, le fueron mostrando a Ikki sus poderes.

Todos los Ángeles se caracterizaban por la manipulación de algún poder quinético, siendo Adrián el primero en mostrarle su capacidad para mover objetos, disolverlos o destruirlos, seguido de Esmeralda quien controlaba las corrientes de viento y el sonido. Por ultimo Solange mostró su capacidad para controlar la mente del objetivo al volver sus pecados en su contra. Ikki se mantuvo pensativo y vio directo a través del plan de Hyoga.

-Será un idiota pero sigue siendo jodidamente inteligente-pensó.

Una hora después, Esmeralda forzaba su cosmoenergia a crear un campo alrededor de Gabriel protegiéndolo de la lava que caía en cascada sobre él y Adrián llevaba su control al máximo al mantener una roca plana a un par de metros sobre la cabeza del templario de manera que la lava lo rodeaba como una cortina pero no lo lastimaba mientras Esmeralda consiguiera protegerlo.

-¡¿Tenía que ser yo el conejillo de indias?!-preguntó Gabriel.

-Por supuesto. Si ellos fallan tienes menos de cinco segundos para activar tu propio poder, el que aprendiste ayer.

-Dijiste que me explicarías hoy, te recuerdo.

-Lo recuerdo.

Solange miraba todo, absorbida en sus pensamientos.

-Los está forzando a llevar su cosmos más allá de lo que ellos creen que es su límite, enfrentándolos a una situación estresante y desesperante. Rompen sus propias ataduras y además fomenta el trabajo en equipo, los obliga a confiar no solo en ellos mismos sino en los demás. Shun tenía razón cuando me dijo que estaban siendo blandos con nosotros.

La pelirroja no pudo evitar estremecerse ante la idea de entrenar ahora con aquel sujeto que parecía mucho más duro y exigente que Hyoga y Shun. Además estaba aquel asunto que ella sospechaba. Sin embargo Ikki interrumpió sus pensamientos al detenerse a su lado mientras miraba el entrenamiento de los otros.

-Tu poder se basa en las ilusiones que creas para volver la mente en contra de la persona y destruirla desde adentro.

-Así es-respondió ella, sintiéndose más nerviosa que antes.

-Es el mismo principio en el que se basa el Golpe de la ilusión diabólica del fénix. Es una técnica de control mental. Y sí, sé exactamente quién eres y que relación tenías con mi hermano.

Solange suspiró, pero Ikki no la dejó hablar.

-Gracias.

-¿Qué…

-Tú lo salvaste de que se encerrara tan profundamente dentro de él que ni siquiera Hyoga hubiera podido atravesar su coraza. Shun necesitaba a alguien como tú, alguien más aparte de ese rubio idiota-Entonces la miró-No me importa como lo hayas hecho, gran parte de quien es él ahora se debe a la seguridad que tú le diste. No lo olvidaré jamás.

Solange sintió que se hinchaba de alegría. Nadie más había visto con buenos ojos la fogosa y clandestina relación amorosa entre ellos. Todos siempre se opusieron porque nadie vio como esa unión sanaba las heridas de ambos. Ikki lo había visto y eso le quitó un peso enorme de sus hombros.

-Hyoga sabe lo que hace al enviarlos conmigo, así que no te salvará de tu entrenamiento, pero quería que lo supieras. Ahora ve al otro lado, más allá hay una pared que puedes escalar. Cuando estés exhausta, escala de nuevo.

La pelirroja obedeció y se fue rápidamente, dejando a una muy nerviosa Selene al lado de un muy callado Ikki. Sin embargo su silencio duró poco.

-Aun no me dices cuáles son tus poderes. Aunque no es difícil de imaginar.

Selene lo miró, él era al menos unos quince centímetros más alto que ella. ¿Qué tenía ese hombre que le llamaba tanto la atención?

-Tu poder viene de la luna. Puedo sentirlo-la miró y ella volvió a sonrojarse.

-¿Quién eres tú?

-Soy Ikki el Ave Fénix. ¿Tus poderes?

-La sanación es ahora mi habilidad principal…pero tengo varias técnicas.

Ikki se refugió en sus pensamientos por unos instantes, preguntándose por qué habría enviado Hyoga a esa chica, cuando era tan poderosa-y hermosa- que no parecía necesitar ningún tipo de entrenamiento.

-Háblame más de ellos, ya pensaré en algo.

Llegada la noche los cinco Ángeles, ahora en manos de Ikki, llegarían exhaustos a sus habitaciones. Selene sin embargo, estaba más despierta que nunca, pensando en el moreno que ahora se presentaba ante Hyoga cuando este discutía con el Shinigami.

-¿Estas absolutamente seguro? No voy a exponer a Seiya y a los otros a semejante decepción si tienes la más mínima duda, Haku.

-Hyoga-interrumpió Ikki.

-¿Qué quieres, Ikki?

-¿Qué demonios está pasando aquí?

Hyoga no respondió, solo miró al Shinigami para cederle la palabra. Fue en ese instante que Ikki notó la presencia de Zoe, la compañera de su hermano.

-Sabemos cómo recuperar sus cuerpos.

-Eso significa enfrentar a Athena. Aún no sabemos cuáles son sus intenciones-dijo Ikki.

-Y puede que no los entregue así tan fácilmente-intervino Hyoga.

-De eso me encargaré yo, con la ayuda de Tsubaki. O Zoe, como la conocen ustedes.

La pelinegra, quien desde hacía días estaba tan callada como triste, levantó la mirada al notar como se convertía en foco de atención de los tres hombres. Vio a Ikki y sintió ganas de llorar pero hizo todo lo contrario: Alzó la barbilla y guardó su tristeza y su añoranza por Shun en lo más profundo de su corazón.

-Estoy segura de que puedo ayudarlo. Con el plan que hemos organizado, no tendrá otra alternativa que devolverles sus cuerpos.

-Plan del que todavía no sé absolutamente nada.

-La razón es porque los Santos no deben verse involucrados-respondió el Ángel negro-Esto nos concierne a nosotros dos, solamente.

-Se trata de la vida de mis hermanos-espetó Hyoga-Me concierne porque yo así lo digo y ella está bajo mis órdenes y su vida es mi responsabilidad también.

-Me temo que justo ahora, en este asunto, tu poder y tu rango nada tienen que ver, Hyoga. Athena, independiente de sus razones que haya tenido, rompió las reglas, cambió completamente el destino de millones de vidas. Somos nosotros, los guardianes del equilibrio: La Muerte y la Vida, quienes tenemos que encargarnos de restaurarlo como sea posible. La humanidad necesita a los Santos, a los cinco grandes, como los llaman. Y ellos, tus hermanos ya han perdido años de sus vidas. Nunca será igual para ellos. Tienes mi palabra de que Tsubaki no correrá peligro. Además los invocaré a todos ustedes cuando sea el momento indicado.

Hyoga sentía su sangre hervir, odiaba no saber lo que tenían planeado pero era solo porque no confiaba en el Ángel negro, ¿Cómo confiar en la Muerte? El rubio tenía docenas de razones pero sabía que solo le quedaba esperar.

-¿Cuándo lo harán?

-Ahora mismo. No podemos perder el tiempo. Aún queda otro asunto que resolver: ¿Qué haremos cuando Shun despierte con ellos aquí? Todavía no me respondes.

-¿A qué te refieres?-intervino Zoe.

-Shun los sentirá. Él sabe exactamente cuántas personas habitan en Mithrandir, cuantos seres vivos hay en el mundo, lo sabe gracias a mí. Será absolutamente imposible ocultarle la presencia de Ikki y todavía no sabemos si puede soportar eso. Puede matarlo.

-¿No dijiste que tú lo sabias todo?-Preguntó Hyoga, con tono sarcástico.

-No cuando se trata de Shun y eso también lo sabes.

-Entonces saldré de aquí-intervino Ikki, encogiendo los hombros-No veo el problema.

-El problema es que Fallen te vio. Si despierta y envía por ti, existe la posibilidad que logre capturarte porque no estarás al tu máximo nivel de fuerza. Lo he visto-Entonces el Ángel miró a Hyoga de nuevo-Tú dices que sus vidas son tu responsabilidad por eso dejé la decisión en tus manos, pero tienes que apresurarte.

-¿Cuál sería la otra posibilidad?-preguntó Zoe.

El Ángel guardó silencio y Hyoga respondió por él.

-Borrar los recuerdos que tiene de Ikki. Para siempre. Sin dolor, nada.

-¡Eso es imposible, es su hermano!-exclamó Zoe.

Por primera vez, Ikki sintió que perdía el habla. ¿Shun no lo recordaría? ¿Qué significaba eso, era realmente diferente a la situación que vivían ahora? Quizá Shun no podía "entrar en contacto" con sus recuerdos de Ikki, pero estaba perfectamente consciente del dolor, la pérdida, el lazo y el amor. Supo que aunque el peliverde no pudiera recordarlo, en su corazón seguía adorándolo pero ahora…Ikki sería un completo extraño para él, para su pequeño hermano.

-Dejar que Shun lo vea es exponernos a la posibilidad de perderlo.

-Sacar a Ikki de aquí es exponernos a la posibilidad de perderlo a él a manos del Loto-intervino Hyoga.

-Un hermano o el otro-respondió el Shinigami-O perder sus recuerdos y conservar a ambos. La decisión es tuya.

El silencio cayó sobre ellos como la amenaza de una muerte segura e inevitable, como una sombra que se robaba la luz y toda esperanza de vida y felicidad. El Ángel caminó hacia la nada, seguido de Zoe, quien estaba muda de asombro y de congoja. Extrañó a Shun más que nunca, pero también sintió rabia.

-¿Lo estarán sobreprotegiendo? ¡Tienen que saber qué tan fuerte es, él puede con esto!-pensó ella.

Hyoga tragó grueso.

"Un hermano o el otro". ¿Qué pensaría Shun si supiera que estaba contemplando seriamente esa posibilidad? ¿Se lo perdonaría alguna vez? ¿Estaría él dispuesto a llegar a tanto con tal de proteger a los dos hermanos, a los que amaba porque también eran su familia? ¿Y por cuanto tiempo podría guardar el secreto? No, sabía que el amor de Shun hacia Ikki era algo invaluable y quitarle eso destruiría su relación con el peliverde. Hyoga mismo no sabía qué posición tomaría él si fuese Shun quien tomara esa decisión. Imaginar a Shun sacrificando sus recuerdos de su madre, de Misha, del mismo peliverde, era impensable. Y ahí estaba él, buscando desesperadamente otra opción, otra salida, una que evitara que él lograra mantener a los dos hermanos con vida a costa del amor de Shun hacia Ikki y hacia él mismo. Era la razón principal de la furia de Hyoga, la única que lo había hecho dudar de su liderazgo, de su capacidad de dirigir a una nación entera. ¿Cómo hacerlo si quizá no podría ni siquiera mantener a su familia unida? E Ikki no tardó en llegar a la misma conclusión.

-Haz lo que tengas que hacer. Lo que sea necesario para que Shun viva.

Hyoga se dio la vuelta, incapaz de mantener la compostura por más tiempo.

-¡Se olvidará de ti!

-No me importa, Hyoga.

-¡No me vengas con esa mierda, Ikki! ¡Por supuesto que te importa, te está destrozando!

-Es su vida. Estas pensando en aceptar y lo sabes.

-¡Si, lo sé, no he dormido desde me lo dijo!

-¿Y qué carajo estas esperando?

-¡Otra opción! ¡No puedo hacer esto, Ikki, me odiará!

-Sí puedes, Hyoga.

-¡No! ¡No puedo, no quiero! Tiene que haber otra opción.

Hyoga le dio la espalda y se aferró a la baranda del balcón.

-Esa no es la única razón por la que estas tan enfadado.

-¡No, estoy furioso porque tengo más de cinco años controlando esta situación, Ikki, extrañándolos a ustedes en silencio y ahora aparecen y resulta que estaban durmiendo!

-Hyoga…

-Y para hacerlo todo mejor, tengo que tomar una decisión que afectará nuestras vidas, la de Shun y joderá todo lo que hemos logrado hasta ahora. ¿Te parece que estoy furioso, Ikki? ¡Quiero enviar a la mierda a todo el mundo! ¿Cómo te suena eso?

-Suena exactamente a lo que esperaba de ti. No has cambiado un ápice.

Hyoga se movió con tanta rapidez que Ikki lo perdió de vista por un instante. De pronto el rubio estaba a escasos centímetros de distancia, su gélida mirada brillaba amenazante, su cosmoenergia lanzaba ondas de furia y el edificio entero crujía como torturado por su poder.

-Ten cuidado, Fénix.

Ikki solo sonrió levemente.

-Es cierto que estábamos dormidos. Yo desperté primero. Sentí que algo estaba mal.

-No me digas.

-Era el sufrimiento de ustedes dos lo que me despertó y yo levanté a Seiya y Shiryu.

-¿Pensabas venir a salvar nuestros jodidos traseros? ¿Y qué piensas ahora, Ikki?

-Decirte que tú sabes lo que tienes que hacer, porque él también es tu hermano.

-Tsk…no me jodas, Ikki.

-¿Recuerdas la promesa que él y yo hicimos cuando éramos niños?

-Reunirse en cuanto consiguieran las armaduras, por supuesto que lo recuerdo.

-Y le dije que siempre estaría con él ¿Pero qué hice?

-Te largaste, Ikki. Eso fue lo que hiciste.

-Exacto y las razones que tenía para irme no importan ahora. Lo que importa es lo que yo sabía que él haría.

-¿Y qué es eso, Ikki?-Hyoga suspiró. No entendía a donde iba a parar aquella conversación.

-Ir contigo. Sin importar lo que pasara, donde fuera que estuvieras, Shun siempre fue a tu lado.

-No estás haciendo esto más fácil.

-Me fui porque sabía que no estaría solo. Ni siquiera cuando desparecí hace más de cinco años. Lo dejé contigo, Hyoga, siempre. Te estoy diciendo que hagas lo que consideres porque tú lo conoces mejor que nadie y viceversa, pero yo sé de lo que Shun es capaz y también sé qué tan lejos puedes llegar para protegerlo. Así que tú dime cual es la verdadera razón por la que estas dudando. No sé qué habrá visto el Shinigami pero mientras yo viva mi cosmos seguirá ardiendo, tú lo sabes. No me asustan sus palabras, ni lo harán jamás.

Hyoga sintió el nudo formándose en su garganta. Estaba tan cansado y tan genuinamente asustado de cometer un error que no se atrevía siquiera a pensar en la respuesta. Aun así, él sabía, igual que Ikki. El moreno, después de observarlo durante unos instantes, sonrió.

-Sí. Sé lo que tengo que hacer-respondió Hyoga.