Capítulo 36: La batalla
Apenas habían tenido tiempo para explicaciones ante el apremio de saber que sin su actuación todos los esfuerzos escatimados hasta el momento no servirían de nada si Voldemort conseguía el arma y al joven Potter en aquella aciaga y tormentosa noche
En el Cuartel General, los miembros de la Orden que en aquellos momentos se encontraban allí, junto con un recién llegado Remus, se dispusieron sin demora a partir.
Ninguno de ellos tuvo el valor de impedir que Sirius les acompañara en esa misión y para cuando llegaron al Departamento de Misterios y abrieron las dos puertas que daban acceso a la Sala del Velo; todos sus temores se vieron confirmados.
Ante ellos los mortífagos luchaban desesperadamente contra Harry y sus amigos en un intento por hacerse con el arma que la Orden del Fénix no había sabido proteger de los oscuros y perversos anhelos del Señor Tenebroso.
Mientras tanto, la metamorfomaga corría sin descanso por los pasillos del Ministerio sin advertir en lo más mínimo lo exhausta que se encontraba, ya que dentro de ella una fuerza mayor la impulsaba hacia delante; la idea de que sin su ayuda todos sus amigos estarían perdidos.
Sin apenas deparar en los inertes mortífagos que se iba encontrando en cada una de las salas, finalmente consiguió dar con sus compañeros justo cuando estos acababan de entrar en la Sala del Velo.
En esos momentos, Remus estaba luchando con uno de ellos, aturdiéndole apenas sin esfuerzo debido a la rabia contenida que guardaba dentro. No obstante, todo su coraje se vino abajo cuando la vio…
Allí en la entrada, por encima del resto de las gradas, ella también le miraba.
¿Era su aliada o su enemiga?
Había deseado que no le pasara nada malo a merced de Voldemort, pero ahora las cosas eran distintas. Los acontecimientos se había precipitado y él no podía confiar más en sus instintos como tantas veces había hecho ya.
El licántropo alzó su varita, pero ella fue mucho más rápida…
La primera sensación que tuvo fue que ella había errado en el blanco, pues el hechizo salió despedido por encima de su cabeza.
Cuando se giró se dio cuenta de lo equivocado que estaba pues su encantamiento aturdidor había dado de lleno en Lucius Malfoy cuando él estaba demasiado ocupado para darse cuenta de su presencia a su espalda.
Aquello era algo que Tonks le debía a su tío desde hacía tiempo.
Ese era el momento que había estado esperando desde el principio de todo; el día en que debía demostrar que no estaba del lado del Señor Oscuro.
En aquella misión, que muchos calificarían de suicida, la metamorfomaga sabía perfectamente bien que no iba a volver a fallarles nunca más.
Mientras tanto, el joven Potter consiguió saltar de la tarima apartándose con rapidez. Los mortífagos estaban completamente distraídos con la aparición de los miembros de la Orden que les acribillaban a hechizos desde arriba mientras descendían por las gradas hacia el foso.
Sirius se batía con un mortífago a unos tres metros de distancia mientras Kingsley peleaba contra dos a la vez.
Todo se estaba volviendo cada vez más confuso.
Durante el fragor de la batalla, la metamorfomaga perdió a Remus de vista, pero antes de que consiguiera llegar al pie de las gradas y buscarle de nuevo Bellatrix Lestrange y sus hechizos le cortaron el paso.
-Voy a acabar con lo que empecé hace un rato en las mazmorras, asquerosa sangre sucia.
-Deja de hablar y empieza- adujo la metamorfomaga desafiante.
-¡Crucio!
-¡Protego!
El hechizo de la mortífaga rebotó en el escudo mágico precipitándose hacia ella. Cuando impactó en su pecho la bruja trastabilló y por poco no se precipitó escaleras abajo.
Al mismo tiempo, Remus intentaba llegar por todos los medios humanamente posibles hasta Harry y Neville que intentaban deshacerse de Dolohov.
Ojoloco cayó a su lado tumbado sobre un costado sangrando por la cabeza, pero el licántropo no pudo llegar hasta él, ya que dos mortífagos le cerraron de nuevo el paso.
Cuando Sirius logró acercarse a la tarima, Dolohov acababa de desplomarse con un fuerte estruendo ante el hechizo de Harry.
-¡Bien hecho!- gritó Sirius, y le hizo agachar la cabeza al ver que un par de maldiciones aturdidoras volaban hacia ellos-. Ahora quiero que salgas de…
Volvieron a agacharse, pues un haz de luz verde había pasado rozando a Sirius.
En ese momento vio que Tonks se precipitaba desde la mitad de las gradas, y su cuerpo inerte golpeaba los bancos de piedra mientras Bellatrix, triunfante, volvía al ataque.
-¡Harry, sujeta bien la profecía, coge a Neville y corre!- gritó Sirius, y fue al encuentro de Bellatrix Lestrange.
El odio hacia esa mujer le cegaba. La había odiado desde siempre y saber que compartían la misma sangre, le revolvía aún más las tripas.
El ruido seco de su querida Nimphy contra aquel banco y su cuerpo inerte sólo incrementaban las ganas de hacerle el mismo daño que ella había infligido a tantos otros.
Mientras le veía correr en aquella dirección, Harry obedeció a su padrino intentando coger a Neville que había sido alcanzado por la maldición Tarantallegra. Sin embargo, Malfoy volvió en sí apuntando con la varita a Harry y Neville, pero antes de que pudiera tomar aliento para atacar, Remus, de un salto, se había colocado entre Lucius y los dos muchachos.
-¡Harry, recoge a los otros y sal de aquí!
El joven Potter agarró a su amigo de la túnica por un hombro y lo subió al primer banco de piedra de las gradas mientras sus piernas no paraban ni un segundo de moverse.
Entonces un hechizo golpeó el banco de piedra donde Harry tenía apoyados los pies; el banco se vino abajo y él cayó al escalón inferior. Neville también cayó al suelo, sin dejar de agitar las piernas, y se metió la profecía en el bolsillo. Dio otro fuerte tirón y la túnica de Neville se descosió por la costura izquierda.
La pequeña esfera de cristal soplado se salió del bolsillo y antes de que alguno pudiera atraparla, Neville la golpeó sin querer con el pie rompiéndola en pedazos sin que ninguno pudiera escuchar nada con la cantidad de golpes, gritos y aullidos de su alrededor.
Entonces en lo alto de la sala, Albus Dumbledore con la varita en alto, pálido y encolerizado hizo su entrada en el lugar...
Ahora estaban salvados, pensaron todos sin dudarlo ni por un instante, incluido Remus que acababa de aturdir a su nuevo oponente.
Dumbledore bajó a toda prisa los escalones pasando junto a Neville y Harry, que ya no pensaban en salir de allí.
El anciano director había llegado al pie de las gradas cuando los mortifagos que estaban más cerca se percataron de su presencia y avisaron a gritos a los demás. Uno de ellos intentó huir trepando como un mono por los escalones del lado opuesto. Sin embargo, el hechizo de Dumbledore le hizo retroceder con una facilidad asombrosa.
Únicamente había una pareja que seguía luchando...
Al parecer no se habían dado cuenta de que había llegado Dumbledore.
Mientras Remus terminaba por atar con ligaduras mágicas a algunos de los mortífagos más cercanos, escuchó la voz de Sirius riéndose de su oponente:
-¡Vamos, tú sabes hacerlo mejor!- le gritó, y su voz resonó por la enorme y tenebrosa habitación.
Un oscuro presagio invadió su corazón al ver el gesto iracundo de Bellatrix Lestrange.
Harry a escasos metros de él parecía sentir ese mismo peligro, y como movido por unos hilos invisibles el licántropo avanzó en dirección a la tarima.
… Pero era demasiado tarde…
Un haz de luz roja le acertó de lleno a su amigo en el pecho.
Él no había parado de reír del todo, pero en ese momento abrió mucho los ojos, sorprendido.
Harry soltó a Neville, aunque sin darse cuenta de que lo hacía. Volvió a bajar por las gradas y sacó su varita mágica al tiempo que Dumbledore también se volvía hacia la tarima.
Dio la impresión de que Sirius tardaba una eternidad en caer; su cuerpo se curvó describiendo un majestuoso círculo, y en su caída hacia atrás atravesó el raído velo que colgaba del arco.
Los tres magos vieron la expresión de miedo y sorpresa del consumido rostro de Sirius, antes apuesto, mientras caía por el viejo arco y desaparecía detrás del velo, que se agitó un momento como si lo hubiera golpeado una fuerte ráfaga de viento y luego quedó totalmente quieto como al principio.
Todos allí escucharon el grito de triunfo de Bellatrix Lestrange, y ese sonido se clavó en el alma de Remus como un puñal afilado y frío, pues sabía que nadie volvía tras haber cruzado el velo de la muerte, ni siquiera alguien tan tenaz como era su mejor amigo.
Le acababa de perder para siempre.
-¡SIRIUS!- gritó Harry a su lado-. ¡SIRIUS!
El joven Potter había llegado al fondo del foso respirando entrecortadamente. Pero cuando llegó al suelo y corrió hacia la tarima, Remus se dio prisa en rodearle con los brazos para retenerle contra su pecho.
-No puedes hacer nada, Harry…
-¡Vamos a buscarlo, tenemos que ayudarlo, sólo ha caído al otro lado del arco!
-Es demasiado tarde.
-No, todavía podemos alcanzarlo…- Harry luchó con todas sus fuerzas, pero él no le soltó.
-No puedes hacer nada, Harry, nada. Se ha ido.
-¡No se ha ido!- bramó-. ¡SIRIUS!
-No puede volver, Harry- insistió el licántropo; la voz se le quebraba mientras intentaba retenerle-. No puede volver porque está m…
-¡NO ESTÁ MUERTO!
Remus fue alejando de la tarima al joven que no apartaba los ojos del arco mientras seguía intentado soltarse de su antiguo profesor. Poco a poco sintió que su resistencia mermaba, pero aun así siguió sujetándole del brazo. Neville había bajado por los escalones hasta ellos mientras Kingsley relevaba a Sirius en el duelo contra Bellatrix.
Cuando Remus hizo cesar el encantamiento de Neville para que sus piernas pararan de moverse empezó a tomar conciencia de lo que había pasado… Cada palabra que pronunciaba intentado aparentar tranquilidad le producía un terrible dolor.
Justo entonces se escuchó un fuerte golpe y un grito detrás de la tarima. Kingsley caía al suelo aullando de dolor: Bellatrix Lestrange empezó a huir, pero Dumbledore se volvió y le lanzó un hechizo que ella desvió para luego comenzar a subir las gradas…
-¡No, Harry!- gritó Remus, pero él chico ya se había soltado para perseguir a la mortífaga.
-¡HA MATADO A SIRIUS!- rugió- ¡HA SIDO ELLA! ¡VOY A MATARLA!
Echó a correr y trepó por los bancos de piedra; todos lo llamaban, pero no les hizo caso.
El borde de la túnica de Bellatrix desapareció de la vista, y Harry entró tras ella en la sala del tanque de cerebros…
-¡Ocupaos de los heridos y no permitáis que el resto escapen!- inquirió Dumbledore-. Yo traeré a Harry.
Remus miró a su alrededor. Lo que más le sorprendía era el silencio que se había producido repentinamente. Casi todos los mortífagos se encontraban inconscientes en el centro de la sala con ligaduras para impedir que se desaparecieran. Por su parte, Neville había caído exhausto en uno de los escalones.
Fue entonces cuando la vio de nuevo…
Ojoloco se encontraba a su lado intentando reanimarla, pero sus esfuerzos parecían en vano.
El mismo sudor frío que sintió correr por su columna cuando contempló como su mejor amigo se perdía en la oscuridad del velo, le paralizó nuevamente de miedo.
Tan rápido como le permitieron sus piernas alcanzó el banco en el que la joven había caído desde arriba en su duelo con Bellatrix...
Tenía las costillas rotas, y un hilo de sangre le salía de la boca vaticinando que algo en su interior se había roto por el contundente golpe sufrido.
-No consigo encontrarle el pulso- añadió el auror que en esos momentos tenía cogido su brazo izquierdo buscando un latido que no llegaba… Su Marca Oscura brillaba ante los ojos de los dos magos como nunca-. Ha peleado contra Bellatrix hasta el final… A pesar de todo estaba con nosotros.
-… No, no puede estar muerta- añadió Remus con voz quebrada. La recogió entre sus brazos delicadamente palpándole el cuello de manera desesperada-. No te rindas, Dora. Vamos, respira-. Pero sus ojos permanecieron cerrados con un gesto de profunda paz-. ¡VAMOS! No me hagas esto, AHORA NO.
Ojoloco se levantó de su lado poniéndole una mano en el hombro al licántropo. Sabía que necesitaba intimidad para despedirse de ella y dejarla marchar… El auror se encaminó trabajosamente hacia un Kinsgley que acababa de despertar aturdido, pero Remus ya no prestaba atención a nada de eso.
Con un grito desgarrador la abrazó intentando retenerla, pero en su corazón sentía que por más que lo quisiera Dora, su querida Dora; se había ido al igual que su mejor amigo.
Desde la oscuridad oía frases entrecortadas, pero aquello que terminó por despertarla fue ese grito desesperado que oía casi a su lado.
Para cuando abrió los ojos sintió una luz tan cegadora que tuvo que parpadear unos segundos más antes de volverlos a abrir.
Era el mismo lugar en el que se encontraban peleando hacia unos momentos, pero mucho más luminoso y limpio. A su lado, Sirius la miraba con una sonrisa.
-Te has equivocado de lugar, Nimphy.
-¡Sirius! ¿Qué ha pasado? ¿Ha salido todo bien?-. Quiso cogerle de la mano, pero no pudo. Era una sensación extraña; ella le veía, notaba su presencia, no obstante su cuerpo era como si no estuviera allí.
-Todo ha salido bien, aunque no para mí del modo en que crees.
Un nudo se le hizo en la garganta mientras inspeccionaba el lugar e intentaba comprender qué pasaba. Entonces se vio como a través de la bruma… Remus estaba con ella.
Se veía a sí misma como en una película, salvo que en ese lugar estaba pálida e inerte en brazos de un hombre desconsolado.
-¿Estamos muertos…?- preguntó sobrecogida.
-Yo sí…, pero tú no- añadió como restándole importancia al asunto-. Ahora debes volver. Allí hay gente que te necesita- continuó mirando especialmente a Remus-. No dejes que ese cabezota se salga con la suya; los dos os merecéis ser felices juntos.
-Nunca quise que murieras- dijo con lágrimas en los ojos-. No quiero irme sin ti.
-Y nunca lo haré. Siempre estaré contigo. La muerte no es el final, Tonks. Además hay un par de amigos que me encantaría volver a saludar.
La luz se fue haciendo cada vez más intensa a su alrededor. Tonks vio como el arco dejaba caer su oscuro velo para inundarlo todo con un brillo sin igual.
Sirius sonrió como nunca ante esa visión.
Jamás habría más muros que retuvieran al prisionero de Azkaban, ahora, era completamente libre y Tonks lo sabía.
Unos pasos retumbaron en la sala y a su lado apareció alguien con quien ninguno de los dos contaba.
-¿Qué cojones…?- empezó a blasfemar el animago cargándose lo espiritual del momento.
-Hola, hermano- respondió Regulus-. Creo que hay un par de cosas de las que deberíamos hablar. Por suerte tenemos toda la eternidad para hacerlo.
-Sí, y espero una buena explicación porque si no te juro que encontraré la manera de patearte ese culo translucido que tienes.
El pequeño de los hermanos rió a carcajadas mientras Sirius no pudiendo contenerse se le unía. Miraron a la joven una última vez para comprobar que sonreía con ellos a pesar del profundo vacío que sentía en su corazón mientras ambos se encaminaban hacia el arco y la fuente de toda luz.
-Gracias por todo. A los dos- dijo sin poder contenerse mientras ella también se levantaba.
-Sé feliz, Tonks- se despidió Regulus-. Nos volveremos a ver algún día. Espero que dentro de mucho tiempo - sonrió.
La joven tuvo tiempo de leer en los ojos de Sirius la emoción que le suponía estar al borde de esa gran aventura.
La muerte sería la mayor aventura de su vida y por fin se sentía feliz por él al comprenderlo.
La luz se hizo mayor cuando avanzaron bajo el arco, tanto que ya no pudo distinguir sus siluetas que se perdieron en el horizonte del universo.
Después de eso la oscuridad la absorbió, y esa visión se desvaneció a través del tiempo y el espacio.
N/A: ¡Hola a todos! Me he emocionado más que nadie al escribir este capítulo. Despedir a Sirius y Regulus de esa manera era algo que necesitaba. Y sobre todo, quería transmitir que Sirius estaba bien allá a donde fuese. El tema de Tonks y cómo solucionarlo fue algo que me dio varios quebraderos de cabeza, pero creo que lo he resuelto bien al final...
Ya únicamente queda un capítulo más para acabar la historia, así que todo comentario será muy bien recibido.
Un saludo:
Sisa Lupin
