Capítulo anterior:
Rachel fue su último pensamiento antes de sentir como su cuerpo se quedaba totalmente congelado y su corazón dejaba de latir por fin después de demasiado tiempo.
Cuando volvió a abrir los ojos encontrándose en el suelo de aquel baño ya ni siquiera gritaba como las otras veces, ya parecía estar incluso acostumbrada a ello así que se levantó con un poco de dificultad para después refrescarse la cara como había deseado antes de la visión y abandonar aquel baño y posteriormente el instituto con nuevamente solo una cosa en mente.
Capítulo 34: Doble vida
Se dio una última oportunidad llamando de nuevo al teléfono de Rachel pero obtuvo el mismo resultado y por mucho que preguntó por ella en el instituto nadie parecía haberla visto así que solo le quedaba una opción, ir a su casa y asegurarse de que estaba bien y de paso verla una última vez antes de que todo se acabase.
Si obtenía una última sonrisa, una última mirada por su parte podría morir en paz sabiendo que ella estaría bien, era lo único que necesitaba, su última voluntad cuando ya no había nada más por lo que luchar.
Mientras se dirigía a casa de Rachel su corazón latía descontrolado debido a los nervios, el miedo y la incertidumbre por lo que podría ocurrir. No le gustaba esa sensación a pesar de haberla vivido intensamente durante días, le gustaba tener todo controlado, estar segura de lo que iba a ocurrir y por tanto sabiendo como comportase ante esa situación, pero actuar por impulsos, por necesidad provocaba no saber absolutamente nada de lo que te podías encontrar.
En cuanto llegó frente a su casa se quedó mirándola durante unos minutos, evaluando lo que podría ocurrir en su interior y desviando su mirada de vez en cuando a la ventana de la habitación de la morena que se encontraba totalmente a oscuras y con las cortinas cerradas. Frunció levemente el ceño y caminó hasta llegar a la puerta, cogió aire con fuerza y pulsó el timbre mientras sentía su corazón aún más desbocado.
Y lo que se encontró al otro lado cuando la puerta fue abierta fue uno de sus mayores miedos, uno de los padres de Rachel la miraban frunciendo ligeramente el ceño claramente confundido mientras la evaluaba con la mirada.
-¿Qué desea? –preguntó lentamente.
-¿Está Rachel en casa? –dijo Quinn esperando no equivocarse.
-Sí, se encuentra en la cama, ha pasado mala noche y no he querido despertarla para que descansara –explicó aquel hombre aun mirándola algo dudoso- ¿No tienes clase? –preguntó mirando su uniforme de animadora.
Quinn se miró a si misma durante un segundo dándose cuenta de su vestimenta, ni siquiera se había percatado de que como cada mañana se había puesto su uniforme ya que la entrenadora les había dado unos días libres de entrenamientos, gracias a Dios, debido a que tenía que tratar unos asuntos personales. Y la verdad es que gracias a que no tenía que llevar sobre sus hombros aquellos insufribles entrenamientos aún seguía en pie, sino ya hubiese desfallecido totalmente.
-Estaba preocupada por Rachel, la he estado llamando y lo tiene apagado, pensé que le había pasado algo –explicó con sinceridad.
-Se lo apagué yo, quería que descansara –dijo de manera escueta evaluándola con la mirada.
Y de repente se instaló entre ellos el silencio más incómodo que Quinn había vivido en su vida, ni siquiera se atrevía a alzar la mirada para fijarla en la de aquel hombre que la imponía absolutamente, solo se quedó allí, en aquel porche mordiéndose el labio nerviosa y sin poder tener las manos quietas.
-Entonces… -comenzó a decir Quinn lentamente- ¿Puedo verla?
-¿Cómo decías que te llamabas? –indagó el hombre.
-Ah, sí, disculpe señor. Me llamo Quinn, Quinn Fabray –explicó sonriendo de manera nerviosa.
-¿Fabray? –frunció levemente el ceño mientras la miraba y a Quinn le dio un vuelco el corazón.
¿Y si era consciente de todo lo que le había hecho a Rachel en el pasado? ¿Y si sabía de los insultos, los granizados o incluso cuando intentó destruir el Glee Club? ¿Cómo iba a explicarle que todo aquello era parte del pasado y que ahora estaba completa y absolutamente enamorada de su hija?
El pánico inundó a Quinn mientras asentía lentamente mientras el hombre seguía mirándola de manera pensativa.
-¿Tú eres la amiga de la que tanto habla Rachel? –preguntó comenzando a formarse una pequeña sonrisa en su rostro.
Quinn parpadeó un par de veces. ¿Rachel hablaba de ella? ¿Por qué y qué es lo que les decía a sus padres? ¿Amigas? Bueno, no era esa exactamente la definición de lo que eran, pero mejor eso que ser la torturadora de su hija.
-Eh… -murmuró desviando la mirada- Si, supongo que si –dijo por fin.
-¡Qué bien! –dijo emocionado cogiendo el brazo y tirando de ella al interior de la casa- Rachel nos ha hablado mucho de ti durante mucho tiempo –sonrió ampliamente mientras la guiaba hacia el salón.
-¿Mucho tiempo? –preguntó confundida.
-Sí, desde que os conocisteis y os volvisteis inseparables el año pasado –explicó sentándose en uno de los sofás y obligándola a que hiciera lo mismo.
¿Qué narices estaba pasando? Se preguntó Quinn mientras miraba a aquel hombre con los ojos muy abiertos totalmente sorprendida. ¿Rachel había estado hablando de ella desde el año pasado? Pero si ni siquiera se hablaban en esa época, de hecho creo que Quinn ni siquiera sabía que existía, solo era una paria más, hasta que empezó el Glee Club y entonces ella había querido destruir el Glee Club y después las cosas se habían calmado, pero de eso apenas hacía unos meses. ¿Por qué Rachel había mentido de esa manera a sus padres?
-Oh dios, soy un maleducado. Yo soy Hiram, es un placer conocerte –dijo tendiéndole la mano con amabilidad.
Quinn se la estrechó dudosa mientras lo miraba totalmente convencida. Ella solo quería subir y asegurarse de que Rachel estaba bien, ¿Por qué aquel hombre la retenía y le contaba cosas que no tenían ninguna sentido?
-Encantada… -susurró de manera automática.
-Leroy y yo llevamos mucho tiempo queriendo conocerte pero Rachel ya nos ha explicado las múltiples preocupaciones que tienes que sobrellevar, el equipo de animadoras, tus excelentes notas, el Glee Club, el Club de Abstinencia –comenzó a divagar exactamente igual que su hija- Y justo el otro día que por fin puedes venir a casa resulta que nosotros no estábamos y que tú tuviste que irte pronto –negó con la cabeza mientras ponía una mueca triste- Parecía que el destino no quería que nos conociéramos –bromeó.
Quinn se rio de manera nerviosa siguiéndole el juego mientras lo miraba con los ojos abiertos como platos, incluso parecía por su expresión que a Hiram le acababan de crecer dos cabezas.
Quizás aquel hombre estaba loco, esa podría ser una explicación, o a lo mejor no era real y formaba parte de sus alucinaciones, también era posible. Intentó encontrar una explicación, la que fuese.
-Incluso llegamos a pensar que eras producto de su imaginación, que no eras real –prosiguió con una triste sonrisa- Rachel es muy protectora con nosotros, nunca quiere preocuparnos, por eso pensamos que… -suspiró e hizo un gesto con su mano para quitarle importancia- No importa, porque estás aquí y eres real –dijo sonriendo ampliamente de nuevo.
Quinn lo miró en estado de shock dándose cuenta, por fin, de lo que estaba ocurriendo.
Rachel llevaba más de un año mintiendo a sus padres, fingiendo que eran amigas, que tenía amigas, que en el instituto estaba bien, que era feliz, todo con tal de no preocupar a sus padres. Había tenido una doble vida durante demasiado tiempo, demasiado tiempo sola, pasando por el infierno que era el instituto para ella y llegando a casa sin tener a alguien en quien desahogarse, en vez de eso tenía que fingir, tenía que sonreír e inventarse cualquier anécdota que mantuviese contentos a sus padres, tranquilos.
Suspiró pesadamente.
-Sí, estoy aquí –dijo en apenas un susurro.
La pregunta clave era porque la había elegido a ella para toda aquella farsa. Había cientos de chicas en el instituto que podrían haber ocupado su lugar, pero en vez de eso había sido ella, siempre lo había sido. Siempre habían estado destinadas a estar juntas, el destino las había atraído en más de una ocasión y mientras que Quinn había luchado contra ello, Rachel había intentado seguirlo, acercarse a ella y formar el más mínimo vínculo que pudiese.
Para Rachel siempre había sido ella y quizás siempre había estado enamorada o por lo menos sentía una atracción de alguna extraña manera, no había nadie más para ella y ahora que parecía tenerlo, tener a Quinn y que fuese correspondida la otra no dejaba de alejarla y no solo eso, sino que unas 24 horas iba a desaparecer para siempre.
Se imaginó el dolor que podría estar sintiendo, el sufrimiento de ver que lo que más quieres te lo arrebaten y era aún peor que saber que ibas a morir y no poder detenerlo, era muchísimo peor. Ahora entendía por qué Rachel no había ido al instituto, el porqué de su mala noche, no es que algo malo le pasase, es que Quinn le había roto el corazón, una y otra vez no dejando ayudarla, cada vez que se daba por vencida, en cada momento de aquella historia Rachel había estado con el corazón roto y todo por culpa de Quinn.
Por eso Rachel seguía luchando con uñas y dientes para que Quinn no muriese ya que Quinn no era una persona cualquiera para ella, era LA persona. La única.
Y Quinn llevaba pensando demasiado tiempo que Rachel no la entendía, que ella no estaba sufriendo como ella, que estaba viviendo esa historia como mera espectadora cuando era todo lo contrario. Rachel formaba parte de ella tanto como ella misma, y llevaba sufriendo incluso más que ella. Era cierto que no tenía visiones, ni dolores de cabeza, pero Rachel no había tenido en quien apoyarse en todo este tiempo y mucho antes, había estado sola, luchando por seguir adelante como fuese aunque se tuviese que sacrificar ella misma. Rachel era una luchadora, una luchadora que no la dejaría darse por vencida y eso, a pesar de encantarle como era, era demasiado peligroso para permitirlo.
Rachel tenía el corazón roto y seguramente lo tendría después de mucho tiempo después de que se fuese, pero por lo menos tendría tiempo para superarlo, para vivir, para enamorarse de nuevo, para lo que quisiera y Quinn estaba completamente segura, de que si estuviesen en la situación opuesta, cada una actuaría de la misma manera que la otra, aunque seguramente Quinn no sería capaz de darle todo el apoyo que había recibido de Rachel, lo intentaría. Pero de lo que si estaba segura y no dudaba en absoluto, es que Rachel, si tuviese la oportunidad, se sacrificaría por ella, en esta situación y en cualquiera y eso no podía permitirlo.
-¿Quinn? –una voz la sacó de sus pensamientos haciendo que sacudiese la cabeza y fijase la vista en Hiram que la miraba algo preocupado- ¿Te encuentras bien?
-Si, por supuesto –dijo rápidamente- Solo me quedé pensando en unas cosas que tengo que hacer –sonrió levemente intentando calmarlo.
Asintió dedicándole una sonrisa y el hombre siguió hablando.
-Pues como te iba diciendo nunca habíamos visto a Rachel como esta noche. ¿Habéis discutido? –preguntó.
-La verdad es que si –suspiró antes de proseguir ante la atenta mirado del otro- He sido una estúpida y quería disculparme, si no le importa.
En ese momento el hombre se debió de dar cuenta de que a lo que venía Quinn era para ver a Rachel, no para hablar de él así que se levantó deprisa un poco avergonzado.
-¡Por supuesto! –dijo rápidamente- Siento haberte entretenido –se disculpó sinceramente- Ve arriba y cuida de mi pequeña –dijo sonriendo dulcemente.
-Por supuesto –susurró Quinn- Siempre lo haré –dijo esto último para sí misma mientras caminaba en dirección a las escaleras para subir a la habitación de la otra.
Abrió la puerta con cuidado, intentando no hacer ruido y lo que se encontró al otro lado le rompió el corazón por completo. La habitación estaba parcialmente a oscuras, pero había la suficiente claridad para distinguir montones de pañuelos arrugados y usados por todo el suelo de la habitación y un pequeño bulto, seguramente Rachel, bajo las mantas tapado totalmente, como si se quisiera esconder de todo y de todos.
Sin hacer ruido Quinn cerró la puerta a sus espaldas y se quitó los zapatos para no hacer ruido. Caminó hasta la cama y sin dudarlo ni un segundo se internó bajo las mantas hasta que tocó aquel pequeño cuerpo que no dudó en abrazar en cuando sus pieles se rozaron.
Rachel parecía estar totalmente dormida, aun con algunas lágrimas deslizándose por sus mejillas y la nariz roja por el esfuerzo de sonarse, pero aun así, en cuanto sintió aquel calor que procedía del cuerpo de Quinn, como por instinto, como si supiese exactamente quién era, se acomodó contra aquel cuerpo que le hacía sentir bien, aun totalmente dormida.
Quinn no pudo hacer nada más que arroparla entre sus brazos, disfrutando de esos momentos que nunca más viviría y que tenía que aprovechar y pensando solamente en protegerla, a toda costa.
Quedan 6
