Killian se preocupó al ver que Emma se había detenido. Ella había sido quien iba adelante guiando el camino durante la mayor parte del tiempo, para no tener que entablar conversaciones con sus padres. Cuando se acercó a ella para ver que es lo que le sucedía, se preocupo aún más ya que ella podía sentir a las almas perdidas aún cuando no era de noche, lo cuál debía ser algo grave. Killian decidió que lo mejor era acampar y todos concordaron con él, luego se fue en busca de leña. Él recordaba que el fuego había permitido a Emma sentirse a salvo de las almas perdidas en Sherwood, así que creía que usar esa misma estrategia en esa situación iba a ser útil. Cuando regresó con la gran cantidad de leña que había recolectado, se encontró nada más con los reyes. Emma no estaba allí con ellos y eso le hizo perder la calma que había estado intentando contener.

- ¿Dónde está Emma? – Preguntó Killian depositando la leña en el césped. Apartó un par para armar la fogata y otro par para tener de reserva.

- No sabemos, ella se fue. – Respondió Snow ayudándolo a distribuir las ramas.

- ¿Y ustedes la dejaron irse? – Preguntó Killian molesto porque que no le agradaba la idea de Emma estando sola, mucho menos cuando ya era de noche.

- Ella está enojada con nosotros y necesitaba estar sola, por lo cual no quisimos presionarla a que se quede. – Explicó David sorprendido al ver a Killian molesto.

- ¡¿Ustedes no entienden la gravedad de haberla dejado sola?! ¡Las almas perdidas están por todo este maldito bosque y no dudaran en lastimar a Emma! – Explotó Killian, tenía que hacerles entender que haberla dejado ir sola era un error para que no vuelvan a repetirlo.

- ¿Las almas perdidas pueden lastimarla? – Preguntó Snow con la voz temblorosa, sintiendo preocupación y culpa.

- No lo sé... – Comenzó a decir Killian.

- Nos tendrían que haber dicho antes, Emma tendría que haber confiado en nosotros como confía en vos. – Lo interrumpió David de una manera defensiva.

- ¿Crees que esto va a ser fácil? ¿Crees que Emma va a confiar en ustedes cuando recién los conoce? ¿Crees que Emma confió en mí no bien me conoció? – Cuestionó Killian mirándolo seriamente. – La confianza es algo que se gana amigo. – Dijo.

- ¿Cómo hacemos para que Emma confíe en nosotros? – Preguntó Mary Margaret algo insegura, su hija le resultaba un gran acertijo.

- No hay algo definido para hacer o no hacer en cuanto a la confianza. Es algo que se va dando solo. Es cuestión de encontrar la forma de cada uno. – Respondió Killian muy pensativo.

- No sabía que los piratas eran tan sabios. – Dijo irónicamente David.

- Algún día vas a tener que dejar de lado la falta de respeto hacia mí, si quieres que Emma confíe en vos. – Retrucó Killian.

- Algún día, pero no hoy. – Aceptó David asistiendo con la cabeza.

- Sé que está situación es difícil para todos, tanto para ella como para ustedes. Pero ella se merece que la entiendan, confíen en ella, y le den el tiempo que necesita. Ella vale la pena. Aparte ustedes son sus padres, que actúen como adultos es lo que corresponde. – Aconsejó Killian.

La conversación quedo interrumpida cuando escucharon un grito, o mejor dicho escucharon a Emma gritar. Killian sintió que se le helaba la piel, la sensación de que Emma estuviera en peligro era algo que siempre lograba tensarlo. Prendió el fuego lo más rápido que pudo, mientras observó como los reyes intercambiaban una conversación con sus miradas en las que gritaban preocupación y culpa.

- Iré por Emma. Mantengan vivo el fuego, ella lo va a necesitar. – Indicó Killian y los reyes asistieron.

Killian persiguió el rastro de voz que el grito de Emma había dejado. Por suerte, la encontró cerca de donde habían decidido acampar, a la orilla de un arroyo. A la vez que hacía camino hacia ella pudo ver como intentó usar su magia, pero la luz que salía de ella parecía no funcionar para dar fin a la situación que estaba viviendo. Killian vio cómo Emma perdió el conocimiento y corrió hacia a ella para agarrarla en sus brazos antes de que caiga. La situación generó que se preocupara, Emma nunca había llegado al extremo de perder el conocimiento por culpa de las almas perdidas. La agarró en sus brazos y volvió al "campamento" lo más veloz que pudo. Se sentó junto al fuego con ella en sus brazos, sacó la petaca de ron de su abrigo y la llevó hacia la nariz de ella para despertarla con el contraste de sentir el fuerte aroma del alcohol.

- Emma, amor. – La llamó él sacudiéndola suavemente.

- ¿Killian? – Preguntó ella abriendo sus ojos débilmente.

- Si, soy yo. – Asistió él respirando aliviado al ver que los ojos verdes de ella se enfocaban en los azules de él.

- Ellos están en todos lados y son demasiados. Duele mucho toda esa oscuridad, es como si me consumieran. – Explicó Emma aferrándose al abrigo de él con fuerzas, como si temiera que él vaya a soltarla.

- Lo sé. – Dijo Killian secándole una de las lágrimas que caía por sus mejillas. – Pero ahora estás a salvo, el fuego los mantendrá lejos. – Reveló haciéndola mirar hacia la gran fogata que él había hecho con los padres de ella.

- No me dejes, ni me sueltes, por favor. – Pidió ella de manera suplicante, hundiendo su cara en el pecho de él.

- Nunca te voy a dejar, estamos juntos para siempre. – Aseguró él abrazándola con fuerzas.

A Killian le partió el corazón verla en ese estado, le habría gustado poder detener la maldición de ella aunque sea por esa noche. Pero como eso no era posible, se dedicó a contenerla abrazándola, acariciándole el cabello y la espalda. Killian pudo notar que tanto David como Snow los miraban con una mezcla de preocupación, curiosidad, conmoción y culpa. Las miradas de los padres de ella fijas en ellos no lo intímido en lo más mínimo, él era capaz de hacer cualquier cosa por Emma. Y en ese momento, Killian tuvo la sensación de que los reyes finalmente habían comprendido el amor que él tenía por la hija de ellos. Killian mantuvo a Emma en sus brazos, aún cuando ella se quedó dormida.

Al día siguiente nadie mencionó, ni comentó nada respecto de la situación vivida la noche anterior. Killian pudo notar que Emma se sentía aliviada y agradecida, tanto de que nadie haya preguntado nada como el hecho de que ya era de día. Desayunaron algo rápido y continuaron el camino hacia el castillo de Regina. En cierto momento de la mañana Snow se puso a relatar la historia de cómo ella y David se habían conocido. Killian se sorprendió de que se hayan conocido cuando Snow atacó el carruaje donde David iba y le robó el anillo de su madre. Se sorprendió aún más cuando los reyes contaron como Snow había dejado inconsciente a David al pegarle una piña en la cara. Al parecer Emma había heredado el carácter fuerte de sus padres.

- Lo siento. – Dijo Emma de repente interrumpiendo el relato de su madre.

- ¿Por qué? – Preguntó Snow confundida, la historia que estaba contando era hermosa y nadie tenía ningún motivo para tener la necesidad de disculparse.

- Por lo de anoche. – Respondió Emma. – Es que no soy buena en esto. No soy buena confiando y relacionándome con las personas, ni hablando sobre mis problemas. – Explicó tímidamente, deseando que con eso les alcance a sus padres para no volver a intentar hablar de ciertos temas con ella.

- Está bien Emma, lo entendemos. No tenes porqué disculparte. – Aseguró David mirándola con conmovido.

- ¿Sabes que sabemos todo sobre tu maldición, cierto? – Preguntó Snow. – No es necesario que nos escondas cosas sobre eso, nosotros no vamos a asustarnos, ni avergonzarnos, ni nada. – Explicó después de ver que su hija asistía con la cabeza.

- Lo sé, es solo que… - Comenzó a decir pero luego se calló. No sabía si era seguro hablar de eso con sus padres. – Es solo que no quería que me vieran en ese estado. No quería decepcionarlos, ni que piensen que soy débil o tonta por no poder controlar el efecto que tienen las almas pérdidas en mí. – Confesó luego de ver la mirada expectante de sus padres y de sentir la mano de Killian aferrándose a la de ella para brindarle contención.

- Emma nosotros nunca pensaríamos algo así de vos. – Dijo Snow demasiado sorprendida ante los pensamientos negativos de su hija.

- Tu maldición no te hace débil, ni tonta, sino todo lo contrario. Te hace fuerte y brillante. – Agregó David queriendo borrar las inseguridades de su hija.

- Bueno, supongo que gracias entonces. – Dijo Emma nerviosa, con tono de pregunta.

- No es necesario que nos agradezcas. – Dijo David.

- Somos tus padres y para esto estamos. – Dijo Snow.

Killian se sintió orgulloso de que Emma haya podido hablar con sus padres y explicar cuales habían sido sus preocupaciones. También se sintió feliz de que sus padres la hayan dejado hablar hasta donde ella pudo y no la presionaran. Por eso cuando David y Snow continuaron el camino, el agarró a Emma de la mano y la hizo detener por un instante.

- Tus padres tienen razón. – Dijo él acomodándole un mechón de cabello detrás de su oreja.

- ¿En qué? – Preguntó ella curiosa.

- En que tus visiones no te hacen tonta, ni débil. – Respondió él.

- Killian… - Comenzó a decir ella.

- Eres la persona más fuerte que conocí en mi vida. – La interrumpió él.

- Te amo. – Dijo ella con una pequeña sonrisa.

- Y yo te amo a vos. – Dijo él rozando su nariz contra la de ella.

Killian le dio un pequeño beso y luego la agarró de la mano para hacerla volver a emprender camino. Después de un par de horas más de caminata llegaron al castillo de Regina. El castillo de Regina le hizo recordar al del Rumpelstiltskin. El castillo de la Reina Malvada parecía tan oscuro, sombrío, húmedo y solitario como el del Señor Oscuro. Una vez que todos observaron el castillo el tiempo que necesitaron, se pusieron a discutir el plan de acción. David y Killian discutieron varias opciones, Snow interfirió por momentos dando su opinión y Emma se mantuvo callada. Eso le resultó raro, Emma nunca se callaba en esas situaciones.

- No vamos a hacer ninguno de esos planes. – Negó Emma al darse cuenta que estaban esperando que ella de una respuesta al plan que los otros tres habían aceptado. – Yo voy a ir sola en búsqueda de lo que sea que haya en esa torre y ustedes se van a quedar acá esperando. – Indicó dejando saber su plan.

- Estás loca si piensas que te voy a dejar ir sola. – Dijo Killian.

- Lo mismo para nosotros. – Coincidió Snow.

- De ninguna manera te vamos a dejar ir sola. – Agregó David.

- Pero es el plan más lógico. Yo tengo magia y ustedes no, lo cual me hace ser la única capaz de enfrentar a Regina si se cruza en el camino. – Justificó Emma algo frustrada.

- No tendremos magia, pero cada uno de nosotros es capaz de defenderse. – La contradijo David. – Yo con mi espada, tu madre con el arco y las flechas, y Garfio es un pirata. – Dijo intentando dar fundamento a su punto de vista.

- David tiene razón. – Dijo Killian, rompiendo un largo silencio donde todos se habían dedicado a mirar a Emma expectantes.

- ¡No, no la tiene! – Exclamó Emma. – Si hay una razón por la que estamos acá, es por mi culpa. Ella me quiere matar y yo no voy a arriesgar la vida de ustedes en el proceso. Ya es demasiado con que me hayan acompañado hasta acá. – Dijo a gran velocidad, sus palabras apenas entendibles.

- Emma… - Comenzó a decir Killian.

- ¡No! – Lo interrumpió Emma. - ¡Killian ella sabe que te amo y no dudaría en matarte! ¡Yo no puedo perderte! – Explotó Emma dejando salir sus miedos. – Y ustedes… – Dijo volviéndose hacia sus padres. – ¡Ella también los odia y no dudaría en matarlos! ¡No quiero perderlos, cuando todavía no tuve siquiera la oportunidad de tenerlos! – Confesó con la voz fuerte y temblorosa.

- No vas a perdernos. – Dijo Snow con optimismo y confianza.

- Eso no podes saberlo. – Dijo Emma negando con la cabeza.

- No podes usar la excusa de perdernos con nosotros, porque si ese el caso ninguno de nosotros quiere perderte a vos. – Dijo David con calma.

- Vamos a ir con vos, no vas a poder convencernos de lo contrario. – Dijo Killian con convicción.

Killian sabía que dentro de Emma se estaba desatando una batalla. Emma estaba acostumbrada a estar sola, a defenderse sola, a hacer las cosas sola. Ella nunca había tenido todo esto, personas que la consideren una prioridad, personas que quieran protegerla, personas que irían hasta el fin del mundo por ella. Y ahora que las tenía, no sabía como reaccionar, no sabía que hacer con toda eso.

- Bien, iremos todos entonces. – Aceptó Emma dando un largo suspiro.

Killian sintió gran orgullo y admiración hacia Emma en ese momento. Él amaba esos momentos en donde Emma dejaba de lado su fuerte personalidad y sus muros, y dando lugar a que otros la ayuden, que sean parte de su vida. Era algo magnifico de ver.

- David y yo iremos por la entrada del costado, Killian y Snow ustedes irán por la puerta de atrás. – Indicó Emma, intentando recuperar algo del mando luego de su fracaso de requerimiento de ir sola.

- ¿Segura que no queres ir con Killian? – Preguntó Snow, sorprendida ante la decisión de su hija.

- Si, segura. – Asistió Emma sin dar ningún tipo de explicación ante su decisión. – Nos encontraremos en la torre. – Agregó después.

- ¿Alguna señal si hay problemas? – Preguntó David.

- Tres silbidos. – Respondieron Killian y Emma a la vez.

Killian no estaba seguro del motivo por el cual Emma había decidido que ellos se separen, pero no iba a cuestionarlo. Él le iba a dar lo que sea que desee. Tenía la sospecha de que quería proteger a sus padres y como no conocía como eran en una pelea sentía que era más seguro que estén con ella o él. Antes de separarse Emma le dio un gran beso, le agradeció por todo y le pidió que cuide de su madre. Confirmado, ella quiso separarse de él porque confiaba en sus habilidades de pelea. Emma quería que él proteja a su madre, mientras ella protegía a su padre.