Anthony no podía creer lo que miraba en aquel periódico, no podía creer lo que estaba leyendo ni tampoco se esperaba lo que estaba a punto de ver.
-No puede ser –Murmuro y Elisa solo sonrió al ver la reacción del rubio
No era sólo el titular lo que causó aquella reacción del joven, al fin y al cabo, Terrence podía casarse cuando quisiera pero no con su prometida; y la joven que besaba en la foto era indiscutiblemente Candy.
-Te lo dije –Repuso la pelirroja llena de satisfacción.
-Cállate –Murmuró aún perplejo.
-Se casaron a los pocos días que llegamos a Escocia…por lo visto su amor no pudo soportar tu ausencia…
-Elisa…
-…y se consoló en los brazos de Terrence.
-¡He dicho que te calles! – dijo estrellando las palmas de su mano sobre la mesa, la taza de té volcándose.
El tren pitó tres veces y a los pocos minutos empezó a moverse.
Anthony permanecía congelado junto a la mesa, sus ojos leyendo el reportaje sobre Terrence y Candy.
"Esto no puede ser posible" pensaba molesto "Candy no pudo haberme mentido….Elisa no podía tener razón en nada de lo que dijo….pero…" molesto volvió a ver el periódico que reposaba frente a él.
Candy White se había convertido en la Duquesa de Grandchester, los brazos de Terrence rodeaban su cintura y la besaban posesivamente.
-No puede ser… – dijo una voz tras de él.
Anthony se volvió para percatarse que Archi y Annie contemplaban el periódico con igual estupor.
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En el transcurso del camino Anthony permaneció callado e inmóvil, su mirada fija en el cristal, Archie lo miraba sabía perfectamente que estaba molesto y disgustado, sus cejas fruncidas lo delataban.
-No puede ser cierto – murmuró ella aún acongojada por la noticia.
-Mira la foto – contestó él molesto –Ese beso es demasiado real.
-Pero Candy ama a Anthony, lo más seguro es que Grandchester debe haberla obligado…o amenazado.
-¿Me creen ahora? Les dije que ella era una interesada –Comentó la pelirroja inmiscuyéndose en la conversación.
Albert permanecía la margen de la conversación pero prestaba atención a su conversación.
Le era difícil creer que Elisa Leagan tuviera razón después de todas las buenas referencias que había recibido sobre Candy. ¿Acaso su sobrino estaba equivocado sobre ella?
-No sería el primero… – Se dijo Albert –El amor los vuelve ciegos.
Sonrió ante su pensamiento, ya que por lo regular cuando se trataba del amor siempre lo consideraba como algo que ocurría a los demás y no a él.
"¿Hace cuan lejano esta eso de mí? ¿Cuándo fue la última vez que me enamore?"
El silbato anunciando la llegada a la estación lo sacó de sus pensamientos.
Lo mismo ocurrió con Anthony que no dudó en ponerse de pie y dirigirse hacia la puerta del vagón.
-¡Espera! –Lo llamó Archi.
Pero era demasiado tarde, el tren aminoró la velocidad lo suficiente para que el hombre rubio se bajará del tren aún en movimiento.
Sin perder el equilibrio, Anthony cayó sobre la plataforma ante la mirada atónita de las personas que esperaban en el andén y a paso veloz se encaminó hacia la calle donde lo aguardaba el coche de la familia.
El chofer se tocó la gorra en señal de saludo hacia su patrón.
-Dame las llaves.
-¿Cómo dijo? –Repitió el hombre azorado.
-¡Dame las llaves!
El chofer no dudó en lanzar las llaves al aire hacia Anthony, que las pescó al vuelo y tomó asiento tras el volante.
Con ojos muy abiertos observó a su joven amo arrancar con gran velocidad, sonando el claxon como advertencia para que se apartaran de su camino.
"! Debo averiguar!…. ¡¿porque?!" pensó mientras manejaba velozmente hacia el castillo.
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Sentados en la terraza, Eleonor y Terrence guardaron silencio; ella acababa de relatarle al hombre la historia de su vida.
El hombre no estaba seguro de cómo debía actuar pero no resistía ver a su madre llorar, por lo que posó su mano sobre la de ella con gentileza.
-No llores más, madre.
-¿Me crees?
-¿Hay motivo para que no lo haga?
-Pensabas que te abandoné.
-No recuerdo lo que pensaba.
-Cometí un error cuando fuiste por mi –Dijo con voz quebrantada –Te pedí marcharte.
-Supongo que te asustaste.
-Y cuando regresé a Londres, me rechazaste… –Continuó llorando.
-Madre –Dijo apretando su mano –Olvida eso ya.
-Pero…
-Mi pasado se ha ido –Dijo gesticulando con la mano –Lo único que tengo es mi presente…y si eso te incluye a ti, creo que seré muy afortunado.
Eleonor dejó escapar un sollozo, mientras Terrence sintió un nudo formarse en su garganta y tragó con dificultad.
-Por favor, no llores más…mamá.
-Lo siento –Se disculpó ella.
-¿Sabes? Hallé una foto tuya en la habitación ducal, creo que mi padre nunca dejó de pensar en ti.
-Tampoco yo…
-¿A pesar de?
-Lo amé como sólo se ama una vez en la vida.
-Suena impresionante.
-Espero que tú y Candy puedan compartir lo mismo.
Una sonrisa se escapó de los labios de Terrence.
-¿Por qué te ríes, hijo?
-No creo que la señorita pecas y yo tengamos algo así.
-¿Por qué no? Candy es muy dulce y si te casaste con ella…
-Creo que fue deseo de mi padre que lo hiciéramos.
-¿No sientes afecto por ella?
-Disculpen la interrupción –Dijo Bertam el umbral de la puerta –Señora Eleonor tiene una llamada de Londres.
-Gracias –Dijo poniéndose en pie –Hijo, discúlpame.
-Por supuesto –Repuso poniéndose en pie.
Una vez a solas, Terrence dio unos pasos hacia el balcón para recostarse en la baranda.
La última pregunta de Eleonor se repetía en su mente.
"¿Realmente siento algo por Candy?...la verdad es que es muy atractiva…es hermosa, sus ojos, su hermoso cabello…toda ella pero…. ¿Es esto cariño?"
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Una canasta llena de rosas reposaba a los pies de Candy, quien podaba cuidadosamente su jardín.
El sol brillaba sobre la cabeza rubia de Candy, sus mejillas ligeramente sonrojadas por el calor.
Con el dorso de la mano se limpió la frente y lamentó no llevar un sombrero sobre la cabeza; seguro que sus pecas se multiplicarían.
"Seguro que Terrence se burlará de mi" – pensó ella poniéndose en pie.
A pesar de la amnesia, el carácter de Terrence brotaba a borbotones y ella era el blanco de sus bromas, particularmente sus pecas.
-Es un majadero. –Dijo en voz alta pero en ese momento se distrajo al escuchar las voces de los trabajadores, por lo que se volvió hacia la reja para ver a quien saludaban.
Candy deseó que la tierra se abriera a sus pies, pues el coche de los Andrey franqueó la entrada y después de detenerse abruptamente, Anthony descendió inmediatamente una vez que el coche se detuvo.
Casi de inmediato se volvió hacia el jardín, su mirada encontrándose con la de Candy, era como si su corazón le hubiera dicho que ella estaba ahí.
La joven lo miraba estupefacta. Anthony avanzó hacia ella a grandes zancadas y no se detuvo hasta que la tuvo frente a él.
-Dime que no es verdad –Demandó tomándola por los hombros.
-An-Anthony –Logró balbucear.
-Dime que no te casaste con Grandchester.
Ojos color cielo la miraban casi suplicantes pero Candy lo miraba sin decir palabra. Anthony estrujó sus hombros, su desesperación latente en las manos.
-¡Habla! ¡Di algo! –La zarandeo levemente
-Este no es lugar para hablar –Dijo ella mirando a su alrededor con nerviosismo -¡Debes irte!
-¡¿Por qué te casaste con Grandchester?!
Candy quería decirle toda la verdad pero por el rabillo del ojo alcanzó a ver a Terrence aproximándose.
-¡He dicho que te vayas!
-¿Has dejado de amarme? Dímelo.
-¡Ya no te amo! ¡Vete! -Susurró ella desesperadamente, empujándolo.
Anthony logró asir la mano izquierda de Candy, su mirada recayendo en el diamante de su argolla de matrimonio.
-¿Qué sucede aquí?
La joven se sobresaltó y retiró su mano con rapidez del agarre de Anthony, con angustia observó el apuesto rostro del rubio descomponerse de rabia, su cuerpo empezando a estremecerse.
-¡Anthony, no! –Pidió ella.
Sus palabras llegaron demasiado tarde, ya que de inmediato el puño del joven conectó con la quijada de Terrence.
El duque se llevó la mano a la barbilla y la movió un poco antes de volverse hacia el intruso.
-Esa fue gratis, niño, pero para la próxima te costará –Le advirtió.
-Con gusto –Replicó Anthony cerrando los puños y avanzando hacia él.
Candy no dudó en interponerse en su camino, escudando a Terrence.
-¿Cómo te atreves a faltar el respeto a mi esposo?
El joven la miró lleno de incredulidad. Su dulce Candy no podía hablarle de ese modo.
-¡Vete de aquí! ¡No eres bienvenido!
Terrence no dudó en rodear la cintura de la joven con su brazo.
-Agradezco mucho que me defiendas, amor, pero en realidad, me gustaría saber qué es lo que hice para hacer enfadar a este niño. –Pregunto mientras sonreía burlonamente
-No te hagas el tonto, Grandchester, sabes lo que has hecho –Dijo tratando de ignorar el gesto posesivo del duque.
-Es obvio que me conoces pero no puedo decir lo mismo…
-Es Anthony Brown, nuestro vecino –Comentó Candy ignorando la mirada de dolor en el rostro de su prometido.
-¿Por qué estás tan enojado? ¿Acaso te he ofendido? ¿Te robé algo? –Terrence tenía su hermoso rostro lleno de confusión, Candy deseaba que todo se acabara rápido para no tener que decirle la verdad a Terrence pero…
-¡Deja de hacerte el estúpido! –Estalló Anthony.
Terrence lo miró con enfado.
-Intenté ser hospitalario pero será mejor que te vayas de aquí, no me agrada tu actitud.
-No me iré hasta hablar con Candy.
-No tengo nada que hablar contigo –Dijo ella escondiendo el rostro en el hombro de Terrence.
-¿Escuchaste? Candy no quiere hablar contigo, así que será mejor que te vayas.
Anthony sintió la sangre irse a sus pies, por lo que apretando los puños con rabia, soltó una exclamación antes de dar media vuelta.
Candy lo vio subirse al auto y tuvo deseos de correr tras de él pero sabía que estaba prohibido.
-¿Podrías explicarme qué acaba de suceder? –Dijo Terrence cuando el coche salió de la propiedad.
Candy le dio la espalda mientras se inclinaba para recoger la canasta de rosas, su cerebro elucubrando explicaciones.
-Anthony es nuestro vecino…y el que nos dio estas rosas.
-Su trato hacia ti es bastante familiar.
-Nos conocemos desde niños.
-Me dio la impresión que te considera más que una vecina…
-¡¿Qué dices?!
-¿Me equivoco? –Repuso levantando una ceja.
-Nunca la he dado más que mi amistad –Musitó.
-¿Nunca? Nadie se comporta de esa manera a menos que…
-Me ofendes –Dijo volviéndose a él con la canasta entre los brazos –Permiso.
Apenas logró dar dos pasos hacia la casa cuando el brazo de Terrence la sujetó con fuerza.
-Responde a mi pregunta –Dijo mirándola con intensidad.
-Suéltame –Respondió ella con firmeza.
-¿Qué ocultas?
-He dicho que me sueltes.
-Te hice una pregunta, Candy.
-¡Basta! –Dijo soltando la canasta al intentar soltarse de Terrence.
-Eres mi mujer y espero que me respondas cuando te hago una pregunta.
-¡No! Y menos cuando te comportas como un… ¡cavernícola!
Ella volvió a debatirse pero Terrence la asió por los brazos.
-¡Me lastimas!
-Quiero una respuesta.
Los dos se miraron con fijeza, en silencio, ninguno de los dos dispuesto a ceder ante el otro.
Después de unos instantes finalmente, Terrence la soltó
-Eres muy testaruda, Candy.
La única respuesta que recibió fue silencio; ella se había apresurado hacia la casa.
Terrence soltó un improperio y avanzó hacia las caballerizas mientras pensaba en la mirada de profundo desprecio que Candy le había dado antes de alejarse.
-¿Qué rayos me sucedió? –Se preguntó.
Se había comportado como lo haría una buena esposa pero algo le decía que no era completamente sincera, como si algo la atara a Anthony.
Podría estar amnésico pero nadie le iba hacer cambiar la idea que ese hombre estaba interesado en Candy.
"¿Anthony Brown? Me suena pero… ¿Dónde lo escuche?... ¿dónde?" pensaba una y otra vez, hasta que….
Con un chasquido de dedos recordó que Lionel lo había mencionado. "Me tenías convencido de tu amor por Brown."
-¿Ella y Anthony? –Susurro
Pero entonces si era así, ¿cómo es que ellos habían terminado casados? Terrence no se imaginaba como la clase de hombre que se casaba por conveniencia o por obligación…
"¿Me casé por amor?" se preguntó preocupado.
