Si lo desean, escuchen la siguiente cancion mientras leen el siguiente capítulo: Because I'm Stupid, by SS501.
CAPÍTULO XXXVI
En esta situación, no sentía que estuviese deseando lo prohibido. Al contrario, sentía que no era lo suficientemente valerosa para tomar lo que me pertenecía. Y todo debido a un sentimiento de culpa…
A mi lado, InuYasha continuaba mirando a través del ventanal en silencio, y yo no me atrevía a interrumpirlo. ¿Acaso se habría enterado? No, no era posible… Después del día de Navidad y cuando pasé con Akihiko esos cortos pero intensos días intentando esconder la perla del falso Klaus, InuYasha me había interrogado sobre lo ocurrido durante el camino de regreso a la época feudal, y yo le conté todo omitiendo ciertos hechos… A pesar de las dos semanas que habíamos pasado en la aldea de Kaede desde entonces, incluyendo mis ausencias a la época actual para buscar a Akihiko, aún no tenía el valor de decirle a InuYasha que Akihiko me había besado más de una vez. Un pesado suspiro se escapó de mis labios y cerré los ojos con pesar.
A mi lado, percibí que InuYasha me estudiaba ligeramente por el rabillo del ojo.
-No tienes que quedarte, nadie te lo ha pedido.
-Lo sé…-mí voz sonó cansada – Pero no deseo dejarte aquí solo.
InuYasha se quedó callado de nuevo.
-… ¿Sigues triste? – me preguntó al cabo de un rato.
Una suave sonrisa asomó la comisura de mis labios.
-Un poco…-admití, con los ojos aún cerrados. –Pero estoy feliz de poder estar a tu lado.
Sentí que InuYasha se removió un poco a mi lado. Abrí los ojos y vi que abría la boca para hacerme otra pregunta.
-¿Qué es este lugar? – le interrumpí. Sabía lo que iba a preguntar, pero aún no me sentía lista para confesarle el verdadero motivo de mi tristeza.
InuYasha me observó por unos segundos antes de responder. Era obvio que los dos teníamos algo que no queríamos que el otro supiera.
-Es el templo de los monjes de las flores…- respondió con voz fría- Miroku y yo una vez les ayudamos con un demonio oculto escondido en la alacena, y ellos a modo de paga nos ofrecieron venir a aquí cuando lo deseáramos.
-Ah… ¿y cómo es que ninguno de ellos está aquí ahora mismo?
-Es muy probable que se deba al invierno… Ellos crecen flores medicinales muy particulares durante la primavera y el verano. Debido a este clima y la inhabilidad de crecer las flores, seguramente ellos no ven propósito de permanecer en la cima de esta montaña y bajan a los valles.
-Ya veo… Es un lugar muy bonito –acepté.
InuYasha me miró sin decir palabra.
-Gracias por traerme –agregué- Tenías razón al decir que hacía falta distraerme.
Él dibujó una cálida sonrisa en sus labios.
-No es nada…
En la penumbra, sus ojos marrones me cautivaron. InuYasha descansaba junto a mí en su forma humana, lo cual le hacía más vulnerable en todos los sentidos. El anciano Myoga había alguna vez mencionado que esta faceta le impedía ocultar sus emociones con la facilidad que le otorgaba su sangre demoníaca. Me sentí feliz de que InuYasha hubiese llegado a confiar tanto en mí como para mostrarme su lado humano. En su rostro había una expresión calma. InuYasha lucía satisfecho con mis palabras y su malhumor se había aligerado.
Busqué con timidez su mano apoyada en el suelo, y él me permitió tomarla. Quería eliminar la película de imperceptible hielo que nos separaba desde la desaparición de Akihiko, y regresar al estado de confianza y felicidad que habíamos alcanzado el día de Navidad.
-Quisiera… quisiera regresar el tiempo –admití con una sonrisa melancólica.
-¿Por qué lo dices…?
Una solitaria lágrima resbaló por mi mejilla expresando lo que mi corazón no se atrevía. ¿Merecía de verdad querer a una creatura tan espléndida como él?
-Kagome…
InuYasha se acercó a mí, recogiendo la escurridiza lágrima con su dedo.
-¿Qué te ocurre? – me preguntó dulcemente.
Yo negué levemente con la cabeza y aparté mi mano de la suya, buscando alejarme de él. No merecía su preocupación ni sus cuidados.
-No…- me pidió él- ¡Por favor ya para de estar triste…! ¡¿Qué no lo entiendes?...- Percibí en su voz un deje de impotencia que me recordó sus duras palabras de hacía unas horas. Busqué retroceder un poco más sobre el suelo, pero inesperadamente él atrapó mi rostro con ambas manos, e inmediatamente plasmó un sentido beso sobre mis labios. Me quedé de piedra y más lágrimas comenzaron a resbalar incontrolables. Sus labios se separaron de los míos. –No puedo ser feliz si tú no lo eres…- susurró.
Entonces comprendí que su malhumor se debía a mí. La culpa se acrecentó, y un sollozo se me escapó. InuYasha volvió a acercar sus labios a los míos, en un intento de curar mi alma con su amor, pero esto no hizo más que recordarme al beso que me dio Akihiko cuando le disparé la flecha sagrada. Me estaba volviendo loca. InuYasha no entendía que yo no podía permitir que me quisiera ni un poco, pues yo no era merecedora de él.
Lo empujé levemente con mis manos, buscando que me dejara ir. Pero no me soltó. Comencé a forcejear y él me encerró con mayor fuerza entre sus brazos. Debía dejarme ir, él no sabía…
-Para…- supliqué con los ojos llorosos.
Él se separó, y me observó sin entender. Yo bajé la mirada e InuYasha me soltó enseguida, poniéndose de pie, alejándose de mí.
-Lo siento…- dijo con voz enronquecida.
-Malditos sentimientos humanos… - susurró luego, dándome la espalda dispuesto a marcharse.
-Espera…-le rogué poniéndome también de pie – Permíteme explicarme…
Él se detuvo aún de espaldas, pero sin voltearse a mirarme.
-Hay algo que no te he dicho…Yo…Verás… Durante los días que estuve ausente con Akihiko…él me besó…
De inmediato su espalda se tensó, y se giró a verme incrédulo. Dio dos pasos rápidos hacia mí y me tomó por los hombros, yo bajé la mirada.
-Dime, Kagome… ¡¿Te forzó?
Enfoqué sus castaños ojos, sorprendida. ¿Qué si me había forzado? Lo cierto era que él me había besado, y no había hecho nada por detenerlo… Negué con la cabeza lentamente. Entonces InuYasha me soltó como si una descarga eléctrica le hubiese recorrido el cuerpo. Su mirada me habló de aquello que tanto temía ver en él, un sentimiento de traición.
InuYasha se marchó sin decir nada más, y me quedé de pie en el sitio, cubriendo mi rostro con las manos, sollozando. Me merecía cada segundo del dolor que estaba experimentando. Sin embargó un sonido desagradablemente conocido me alertó. Las serpientes cazadoras de almas de Kikyo revoloteaban por el lugar.
-¡InuYasha…! –exclamé casi sin voz.
No esperé ni dos segundos antes de darme la vuelta e internarme en el pasillo por el cual InuYasha se había perdido. Las puertas abiertas me pasaban con rapidez por ambos lados, pero no había rastro de él. Comencé a perder la esperanza cuando llegué a la última habitación que permanecía con las puertas cerradas. Alcé la mano temerosa, abriéndolas.
InuYasha se encontraba de espaldas a mí, de cara a la ventana, a través de la cual se veían las serpientes con claridad. Entré en la habitación conteniendo el aire. ¿Qué sería lo que InuYasha haría? ¿Ya conocía él desde antes la presencia de las serpientes?
-Están aquí para buscarme…- murmuró él de repente con seriedad.
-¿…Qué harás? ¿Las seguirás…? – ambos sabíamos muy bien hacían quién lo guiarían.
Transcurrieron dos segundos que se me hicieron eternos.
-No.
Por un momento pensé que había escuchado mal.
-¿No? – repetí anonadada.
InuYasha se volteó a verme.
-No- reafirmó.
Lo miré sin comprender.
-Hace días que tomé una decisión… Deberías saberlo…
-Oh, InuYasha…- gemí otra vez al borde de las lágrimas.
Recorrí los pocos pasos que nos separaban lo más rápido que pude, y me abalancé sobre él, abrazándolo por la cintura y enterrando mi rostro en su pecho.
-Lo siento, cuanto lo siento…
-No ha sido tu culpa pequeña… -me abrazó por la espalda con su mano izquierda, y entrelazó la derecha en mi cabello- ambos hemos sido unos completos tontos…
Me aferré con mayor fuerza a él, y de mis labios brotaron dos palabras que sellaron en el aire mis sentimientos por InuYasha.
-Te amo…
Él me separó de sí y me observó asombrado, parecía querer asegurarse de lo que había escuchado.
-Te amo – repetí con mayor seguridad.
Esto pareció despertar algún sentimiento en él. InuYasha esbozó una hermosa sonrisa y volvió a juntar sus labios con los míos. Las serpientes continuaban revoloteando fuera pero poco nos importó. Ciertamente yo había perdido toda consciencia del tiempo, porque no supe en qué momento el sol comenzó a alzarse en el horizonte e InuYasha comenzó a transformarse entre mis brazos. Su boca continuó acariciando la mía, inmutable, y su cabello comenzó a teñirse de un sedoso plateado entre mis dedos. Una especie de fuego parecía haber envuelto al hanyou que ahora me besaba hambrientamente. Sentí la presión de sus garras sobre la piel de mi cintura, y sus ojos se abrieron con lentitud, enfocando los míos. Su mirada de aquél dorado que tanto me fascinaba, me derritió en seguida.
InuYasha me alzó repentinamente con sus fuertes brazos, y yo dejé escapar una risita furtiva. Una sonrisa torcida me mostró sus colmillos mientras me dejaba caer sobre el futon. Él se apoyó sobre sus rodillas, y sus brazos descansaron firmes a ambos lados de mi cabeza. No me sentí asustada para nada, al contrario, lo observé maravillada como si se tratase de una magnifica ilusión. Las hebras plateadas de su cabello resplandecían al alba, y mis ojos yacían perdidos en la laguna dorada de los suyos.
-Eres sólo mía…- gruñó besándome con mayor ahínco.
-Inu…Yasha…
- No me importa cuántas veces te haya besado mi reencarnación, -agregó con mayor dulzura- ahora me perteneces sólo a mí Kagome Higurashi, porqué yo….también te amo.
En seguida fui consciente de la calidez que recorrió cada célula de mi cuerpo. Finalmente sentí que podía respirar, que la vida volvía a recorrer mis venas. Sus ojos brillaron alegres, y cerré los míos al sentir sus labios recoger una por una las lágrimas de felicidad que derramé. En este nuevo día dejábamos todo el rencor, las dudas, los celos y la incertidumbre atrás. Entonces supe lo increíblemente afortunada que era, pues ahora podía afirmar con seguridad que InuYasha me amaba, y yo lo amaba de igual modo a él, infinitamente.
FIN.
:) pss... llegó el capítulo final... Espero les haya gustado... Kag e Inu unidos. Cabe resaltar que este fic es como si fuese un capítulo dentro de la historia original de InuYasha. Quise conservar el final que Rumiko le dio a la serie, pues este me pareció excelente. (SPOILER) Kikyo muere a manos de Naraku, e Inu y Kag lo vencen y al final se casan y viven felices para siempre en el Sengoku ^^ (sorry si le arruiné a alguien el final, por eso puse "spoiler...") En fin, quisiera extenderles mis más infinitas gracias a todas las fieles lector s que me acompañaron en este viaje, este pequeño experimento que me devolvió a la escritura después de tantos años:
Sakuchik, MikoAucarod, The-rasmus-live, Marlene Vasquez, Fanny R C, Isukis, CaFanel, Karla222, xLittleRed, Ranka Hime, Nicochan, LadyAkaneyRanma, Pekis0526, Luna, Xio, Abiy, Una Fan, serenatsukinochiba, Kurosagi, Dakira shinoby, InuyashaKagome, Cami-insuol, Sibila dark, Lorena, Nandeshko, Melikagome, Rainofwishes, Renee, Marianakawaii, Kaitoscarlet PF, Matty Girl N MelloLover, Ale-mur, Les nena moxa, Akane Aome, Rosedrama, Unknown 455204, Akari hiroyuki, Multinicks, Akane love, Inusakk24, Danita-inu, RominaZ, Akari kiryuu, Yura Nitta, Luniita turksa, Liizz, Belkis, Nyu-Miaka, Nigma37, HarunoHana29, Dark, Annprix1, Celeste Kairi, AliceMercadito, Kagome Hany, Dulce de Leche, Fa15, Sam, Layla Ryu, Meylin, Maru-chan1296, Aome1296, Hakudoshigle, MikuNat, Fanisa, y también a todos aquellos que leen anónimamente :) GRACIAS!
P.S.: Se que aún quedó un cabo suelto en esta historia, así que les pido sigan al tanto y esperen por el EPÍLOGO! =D
