Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)

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Capítulo 35

Mike estaba en Seattle haciendo a las niñas inmensamente felices, lo habían extrañado demasiado, querían a sus papis junto a ellas todo el tiempo, no solo a Tyler, sino a los dos.

Edward reía al ver como Mike intentaba maniobrar con dos niñas que no lo dejaban ni un poco, sabía perfectamente lo que era tener a dos pequeños peleando por su atención, a veces cuando no lograba llegar a casa temprano para pasar tiempo con sus niños, Dominique y Will peleaban por su atención la noche siguiente. Dominique le esperaba junto a la puerta, lista para saltar a sus brazos y llenarlo de arrumacos y palabras dulces que solo una niña puede decirle a su papi, por otro lado estaba Will, quien le llevaba sus carritos, cubos, peluches, su vasito entrenador e incluso su cuchara favorita, entregándole todo lo que había tocado a lo largo del día, era su manera de incluirlo en sus actividades diarias. Edward podía imaginar perfectamente lo atosigado que Mike se sentía al estar tanto tiempo lejos de sus niñas.

Había perdido la cuenta de las veces que Ashley le repitió lo divertido que fue que mami Bella y tía Rosie la llevaran al centro comercial, o cuando en el parque a papi se le subió a la espalda una lagartija que causó que gritara y corriera por todo el lugar.

Pero después de todo el buen humor, las anécdotas divertidas, las niñas dando arrumacos por montones a su papi, llegaron a la parte seria del problema.

Nicole quería ver a sus hermanas y Ashley se negaba a ir.

—Estoy de acuerdo con mi hija, esa niña no me da buena espina.

—Es solo una niña, Mickey —respondió Tyler—, y ella no tiene la culpa de seguir desconfiando.

—Aun así...

—No podemos juzgarla, Nikki ha creído todos estos meses que en algún momento regresarán con Lauren, nuestras niñas saben la verdad y mientras las mantengamos vigiladas, entonces no pasará nada.

—Suena como si ya lo tuvieran planeado.

—Será en dos semanas —habló Bella deteniendo a Will y Bev de pelear por la última galleta del platito que estaba sobre la mesita de centro, la cortó en dos y le entregó una mitad a cada uno haciéndolos felices—. No podemos simplemente alejar a Nikki, es una niña, y necesita a sus hermanas, no podemos culparla solo porque Vivian y Tom se negaron a decirle lo que realmente pasaba.

—¿Ustedes también irán?

—Yo no —intervino Edward—, tengo reuniones a las que no puedo faltar y tampoco pude cancelar, y Bella tiene una entrevista de trabajo, los alcanzará después de que finalicé.

—Deja de preocuparte, Mike —prosiguió Bella—, Nicole las quiere, nunca las lastimaría, además estaremos cerca e intervendremos si las cosas se ponen desagradables.

—¿Vivian y Tom estarán presentes?

—No, no confío en ellos y no los quiero cerca.

Si Edward era sincero consigo mismo, tampoco confiaba en Vivian y Tom, si no se atrevían a decirle la verdad a su hija solo para no dañarla, nada le garantizaba que harían lo necesario para hacer feliz a Nicole, solo confiaba en que la desconfianza de Mike y Tyler fuera lo suficiente para mantener siempre un ojo en las niñas.

Bella reía al ver a Ian correr de un lado para el otro intentando que los simios lo notaran, de todo el zoológico, eran los animales que más le gustaban, podía pasarse horas simplemente contemplándolos, por esa razón Bella se había quedado con él mientras Rosalie seguía el recorrido junto a Dom, Jack y Will.

—Mira, tía Bella, le gusto al bebé.

—Es que eres un encanto, corazón.

Ian continuó haciendo tonterías e intentando que el monito bebé lo imitara o simplemente no se alejara, después de conseguir su atención.

Era extraño ser de nuevo solo ella e Ian, desde que había nacido Will, Ian se tomó aún más en serio su papel del niño grande en la familia, incluso con Dominique era sobreprotector, era parte de Ian ser sobreprotector con quienes amaba, incluso con ella lo había sido.

Su precioso sobrino era parte fundamental de su vida, le debía tanto, la sacó de ese hoyo profundo en el que se encontraba por la pérdida de Dominique, le permitió ser su segunda madre, sanar su corazón herido, hizo tantas cosas por ella y Edward, por esa razón, no le importaba quedarse en la misma área del zoológico, a pesar de que sabía lo demandante que podía llegar a ser Will cuando se ponía de malas.

Ver a Ian bufar cuando el monito bebé se alejó en busca de su madre la hizo reír, un niño cualquiera gritaría que regresara, Dominique y Jack lo harían, detestando perder la atención, pero Ian por el contrario solo dio media vuelta y regresó hacia Bella con una sonrisa en el rostro.

—Estoy listo para seguir, ¿dónde está mami?

—Más adelante, quedamos en vernos en el área de comida, así que a ponernos en marcha antes de que Jack y Domimi devoren las papas fritas.

Ian hizo el mismo gesto que Dominique hacía cuando quería demostrar la mala idea que era perder las papas fritas.

Caminaron por los senderos, viendo a los animales, tomándoles fotografías y riendo por algunos, era un buen momento de tía/sobrino, y así se lo hizo saber Ian.

—Me gusta pasar tiempo contigo, tía Bella, como cuando yo era bebé.

—A mí también me gusta estar contigo, cielo, eres mi bebito especial.

—Lo sé.

Bella besó la regordeta mejilla de Ian y siguieron caminando por los senderos, amaba a todos sus niños de diferentes maneras aunque en la misma cantidad, pero Ian era especial, era el niñito que la hizo comprender que era una buena madre, la fuerza que ella y Edward necesitaron para no rendirse en la búsqueda de Dominique e, inconscientemente, también fue la respuesta cuando se sentían que no merecían a Will.

Ian lo fue todo para ellos en cierto modo y siempre tendría un lugar importante en sus corazones.

Rosalie les esperaba en una de las mesas del pequeño establecimiento, las hamburguesas con papas fritas, nuggets de pollo y soda esperaban por ellos. Bella besó las mejillas de sus niños, limpió lo boca llena de kétchup de Dominique, ayudó a Will a tomar de su soda, le entregó otro nugget de pollo a Jack y le colocó una servilleta a Ian en el cuello para evitar que se ensuciara demasiado, antes de sentarse enfrente de Rosalie que le esperaba a una mesa de distancia, lo suficientemente cerca de sus hijos pero lo adecuadamente alejadas para que ellos tuvieran un poco de independencia al comer.

—¿Intentó meterse a la jaula de los simios? —preguntó Rosalie—, la última vez lo intentó.

—¿Dominique quiso esconder una cacatúa en su chaqueta?, la última vez la cacatúa perdió unas cuantas plumas que ahora adornan el escritorio de Edward.

Ambas se rieron pensando en lo difícil que era tener niños Cullen, Esme no mentía cuando les decía que dos niños Cullen representaban un batallón, tener a cuatro niños Cullen de prácticamente la misma edad, era una completa odisea.

Lo confirmaron cuando Jack pensó que podía sorber un nugget de pollo por la pajilla de su soda si la introducía en su vaso, Ian y Dominique lo imitaron.

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Bella iba detrás de Domimi y Will, como cada tarde desde que Tyler se mudara a su nueva casa a tan solo diez minutos de distancia, regresaban de estar en el parque intentando agotar la energía de los dos pequeños. Domimi sostenía la manita regordeta de Will mientras le decía el nombre de las cosas que el pequeño señalaba con su dedito. En esas tardes mientras veía a sus dos pelirrojos tan tranquilos disfrutando de su mutua compañía sabiendo que detrás de ellos su mami los cuidaba como un águila, esos años de amargura, tristeza y una rabia inmensa, se iban desvaneciendo.

No existía Lauren.

No existía separación.

No existía ningún problema que los rodeara.

Todo estaba en su lugar, como siempre debió ser.

—Mami, mami —chilló Dominique deteniéndose y haciendo que Will hiciera lo mismo—, mira qué bonitas flores, ¿puedo tenedlas?, ¿puedo?

Bella sonrió y se acercó hasta estar a un paso de distancia de sus dos niños, Will se metió el dedo a la boca mientras veía a su hermana mayor dar saltitos y señalar las flores del jardín.

—No, princesa, esas flores son de alguien más, no podemos simplemente tomarlas, sería grosero, además tú y Ash han plantado rosas en el jardín, ¿no te acuerdas?

—Pero no son tan bonitas como esas, las nuestras se están secando.

—Eso se debe a que no han sido regadas como deberían —respondió Bella tomando la mano de sus dos niños e incitándolos a caminar—, si se riegan adecuadamente, les da el sol suficiente y tienen buen abono, tus rosas serán las más bonitas.

—¿De todo el mundo, mami?

—Posiblemente.

—Entonces vayamos a casa.

Dominique se soltó de su mano y corrió las tres casas restantes a la suya, Will la imitó gritando protestas inteligibles ya que se había quedado muy atrás. Apresuró el paso para no alejarse de sus niños que ahora intentaban abrir la llave de la manguera del jardín después de que Dominique lograra vaciar la pequeña regadera sobre el diminuto rosal, sin tener ningún éxito, ambos ojiverdes la miraron esperando a que hiciera correr el agua.

—Eso lo dejaremos para después, ahora ustedes necesitan entrar a casa, lavarse las manos y comer una merienda mientras yo preparo la cena.

—Pero mis rosas, mami.

—Osas, ma, osas

—Las rosas pueden esperar.

—Pero no serán las más bonitas si no tienen agua, tú lo dijiste.

—Dije que florecerán si tienen la cantidad adecuada de agua, no que las ahogues.

—¿Cuál es la diferencia?

—Que si las ahogas, se marchitarán.

—No quiero eso, mami.

—Entonces dejemos el agua por hoy, ya mañana podrás volver a regarlas pero esta vez me esperarás y te ayudaré para que lo hagas.

Dominique asintió exagerando un suspiro de resignación el cual fue imitado por Will, causando la risa de Bella, eran tan parecidos.

Los invitó a entrar a la casa, pero antes de que siquiera pudiera abrir la puerta por completo, el auto gris de Leah aparcó afuera del garaje.

¿Qué hacía ella ahí?

Apenas unas semanas atrás la había visitado, no era normal que lo hiciera tan seguido, no le molestaba, pero normalmente le avisaba con anticipación.

—Es la tía Leah, mami —habló Dominique señalando el conocido auto.

Bella detuvo a Dominique del hombro evitando que corriera hacia Leah como normalmente lo hacía, y no era porque no confiara en su hermana, sino porque la tensión en sus hombros cuando bajó del auto le indicó que algo no estaba bien.

—Lo siento tanto, Bella —exclamó acercándose—, te juro que intenté que ella no se diera cuenta.

—¿De qué hablas, Leah?

No necesitó responder pues otro auto plateado estacionó enseguida, la cabellera rubia hizo que Bella se congelara.

—Lo siento, Bella, juro que hice todo lo posible para que ella no se diera cuenta, pero ha revisado mi teléfono, vio nuestras conversaciones y averiguó todo. Intenté evitarlo, manejé como una loca para llegar aquí antes que ella, pero me ha seguido el paso.

Bella recordó a la Renée que había visitado meses atrás, aquella mujer que aún tenía destellos de vida había desaparecido, ahora con el cabello rubio cenizo, la cara pálida, ojeras marcadas, varios kilos menos y la espalda encorvada, parecía a punto de desvanecerse enfrente de ella.

—Lleva a los niños adentro, Leah, no quiero que estén aquí afuera.

Leah tomó a Dominique y a Will de la mano y se adentró a la casa, los niños fueron sin chistar, conociendo a Leah tan bien como lo hacían, no había duda en que para ellos era alguien de fiar.

—¿Qué haces aquí, Renée? Creí dejar en claro que no te quería cerca.

—Necesito hablar contigo.

—Lo que necesitas es dejarme en paz, tengo una vida y tú no entras en ella.

—¿Y Leah sí?

—Es mi hermana.

—Y yo tu madre.

—Lo eres, no lo puedo negar, pero Leah se acercó de corazón, tú, por otro lado, solo lo hiciste porque necesitas el trasplante, si no fuera por eso, no estarías aquí.

—Las cosas no son así, Isabella, realmente me importas.

—¿Por qué debería creerte?

—Porque encontré un donante, ¿Leah no te dijo?

—No, no me dijo nada, pero me alegro por ti y tu familia.

—Tú eres mi familia.

—No lo soy, Renée, me alegro de que encontraras un donante, podrás vivir más tiempo junto a tu familia y a mí dejarme en paz.

—No puedo dejarte ahora que te recuperé.

—No me recuperaste, llegar aquí y querer que te escuche no es recuperarme, es solo ser insistente en una causa perdida. Ahora por favor, vete y no regreses, estoy harta, Renée, tengo una vida plena en la que tú no entras, entiende eso, por favor.

—Sé que cometí muchos errores, pero por favor, escúchame, solo te pido unos minutos, solo déjame explicarte cómo fueron las cosas para mí, por favor.

Bella tenía la negativa en la punta de la lengua, quería gritarle, maldecirla, ordenarle que se marchara y que no volviera, amenazarla con llamar a la policía, pero simplemente no podía, y no se debía a que mágicamente la perdonaba por dejarla siendo una bebé, no era nada de eso, simplemente estaba cansada, harta de su insistencia y si escuchándola terminaría por alejarla completamente, entonces lo haría.

—Habla.

—¿Aquí?

—No creas que te invitaré a tomar el té, no eres bienvenida en mi casa ni en mi familia, solo quiero escuchar lo que tienes que decir para que de una buena vez me dejes en paz, así que habla ahora o vete, así de simple.

—Lo siento —respondió bajando la mirada—, siento dejarte a ti y a Charlie, pero tenía miedo, era demasiado joven para ser mamá y ama de casa, no estaba lista para esa responsabilidad.

—Tuviste un hijo dos años después.

—Lo sé, pero las cosas fueron distintas.

—¿Distintas? ¿Acaso te refieres a que tu esposo te contrató una niñera y una chica del servicio para que hicieran las cosas por ti? Si es así, entonces tienes razón, las cosas fueron demasiado distintas.

Renée tuvo la decencia de sonrojarse y verse avergonzada, pero ni así se marchó, en su lugar abrió su bolso beige, que colgaba de su huesudo hombro.

—Nunca te perdí la pista, no sabía lo que hacían mis padres, eso te lo juro, pero yo nunca dejé de seguir tus pasos, he sabido dónde has estado cada año de tu vida, tengo fotos de cada parte importante de tu vida, tu primer día en el preescolar, tu primer recital, viaje escolar, tengo miles de fotos tuyas.

Bella observó el gordo álbum de fotografías, estaba viejo y manchado por los años, las fotografías cubiertas por una fina lámina de plástico para conservar la tinta, era un álbum con la mayor parte de su vida dentro.

Ver esas fotografías de su niñez, siendo feliz junto a su padre, teniendo una buena vida pese a no tener a su madre con ella, le recordó a sus dos niños que estaban adentro de la casa con Leah. Recordaba la primera fotografía de Will, con solo unas horas de nacido tan tranquilo y lleno de paz en sus brazos, la había tomado con el teléfono de Edward cuando él no se dio cuenta; recordaba aquella primera noche que tuvieron a Dominique junto a ellos, Edward le había tomado infinidad de fotografías repitiendo después de cada una lo hermosa que era y lo mucho que la cámara la amaba, esas fotografías se parecían a las que Charlie guardaba celosamente en el armario, las que Esme tenía enmarcadas por toda su casa, fotografías simples pero con muchísimo significado detrás de ellas, fotos que eran la evidencia de momentos de inmensa alegría, fotografías perfectas.

Por otro lado, recordaba las fotografías y videos que Lauren tenía de las niñas, eran infinidad de fotografías en donde las niñas sonreían, jugaban, eran felices, sin embargo para Bella, esas fotografías no representaban nada, no había recuerdos, no había memorias, no había momentos de intimidad, solo eran imágenes, solo se veía a personas posando para la cámara, sin ningún tipo de emoción; igual que en las fotografías de Renée, podía tener todas las que quisiera, pero seguían siendo fotografías vacías, sin valor ni sentimiento alguno.

—No valen, Renée, una foto la tiene cualquiera, puedes tener todas las fotos posibles pero no sabes lo que pasó en ese momento, no tienes ningún recuerdo conmigo que puedas apreciar en fotos.

—Lo sé.

—Y si lo sabes, entonces, ¿por qué regresas? He sido feliz sin ti, y seguiré siéndolo, nunca te necesité ni lo haré, ahora por favor vete.

—No puedo.

—Sí puedes, lo hiciste una vez, solo vuelve a hacerlo y déjame en paz.

Se dio la media vuelta dispuesta a entrar a su casa, pero la voz de Renée así como su delgada mano sosteniéndola del codo le impidieron alejarse, volviendo a girar se soltó de su agarre.

—Siempre supe lo que ocurrió con Dominique —exclamó desesperada por mantenerla junto a ella.

—¿Qué? —preguntó sintiéndose realmente furiosa, no tenía ningún derecho de mencionar a su niña.

—Desde el primer reportaje que hicieron sobre el caso, siempre lo supe, siempre estuve al tanto de todo, tenía conocidos en la policía, me mantenía informada, oraba todas las noches para que la recuperaras.

—¿Por qué creerte?

—Porque es la verdad, me equivoqué en miles de cosas, Isabella, desde no llevarte conmigo hasta desaparecer de tu vida, cometí error tras error, pero nunca dejaste de importarme, quería que fueras feliz, me partía el alma saber que estabas sufriendo y que yo no podía hacer nada para ayudar, ni siquiera ser un hombro en el que lloraras.

Bella estaba cansada de su papel de víctima, le diría por última vez que se marchara de su vida, pero antes de pronunciar la primera palabra, realmente le prestó la suficiente atención para notar a la mujer que era Renée, por primera vez vio lo cansado de su cuerpo, su espalda encorvada con la columna marcándosele, la clavícula sobresaliendo del escote de su blusa, el hueso de la cadera marcado en la elegante falda que usaba, era una mujer enferma, cansada, agotada de su vida, por primera vez tomó consciencia de que Renée, la mujer que le dio la vida, estaba muriendo e incluso aunque se realizara el trasplante, corría el riesgo de que su cuerpo no lo aceptara y muriera, había cientos de pros y contras.

—De acuerdo —suspiró sin estar completamente segura de estar haciendo lo correcto—, mañana por la noche, Renée, ahora tengo niños a los que atender y tiempo que pasar con mi esposo, te mandaré la información con Leah.

Renée se marchó después de eso y Bella entró a su casa encontrando a su hermana menor y a sus dos hijos en la cocina devorando galletas que Sue les había mandado.

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Dominique sostuvo la mano de Beverly mientras caminaba junto con Nicole y Ashley, era agradable estar las cuatro de nuevo juntas, ahora podían hacer todo lo que antes no, podían correr por el parque, saltar en los charcos e incluso comer helado, aún no entendía por qué Nikki seguía usando una bufanda y abrigo, no hacía frío, su mami había dicho que hacía un muy buen clima antes de que los tíos Mike y Ty llegaran por ella y Will, por eso usaba un vestido de marinerita que combinaba con el short y camisa de marinerito de Will.

Su mami los vestía igual muchas veces, incluso cuando ella usaba su blusa de unicornio, Will usaba la suya de caballos, le gustaba mucho que su hermanito se vistiera igual que ella, los hacía especiales.

—Vamos por acá —habló Nikki mientras caminaba unos cuantos pasos delante de ella.

Dominique siguió caminando tranquilamente, volteando de vez en cuando hacia tras para ver al tío Tyler y Mike que caminaban junto a Will. En ese momento el tío Tyler apuntaba una ardilla causando la risita de Will mientras que el tío Mike se quedó pasos atrás comprando manzanas acarameladas.

Le gustaban las manzanas acarameladas, iba a decirle a sus hermanas pero Nikki seguía caminando sin detenerse, Ashley iba detrás de ella reclamándole que caminaba muy deprisa, Dominique pensó que las ramas de los arbustos eran lo suficientemente grandes como para que no las vieran, su mami le había dicho antes de salir que no se escondiera entre los arbustos o podía perderse, y si llegaba a pasar entonces debía dejar de caminar para que de ese modo fuera muy fácil encontrarla.

Dominique se detuvo junto con Bev que le sonreía tranquilamente viendo a su alrededor, estaban rodeadas por enormes arbustos, estaba segura de que no debían estar ahí.

Ashley también lo notó.

—¿Dónde estamos? —preguntó deteniéndose—. ¿Dónde están mis papis?

—Se quedaron atrás comprando manzanas —respondió Dominique—, quiero regresar, no me gusta este lugar.

—Creo que nos perdimos —habló Nicole—, encontremos una salida.

Ashley y Dominique se miraron, las instrucciones de su mami habían sido muy claras, no se tenían que mover o se perderían mucho más, pero Nicole esperaba que le hicieran caso, era su hermana, sin importar lo molesta que a veces podía llegar a ser.

—Ustedes quédense aquí entonces, yo buscaré una salida.

Nicole siguió caminando dejándolas atrás.

—Sigue siendo mayod que nosotras —habló Dominique—, tal vez encuentre ayuda y degresemos a casa más dápido, no me gusta estar peldida.

—A mí tampoco… espéranos, Nikki.

Tomadas de la mano siguieron caminando en línea recta en busca de un adulto que las ayudara a encontrar a Tyler y Mike.

Mientras seguían caminando, Dominique pensó que tal vez encontrarían ayuda si regresaban por el mismo camino en lugar de adentrarse más en los confusos caminos cubiertos por enormes arbustos, árboles y plantas.

Tyler estaba seguro de tres cosas en ese momento.

La primera, Will era una preciosidad comiendo caramelo.

La segunda, las niñas no estaban por ningún lado, solo un segundo bastó para que desaparecieran de su vista.

Y tercero, pero no mucho menos importante, Bella estaba a unos tres metros de distancia junto con Rosalie y Leah, y él no tenía la menor idea de cómo le explicaría que Mike había corrido en busca de sus niñas que se habían salido del sendero y no estaban por ningún lado.

Ver el ceño fruncido de Bella al notar las cuatro paletas de caramelo intactas en su mano, le bastó para saber que una lápida tenía su nombre escrito y que Isabella Swan iba a ser la responsable de su dolorosa muerte.

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Hola!

Yanina, eres la mejor, gracias por la revisión del capítulo, pese al poco tiempo.

Déjenme sus comentarios, opiniones, criticas, teorías o lo que quieran compartir conmigo en un review, saber que piensas es mi mejor paga.

Yo sé que no tengo perdón por tardar tanto en actualizar, pero es mejor tarde que nunca, intentare no demorar con la siguiente actualización pero deben de saber que la Universidad me deja sin mucho tiempo libre, pero se que ustedes son unas chicas lindas y pacientes que sabrán esperarme y tener paciencia.

Nos vemos en la siguiente actualización.