Primer día de luna creciente del primer mes. Año Nuevo.
Querido Diario,
Es casi el amanecer del Día Sin Tiempo, y me he dado cuenta de algo.
Puedo decir, por fin, que soy una mujer feliz.
Siempre he sido un poco solitaria, ya sea por mis circunstancias -no tengo hermanos ni parientes, mi madre murió cuando era pequeña, mi posición de heredera al trono- o la percepción de los otros acerca de mí, esta mujer fría, racional, y distante. Creía que esto estaba bien, y me sentía conforme, pero una parte de mí sabía que algo me faltaba.
Durante los últimos años, los primeros en saludarme y desearme un buen año eran mi padre e Impaz.
Luego, fue sólo Impaz.
Y luego, estaba sola en la torre.
Triste, ¿no?, pero ahora las cosas se ven distintas.
Los días antes del año nuevo fueron caóticos, como siempre, con gente viajando desde todos lados a la Ciudadela, ya que las celebraciones más grandes se hacen acá.
Hace días que no escribía. Lo más destacable ha sido supervisar estas preparaciones, que contarán con una exhibición de fuegos artificiales realizado por Don Mechas, y enseñarle a Link en las tardes sobre protocolo real, y algunas cosas sobre liderazgo y gobierno. Mi pupilo aprende muy rápido, está ansioso de enriquecer su intelecto y ser un buen Consorte -recibo una generosa recompensa de besos y caricias antes de irme a dormir- y mantiene en su velador una saludable cantidad de libros, entre las novelas que me ha pedido prestadas -me contó que devoró varios libros que le presté durante su estadía en Pico Nevado, para mi alegría- y algunos textos esenciales sobre historia, política, ética y filosofía.
También les mostré a Maese Perícleo y Shad el "primer" esbozo del proyecto para las reformas legales y la Carta de Derechos Fundamentales. Ambos lo encontraron una gran idea, y quedaron de apuntar cualquier sugerencia, e iremos viendo los cambios en las reuniones de Consejo.
Así que estaba muy contenta de recibir una invitación de Telma para que nos juntáramos todos para celebrar el nuevo año en la Tasca -una merecida pausa- tras todas las formalidades y el saludo de medianoche a las puertas del castillo. Esta sería la primera vez en años que podría celebrar el año nuevo como corresponde, además de significar que quedaba un día para anunciar mi compromiso, ¡se me ponen los pelos de punta de sólo pensar en eso!
Todo salió como estaba programado: me maquillé y vestí con un traje y capa azul medianoche, con una tiara que mi madre usaba muy seguido, que estaba inspirada en unos tocados que llevaban las mujeres de una antigua tribu que parecen halos; se les llamaba kokoshnik. El rostro de Link fue suficiente para saber que me veía más que bien, y una vez listos, partimos junto a todo el séquito -Naima y Amina llegaron bien acá- y realicé un discurso con mis mejores deseos para el nuevo año. A medianoche toqué una campana, y tras los saludos, comenzaron los fuegos artificiales. Mientras el cielo se llenaba de colores, sentí unos dedos entrelazados con los míos.
-Feliz año nuevo, amor -Link susurró-. Espero que el próximo año te pueda saludar como realmente quisiera.
-Feliz año nuevo, querido -apreté su mano suavemente, conteniendo una risita-. Espero que no estés pensando en nada que pueda ser considerado indecencia pública.
-Ay, que me has pillado.
Una risa contenida se podía escuchar del resto del séquito.
Una vez que los fuegos terminaron, le deseé al público una buena velada, y partí con el Señor Comandante para cambiarme a un vestido abrigado con una blusa, botas y capa abrigada, y el pelo trenzado. Él cruzó la puerta de espejo vestido con un chaquetón verde bosque, pantalones y botas marrón y una capa (muy guapo, por supuesto).
Salimos del castillo y llegamos rápidamente a la Tasca, donde todos nos recibieron, ¡era más una fiesta de compromiso que de año nuevo!
-¡Vamos a abrir las mejores botellas de la cava sólo por ustedes dos, queridos! -Telma anunció-, ¡esta ocasión es más que especial!
Y todos hicimos un brindis por el nuevo año primero, luego Moy hizo uno por nuestro compromiso.
-Soy un hombre de pocas palabras, pero de gran corazón -empezó-. Nosotros, como familia, y como ordonianos, recibimos a todo el mundo y lo hacemos uno de los nuestros. Todos en la villa nos dimos cuenta de lo afectado que volvió de su aventura, pero desde que llegó acá es un hombre nuevo. Tú le has hecho bien, en todos los sentidos.
-En resumen -Juli intervino-, ¡bienvenida a la familia, queridísima Zelda! -y los dos me abrazaron.
Una familia. Algo tan lejano para mí, se volvió una realidad. Nunca más volvería a estar sola.
Devolví el abrazo entre lágrimas.
-No se preocupen -sollozé-, son de felicidad.
Una vez que me calmé, bebimos una ronda más de vino y tapas que había preparado Telma. Algo me llamó la atención: Salma andaba menos dicharachera de lo habitual, ni siquiera bebió como lo hace normalmente.
Después partimos con Ilia, Lila, Shad, Salma, Naima y Amina a la plaza a ver qué sucedía en la plaza, donde tocaba una banda, y un grupo de gente bailaba animadamente. Además habían puestos de comida y juegos.
Un joven, cuyo rostro se me hacía muy familiar, se nos acercó, llamando a Link por su título. Era su escudero, Orville.
-¡Feliz Año Nuevo, Señor Comandante! -lo saludó, sus ojos como platos al verme al lado de él-. ¡Feliz año…!
Me miró -reconoció mi rostro- y murmuró "Misteriosa Señorita Z" antes de que Link le devolviera el saludo, y le presentara a Ilia y Lila. Orville estaba muy nervioso, Ilia dejó una impresión bastante grande en él.
-Quizás debería hacer de casamentero con esos dos - me susurró con un tono travieso una vez que nos despedimos de él.
-Creo que mejor deberíamos ir a bailar en vez de alimentar esa idea -y lo arrastré de la mano al gentío.
Una alegre melodía llenaba el aire, y bailamos contentos, mezclándonos entre el público, a pesar de que no soy muy buena para estar entre multitudes. Un poco más allá se encontraban nuestros acompañantes, también bailando y riendo.
Me sentía tan feliz, que podría estallar. No me sentía triste, ni sola. Sólo dichosa y amada.
-Quiero atesorar este momento para siempre -le dije a Link, apoyando mi cabeza en su hombro, mientras nos dejábamos llevar por la música-, este lugar y momentos perfectos.
-Mi Zelda -Link me besó la frente-, este es el primero de muchos momentos más que vendrán. Te lo aseguro, amor.
Asentí, y seguimos bailando durante la noche hasta que los pies se nos dormían.
Incluso ahora, con el sol a punto de salir, y mi compañero de baile estirado en mi cama, dormido con la ropa puesta, me sigo sintiendo como si estuviera bailando entre las nubes.
Tuya,
Zelda.
