Disclaimer: Todos los personajes de Supernatural pertenecen a Eric Kripke, por lo que esta historia no persigue fines de lucro.

Pairing: Este es un Dean/Claire!Castiel.

Spoilers: Toma como base el 4x20 y de ahí se sitúa en la sexta temporada.

Soundtrack: Capítulo cortesía del Led Zeppelin y su tema Babe I'm Gonna Leave You.

Advertencia: ¿Lime? Un poco más de lime pero sin llegar a acidez.

Dedicado a Nanii, porque sé que pese a todo te das el tiempo de dejarme reviews :)


Reverie.

Capítulo 34.

Dos semanas después.

Quedaban 9 días. Nueve días antes de que Castiel abandonase la Tierra para nunca volver.

Habían visitado al menos cinco estados de principio a fin en busca de soluciones, pero nada. Todo indicaba que Dios mismo quería darle un horrible fin a esta historia, y que sus propósitos, ininteligibles para una débil mente humana, no eran más que sádicos.

Dean volvió a ver ese futuro negro. Llevaba días reviviéndolo por las noches, sin descanso, y ya no tenía fuerzas para decirle a Cas que no era nada, que sólo había tenido un sueño raro e ilógico porque él mismo no podía creérselo.

Cazar era una escapatoria, una salida a toda su frustración. Apretar el gatillo, cortar cabezas, asar bastardos, exorcizar demonios. Pero al final del día, cuando se dejaba caer en la cama de turno con el ángel en sus brazos, por horas que pasase besándole, acariciándole, la sensación de estar perdiéndole le retorcía las entrañas…

Y Cas lo notaba. Y se aferraba a su cuerpo con todo hasta que Dean caía rendido en su pecho debido al cansancio. Incluso le abrazaba con dulce firmeza elevando interminables plegarías al Cielo hasta que el sol volvía a salir y llenaba la estancia de luz, hasta que Dean despertaba y la besaba haciéndole olvidar momentáneamente el sufrimiento que les escocía a ambos.

Hasta hoy.

Hasta hoy, cuando Dean no despertó.

Eran las ocho con diez de la mañana cuando Castiel se percató que Dean debió haber despertado hace un buen rato. Levantó la cabeza de su pecho para contemplarle; sus facciones estaban serenas y su respiración era muy tenue.

—Dean —murmuró posando gentilmente su palma en una de sus mejillas—. Despierta —pidió acariciándole. El cazador no reaccionó ante sus palabras, por lo que el ángel se empinó otro poco, trepando por su cuerpo, y le besó en la frente—. Dean —alzó apenas la voz mientras repartía besos por su rostro—. Despierta, Dean. Sam ya va a venir a buscarnos.

Nada.

Optó por moverlo un poco.

—Dean —le puso las manos en los hombros, meciéndole sin llegar a ser brusca—. Por favor, despierta —el humano siguió imperturbable, con el cuerpo laxo y los ojos cerrados. Cas empezó a sentir algo frío bajándole por la espalda pese a que vestía un pijama y las mantas le envolvían. Ejerció un poco más de énfasis en la acción mas no logró lo esperado.

Se preocupó.

Instintivamente una de sus manos se plantó en el tórax en busca de latidos. Ahí estaban, lentos y sosegados. Estaba vivo. Una cuota de alivio le mejoró el temple.

Pero, ¿por qué no despertaba?

Llevó dos dedos a su sien, decidida a introducirse en sus sueños; más tarde se disculparía por ello si era necesario, lo imperante ahora era ver qué le impedía al cazador volver del mundo onírico. Cerró los ojos concentrándose.

Al cabo de unos cuantos minutos descubrió que no podía acceder. Intentó con más ahínco.

No, el subconsciente de Dean estaba vetado para ella, como un letrero que rezaba Propiedad Privada. Aún así no desistió hasta que su Gracia dijo basta a causa del agotamiento.

Castiel entró en pánico entonces y atinó a hacer lo único que pudo procesar.

Llamar a Gabriel.

OoO

Sam no había dormido mucho. No por no haber podido sino porque no quería.

Habían pasado dos semanas desde que le contase a Dean de su lío con Gabriel y cediese al arcángel. Por una extraña y retorcida razón no se arrepentía. Ni un poquito.

El Trickster le visitaba seguido, todas las noches, y si no tenía mucho trabajo pasaban toda la tarde y la noche conversando hasta que el Winchester se quedaba dormido entre suaves besos.

Hoy en particular, Sam abrió los ojos unos minutos antes del alba. Gabriel yacía tendido a su lado por encima de las mantas y en cuanto se halló descubierto mirándole sonrió ampliamente. El cazador recordó entonces las primeras veces que despertó topándose con aquellas irises color miel, evocó el sentimiento de sentirse vigilado y también rememoró las risas del arcángel ante sus reclamos. Ahora sólo tiene una mera reacción; sonríe también.

Como siempre, Gabriel le desea los buenos días y luego le atrapa. Le doblega con esos ojos traviesos y manipuladores que tiene y en segundos Sam esta besándole de vuelta, rodando hasta aplastarle con ese cuerpo de casi dos metros de altura y el arcángel se burla de él entre beso y beso mientras le insta a ir más lejos.

Sam se entrega a sus impulsos y le besa con calma, usa su lengua para explorar la boca de Gabriel sin prisas, tomándose todo el tiempo del mundo para degustarle. En segundos es el humano el que está de tumbado en el lecho, sumiso ante la maestría del arcángel; es ahí donde las manos de Sam despiertan, se hunden en ese cabello de caramelo mientras siente como las rodillas del Trickster aprisionan sus caderas sutilmente. El enlace se afianza y Sam gime bajito, desliza las manos por la espalda del arcángel con pereza, casi sin moverse, percibiendo las depresiones de su complexión pese a la tela de la cazadora que le cubre. Así mismo, Gabriel empieza a besarle en serio, con afán, con precipitación y mucha lengua, le aplasta con su cuerpo y Sam vuelve a gemir, más alto ahora, sintiendo el calor del otro invadiéndole, adueñándose de él, inundándole. Y su cuerpo frágilmente humano se siente frío en comparación al otro cuando las manos de Gabriel le acarician el pecho por sobre las ropas. Pausa para tomar aire y vuelven a besarse, retomando lo que dejaron inconcluso.

Aquellas manos celestiales siguen avanzando, siguen marcando a Sam Winchester invisiblemente a fuerza de calor, a base de ansiedad. El cazador se da cuenta que no puede esperar a que le toque al fin, por lo que él mismo guía la mano de Gabriel dentro de su camiseta y en cuanto el contacto se produce Sam siente millones de hormigas recorriéndole la espina dorsal, descargas eléctricas sacudiéndole y un nudo en el estómago. Reconoce lo siente, sabe lo que su cuerpo le está diciendo.

—Sammy —susurra Gabriel casi sobre su boca. Es una advertencia. Esa mirada que le da es un 'Si no quieres continuar detenme ahora'.

—Gabe —suspira ignorando el aviso, jalándole del cuello de chaqueta hasta que sus bocas vuelven a unirse. Lo entiende bien por fin. El cosquilleo, la tensión en su bajo vientre, los escalofríos que las manos del arcángel le producen al vagar dentro de su camisa. Es deseo lo que le aturde los sentidos. Quiere a Gabriel, y ese pensamiento flota hasta salir a la superficie entre el surtido de sensaciones que le abruman.

—Joder Sammy —masculla apretándose contra el joven—. Controla lo que piensas o no podré…

—Silencio —le reprende callándole con su boca, metiendo sus manazas dentro de la remera de Loki. Y eso, Sam tocándole sin disimulo y por propia iniciativa, hace que Gabriel ya no se reprima, que le desabotone con presteza esa camiseta a cuadros que es tan ñoña pero que le hace ver adorable en tanto sus labios se desvían a su cuello, bajando tortuosamente hasta el pecho trabajado y expuesto dando tributo a esa piel tostada y, una vez que la lame, dulce. Sam cierra los ojos exhalando sonoramente—. Gabriel… —el aludido sonríe contra su epidermis mas no se detiene y de repente esta franqueando la pretina de los vaqueros del Winchester valiéndose del mentón para arrugarlos y acceder a más sabor y Sam se tensa de la expectación como nunca antes recuerda haber hecho, siente como algo liquido e hirviendo escurre por su organismo y a tientas busca al arcángel con las extremidades, pero éste anticipa sus intenciones y le atrapa ambas manos con un chasquido de dedos, amarrándolas con sogas sacadas de la nada—. ¡Gabriel! —Protesta sin mucho énfasis, su voz en éctasis al sentir que le han abierto los vaqueros.

—Sam, Sam —bufa incorporándose, su burlón rostro de súbito amargo y sentido—. ¿Hasta cuando piensas hacerme esto?

Sam le observa con cejas arrugas sin entender qué quiere decir o por qué su actitud ha cambiado de forma tan abrupta. Los dedos del cabecilla del Paraíso tocan su sien, el hombre cierra automáticamente los ojos ante el gentil contacto y para cuando los abre ya no hay rastro del ángel encima de él, dominándole. Se sienta con cautela en el lecho, observando a su alrededor. Su boca forma una O cuando advierte que viste un pijama, percatándose de que lo anterior no había sido nada más que un sueño.

—Sinceramente, no sé a qué juegas Samuel —la voz proviene del frente, y al enfocar ahí se topa con el majestuoso arcángel echado contra la puerta de la habitación, su aura es imponente y se ve cabreado. Frustrado, mejor dicho.

— ¿De qué hablas? —Pregunta. Se mueve un poco y algo en la entrepierna le absorbe la atención por segundos. Joder, estoy en estado de alerta, se maldice interiormente dando por perdidas sus intenciones de salir de la cama y acercarse a su huésped con una erección punzante y latente clamando atención. Instintivamente arrugó las mantas entre sus manos como si al hacerlo se esfumase el empalme.

—De eso hablo —señala con tono agrio. De la nada está allí, sobre Sam, confinándole contra el colchón—. Hace dos semanas acepté que pusieras los límites, Sam, porque entiendo que lo que nos traemos no es algo simple. Esperé esa semana pacientemente, sin obligarte a nada. Esta semana he intentado acercarme a ti y al mero roce de mis manos te incomodabas como un animalito maltratado —espiró y su aliento le dio de lleno en las mejillas al cazador—. No soy como Cas que no husmea en los sueños de tu hermano, y no es que haya querido, pero la forma en que me llamabas… Y en cuanto echo un vistazo me encuentro con esto —masculló enterrándole una mano en la entrepierna, haciendo que Sam se revuelva inevitablemente y gima—. Sólo puedo pensar que estás burlándote de mí, Sammy —bisbisó melindroso en su oído—. Y eso me molesta.

—Gabriel, no… —su respiración entrecortada, luchando por quitarse al arcángel de encima—. No es… así.

— ¿Ah no? —Inquiere con sarcasmo—. ¿Cómo explicas que tu amiguito allá abajo esté despierto, eh? —Ejerce más fuerza sobre su presa, reduciendo a nada su movilidad, una mano colándose bajo la colcha y bajo el pantalón de pijama del humano, dando velozmente con el elástico de la ropa interior.

—Gabe —jadea con ojos entrecerrados—. No hagas eso o voy…

—Ese es el punto —dice ronco en su oído—. Me cansé de esperar, Sammy. Tuviste tu oportunidad de jugar al gato y al ratón, y yo ya me aburrí de fingir que no podía atraparte —ojos miel se anclan a vidriosos ojos verdes, perforándolos—. Tú me has provocado… no tienes derecho a quejarte —sin demora le besa al tiempo que su mano le toca, y Sam está tan excitado que el liquido pre seminal ya ha salido y los dedos de Gabriel se deslizan sin problemas, recorriendo de manera experta su longitud. Sam se crispa por completo, se aferra a los costados del arcángel estrujando la tela de la chaqueta. El humano no resiste mucho y rompe el beso para soltar un ahogado gemido en cuanto las caricias se vuelven más osadas, adquiriendo un vaivén rítmico.

—Mi-Mi-Mieeerda —gime el hombre mordiéndose el labio inferior—. Gabriel, tú… hijo de… ¡Ah!

—Nada de palabrotas —amenaza con tono cantarín, hundiéndole las rodillas en la carne de las caderas—. Eso no te salvará —dice con voz grave, grabando besos en su barbilla y uno que otro mordisco juguetón. Sam reculó la cabeza hasta enganchar sus labios en los del Trickster, hambriento y sin aliento, tironeando de su ropa en un amago mudo de exigirle ir más rápido.

—G-G-Gabe —gruñó echando la cabeza hacia atrás cuando las yemas de Loki trazaron círculos en el glande, incrustándose un poco en la piel reactiva—. Jodeeer —el arcángel sonrió triunfal antes de acelerar la moción, jalando un poco del miembro entre sus dedos. En respuesta Sam gimió alto, fuerte y caliente y por segundos él mismo tuvo que respirar para abocarse en lo que hacía —. Gabriel. Maldita sea Gabriel. G-Ghnnn.

—Joder contigo Sam —gimió en su boca—. Sigues haciéndolo… Sigues… provocándome—resolló antes de liberarle de la prisión que le tenía inmóvil, la siniestra escaló por ese azucarado cuerpo hasta infiltrarse rauda en la camiseta colonizando los pezones del Winchester, pellizcando suavemente al mismo tiempo que la diestra le masturbaba con prisa.

—Aaah. NGHHNN ¡Gabe! —Se arqueó como despedido a propulsión—. Me corro —siseó entre dientes— ¡Joder! ¡ARGHHHH! —Apretó los ojos con fuerzas y entonces lo sintió; la explosión interna antes de sentir como toda la energía acumulada emergía y chorreaba abundante y potente en la mano de Gabriel y todo convergió en blanco dentro de su mente.

Por segundos estuvo tieso y mortalmente quieto, como un enorme muñeco. El aire rehuyó sus pulmones y su cuerpo se tornó tan ligero como una pluma.

—Sammy…

Reconoció de inmediato esa voz que se oía lejana, empero su organismo seguía sin reaccionar a las órdenes de su cerebro. Sobrevino una risita que danzó por el viento hasta dejarse caer con gracia en sus oídos y sin saber muy bien acabó sonriendo, sus labios curvándose apenas. Sus sentidos regresaron paulatinamente luego de unos escuetos minutos, informándole de labios traviesos estampando su cuello. Suspiró, regocijándose de poder inspirar hasta llenar los ahora activos pulmones de oxígeno.

—Ahora es mi turno —canturreó el arcángel. Sam abrió los ojos abruptamente, realizando todo lo que había ocurrido. Reparó en que la colcha había desaparecido y al sentarse vio que Gabriel estaba arrodillado entre sus piernas sin la cazadora, un brillo peligroso bañaba sus pupilas. Pese a la impresión que le infundió, y la timidez también, Sam aceptó de buena gana sus avances, correspondiendo al inofensivo beso que le dio en la boca. En cuestión de segundos el Winchester había perdido la camiseta y los pantalones del pijama, peleando por vencer a un ángel bajito en comparación suya con sus manazas y sus labios carnosos. Mas, Gabriel se escabulle ágil, tanteando en su cuerpo hasta dar con un punto débil, el plexo lumbar, y Sam es derrotado. No sabe cuánto tiempo ha pasado, sólo es consciente de que Gabriel sin remera es demasiado impresionante, demasiado hermoso, y que sus pensamientos se han vuelto inconexos e ilógicos, que lo único que quiere hacer en perderse en el sinsentido. Y como si Gabriel no intentase ni quisiera negárselo, se tumba aplastándole, frotando sus caderas contra las suyas, y Sam se desvanece al sentir el bulto en sus vaqueros, logrando que él mismo despierte de nuevo. No sabe que es lo que lo incentiva, pero lleva sus manos, sin deje de dudas, a los vaqueros del Trickster abriendo el botón y la cremallera en cosa de milésimas de segundo, bajándoselos hasta los muslos en un ansioso jalón—. ¿Apurado, Sam? —Ríe el Trickster complacido, introduciendo con paciencia las manos en el fin de la columna vertebral del Winchester, recompensándole con un apretón en el nacimiento de los glúteos a la par que muerde en el hombro. Un estremecimiento embarga al humano.

Gabriel se sonríe ante la respuesta de Sam y en un chasquido de dedos están en empatados, cubiertos solamente por la ropa interior. El cazador estira los brazos en un gesto dubitativo como llamándole, la respiración errática, su pecho perlado de sudor, los labios entreabiertos y algunos cabellos pegados a las sienes.

—Sammy —susurra el ángel en una tierna letanía, estrechando sus manos al acto y entrelazando sus dedos. El joven da un respingo cuando Gabriel se hace espacio entre sus piernas, anclándoselas en las caderas—. Sammy —suspira antes de besarle, ambos pares de manos unidas descansando a cada lado de la cara del hombre. Aquel momento no podía ser más perfecto.

No obstante, no podía durar mucho tampoco.

En pronto, una punzada atraviesa a Gabriel de súbito partiéndole en dos. Sus facciones se distorsionan y de ipso facto sus labios abandonan los de Sam, irguiéndose hasta sentarse en el borde de la cama.

—Gabe —musita desorientado al verle afirmándose la cabeza con ambas manos. Opta incorporarse, todavía sin obtener contestación, de modo que insiste mientras le acaricia—. Gabe, ¿qué sucede?

—Es Cas —un quejido escapa de sus labios. En un parpadeo está completamente vestido dándole la espalda, su antebrazo apoyado en la pared y su frente recargada contra él—. Algo le pasó a Dean.

— ¿Qué? —Sam se pone de pie como si tuviese un resorte, en medio milisegundo está junto al arcángel, girándole para verle a los ojos—. Dime qué ha pasado.

Gabriel le contempla por unos instantes indeciso, sus labios arrugados. Finalmente se decide y acuna su tez en sus manos, sus pulgares acariciándole detrás de las orejas, lo que consigue inquietar más al Winchester quien frunce el ceño y reitera la interrogante.

—Tu hermano se ha ido, Sam —sentencia con voz plana e inexpresiva. El cazador abre los ojos desmesuradamente, parpadeando y meneando la cabeza como si quisiera despertar de una pesadilla.

—No, debe ser un error —un esbozo de sonrisa torcida—. Si estas bromeando aquí te digo ahora que no es ni por asomo gracioso —sin embargo, la forma seria y rígida con que Gabriel le mira, y en dos semanas él ha aprendido a diferenciar cuando él está dándole de ostias y cuando no, le deja claro que está vez no es una puya como le gustaría.

— Será mejor que te vistas, Cas nos espera.

Era una puta pesadilla.

OoO

—Deja de hacer eso Cas, sólo conseguirás hacerte daño.

Castiel no necesitó voltear para saber que detrás de sí se encontraba Gabriel.

Pese a que era el enésimo intento, aún no podía romper la barrera que le impedía ingresar en el subconsciente de Dean. Contempló su novio en silencio, parecía tan en paz… Se agachó para besarle en la boca una vez más, como la infinidad de veces desde las últimas horas de extenuantes intentos fallidos.

Los pasos de Sam resonaron en la madera envejecida del suelo. Se sentó al lado de Castiel, acomodándole detrás de la oreja el cabello que le tapa el rostro, un gesto tan natural en Dean anotó mentalmente ella ante el tacto. Los ojos azules y desvalidos del ángel se posaron en los melancólicos ojos verdes del pequeño Winchester.

— ¿Qué es lo que tiene, Cas? —Preguntó con voz rota, fijando los ojos en su hermano.

—No despierta —bisbisó ella mirando a Dean—. Su organismo está sano y su alma intacta, pero por algún motivo, sin que pudiese advertirlo, le han atrapado en su subconsciente y por mucho que he tratado no puedo alcanzarle para liberarle.

— ¿No sabes quién ha sido? —Interpeló Sam volcando su atención a Cas nuevamente.

—No —negó con la cabeza—. Pero ha de ser alguien con estatuto porque no he podido detectarle.

—No es la primera vez que alguien desconocido invade el mundo onírico de Dean —acotó Gabriel sentándose en el otro extremo de la cama, observando a los otros dos interlocutores.

— ¿Qué quieres decir? —Aventuró Sam. Cas avaló su interrogante con un cabeceo.

—Cas, ¿recuerdas la vez que te pedí permiso para hablar con Dean? —Castiel asintió de inmediato—. Cuando arribé Dean estaba viviendo una profecía.

Cas se tensó al lado de Sam.

— ¿Quién fue? —Graznó en un tono ronco que el joven cazador no le escuchaba en semanas, desde que hizo polvo a ese demonio que había lastimado a su hermano mayor.

—No puedo decirlo con certeza —admitió apenado—. El muy cabrón se largó antes de que pudiese taclearlo —sonrió falsamente—. Como sea, Dean vio el futuro. Y créeme que ni a él ni a mí nos gustó. Quedé como el malo de la película y eso no me va —Sam le regaló un entrecejo crispado, lo que borró sus ganas de bromear.

— ¿Qué fue lo que le mostraron? —Inquirió Castiel mirando suplicante a su hermano. El arcángel mantuvo el contacto visual con ella por extensos segundos, sin siquiera parpadear. Cas pestañeó y entonces estaba temblando gracias a la desoladora visión, encogida en el pijama como si le viniese grande. El Winchester a su lado atinó a rodearle con sus brazos, enfocando a Gabriel acongojado—. Esto es serio. Alguien que no conocemos estuvo merodeándole y yo ni siquiera puede evitarlo.

—Alto ahí, hermanita —atajo el encargado del Cielo—. Guárdate la culpa que no viene al caso —sus facciones endurecidas—. Sea quien sea este Sr Acertijo, es poderoso al punto que escapó fácilmente de mí también. No es como si dejases indefenso a Dean.

Castiel no medió palabra, demasiado concentrada en hallar respuestas en su cabeza. Por algún motivo recordó la vez que soñó con Dean, cuando fue malherida. Profundizó en sus memorias con ojos cerrados.

La voz de Dean resonó dentro de su cabeza con la claridad de siempre.

Me mostraron el futuro, Cas. No tengo idea quién fue, pero lo que vi no fue agradable…

Su mandíbula se desencajó al comprenderlo.

—Gabriel —alzó la vista—. Ese alguien también me ha visitado.

— ¡¿Qué? —Exclamaron al unísono Sam y Gabriel.

—Sí, la vez que los renegados de Rafael me atacaron —explicó ella impávida—. Tuve un sueño con Dean donde él me decía que había visto el futuro pero que no sabía quién se lo había enseñado —ladeó la cabeza en un gesto pensativo—. Creí que era parte del sueño pero…

—Esto es la leche —ironizó Gabriel atrayendo miradas—. Ahora resulta que nuestro personaje incognito va tras de ustedes dos, como en una puñetera versión moderna de una obra de Shakespeare.

—Momento —Sam hizo un gesto con la diestra, lo que Gabriel interpretó de inmediato como la señal de 'Genio trabajando', no por nada había pasado tanto tiempo con él. Espero pacientemente a que los engranajes internos de Sammy hilasen todo—. Sáquenme de una duda —comenzó con tono vago—, allá arriba ustedes dos son los ángeles más fuertes, ¿verdad? —Los aludidos asintieron—. Eso quiere decir que no es un ángel el que está detrás de esto.

—Sammy, ve al grano —rodó los ojos el Trickster, adjudicándose una mirada de hastío de su queridísimo oso de goma. Cas observó la escena con interés pero en vista de la complicada situación su curiosidad estaba debilitada, lista a irse de vacaciones.

—Quiero decir que el único más poderoso que ustedes dos es Dios —concluyó con tez pálida viendo de hito en hito a los seres celestiales.

El bello rostro de Castiel se inundó de tristeza al comprobar que Sam tenía razón, pero realmente sintió que su Gracia se apagaba cuando interiorizó la idea de que si su Padre tenía a Dean cautivo dentro de su propia ensortijada mental, entonces ni él ni Gabriel podrían sacarlo de ahí.


Lamento la tardanza, pero entre el terremoto y tsunami en Japón y la alerta de tsunami en Chile, ganas de escribir no tenía precisamente.

Espero que este capítulo valga la pena por la larga espera. Gracias a quienes siguen aquí, son mi inspiración.

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