¿Jugamos? (parte XXXVI)


Cuando sólo quedamos nosotros cinco en el vestíbulo y las alarmas se han callado, el lugar parece dormido. Imagino lo que está sucediendo abajo; a la gente moviéndose desde el puesto de control a las salas con literas escavadas en la piedra; el temor a que no se trate de un simulacro latente detrás de sus ojos; el recuento repetitivo de familiares y amigos; la espera hasta a que caiga la primera bomba…

Las personas del Siete que controlaban la evacuación en la escalera que asoma a nuestra izquierda, también la descienden cuando los habitantes del Trece han terminado de bajar. Otros estarán haciendo lo mismo desde diferentes puntos de accesos al bunker, entre ellos el Incauto y Johanna, quienes van a quedarse aquí para intentar razonar con esta gente. Para tratar de conseguir que estén de nuestro lado; porque siendo honestos, vamos a necesitarlos. Necesitamos que al menos unos cuantos se pongan de nuestra parte. Si Dauphin y Johanna lo consiguen, no tendrán problema para viajar al Capitolio; aquí abajo hay naves para dar y tomar.

"Haymitch", dice Gale hablando al aparato de su muñeca. "Haymitch, ¿me recibes?".

"¿Qué es eso?", le pregunto. "No es un reloj de pulsera, ni un brazalector, ¿entonces qué es?".

"Es el último modelo de comunicador que se ha inventado Beetee, aunque también da la hora. Es bastante molón, ¿verdad?".

"¿Beetee? ¿Cuándo?".

Gale me mira y tuerce una sonrisa. "Ni idea. ¿Entre pieza y pieza mientras montaba el inhibidor en el Distrito 7?".

Un ruidito precede a la voz de Haymitch saliendo del aparato. "¿Hawthorne?".

"Te recibo", dice Gale, acercando la boca a su muñeca. "Estoy con Katniss, nuestros hermanos y Cartwrighte en el vestíbulo del sector 12-E. ¿Cuál es vuestra posición en estos momentos?".

"Seguimos en la sala de mando. Paylor habla con los chavales de Dauphin; al parecer llegaremos por tren al Capitolio".

"Bien", dice Gale. "Vamos hacia allí".

Gale ayuda a Prim, y a Delly a levantarse del suelo tendiéndoles un brazo; su hermano rechaza la oferta, y a mí no me suelta la mano una vez que se la he dado para ponerme de pie; ajusta los dedos hasta que quedan entrelazados con los míos. No sé si espera que vayamos así a todas partes a partir de ahora; no sé si es para tenerme atada en corto y que no haga ninguna tontería; no sé por qué es, pero Rory y Prim miran nuestras manos y cuchichean cosas en el oído del otro, y Delly…, sonríe con tristeza cuando giro la cabeza para mirarla. Le permito el gesto a Gale porque de alguna manera… me parece apropiado, aquí y ahora. No quiero que me suelte. Tampoco voy a ser yo quien lo suelte a él.

El sonido de botas chirriantes vuelve a cubrirlo todo hasta que llegamos a la sala de mando.

"Ya están cerradas las compuertas", dice Haymitch al vernos entrar.

"¿Dauphin y Johanna?", pregunto.

"Han bajado. No te preocupes, van bien armados, y tienen por lo menos a 20 soldados con ellos. No va a ocurrirles nada. Además, sólo nuestros chicos llevan armas, no dejamos que nadie del 13 bajase con ellas", me responde Haymitch, como si también estuviera tratando de convencerse a sí mismo, ya de paso.

Gale suelta mi mano y frunce el ceño, pasándose una mano por encima de los ojos. De repente parece nervioso y preocupado. "¿Qué ocurre?", le pido.

"Nada".

Le persigo mientras da vueltas en círculo por la habitación hasta que consigo pararlo. "No me digas que nada, te conozco, ¿qué pasa Gale?".

"Esta preocupado por la chica", dice Beetee sin moverse de la posición en la que está, de espaldas, desplazando clavijas de un agujero a otro y poniéndose y quitándose unos cascos. Paylor se sienta a su lado.

"Entonces Distrito 6", dice ella.

"Distrito 6", repite Beetee. "Parece lo más seguro. No tiene campo de fuerza y Coin ha dejado abierta una brecha en el del del Capitolio para que para que puedan entar los trenes".

"Un poco estúpido por su parte", comenta Haymitch acercándose a ellos dos. "Sobre todo teniendo en cuenta que los Saboteadores ya le han birlado unos cuantos".

"¿Qué chica?", le pregunto a Gale. ¿Estás preocupado por Mason?".

Él no contesta, así que doy por hecho que se trata de eso. No puedo evitarlo cuando digo: "¿Estarías igual de preocupado si fuese yo quien se quedase aquí?".

"No habría permitido que te quedases a no ser que yo también fuera a hacerlo", contesta rotundo.

Tampoco puedo evitar que se me curven los labios hacia arriba en una breve sonrisa al escucharle decir eso. Él es lo que impide que continúe desgastándome a cada segundo. Bueno, tal vez no sea sólo él, hay más gente, como mi madre y mi hermana; y más cosas, como el deseo de venganza; pero él es una parte importante. Eso seguro. No tengo claro si dejarme ser consciente de ello resulta un alivio o un problema añadido, pero es lo que siento.

Salimos del Mando dejándolo todo apagado y en su sitió, lo cual no sería necesario si, como me dicen, los habitantes del agujero se encuentran al completo unos cuantos metros por debajo de nosotros. Formamos una fila en perpendicular al pasillo para abrirnos camino con relativa seguridad. Cuando estamos a dos cruces de pasillos de una de las salidas al exterior, Paylor retrocede un par de pasos, se queda apoyada contra la pared y nos hace un gesto para que hagamos lo mismo que ella.

"Hay dos centinelas", nos dice con un susurro grave.

"¿No se suponía que estaban todos abajo?", pregunta Haymitch resoplando.

"Se suponía", responde Paylor. "Al parecer las normas del 13 implican sacrificar personas cada vez que hay una amenaza de ataque".

Me pregunto si cuando sufrimos un ataque real y el 13 fue bombardeado, también dejaron que murieran algunos soldados obligándoles a permanecer en las plantas superiores. La idea me revuelve las tripas, pero intento que no se me note, e intento centrarme en el presente y en la misión.

Me encuentro entre Gale y Beetee, sujetando mi arma con las dos manos y lista para disparar, aunque desde está posición carezco de ángulo de disparo. De repente noto un chorro de adrenalina atravesarme el cuerpo.

"Déjanos disparar a nosotros", digo en voz baja, sujetando a Gale de la muñeca y tirando de él hacia delante. "Somos los dos mejores tiradores, acertaremos a la primera. Podemos hacerlo limpiamente".

Paylor me mira entrecerrando los ojos, pero se acaba desplazando hacia atrás para que Gale y yo ocupemos su lugar. Los guardias están bastante lejos, y la luz fluorescente y blanca que suele iluminar el distrito ha sido sustituida por las débiles lámparas amarillas de la luz emergencia.

Me pego tanto como puedo contra la pared, y vuelvo a observar a los centinelas que custodian la puerta; se pasean erguidos de lado a lado del pasillo, llevan sus fusiles apoyados al hombro, y por su aspecto, ninguno de los dos me supera en edad. ¿Lo harán para que nadie entre o para que nadie salga? ¿Quién ha dado la orden de que permanezcan aquí?.

"Gale, intentemos darles en un brazo o una pierna, un lugar que no les mate".

Gale asiente con la cabeza, se agacha por debajo de mí y veo como apunta a la articulación de la rodilla de uno de ellos. Yo me decido por el hombro en el que no tiene apoyada el arma el otro. Los dos disparamos simultáneamente y acertamos de lleno en nuestros objetivos, que emiten un gruñido de dolor y dejan caer sus fusiles para tapar con ambas manos el lugar donde les han impactado las balas. El objetivo de Gale cae al suelo, el mío se retuerce un poco, pero también acaba cayendo. En ese instante Paylor da la orden para que corramos a la salida.

Me esfuerzo por no pisar a ninguno de los guardias heridos, para no rematarlos después de haberme esmerado en causarles sólo una herida menor. Verles la cara de cerca no ayuda con los remordimientos, ni hace que me alegre por nuestra buena puntería. Puede que les hayan obligado a quedarse aquí arriba por culpa de mi llamada a Peeta a través de la red de megafonía. Tal vez haya más chavales custodiando más puertas que van a correr la misma suerte por mi culpa.

Lo más práctico será que aleje este tipo de pensamientos de mi cabeza cuanto antes mejor.


Cuando regresamos al aerodeslizador mi madre le ha tenido que hacer un torniquete en la pierna al hombre herido con que se había quedado. Y está claro que Thomson debería de habernos acompañado dentro del 13, por hacer algo, para evitar pensar, porque está mucho más desencajado que la última vez que le vi; todavía no ha llorado, tampoco se mueve. Temo que haya quedado inservible para la misión.

No me detengo en contar las ausencias, pero son más que notables. El suelo de la nava tiene huecos despejados que no había a la ida, y el cadáver de Thomson 2 ha desaparecido junto al charco rojo y denso que había dejado su sangre. Imagino que su hermano lo ha sacado y enterrado de manera apropiada en alguna parte, y que mi madre se ha estado dedicado, aparte de a atender al hombre herido, a limpiar la sangre del piso. Desde que superó el apagón que se la llevó después de la muerte de mi padre, ella necesita estar constantemente haciendo algo, no puede pararse quieta, porque eso la deja pensar. Fue la actividad lo que le devolvió al mundo de los vivos más que cualquier otra cosa. Puedo entenderla.

Ella está tan sorprendida como lo estuvimos los demás al ver a Rory y a Prim entrar en el aerodeslizador. Abraza a mi hermana, y después la inspecciona a conciencia en busca de posibles daños, igual que lo hice yo. Solo cuando ha comprobado que está bien consigue relajar la cara y destensar las manos.

Todos nos sentamos en el suelo mientras la nave despega en vertical y se eleva hacia el cielo, excepto Haymitch y Paylor, que permanecen de pié intentando mantener el equilibrio. Paylor es quién habla primero.

"Soldados". Casi ninguno de nosotros parece un soldado de verdad, excepto tal vez Gale, y Joel. "Podemos afirmar que esta parte de la misión ha sido un éxito rotundo. Hemos conseguido infiltrarnos en el Distrito 13, manipular sus mecanismos de seguridad y atrapar a su población dentro de su bunker subterráneo sin causar ninguna baja".

Mentira – pienso para mí misma. Hemos disparado a dos hombres. Y por las miradas de algunos de los otros soldados intuyo que no somos los únicos que hemos recurrido a las balas para despejar la salida.

"Un grupo de los nuestros, capitaneado por Taylor Dauphin, se ha ofrecido a quedarse dentro del distrito, con dos objetivos principales: primero, controlar todo el dispositivo armamentístico del que Coin dispone en esta zona del País; y segundo, tratar de manipular a la población para que se una a nuestra lucha. Ambos dos parecen viables y estamos confiados en que podrán ser llevados a cabo".

Paylor se calla y cede la palabra a Haymitch, mirándole y haciéndole un gesto con la cabeza. Él se aclara la garganta un par de veces antes de empezar a decir nada. Está sobrio, y centrado, es increible verlo así, y es increible lo mucho que le debo a ese hombre.

"A partir de ahora nuestra meta será entrar en el Capitolio sin ser notados. No podemos hacerlo con el aparato en el que vamos subidos. Si lo intentásemos, seríamos interceptados y posiblemente derribados por alguno de los misiles de Coin. Así que ahora mismo nos dirigimos al Distrito 6, donde tomaremos uno de los trenes que se usan para trasladar mercancías desde los distritos a la capital. Una vez en el Capitolio nos dispersaremos por grupos y volveremos a reunirnos en la mansión Grengrass. Durante el viaje la comandante Paylor y yo os iremos informando personalmente a cerca de los pasos a seguir".

Nadie objeta nada a las palabras de Paylor y Haymitch. Todos se quedan expectantes, deseosos por recibir información más detallada sobre el plan.

Permanezco junto a mí familia: mi madre, mi hermana y también Delly. Rory y Gale se han sentado junto a nosotras y aprovecho para preguntar a nuestros hermanos pequeños como estaban saliendo las cosas por el Distrito 8.

"¿Qué sabéis de Plutarch? ¿A qué se estaba dedicando allí?".

"Los Thomson le obligaron a empezar a trabajar en una de las fábricas textiles", dice Rory. "Le obligaron a vestir el mono reglamentario y todo, para no levantar ningún tipo de sospecha. Aunque él se escaqueaba la mayoría del tiempo. Lo único que sabemos es que ha estado comunicándose con los rebeldes contra revolucionarios del resto de distritos, y también con los Saboteadores", hace una pausa para mirar a Prim. "Que aún no tenemos muy claro quiénes son".

"Trabajan para Dauphin en el Capitolio. A ellos tampoco les gusta Coin", responde Gale, y la mirada que le echa a su hermano da el asunto por zanjado.

"¿Y qué tal se las apaña Hazelle con el hijo de Annie?", pregunta mi madre, creo que para romper el silencio incómodo que se había formado.

"¿El hijo de Annie?", exclama Delly. "¿Por qué esta Hazelle haciendose cargo de...?". La palabras se le deshacen en la boca al ver nuestras caras.

"Bien. Muy bien", responde mi hermana intentando poner una sonrisa. "Todos en el distrito piensan que es suyo, lo cual es raro, dado que cuando ella llegó allí ni siquiera estaba embarazada. Y además, Finnick ya tiene el pelo de un bonito color cobrizo y se le han formado algunos rizos por encima de las orejas. Y tiene unos ojos verde pálido que no se parecen en nada a los vuestros", añade mirando primero a Rory y luego a Gale.

"Posy no lleva nada bien eso de tener que compartir a su mamá con un nuevo e inesperado hermano", agrera Rory. "De vez en cuando se agarra una pataleta para llamar la atención. Será más difícil para ella ahora que no estamos ni Prim ni yo para consolarla, porque Vick la ignora bastante".

La conversación se consume lentamente. Me pierdo en mis propios pensamientos, y medito la posibilidad de dejar a Prim en algún lugar seguro mientras me ocupo de matar a la presidenta. Mi hermana se sienta entre mi madre y yo, y Rory se coloca al lado de su hermano; ellos dos empiezan una distraída charla en voz baja que no consigo captar por culpa del ruido del motor del aerodeslizador. Es el primero en el que montó que emite este desagradable sonido. En el camino de ida estaba tan aturdida que ni siquiera me di cuenta.

"He visto como Gale te besaba", susurra mi hermana cerca de mi oído.

Creo que me pongo colorada.

"No pasa nada Katniss. Es lo normal", añade ella.

Miro a Prim a los ojos, intentando suplicarla en silencio que deje ese tema. Me incomoda hablar de eso.

"Cuando dos personas se gustan, suelen hacer ese tipo de cosas, y Gale y tu hermana llevaban mucho tiempo gustándose", dice mi madre con convencimiento, girando la cabeza más de la cuenta para poder verme también a mí. No sabía que tuviera un oído tan fino. "Seguro que no ha sido primera vez", comenta después.

Sus palabras me avergüenzan todavía más. Pienso en lo que ha pasado los últimos meses, desde que salimos del Capitolio; en lo que pasó en el País del frío, cuando creía que había recuperado a Peeta; y en todo lo que ha sucedido después (que no ha sido poco). Todavía noto los cristales del regalo que él me dio clavados en la palma de mi mano, aún recuerdo las sensaciones de lo que pasó después... sacudo la cabeza e intento aclararme las ideas.

No puedo explicarles lo que hay entre Gale y yo, porque no tengo ni idea. Llevo mucho tiempo sabiendo que hay algo, pero soy incapaz de ponerlo en palabras. Si estuviéramos hablando de Peeta, tal vez podría reconocer que entre nosotros hubo algo convencional, algo así como una relación. Pero con Gale es distinto; es amistad, aunque no voy a engañarlas asegurando que se trata sólo de eso. Me conocen demasiado bien. No iban a creerme.

"No fue la primera vez", les digo, y me apoyo sobre el revestimiento metálico de la pared del aerodeslizador, cerrando los ojos y tratando de no pensar en nada más que en la que se nos vendrá encima cuando lleguemos al Capitolio.

Mi madre y mi hermana no exigen más respuestas y se lo agradezco infinitamente. No obstante, hay algo de normal, de cotidiano en la situación que hace que se me calmen los nervios que arrastraba desde que salimos del Distrito 7. Yo compartiendo una charla intrascendente con mi madre y mi hermana sobre chicos. Algo parecido a esto debe de ser la normalidad.

"He vuelto a abandonar a Buttercup", murmura mi hermana con tristeza al poco rato. "Ni siquiera tuve tiempo para buscarlo"

"Mierda, el gato", exclamo más alto de lo que me hubiera gustado. "Sabía que me estaba olvidando de algo".

Prim pone una mano sobre mi rodilla. "No te preocupes Katniss, seguro que está bien. Él sabe apañárselas por sí mismo".


Aterrizamos en las afueras del Distrito 6, pero no se nos permite salir de la nave hasta que Paylor, Haymitch y algunos más han ido a inspeccionar el terreno.

"Está despejado", dice Haymitch cuandoregresan. "Un tren nos espera en la estación. Los Saboteadores ya están aquí, y van a cubrirnos desde que atravesemos la alambrada del distrito hasta que lleguemos a él".

Bajamos del aparato en silencio mientras la luz de la luna lo cubre todo de amarillo apagado y tenue. Cuando llegamos al alambre de espino que rodea al 6, ayudo a mi madre y a Prim a arrastrarse por la hendidura del suelo que han dejado el resto de cuerpos. Su agujero en la alambrada es más pequeño que el que teníamos en el 12; está cortado burdamente, es posible que con unas tenazas, es posible que lo hayan hecho esta misma noche, no parece un apertura que lleve aquí desde toda la vida.

Tal y como nos había dicho Haymitch, una columna de Saboteadores nos escolta hasta la estación del distrito, sin incidentes. El tren vuelve a ser un vehículo que transporta mercancías. Entramos en el último vagón y en seguida me percato de que hay más gente, supongo que formará parte de la resistencia del Distrito 6. El tren se pone en marcha tan pronto como entra el último de nosotros y cuando lo hace, inspiro y espiro lentamente, en un gesto de alivio.

Un obstáculo menos que sortear. Un paso adelante en la dirección correcta – me digo mientras lo hago.

Vuelvo a sentarme junto a mi familia y Delly en el suelo del vagón. Prim tiene tanto sueño que se le caen los párpados y Delly ya está dormida, sin embargo mi madre está alerta, sin soltar de sus manos el botiquín de primeros auxilios.

"¿Cuánto durará este viaje?", le pregunto a Haymitch, que se encuentra frente a nosotras, con una muy somnolienta Paylor a un lado y con Beetee al otro. No encuentro a Gale en este vagón. Tampoco están Joel ni Suzanne.

"No lo sé. Algunas horas. Estate tranquila y duerme si lo necesitas. Te avisaremos un rato antes de llegar".

La idea de dormir no me hace gracia. Podría pasar cualquier cosa en cualquier momento, pero a mí también empieza a invadirme una sensación insoportable de cansancio, y comienzo a notar la bruma danzando detrás de mis ojos. Justo en el momento en el que había dejado de luchar contra ella se abren las puertas que comunican los vagones y aparece Gale junto a una chica joven de pelo castaño y encrespado, y piel pálida y pecosa.

El sonido me despeja, me pone los ojos como platos.

"Me llamo Lily Andrews", duce la muchacha. "Y trabajo con Taylor Dauphin y los Saboreadores"

Formará parte de los Saboteadores, pero no lleva su indumentaria tradicional. Va vestida con un uniforme gris al estilo de los del 13, y no es un avox, dado que tiene voz. Se sienta en el suelo, Gale hace lo mismo a su lado y ambos hacen gestos invitándonos a que nos acerquemos y formemos un círculo. Una vez que hemos hecho lo que nos piden, ella empieza a hablar.

"Lo primero que quería deciros es que este tren no lo hemos secuestrado". Se aclara la voz ligeramente y se muerde el labio, como si estuviera nerviosa por tener tanto público.

La chica es muy guapa, o al menos lo parece bajo el tono suave de luz que emiten los luminosos de las ventanas que habría que romper en caso de incendio. El resto de luces están apagadas.

"Tanto yo como otros cuantos de los nuestros hemos conseguido un trabajo como funcionarios en el nuevo gobierno de Coin. Esa es la razón por la que hemos logrado llegar hasta aquí con el tren sin levantar demasiadas sospechas".

Creo que Gale considera tanta explicación innecesaria, porque la corta, poniéndole una mano en el muslo para empezar a hablar él. Ella mira un momento a la mano de Gale sobre su pierna, después le mira a los ojos y asiente con la cabeza. No puedo evitar sentirme molesta por toda esa repentina camaradería de mi amigo con alguien que no sea yo, o Johanna. A lo de Johanna ya me había acostumbrado.

"Llegaremos al Capitolio en unas seis horas", dice Gale. A él le cuesta poco captar la atención de la gente, con su voz masculina y grave. "El tren disminuirá la velocidad cada vez que pasemos por un distrito, sin llegar a frenar, de esa forma evitaremos los registros de parada. En cada uno de ellos se unirá más gente a nuestro grupo. En el tramo final del trayecto vamos a ser más de doscientos aquí dentro, así que tendréis que ir haciendo hueco a los que lleguen. Sé que no es un número exagerado, pero contamos con el factor sorpresa, vamos armados, y hay más gente en el Capitolio para apoyarnos".

La chica repite el mismo gesto que hizo mi amigo hace un minuto, y coloca su mano sobre una de las rodillas de Gale para callarlo y continuar ella. Vuelven a intercambiar miradas; un incómodo ardor comienza a abrirse camino desde la parte alta de mi estómago al resto de mi cuerpo. Si vuelve a tocarlo de esa forma puede que alguien muera víctima de una combustión espontánea. O ella o yo, o quizá Gale, uno de los tres. ¿Por qué tiene tanta facilidad para hacer amigas? ¿O es que acaso la conocía de algo?.

"Hoy hay un gran mitin de Coin", empieza Lily. "Así que hemos cambiado los planes iniciales de dirigirnos a la mansión Greengrass. Algunos habréis oído rumores sobre unos nuevos Juegos, en los que participarían los hijos de aquellos que estaban vinculados con Snow y el antiguo régimen, ¿verdad?".

Un cambio de planes: espléndido - pienso mientras se escucha un sí generalizado en el ambiente. El Incauto tenía razón. Los rumores corren veloces como la pólvora.

"Bueno, pues hoy es el día en que Coin va a anunciarlo públicamente; al calor de multitudes, como a ella le gusta hacerlo, y acompañada de todo su nuevo equipo de gobierno".

Gale vuelve a tomar la palabra. Esta vez no hay tocamiento pero hay miradas. Me hierve la sangre. Apenas puedo oír lo que dice.

"La idea es bajar del tren una vez que hayamos atravesado el túnel que da acceso a la ciudad, pero antes de que llegue a la estación. Eso es lo que haremos la mayoría de nosotros. Otros podrán esperar hasta que el vehículo haya frenado completamente. Tendremos que bajar por grupos, como podréis imaginar. Un Saboteador acompañará a cada uno de dichos grupos, para servir de guía y conducirlo a la plaza en la que Coin hará el comunicado. Una vez allí tendremos que mezclarnos entre la gente, ser uno más".

Lily y Gale siguen con su mano a mano de frases durante un buen rato, explicándonos en qué consiste la estrategia que han planeado. Se me revuelven las tripas sólo de pensar que nuestro vagón es el último, y que han estado haciendo esto mismo, y por lo tanto toqueteándose y echándose miraditas cómplices a saber cuantas veces más en todos los vagones anteriores. Me da una nausea cuando se me ocurre que si va a subir más gente al tren volverán a repetirlo otro millón de veces. ¿Qué me pasa? ¿Por qué no puedo en lo que de verdad es importante ahora mismo?.

Cuando terminan vuelvo a mi sitio con desgana. Lily se marcha, pero Gale se queda y yo le miro irritada mientras se acerca y se pone en cuclillas frente a mí, sujetando su peso sobre mis brazos cruzados.

"Todos están al tanto de que serás tú quien disparará a la presidenta. Tienes que estar muy concentrada para no fallar".

"No voy a fallar", respondo.

"Dispararás un arma, no un arco, tienes que tener eso en cuenta. He discutido mucho con todo el mundo para que te permitan hacerlo. No puedes fallarme".

"No lo haré", repito, aunque no esté segura de mis propias palabras. "¿Por qué te estás encargando tú de esto, en vez de Paylor?, se supone que ella es quien está al mando en la misión".

Gale arruga la nariz y junta las cejas, después se sienta a mi lado. "¿Y qué más da eso?".

"Bueno, es un poco raro. ¿Conocías de antes a esa chica, a Lily?".

Gale curva los labios hacia arriba levemente. "Sí, y tu también. Estaba en casa de Minerva mientras vivíamos allí".

"No puede ser. Todos ellos eran avox".

"No", replica Gale. "Todos ellos se hacían pasar por avox, pero no todos eran avox".

"Todavía no me has dicho por qué tienes que hacer tú el papel de Paylor, o de Haymitch, que es su segundo. Eso fue lo que se votó en el 7".

Gale resopla. "Paylor se encontraba mal. Tiene migrañas. Tu madre le ha dado una pastilla para que duerma, y yo podía hacerlo igual de bien que ella. Conozco los planes. Ayudé a elaborarlos"

"¿Qué pasa con Haymitch? ¿Y cuál es la razón por la que a mí nunca se me informa de dichos planes, o cambios de planes, o lo que sea?"

"La razón es que sueles estar dispersa y pensando en otras cosas, Katniss. Además, no deberías de tener quejas, van a dejar que seas tú quien dispare a Coin". Permanece pensativo un segundo antes de seguir. "Y mejor será que apuntes a uno de sus ojos y le des en el centro, porque no se trata de un acto simbólico. Tienes que dejarla bien muerta. Los saboteadores han averiguado el lugar donde podrás colocarte para tener un buen ángulo de disparo, en un lateral de la plaza".

Un torrente de adrenalina me recorre el cuerpo al oírle decir esas palabras. Es verdad. Yo voy a matar a Coin, lo demás no importa, aunque sigo bastante mosqueada con él por lo que ha hecho últimamente: decirme que me quiere, besarme sin pedirme permiso, y después dedicarse a tontear con una desconocida muy mona.

"¿Ahora yo también formo parte de tu lista negra, Katniss?", me dice, frenando mi cadena de pensamientos

"¿Por qué dices eso?"

"Digamos que es bastante fácil entrar a formar parte de esa lista", contesta él, sonriendo un poco. "Y lo digo por la forma en que me estas mirando a la clavícula, en lugar de a los ojos, y por tu cara de te odio a muerte. ¿Se puede saber qué he hecho esta vez?"

Decido devolverle la sonrisa. No es el mejor momento para una nueva pelea con Gale. "Todavía no tienes ese honor, porque hay demasiada gente y el aforo es limitado. Pero te juro que te he puesto en la lista de espera. Llevas ahí algún tiempo, a las puertas".

"Bien", contesta Gale. "Espero no tener que cruzarlas".


a/n: sorpresa de viernes. ¿Qué os ha parecido? ¿Os gusta, os disgusta? ¿Tenéis algo que decirme?.

Marta 93; tanto beso se debe a que no puedo dejar de ver uno de los trailers de Catching Fire, y no me quito de la cabeza eso de: "I had to do that. At least once".

Amanda, Cris, y Sweet; confieso estar levemente obsesionada con lo de saltar desde trenes en marcha.

Bitah; muchas gracias, como siempre, por estar ahí.