Summer of the Dragon
-El Verano del Dragón-
Capítulo 36
Draco se despertó sobresaltado. Su cuerpo estaba completamente bañado con sudor frío. Así soñara sobre dementores, vampiros, dragones, arañas gigantes, elfos domésticos o su padre, siempre terminaba de la misma manera. Con el cuerpo sin vida de Hermione entre sus brazos.
Miró a la chica que yacía junto a él, una vez más inundado por ese sentimiento de arrepentimiento que venía con el saber que no era ella. Aunque Astoria había probado ser una buena compañía durante las últimas semanas, Hermione jamás abandonaba su mente. ¿Dónde estaba ahora? ¿Tendría también a alguien acostado junto a ella? Si era así, ¿desearía que fuera él en su lugar?
Draco bajó de la cama cuidadosamente, para no molestar a Astoria, y dejó la habitación. Fue hacia la cocina y se sirvió un vaso de agua, bebiéndoselo de un solo trago. Nunca se habría imaginado que fuera posible extrañar a alguien de esa manera. Su corazón le dolía constantemente. Algunas veces se encontraba apretándolo, tratando de disminuir el dolor que le causaba.
Después de terminarse otro vaso más, Draco comenzó a caminar hacia su cuarto de nuevo, pero su mano se detuvo en el picaporte. No estaba listo para volver a meterse en esa cama con Astoria por lo que, en su lugar, fue y se recostó en el sofá.
Justo unos cuantos días atrás finalmente había tomado la decisión de moverse a su propio lugar. El único motivo por el que no lo había hecho antes era porque estaba ayudando a su madre a cuidar de su padre, y ahora ya no había necesidad de eso. Además, habían demasiadas memorias en la mansión Malfoy. Demasiadas cosas que quería olvidar.
Astoria había sido lo suficientemente amable como para tomarse el día completo en el trabajo para ayudarlo a mover sus cosas. Trató de seducirlo esa noche, algo que solía ser muy fácil para las brujas en el pasado, pero él no pudo hacerlo. No podía concebir la idea de dormir con ella todavía. No con Hermione todavía fresca en su mente.
Astoria había pasado cada noche allí desde entonces, pero nunca consiguió más que leves besuqueos antes de que Draco pretendiera caer dormido. ¿Por qué no podía follarla? Eso era lo que él solía hacer. Eso era en lo que era bueno. Si solo pudiera conseguir volver a hacerlo, quizás, por un breve momento, pudiera olvidarse de Hermione. Lo que se sentía sostenerla, besarla, dormirse entre sus brazos.
Draco cerró sus ojos y trató de no pensar en ella, solo para terminar volviendo a dormirse con visiones de la sonrisa de ella en su cabeza. Cuando volvió a abrir los ojos se había hecho de día, y Astoria estaba parada junto a él, vestida con nada más que la camisa de él.
-¿No podías dormir, de nuevo? – preguntó ella solemnemente. Esta era la segunda noche seguida en que lo encontraba en el sofá.
-Seh… lo siento – dijo él, levantándose y estirándose. Se inclinó y le dio un breve beso, algo que nunca se había sentido correcto. Si ella también se había sentido así, no lo demostró.
Sonrió y envolvió sus brazos alrededor del cuello de él, besándolo de nuevo con micho más entusiasmo. Cuando ella se alejó, le preguntó - ¿Te gustaría algo para desayunar? No soy la mejor cocinando, pero puedo arreglármelas con lo básico – Fue hacia la cocina y comenzó a juguetear con los ingredientes que había comprado para él.
-¿En qué consiste lo básico? – preguntó él.
-Oh, ya sabes. Huevos, tocino, tortitas. Nada demasiado elaborado…¡Oh! ¡Puedo hacer omelets! ¿Te gustaría un omelet?
Draco sonrió. Al menos tenía que admirar su entusiasmo. Definitivamente estaba esforzándose. Solo esperaba poder demostrar lo mismo, o por lo menos la mitad de lo que ella demostraba – Seguro. Un omelet suena increíble.
Astoria comenzó a trabajar en la cocina. Sus movimientos eran todos naturales, rompiendo huevos con su varita por un lado mientras usaba un cuchillo para cortar pimientos por el otro. Aún así, no era tan buena como Hermione para cortar cosas.
Draco se estremeció y sacudió su cabeza. Debía dejar de compararlas. Jamás habría similitudes, porque Hermione y Astoria eran dos personas completamente diferentes. Eso fue lo que lo llevó hacia Astoria en primer lugar. Ella era lo que él necesitaba, mientras que Hermione… bueno, ella era lo que él quería.
Cuando Astoria terminó, colocó un omelet frente a Draco antes de sentarse frente a él con uno para ella. Sus ojos estaban completamente enfocados en él al verlo tomar el primer bocado - ¿Qué dices? – le preguntó nerviosa.
Draco lo masticó y dijo – Es magnífico. Eres increíble en la cocina, querida.
A pesar de que Draco siempre utilizaba ese término de cariño, Astoria parecía sonreír de un modo extra brillante cada vez que él la llamaba así. Comenzó a comer su propio omelet, robándole miraditas a él entre bocado y bocado.
-Entonces, ¿no estás completamente aterrorizado por esta noche? – le preguntó ella cuando estaban a punto de terminar.
-Sí – respondió él. Durante el transcurso de las últimas semanas, había pasado muchísimo tiempo con Astoria, lo que resulto en realidad, que había pasado mucho tiempo con Daphne y Goyle. Durante ese tiempo, ambos magos habían comenzado a volver a entablar la amistad que ambos creían perdida para siempre. Él había invitado a Draco a su despedida de soltero esa noche, sin la presión de Daphne y Astoria, por eso debía asistir.
-Blaise estará allí. Escuché que se muestra un poco amargo a causa de que yo lo dejara plantado por ti. No será incomodo, ¿verdad?
-Probablemente.
El rostro de Astoria se oscureció – Oh.
-No solo por ti – añadió él rápidamente – Te olvidas de toda la gente que veré esta noche que me odia desde la guerra. Será incómodo, sin importar lo que pase.
-Bueno, si en algo sirve mi opinión, creo que hiciste lo correcto. Los pensamientos de Ya-Sabes-Quién eran un tanto excesivos. El mundo está mejor sin él.
-¿Crees en la superioridad de la sangre pura, Astoria?
La bruja pensó en ello. Después de una larga pausa, dijo – Aunque creo que nosotros, los sangrepura, tienen algunas ventajas por encima de los hijos de muggles, no creo que somos necesariamente mejores a ellos. Si lo somos, es solo porque conocimos el mundo de los magos antes que ellos, y nos resulta más familiar.
Esa parecía ser la mejor respuesta que podría conseguir de una sangrepura.
Justo entonces, un fuerte sonido llegó desde la ventana. Ambos voltearon a ver una lechuza picoteando el cristal. Draco caminó hacia allí y la abrió. La lechuza entró volando y dejó caer una carta en la mesa. Él la levantó y la leyó.
-¿Qué es? – preguntó Astoria, tratando de no parecer tan metida simulando una conversación casual.
-Oh, no es nada. Mi amigo, Phil, acaba de llegar a la ciudad y quiere que nos encontremos a tomar unas copas.
-Phil – repitió ella, rebuscando en su mente en busca de reconocimiento. Él pudo notar el momento exacto en que lo reconoció – Él es con quien trabajaste en el verano, ¿verdad?
-Sí – dijo Draco, escribiendo rápidamente una respuesta con el lugar y la hora.
Astoria, tensionada, miró la lechuza que ahora estaba esperando en el sofá. Él sabía lo que ella estaba pensando. Le preocupaba que solo se encontrara con Phillip para hablar sobre Hermione, lo que no era completamente erróneo. No era que no quisiera verlo también, pero en realidad moría por saber cómo estaba ella. Phillip y Sophie eran los únicos amigos mutuos. Desde ahora eran la única conexión que él tenía con la vida de ella.
-Tengo que alistarme para el trabajo – dijo ella, levantándose y caminando hacia el baño para tomar una ducha, desabotonándose la camisa a cada paso. Antes de meterse al baño, volteó y preguntó - ¿Alguna posibilidad de que te unas?
Draco la miró por un breve instante antes de volver a mirar la carta y pretender que estaba escribiendo más de lo que ya había escrito – No. Tengo que terminar esto. Lo siento.
Astoria suspiró – No te preocupes. La próxima será – dejó caer la camisa, dejándole echar un buen vistazo a su cuerpo desnudo antes de meterse en el baño y cerrar la puerta.
A pesar de que Astoria era hermosa, Draco no sentía ni la mínima pizca de excitación por ella. Suspiró antes de acomodar la carta en la pata de la lechuza, y la dejó partir.
XXX
Hermione estaba sentada sola en un café Muggle justo a la vuelta del apartamento que solía compartir con Ron, esperando la llegada de Sophie. Acababa de volver de su luna de miel, y le había mandado una lechuza a Hermione de inmediato.
Bajando la mirada hacia el pequeño bolsito que había encantado para que contuviese todas sus cosas, Hermione suspiró. La primera noche que pasó después del verano se quedó con Ginny, quien se mostró suficientemente amable al consolarla cuando lloró y le contó todo sobre Draco, mientras Harry se quedaba con Ron. Después de eso, prácticamente volvió a mudarse con sus padres. Y ahora, Ron vivía en un apartamento mucho más pequeño en el callejón Diagon, mientras ella se quedaba en el que solían compartir mientras intentaba decidir cuál sería el siguiente paso a dar.
-¡Heggmione!
Hermione levantó la mirada y sonrió al ver a la hermosa bruja que había aprendido a amar - ¡Sophie! – se levantó y la atrajo a un abrazo – Merlín, ¡cómo te extrañé! ¿Cómo fue la luna de miel? Cuéntame todo.
Sophie se sentó, con el brillo de su reciente matrimonio aún brillando en sus ojos – Fue incggeíble. Después de un veggano como el que pasó, solo queggíamos igg a un solo lugagg y ggelajaggnos. Nada de viajes, sin pensagg, solo él y yo. – la camarera se acercó y tomó sus órdenes. Hermione se pidió un té verde y Sophie un capuccino.
Una vez que se hubiera marchado, Hermione le preguntó - ¿A dónde fueron?
-Bora Bora. En una de esas cabañas muggles en el agua. Fue heggmoso. Quizás tú y Dggaco debeggían igg y…
-Sophie, por favor, no sigas – dijo Hermione con firmeza – Se terminó todo entre nosotros. Y lo sabes.
Sophie frunció el ceño – Es solo que no compggendo pogg qué. No es como si tú y tu novio fueggan a volvegg. Quizás si hablas con él y…
-Ya es demasiado tarde, Sophie. Él ya… - tragó saliva – está con alguien más.
La boca de Sophie cayó abierta - ¿Qué?
Hermione asintió – Una bruja sangrepura llamada "Astoria". Es decir, ¿qué tipo de nombre es ese, de cualquier modo?
-¡Uno hoggible! ¿Peggo cuándo pasó todo eso? ¿Y cómo?
-Solo fueron un par de horas después de que llegáramos. Estaba ayudando a Ginny con las cosas de su boda y lo vi con ella. Luego volví a encontrármelo al día siguiente. Y luego dos veces el día después de ese. Y desde entonces, evito el callejón Diagon. Es decir, honestamente, antes de este verano jamás me lo crucé. Y ahora él está en todas partes. Es como si los Dioses estuvieran jugando conmigo.
Sophie suspiró. La camarera regresó con ambas bebidas – Es solo que no entiendo pogg qué ustedes dos ni siquiegga van a intentagglo – dijo antes de tomar un trago de su capuccino.
-Ya te conté que yo estaba dispuesta a hacerlo – dijo Hermione – Pero él está demasiado convencido de que algo malo va a pasarme si lo hacemos. O… quizás no le importo tanto como me imaginaba. Quizás solo estaba buscando la salida fácil. Quizás… ¡OUCH!
Hermione se tomó la mejilla. Sophie se acababa de estirar desde el otro lado de la mesa y la había abofeteado. Duro - ¡Deja de decigg tonteggías, Heggmione! ¡Cómo te atggeves a dudagg de los sentimientos que tiene pogg ti! Sabes que Dggaco te ama. Yo sé que Dggaco te ama. Peggo lo que no se es quién demonios es esta peggsona sentada fggente a mí. La Heggmione Ggangger que yo conozco jamás se habggía ggendido así. ¡Ella habggía peleado pogg su hombgge!
Hermione miró a Sophie con los ojos abiertos, con los labios levemente separados en una expresión de asombro, con una de sus manos todavía sosteniendo su mejilla. Después de un minuto así, comenzó a reír, algo que no había hecho en días. Se sentía bien y, no mucho después, Sophie se le unió.
-Lo siento, Heggmione. No queggía…
-¡No, no! ¡No pasa nada! Realmente creo que me lo merecía. Estuve tan deprimida estas últimas semanas que ni siquiera consideré pelear por él. ¿Realmente crees que debo hacerlo?
-¡Uh, seh!
-Pero… ¿qué si él no está interesado? Qué si… - pasó saliva - ¿si realmente salió adelante?
-No lo hizo.
-¿Pero qué si lo hizo?
Sophie le dio una mirada maliciosa – Entonces tendggemos que aseguggaggnos de que él ggecueggde lo geniales que eggan juntos. Phillip va a encontggaggse con él mañana. Haggé que él le entggegue a Dggaco estas – metió la mano en su bolso y arrojó varias fotos de su boda sobre la mesa. La primera era la de Draco y Hermione besándose.
Hermione la levantó y frunció el ceño – Merlín, cómo lo odio.
-Solo poggque lo amas.
Hermione suspiró. Sophie tenía razón. Sí lo amaba, y eso solo empeoraba todo con el pasar del tiempo. Sin importar dónde estuviese, o lo que hiciera, Draco Malfoy nunca estaba fuera de su mente. Quizás debería buscar a esa bruja "Astoria" y hechizarla, como le había prometido. Si ella no podía tener a Draco, al menos meterse con su novia le daría algún tipo de gratificación.
-¿Pogg qué tienes esa songgisa malvada en el ggostggo? ¿En qué estás pensando? – preguntó Sophie, inclinándose hacia delante con su propia sonrisa malvada.
La de Hermione creció – Oh, nada. Solo pensaba en lo que haría si fuera una mala persona.
-Bueno, pogg sueggte pagga ti, yo soy muy mala. Dime qué es y yo lo conseguiggé.
Hermione lo consideró por un momento antes de negar con la cabeza – No. Si logro recuperar a Draco, quiero que sea por medios justos. Quiero que él me elija por querer hacerlo, no porque su nueva novia quedó pelada de repente, o terminó cubierta de verrugas o algo.
Sophie chilló de risa - ¡Egges mejogg bgguja que yo!
Con un suspiro pesado, Hermione miró a su amiga y sonrió genuinamente.
-Merlín, te extrañé mucho, Sophie. Prométeme que sin importar lo que suceda, siempre seremos amigas. Incluso si las cosas no terminan como, bueno, ambas queremos.
Sophie rodó sus ojos – Claggo que sí, Heggmione. No soy de las peggsonas que incoggpoggan a cualquiegga a sus vidas. Y quieggo quedaggme contigo – dijo ella, estirando su mano y posándola sobre la de Hermione – Ahora, apggesúggate y teggmina tu té. ¡Tú y yo vamos a saligg a diveggtiggnos!
Hermione y Sophie pasaron el resto del día paseando por el Londres Muggle y disfrutando del paisaje. Era la máxima diversión que Hermione había tenido en mucho tiempo.
En cierto momento de la tarde, Hermione y Sophie debieron separarse dado que Hermione tenía que ir a casa de los Weasley para discutir planes de la boda de último momento. Era difícil creer que Harry y Ginny se casarían en solo un par de días. Después de decirle a Sophie que Ginny había dicho que Phillip también estaba invitado a la boda – dado que Sophie seguía encargada de peinarla – ella le dio un abrazo y un beso en la mejilla, y se despidió.
Hermione había exagerado un poquito la hora en la que debía encontrarse en la casa de los Weasley. En realidad solo quería una hora sola antes de tener que pasar toda la tarde-noche con Ron a muy poca distancia. Incluso aunque ambos habían decidido que romper era lo mejor, todavía las cosas no estaban completamente bien entre ellos, y era probable que nunca lo estén. La señora Weasley apenas podía tolerar mirarla, lo que probablemente era lo que más le dolía.
De alguna forma, la caminata errante de Hermione terminó en la planta baja de San Mungo. No estaba segura de qué la había atraído hacia aquí, pero esperó que su subconsciente no quisiera realmente hechizar a Astoria.
Cuando la recepcionista le preguntó a quién venía a visitar, no supo qué decir. Entrando en pánico, le dijo la única persona que ella conocía que estuviera aquí – Uhh… Lucius Malfoy, por favor.
Dado que Lucius era un mago de muy alto perfil, la recepcionista tuvo que hacer un par de llamadas para comprobar si no había problemas en que Hermione lo visitara. Ella no supo cómo pero, de alguna forma, la dejaron verlo.
Él estaba en el cuarto piso, reservado normalmente para los magos y brujas con daños a causa de hechizos, pero en realidad no había un lugar adecuado para alojarlo. Tenía una habitación privada al fondo, por lo que Hermione tuvo que pasar junto a la sala donde cuidaban a quienes habían sufrido daños irreversibles. Echó un vistazo hacia adentro, preguntándose si allí habría terminado si Ron y Harry no la hubieran salvado a tiempo. Quizás la muerte habría sido una mejor opción.
Había un guarda apostado en la puerta de Lucius, quien dio un paso a un lado cuando Hermione se aproximó. Ella tomó varias respiraciones profundas antes de abrir la puerta y entrar.
Lucius estaba sentado en su cama. No se veía sorprendido de verla – Hermione Granger – dijo él – Jamás me imaginé que la vería aquí.
-Recuerda mi nombre – dijo ella – Me sorprende.
-Sí, bueno, mi esposa me trajo algunos dulces el otro día y obtuve tu cromo en mi rana de chocolate. Y luego obtuve otro. Y luego un tercero. Evidentemente hacen muchos sobre usted.
Hermione no dijo nada. Solo miró alrededor de la sala con incomodidad. ¿Qué estaba haciendo allí?
-Por favor, tome asiento – dijo Lucius, señalando a la silla junto a su cama.
Hermione lo hizo pero no podía mirarlo – Esto fue un error – dijo, levantándose de repente de su silla – Debería irme. Lamento haber desperdiciado su tiempo – se apresuró hacia la puerta.
-Granger, regresa aquí – volteó para ver a Lucius apuntando la silla. Ella miró por un largo momento a la puerta antes de volver a su asiento – Ahora, ¿qué te trajo a verme?
-Yo… no lo sé – dijo honestamente. Finalmente encontró el coraje para mirarlo. Lucius se veía mucho más saludable. Había ganado algo del peso que había perdido, aunque sus pómulos todavía se veían un poco hundidos. Su cabello era largo y liso, y hermoso como siempre, e incluso sus ojos habían recobrado el brillo que solían tener, aunque todavía se veían fríos – Se ve mucho mejor.
-Sí, bueno, supongo que debo agradecerte a ti por eso. Si no hubieras aparecido en la mansión, probablemente habría muerto.
-¿De verdad está agradeciéndome? – preguntó ella con curiosidad. Parecía un agradecimiento, de cualquier forma.
-Sí – dijo él – supongo que sí. Créalo o no, amo a mi familia y estoy feliz de estar con ellos de nuevo. Como mi viejo yo, quiero decir. No en quien me había convertido.
-Sé que los ama – dijo ella – No estaba ciega durante la guerra. Vi lo mucho que ustedes se sacrificaron y lucharon para cuidarse. Puede que usted no sea el mago más amigable del mundo, pero al menos tiene corazón.
-Y mi hijo también. Él… te ama – dijo Lucius como si sintiera dolor al decirlo.
-No.
-Puede que no haya estado en mis cabales, pero sé lo que escuché.
Hermione suspiró – Si me amó o no, no importa. Su esposa ya se aseguró de que no estemos juntos. Así que no hay necesidad de que usted se sumerja en otro estado depresivo. Lo mío con Draco terminó.
Lucius miró la puerta con nerviosismo antes de mirar a Hermione. Se inclinó hacia ella y susurró – Si le cuentas a alguien sobre esto, lo negaré a muerte, ¿me oyes? – Hermione asintió. Lucius continuó – Mi esposa estaba equivocada. Draco vino a visitarme hace unos días con esa nueva bruja que lo acompaña. Él no es feliz. De hecho, nunca lo vi tan miserable. Él te ama y si él eligiera estar contigo… - Lucius hizo una pausa, inseguro de continuar. Luego miró los ojos de Hermione llenos de esperanza y supo lo que debía hacer. Por su hijo - … no lo desheredaría.
Hermione jadeó – Yo… yo no sé que decir.
Lucius elevó sus cejas – No te emociones mucho. No es como si fueras a ser invitada a participar de las funciones de mi familia. Pero, supongo que hay peores brujas que tú ahí afuera.
Ahora Hermione elevó sus cejas – Y pensaba que yo era la que se había golpeado la cabeza. ¿Por qué está contándome esto?
-Casi pierdo a mi hijo una vez por los errores que cometí. No me volveré a arriesgar. Si esto es lo que debo hacer para asegurar su felicidad, entonces voy a hacerlo.
Hermione estaba a punto de preguntar qué pensaba Narcissa de todo esto cuando las puertas se abrieron. Astoria entró cargando una bandeja de comida – Lamento la demora, Sr. Malf… ¡Oh! – sus ojos se encontraron con los de Hermione – No sabía que tenía compañía.
Hermione gimió. ¿Acaso no había más sanadores en este lugar? – No hay problema. De cualquier modo ya me marchaba – se levantó y caminó hacia la puerta.
-¡Oh, Hermione! – Hermione casi se desmaya. ¿Acaso Lucius acababa de llamarla así? Volteó. Él le sonrió con la clásica y presumida sonrisa Malfoy – Lamento haber intentado asesinarte.
Hermione lo miró boquiabierta por un largo rato antes de reír levemente. Negó con la cabeza antes de salir de la habitación. Deseó haber dicho que aceptaba las disculpas, pero lo cierto era que todavía no lo había superado. Dudaba que algún día fuera a hacerlo, pero era lindo saber que al menos el sentía remordimiento por sus acciones.
Volvió la mirada justo cuando la puerta se cerraba y encontró de nuevo la mirada de Astoria. La otra bruja suspiró antes de retomar sus labores. Ahora que Hermione la había visto, sentía menos urgencia de hechizarla. Es solo que no podía odiar a esta bruja por enamorarse de Draco Malfoy. Después de todo, ella también lo había hecho.
XXX
Cuando Draco llegó a la fiesta de despedida en el Caldero Chorreante, las cosas ya habían comenzado. Goyle le gritó desde el otro lado del pub e inmediatamente le pasó un trago, que Draco aceptó encantado. El próximamente esposo ya estaba achispado.
-No pensé que vendrías – Draco volteó para encontrarse a Blaise parado justo detrás con dos copas de whiskey de fuego en sus manos – Tu favorito, si mal no recuerdo – dijo, pasándole una.
-Gracias – dijo Draco, tomando la copa y levantándola a modo de saludo – Salud.
Ambos tomaron un sorbo, Blaise sin despegar sus ojos de su ex compañero en ningun momento – Escuché que Astoria ha pasado todas las noches en tu apartamento desde que te mudaste.
-¿Y dónde oíste eso?
-No importa. ¿Es cierto? – preguntó.
-¿Qué si lo fuera?
Blaise se encogió de hombros – Nada, en realidad. Solo me preguntaba si ya te la habías cogido. Traté durante dos meses sin descanso, pero no conseguí nada.
-¡Zabini! ¡Estás hablando de mi futura hermanita pequeña! – exclamó Goyle, quien ahora estaba frente a ellos.
Blaise sonrió – Lo siento, colega. No quise ofender a nadie. Astoria es una buena chica. El tipo de chica con la que te gustaría casarte el día de mañana, como Daphne. No del tipo con la que solo tendrías un romance de verano para luego desechar. ¿verdad, Draco?
Draco entrecerró sus ojos. Sabía que Blaise intentaba conseguir algún tipo de reacción de su parte, pero no le daría con el gusto – Supongo que sí. Me hizo un omelet malditamente bueno esta mañana.
-Bueno, si esas no son complementos para una esposa, no sé que son – rió Goyle antes de alejarse.
Draco volvió a mirar a Blaise, quien tenía la mirada en alguien en el bar. Él siguió su mirada hasta una bruja muy sexy que no paraba de darle miraditas por encima del hombro de su amiga.
-¿Te atreves a hacer una apuesta como en nuestros días de colegio? – le preguntó Blaise, mirándolo de reojo - ¿O estás demasiado comprometido con tu nueva mascota para eso?
Draco rió, incluso Blaise podía darse cuenta de que la chica lo estaba mirando a él. Por alguna razón, solo estaba probándolo. Quizás solo para ver si seguía teniendo su vieja personalidad.
Draco estaba a punto de decir que no cuando se dio cuenta de algo. Quizás la razón por la que no podía cerrar el trato con Astoria era porque realmente la veía como material para ser su futura esposa. Pero esta chica… definitivamente no era de ese tipo. Era una follada de una noche. Nada más. Quizás eso era lo que necesitaba para superar a Hermione.
-¿Cuáles son los términos? – preguntó por impulso.
Blaise sonrió – Los mismos que siempre. Un Knut para quien consiga llevársela a la cama – siempre habían apostado poco dinero, dado que ninguno lo necesitaba en realidad. Lo que contaba era el triunfo, para sacarlo en cara – Y por supuesto, el mayor respeto de parte del perdedor.
-Cuenta conmigo – dijo Draco, chocando su vaso con el de Blaise. Ambos terminaron su último trago antes de caminar hacia la barra.
Solo habían estado allí por un momento cuando la chica volteó hacia ellos y preguntó - ¿No eres tú Draco Malfoy?
Draco le guiñó a Blaise. Eso había sido muy fácil – Bueno, sí. Sí lo soy.
-Escuché sobre ti – dijo ella, mirándolo de arriba abajo – Todas cosas buenas, por supuesto – parecía que su reputación todavía lo precedía.
-No le llevó mucho tiempo a Draco conseguir llevar a la chica a una de las habitaciones de arriba. Eso era una de las cosas buenas de beber en un pub que también era una posada. Acceso fácil. Desafortunadamente, al momento en que atravesó la puerta se dio cuenta de que ya había estado en esta habitación antes. Era donde había dormido con Hermione la última vez que ella estuvo allí.
Tratando de olvidarse de eso, Draco comenzó a besar vigorosamente a la chica. Ella lo empujó sobre la cama y se trepó sobre él. Cuando él comenzó a desabrocharle el vestido, cometió un error de juicio. Abrió sus ojos y la miró, con la mente inundada de imágenes del rostro de Hermione mirándolo desde arriba.
Draco jadeó. Se quitó de una sacudida a la chica de encima y saltó de la cama.
-¿Y eso de dónde vino? – preguntó ella, irritada.
-Lo siento – dijo él – No va a pasar.
Draco salió corriendo de la habitación y cerró de un portazo. Se tomó un momento para recuperar el aliento antes de bajar las escaleras.
-¿Qué? ¿Ya terminaste? – preguntó Blaise, sonriendo de oreja a oreja. Goyle estaba sentado junto a él viéndose furioso.
-No lo hice – dijo él, dejándose caer en una de las sillas de su mesa – De cualquier forma, gané la apuesta.
-Tienes razón – dijo Blaise, arrojándole un Knut – Me alegra ver que no cambiaste.
Draco no lo demostró, pero se ofendió muchísimo al oírlo. Por supuesto que había cambiado. Y le gustaba pensar que era para mejor.
-¡Oh, gracias a Merlín! – exclamó Goyle, con su rostro recuperando su normalidad – Habría padecido un infierno explicándole eso a Daphne.
-Astoria no es mi novia – dijo Draco tomando un shot de la bandeja que portaba una camarera, y bebiéndolo. Ella le sonrió y le guiñó un ojo – Incluso si lo hubiera hecho, no tendría por qué enfadarse.
-¿Si ella no es tu novia, por qué no lo hiciste? – preguntó Goyle.
Draco no respondió. La camarera volvió y deslizó tres shots en la mesa. Esta vez, él le guiñó antes de tomarlos todos, uno tras otro.
Theodore Nott entró y tomó asiento. Miró alternativamente entre Goyle y Blaise, quien seguía mirando a Draco - ¿Qué está pasando? – preguntó.
-Te diré qué está pasando – dijo Blaise, de repente viéndose asqueado – Malfoy aún siente cosas por esa Sangresucia, Granger.
Draco saltó de su silla y se abalanzó sobre la mesa hacia Blaise, tomándolo en un asfixiante agarre - ¡Jamás vuelvas a llamarla así! – exclamó antes de arrojar a Blaise al suelo y utilizar su varita para dispararle un hechizo tras otro. Lo hizo hasta que el que solía ser su amigo no fue más que una cosa amorfa, cubierta por varios tumores.
Una vez que recuperó sus sentidos, Draco miró lo que había hecho horrorizado. Theo pensó que era gracioso, pero Goyle estaba mucho menos divertido - ¿Qué demonios, Draco?
-Lo siento – dijo Draco. Revirtió los hechizos hasta que Blaise se vio medianamente humano, y luego corrió hacia la entrada del callejón Diagon.
Una vez que estuvo fuera, se inclinó hacia la pared más cercana y se apoyó en ella para luego deslizarse hacia el suelo. No podía creer que acabara de hacer eso. Antes de la guerra, jamás, ni en sus sueños más locos, se había imaginado defender a Hermione Granger de Blaise Zabini, alguien a quien consideraba más o menos su amigo.
La cabeza de Draco giraba sin parar. Utilizó su varita para estabilizarse. Todo el alcohol que había consumido finalmente comenzaba a hacer mella en él.
Varios minutos después, la entrada al caldero Chorreante se abrió y Goyle apareció. Vio a Draco sentado allí y se acercó a él.
-Lo siento, colega –dijo Draco mientras Goyle se sentaba.
-No pasa nada. Todos sabemos que Zabini puede ser un enorme idiota algunas veces. Bueno, todo el tiempo.
Los dos magos permanecieron en silencio. Goyle tomó una petaca de su bolsillo y bebió un sorbo antes de pasársela a Draco. Incluso aunque él no necesitaba beber más, todavía lo deseaba, por lo que tomó la petaca y bebió.
-Espero no haberte arruinado la despedida de soltero – dijo Draco, devolviéndole la botellita.
-No me habría importado si lo hubieras hecho. Es todo un montaje, de cualquier modo – Goyle tomó otro sorbo.
-¿A qué te refieres?
Goyle sonrió con burla – Vamos, Malfoy. Honestamente no crees que una chica como Daphne se enamoraría de un tipo como yo, ¿verdad? Mírame.
Draco lo hizo. Aunque tenía que admitir que Goyle no era el mago más atractivo del mundo, aún tenía sus puntos fuertes – No lo entiendo. ¿Daphne y tú van a casarse este sábado, o no?
-Oh, sí que vamos a casarnos. Una adorable transacción de negocios efectuada por nuestros padres. Fue la idea de Daphne la de pretender que realmente éramos una pareja. Ella no quiere que todas sus amigas piensen que fue forzada a un matrimonio arreglado.
-Pero yo creía que a ti te gustaba Daphne. ¿Por qué haces que esto suene como algo malo? – preguntó Draco.
-Sí que me gusta Daphne – dijo Goyle, pasándole de nuevo la petaquita – siempre me gustó. Pero yo no le gusto a ella. No de ese modo, de cualquier forma. Entonces, gracias a mi padre, en dos días me casaré con la chica que nunca va a amarme. Trata de vivir con eso por el resto de tu vida.
Draco tomó otro sorbo de la petaca, esta vez casi terminando lo que contenía - ¿Por qué estás contándome todo esto? – le preguntó, mirando sombríamente al suelo.
Goyle se encogió de hombros – En realidad no tengo a nadie más a quien decírselo – tomó la botellita y se la acabó – Y, juzgando lo que acaba de suceder allí adentro, me imaginé que tú podrías entender lo que significa terminar con alguien que no quieres, solo por contentar a tu familia.
La boca de Draco cayó abierta, Por el amor de las gomitas, ¡Goyle estaba en lo cierto! Eso era exactamente lo que estaba haciendo. Él quería a Hermione, pero estaba bastante seguro de que terminaría casándose con Astoria. Ella era suficientemente conveniente, de cualquier modo. Instintivamente tomó su varita y comenzó a golpetear su pierna, logrando que varias chispas salieran de su extremo.
-Entonces, ¿el padre de Daphne también quiere casar a Astoria con alguien? – preguntó él, medianamente curioso.
-Sí y no. Astoria es su favorita, por lejos. Su pequeña dicha y orgullo. Solo quiere que ella se case con un sangrepura. No le importa quién. Por supuesto, eso no lo detuvo de empujarla hacia Blaise a cada oportunidad que se le presente. Pero Astoria no lo quiere, por lo que fue a por el pan B.
-¿Cuál es el plan B?
Goyle sonrió – Bueno, a los ojos de su padre, lo único más gratificante que casar a su hija con un Zabini sería…
-Casarla con un Malfoy – terminó Draco. Y luego pensó en que su familia había perdido su status. Parecía que al Sr. Greengrass no le importaba eso, siempre y cuando no hubieran perdido su dinero.
-Exactamente. Ugh… - Goyle se frotó su cabeza palpitante. Draco no era el único que había bebido demasiado – Probablemente no debí decirte eso. Realmente le gustas a Astoria. Pasó todos los años del colegio enamorada de ti. Pero, bueno, ya sabes las presiones que las familias sangrepuras imponen en sus hijos para casarse bien y mantener las líneas de sangre fuertes.
-¡Hey! ¡Goyle! – ambos levantaron la mirada para ver a Theo esperando en la entrada del Caldero Chorreante – ¡La chica que Malfoy rechazó accedió a hacerle un baile especial al novio! – dijo sonriendo - ¡Ven a cobrar tu premio!
Goyle gimió antes de levantarse - ¿Vienes? – preguntó, mirando a Draco.
Él negó con la cabeza – No. Creo que ya terminé por esta noche.
-Como prefieras – le dijo, caminando de regreso al pub. Antes de entrar, le gritó - ¡Te veré en mi boda!
Draco permaneció sentado allí sin pensar antes de notar que seguía golpeteando su pierna con la varita. Dejó de moverse y la llevó hacia sus ojos, mirando profundamente la varita de fresno que había escogido. Su propia metáfora personificada. Había decidido ir por lo seguro con su varita, justo como había elegido ir por lo seguro con Astoria, quien, resultó que también estaba jugando a por lo seguro con él.
Bueno, ¡hasta allí llegaba! Draco estaba harto de ir a por lo seguro. Con su varita, por lo menos. En medio del estupor por el alcohol, se levantó, casi volviendo a caer antes de utilizar la pared para estabilizarse. Una vez que consiguió mantener el equilibrio, comenzó a tambalearse por las calles vacías del Callejón Diagon. Tenía un objetivo en mente, y no descansaría hasta conseguirlo.
XXX
Varias horas después, Draco estaba recostado en su cama con su nueva varita en la mano. Seguía un poco ebrio, pero estaba suficientemente sobrio como para darse cuenta lo idiota que había actuado hace unas horas.
De alguna forma, Draco había conseguido llegar a la tienda de varitas, donde procedió a gritar y aporrear la puerta hasta que Ollivander despertó y le permitió entrar. Luego, comenzó a balbucear cosas incoherentes sobre Hermione y dragones que milagrosamente Ollivander consiguió descifrar. Fue y buscó la varita con la garra de dragón apretando un corazón y se la pasó a Draco. No se hicieron preguntas. Draco luego le entregó la de fresno, le agradeció y se fue. No le sorprendería que Ollivander le cortara el rostro de ahora en adelante, pero tampoco lo culparía por hacerlo.
Sintiéndose un tanto mareado, Draco acarició la varita con su mano una última vez antes de dejarla en la mesita de noche y finalmente dormirse.
Sus ojos apenas se habían cerrado cuando escuchó la puerta abrirse. Alguien se trepó a la cama. No se molestó en comprobar quien era. Ya sabía que no era quien él deseaba que fuera.
-Draco – Astoria le susurró al oído - ¿Estás despierto?
Él no le respondió, pero el movimiento de sus párpados le permitió saber a ella que sí lo estaba. Astoria rodó encima de su cuerpo y lo besó. Draco abrió sus ojos y la miró. Estaba vestida con un trajecito sexy negro para la fiesta de despedida de Daphne. Ella le sonrió.
Draco le echó un vistazo a la varita que descansaba en la mesita junto a él. No estaba olvidándose de Hermione tan fácilmente como le habría gustado. Cerrando sus ojos, él la besó, esta vez frotando su cuerpo con fuerza contra ella. Astoria se movió hasta quedar a horcajadas sobre él. Le arrancó la camisa y frotó sus manos por el pecho desnudo de él hasta terminar enredándolas en el cabello, tironeándolo del mismo modo en que solía hacerlo Hermione.
Draco le mordió el labio, pasando sus manos a lo largo de su cuerpo. Ambos jadeaban pesadamente. Cuando la mano de ella comenzó a moverse hacia los bóxers de él, él le soltó el labio y murmuró – Hermione – a su oído.
Astoria se alejó de él - ¿Qué? – abrió sus ojos y encontró su mirada. Era difícil decir quién estaba más mortificado por la situación. Eventualmente ella se separó de él sin decir nada más, y rodó hacia su costado de la cama, dándole la espalda.
-Astoria, lo siento. Por favor, regresa aquí – dijo Draco, estirándose hacia ella.
-No – susurró ella. alejándose de su toque.
-Vamos, no quise decir eso. Sé tu nombre. Por favor, solo regresa aquí y olvidémonos de que todo esto pasó.
Astoria sollozó desde el otro lado de la cama. Se sentó y volteó hasta enfrentarlo – Draco – bajó su mirada hacia él con los ojos tristes y dijo - ¿Por qué no me quieres?
Draco le devolvió la mirada y suspiró – No lo sé.
Había querido mentirle y decirle que sí la quería, pero por alguna razón, no lo hizo. Aunque seguía siendo una mentira porque sí que lo sabía. Draco no quería a Astoria porque quería a alguien más. Quería a la chica a la que había llamado hace un instante. Quería a Hermione.
Astoria volvió a acostarse y se acurrucó junto a él – Como que te odio, ¿sabes? – le dijo contra el pecho.
Draco la envolvió con sus brazos – Lo sé – ella no era la única en la habitación que lo odiaba. Como que él también se odiaba a sí mismo.
Nota de la Traductora: Hola, Hola! Sé que me tardé horrores en actualizar, y me disculpo por la impuntualidad, pero bueno, ya saben como es la vida fuera de Fanfiction. Lamentablemente no tengo una varita de madera del desierto de un arbol legendario con forma de mujer y tallado con figuras de dragones apretando corazones para facilitame la vida, no? Al menos Draco ahora sí tiene la suya, lo que resultó bien después de todo. Soy la unica que se sintió completamente satisfecha al escuchar que Draco llamó "hermione " a Astoria? Yeeeey jajaja
Reviews... cada vez más! Lamento en el alma, pero tampoco voy a poder responderlos hoy. Por suerte aprobé los cinco exámenes rendidos hasta el momento, pero el lunes, martes y miercoles que viene rindo de nuevo, asique no puedo dedicarle a esto tanto tiempo como me gustaría. Igual quiero agradecerles a:
Karenzita d' Malfoy - Sally Elizabeth HR - Caroone - Alona - Candice Saint Just - - sagiie - Elegv - AKAmart - Bliu Liz- Lily Len - Magicis Fidem (gracias por pasar la recomendacion :*) - Ana Malfoy Lestrange ( me alegra muchiiiiisimo que , siendo el inglés tu lengua materna, le des la chance al fic. Thank u so much!) - HojadePapel - SALESIA y por último pero no menos importante a Nyx-88, que hace relativamente poco empezó el fic y me está dejando un comentario en cada capítulo (probablemente no lo leas todavía, pero cuando llegues aquí, quiero que sepas que lo aprecio!)
En fin, PENUNTIMO CAPÍTULO! Este fic no tiene epílogo, pero tiene secuela, asíque: tachan, tachan, el JUEVES QUE VIENE, osea el 18 de Septiembre, subo el último capi con un breve sneak peak de lo que se viene!
Sin más, los dejo con la recomendacion Mcfly de hoy: Chills in the Evening :) Y cualquier material de Gustavo Cerati en su honor. Enorme, grandísimo genio musical Argentino, que nos dejó la semana pasada y todavía no caigo. Que bárbaro. Y pensar que mi presidenta sigue viva. (que nadie diga que dije eso, top secret.)
No olviden pasarse por Cruel y Hermoso Mundo, si todavía no lo hicieron. Lo que consideraría un sacrilegio, dicho sea de paso. Pero bueno, pesará en sus consciencias después. Ustedes se lo pierden :P traducción impecable a cargo de Sunset82, historia fantabulofantástica de Lena Phoria, y nuestros personajes preferidos. Osea, qué más se podría pedir?
Gracias, MIL gracias por todo el apoyo, ALWAYS.
Pekis :)
