Disclaimer: Todo le pertenece a Stephenie Meyer, yo solo me divierto&juego con sus personajes. ^.^
Gran día
Rosalie's POV:
Un mes después.
16 de Febrero.
¿Cuánto tiempo había esperado por este día? ¿Cuánto tiempo había anhelado por Emmett? Y ahora, estaba a unas pocas horas de unir mi vida con la de él ¿Podía haber algo mejor? ¿Podía haber algo que me faltara en esta vida? Ya casi tenía mi propia familia, con el hombre que amaba con toda mi alma. Pero, sí, sí había una forma de mejorar este día: que mis padres estuvieran aquí… en momentos como estos, era cuando más los añoraba.
Junto con ese pensamiento, una lágrima cayo al suelo, pensar en ellos siempre me ponía triste. Ellos habían sido las mejores personas que había conocido en mi vida, no había sido justo que murieran, eso, había sido una de las grandes injusticias de la vida.
Cerré los ojos, y, ante mis ojos, apareció una imagen de mis padres, mis hermanos y yo. Cerré los ojos con más fuerza aún, una pequeña lágrima solitaria salió de este, recorriendo mi mejilla, hasta, que cayó al suelo. Suspire. No, esto no me podía poner así. Hoy, era mi gran día. Y, digo, no todos los días te casas con el hombre de tu vida, con el único que amas y que amaras por toda la eternidad.
-¿Rose? –llamo alguien en la puerta. Aspire e inspire profundamente, limpie las pequeñas lágrimas que había en mis ojos.
-Pasa –dije, con voz, que recé porque sonara natural y relajada. Aunque, sentí que no había sonado ni cerca de eso.
Vi como se abría la puerta y seguido, a mi hermanita pasar por ella.
-Ya llegaron Alice y Jasper –me anuncio.
Mi hermano y mi nueva cuñada habían acortado su luna de miel para venir a mi boda, eso fue algo muy dulce. Luego de mi boda, las dos parejas nos iríamos de luna de miel. A distintos lados, por supuesto. Bella y Edward nos habían dicho que ellos se encargarían de la boda con Esme y Carlisle. Nosotros no estábamos muy de acuerdo, queríamos ayudarlos a organizar todo, sobre todo Alice y yo. Pero, ellos insistieron. Querían que nosotros fuéramos felices. Por eso los quería tanto… siempre buscaban la felicidad de la familia.
-Los dos están abajo –me informo.
-Gracias, Bells –le sonreí calidamente a mi pequeña hermanita, que pronto igual estaría casada, ya no sería mi bebé. Aunque, bueno, siempre tendría a Seth, que él igual era mi bebé. Pero, ella era la única hermanita menor que tengo y ahora… se iba a casar…
-¿Estas feliz? –pregunto de la nada.
La mire atónita ¿Qué no era obvio? Por supuesto que era feliz, sólo con estar con Emmett, mi vida se iluminaba y mi sonrisa se anchaba.
-¿A qué viene esa pregunta? –conteste.
-Bueno, yo sólo quiero que tu felicidad –iba a abrir la boca para protestar, pero, ella me gano- se que Emmett es todo lo que quieres y mil millones de veces más –puntualizo, pero, aún eso, era subestimarlo mucho.
-Entonces… ¿Por qué la pregunta? –dije, aún, extrañada. No entendía muy bien por donde iba todo esto.
-Bueno, sólo quería saber si eras feliz –se encogió de hombros, restándole importancia.
-Bueno –dije con una sonrisa extraña.
Ella corrió hacía mí y se lanzo a mis brazos. Le correspondí el abrazo de un modo cariñoso.
-Voy a extrañarte –susurro en mi hombro. Respondí su comentario acariciando su cabello- ya casi no te voy a poder ver.
-No digas eso –dije de prisa. Me separo lo necesario de ella para verla a los ojos.
-Es verdad, mira: Jasper ya se caso –sonrío- y ahora tú te vas a casar…
-Y tú igual dentro de un tiempo corto –le recordé, ella sonrió, con esa sonrisa de emoción que sólo le salía a ella.
-Cierto –dijo, con una mirada pensadora e ilusionada. Luego sacudió la cabeza con los ojos cerrados- pero, ese no es el punto –dijo- el punto –aclaro- es que casi no voy a poder ver a mis hermanitos y a mis cuñaditos –hizo un, tierno, pucherito.
-Claro que si –dije, con un falso tono ofendido.
En respuesta a eso, ella se empezó a reír.
-Creeré en tu palabra –dijo, en un plan serio. Pero, claro, era Bella, ella no podía ser muy seria, así que me reí.
-Bueno, creó que bajare a ver a la feliz pareja –dije con una sonrisa. Ya quería ver a mi hermanito y a mi cuñadita querida.
Me encamine a la puerta y baje las escaleras. Ahí, sentados en el sofá, estaban: Alice y Jasper.
-Ay, que hermoso.
Me reí, ellos se voltearon, con una sonrisa.
-Rose –dijo, la entusiasta Alice, se levanto y corrió hacía mí. Me envolvió con sus brazos, casi asfixiándome. Pequeña, sí, pero con una fuerza.
-Hermanita –dijo, Jasper.
Alice se alejo de mí y ahora, los brazos de mi hermano fueron los que me envolvieron. Le devolví el abrazo con mucho cariño, la verdad es que los había extrañado muchísimo.
-¿Cómo les fue en la luna de miel? –pregunte en tono divertido, cuando me separe de él.
Vi como Alice, súper Alice, se ruborizaba y bajaba la mirada con una sonrisa en la cara. Mi hermano se empezó a reír y la abrazo por los hombros.
-Bastante bien, imagino yo –dije jugando y me empecé a reír.
Mi pequeña cuñada igual se rió.
-Claro que sí –dijo ella con tono juguetón.
-Sólo espero que no pervirtieras a mi hermanito, Alice –dije y me abracé a mi gemelo- él es mi bebé.
Le hice un pucherito y ella sólo se rió. Él me fulmino con la mirada, a él no le gustaba que le dijeran bebé. Sólo si se lo dijera Alice, sólo así lo aceptaría.
-No soy un bebé –dijo él, con un tono enojado.
Alice le acaricio la mejilla y le dio un beso en los labios. Tosí juguetonamente y ellos se separaron con una risita.
-Ay, que linda hermanita tengo –dijo, Jasper. Le saqué la lengua y él imito mi acción.
-Son tan adorables –dijo Alice con una voz meloso.
Le apretó la mejilla a su marido –eso sonaba muy lindo, me moría de ganas por poder decirle así a mi Emmett-. Bueno, mañana, ya sería legalmente mío. Bueno, la verdad, en unas pocas horas ya sería mío y de nadie más.
-Rose –grito Alice, la mire sobresaltada y con ojos abiertos como platos- ¿Qué te paso? –fruncí el ceño-. Te nos fuiste –sonrió picadamente- ¿en qué pensabas?
Le sonreí de una manera picara, ella se empezó a reír.
-¿En qué pensabas? –dijo mi hermano, un poco más serio que su esposa. Me reí de su expresión.
-En cosas –dije guiñándole el ojo- pero, ¡Ey! No me puedes decir nada –lo apunte con el dedo- quién sabe que cosas hicieron tú y mi cuñadita.
Él bajo la mirada y suspiro. ¡Vaya! Sí debieron haber echo cosas… cosas de niños grandes.
-Bueno –dijo él con un hilo de voz- no diré nada.
Me reí de su expresión. Era tan protector y a la vez tan absurdo ¿Cómo iba a venir y decirme que no podía ni pensar en cosas, cuando él y su esposa, seguramente ellos lo habían echo ya?
-Rose –grito Bella, desde la planta alta- necesitamos arreglarte… -su voz sonó irritada. Mi hermana era un moco. Pero uno al que yo amaba. Es mi única hermana, mujer.
-Ya vamos –grito una emocionada Alice. Me cogió de la mano y me llevo escaleras arriba.
Bella estaba sentada en la orilla de mi cama, con sus manos recargadas en la cama y su cabeza hacía enfrente, viendo el leve movimiento de sus pies: adelante, atrás, y así sucesivamente.
-Bella –me acerque a ella y me senté a su lado- ¿Qué te pasa?
Ella suspiro, dejando escapar todo el aire de su cuerpo. Me volteó a ver con una pequeña sonrisa, pero, yo la conocía a la perfección, y sabía, que algo le pasaba, algo estaba rondando por su mente y no la dejaba en paz.
-Nada –dijo con una voz natural.
-¿Dónde esta Seth? –pregunte extrañada, al notar que nuestro pequeño hermanito no estaba acunado en sus brazos.
-Con Edward –dijo con voz melosa y una sonrisa de oreja a oreja.
Me reí de ella. Era tan chistosa. Tenía una obsesión con su prometido.
-Bueno, Rose –dijo Alice. La volteé a ver y me sonrió tiernamente.
Agarro mi mano y me sentó en la silla que estaba enfrente de mi tocador. Ató todo mi cabello en una desarreglada coleta. Suspiro.
-Si quieres dormirte, duérmete nena –me dijo, echando la silla un poco hacía atrás.
La verdad si tenía un poco de sueño. Así que cerré los ojos, recargándome por completo en la silla. Suspire y deje que ellas se pusieran manos a la obra. Me quede dormida, pero, como estaba cansada y bastante nerviosa, caí en una profunda inconciencia. Escuchaba como se movían de aquí para allá, que decían muchas cosas y como entraban y salían de la habitación.
-Rose –llamo mi hermanita. Bostecé, abriendo mucho la boca. Sentí como una delicada manita me agitaba. Pero, no, yo no quería despertar.
-Rose, despiértate –esta vez fue Alice la que hablo- ¿ó qué? ¿No quieres casarte con Emmett?
¿Qué dijo? Abrí los ojos de par en par. Mi boca estaba entre abierta. Creo que en mi ojo derecho había empezado a tener un tic nervioso. Ellas se empezaron a reír a mandíbula abierta.
-Son de lo peor –les grite con coraje.
-Ey –dijo Alice- cuidado –se rió con discreción- vas a correr tu maquillaje.
Ella y mi hermana se empezaron a reír aún más fuerte que antes. Las fulmine con la mirada. Pero, ellas sólo se seguían riendo. Fruncí los labios, y luego me di cuenta de algo: ellas ya no tenían la ropa que estaban usando cuando llegaron aquí. Arqueé una ceja. Ahora, ambas, vestían unos hermosos vestidos color celeste –bastante claro, la verdad-, tenían unas zapatillas d tacón pequeño y estaban maquilladas muy delicadamente. Alice estaba peinada normalmente, con su cabello alborotado y las puntas apuntando a todos lados. Mi hermanito tenía mucha suerte por haber conocido a Alice, era una persona especial y además muy hermosa.
Bella, tenía su cabello arreglado con delicados rizos. Tenía una cinta, del mismo color que el vestido, atada en su cabeza.
-Rose –llamo mi atención mi hermanita. Mire sus ojos chocolate. Ella me sonrió angelicalmente y se acerco a mí- ten –me extendió una pulsera de listones azules, la enredo en mi muñeca y luego me sonrió-. Algo azul y prestado… –canturreó.
Reí, admire la linda pulsera, tenía muchos listones enredados, de distintas tonalidades de azul: oscuras, claras, otras opacas, y de otros tipos.
-¿De dónde la sacaste? –pregunte. Jamás había visto que mi hermanita lo usara.
-Era de mamá –dijo con la mirada gacha.
Abrí los ojos de par en par y admire el pequeño brazalete, sonreí. Al menos… en el día de mi boda, tendría algo que hiciera que estuviera la presencia de mis padres.
-Es hermoso ¿sabes? –mire a mi hermana, ella asintió con una pequeña sonrisa de lado- ¿Cómo lo conseguiste? –pregunte con el ceño fruncido, penetrando sus enormes ojos.
Ella suspiro y bajo la mirada con los ojos cerrados. Cuando subió la vista, sus labios estaban fruncidos en una delgada línea. Suspiro. Tenía los ojos cristalizados, eso me hizo sentir algo triste.
-Cuando ellos acababan de morir, yo me la pasaba en su habitación todo el tiempo –una pequeña lágrima solitaria abandono su ojo-, y un día, encontré esta pulsera –me dio una sonrisa forzada- me gusto y me la guarde.
Le si una sonrisa de lado y admire un poco más la pulsera.
-Rose –dijo, Alice, con una voz cautelosa-, vamos… ponte el vestido.
Asentí y camine hacía el gran saco negro que estaba escondido dentro de mi armario. Suspire y saqué el hermoso vestido blanco, que se extendió dejándolo ver completamente.
Era un vestido muy hermoso, y sencillo. Diseño de Alice –la única de las tres que no se casaría con un vestido de novia, que haya diseñado Alice, era Bella-. Alice se había lucido con el mío. No tenía mangas, y estaba todo pegado, hasta la cintura, donde se dejaba caer una esponjosa falda. Era de seda, muy lindo al tacto. Se veía todo liso, te llamaba a tocarlo y a comprobar si el contacto era igual. Era blanco, un blanco que, para mí, se veía diferente a todos. Muy… natural y fresco, no se, era difícil de explicar.
Me lo puse con cuidado, intentando tener el máximo cuidado posible, para que no se arruinara el peinado. Ya quería verme al espejo, conociendo a Alice y a Bella, sabía que iban a hacer un buen trabajo. Era una verdadera lastima que Nick ya no se hubiese podido quedar ni para la boda de Bells, ni para la mía.
Cuando termine de ponerme el vestido, camine con cuidado hacía el espejo de cuerpo completo que había a un lado de mi tocador.
Admire a la agraciada chica que se presentaba frente a mí. Era simplemente hermosa ¿verdaderamente esa era yo? No lo podía creer. La joven tenía sus dorados cabellos recogidos en un elegante moño, que dejaba caer algunos cortos cabellos al lado de su cara. Tenía los labios pintados de un suave color rosado. Sus mejillas de un impresionante color carmín y la sombra de ojos era color rosada, un rosado muy tenue. Sonreí al darme cuanta, de que realmente era yo, me veía hermosa. El vestido ajustaba a la perfección y se veía divino. Suspire… estaba lista.
-Te ves hermosa, Rose –dijo mi hermanito.
¿A qué hora había llegado? Puso una mano sobre mi hombro, y con ese roce, sentí todo su apoyo. Sonreí ante aquel pensamiento. Sabía que tenía a mis hermanos para todo lo que necesitara, y eso, me hizo sentir casi completa. Me di la vuelta y lo abracé con casi todas mis fuerzas, recargando mi frente en su hombro.
-Te quiero –susurre contra el saco de su smoking.
Él acaricio mi espalda.
-Yo igual –susurro en el mío.
-Rose –llamo Alice- ya ahí que irnos.
Asentí y empezamos a caminar escaleras abajo. Al llegar a las escaleras, Alice nos detuvo.
-Vamos a ver si tienes todo –aclaro- haber ¿algo nuevo? –asentí, el vestido era nuevecito- ¿algo viejo? –volví a asentir, el brazalete de mamá podía contar como eso, supongo- ¿algo usado? –pensé, mi hermana me señalo el brazalete, que supuse, igual podría contar como tal- ¿Algo prestado? –mi hermana me ofreció la misma cadena que le había prestado a Alice el día de su boda. Me reí-, bueno, al parecer esta todo –aclaro, Alice.
Salimos de la casa y vi estacionado el Volvo plateado del novio de mi hermana. Él estaba recargado en la puerta, con Seth acunado en sus brazos. Se veía tan hermoso mi hermanito con ese smoking.
Atrás del auto plateado, estaba uno amarillo, el Porsche turbo amarillo de mi cuñada.
-Bueno, Bella, tú te iras con mi hermanito –empezó a darnos las indicaciones- Rose, tú vente conmigo y Jasper.
Nos acomodamos tal y como ella nos indico, yo me senté en la parte trasera. Y, ahí había un bonito ramo de rosas rojas, pero un rojo, como el tono de la sangre.
Lo tomé y lo empecé a admirar, era divino. Y olía, casi mejor.
El camino fue tranquilo y en silencio, Alice me empezó a explicar como iba a entrar y todas esas cosas. Y, de pronto, me estaba poniendo muy nerviosa. Inspiraba y suspiraba, para intentar sacar los nervios de mi cuerpo, pero no funcionaba muy bien, aunque, si me ayudo a relajarme un poquito.
-Llegamos –me dijo, mi hermanito.
Volteé a ver hacía la ventana, habían dos árboles que sus ramas superiores se juntaban en la punta de ambas, había una pequeña cortina de color blanco, colgada entre el gran hueco que formaba la separación de los troncos de los árboles. Mi hermanito llego y me abrió la puerta del auto. Me ofreció la mano y la acepte, bajándome del auto. Agarre el ramo de rosas y cerré la puerta.
Vi el auto plateado estacionado cerca del amarillo, y a mi hermana parada frente a la cortina, con Alice a su lado. Suspire y camine con mi hermano hasta quedar parados detrás de ellas.
-¿Lista? –pregunto mi hermano, yo asentí.
Bella se asomo e hizo una señal con su mano y la marcha nupcial dio inicio. Las cortinas se corrieron, hasta estar enredadas en una rama de cada uno de los árboles.
Mire hacía el fondo, el lugar estaba muy hermoso. Era un bellísimo prado, rodeado de girasoles, claveles, rosas, etc., alrededor de las bancas color arena, donde, actualmente, estaban sentados los invitados e igual formaban un corto camino, desde la cortina donde estaba parada en ese mismo momento, hasta el altar. En este, había un pequeño escalón y tres blancas y delgadas paredes de madera, rodeándola. Sentí la mirada de Emmett clavada en mí, así que alcé la vista, sólo para encontrarme, con la vista más hermosa que –hasta ahorita-, he tenido en mi vida. Era Emmett, vestido de smoking, con una sonrisa arrebatadora, en sus ojos sólo se podía leer la felicidad que sentía él en ese mismo momento.
Mi dos damas de honor empezaron la caminata hacía el altar. Suspire por ultima vez y empecé a caminar. Despacio, despacio. Mi gemelo y yo comenzamos a caminar, lentamente. Tragué saliva, estaba bastante nerviosa. El recorrido era corto, pero lo sentí eterno.
-Perfecta –escuche susurrar a Emmett cuando por fin llegamos.
Mi hermanito me dio un beso en la mejilla, le mire y le di una tierna sonrisa. Él se alejo lentamente hacía su lugar, pues, igual era uno de los padrinos.
Me pare junto a Emmett, nos miramos e intercambiamos sonrisas de alegría.
El padre empezó a habla, pero casi no podía prestar atención, estaba siendo seducida por la emoción de estar aquí, junto al hombre que claramente amaba con toda mi alma y que jamás dejaría de amar, ni aunque así lo deseara, en mi cara, segura e inevitablemente, debía de haber una sonrisa embobada en mi rostro. Alcancé a escuchar un poco más de lo que decía el padre.
-Rosalie Swam ¿Aceptas a Emmett McCarty para amarlo y respetarlo hasta que la muerte los separe? –pregunto. Mire a Emmett y le sonreí.
-Acepto –dije sin vacilación alguna.
-Y tú, Emmett McCarty ¿Aceptas a Rosalie Swam para amarla y respetarla, hasta que la muerte los separe? –él me miro y me sonrió.
-Acepto –confirmo.
-Ahora, yo los declaro marido y mujer –dijo, Emmett y yo nos miramos- puede besar a la novia.
Nos acercamos hasta junta nuestros labios, iniciamos con un calido beso, que luego se convirtió en algo mucho, mucho más potente. Parecía más bien, que nos estábamos devorando nuestras bocas, escuchamos como alguien se aclaraba la garganta: mi hermano. A regañadientes, me tuve que alejar de mi esposo –eso sonaba de lo mejor del mundo-.
Volteamos, sólo para recibir los brazos de mi hermanita rodeándome, y felicitándome. Así pues, luego sentí los brazos de mis demás amigos y mi hermano.
Luego de un poco tiempo, nos trasladamos hacía la fiesta de recepción en uno de los hoteles más elegantes de por ahí.
-¿Cómo te la estas pasando, mi amor? –pregunto, mi amadísimo esposo, jamás me cansare de decir que me encanta como suena esa palabra.
-Estoy demasiado bien –conteste con una sonrisa de oreja a oreja.
Cuando fue hora de cortar el pastel, Alice no dejo de fotografiarnos, según ella, para que jamás se nos ocurriera olvidar este día –cómo si eso pudiera para en algún momento de nuestras vidas-. Nos turnamos para darnos nuestro pedazo de pastel, y estaba verdaderamente delicioso, era de chocolate. Adoraba el sabor del chocolate.
Empezó a sonar una fluida melodía, tan calmada y bonita.
-¿Gusta bailar, señorita McCarty? –pregunto, Em, ofreciéndome su mano.
La acepte al instante. Adore como sonaba mi nuevo apellido. Pero, creo qué lo que más me gusto de haberlo escuchado, era de la boca de la cual había salido y la adoración con la cual lo había pronunciado.
-Este es el mejor día de mi vida –le confesé una vez que estuvimos dando vueltas alrededor de toda la pista de baile.
-Y el día aún no acaba –dijo con tono cariñoso.
Mi corazón dio un brinco ante la última frase, sonaba tan linda y cariñosa, aunque a la vez un poco juguetona.
-¿Pudo? –pregunto mi hermanito.
-Claro –contesto Emmett, y me entrego a mi hermano.
-Ay, Rose ¿Qué se siente ser ya mujer casada? –pregunto con todo malicioso.
-Genial –dije, bromeando, aunque, claro esta, me encantaba esa idea de ser ya una mujer casada.
Luego de que la canción termino, Edward vino a bailar conmigo. Y así estuve bailando por mucho rato, con casi todos los invitados, hasta que, ya no aguante más, me moriría si bailaba una sola pieza más. Me senté en una de las sillas con forros de mantas blancas.
-¿Estas bien, amor? –pregunto, mi amor, acercándose a mí.
-Sí, es sólo que ya me canse –dije con una sonrisa.
-No te preocupes –dijo- ya casi acaba.
Fruncí el ceño, yo la verdad no quería que terminase, me estaba gustando mucho.
-Rose –llamo Alice, acercándose a mí con una bolsa sobre su hombro- ven –dijo, me agarro de la muñeca y empezó a jalarme hacía el baño.
Mire hacía atrás y vi como Emmett se reía discretamente.
Entramos al baño, le pusimos el pestillo a la puerta para que nadie pusiera entrar y Alice me tendió una mini falda y una blusa de manga larga. Me cambie de ropa ahí mismo. Sin importarme que Alice me viera, con tal, si me metía a unos de los cubículos, mi vestido se podría meter en el inodoro o algo peor. Además, ella ya me había visto en ropa intima anteriormente.
-Rose –llamo, mientras yo me quitaba el vestido.
-Mande, Alice.
-¿Cómo estas? –fruncí el ceño- me refiero a qué si ¿cómo sientes el haberte casado ya? –me aclaro, sonreí.
-Perfectamente –dije sin pensarlo dos veces.
Al parecer esa respuesta le satisfago, tras que me seguí cambiando y no hubo ninguna otra frase ni por su parte, ni por la mía. Me termine de cambiar y me puse unos zapatos cerrados, para ya no andar más con las zapatillas. Alice guardo mi vestido en su bolsa, al igual que las zapatillas, le agradecí, era muy buena amiga. Camine hacía Emmett.
-¿Lista para irnos? –pregunto cuando estuve junto a él.
-Claro –afirme con toda la seguridad que había en mi cuerpo.
Caminamos hacía la puerta, ahí estaban ya esperándonos, mis hermanos y mis cuñados, al igual que los padres de estos últimos y los padres de mi esposo.
-Espero que se la pasen muy bien –dijo la madre de Emmett, Angélica.
Era una señora muy amable y acogedora. Se acerco a mí y me envolvió con sus brazos. Cuando me dejo ir, tenía una gran sonrisa en el rostro.
-Que estén bien –dijo el padre de Em, Richard. Él era un señor muy serio, aunque igual muy agradable.
-Adiós, hermanita –dijo, Bella, abrazándome y dándome un beso en la mejilla.
-Adiós, pequeña –se despidió mi hermano. Rodeé los ojos.
-Aos, Rose –dijo el pequeño Seth.
-Adiós, hermanitos –dije, les dedique una enorme sonrisa y luego les di un beso en la mejilla a cada unos de ellos.
Me acerque a mis cuñados y los abracé.
-Cuida bien a Bella y a Seth –los abracé y le di un besito en la mejilla- no dejes que Bella se caiga mucho –sonreí.
Camine hacía Alice, Emmett ya se había despedido de ella, sólo le faltaba Edward, y los padres de este.
-Adiós… -no pude acabar de despedirme, porque Alice se lanzo a mis brazos, me dio un gran abrazo, que casi me saco el aire.
-Adiós, Rose –dijo cuando se alejo, con una sonrisa de oreja a oreja- te prepare tu maleta y ya te la guarde –me guiño el ojo.
-Adiós y gracias, mocosa –le dije, y le revolví el cabello juguetonamente, ella se rió.
Nos acercamos a Esme y a Carlisle.
-Adiós hijos –dijo Esme con una sonrisa tierna, se acerco y nos dio un beso en la mejilla.
-Adiós –susurre y le di otro beso.
Igual nos despedimos de Carlisle y luego salimos hacía el gran auto negro que nos esperaba fuera, con las típicas latas atadas en la parte trasera.
Al bajar las escaleras, la lluvia de arroz cayó sobre nosotros, Emmett me protegió contre él y nos subimos al auto. Me subí en el asiento del copiloto, mientras él se subía al del conductor.
Condujo hasta el aeropuerto, bajamos con nuestras maletas, compramos nuestros boletos y registramos las maletas, bueno, él compro los boletos, me dijo que sería un lugar genial.
Estuvimos sentados esperando el vuelo, Emmett me puso sus audífonos, para que me distrajera con la música y no se me fuera tan pesado el tiempo.
-Los pasajeros con destino a Las Vegas…-llamaron.
Me quede en blanco ¡Yo siempre había querido ir a Las Vegas! Era mi sueño, mis padres me habían prometido que algún día me mandarían para allá, pero… el destino les dio una terrible caída, un poco injusta.
Le di un beso a Emmett por llevarme justamente ahí… a ¡Las Vegas! Agarre su mano y lo jale para ir a abordar el avión.
Abordamos y yo me senté en la ventanilla, aún hacía un poco de sol, pues eran como las cinco o las seis de la tarde.
-Vaya, va a ser un viaje largo –dije.
Él se acerco y me dio un beso en la mejilla, luego me miro y me dio una sonrisa de oreja a oreja.
-Bueno, intenta dormir por ahorita, seguro y estás cansada –me dio una mirada calmada.
-Cierto –dije.
Me acomode en mi asiento y me caí en un profundo sueño.
Cuando me desperté, aún faltaban algunas horas para que nuestro avión fuera a aterrizar, Emmett estaba despierto así que nos pusimos a jugar y a hacer varias cosas para distraernos, el tiempo pasaba muy rápido junto a Emmett, me divertía tanto que ni lo notaba, y, al final, aterrizamos, por fin.
-Vamos mi amor –dijo Emmett.
Tomo mi mano y caminamos por el pasillo hasta salir, luego fuimos a buscar nuestras maletas y salimos del aeropuerto, tomamos un taxi y nos fuimos a nuestro hotel.
-Red Rock –leí en voz alta.
Era un hotel bastante bonito la verdad, y elegante, con muchas luces y algo, muy, alto.
-Bienvenido al hotel Red Rock ¿En qué le puedo ayudar? –pregunto la recepcionista cuando llegamos.
-Sí, bueno, tengo reservaciones al nombre McCarty –sonreí.
-Permítame –dijo, empezó a teclear en su computadora, hasta que nos miro y nos dio la llave de nuestra habitación- sí, es una suite, es la 220, que la disfruten –dijo.
Subimos por el ascensor y nos encaminamos hacía nuestra habitación. Él abrió la puerta y entramos.
Era una suite muy grande y se veía bastante cómoda. Dejamos nuestro equipaje al lado del closet, él me tomo en brazos y me llevo a la cama. Me dio un largo y tierno beso.
-Te amo.
-Yo igual.
Y así, empezó una larga y divertida noche.
Hola! Me extrañaron? x) jeje, bueno, espero que sí jeje, es broma, amm… bueno, espero que este capítulo les allá gustado mucho, mucho(: jeje, me esforcé, no me he sentido muy bien la verdad… :s, jijiji, ahh, espero que me dejen reviews para que me sienta mejor:D jeje, una cosa más, para los que les gustan Alice y Jasper, estoy escribiendo una historia de ellos dos, se llama Un ángel de la oscuridad léanla, po' favo'! jeje bueno, espero que la lean y me dejen algún review xD… Adiós.
.: * ฆℓƷҳ * :.
