Aquella mañana ambas hermanas Hyuuga habían sido informadas de una reunión sorpresiva y no programada con su padre. Ellas intercambiaron una mirada confusa, pero asintieron para dar su consentimiento. Urgente, les indico el mayordomo. Hanabi entendió eso como "ahora mismo" pero Hinata, siempre más prudente, decidió que primero desayunarían.
Después de todo, las pocas veces que su padre las llamaba a una audiencia con él era porque había un problema que las concernía. Casi nunca, menciono con voz suave, las llamaba a las dos al mismo tiempo. Al menos lo mejor era tener algo en el estomago, pues lo siguiente podía borrarles el apetito.
— ¿Crees que sea grabe? — Consulto Hanabi, quedamente.
No querían que nadie en la mansión las escuchara y había empleados por todos lados.
Hinata la miro un momento. Hanabi era el tipo de persona que casi nunca dejaba entrever sus preguntas, de modo que eso le revolvía la cabeza al igual que a ella. Hinata sospechaba que su hermana ya estaba, al igual que ella, pensando que habrían hecho lo suficientemente mal para ser catalogado de "urgente".
— No hay forma de saberlo, dios no lo quiera — Respondió, sin querer dar esperanzas.
Su padre las había llamado a las dos en tres oportunidades; para informarles de la muerte de su madre, del fallecimiento de su tío y para avisarles de la visita de un amigo ingles importantes en su casa.
Al terminar de desayunar subieron al automóvil de la mayor de las hermanas y condujeron hasta el edificio donde su padre trabajaba. Siendo reconocidas y tras una serie de asentimientos, ambas se trasladaron hasta el ascensor que las llevo hasta el piso donde su padre tenía su oficina. La recepcionista, de aspecto arreglado pero serio, las saludo y se levanto para anunciarlas. Caminaron tras de ella y un instante más tarde, con la aprobación de su padre, la mujer las dejo pasar.
Una enorme sorpresa se llevaron al ver que su padre no estaba solo. Una joven ocupaba una de las tres sillas dispuestas frente al escritorio que ocupaba Hiashi. Él asintió con la cabeza a modo de saludo y les señalo con un ademán educado las sillas.
Hinata miro a su padre luego de saludar con una sonrisa a la invitada, quien respondió del mismo modo. Hanabi, más seria, asintió a modo de reconocimiento. La muchacha, con un pantalón de vestir negro, una blusa color pastel y lentes de sol se acomodo en su lugar, nerviosa.
— El hecho de que las haya traído aquí tiene un motivo preciso — Hiashi empezó, tragándose el nudo en la boca del estomago que disimulaba — Les presento a la señorita Larissa.
Las hermanas repararon casi instantáneamente en que su padre no había utilizado el apellido, lo que debía indicar una cierta familiaridad debido a que la joven no había sido presentada con deliberada distancia.
— Un gusto — Larissa contesto, automáticamente.
Hinata la reconoció en ese momento. La chica de la fiesta. Larissa. Aquella que les había hecho compañía la noche del baile. Ciertamente le había sorprendido no reconocerla, puesto que aunque su clan era extenso y había muchísimas mujeres, habría jurado poder recordar un rostro tan exótico.
Hiashi no dudo en seguir:
— La joven es su media hermana paterna.
Las palabras cayeron como un balde de agua fría. Larissa había estado nerviosa, pero si no exigía a su padre ser presentada como familiar en ese momento cuando todo estaba bullendo, probablemente nunca lo haría. Y si sus medias hermanas no la conocían, su padre podría mantenerla en secreto el resto de su vida hasta que el tema del testamento saltara a su fallecimiento. Además, siempre estaba el hecho de hacer alguna maniobra legal para no reconocerla, y el hecho de que Hinata y Hanabi supieran de su existencia suponía muchos puntos a favor.
Hinata estaba blanca, atónita.
Cuando entraron en el cuarto no tenían idea de con que iban a enfrentarse. Lo primero en pasar por sus mentes, recordó, era que su padre iba a darles una reprimenda por algún error de ella y Hanabi pero cuando escucho aquellas palabras, tuvo que repetirlas en su mente varias veces para entenderlas y reaccionar. Pero su hermana lo hizo antes.
— ¡Una bastarda...! — Hanabi exclamo, incrédula.
La muchacha en cuestión asintió, sabiendo para sus adentros que el término estaba bien usado. Cruelmente bien usado. Hanabi se levanto de su lugar, poniendo sus manos en sus muslos para enfatizar la incredulidad. Hinata puso una mano en su pierna y le rogó que se sentara con la mirada. Reclamarle a su padre no sería una buena idea. Y el temperamento de Hanabi hervía, indignada.
— Cuida tus modales, Hanabi — Su padre advirtió.
— ¿Mis modales, padre? — Pregunto, con ira contenida — ¿Cuido los suyos, señor, al engendrarle a ella?
Hinata le apretó la pierna a su hermana y su padre les fulmino con la mirada. No tenía derecho a reprenderle, Hinata supo, pero no era momento de reclamos, no con los sentimientos tan expuestos. Hinata estaba demasiado sorprendida como para reaccionar apropiadamente por lo que solo pudo clavar sus ojos en los lentes de sol de su media hermana y limitarse a contener a Hanabi de una de sus explosiones más indomables.
Larissa se quito los lentes, como si sus ojos fueran la prueba que Hinata y Hanabi necesitaran para confirmar la paternidad que su padre confesaba. Hinata asintió pero Hanabi la miro con una rabia bulliciosa, casi con aire despectivo.
La inglesa no bajo la mirada, los ojos de la Hyuuga más joven quemaban sobre si misma y la muchacha se acerco a ella y no le escupió por respeto a su padre. La miro, de arriba hacia abajo con desprecio y se fue. Aquello había sido peor que si le dieran una bofetada. La palabra giro en su mente: Bastarda
— No te he dado permiso para irte — Hiashi hizo notar a su hija.
La misma solo se volvió a mirarlo y salio desafiante, retándolo a que la contuviera. Hiashi miro fijamente el espacio vacío antes de volverse a sus otras hijas.
— Eso es todo.
Hinata se sintió insultada, Larissa herida. Eso era todo. Solo un anuncio, como si la noticia de que la joven allí sentada fuese su hija no fuera merecedora de algo más que eso. Hinata se levanto y salio sin decir nada, solo una mirada discreta a Larissa. La joven presumía una empatia envidiable, entendía los sentimientos sin una palabra de por medio. Ella salio del lugar a paso lento pero firme, sin despedirse, hacerlo sería tomarlo con demasiada normalidad.
Hinata fue al baño, se mojo la cara y se miro al espejo. No era su culpa, pero de todas formas se sentía culpable. Se encerró en uno de los cubiculos del baño, se sentó en uno de ellos con la tapa bajada para que le sirviera de silla luego de revisar que no hubiese nadie, se cubrió la cara y sollozo.
¿Como podía su padre escupirles en la cara que todo en lo que su crianza se había basado, como la moral, era todo una patraña? ¿Con que impunidad podía él sacarles en la cara una infidelidad y el hecho de que todo lo creído era una mentira?
Quizá Neji tuviera razón y los Hyuuga en su mayoría fueran unos hipócritas.
Una lágrima rodó entre sus dedos.
Sí, al menos su padre lo era.
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La sala de exámenes estaba casi vacía, solo quedaban él y otros tres chicos rindiendo la materia que le había jodido las vacaciones; historia. Él se sabía las fechas, los acontecimientos, nombre y el relato en si, pero era demasiado lío ponerse a escribir todo eso en cada examen cuando podía directamente rendir uno a fin de año y listo. Sí, los recuperatorios habían sido su mejor opción, la menos conflictiva.
Shikamaru se levanto, tomando su examen ya realizado y se tomo el trabajo de revisar haber colocado su nombre. Lo dejo sobre el escritorio de su profesor quien suspiró, mirando un examen que sin siquiera corregirlo sabía que tenía la nota minima e indispensable. Shikamaru Nara era inteligente, cierto, pero era también un vago incorregible.
Por su lado Shikamaru regreso a su banco a tomar su mochila medio vacía e irse. Ese día el cielo estaba perfecto para echarse sobre la hierba y admirar las nubes. Se despidió del profesor con un gesto y salio del aula rumbo a los jardines traseros donde solía descansar en los recreos y sus escapadas de horas de clase.
Era agradable recorrer los pasillos de la escuela. Para esos momentos ya casi no quedaban alumnos, por lo que un relativo silencio reinaba en los corredores. En uno que otro salón aún había gente realizando exámenes y profesores vigilándolos. Envidio a aquellos recién ingresados que comenzarían aquella etapa de su vida en la que él mismo se había quejado tanto. Recordando con un poco de melancolía admitió para sus adentros que se estaba volviendo viejo, como decía la problemática rubia.
Iba a extrañar todo eso, pensó, saltarse clases, los recreos bulliciosos, sus compañeros realizando tonterías, él mismo encubriéndolos, escapándose a la biblioteca a fingir que leía, mirar las nubes desde la azotea... sí, dentro de todo su secundaría fue buena. No le molestaría dejarla sino fuera que tenía que comenzar la facultad.
Shikamaru había hecho muchas cosas, más de las que él enumeraría de tener que hacerlo, aquel día. Primero, aguantar a su madre zarandearlo por haberse dormido, entregar unos mandados olvidados del día anterior, correr de un lado a otro llevando cosas que le tocaban ese día, oír a su padre burlarse de él con su típica risa, cambiarse para ir a la escuela, buscar su curso y un montón de cosas más, para enterarse que su profesor llegaría tarde y se había tomado prisas por nada y, con melancolía Shikamaru salio de la que había sido su último recuperatorio en segunda instancia, había, oficialmente, acabado la secundaria. Suspiró, cansino y miró hacía en frente. Apoyada en un árbol, Temari le miraba con las pestañas entornadas.
La muchacha llevaba unos jeans y una blusa negra, por lo que supo que no estaba trabajando. Temari no parecía el prototipo de bibliotecaria, principalmente porque no lo era. La primera vez que había ido a la biblioteca dos años atrás había sido por pedido de su profesora de Geografía, en busca de material. Cuando la vio, atrás del mostrador, le pregunto por la bibliotecaria. Ella, en un vestido hasta media rodilla y su pelo atado en aquel particular agarre lo miro y le informo, fría y arrogante, que ella era a quien buscaba.
La chica era muy joven para ser bibliotecaria, al menos a su parecer, pero en esa ocasión no pregunto, aunque le llamo la atención. Con su buena veintena de años, era bastante pequeña. Su carácter, aguerrido y directo, era difícil de encajar con el de una silenciosa bibliotecaria. Pero era increíblemente ordenada, meticulosa y detallista. A pesar de que no lo admitió nunca en voz alta, Temari Sabaku No, como leyó en el rotulo que debía llevar y no usaba, le llamo la atención casi de inmediato.
Descubrió, más tarde, que ella trabajaba allí de momento, por unos iniciales seis meses. Pero por razones que ella no especifico, se quedo con el puesto. Su mente le indico la posibilidad de que lo hiciera por el dinero y la capacidad de poder estudiar en el trabajo. Asimilo, al instante en que vio su apellido, que era pariente del director.
Para su buena o mala fortuna, y sin saber realmente el motivo, él también llamo la atención de la rubia. Quizá, se dijo, por su joven obviedad en instalarse en la biblioteca.
"— ¡Ni pienses que te dejare usar la biblioteca para saltarte clases, vago!"
La excusa encajaba bien con él, pero ella descubrió que era una patraña apenas él la pronuncio. Shikamaru la había sacado de sus casillas en múltiples oportunidades, al menos dos veces por semana. Ella, impaciente y voluble, se irritaba y tranquilizaba a ritmos incomprensibles.
Construyeron, sin darse cuenta, una rutina. Él llegaba en el segundo modulo, tomaba el tercer libro de la estantería tras la silla de Temari y se sentaba en un sillón a dos metros de allí donde, según él, la luz era mejor. Ella se iba unos minutos antes del toque de timbre en busca de café y cuando regresaba, en hora de clase, Shikamaru seguía allí fingiendo leer.
Con el tiempo ella dejo de reprocharle sus faltas y, en ese año, había agregado una segunda tasa de café, que le daba con una fachada molesta.
Entre sus ires y venires, choques que fingían no ser intencionales, sus coincidencias en discotecas y demás encuentros fortuitos tuvieron que aceptar que se estaban pasando de la raya. Lo hicieron cuando en la noche en que TenTen se paseo por la discoteca con sus amigas vestida de mujer ante los ojos de sus compañeros se encontraron en un rincón oscuro y sin intenciones de luchar dejaron que sus bocas se encontraran, en múltiples ocasiones. En pocas palabras murmuradas se dijeron que ella trabajaba en la escuela, que él era menor de edad, eran alumno y bibliotecaria y que estaban apurando las cosas. Temari le respondió, para irritarlo, que no había una cosa aún y que eso había sido un desliz. Shikamaru, con autosuficiencia, le dijo que nunca la había visto tener un desliz. La joven le susurro que los tenía diario y sin más se soltó de su agarre y perdió entre la gente.
Y allí estaba ella, la misma persona con la que había salido en algunas ocasiones desde que había terminado la época escolar. Temari, sentada, se levanto y emprendió camino para inmiscuirse más entre los jardines. Hasta donde nadie pudiera verlos. Antes el problema era que ellos eran personal escolar y alumno. Después venía el tema de la edad. Pero para el final de aquella semana el principal problema era que ninguno de los dos daba en necesario paso final. Y ella no tenía mucha paciencia.
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Neji se acomodo en la cama, sintiendo el colchón hundirse ante su peso. Su cabello usualmente bien peinado no estaba en sus mejores momentos y sin demaciado movimientos lo acomodo. Sintio el aire fresco meterse por las ventanas abiertas y se reprendio mentalmente por no cerrarlas. Alguien podía verlos, después de todo estaban rodeados de edifcios y perfectamente un vecino con morbosa curiosidad podía estirar su cuello. Iba a levantarse a cerrarlas pero una suave risa le hizo detenerse; TenTen se acurrucaba en las sabanas, cubriendose. Le sonrio a su pareja quien la le correspondio con un esbozo antes de cerrar los ojos y ella se sintió en paz. Podría acostumbrarse a eso, pensó, a acomodarse junto a él y solo disfrutar del silencio. Si, solo disfrutar.
Neji se permitio también cerrar los ojos. El aire los envolvia, de una temperatura natural y refrescante. Podían escuchar a la perfección los ruidos de la calle, incluso desde la altura a la que estaban. El olor de ciudad les inundaba las fosas nasales y el perfume de la joven estaba por todo el lugar. Neji abrio sus ojos cuando la muchacha, envuelta en las sabanas tomo uno de los largos mechones de su pelo oscuro.
— Tienes el pelo largo, sedoso y cuidado — Le susurro, despacio, como si alguien ajeno pudiera oirla — Que envidia.
Neji alzo una ceja pero ella no enclarecio la idea, dejandola en el aire para que se disipara. TenTen volvio a tenderse en la cama pensando cuan facil podía una volverse primiscua si todos los chicos eran como su novio, si, definitivamente estaba agradecida de que fuera solo uno. Aunque si fueran gemelos, se dijo, compartir no era mala idea. Se rió de sus ideas y miro a Neji.
Con el tema de los hermanos, la mente de la muchacha la asalto, para esas horas Larissa ya debía haber enfrentado cara a cara a sus medias hermanas. Su lista de cuestionamientos desaparecio cuando unos labios calidos, humedos, recorrieron sus hombros. Se desconcentro y perdió el hilo de las ideas.
Neji le beso los hombros, subio por su cuello y se perdio en su boca. Olvido, de nuevo, cerrar las ventanas. TenTen se acomodo por inercia, como si eso fuera costumbre. No se enfadaria si eso se convertia en una rutina, claro. Neji paso sus manos, amplias y varoniles, por la espalda de ella, acariciando cada rincón de piel desnuda que tenía a su alcance. Ella, por su lado, se retorcio ante las cosquillas y mordisqueo el lobulo de la oreja de su novio. Ella estaba deshaciendose de las sabanas que los cubrian, dejando a sus piernas rondar por allí. Si, le gustaba eso que compartían.
Era curioso como ella podía reirse en medio de las caricias, y él, sonreir contra su piel cuando pensaba que TenTen no lo miraba. Ella lo sorprendia, y él se dejaba imprecionar. Las pieles, blanca contra dorada, los ojos, nieve y chocolate, y el pelo, oscuro y canela, enredados. Si lo ponían en esos terminos, no había formas de convinarlos. Pero poco importaba, la naturaleza encontraba su curso de la misma forma que ellos lo hacian.
— ¡No me muerdas...! — Exclamo ella, riendo, quitando su hombro del alcance de su pareja.
— Shhh, no seas escandalosa — Le dice al oido y la engaña, cuando succiona y otra marca roja se suma a la lista.
TenTen se resigna, sabiendo que no importa cuanto insista, él hará lo que le venga en gana. Tomó venganza, claro, pero no era lo mismo. Sin saberlo ella misma dejaba marcas en la espalda de él, cuando hundía sus uñas buscando acallar gritos ahogados en su garganta, o cuando se aferraba a él como un naufrago a la orilla.
— Deja de reirte — Neji dijo, viendola retorcerse de risa bajo su peso.
— ¡No... puedo...! — Logro balbucear.
— ¿De que re ries?
— ¡Me haces cosquillas!
Neji sonrio de costado, arrogante.
— ¿Solo cosquillas?
Ella le respondio, entre risas, con una mirada provocativa.
— Solo cosquillas, puedes... mejorar...
Neji se lo tomo como un reto, y ella pensó que podía provocarlo más seguido, solo por diverción. No era culpa de ella que fuese cosquillosa, pero señor, como disfrutaba la lenta agonia.
Más tarde la joven aprecio cuan rápido perdía una la verguenza ante esas cosas. Comenzaba con el maximo pudor, cubriendo lo que se puede, y se avanza hasta llegar a pasearse desnuda con las ventanas abiertas. Miro las ventanas percatandose de que, exactamente, estaban abiertas. Pego un grito con una maldición al ver a un chico de unos diez años mirandolos con los ojos abiertos. Se cubrio con una sabana y corrio todas las cortinas para cerrarlas mientras buscaba su ropa. Neji salio del baño poniendose la remera y la vio, alarmada, vestirse a toda prisa.
— ¿Paso algo? — Cuestiono, al verla.
— ¡Dimos un expectaculo! — Balbuceo, prendiendose el sujetador en la espalda.
Neji observo las cortinas corridas y entendio.
— ¡Traumamos a un niño, a un niño, Neji, lo traumatisamos de por vida! — TenTen se cubrio la cara, apenada — ¡Genial, ahora un niño de diez años no solo me vio desnuda, sino que me vio haciendolo contigo! ¡Excelente!
Neji supo instantaneamente que la cosa la disgustaba lo suficiente para impulsarla a usar el antinatural sarcasmo. Mientras la chica se vestía Neji penso que, de seguro, el niño de seguro supiera a la perfección que hacían. No se lo dijo, solo conseguiría hacerla sentir mal. Por otro lado, también se sentía apenado por el hecho de haberse dado cuenta y no haber cerrado las ventanas. Con un ligero rubor en las mejillas se fue al baño de nuevo, para peinarse, y esperar que la vergüenza desapareciera de su rostro.
De entonces en más, recordarían cerrar las ventanas. Seguro lo harían.
Ella se lo encontro en el baño, aún con los aires alterados y sonrojada hasta niveles insospechados. Sin parar, comenzo a parlotear sobre los futuros traumas que podrían dejar en la cabeza de un niño ante semajante idea, calculando cuanto habría llegado a ver y rememorando lo que habían hecho para medir el daño.
Neji sentía que el calor se acumulaba en su cara de modo que decidio cortar el tema. La beso, mientras ella iba a media palabra y corto su discurso.
TenTen respondio el beso y sonrio.
Sí, se acostumbraria.
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Shikamaru dejo la mochila caer al suelo, sin esparcer su contenido, y camino hasta donde la chica se había acomodado, metros más allá. Temari había ido a los bordes de los dominios de la escuela, tan lejoz que casi nadie iba hasta allí. Se sentó a su lado, a prudente distancia por si alguien los veía. La muchacha parrecía estar esperando a que él iniciara la conversación, por lo que desganadamente la complacio.
— ¿Te tomaste la molestía de venir a verme?
Temari los fulmino con la mirada.
— No te tengas en tal alta estima, Shikamaru.
Con una facilidad imprecionante, ella amenazaba su ego de tal forma que era intimidante. Con su porte de reina, sus aires educados, su comportamiento siempre irreprochable, nadie pensaría que ellos se encontraban en aquel lugar. Tampoco hacían gran cosa, se dijo, pero se prestaba a diversas interpretaciones.
Temari suspiró, a sabiendas que no importaba cuantas silenciosas oportunidades le otorgara a ese bueno para nada, él no tomaría las riendas por medio de indirectas o silencios oportunos. No, ella tendría que empujarlo al borde para que Shikamaru actuase como un tipo normal lo haría.
— ¿Y, vago? — Llamo la rubia, acomodandose junto a él e inclinandose. — ¿Donde tengo que infiltrarme para que me invites a salir?
Shikamaru le sonrio y miro al cielo.
— ¿Castañas asadas en el centro esta bien para tí, o prefieres una escuela?
Temari le dio una sonrisa aguerrida.
— La escuela se la dejo al Hyugga y a TenTen, quiero castañas y, vago — Llamo su atención — Tu pagas.
Shikamaru asintio y le tomo la nuca en un movimiento rápido para un sorpresivo e improvisado beso.
—Es un trato justo. — Sentenció.
Oh, si, muy justo.
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Último capitulo. Para serles sincera pensé que es un final algo insulso, a pesar de que el epilogo es un poco más llenador, es más corto. Se acabo, aún no me lo creo. Supongo que no me queda más que agradecerles a todos aquellos que siguieron la historia, a todos los favoritos y los comentarios. Finalmente, este es mi primer long-fic terminado y me siento orgullosa de haber llegado hasta aquí. Muchas gracias a todos por sus animos y si, seguire escribiendo NejiTen, aunque de momento tengo los ojos puesto en mi nueva historia que termine publicando hoy mismo con este capitulo aunque aún me queda una semana de vacaciones agitadas porque tengo que viajar hasta las cataratas de Iguazu y después volver a casa.
A este ritmo se me atrofiara el trasero de tantos kilómetros viajados.
Estoy triste por terminar, pero todo tiene un final.
¡Gracias a todos por su paciencia!
Danny (Nocturnals)
