Karamatsu e Ichimatsu viajaron en la motocicleta por poco más de una hora. El mayor no iba demasiado rápido y tenía cuidado al conducir, obedeciendo todos los señalamientos y deteniéndose por completo cuando era prudente, incluso en carretera. Ichimatsu disfrutó el paseo más de lo que esperaba. Cuando iban en la autopista, Ichimatsu pudo ver varios campos de cultivo, colinas y lagunas a la distancia. Todo mientras se sostenía fuertemente de su hermano mayor. A su vez, Karamatsu sentía los brazos del otro joven rodeándolo; ese contacto lo hacía sentirse nervioso de buena manera. Extrañaba tanto abrazarlo como no tenía una idea.
Cuando llegaron a una de las ciudades vecinas, Karamatsu se detuvo en un aparcamiento cercano a la estación del tren.
El mayor se quitó el casco, y al voltear con el menor pudo ver que… en el momento que Ichimatsu se quitó el suyo, ya estaba igual de despeinado que siempre. Eso lo hizo reírse un poco.
-¿Qué? – Inquirió belicoso el menor.
Karamatsu sonrió. –Nada… Sólo… te miro y recuerdo porqué me gustas tanto… - Un intenso golpeteo en el pecho atacó al menor.
-Éste tonto… como siempre tan sincero. – Ichimatsu se sentía ansioso por expresarle a su hermano cuánto le gustaba también, pero nunca podía. -¿Por qué no me salen las palabras? –
Al ver a Ichimatsu pensativo, el mayor dedujo que tal vez era porque sus propias palabras lo habían incomodado; rápido cambió de tema.
-Puedo dejar la motocicleta aquí, por suerte el estacionamiento está bien vigilado, sólo iré a pagar la cuota. Ya regreso. – Mientras fue a hacer eso, Ichimatsu se quedó pensando.
-¿Qué pude haberle respondido en ese caso? "Creo que también me gusta el valor que tienes para mostrar tu dolorosa personalidad". No… eso no está bien… "Admito que siempre admiré la seguridad que tienes en ti mismo, a pesar de que indudablemente terminas haciendo el ridículo." ¿Eh? ¿De dónde salió eso? No puedo creer que ni siquiera en mis pensamientos puedo decirle algo amable… - Se reprendía.
-Piensa… Algo amable… Algo… amable…
Hmm… -
Supongo que al menos… puedo decirle…
… Decirle… cuánto…
Me… gusta…
¡Ahhh! ¡Maldición! ¡Es tan vergonzoso! ¡¿Cómo puedes decírmelo todo el tiempo, Kusomatsu?! – Ya tenía ganas de jalarse el cabello por la zozobra.
Temblando ante esa idea, miró que Karamatsu ya venía de regreso.
-Bien, cálmate. Puedes hacerlo… Al menos una vez, puedes decírselo... –
-¿Ichimatsu? Estás muy rojo, ¿te sientes mal? –
-¿Eh? ¡Ah! No… no es nada… Tal vez un poco mareado por el viaje. – Mintió.
-Oh… ¿Te parece si vamos por algo de beber? Tal vez necesitas refrescarte. –
-Ah… sí… seguro. –
-Ésta es una ciudad provincial, por lo que no comparte la algarabía de una metrópoli. Sin embargo hay muchas cosas que ver aquí. Hablé un poco con el encargado y me recomendó algunos lugares que podemos visitar. –
-… Está bien. –
-Apenas son las tres, así que tenemos aún toda la tarde para divertirnos. –
-¿Divertirnos? – Al mirar la sonrisa entusiasmada de su hermano, se decidió a intentar corresponder su emoción. Él mismo se sentía emocionado, pero no podía exteriorizarlo como le gustaría, así que se limitó a sonreír tenuemente. A Karamatsu le bastó.
Mientras caminaban rumbo a alguno de los sitios que le recomendaron al mayor, ambos hermanos relataron con más detalle sus experiencias en sus respectivos trabajos.
-Estoy muy orgulloso de ti, Ichimatsu. Se puede decir que ese trabajo está hecho para ti. Me siento algo culpable por pedirle a Jyushimatsu que te supla si te llaman. –
-Hmm… está bien, él puede hacerlo. –
-Je, sí, tienes razón… Lamento haberte pedido salir de forma tan repentina. Pero… me siento muy emocionado por poder salir contigo… -
-Yo también… - Otra vez, pensamientos que no podía manifestar abiertamente.
-Muchas gracias, Ichimatsu. –
-Karamatsu… - El joven de mirada decaída se detuvo un momento, quedándose un par de pasos atrás.
-¿Ichimatsu? –
-… Karamatsu… yo… -
Antes de poder decir otra palabra, el barullo de una multitud de estudiantes de secundaria que doblaron la esquina de la calle lo interrumpieron.
-¡Hola! – Gritó alguna chica de un grupo de seis que rápido se aproximaron a Karamatsu en cuanto lo miraron.
-Estamos en nuestro día libre en la excursión de nuestra escuela. Nos preguntábamos si te gustaría ir a beber algo con nosotras. – Las chicas se empujaban entre ellas, como si estuvieran peleando para ver quién podía estar más cerca de él.
-¿Cómo es que las estudiantes de hoy en día son tan atrevidas? – Pensó Ichimatsu, al mismo tiempo que imaginaba lo que sucedería después. El idiota de Kusomatsu feliz y entusiasmado por la atención, invitándolo a unírsele junto a las "Karamatsu girls", y él… sintiéndose incómodo hasta el extremo…
Entonces, justo cuando otro grupo de chicas le echó un vistazo a Ichimatsu y de inmediato quisieron acercarse a él también, el joven de ceño fruncido rápidamente se adelantó y las interceptó.
-Lo lamento, beautiful ladies. Éste chico ya tiene una cita. –
-¿Ehh? – Reclamaron las féminas al unísono. Karamatsu tomó de la mano a su hermano menor.
-Lo siento. Espero que se diviertan el resto de su viaje. Goodbye. – Y a paso veloz, se retiró de ahí junto con un aturdido Ichimatsu.
Dos calles más adelante, el joven despeinado se dio cuenta de que su hermano mayor aún no lo soltaba.
-¡Fiu! No pensé que éste lugar fuera sede de excursiones escolares. –
-Karamatsu. –
-¿Hmm? –
-Suelta mi mano… Estamos en público. – El mayor echó un rápido vistazo alrededor.
-No parece haber nadie en esta calle. –
-… Eso no importa. Ya te lo he dicho… nada de ésto en donde puedan vernos. – Después de la reprensión, Karamatsu lo soltó.
-Lo lamento. – Al mirar su rostro decepcionado, el joven decaído se odió a sí mismo. –Aunque intente evitarlo… siempre termino haciéndote sentir mal. –
-Descuida, Ichimatsu… Entiendo que… nuestra situación es complicada. No sólo somos hombres… también somos hermanos… y por si eso no fuera suficiente… nuestra apariencia es prácticamente la misma. – Cuanto más lo pensaba, más insólito e incluso risible le parecía, y sabía que Ichimatsu pensaba igual; de hecho, él era más consciente de ello que Karamatsu mismo.
El joven de jersey lavanda miró lo pensativo y frustrado que se había quedado su hermano mayor por su culpa.
Éste último quiso seguir caminando, pero de repente sintió un ligero tirón en su ropa. Como si su mano se hubiera movido por sí sola, Ichimatsu jaló la gabardina de Karamatsu, deteniéndolo.
-… ¿Ichimatsu? –
-Yo… también quisiera caminar contigo mientras nos tomamos de las manos… Quisiera abrazarte y…
Quisiera… -
-¿Ichimatsu? ¿Qué tienes? – Preguntó al ver su mirada tan decaída.
-Vamos… dile lo que sientes… - Se exigía.
Karamatsu suspiró, y acarició la cabeza del menor, interrumpiendo su pensar. Al mirarlo éste le sonreía con gentileza y comprensión.
-Ichimatsu… No te angusties… Prometo que no haré nada que te haga sentir incómodo… –
-… Karamatsu… -
-Hay que esperar hasta estar a solas. – Le guiñó un ojo. Ichimatsu se sonrojó mucho. Pronto volvió a caminar y se adelantó para que el mayor no pudiera ver su bochorno. –Sigue siendo el mismo… - Resopló aliviado.
Ichimatsu no era ningún tonto. Sabía bien las intenciones de Karamatsu al traerlo a otra ciudad y pedirle tener una cita. Eso lo colmaba de nervios.
Mientras caminaba a paso apresurado, pudo ver a la distancia una estructura bastante grande. Se detuvo.
-Oh, eso es un centro comercial, ¿cierto? Vaya, es enorme. – Karamatsu estaba detrás de él. Recargó la barbilla en su hombro mientras hablaba. El joven despeinado crispó sorprendido. –Es raro en éste tipo de ciudad, tal vez sea el único que hay. –
-Y acabo de decirle que no haga éstas cosas en público… - Aunque por un momento lo soslayó por completo. -Karamatsu está… muy cerca… Puedo oler su colonia… y el fijador de su cabello… - Inconscientemente recargó su espalda en el torso de su hermano, sorprendiéndolo.
-… ¿Ichi… matsu? –
-¿Eh? – El menor se dio cuenta del arrobamiento que le provocó su hermano. Avergonzado, rápido se separó de él.
Karamatsu volvió a suspirar.
-Oye Ichimatsu, ¿quieres ir de compras? Necesitamos comprar un cambio de ropa, ¿recuerdas? –
-Es cierto… él quiere quedarse un par de días… Hmm… Está bien. –
-Great! Entonces vamos. -
•••
-Recuerdo que… la última vez que fuimos a un centro comercial fue cuando él… me compró el llavero que tengo ahora… - Ichimatsu recordaba ese día como si hubiera sido ayer. Karamatsu recién se había recuperado de la terrible fiebre que empezó a padecer el mismo día que tuvieron esa improvisada cita, cuando aquella noche su hermano lo buscó sin descanso bajo la lluvia…
-Es verdad. Esa noche… reconocí mis sentimientos por él. Es curioso cómo ese momento parece tan lejano y cercano al mismo tiempo… - Lo miró caminando junto a él. –Y ahora… a pesar de todo… sigue aquí a mi lado… -
Nadie agitaba su corazón como Karamatsu… Y más que nunca sentía la necesidad de hacérselo saber.
-Tengo que decírselo… Y tiene que ser hoy... –
-¿Ichimatsu? –
-… ¿Uh? – De nuevo se perdió en sus pensamientos.
-Te veo muy absorto, ¿seguro que estás bien? –
-Sí, no es nada. Eres tú el que me tiene así, Kusomatsu… -
-Mira, ahí hay una tienda de ropa. ¿Vamos? –
-Sí… -
•••
Cuando entraron se separaron; Ichimatsu fue a mirar algunas camisetas y lo primero que notó es que eran bastante costosas. Rápido fue directo con su hermano.
-Karamatsu. – Le susurró para que no lo escuchara ningún empleado.
-¿Qué pasa? –
-Aquí la ropa es muy cara, mejor vámonos… no tengo tanto dinero… - Siguió hablando en voz baja.
-No te preocupes por eso, my dear. Yo te pedí venir de improviso, así que ésta vez corre por mi cuenta. – El joven de largas pestañas resplandecía dolorosamente. Hacía tiempo que Ichimatsu no lo veía así.
Lo pensó un momento. -… Bien, como quieras, entonces tomaré algo. - La pena que le provocó lo hizo apartarse otra vez.
-¡Tch! No puedo creer que extrañara verlo actuando así. Lo que siento por él me ha hecho perder la cordura… - En parte, no sabía cuánta razón tenía. El joven despeinado obvió su propio pensamiento, pero su agitado corazón lo reafirmaba sin lugar a dudas.
Mientras tanto, Karamatsu se estaba comenzando a preocupar. No sabía porqué su hermano menor estaba tan pensativo.
-Ichimatsu sigue siendo tan reservado como siempre. ¿Se sentirá incómodo? ¿Tal vez no quería venir y sólo se obligó a darme gusto? Quisiera saberlo… Quisiera… que confiara más en mí… Debo esforzarme más… -
-¿Kusomatsu? –
-¡¿Ah?! ¡¿Sí?! ¡¿Qué pasa, Ichimatsu?! –
-¿Eh? ¿Qué diablos pasa contigo? ¿Por qué gritas? – El menor volteó a ambos lados, cerciorándose avergonzado de que nadie los viera.
-¡Ah! Lo lamento… Es que estoy muy feliz y no puedo contener la emoción, je-je. – Rio nervioso. Ichimatsu arqueó una ceja y guardó silencio.
-Mira, escogí algo. Ya vámonos. – El mayor vio el sencillo conjunto que eligió.
-¿Estás seguro de que eso es lo que quieres? –
-… Sí. –
-Oh, vamos, no tienes porqué contenerte. Hay que probarnos la ropa antes de comprarla. Vamos a los vestidores. – En ese momento el joven de mirada tranquila supo cuán débil se había vuelto ante la sonrisa de Karamatsu. No pudo decirle que no.
Aunque… rápido se arrepintió.
Karamatsu se probaba combinaciones de ropa y se exhibía ante Ichimatsu como si estuviera en una pasarela de modas. Era tan vergonzoso… Sin embargo, no podía negar que le gustaba verlo.
-¿Cómo me puedes parecer atractivo? No verte por tanto tiempo me atrofió la vista… -
-¿Y bien? ¿Cuál te gusta? –
-Hmm… el tercero. –
-¿En serio? ¡También fue mi favorito! Estamos más sincronizados que nunca, my kitty. –
El menor quiso decirle que cerrara la boca, pero le fue imposible. –No cuando me sonríes así… -
-Well, your turn! –
-… Pues qué otro remedio… - Renegó en silencio.
Ichimatsu se probó al menos cuatro vestimentas. Era cansado hacer eso, pero Karamatsu se veía fascinado cada vez que salía y se mostraba ante él.
-No puedo elegir, te ves muy bien con todo. – La expresión que hizo cuando dijo eso abochornó tanto al menor que rápido volvió a esconderse en el vestidor.
Pero al cerrar la cortina, el mayor irrumpió en el cubículo.
-¿Qué haces? ¡Sal de aquí, idiota! – Intentó musitar para no hacerse escuchar.
-En un momento. – Respondió Karamatsu con seriedad, acercándose peligrosamente a él.
-¡No! Espera… Kara… - No pudo terminar de hablar. El muchacho de largas pestañas había entrado para robarle un beso, decidido a no salir de ahí sin él.
La sensación de sus labios era más embriagadora que nunca. Fue un beso pequeño pero profundo; a pesar de todo era consciente de que no podía ser descuidado.
Cuando se separaron, Karamatsu lamió de sus labios la dulce saliva de Ichimatsu.
-Perdóname… Es muy difícil contenerse cuando veo una oportunidad así. – Le susurró cerca del rostro… muy cerca. El menor se había sonrojado tanto que podía sentir muy bien cómo su cuerpo ardía por dentro. Se quedó mudo.
-El conjunto que traes puesto ahora se acaba de convertir en mi favorito. ¿Puedes llevarlo? –
-Nh… Bien… - Volteó rápido y tímido hacia un lado.
-Tan lindo… -
•••
Al salir de la tienda, Ichimatsu estaba muy nervioso. Después de cambiarse de ropa para pagarla, el joven despeinado notó que el mayor también había comprando ropa interior.
-Es obvio, por supuesto. – La situación estaba más presente que nunca e Ichimatsu lo aceptaba; de hecho también lo deseaba mucho más de lo que quería admitir. Pero aún así… no podía evitar sentirse demasiado nervioso ante la sola idea de que… Karamatsu y él…
-Él y yo… Él… y yo… vamos a… - Cerró sus ojos con fuerza. -Debería… decirle cómo me siento primero… -
-Lo siento, Ichimatsu. –
-¿Ah? – El mayor había detenido el paso. El menor ni siquiera había visto lo pensativo que estaba su hermano.
-Te confieso que… imaginé una cita contigo muchas veces. Cuando estaba lejos de ti sólo podía pensar en verte y poder estar junto a ti a solas. –
-Kara… matsu… -
-Probablemente pienses que es una tontería, pero en serio nos imaginé teniendo una cita como cualquier pareja normal. –
-… ¿Pareja? –
-Tú sabes… ir de compras, al cine, al parque de diversiones o a un acuario. Y después… invitarte a cenar a un restaurante elegante a la luz de la velas… Yo… pensé en todo eso… -
-… Karamatsu. – Su doloroso hermano mayor, como siempre… un romántico sin remedio.
-Creo que me precipité. Debí haberlo planeado mejor… Te prometo que la próxima vez… -
-Suficiente. – Ichimatsu lo calló de súbito. El joven preocupado miró el temple sereno de su hermano menor.
-Como siempre… sólo te preocupas por tonterías. –
-… ¿Hmm?… -
-Rentaste una motocicleta... Te confieso que me asusté y me emocioné al mismo tiempo pero créeme que disfruté mucho de la vista mientras veníamos hacia acá. Elegiste traerme a una ciudad tranquila porque sabes que no soporto las multitudes. Y antes de eso me llevaste a una cafetería con gatos… ¿Y tú piensas en una cita normal? ¿Cómo es que terminas creyendo que no te esfuerzas lo suficiente? –
El mayor no pudo discrepar nada. Ichimatsu colocó con suavidad la palma de su mano en el pecho del otro, con una sutil pero dulce sonrisa en su rostro.
-Aún queda mucho tiempo para que termine el día, y yo ya me sorprendí y divertí más de lo que creí posible. Gracias, Karamatsu nii-san… - Al mayor le brillaron sus ojos, conmovido y a la vez emocionado.
-… Quisiera abrazarte ahora mismo… - Sabía que él no se lo permitiría, así que sólo tomó la mano que lo estaba tocando y le sonrió con ternura.
-Te amo, Ichimatsu... -
-Karamatsu… - Esa misma sonrisa… Esa misma perenne ternura que estrujaba tanto el corazón del menor... –Díselo también, tonto… -
-Umm, yo… A-a… - Karamatsu lo soltó, pensando que se había incomodado.
-Je, lo siento… estreché tu mano mucho tiempo. – Algunas personas se les quedaron mirando, de hecho. Pero Ichimatsu ni siquiera lo notó. Él sólo podía pensar en lo que quería decirle.
-Maldición… ¿Qué pasa conmigo? - Se reprochó. -Karamatsu… -
-Descuida, es mi culpa. Mira, hay una tienda de música por allá. ¿Quieres ir? –
- … Está bien. – Sin otra opción, lo dejó pasar por esa vez.
•••
Después de entrar a la tienda de música y comprar algunos discos, el segundo y cuarto Matsuno pasaron otro par de horas recorriendo las tiendas. Fue inusualmente entretenido. Ichimatsu por un momento olvidó los nervios al saberse en una cita. Karamatsu siempre se las ingeniaba para hacer que se sintiera cómodo con él. En ese rato, el mayor compró recuerdos para sus hermanos en casa, y para él, otras gafas oscuras, un espejo de bolsillo y más cachivaches inútiles; lo eran para Ichimatsu al menos. Después de la ropa, el menor hacía todo lo posible para que su hermano no gastara otro centavo en él.
-No pensé que fuéramos a estar aquí y por eso no cargué con mucho dinero. Seguro también lo hiciste a propósito, Kusomatsu… -
Mientras seguían caminando, pasaron frente a una juguetería y de repente algo le llamó la atención a Ichimatsu. Se detuvo por completo.
En el aparador habían varios peluches, y en una de las esquinas, casi escondido… había uno pequeño, del tamaño de su puño. Un gato púrpura con mirada de pocos amigos...
-No puede ser… es idéntico a mi llavero… -
Karamatsu se detuvo y lo miró. -¿Qué está viendo? – Cuando le echó un vistazo, se percató y sonrió.
El joven despeinado no se dio cuenta de que estaba tan cerca que tocaba el cristal con la nariz.
-Me pregunto si podré llevármelo. – Buscó la etiqueta con el precio, cuando la encontró se sorprendió de mala manera. -¡¿Cinco mil yenes?! ¡¿De qué está hecha esa cosa?! – Suspiró. –Imposible… no puedo pagarlo. Apenas tengo el dinero justo para evitar que Karamatsu pague la cena… - En ese momento miró cómo una trabajadora tomaba el peluche y se retiraba de ahí. -¿Eh? ¿Alguien lo compró? No puede ser, qué mala suerte tengo. Bueno… no es como si pudiera habérmelo llevado yo de cualquier modo. – Suspiró de nuevo decepcionado y se dio la vuelta. Karamatsu no estaba.
-¿Ah? ¿A dónde se fue? Creo que se adelantó sin darme cuenta. – Justo cuando estaba a punto de buscarlo, sintió unos leves golpeteos en el hombro. Al girarse vio a Karamatsu con el peluche que estaba viendo; se lo estaba mostrando con una gran sonrisa en el rostro.
-Te gustó, ¿no es así? – Ichimatsu no se movió ni dijo una palabra..
-Vamos, tómalo. – Seguía sonriendo satisfecho. Con la mano temblorosa, el menor lo tomó.
-Jeje, ¿por qué te avergüenzas? – Era muy obvio incluso para Karamatsu. Su querido hermano menor tenía la cara tan roja que era imposible no notar el bochorno que sentía.
-¡C… Cállate! –
-Eres tan lindo… - Ichimatsu, avergonzado el límite, se guardó el pequeño peluche en el bolsillo y de inmediato jaló de la ropa a su alegre hermano.
-¡¿Cuántas veces tengo que decirte que dejes de llamarme lindo, Kusomatsu?! –
-Jejeje, I'm sorry! I'm very sorry! – Seguía sonriendo.
•••
Poco rato después, ya habían recorrido casi todo el centro comercial. Luego fueron a descansar a una plaza en el centro del lugar.
Karamatsu sentía que no podía estar más feliz. Ichimatsu parecía estar satisfecho; se veía de buen humor y eso lo alegraba mucho.
-¿Tienes hambre, Ichimatsu? –
-Hmm, supongo que podría comer algo. –
-Mira. – Señaló. –En ese local venden crepas, ¿quieres una? –
-Está bien. – Karamatsu se puso de pie.
-Espera, te acompaño. –
-No, no. – Lo detuvo el mayor. - Yo iré, quédate aquí. – Al verse obligado a esperar, Ichimatsu divagó un poco.
-Karamatsu no deja de sonreírme… Me… alegra. Creo que eso me dará más confianza para decírselo… - Soñaba despierto, pensando en cómo podría expresarle sus sentimientos y en la expresión que su hermano mayor haría cuando se lo dijera.
Entre tanto, Karamatsu esperaba su pedido. Echó un vistazo alrededor y miró que habían muchas familias ahí.
-Bueno, es normal. Es domingo después de todo. – No muy lejos, pudo ver a Ichimatsu. –Me pregunto en que estará pensando… -
Sentado esperando, Ichimatsu miraba lo mismo. Familias y parejas en la plaza, conviviendo felices. Con su forma de vestir, su hermano destacaba; robando varias miradas de las féminas que pasaban por ahí. Lo notó desde que llegaron.
-Me pregunto si… Karamatsu trajo a su novia a éste tipo de lugares. – Pensar en eso lo puso melancólico; cambió la expresión en su rostro. –Hmm… es obvio que sí… Es lo que se supone que hacen las parejas. –
Ser pareja… -¿Nosotros… lo somos?... ¿Realmente podemos serlo? No… creo que es imposible… -
Al mismo tiempo, el joven de gabardina negra no dejaba de mirar al muchacho despeinado viendo a las familias…
Karamatsu bajó su mirada… pensativo…
-¿Señor? ¿Señor? –
-¿Uh? –
-Su pedido, señor. –
-¡Oh! Sí… muchas gracias. -
Al acercarse a su hermano, Karamatsu sólo podía pensar en lo mucho que deseaba que dejara de hacer esa expresión.
-Aquí tienes, Ichimatsu. Pedí crema pastelera extra para ti. – Sabía que le gustaba. El menor no lo miró a los ojos. Nunca sabía cómo manejar sus mimos.
Ichimatsu no sospechaba que esa actitud estaba empezando a pesarle a su hermano mayor…
•••
-Bien, ¿qué te parece si nos vamos ya? Seguramente habrá mucho que ver allá afuera. – Pidió el mayor cuando terminaron de comer. El joven despeinado asintió.
-Sólo… quiero salir de aquí… - Conocía la razón de su incomodidad, pero Ichimatsu no tenía la culpa; y claro que no quería hacérselo saber. Sin embargo, Ichimatsu lo notó un poco más serio.
-Karamatsu. –
-¿Sí? Dime. –
-¿Por qué estás… - De repente el llanto de un infante lo interrumpió. Era una niña… llorando sola cerca de la salida del centro comercial.
Karamatsu rápido se acercó a ella.
-Hola, pequeña. ¿Estás sola? ¿Dónde están tus padres? – La pequeña lo miró.
-Yo… no… no sé… estaban aquí pero… ya no están… - Sollozaba, apenas se le podía entender.
-No te preocupes, estoy seguro de que están muy cerca. – Intentó sonreírle pese a la preocupación.
-Ichimatsu, iré por un guardia de seguridad. Quédate con ella, ¿puedes? – Sin esperar respuesta, el joven de ceño fruncido se fue.
-¡Espera! Yo no sé… No sé cómo tratar con los niños… - La niña seguía llorando. Ichimatsu, nervioso aún, se obligó a tranquilizarse y se acercó a ella.
-Tú te pareces al otro señor. – Le dijo con la sinceridad propia de un párvulo. -¿Dónde está mi mamá? – La niña seguía llorando, moqueando y balbuceando.
Ichimatsu se puso en cuclillas, rezando para que su expresión no la hiciera correr lejos de él.
-Estoy seguro de que tu mamá regresará pronto. Es como dijo mi hermano; deben estar muy cerca. Así que no te preocupes, ¿bien? –
-Ohh es tu hermano. – Se sorprendió la pequeña. –¿Por eso se parecen? Pero… yo no me parezco a mi hermano. ¿Por qué ustedes sí? – Siguió interrogando con su curiosidad infantil. Lentamente dejaba de llorar.
-Emm… eso es porque… hay muchos tipos de hermanos… Algunos se parecen, y otros no… -
-¿De verdad? ¡Quiero decirle a mi mamá que quiero una hermanita que sea igual a mí! – Exclamó entusiasmada, pero pronto ese entusiasmo se tornó en tristeza.
-Mi mamá… ¡Quiero a mi mamá!… ¡Buaaa! – Comenzó a llorar de nuevo, y ahora era peor. Ichimatsu se puso muy nervioso, no sabía qué hacer.
Pero entonces tuvo una idea.
Sacó le peluche de su bolsillo y se lo mostró.
-Mira. –
-Sniff… ¿Es… un gatito? –
-Sí. Éste gatito es muy especial. Le da buena suerte a quienes lo acarician. ¿Quieres probarlo? –
-… ¡Sí! – La pequeña tomó al minino de peluche en sus brazos y lo empezó a acariciar.
-Por favor, quiero ver a mi mamá, gatito. – Le pedía.
Ichimatsu no lo sabía, pero Karamatsu vio el momento cuando le entregó el peluche a la niña antes de llegar en su encuentro.
-¿Karamatsu? ¿Tuviste suerte? –
-Sí, me encontré con el guardia de seguridad y también está buscando a ésta pequeña, por eso no está aquí. Buscará a sus padres y los llevará al módulo de información. Hay que llevarla ahí también. –
-Está bien. – Ichimatsu le ofreció su mano a la niña. –Vamos, tu mamá te está esperando. –
-¡Sí! ¡Veremos a mamá, gatito! – Exclamó alegre, hablándole al peluche. -¡Onii –chan tenía razón, eres de buena suerte! –
Karamatsu caminaba detrás de ellos. No dijo una palabra.
Cuando llegaron, la madre ya estaba ahí, en cuanto se miraron ella y la niña corrieron y se abrazaron.
Después del emotivo encuentro, Ichimatsu miró cómo la joven madre le agradecía la ayuda a su hermano mayor.
-No tiene nada qué agradecer, fue mi hermano el que cuidó a su pequeña. – La mujer se inclinó respetuosamente frente a Ichimatsu para agradecerle.
-No… no es nada… - Le dijo apenado.
-Hija, ¿cómo se dice? –
-¡Gracias, onii –chan! – El joven despeinado le sonrió. Luego, nervioso miró el peluche.
-¿De dónde sacaste eso? - Preguntó la joven madre.
-Onii –chan dice que es de buena suerte, ¡y es cierto! Gracias a él te encontré. –
-Está muy bien, querida. Pero ya debes devolvérselo. –
-¿Qué? ¡No! ¡No quiero perderte de nuevo, mami! ¡Quiero tener buena suerte! –
-… Pero… no, hija… no debes… - La mujer se avergonzó por la actitud de su niña.
Ichimatsu le echó un vistazo a Karamatsu; él no lo miraba. –Lo lamento… -
-E… Está bien, puede quedárselo. –
-¿De verdad? – La mujer suspiró aliviada. –Se lo agradezco mucho. –
-… No hay problema. –
-Hija, agradécele al joven. –
-¡Sí! ¡Muchas gracias, onii –chan! –
Poco después, ambas se marcharon. Ichimatsu de inmediato volteó con su hermano mayor.
-Karamatsu… lo lamento mucho. Yo… no quería que se lo llevara pero… -
-¿Hmm? Oh, no te preocupes por eso. No tuviste alternativa… yo entiendo. – Le sonrió. Pero… Ichimatsu notó que esa fue una sonrisa forzada.
-¿Nos vamos? – Preguntó el mayor. Cuando el menor respondió afirmativamente, notó un cartel pegado en la pared que pronto le llamó la atención.
-Karamatsu. – Éste volteó.
-Mira, aquí dice que hay una noria no muy lejos. ¿Qué te parece si vamos? – Era la primera vez que él mismo proponía algo. Pensó que cualquier cosa estaría bien para que Karamatsu volviera a sonreírle como antes.
Karamatsu notó muy bien su esfuerzo, y claro que aceptó.
-¿Te parece si vamos en la motocicleta? Para llegar más rápido. –
-… Claro. –
Ichimatsu pensaba que haber regalado el peluche lo había molestado y eso le preocupaba. A pesar de que su hermano no se veía molesto, tampoco se veía feliz… Su cara no expresaba nada y eso lo inquietaba mucho más que cualquier otra cosa.
•••
El trayecto en la motocicleta duró veinte minutos. A mitad de camino Karamatsu se detuvo ante un semáforo en rojo. Volteó al otro lado de la calle y vio una iglesia; se estaba efectuando una boda de estilo occidental.
-Así que también hay este tipo de iglesias en ésta ciudad… - Los novios estaban saliendo del recinto y todos los invitados aplaudían y celebraban. Karamatsu miró la escena con una expresión en blanco bajo el casco. Sintió a su hermano menor… éste tenía la cabeza recargada en su espalda, mirando en dirección a la iglesia también… pero enseguida volteó del lado contrario, como si no quisiera ver aquello. El mayor lo sintió demasiado bien ya que Ichimatsu tenía su casco puesto también.
… El menor se sostuvo de él con más fuerza.
-Ichimatsu… - Karamatsu recordó los sueños que tuvo… en donde Jyushimatsu, vestido como un metafórico ángel, le preguntaba a él, llamándolo "padre", si tenía pecados…
-Tsk… Irónico… recordar eso aquí. – Se irritó.
Ichimatsu por su parte… al ver esa boda pensó en cuán cerca estuvo de volverse realidad para aquel a quien rodeaba con sus brazos…
-Esos novios… podrían ser él y alguna mujer… Como es normal… como se supone que debe ser… - Se giró para no ver esa escena, que fue lo que sintió el mayor en aquel momento.
-Aún no hay nada seguro. Aunque seamos hermanos y conozcamos todo acerca del otro… aún así nunca seré una buena pareja para él como lo sería una mujer… -
De nuevo ese término. –Su pareja… -
Ichimatsu no pudo evitar sentir miedo…
-Ni siquiera le he dicho con palabras lo que siento… - Abrazó a Karamatsu más fuerte. Fue lo que él sintió también antes. -¿Realmente puedo ser su pareja? ¿Puedo ser... su… amante?... -
En cuanto el semáforo cambió de color, el joven conductor aceleró. Aumentó tanto la velocidad que Ichimatsu se asustó, incluso por un momento hizo de lado lo que estaba pensando.
-¡Karamatsu! – El ruido era muy fuerte, pero su hermano pudo escucharlo y de inmediato desaceleró.
•••
Pronto llegaron a su destino; la noria era alta y grande, así que se veía desde lejos. Al llegar, el crepúsculo ya se reflejaba en el horizonte.
Cuando Karamatsu llegó a estacionar y ambos descendieron, Ichimatsu le recriminó por subir tanto la velocidad antes; el mayor se disculpó mucho con él.
Aunque, el menor haya aceptado sus disculpas… –Tampoco fue para tanto. – Sabía que su hermano estaba extraño desde antes, en el centro comercial.
-Estoy seguro que está molesto porque le di a esa niña su regalo. Debo disculparme con él apropiadamente. -
-Genial, podremos ver el atardecer desde arriba. – A pesar de todo, Karamatsu intentaba sonar animado.
Al entrar y comenzar a ascender, pronto vieron que el paisaje era fantástico. No sólo se veía casi toda la ciudad, también se podía ver el océano a lo lejos, que es donde se estaba poniendo el sol. El agua resplandecía como oro fundido.
Cada vez que una cabina llegaba arriba del todo, se detenía por unos dos minutos para que las personas pudieran disfrutar de la vista.
Los Matsuno se habían sentado uno frente al otro. Ichimatsu miraba a su hermano mayor contemplar el paisaje… y por un momento se quedó absorto viéndolo a él en vez de al exterior.
El mayor volteó y lo miró a los ojos, Ichimatsu sintió al instante el peso de la mirada de su hermano sobre él…
-Maldita sea, ¿por qué estoy tan nervioso? –
-Ichimatsu. –
-¡¿Hmm?! ¿Qué pasa? – Aumentó el volumen de su voz sin querer.
-¿Puedo sentarme a tu lado? – El menor sintió cómo su corazón casi se le sale del pecho.
-Uh… S… Sí… está bien. – El mayor sonrió y fue a sentarse junto a él.
-No puede ser… No debería estar sintiéndome así… -
-¿Sabes? También pensé en un escenario como éste. Tú y yo en una noria, disfrutando de un bello paisaje… Aunque sinceramente lo vi muy poco probable comparado con todo lo demás que había imaginado. Y míranos ahora… Aquí estamos. –
-Karamatsu… -
-Me alegra estar aquí contigo, Ichimatsu. –
-A pesar de que dices eso… y estás sonriendo… ¿Por qué no te ves feliz?... –
-Karamatsu. –
-¿Sí? ¿Qué pasa? –
-Vamos… díselo… No volverás a tener una mejor oportunidad que ésta. – En efecto, tenía razón. Estaban solos, mirando el bello atardecer… hombro con hombro… e Ichimatsu ya comenzaba a desesperarse por no ser capaz de expresarle sus sentimientos.
-Karamatsu… yo… -
-Ichimatsu. – Lo interrumpió. -Estamos en la cima. No subiremos más que esto. –
-¿Ah? ¿Y eso qué impor… - No lo dejó terminar. De súbito, Karamatsu lo besó. No pudo ni respirar. Cuando el mayor se apartó un poco, el joven sorprendido tomó una gran bocanada de aire.
-… ¡¿Qué haces?! –
-Estaba esperando llegar hasta aquí. Éste es el único lugar en donde estoy seguro que no podrán vernos. –
-… Deberías estar mirando afuera… Te perderás de la vista… - Le dijo intentando encubrir su vergüenza.
Karamatsu sonrió y acarició la mejilla de Ichimatsu con la yema de sus dedos.
-¿Pero qué dices? Si no hay nada más hermoso que lo que estoy mirando justo ahora… - Ichimatsu inclusive olvidaba cómo respirar correctamente… El joven enfrente suyo siempre se llevaba todo de él… Hasta su propio raciocinio. –Y pensar que detestaba que hablaras así… -
-… Me siento aliviado… - Mencionó de repente el menor en voz baja.
-¿Nh? ¿Aliviado? –
-Pensé que en serio estabas molesto conmigo. –
-¿Qué? ¿Por qué? – La noria ya estaba girando para descender.
-Por haber regalado el peluche a esa niña… - Al escucharlo, Karamatsu guardó silencio, el otro se puso algo nervioso.
-No tuve… otra opción… No quería que llorara… En verdad lo siento. -
-… Lo entiendo. No te preocupes por eso. – Respondió el mayor a secas. Ichimatsu no podía comprender; ahora su expresión era más seria que antes.
Ya había anochecido. Las luces de la noria se encendieron.
-Karamatsu… ¿qué te pasa? Dímelo… - El joven de ceño fruncido, sin responder la pregunta, le clavó su penetrante mirada al menor. A Ichimatsu se le erizó la piel.
Se acercó a él…
Demasiado cerca…
-Ichimatsu, vayamos a un hotel… - Le susurró al oído.
•••
El muchacho del gabán gris oscuro apenas podía disimular los nervios que sentía. Karamatsu actuaba más serio que nunca; tanto así que Ichimatsu se estaba asustando de verdad.
La noche era especialmente clara; no había una sola nube en el cielo. A la distancia, una enorme y brillante luna llena se alzaba con lentitud en el firmamento que poco a poco se colmaba de estrellas.
El viaje en motocicleta duró quince minutos, hasta que el joven conductor visualizó un hotel; uno de varios en esa zona. Fue directo hacia el más alto de todos.
Cuando se estacionó en el aparcamiento del lugar y se bajaron, al chico despeinado ya le costaba mucho trabajo actuar normal.
No sabía qué esperar, pero conociendo a Karamatsu y lo apasionado que éste era, se daba una ligera idea. El nerviosismo estaba a punto de enloquecerlo. Aunque mucho más que eso, en realidad lo que le preocupaba sobremanera era su actitud…
-Tal vez Karamatsu esperaba otra cosa de mí… Tal vez… fui una decepción hoy... – Sudó frío. La percepción que tiene Ichimatsu sobre su persona, es más que nada la de alguien con nula confianza en sí mismo, pero… al menos creía haberse esforzado por él…
-¿Y si no lo hice lo suficiente? –
Ichimatsu sabía bien que estaba pensando de más las cosas, todo a causa del silencio de su hermano mayor.
-¿Por qué no dices nada?... –
Sin embargo, al borde del colapso mental… el joven despeinado notó algo. Algo que, al estar inmerso en su pesimismo antes no fue capaz de ver.
-Karamatsu está… temblando… - Y mucho. -¿Cómo es que no lo vi antes? –
Trémulo, pero al mismo tiempo extrañamente tranquilo… el joven de gabardina negra pagó por la habitación con normalidad. Ichimatsu no se atrevió a decir una sola palabra.
… Por supuesto… reservó una sola habitación para ambos, en el último piso.
•••
Ichimatsu se quedó detrás de él hasta el momento que entraron al ascensor. Dentro del mismo, el silencio fue insoportable. El menor podía escuchar los propios latidos de su corazón. Eran turbios… casi dolorosos.
En eso… Karamatsu tomó su mano, sorprendiéndolo. El joven despeinado sintió al tacto lo mucho que temblaba. Quería verlo a los ojos, pero su hermano no se movió y no le regresó la mirada.
-¿Qué estás pensando? – Más que nunca quería saberlo y preguntárselo de una vez por todas. Pero era como si las palabras estuvieran atoradas en su garganta… incapaces de salir.
Al llegar al último piso y abrirse las puertas del ascensor, el mayor lo soltó.
Ambos caminaron hacia la habitación. Ichimatsu ni siquiera sabía cuál era… así que se volvió a quedar detrás de él para que lo guiara.
Llegaron, y el joven de ceño fruncido abrió la puerta.
Entró… e Ichimatsu siguió atrás de él.
Entonces…
Karamatsu… sin encender la luz, se giró para ver a su hermano menor, quien se hallaba totalmente paralizado todavía a un paso de la entrada.
El joven despeinado lo miró acercándose. Y era como si con cada paso que él daba, su corazón golpeteaba con más violencia contra su pecho.
Se acercó más… y más… Ichimatsu sólo pudo cerrar sus ojos.
Y… justo frente a frente… Karamatsu estiró su brazo… y cerró la puerta detrás del menor. Después se volvió a girar, le dio la espalda, y encendió las luces.
Ichimatsu se sintió como un verdadero estúpido…
-De nuevo… No sé qué estoy esperando… -
•••
Aquella era una habitación completamente estándar, aunque muy bonita. Karamatsu pagó por una de las pocas suite que tenían.
Ichimatsu caminó unos cuántos pasos… No dejaba de ver a su hermano recorriendo el cuarto.
-Aún es temprano, ¿quieres ir a beber algo? – Preguntó el ahora intranquilo mayor mientras se quitaba su gabardina y la dejaba en un sofá. Con el solo chaleco y camiseta se veía muy bien.
-No… estoy un poco cansado. –
-Oh, entiendo… Je… sí, por mi culpa dormiste poco, ¿cierto? Lo lamento… -
Ichimatsu no respondió. Tampoco dejó de mirarlo…
-La tv es bastante grande, parece ser de cuarenta pulgadas… ¿Te gustaría… ver una película más tarde? –
-… Karamatsu… - Verlo así se sintió cada vez más extraño… -Hasta hace unos minutos no decías una palabra, y ahora no paras de hablar… -
El inquieto mayor se acercó al ventanal de la habitación, el único que había.
-Mira, Ichimatsu. – Abrió las cortinas. –Ésta ventana es muy grande. Y qué buena vista, ¿verdad? Se parece un poco al paisaje que vimos en la noria, aunque ya no se ve el océano. ¡Ah! Hay luna llena hoy… ¿puedes creer que acabo de notarlo? -
Ichimatsu miró fijamente a su hablador hermano parado frente a él… con las brillantes luces de la ciudad a sus espaldas iluminándolo. –Aunque tú brillas más. -
Tan nervioso…
Tan tembloroso…
-Tal vez… aún más aterrado de lo que estoy yo… -
Así… Ichimatsu lo entendió. Caminó despacio hacia él…
-… Karamatsu… -
No es que sólo estuviera esperando a que algo pasara… sino que… él es el que quería que ese algo pasara… Sin importar que tuviera que depender de él mismo…
El menor se quedó de pie a un paso delante de él, cerca… casi rozando su cuerpo contra el otro. El mayor, quien antes no quería dejar de hablar, enmudeció por completo.
Una mirada tranquila… y una mirada fuerte… Frente a frente… contemplándose…
-¿Por qué estás así, Karamatsu nii-san? ¿Acaso… soy yo? ¿Qué hice mal?... –
El menor ahora se veía afligido. Karamatsu lo notó de inmediato.
-… Ichi… matsu… - El mayor levantó su brazo… Verlo así, tan cerca… con esa expresión…
-Quiero tocarte… en verdad quiero… Pero… Ichimatsu… yo… - Bajó el brazo. Algo lo detenía.
Entonces, Ichimatsu colocó la palma de su mano en el pecho de su hermano, justo donde estaba su corazón. Tal y como había hecho horas atrás.
-Karamatsu… - Sonaba firme pero en realidad estaba asustado. –Vamos… habla claramente por una vez… Pregúntale qué tiene… ¡Ya dile lo que sientes!… -
-Yo… - Bajó su mano. -… Iré a darme un baño. – Se giró y se apartó.
-Ichimatsu… -
•••
Cuando le dio la espalda, Ichimatsu tomó el pantalón del pijama que compró para él de su bolsa de compras y rápido se encerró en el cuarto de baño. Karamatsu se sentó en el borde de la gran cama king size… y no se movió de ahí…
El cuarto de baño tenía una tina bastante espaciosa que de no tardó en llenar de agua. El muchacho pensó que su hermano mayor cabría perfectamente ahí con él.
-¡Tch!… ¿En qué cosas pienso?… Soy un idiota… - Sí… un idiota… Un idiota que aseó y preparó su cuerpo con sumo cuidado antes de entrar en la bañera.
Todo por Karamatsu…
Ya dentro del agua, e intentando tranquilizarse un poco, Ichimatsu empezó a divagar en su mente.
-No debo estar mucho tiempo aquí. Karamatsu también querrá bañarse. – Suspiró. –No sé qué voy a hacer… Estoy tan nervioso que tengo miedo de cometer alguna estupidez… -
Volvió a suspirar. –Karamatsu… Me pregunto en qué estarás pensando ahora. Tal vez lo estoy malinterpretando… No estás asustado, sólo estás incómodo… -
-¿Qué voy a hacer si de verdad es eso? ¿Significa que a pesar de estar aquí él no quiere hacer nada?... -
-¿Ha… cer?... – Metió su cabeza al agua y retuvo el aire varios segundos, muy avergonzado de sus propios pensamientos… Intentando en vano entenderse a sí mismo. Al salir y volver a tomar aire, su boca temblaba… Se le vino a la mente la boda que presenciaron a bordo de la motocicleta. Era en lo que menos quería pensar. -No llores. Por ningún motivo vayas a llorar… - Se exigía, golpeando el agua con su puño cerrado y salpicando todo a su alrededor.
Cuando dejó de protestar, se quedó sentado en la bañera… con el agua caliente hasta los hombros… Sólo pensando…
-Así que… matrimonio…
Creo que Karamatsu siempre quiso eso, si mal no recuerdo. Tener novia… casarse y sentar cabeza, supongo.
Ja… lo lamento por las "Karamatsu girls"… porque, dejando de lado su estúpida fachada de casanova… yo sé que él es del tipo que entrega su corazón a una sola persona a la vez… -
Cerró sus ojos. -… Su… corazón… -
-A pesar de su actitud, yo creo que él… sería un muy buen hombre de familia. Un buen padre… y un buen marido también…
Si Karamatsu tuviera hijos… me pregunto si sería capaz de tratarlos igual que a la niña de esta tarde…
Seguramente no… Si Karamatsu se cansa de mí, no creo poder volver a verlo jamás…
… Cansarse… Es posible que eso suceda algún día… Puede que más pronto que tarde.
¡Tch! ¡¿Por qué diablos estoy pensando en eso ahora?!... -
La tristeza llegó. Implacable…
-Tal vez… yo sea lo que él quiere en éstos momentos… Pero…
… Al final, yo… no soy lo que él necesita… Y cuando él se dé cuenta de eso… -
Una lágrima inconsciente descendió por su mejilla. –Maldición… -
Después, se quedó dormido…
•••
-¿Ichimatsu? –
-… ¿Nh?... –
-Ichimatsu… despierta. – El menor sintió que le movían el hombro.
-Tengo calor, pero frío en mi cabeza… - Lentamente abrió sus ojos. -¿Qué… pasa? – Ahí cayó en cuenta. Seguía en la bañera y cuando pudo ver con claridad notó que Karamatsu estaba junto a él.
Se alteró de inmediato y el mayor se apartó. -¡Mierda! Me quedé dormido. – Se mojó la cabeza para ayudarse a despertar por completo. Karamatsu tenía una toalla alrededor de su cuello, su cabello estaba mojado y vestía sólo con el pantalón del pijama que compró para él.
-¡¿Pero qué diablos?! – Pensó que lo había gritado, pero se percató de que no tenía fuerzas para hablar con bríos. El joven de ceño fruncido vio su expresión y entendió que necesitaba explicarse.
-Escuché salpicar el agua y me preocupé, pensé que te habías caído. Al principio sólo te llamé para preguntarte si estabas bien; cuando no respondiste pensé en tirar la puerta abajo pero giré la perilla y no tenía seguro, así que entré. Cuando te vi noté que sólo estabas dormido, por lo que quise dejarte descansar. Aproveché para ducharme. Pero ya pasó más de una hora, no debes estar más tiempo aquí dentro, te hará mal. Por eso te desperté, lo lamento. –
Ichimatsu no pudo refutar una sola palabra. Ni siquiera pudo molestarse con él…
-… Está bien. Saldré ahora mismo. – Respondió en voz baja. Karamatsu se quedó de pie, aún cerca.
-¿Qué haces? ¿Por qué no te vas de aquí? – Se preguntó el menor al verlo aún parado frente a él.
Entonces, cuando intentó moverse para salir, nervioso notó que era muy difícil; se sentía débil y con el cuerpo pesado… Ahí comprendió por qué Karamatsu no se marchó.
El joven de pie, caminó y se acercó.
-No… Karamatsu… - De repente el chico en la bañera sintió mucha pena al estar desnudo.
-No puedes quedarte aquí. – Discrepó también hablando bajo mientras lo tomaba del torso y lo ayudaba a sentarse fuera de la tina. El menor se sentía mareado y acalorado, por lo que no pudo resistirse en lo más mínimo.
Luego, para sorpresa del otro, Karamatsu lo envolvió con una toalla y lo cargó en sus brazos. Ichimatsu no tuvo energías para protestar. Más bien sólo se sentía demasiado avergonzado por la situación.
•••
El mayor sentó a su hermano al borde de la cama.
-Kara… Karamatsu… Apaga la luz. No quiero que me veas así. – Él lo hizo sin cuestionar.
Ichimatsu sentía que moriría de la vergüenza. Y más cuando Karamatsu tomó la toalla que tenía descansando en sus hombros y la usó para secarle el cabello. Mientras hacía eso, Ichimatsu se abrazó a sí mismo cubriéndose todavía más con la toalla. A pesar de la falta de luz, pudo sentir los penetrantes ojos de su hermano mayor clavándose profundamente en él.
- Cuando me mira así… me siento tan intimidado… Él me examina con mucho detenimiento… Casi como si estuviera probándome con los ojos…
Es… como un depredador…
¿Un gato, tal vez?
No… Más grande…
… Es… como un tigre… que está a punto de devorarme… -
En la habitación hacía frío, pero Ichimatsu tenía calor… demasiado… Karamatsu retiró sus manos, dejando el paño encima de su cabello despeinado.
-… Ichimatsu… Quítate la toalla del cuerpo… - El menor explotó en nervios. Se petrificó… Pasaron varios segundos y no hizo lo que le pidió. Pensó que su hermano mayor se molestaría con él.
Sin embargo… Algo que Ichimatsu no esperó por nada del mundo, sucedió…
•••
Karamatsu se hincó. Los ojos de ambos ya se estaban acostumbrando a la oscuridad e Ichimatsu vislumbró el rostro de su hermano.
Se veía… nervioso, asustado y triste. Todo al mismo tiempo.
El muchacho hincado asaltó dentro de la toalla del menor y tomó su mano izquierda. La mitad del paño se vino abajo, descubriendo todo su brazo, su hombro caído… y su pecho desnudo…
-… ¿Karamatsu? –
-… Ichimatsu… tengo miedo… - Dijo entrecortado mientras usaba sus dos manos para sostener la de su hermano menor.
-… ¿Miedo?... –
–Tengo miedo de mí… Te deseo tanto, Ichimatsu… Tanto… que mi cuerpo completo tiembla sin control cuando te tengo tan cerca. – La sorpresa del joven sentado en la cama fue casi inverosímil.
-… Pero… no sólo es por eso. Como te dije antes… quería que nuestra cita de hoy fuera perfecta, pero nada salió como esperé. Todo el día, a mi alrededor pasaron cosas que me recordaron lo que te estoy haciendo… -
-… ¿A qué te refieres? – Le cuestionó el menor, casi susurrando.
-Ichimatsu… - Karamatsu inclinó su cabeza; no quiso mirarlo a los ojos. –Conmigo… jamás podrás tener una familia propia. Nunca podrás casarte, o tener hijos… a pesar de que hoy presencié cuán buen padre puedes llegar a ser… Te juro que nunca quise mostrarme molesto por eso, pero por más que lo intenté no pude hacerlo… -
-… ¿Qué?... –
-La boda que vimos esta tarde me echó en cara mis egoístas sentimientos… Pensé: ¿En verdad le quitaré a Ichimatsu toda oportunidad de tener familia? ¿Tengo derecho a hacerle eso? –
-Ka… ramatsu… -
-Sí… Sé bien lo que te estoy quitando… - El joven de largas pestañas, al borde de las lágrimas, colocó su frente en el dorso de la suave mano del menor.
-Sé que estoy siendo inmaduro… y codicioso… Sin embargo… aún quiero que me escojas a mí. –
El joven en la cama tenía la boca abierta; se quedó en blanco, escuchando.
-Ichimatsu… Juro que te amaré más que nadie en éste mundo. Juro que te daré a ti y sólo a ti cada pensamiento y cada latido de mi corazón. Juro que usaré mi vida entera para hacerte feliz y no descansaré un sólo minuto con tal de hacerte sonreír. Lamento tanto mi egoísmo pero… Te amo tanto… Así que, te lo suplico… Ichimatsu… Quédate a mi lado, elígeme a mí, ámame a mí… Por favor… Ichimatsu… Ichimatsu… - Repitió su nombre varias veces mientras bajaba el volumen de su voz.
•••
-Karamatsu es un verdadero estúpido. Por su actitud, alguna vez llegué a pensar que estaba vacío por dentro… sólo fingiendo ser alguien que no es y siempre intentando parecer genial frente a nosotros…
No obstante… yo sé que en realidad él es una persona gentil, que puede aceptar fácilmente a las demás personas como en realidad son.
Lo supe toda mi vida…
Su corazón es cálido y bondadoso…
Y yo… quería ser especial para él… Desde que tengo memoria…
Pero… tenía miedo.
Miedo de que me rechazara, que me repudiara… Por eso fui tan cruel por tanto tiempo… Estoy consciente de ello, aunque en realidad no pudiera apartar mi vista de él.
Y a pesar de todo…
Ahora… tú… Estás hincado frente a mí, suplicándome que te ame… Habiendo pasado por los mismos temores que yo hasta hace unos minutos seguía sufriendo… -
-Eres tan tonto… Karamatsu nii-san… - El mayor, al escuchar eso, de inmediato alzó su cabeza para mirarlo.
Sus ojos se abrieron sorprendidos. Su hermano menor… lloraba…
-¿Cómo te atreves siquiera a pensar que no voy a elegirte a ti? –
Karamatsu no pudo responder, porque era algo que no tenía respuesta…
-¿Cómo ha podido costarme tanto trabajo decirte lo que siento por ti, siendo que tú ya me das tantas razones para decírtelo? ¿Para gritártelo? –
-Siempre serás tú y sólo tú… tonto… -
-Ichi… -
-Te amo… Karamatsu… -
El joven hincado dejó de parpadear.
-Te amo… Te amo desde hace tanto tiempo que ya ni lo recuerdo… Te amo desde mucho antes de darme cuenta siquiera… Te amo tanto que ya no lo puedo razonar… Te amo demasiado y eso también me aterra… - Apenas podía hablar, sollozaba sin control.
-Por eso… Karamatsu nii-san… jamás… jamás vuelvas a pensar que algún día dejaré de amarte… - Sonrió, llorando profuso.
•••
-… Ichimatsu… - El brillo de la luna llena se filtraba a través de la ventana. Su luz etérea iluminaba el maravilloso rostro de su amado, y sus lágrimas…
Las hermosas lágrimas de Ichimatsu brotando de sus grandes ojos claros, resplandecían como piedras preciosas y descendían suavemente hasta llegar a su acendrada sonrisa.
Aquella sonrisa que él atesoraba y amaba tanto…
Karamatsu supo que jamás en su vida vería algo más hermoso…
Sus intensos sentimientos ocuparon todo su ser…
Y no pudo más…
•••
-Ichimatsu…
Tú solías rechazarme mucho, ¿recuerdas? La agresividad, los insultos e inclusive los golpes… siempre me dolieron.
Es cierto, me rechazabas… Sin embargo… me di cuenta de que eras quien más me reconocía, aunque lo hicieras ver de manera negativa. Y en el fondo… me sentía querido. Me hizo muy feliz. Luego, sin saber por qué… comenzaste a ser más amable conmigo. Y yo ingenuamente… a pesar de preguntarme siempre por tus razones… jamás me atreví a preguntártelo a ti…
Por eso…
Cuando comenzaste a apartarme tanto, hace no mucho, me desesperé como nunca antes… Y entonces… empecé a ser yo el que se negaba a alejarse de ti. Ya no sabía cómo hacerte sentir especial, hacerte sentir querido… Decirte que eres una persona valiosa e importante… más que a mi propia torpe manera.
Siempre quería estar contigo para poder dibujarte una sonrisa.
Porque… ¿sabes? Yo amo tu sonrisa… desde que éramos niños… Aunque nunca te lo dije…
Y…
Cuando escuché en sueños que te gustaba… Y más aún cuando me besaste en nuestro cumpleaños… me confundí tanto que sentí que iba a enloquecer. Tuve tanto miedo de que me odiaras por tener esa clase de sentimientos por ti…
Recuerdo que llegué a creer que sentías lo mismo que yo, pero cuando me demostraste lo equivocado que estaba… me rendí.
Yo… nunca debí rendirme… Porque, no sabía cuánto miedo tenías también y eso terminó por lastimarte más…
Sufriste tanto por culpa mía… mi querido Ichimatsu…
Tienes razón… soy un gran tonto…
Pero también soy un gran tonto que te ama más que a nada.
Un gran tonto que ama estar contigo.
Un gran tonto que ama verte sonreír.
Un gran tonto que ama hacerte feliz.
Y un gran tonto… que ansía entregarte todo de sí… -
•••
-… Ichimatsu… -
Karamatsu se puso de pie.
Le quitó la toalla de la cabeza a su hermano menor. Se veía tan despeinado… era adorable.
Luego, le quitó la toalla que cubría su cuerpo. Ichimatsu, más nervioso que nunca, se cruzó de brazos intentando cubrirse. El mayor sólo sonrió.
-Ichimatsu… - Lo nombró de nuevo. Después lo tomó de las mejillas y limpió sus bellas lágrimas con sus pulgares.
-Ichimatsu… - Volvió a susurrar su nombre antes de darle un beso. Uno tan ansiado y esperado por ambos que su dulzor fue sin igual.
El menor supo bien lo que sucedería a continuación, ya que cada vez que su hermano mayor unía sus labios con los suyos, su juicio lo abandonaba por completo, dejándose llevar por completo por él.
En un abrir y cerrar de ojos ya estaba recostado en la cama… completamente desnudo, aferrado y a merced del apasionado Karamatsu, quien no dejó de besarlo por varios minutos.
-Eres hermoso, Ichimatsu… - Lo aduló cuando se separó de él para contemplarlo. La luz de la luna iluminaba su pálido cuerpo; casi podía ver a la perfección cómo sus músculos se contraían, cómo su respiración se agitaba… y cómo sus mejillas enrojecían más y más.
-… Debes… estar muy mal de la vista, Kusomatsu. – Musitó.
El mayor sonrió. -Je, ¿qué dices? Yo sólo te digo la verdad. – Se acercó al menor y volvió a besarlo.
-Eres hermoso. – Besó su cuello. –Eres maravilloso. – Besó su pecho. –No sabes cuánto me gustas… - Lamió uno de sus pezones. El joven de ojos claros resolló de repente. Su hermano se mostró complacido.
-Veo que te has vuelto más sensible aquí… -
-… Idiota… es… por tu culpa. – El mayor sonrió gustoso, sin dejar de lamerlo.
-No sé por qué te gustan… -
-¿Hmm? – Se apartó un momento.
-Tú sabes… mis… - Se detuvo un instante antes de continuar. –… ¿Recuerdas cuando Todomatsu dijo que los tenía como una mujer? Pues tiene… razón… Son abultados y muy blandos, y la areola es grande… y los pezones son… - De repente se quedó callado al ver a su hermano.
-… Karamatsu… ¿por qué me estás mirando así? – Él tenía una expresión bastante libidinosa que no se molestó en ocultar.
-Porque sólo me estás diciendo cosas que me encantan de ti. – El menor se avergonzó mucho.
-¡Tch! Eres un… ¡ahh! – Karamatsu le mordió una de sus turgentes tetillas y lo hizo gemir.
-Oh… qué linda reacción, my dear. – Siguió mordiendo y lamiendo sus dos tersos y rosados pezones. Ichimatsu no tenía idea, e igual jamás lo admitiría, pero su cuerpo y sus reacciones eran muy eróticos.
-Eres muy bello, Ichimatsu. Jamás dudes de eso… - Karamatsu tomó la mano del menor y le besó la palma, luego la muñeca; y así por todo su antebrazo. Ichimatsu olía fresco, combinado con una ligera fragancia dulce. Era embriagador…
Después, el ardiente joven volvió a acercarse y acarició con su lengua cada mejilla de su hermano. Sabía a sus lágrimas. –Las lágrimas que lloraste por mí… -
Karamatsu quería acariciarlo completo. Sabía que sus dos manos no serían suficientes, pero se esforzó.
Ichimatsu sentía que se volvería loco. Su hermano mayor, acariciándole todo el cuerpo con sus fuertes y a la vez gentiles manos. Lamiendo su piel, con esa lengua que sentía que le quemaba… que lo derretía al contacto… Besándolo con esos labios… Esos suaves, dulces y vehementes labios que lo consumían…
-En verdad… está devorándome… - Pensó fugazmente.
El menor ya se sentía demasiado excitado siquiera para darse cuenta de cuán rígido lo tenían las caricias de su hermano. Hasta que el mismo Karamatsu empezó a acariciarle en ese lugar.
Ichimatsu dio un grito ahogado. -¡Ng! Kara… matsu… -
-Tu pene es muy bonito también. – Le acarició la punta.
-¡Gh! Idio… ta… - A pesar de su persistente hostilidad, la expresión lasciva de Ichimatsu no hacía otra cosa que provocar a Karamatsu más y más.
-Ésta vez no voy a detenerme, Ichimatsu. – Pensó para sí, deslizando su lengua en el bonito miembro erecto del menor, al mismo tiempo que, delicadamente, le separó las piernas a base de caricias.
-¡Hahh!… - El espasmódico Ichimatsu no pudo contener su voz ni un segundo más.
… Ésta vez no había miedo, no había inseguridad, no había dolor…
Sólo era placer, puro e intenso…
Karamatsu… lamiendo y besando sus partes nobles. Ichimatsu se movía involuntariamente, como si quisiera seguirle el ritmo.
El mayor succionaba, saboreaba y acariciaba con su lujuriosa lengua toda la intimidad del menor, quien cerró sus ojos. Todos sus sentidos se adormecieron… demasiado avergonzado para verlo pero a la vez disfrutando como nunca antes lo había hecho.
Ichimatsu se acercaba al clímax. Con una mano presionó con fuerza las sábanas y con la otra, palpó la cabeza de su hermano.
-Ahh… Kara… matsu… Deten… te. Me vengo… me… ¡Hah! ¡Hahh! – Sin saber, le jaló el cabello, pero el mayor no se detuvo… quería que se corriera.
-¡Nnh! ¡Ng! ¡Me… vengo!... Ka… ra… ¡Ahhh! – Y con ese elevado grito de placer, mientras tensaba su cuerpo como nunca, Ichimatsu se corrió.
… Pero su hermano no se retiró. Quiso recibirlo, hacerse de él… Y… cuando el éxtasis de su hermano menor se deslizó por su garganta y éste se lo pasó, sólo así se sintió satisfecho.
El menor se agotó, agitado y sorprendido por lo que hizo el mayor. Luego, Ichimatsu abrió sus ojos y ambos se miraron. Karamatsu se puso de rodillas de nueva cuenta. Aún saboreaba sus labios, disfrutando lo que había hecho, mientras deslizaba su cabello entre sus dedos para quitárselo de la frente… mirándose aún más sensual de lo que ya se veía.
¿Cuán avergonzado era capaz de estar Ichimatsu por él? Y apenas habían comenzado.
-¿Por qué… hiciste… eso…? – Preguntó jadeando. –Ku… so… matsu. –
-Quiero que te sientas bien… - Respondió él, profundizando su voz. El menor intuyó la razón. Podía mirar a través del pantalón que aún tenía puesto el mayor qué tan excitado estaba. Ichimatsu conocía bien su tamaño… y las inevitables consecuencias mientras siguieran adelante.
Sin embargo… al contemplar a Karamatsu de pies a cabeza, lo único que el joven despeinado vio fue un provocador cuerpo ardiendo en deseo…
Por él…
Sólo por él…
•••
-… Desnúdate. – Ordenó el menor sin pensar. Su propia lujuria hablaba por él. El mayor, un poco sorprendido, obedeció en el acto. Con tan sólo mirarlo, Ichimatsu se puso rígido de nuevo. El cuerpo del mayor seguía tan bien formado como lo recordaba.
-Ahh… Karamatsu… - Lo deseaba demasiado.
Se incorporó y con lentitud se acercó a gatas hacia su hermano mayor. Como un felino, examinándolo… acechándolo… Lo puso tan nervioso que lo hizo sudar.
Después, con un toque delicado, acarició con lascivia su palpitante glande. Karamatsu se estremeció… Se le fue el aliento… Después, el menor se agachó. El joven de ceño fruncido supuso que haría lo mismo que él hace un momento, pero no lo hizo.
Ichimatsu lamió toda la férrea virilidad de Karamatsu… Usando la punta de su lengua, de abajo hacia arriba… Una sola vez. Enseguida se apartó, y volvió a acariciarlo con su mano.
Pero… antes de que Karamatsu pudiera expresar su confusión, miró los grandes y claros ojos de su hermano menor, junto a su temple.
Ichimatsu se miraba… muy tranquilo, pero a la vez… parecía como si estuviera ardiendo por dentro.
No había pudor, tampoco dudas…
Se veía… absolutamente lascivo… casi obsceno. Tan sexy que hizo a Karamatsu tragar saliva por los semejantes nervios que le hizo sentir.
-… Karamatsu… - Lo llamó con un susurro.
-… Quieres hacerlo… ¿cierto? – El otro intentó responder pero sólo pudo balbucear. El menor lo seguía acariciando, provocándolo más.
-… Yo…
… Yo también… quiero… -
•••
Ichimatsu se colocó boca abajo, recargando la parte derecha de su rostro en la almohada… de espaldas a su hermano. Y… levantó un poco las caderas. Mentalmente se sentía preparado… pero su cuerpo no mentía. La forma en que se contraía lo denotaba a la perfección.
La vista para Karamatsu era espléndida, sus ansias lo hacían temblar más y más.
-¿Tienes lubricante, verdad? – Preguntó el menor.
-… Umm, sí… ¿Cómo lo sabes? –
-¿No es obvio? No preguntes… -
Karamatsu se acercó al buró al lado de la cama y abrió el cajón superior. Allí habían condones y una pequeña botella de lubricante. Hace rato, mientras Ichimatsu se duchaba, el mayor aprovechó para sacar de uno de los bolsillos de su larga gabardina lo antes mencionado y guardarlos ahí.
Al sacarlos y acercarse de nuevo a su hermano, volvió a mirar cómo crispaba su cuerpo. Y a pesar de todo, verlo tan dispuesto aún lo hacía estar bastante nervioso.
Pero por el momento hizo a un lado ese sentir…
-… Ichimatsu. – Le acarició sus dos suaves y redondos glúteos.
-¡Ngh! - El menor casi se retuerce… pero se quedó quieto.
Luego, Karamatsu empujó y levantó suavemente las piernas del menor.
-Sí… así… Recárgate con las rodillas. –
Esa posición tan comprometedora… Mostrándoselo todo de esa manera… Ichimatsu se avergonzó tanto que hundió el rostro completo en la almohada. Aún así pudo escuchar fuerte y claro cómo su hermano abrió el lubricante. En ese punto, ya era prácticamente imposible contener los nervios.
-Es la primera vez que te veo así, Ichimatsu. Eres tan excitante… - Volvió a acariciar sus glúteos con ambas manos. Luego… el menor pudo sentir que los besaba.
-¡Nh!... ¡No!… No hagas eso… idio…ta. – El mayor sonrió.
-No puedo evitarlo… Eres tan precioso… Ichimatsu… - Le dijo al momento que dejó caer un poco del frío lubricante en la virginal entrada del menor, estremeciéndolo.
Después, muy despacio, Karamatsu introdujo su dedo medio en el interior de su hermano, que usó toda su fuerza de voluntad para no gritar… Casi inmediatamente metió el dedo índice también. Ichimatsu levantó más sus caderas… Lo que sintió en ese instante fue incomprensible hasta para él. La sensación también fue diferente de la primera vez que su hermano hizo lo mismo.
-¿Estás bien? – El menor asintió con un leve murmuro.
-… Voy a mover los dedos… - Y mientras lo hacía, Ichimatsu sin ser consciente continuó moviendo sus caderas, apretando más sus puños.
-… Entraron bien, Ichimatsu… -
-Claro que entraron, tonto… Me preparé cuidadosamente para esto… -
-Dime, ¿lo has estado haciendo tú solo? –
-¿Eh? –
-Me refiero a… tocarte… -
-… ¡Tch! ¿Por qué preguntas algo tan vergonzoso cuando tienes los dedos en mi trasero? Idiota. – Karamatsu ignoró su antipatía. Se acercó más a él para verlo cara a cara, sin dejar de tocarlo.
-… ¿Sabes, Ichimatsu? Yo siempre me toco pensando en ti… - Insertó más profundo los dedos. -… Sólo puedo venirme cuando tú estás en mi mente… - Decirle algo así… mientras lo miraba tan serio… Ichimatsu giró su cabeza, más avergonzado que nunca… Si es que eso era posible.
Karamatsu, fascinado con sus lindas reacciones, besó su hombro; luego su espalda... De vez en cuando usaba sus dientes, e Ichimatsu no podía contener su voz cuando lo mordía. Eran mordiscos leves… juguetones… Pero para el menor eran demasiado…
Volvió a esconder su cabeza en la almohada, oprimiéndola con fuerza. El joven de largas pestañas usó su mano izquierda para estimular el excitado miembro de Ichimatsu, que cada vez respiraba más rápido.
Entonces… Karamatsu tomó más lubricante y procedió a meter su dedo anular también. El menor de inmediato levantó la cabeza.
-¡Hah! ¡Due… le! –
-Lo lamento… ¿quieres que me detenga? –
-… ¡Nh!… N… No… Si… gue… - Respondió agitadamente.
-… Falta poco… intenta relajarte más. -
-¡Ghh! ¡Ahh! – En verdad dolía…
Cuando sus tres dedos entraron, el mayor se detuvo.
-Ichimatsu… - Él no respondió.
-¿Estás… bien? –
Agitado, tembloroso y con sus manos presionando aún más la almohada… Ichimatsu asintió. -Estoy bien… Sólo… no te muevas. Espera un momento… - A pesar de que hacía frío, Ichimatsu sudaba. Sabía que ese lugar debía lubricarse, y que tenía que aguantar. Aquello… era nuevo, doloroso y extraño para él, pero en todo momento tuvo en mente su motivo para soportarlo…
-… Es… muy cálido aquí dentro, Ichimatsu… - Muy muy despacio… el mayor comenzó a moverse. Lo hizo así por un par de minutos.
Ichimatsu, gimiendo y resoplando, lo soportó lo mejor que pudo.
Sin embargo… Karamatsu, quien miró y escuchó claramente los quejidos de su hermano menor, de repente se preguntó si acaso ya había sido demasiado. Su propia inseguridad lo volvió a atacar; y se asustó… Tanto así… que se detuvo y retiró su mano. Ese cambio tan abrupto alertó al menor que, confundido, volteó para mirarlo. Se sorprendió sobremanera… Su hermano sudaba frío, se veía pálido y por si no fuera suficiente, también había perdido su erección.
-¿Qué pasa, Karamatsu? – Su hermano lo miró, con una expresión afligida en su rostro. Luego desvió la mirada.
-No puedo… En verdad quiero hacerte sentir bien pero… - Su boca temblaba. -¿Te duele, cierto? Te estoy lastimando… No… No quiero lastimarte… Ichimatsu… -
El menor hincó y lo observó, serio y atento… sin decir una palabra.
Ichimatsu entendía bien porqué Karamatsu pensaba así. Él mismo sin quererlo fue el que siempre le hizo creer erróneamente que lo lastimaba. –Malentendidos y estupideces… - Pero… la realidad era muy diferente… -Tú… lo único que has hecho es darme los mejores momentos que he tenido… ¿Cómo puedo hacértelo notar en éstos momentos? ¿Cómo hago que me creas?... –
Quiso meditarlo, pero no fue necesario. Ichimatsu lo sabía bien.
-Karamatsu… - Lo llamó. El mayor volteó hacia él para encontrarse con esos grandes y profundos ojos resplandeciendo a la luz de la luna llena… Embelesador como ninguno…
Luego, para el asombro del otro, el menor se recostó boca abajo y le empezó a lamer su hombría en reposo.
-¡Ngh!… Ichimatsu… - Bisbiseó. Tan pronto lo tocó, se puso rígido de nuevo. La lengua de Ichimatsu era tan suave… y su garganta tan ardiente… Karamatsu miró sus labios húmedos, excitantes y hermosos. Su pre-semen brotaba y humedecía a ambos.
Lo sacó de su boca. –Ya estás duro otra vez, Karamatsu… - Éste se quedó mudo. Luego, tomó el condón a su lado y lo sacó del empaque.
-¿Ichimatsu? ¿Qué… –
-… Silencio. – Usando ambas manos, con cuidado revistió el viril falo del mayor con él.
-… I… chi… - El menor lo silenció de nuevo, colocando con delicadeza su dedo índice en los labios del joven de ceño fruncido.
-Karamatsu… - El mayor abrió mucho sus ojos, conmocionado. Ichimatsu le sonreía con tanto cariño…
No… era aún más intenso que eso…
Era… pasión… era amor…
–Sé que duele, pero también sé que siempre es así la primera vez. – Karamatsu escuchó con atención, aún siendo silenciado por el suave dedo de su hermano. -¿Entiendes eso?... Tú eres el primero… y serás el único… Karamatsu. - El conmocionado hermano mayor abrió más sus ojos.
-¿No me escuchaste antes? ¿No te lo dije ya? – Retiró su dedo, acariciando su boca. Enseguida, le dio un tierno beso en los labios. Karamatsu no sabía ni cómo reaccionar.
Ichimatsu volvió a recostarse frente a él, ahora boca arriba.
–Dije que… yo también quiero. –
Entonces… lentamente abrió sus piernas, y extendió sus brazos. Llamándolo… anhelándolo… necesitándolo…
-… Ven a mí… Karamatsu nii-san… -
•••
-Ichimatsu... - Su amado hermano… entregándose por completo, sólo por él…
No necesitó repetirlo. De inmediato fue hacia él… Se besaron con más pasión que nunca. Casi parecía desesperación…
Karamatsu necesitaba de Ichimatsu mucho más de lo que ya sabía. Necesitaba amarlo, necesitaba poseerlo… necesitaba ser uno con él…
El mayor tomó las piernas del menor en sus brazos, y las levantó. Cuando los retiró, Ichimatsu se quedó en esa posición, recargando las pantorrillas en sus recios hombros.
Muy despacio, y con mucho cuidado… Karamatsu al fin comenzó a entrar en Ichimatsu. El menor cerró sus ojos; intentaba con todas sus fuerzas soportarlo sin quejarse… pero sobretodo, sin llorar. No importaba lo mucho que le doliera.
-Ichimatsu… no sabes por cuánto tiempo deseé hacer esto. –
Entró un poco más.
-Lo único que quiero es que te sepas amado… -
Un poco más…
-Pero… aún tenía miedo, Ichimatsu… Espero que puedas perdonar a tu tonto hermano mayor… Porque… -
Un poco más…
-Tuviste que ser tú mismo el que me diera seguridad… Tuviste que ser tú el que dispersara todas mis dudas… -
Y un poco más…
-Siendo que… tú eres el que ahora mismo está soportándolo… -
… Entró por completo.
-… Por mí… Ichimatsu… Tú… lo haces por mí… -
•••
Cuando sintió al mayor finalmente dentro de él, el menor dejó de contener la respiración. Karamatsu no se movía aún.
-No llores…- Seguía repitiéndose a sí mismo. De repente, Ichimatsu sintió algo cálido en su rostro.
Abrió los ojos…
Su hermano mayor lo miraba de cerca… con sus ojos empapados en lágrimas. Éstas caían delicadamente en el sorprendido rostro del menor.
-… Karamatsu… - Susurró. Él sollozaba sin reservas.
-I… chimatsu… Ichi… matsu… I… chi… - Repitió su nombre varias veces.
Su amado Karamatsu… -No has cambiado en nada… ¿cierto?… -
-Eres un llorón… Karamatsu nii-san. – Le sonrió con todo el amor en su corazón.
-… Ichimatsu… ¿Puedes… decírmelo de nuevo? Por favor… Dímelo… - Gimoteaba y lloraba cual niño… -Dímelo… de nuevo… Por favor… -
Ichimatsu no necesitó pensarlo; sabía bien a qué se refería… Levantó ambas manos y limpió las tibias, sinceras y bellísimas lágrimas que su hermano siempre derramaba por él…
-Te amo… Karamatsu nii-san… Te amo… - También comenzó a llorar. Sus lágrimas se fundieron con las de él.
Ya eran uno… en cuerpo y alma…
-… Ichimatsu… -
-Te amo… Te amo… Te amo… -
Karamatsu sonrió, sin dejar de llorar.
Ambos entrelazaron sus manos…
Y así, lentamente se empezó a mover.
•••
-Karamatsu...
Ahora mismo siento que… ya me lo has quitado todo...
Me quitaste mi orgullo, me quitaste mi dignidad...
Mi mente...
Mi corazón...
Y ahora... mi cuerpo entero…
Todo… todo te pertenece a ti ahora… -
-¡Hah! ¡Hahh! ¡Kara… Kara… matsu! –
-… ¡Ichi… matsu! ¡Nh! ¡Nh! ¡Ichimatsu! ¡Te amo! ¡Te amo! –
-Tú… quien en éste instante está dentro de mí… embistiéndome con todo lo que tiene… -
-¡Ahh! ¡Ngh! ¡Karamatsu! –
-Duele… estoy en blanco… Ya no puedo pensar en otra cosa que no seas tú… -
-¡Te amo! ¡Hah, hah! ¡Karamatsu! – El dolor y el éxtasis se fusionaron… Indistinguibles entre sí…
-No…
… Karamatsu no me ha quitado nada…
Con su cariño, con su pasión…
Con su amor...
He sido yo... quien se lo ha entregado todo...
Yo… le pertenezco a él… Siempre le perteneceré…
Y ahora…
Él es mío también…
La brecha entre ellos fue inexistente por un instante. Ni siquiera había espacio para respirar.
Ambos se quitaban todo el aliento.
Se abrazaron… Ichimatsu movía su cuerpo, sincronizándose con el mayor. Cada embestida era más profunda… más rápida…
Inesperadamente para el menor, Karamatsu se hincó y le sostuvo una de sus piernas con el brazo. Con la otra mano tomó su tenso y vibrante miembro, estimulándolo.
-¡N… No! ¡No hagas eso! – Ichimatsu se sorprendió tanto al sentir ambos placeres a la vez que sólo pudo gritar.
-¡Karamatsu! ¡Ngh! ¡No! ¡Voy a… -
El agitado mayor no se detuvo. –Hazlo… hah… ¡Hah!… ¡Ichimatsu!… - Lo animó, jadeando sin parar y moviendo sus caderas y su mano aún más rápido.
-¡Ka… ra… me… corro! – Eyaculó, gritó y se retorció con un deleite jamás antes visto por Karamatsu, que al presenciar tal belleza… sintió de inmediato que se vendría también.
Apenas alcanzó a salir de su hermano y quitarse el condón.
-¡Ichimatsu! ¡Aahh! - Al gritar de placer, toda su orgásmica esencia cayó en el propio Ichimatsu… No podía parar; todo el tiempo que se contuvo tan sólo pensando en él culminaron en ese momento…
Ya nada importaba…
Finalmente… su amor había sido consumado…
•••
Ambos terminaron agotados, recostados uno al lado del otro… mirándose… sonriéndose…
-¿Estás bien? – Preguntó el mayor.
-Sí… estoy bien. Aunque siento muy pesadas las caderas. Estoy seguro que me dolerá bastante mañana. –
Karamatsu le besó a su hermano el lóbulo de su oreja.
-Hey… me haces cosquillas… - Dijo casi riendo.
-¿En serio? – De repente Ichimatsu se vio debajo del mayor, quien empezó a besarle y acariciarle las orejas.
-Jaja, ¡basta, Kusomatsu! – Reía por sus pícaros roces.
-Quiero encontrar más lugares sensibles en ti. También con tus orejas y cola de gato, my love. – De vez en cuando las sacaba a relucir sin darse cuenta.
-Cuando me tocas, cada fibra de mi piel se vuelve sensible, tonto… - Ese pensamiento se lo guardó para sí mismo de momento; de enterarse, quién sabe las cosas que Karamatsu le haría…
-En verdad te ensucié ésta vez. – Recién se daba cuenta de eso. –Espera, vi toallas húmedas en el baño, las traeré. – Se levantó para ir por ellas.
-Sigh… No es necesario hacer eso. Además… no me molesta tener "eso" de ti en mi cuerpo… - Mientras pensaba aquello, miró en el sofá un paquete de pañuelos que sobresalía de uno de los bolsillos de la gabardina de su hermano mayor.
Se levantó, cubriéndose con la sábana. Ésta era tan larga que la mitad de ella arrastraba en el suelo.
-Oye, Karamatsu. Aquí tienes pañuelos. – Los tomó con presteza. –Así que ya no tienes que traer las… - Guardó silencio. Cuando sacó lo que necesitaba, se percató de que había algo más que cayó en el piso.
-¿Huh? ¿Qué dices, Ichimatsu? - Cuando Karamatsu salió del baño, se paralizó… Miró a su hermano junto al sofá, en una mano sostenía los pañuelos, y en la otra… una pequeña caja aterciopelada de color negro. Cuando miró la expresión de Ichimatsu, vio que tenía la cara roja.
Y claro, el menor no era ningún ingenuo... en cuanto le echó un vistazo supo muy bien lo que era.
-… Karamatsu… -
El mayor sonrió nervioso. –Ichimatsu… - Y comenzó a caminar lentamente hacia él.
-Karamatsu… ¿En verdad, tú… -
-Sí… Siendo sincero, quería dártelo de inmediato, pero como sabes, me sentía inseguro. Además… pensé que me rechazarías. –
-¿Por qué? –
-Porque pensé que me dirías que estoy exagerando, o que lo estoy tomando demasiado en serio. –
Ya estaban frente a frente.
-Karamatsu… tú siempre exageras… y tomas todo demasiado en serio… -
-Je… Ya veo… -
-Pero eso no significa que… no… me gustes… así… -
Karamatsu sonrió, el menor lo dijo con la timidez que él detestaba sentir pero que el mayor adoraba presenciar.
Tomó la caja de las manos de su hermano, y lo miró de forma melancólica, pero feliz. –En ese caso… soy el hombre más afortunado del mundo… querido Ichimatsu… -
Se arrodilló…
Abrió la pequeña caja…
El anillo de platino, que por supuesto era de hombre… fulguraba con la luz selénica que se filtraba a través del ventanal.
Ichimatsu se conmovió hasta lo más profundo de su ser… No sabía qué hacer, no sabía qué pensar…
Lo único que podía… era sentir… con toda su alma…
-Ichimatsu… No voy a pedirte que lo uses… pero aún así… quisiera que lo conservaras contigo. Trabajé duro para poder comprarlo… porque quería que supieras todo lo que soy capaz de hacer para demostrarte mi valía… Demostrarte que… eres lo más preciado para mí… -
-… Karamatsu… -
-Es por eso… que usando éste anillo… quiero jurarte amor eterno… -
-Kara… -
-Yo… prometo serte fiel, en lo próspero y en lo adverso… en la salud y en la enfermedad…
En… la riqueza y… la pobreza…
Y…
… Y…
… Lo siento… estoy muy nervioso… no puedo recordarlo. ¡Tsk!… A pesar de lo repetí tantas veces en mi mente… - Ichimatsu sabía que no mentía… sus manos temblorosas lo demostraban.
El menor sonrió…
-… Y prometo… Karamatsu… - Éste rápido alzó la vista hacia el menor. –… Amarte y respetarte, todos los días de mi vida. Hoy, mañana y siempre… hasta que la muerte nos separe. –
-Ichimatsu… - Ambos lloraban con un sentimiento y una felicidad tan puros como lo fueron sus propias lágrimas.
De esa manera, con el máximo juramento de amor, Ichimatsu alzó su mano, pidiéndole en silencio a su amado Karamatsu que le colocara el anillo… y él, sintiéndose como el hombre más afortunado del mundo, tal y como él mismo le había dicho… lo colocó suavemente en su dedo, y besó su mano.
El joven hincado se puso de pie… y ambos sellaron sus votos con un apasionado beso.
Esa noche, hicieron el amor hasta que sus cuerpos no pudieron más...
Su primera noche…
La primera… de muchas.
•••
La mañana siguiente… cuando brotaron los primeros destellos del sol matutino… Karamatsu abrió sus ojos, y lo primero que vio y sintió fue a su querido Ichimatsu, abrazándolo con calidez…
Sabía que siempre habían dormido uno al lado de otro, pero ésta vez era diferente. Ahora, ellos estaban realmente juntos…
Karamatsu lo abrazó también, y se juró a sí mismo amarlo, venerarlo, protegerlo y hacerlo feliz. Cada día… cada minuto y cada instante…
-Te amo. – Le susurró. –Con toda mi alma… -
Y así sería… durante el resto de sus vidas.
