Y quien dice que la verdad no duele
_¿Estás segura que deseas estar aquí?_
Volteé a ver a mi amiga y le sonreí demostrándole mi decisión y valor, necesitaba estar allí.
_Sí, tengo que hacer unas cosas Rose. Te llamaré para que vengas por mí si te hace sentir bien_
Ella asintió y sonrió insegura, sabía lo que le costaba dejarme allí, donde ambas sabíamos que era el lugar donde menos quería estar. Pero aún debía averiguar tantas cosas.
_Está bien cariño, llámame y estaré aquí de vuelta_ ella bajó de su convertible y me ayudó a cargar con mi cuerpo fuera del auto. Era tan raro estar allí… luego de una semana de ausencia, me sentía ajena a ese lugar a pesar de que fue el único lugar al que pude llamar Hogar por mis últimos siete años.
Loise abrió la puerta para mí como si fuera una perfecta extraña, sin embargo se hizo a un lado para permitirme la entrada. Ella seguía tan distante como siempre, pero había un rastro de tristeza en sus ojos. Supongo que sabía que todo lo que ella había creído como un trabajo y un jefe perfecto se estaba viniendo abajo y era inminente su decadencia. Ella sabía de alguna manera que Benjamin Plath no pisaría nuevamente esta casa si no era solo para venir a morir aquí… algo sumamente improbable.
No había visto a mi marido desde la cena a beneficio, no había tenido el valor ni el ánimo de ir a verlo. De alguna manera retrasar lo inevitable estaba haciendo que todo esto se torne insoportable. Tenía esta gran… y pesada molestia en mi pecho que no dejaría de molestar hasta tratar de disipar a los fantasmas… él era uno de ellos.
Tampoco había visto a Edward…
No desde esa misma noche, a veces sentía su voz. A veces lo oía desde mi cuarto… distante, hablando con Emmett cuestiones que no comprendía y que no podía tratar de entender, simplemente porque en esos momentos mi mente trataba de comprender todo lo que me había perdido de él, se oía tan apagado, tan frío y metódico. Era como si las veces que lo escuchaba estuviera en su investidura profesional, objetivo y carente de sentimientos… simplemente haciendo su trabajo.
Varias veces mi amiga había venido a mi cuarto cuando él estaba presente, diciéndome que Edward había preguntado por mí y mi estado, preguntándome si yo estaba dispuesta a hablar con él… él lo deseaba, yo no.
No quería verlo, era demasiado dolor aún. Al menos él respetaba mi decisión.
Rosalie lo recibía en su casa… eso era lo que más me sorprendía, porque no había olvidado la cantidad infinita de veces que mi amiga había amenazado con golpear su hombría a penas lo tuviera en frente y creo saber que eso no ha pasado aún. No sabía por qué y tampoco preguntaría.
Noche a noche aún lo evocaba en mis sueños, palabras que me aturdían y estremecían hasta los huesos, que me ilusionaban, pero que al mismo tiempo herían tanto.
"Desde que te conocí, todo lo que hice lo hice por ti. Incluso lastimarte"
"En este pequeño cuarto está todo lo que amo… nadie tocará lo que amo, nunca más"
Palabras que me hacían pensar que tal vez, solo tal vez… a Edward le importaba y no estaba aquí para calmar su culpa. Pero solo, no quería ilusionarme.
A la mañana siguiente luego de escuchar toda su explicación, me desperté con la imperiosa necesidad de proteger a mi bebé. Estaba desesperada… lo estuve hasta que Rosalie me acompañó a visitar a una abogada amiga de ella para consultarla.
Mía Lewis era una de las más destacadas abogadas de casos de disputas familiares en Seattle. Ella me recibió con una sonrisa cálida y tranquilizadora y me despidió de igual manera. Ella no veía peligro donde yo veía, Benjamin ya no tenía con que llevar adelante sus planes si es que eran ciertos y Victoria había renunciado a la empresa días después en que toda la empresa se enteró que el FBI investigaba a Plath & Inc. Literalmente se lavó las manos desvinculándose de todo lo que significaba Benjamin Plath.
Esto daba aún más que sospechar al FBI, ellos la habían encontrado inocente, si bien sabían que era una amante de mi marido, pero no había aún pruebas contundentes para procesarla. Solo una seguidilla de hechos, acciones de alto valor a su nombre, cuantas en bancos extranjeros y manejos sospechosos de las finanzas de la empresa… Y eso me inquietaba. Debía haber algo.
Mía también me aseguró que nada podía hacerse sin pruebas. No había manera de iniciar un divorcio alegando perjurios o adulterio, no hasta que Victoria o Benjamin confesaran el hecho. Ninguno de los dos confesaría.
Solo me quedaba en confiar en el buen criterio de Emmett y su equipo de trabajo al cual, Edward se le había unido. Emmett estaba feliz con la nueva adquisición a sus fuerzas, Edward estaba ensañado hasta las últimas consecuencias a hacer justicia con Benjamin. Eso era un condimento extra para la motivación de un hombre, según Emmett, y Edward no lo defraudaba. Él tanto como Emmett quería ver a Benjamin pagar por las cosas que hizo.
Estaba contenta por él. Tenía un nuevo trabajo en el cual su profesión era tan válida y útil como lo habría sido si continuaba como custodio personal. Sus certificaciones en la fuerza como miembro del ejercito real le daba un crédito extra y Emmett lo había posicionado en su departamento con un alto rango. Edward no se merecía menos.
Solo debía acostumbrarme a verlo, sentirlo cerca y tratar de soportar el hecho de que tendría estar allí para cuando mi hijo naciera. No podía tapar el sol con un dedo y pretender que él no tenía nada que ver con mi estado, él mismo señaló la noche pasada que no dejaría que nadie tocaría a nuestro hijo, pero simplemente no estaba preparada para su presencia constante en mi vida para responder por su paternidad, cuando yo no podía tenerlo cerca por lo mucho que dolía amarlo y no poder tenerlo. Pero no tenía otra opción, por alguna razón poderosa, no quería apartarlo.
Aún recordaba una de mis charlas con Emmett luego de su llegada, él me había contado cómo lo había ido a buscar, cómo lo encontró y en qué condiciones. Contrario a lo que yo pensaba, Edward había sido débil. Contrario a lo que él había dicho, él estaba solo, sin trabajo y dependiendo del alcohol para olvidar, para aplacar la culpa, para lograr una penitencia. Lloré toda la noche esa noche… lloré por mí, por él, lloré por no haber sido fuerte los dos y haber enfrentado esto juntos, lloré por la impotencia de saber que Benjamin nos había manejado a su antojo, lloré por haber sido tan débil y no haberlo ido a buscar yo misma, si lo amaba tendría que haberlo hecho… aunque él no sintiera lo mismo. Habíamos sido tan estúpidos.
No podía cambiar el pasado, pero podía hacer algo con el futuro…
_No estaré mucho tiempo en casa Loise_ murmuré dirigiéndome a las escaleras y tratar de sacar de mi mente pensamientos que me hacían tanto mal _solo buscaré un par de cosas en mi cuarto y… unos papeles de la empresa_
_Si señora_ murmuró ella antes de dar media vuelta y desaparecer por la cocina. Tenía que recordar saludar a Claire antes de salir nuevamente de esa casa… no tenía pensado volver, esa casa ya no me pertenecería.
La casa estaba silenciosa como nunca lo había estado. Era estremecedor pensar que el dueño y señor estaba en algún lugar en Seattle luchando por su vida. Era cruel pensar que yo, su esposa, era indiferente a ese tema.
Subí las escaleras despacio, mi vientre pesaba demasiado y estaba cerca a la fecha de parto, no podía arriesgarme a sufrir un parto prematuro, no le haría bien a mi niño por lo que mis movimientos eran graciosamente casi a paso tortuga. Mi vientre llegaba primero a donde fuera que íbamos.
Para cuando llegué a la puerta del despacho de Benjamin, mi respiración se había tornado pesada y dificultosa
_Ya bebé…_ susurré acariciando mi panza _llegamos, eres muy pesado…_
Abrí la puerta esperando que estuviera con llave, pero me alegré que no lo estuviera. El despacho de Benjamin estaba frío y oscuro, nadie pareció haber entrado desde hacía una semana. Ni siquiera Loise, seguramente porque Benjamin tenía órdenes de que nadie podía entrar sin su presencia en la casa.
Encendí la luz y caminé hasta su escritorio y me senté en la silla de cuero negro, desde allí miré a mi alrededor. Las dos paredes forradas de libros, el pequeño juego de sofás de cuero blanco rodeado por esa biblioteca, como una réplica exacta de su despacho en la oficina. Un enorme cuadro de Velázquez adornando la sala en una pared lateral detrás de su escritorio, el pequeño baño y la mesita de licores en una esquina, junto a una cafetera.
Miré el escritorio y abrí uno de los cajones, me sentía intrusa, pero él no estaba esta vez, él no iba a poder esconder nada de mí esta vez, porque estaba dispuesta a quedarme en ese cuarto hasta dar con lo que buscaba.
Abrí uno a uno los cajones de su escritorio. No había nada allí, más que informes de la empresa, objetos personales y algunos frascos con medicamentos… ¿desde cuándo estaba enfermo Benjamin? La leucemia lo había estado carcomiendo desde que Edward había comenzado a trabajar con nosotros, tal vez antes y él nunca fue capaz de decirme nada. ¿Qué clase de farsa había sido nuestro matrimonio? Años y años viviendo a ciegas.
Me rendí cuando tenía todos los cajones sobre el suelo y todo el contenido volcado en el escritorio. Nada que pudiera incriminarlo, nada que valiera la pena para la investigación de Emmett.
Miré detrás de mí, solo el cuadro llamaba mi atención…
Y ¿si…?
Me mordí el labio…
Me levanté de la silla y caminé entre los cajones hasta detrás del escritorio, el cuadro estaba enmarcado por un lindo marco dorado. Tomé un extremo y tiré hacia mí, el extremo del cuadro se separó de la pared y el frente de una caja fuerte quedó a la vista.
Nunca supe de esa caja fuerte en su despacho. De hecho no había visto una caja de seguridad de esta clase en toda la casa, al parecer esta era la única si es que no había otra en su dormitorio.
Su apertura era electrónica, no números, sino letras. Era como nuestra alarma de entrada de la puerta principal, solo que más pequeña y alfabética.
¿Qué sería Benjamin? ¿Tu nombre? ¿El de tu compañía? ¿El de tu amante? ¿Tal vez tu esposa? Probé con cada una de ellas pero ninguna resultó ser la combinación para abrirla. Probé con otras palabras más que pensé que la abrirían, pero nada resultaba.
Estaba a punto de llamar a Emmett para que me ayudara a descifrar la combinación cuando se me ocurrió probar con otra palabra. Improbable. Simple e increíblemente estúpida.
Tecleé una a una las letras contra el teclado y la luz roja se tornó verde.
_¿Bella?_ murmuré sorprendida, mi apodo era mi pasaje a pasar. _¿En serio Benjamin? ¿El apodo que me impuso mi amante?..._
Reí irónicamente, cada vez más cosas me sorprendían de mi propio marido, cosas que pensaba improbable.
Abrí la pequeña puerta de hierro y plomo y dentro encontré lo que buscaba. Expedientes. Carpetas de archivos, algunos otros documentos y otros artículos que no presté atención.
Saqué con cuidado las carpetas de archivos y los llevé al escritorio, eran muchos, me llevaría tiempo revisar todos. Pero el día recién comenzaba, había llamado al Instituto al inicio de semana para avisar que me quedaría en casa hasta sentirme mejor. Anímicamente era una derrota, aunque físicamente aún podía andar.
Abrí el primer expediente y me sorprendí al ver lo que era. En la primera hoja me encontré con la imagen de Edward y mía.
_Oh dios…_ gemí tapándome la boca con las manos _oh cielos… nos investigó_
Luego de la primera reacción me obligué a saber hasta dónde había llegado con eso. Pasé la primera página, un informe detallado de nuestras salidas, imágenes juntos o separados, subiendo al Cooper o al Mercedes, en una de ellas Edward sosteniéndome en contra de la puerta del auto, besándome…
Recordando me llevé los dedos a los labios. Me acordaba de ese beso, la tarde en que fuimos a nuestro refugio, la tarde de su cumpleaños. Edward… ese era mi Edward, se veía tan… enamorado.
Dios… lo que podía hacer una fotografía, crear una ilusión óptica increíblemente cierta, cuando la verdad, el trasfondo era otro.
Pasé las páginas buscando más, encontrando nuevas fotografías, algunas de ellas de nuestros últimos momentos juntos. Saliendo de la casa de los Cullen, saliendo de una heladería, imágenes de aquella vez que fui al club y Edward vino por mí.
Pruebas…
Pruebas y más pruebas, de mi infidelidad, su póliza de seguro… las razones para denunciarme por adulterio. Su posibilidad para dejarme en la calle si quería y denunciar a Edward por deslealtad en el trabajo.
Las lágrimas comenzaron a bajar por mis mejillas… ver esta hermosa historia de amor de esta manera, como si hubiese sido el peor de los engaños, como si hubiésemos sido delincuentes, no… no podía verlo. Cerré la carpeta con furia y la dejé lejos de mi alcance. Edward no era un tirano, yo tampoco lo era, solo era una mujer enamorada y feliz ¿cómo podían ver eso como una traición si Benjamín tuvo mil aventuras peores en el pasado?
Pasé a abrir la siguiente carpeta y retuve la respiración. Esta vez conocía la primera página. Era la anulación de nuestro acuerdo prematrimonial, la que una vez había firmado sin leer si quiera, confiando en Tayler, un abogado intachable que había acompañado a la familia Plath desde años…
Comencé a leer el contrato de anulación, era eso… simplemente parecía eso, el nuevo contrato decía que tanto hombre y mujer tenían los mismos derechos y compromisos, ambos acordarían el reparto de bienes si se presentaba un divorcio acordado, al igual que yo tenía los mismos derechos sobre los bienes de Benjamín como él sobre los míos. Continué leyendo hasta que llegue a la tercera hoja y leí una de las clausulas, mi aire se trabó en la garganta.
"El pedido de anulación del matrimonio por una de las partes, implica una justificación, tal justificación tiene que ser probada a través de hechos, ya sean pruebas de adulterio, malversación de fondos comunes o cualquier otro hecho que el demandante considere perjudicial para el matrimonio. De no llegar a un acuerdo con la parte demandada, el demandante tiene derecho a despojar de todos los bienes al demandado, incluso si llegaran a existir hijos de por medio, estos quedarían en custodia del demandante"
La idea de que Benjamin quería dejarme en la calle y sacarme a mi hijo fue cada vez más clara.
Llevé la mano a mi vientre y acaricié a la altura de mi ombligo, mi niño tranquilo se movió sintiendo la presión de mi mano
_Si algún día me faltas no seré nada…_ susurré ahogando un sollozo. _papá te protegerá bebé, esto no sucederá… ya no._
Cerré la carpeta y me quedaban dos más sobre el escritorio, una más dolorosa que la otra, casi ya no tenía fuerzas para abrirla y fijarme que tenía dentro. Qué otro arreglo enfermizo de mi marido había allí.
Pero tenía que hacerlo, tenía que ver con claridad las cosas para saber en qué lugar me encontraba.
Abrí el penúltimo folio…
Era un nuevo contrato… un contrato por el préstamo de una altísima suma de dinero. El beneficiario Edward Cullen. Respiré profundamente y llené mis pulmones de un oxigeno que parecía no estar allí, sentía la opresión en mi pecho.
Ese era el trato que Edward había hecho con Benjamín y me estremecía saber qué contenía. Allí estaba todo… todo lo que Edward me había contado.
Miré la ventana y vi al sol desaparecer tras el horizonte, había pasado toda la tarde aquí leyendo y aún faltaba esto, cerré los ojos para recibir el último resplandor del sol antes del crepúsculo y tomé aire profundamente… y me dispuse a leer.
En resumen el contrato decía que Benjamin Plath otorgaba una cantidad importante de dinero a consideración de los gastos impuestos por la cirugía cardiovascular que necesitaba la madre de Edward. Había estudios cardiovasculares que lo probaban todo, firmas de médicos que llevaban el caso y diferentes opiniones, todas llevaban a lo mismo, una muerte inminente por insuficiencia cardíaca.
El préstamo cubriría eso a demás de cubrir otros aspectos de la misma, como gastos anteriores y posteriores, traslado, período de recuperación, endeudamientos de la familia por dicha enfermedad y una indemnización por despido.
Despido…
Él había despedido a Edward. Recordé entonces su mirada vacilante y triste días anteriores de que él me dejara, que desapareciera. Eso era lo que sucedía, era inminente su despido…
Oh dios…
_Edward…_ gemí secando mis lágrimas de mis ojos llorosos. Continué leyendo tragando el nudo en mi garganta.
Llegué a la parte de condiciones, para que el trato se llevara a cabo era necesario una simple y formal condición. Me involucraba…
Un embarazo, un hijo…
Mis lágrimas caían sobre las hojas…
Respiré entre sollozos y continué leyendo, ese embarazo tenía que ser confirmado por un médico especialista a través de pruebas y análisis de sangre. Entonces recordé las extracciones de sangre que me había hecho Estefan, el médico de la familia y lo supe… ellos estaban esperando mi embarazo o confirmándolo.
¡Qué estúpida había sido! ¡Ciega! Jodidamente ciega…
_Maldito, maldito… te odio Benjamin_ dije entre dientes.
Solo faltaban unas cuantas hojas más. Solo unas cuantas. Traté de secar mis lágrimas y enfoque mis ojos en esos crueles documentos, solo había unas cuantas especificaciones del trato, el depósito del total del dinero en la cuanta del padre de Edward, detalles menores como números de cuentas, números de matrículas… Benjamin no dejaba ningún cabo suelto.
Había más, un último requisito…
"Terminar toda relación establecida con Isabella Swan en cuanto el depósito del dinero este realizado y el embarazo confirmado. Debiendo salir de su vida y su propiedad inmediatamente, respetando el perímetro mínimo de proximidad establecido"
Romper conmigo en una palabra, salir de mi vida, de mi espacio, de mi vista… pero ¡un maldito límite de proximidad! ¿Quién mierda se creía Benjamin para imponer este tipo de clausulas? ¿qué se creía que yo era?
La firma de Edward y Benjamin al final del contrato eran lo último que había. Una firma temblorosa de mi Edward… trazos que me decían que ese día había sido duro para él.
Sequé mis lágrimas y cerré la carpeta, la coloqué sobre mi pecho y la apreté contra mí. Allí estaba su sacrificio, mi dolor, el suyo… el daño entero. Edward dejando todo, negando todo, solo por el bienestar de los que amaba como había dicho. La mejoría de Esme, su vida precisamente… la salvación de Carlisle de entrar en quiebra, Alice y su sueño, el mío… mi hijo.
_Oh dios, oh dios… oh dios._ gemí partiéndome en dolor… mi cuerpo comenzó a balancearse de adelante hacia atrás mientras no podía dejar de llorar… tanto. Tanto dolor por esto. Tanto pasamos por este maldito contrato.
¿Cómo pasaste por todo esto solo mi amor?...
Oh cielos… aún recordaba su rostro cuando lo vi por última vez antes del desastre, aquella noche en mi estudio de música cuando tocó su nana para mí, él besó mi vientre… oh dios, él besó a su bebé, él ya lo sabía.
¿Por qué dejó que todo esto sucediera? ¿por qué dejó que ese maldito lo manejara a su antojo? Si me hubiese contado todo, no habría amenaza que nos hubiese separado, no hubiese habido un maldito contrato, no un préstamo. Yo le hubiese dado todo si él lo necesitaba, aunque dudaba que él lo hubiese aceptado.
Aún quedaba un archivo más… ¿qué sería esta vez?... ¿qué tan doloroso sería? ¿Por qué otra cosa había tenido que pasar Edward?
_Mi amor…_
Alcé la mano, estaba dispuesta a conocer toda la verdad. Abrí la carpeta y esta vez había una historia clínica. Era de Benjamin y había una parte marcada con un señalador, la abrí… allí se indicaba una serie de exámenes que reconocí de inmediato, los habíamos hecho hacía unos años cuando no habíamos podido concebir, en su momento nuestros exámenes había salido bien, los dos estábamos en condiciones perfectas para concebir. Pero ahora aquí vi la mentira de Benjamin, él era estéril. Siempre lo fue.
Pero este archivo era una copia del documento original… ¿por qué Benjamin tenía una copia? ¿El original tenía la misma información o había sido alterada? No me sorprendería que él lo hubiese hecho para hacer todas las cosas más reales. ¿Cómo un hombre estéril pudo haber concebido? Benjamin tendría la precaución de crear la mentira entera, sin cabos sueltos.
Luego había un manifiesto médico, solo una hoja con la firma de Edward. Y mi corazón dio un vuelco cuando lo leí.
"A parte de lo ya especificado, el señor Edward Cullen se compromete legalmente a renunciar a su paternidad con respecto al embarazo que lleva a cabo la Señora Isabella Swan. Denegando igualmente toda posibilidad de pruebas de ADN que quiera realizar en el futuro. Si tal clausula no se respeta, se realizaran acciones legales por incumplimiento del acuerdo realizado."
Oh dios…
Él había sacrificado tanto…
¿Por qué no confió en mí? ¿por qué Edward?...
Cerré los expedientes y recosté mi espalda en el respaldo de la silla. ¿Por qué no me había dado cuenta nunca de todas las cosas que hacía Benjamín? Vamos… porque realmente no me importaba una mierda lo que él hacía o dejaba de hacer. Tendría que haber prestado más atención de lo que sucedía a mi alrededor, dejar de ser la mujer dependiente y ciega que había sido… había cometido tantos errores. Debí involucrarme más y demostrar lo que siempre quise ser, una mujer fuerte e independiente.
Lo odiaba… odiaba a mi marido más que a nadie. Lo quería ver hundido antes de morir. Lo quería ver vulnerable y sin esa arrogancia que mostraba cuando pensaba que podía llevarse el mundo entero por delante.
Tomé los expedientes de la mesa, sequé mis lágrimas con mi suéter y caminé con determinación a la puerta, recorrí con la rapidez que podía permitirme por el corredor y bajé las escaleras.
_¡Sam!_ grité cuando llegué abajo, tomé mi bolso que había quedado sobre el sofá _¡Sam! Necesito que me lleves_
Sam apareció por la puerta principal con su rostro sorprendido arreglándose la gorra sobre su cabeza y abrochándose el saco.
_Si Señora, ¿el Mercedes?_
_Cualquiera… solo llévame._ lo seguí a través de la puerta y bajé con su ayuda los escalones del porche
_¿Dónde señora? ¿La señorita Rosalie?_
_Al Holidays Helt Center_
Sam condujo en silencio a través de la ciudad, mi mente estaba sumergida en todo lo que tenía en mis brazos, los contratos, la falsificación de información, las amenazas, las injurias…
¿Cómo había descubierto todo Emmett? Él había tenido el valor de hacer lo que nadie había hecho, descubrir la suciedad de Benjamin. Y la tenía en mis manos. Estaba segura que había más, que a través de todos estos años si él se había atrevido a hacer eso conmigo seguramente lo había hecho con muchas personas más. Fraude, manipulación, amenazas, sobornos y contratos fraudulentos… Solo necesitaba despejar el camino con esta información nueva que llevaba a Emmett y los suyos.
Llegamos al Centro de salud especializado en enfermedades oncológicas. Sam me ayudó a bajar del auto y caminé aferrada a esas carpetas en mi pecho, ignoré las pequeñas puntadas que tenía en mi bajo vientre y solo caminé, necesitaba hacer lo que había venido a hacer.
Pedí en recepción la habitación de Benjamin, la enfermera me indicó el número y fui hasta el ascensor, marqué el tercer piso y cerré los ojos recostándome en la pared del cubículo, respiré profundo varias veces e ignore mis mareos. Las puntadas eran espaciosas, los nervios me habían sobrepasado y mi cuerpo estaba recibiendo toda la presión de la situación.
_Aguanta bebé…_ respiré profundo varias veces y acaricié mi panza, estaba increíblemente dura…. Oh cielos, si esto perjudicaba a mi bebé de algún modo no me lo perdonaría.
Las puertas del ascensor se abrió y reuní todas mis fuerzas para salir de allí, el tercer piso, el área de cuidados intensivos. Caminé hasta el corredor y busqué la puerta numero 16, cuando la encontré respiré profundo y aferré los archivos a mi pecho con ambas manos. Tragué en seco y sin golpear abrí la puerta.
Me parecía increíble que el hombre que estaba frente a mí era el que tanto me había hecho sufrir. Benjamin no era ni la mitad de lo que había sido una vez, ese hombre imponente, seguro, calculador y fuerte que había visto por primera vez a mis diecisiete años ahora yacía sobre una cama, solo y como un hombre frágil y a punto de darse por vencido. Su rostro pálido y demacrado, su cuerpo delgado y sin fuerzas, la ausencia de cabello, todo me indicaba que los médicos habían estado haciendo lo posible por darle un poco más de vida, pero había sido inútil.
Había sido más que una recaída, había sido el inicio de su final.
Él estaba despierto, volteó su cabeza al oír la puerta y no dio señales de sorpresa al verme, pero cuando sus ojos dieron con las carpetas retenidas en mi pecho su rostro palideció aún más.
Su respirador se mantuvo constante y el bip de la máquina que monitoreaba a su corazón mantenía un ritmo uniforme, noté una leve vacilación en su ritmo cardíaco, pero fue solo un instante cuando sus ojos bajaron a los archivos.
_Isabella_ su voz sonó ahogada debajo de la mascarilla del respirador.
_Solo viene a decirte una cosa_ dije tragando el nudo en mi garganta, avancé unos pasos dentro de la habitación y quedé frente a la cama _no vale la pena insultarte y degradar tu cuerpo más aún, la enfermedad ya hizo suficiente. Pero quiero que sepas una cosa, destruiste toda mi vida, la hiciste un infierno, me subestimaste, me manejaste como quisiste, pensaste por mí, decidiste por mí y hasta hiciste cosas detrás de mí que tenían que ver con mi vida, con la vida de otros. Pero una cosa no lograste nunca Benjamin_ a esas alturas mis ojos estaban nublados por las lagrimas, a pesar que me había prometido no llorar delante de él _nunca lograste que te amara, no… lograste lo contrario, te odié cada día más y más. Me das asco y agradezco al cielo que pronto te sacará de mi vida_
_Isabella, por favor…_ dijo él débilmente. Levantó una de sus manos de la cama implorante pero lo ignoré totalmente, nunca había visto a Benjamin en una situación tan humillante, no lo disfrutaba, pero tampoco lo odiaba.
_¿Sabes qué es lo único que te agradezco?_ murmuré secando mis lágrimas con el dorso de mi mano. _ Gracias por Edward. Me presentaste al verdadero amor de mi vida, lo pusiste junto a mí y supe lo que era la felicidad._ él apretó sus puños sobre las sábanas y negó con la cabeza
_Jugó contigo…_ masculló…
_No mientas más!_ apreté las carpetas en mi pecho tratando de controlar mi furia _tú lo alejaste de mí, tu lo obligaste a irse, tú y tus amenazas, tú y tu maldito poder corruptible!... lo hiciste sacrificar tanto. Nos hiciste sufrir tanto_ mis palabras eran entrecortadas y dolorosas
_No me odies…_ suplicó…
Negué con la cabeza y reí irónicamente
_Creo que es tarde para eso, lo siento Benjamin… pero creo que es hora de que pagues cada cosa que me hiciste, cada cosa que le hiciste_ lo miré por una últimas vez a los ojos, quería que viera mi sinceridad en los míos _Gracias por arruinarme la vida, disfruta de la que te queda…_
Di media vuelta sobre mis pies y caminé hasta la puerta haciendo oídos sordos cuando dijo mi nombre. Cerré las puertas tras mis espaldas y caminé hasta la salida de ese hospital. No volvería nunca más allí…
Y salir de allí fue como si dejara un peso que había llevado por años sobre mis espaldas, en ese lugar. Sorprendentemente me sentí más ligera, más liberada, sentí como si la amargura de años se hubiese esfumado de una vez por todas de mí. Pero no podía dejar de llorar… el dolor aún se sentía como la daga en el corazón, toda mi vida había sido un desperdicio, una mentira, todo…una gran pérdida de tiempo.
Sam abrió la puerta para mí, me pidió el destino pero no supe qué decirle, no quería ir a la casa de Rosalie, no podía dejar que me viera así, las heridas estaban a flor de piel y no quería llevarle más problemas. No quería volver a esa casa… no era mi hogar, mi casa nunca más.
Solo atiné a decir una dirección, una que no había visitado por meses, una que había significado tanto para mí y que fue donde el dolor más grande me sacudió. Tenía el suficiente valor ahora para enfrentarlo, dejar todas las heridas detrás y tratar de comenzar una vida nueva junto a mi hijo.
Sam condujo al otro lado de la ciudad, tenía que pensar tantas cosas… una nueva vida. Le daría todos los documentos a Emmett para que consiga acabar la investigación, tenía que esperar para conseguir el divorcio antes de que Benjamin muriera, no quería ser su viuda. Tenía que hacer tantas cosas aún… por lo pronto, conseguir un nuevo hogar.
Sam abrió mi puerta y bajé a mi último destino, miré hacia arriba al edificio que alguna vez había sido como mi hogar. No lo había visitado desde que… bueno, desde que todo sucedió.
Nuestro refugio…
Ahora sería mi nuevo comienzo.
_Sam, gracias por traerme y gracias por todos estos años de servicio_ dije a mi chofer mientras me acompañaba a la entrada del edificio, el me miró sorprendido… pero luego pareció comprender _mándale a Claire mis saludos, no sé si volveré a verlos… pero, hazle saber mi agradecimiento_
_Señora, ¿no volverá más usted a su casa?_ dijo él sacándose la gorra
_No Sam, nunca la sentí como mi casa, las cosas son muy diferentes ahora a como una vez fue. Espero volver a encontrarlos a todos ustedes, aunque me gustaría que me hagas un último favor…_
_Dígame señora, lo que usted desee_
_Entre hoy y mañana Rosalie irá por mis pertenencias, solo mi ropa y las cosas del bebé, me gustaría que la ayudaras en lo que puedas, tú y Claire… ¿puedes hacer ese último favor?_
_Por supuesto Señora, estaremos atentos a la llegada de la Señorita para ayudarla con sus cosas_
_Gracias_ tomé la mano de mi chofer y la estreché en un saludo _nos vemos entonces Sam_
Dí media vuelta y respiré profundo antes de entrar al edificio, esto era lo que podía salvar. En su momento Rose había puesto a su nombre la compra de este departamento, ella me dijo que cuando quisiera podía poner las escrituras a mi nombre, después de todo era mío, pero para eso quería esperar a que las cosas de Benjamin se aclararan… si me iba a quedar sin nada, al menos salvaría esto.
Tomé el ascensor y un nudo pesado se instaló en mi estómago, recordar la última vez que había subido por este ascensor era demasiado doloroso. Las lágrimas comenzaron a caer en mis mejillas una vez más…
Oh dios… dame fuerzas para abrir esa puerta…
Las puertas del ascensor se abrieron y apreté mis brazos aún más alrededor de mi torso donde estaban las carpetas bien protegidas entre mis brazos. Tenía que llamar a Emmett y decirle que las tenía, que había logrado encontrarlas.
Rebusqué la llave del departamento en mi bolso y cuando di con ellas las apreté en mi mano
No habrá dolor esta vez… solo somos tú y yo bebé… nadie más.
Abrí la puerta y entré… encendí la luz con mi mano temblorosa y me recosté en la puerta cerrada. Todo estaba como había quedado… los sofás mullidos, la pequeña biblioteca, la amplia ventana que daba al balcón dejaba pasar la escasa luz del crepúsculo, ya casi tornándose en noche, el silencio… roto solamente por el sonido de una puerta en el corredor que llevaba a las habitaciones.
Cuando miré el aire se atascó en mi garganta y tuve que limpiar las lágrimas de mis ojos para poder ver bien. Allí estaba él, con el torso descaradamente desnudo y su cabello cobrizo, ahora oscuro por la humedad, gotas cayendo sobre sus hombros, una toalla en la mano y solo vestido con un jean gastado.
Edward.
Sus ojos me miraron alarmados y en un segundo estaba caminando hacia mí, tiró la toalla al suelo y tomó mi rostro entre sus manos
_Bella… ¿qué está mal?_
Respiré jadeante cerrando los ojos, dejé caer mi cabeza sobre la puerta
_Estas aquí…_ susurré débilmente, sentía que todo el cansancio del día caía sobre mí. Mis piernas se doblaron y se debilitaron con solo verlo. Todo ese efecto aún tenía en mí.
_Estoy aquí, sí. Perdóname… aquí me siento cerca de ti. A demás… Carlisle llevó a Esme a cenar y Alice está con Jassper, no quiero ser mal tercio. Era solo por esta noche…_ sus palabras se trabaron _¿qué es esto Bella?_ miró los archivos que aferraba en mis manos.
_Lo encontré…_ mi voz se quebró, estaba abrumada… él aquí, él conmigo _es lo que necesitan, todo lo que nos hizo_
_Bella…_ susurró acariciando mis mejillas con sus pulgares, su toque me estremecía _¿leíste todo?_
Asentí aferrándome más a los archivos, él suspiró y soltó mis mejillas.
_Dame Bella, se lo daremos a Emmett_ dijo tomando las carpetas de mis manos, las aferraba con tanta fuerza que mis nudillos estaba blancos _él sabrá qué hacer con esto_ las solté y en cuanto lo hice todo mi cuerpo se tambaleó. Era una gran carga que al fin me dejaba libre.
Edward se apresuró a dejar las carpetas sobre una mesa y volteó hacia mí, en un instante estaba entre sus brazos, que me aferraban fuerte a su pecho. Estallé en sollozos y no pude evitar aferrarme a sus hombros, como si mi vida dependiera de ello. Su dulce olor me embriagaba y aunque sabía que estaba mal, que él no tendría que estar allí… yo solo quise disfrutar de ello.
_¿Cómo… soportaste tanto?_ sollocé _si hubiese sabido… si me hubieses… dicho ¡¿Por qué mierda no me lo dijiste?... Edward… yo podría haber hecho algo… yo podría… oh dios, ¡tendrías que haber confiado en mí! _ sin darme cuanta mis puños golpeaban su pecho con todas mis fuerzas, que no eran muchas.
_Shhh bebé, no te alteres, por favor… yo, lo lamento tanto… no puedo soportar verte llorar, ya no más… yo, no podía_
Oh Dios…
_Sí podías, te limitaste a cuidar de todos… sin importar nada… ¿por qué? ¿Por qué no confiaste en mí?_ gemí retorciéndome en sus brazos
_Porque fui un cobarde_ dijo ahogando un gemido.
Nos quedamos abrazados por unos minutos más allí, en la entrada de nuestro refugio, su mano acariciaba mi espalda y yo me aferraba a sus anchos hombros.
Luego de unos minutos se separó de mí para alzarme entre sus brazos, recosté mi cabeza en su pecho y sentí que me llevaba al dormitorio. Me dejó encima de la cama y abrió uno de los lados, mi cuerpo aún se sacudía en sollozos por lo que dejé que él me sacara mis zapatos, masajeó un poco mis pies que vergonzosamente estarían hinchados y luego de unos minutos en los que logré calmarme, él se paró de la cama y me miró con cautela.
_Traeré algo para que comas, llamaré a Emmett y… me prepararé para irme._ su mirada cabizbaja rebuscó por la habitación y caminó hacia una silla, tomó su camiseta y se la puso, cuando iba caminando hacia la puerta sentí que debía decir algo… tenía que hacerlo, era una necesidad…
_No te vayas_
Él se detuvo en la puerta pero no volteó, bajó la cabeza y descasó su frente en ella. Respiró profundo una vez y luego de unos segundos asintió… volteó lentamente y sus ojos brillantes me estremecieron.
_Solo si a ti te hace bien_
Asentí de vuelta y alcé mi mano…
Bueno, si! actualización rápida... ya lo tengo hecho por lo que iré poniendo los capis muy rápidos, espero que con la misma rapidez dejen sus reviews, gracias!
