Notas de la Autora: Al principio de este fic publicaba los miércoles y los domingos. O algo así. Quiero ver si puedo retomar las viejas rutinas.

Agradezco A LOT los reviews al capítulo anterior! Gracias HirotoporfinxD, morí con tu nick hahaha.

Retretor, estás lleno de maldad con ese apodo para Shindou hahaha, me alegra que te hayan gustado ellos juntos, y sí, le atinaste, era Fubuki al que le estaba comprando Tsurugi. Muchas gracias por el review, ya estoy trabajando en HLA, la meta es tener un capítulo por mes así que debería ("debería") tener el capítulo próximo antes del viernes xD

Kira, regresaste! Me alegra que te gusten esos dos, sobre todo porque es una pareja muy random que se me ocurrió, es bueno ver que tiene apoyo xD muchas gracias por tus palabras. Tendremos dos capítulos seguidos con Hiroto para compensar sus largas ausencias.

Nazulú! Yo sé, esos dos, tienen una química enorme, sólo derrotada por la química entre Shindou e Ibuki (si hubiese conocido a Ibuki antes de escribir este fic, quizá él habría sido la pareja oficial de Shindou. O habría habido un triángulo amoroso. O qué se yo). Gracias como siempre por tu review *heart*

Agradezco también a Clumsy Dolebat por los favs/follows masivos hahaha, gracias!

Ahora, disculpen por favor mis largas notas y pasemos al capítulo.

Disclaimer: Ni Inazuma Eleven ni las canciones me pertenecen.

Advertencias: Ño.


TASTE THE FLESH

Song 34. Near 2

(/watch?v=gN3F0hz56s4)

Había sido hacía unos años cuando los cinco se habían conocido. Hiroto y Midorikawa se habían conocido primero, pues el rubio había sido llevado a la institución en la que Hiroto había sido criado unos cuantos años atrás, debido a un escándalo que había tenido lugar en su institución anterior. A su llegada, Midorikawa se había recluido completamente, paseándose por las sombras del lugar como un fantasma, como intentando esconderse de monstruos que no existían. Hiroto había sido el primero -y el único- a quien aquello le había importado lo suficiente como para intentar acercársele y hacer algo con respecto a su profunda soledad.

"¿De quién te ocultas?"

Eso había sido lo primero que le había preguntado. Midorikawa, un muchacho de cabello rubio verdoso, piel tostada y ojos negros, le había mirado desde uno de los rincones del patio interior del instituto. A su derecha estaba una enorme maceta llena de tierra y plantas feas, y a su izquierda estaba una de las cuatro paredes que rodeaba al patio, con su pintura beige desgastada.

Midorikawa se había puesto a llorar.

Era un llanto lastimero, doloroso, de esos que uno podía sentir arder en el pecho con tan sólo mirarlos como si la tristeza fuera propia. Hiroto no había sabido qué hacer. Tenía frente a él a ese niño flaco y desconsolado, y para colmo él le había hecho llorar.

El pelirrojo miró a sus alrededores, como buscando ayuda. El resto de los chicos estaban demasiado ocupados jugando fútbol o platicando con su grupo de amigos. Hiroto regresó la mirada a Ryuuji, que ya se había tranquilizado un poco pero había volteado el rostro, encogiéndose más sobre sí mismo, como si hiciera todo lo posible por desaparecer en ese rinconcito. No sabiendo qué hacer, el pelirrojo se enderezó y se fue.

Dos días después, Hiroto había vuelto a ver a Ryuuji en el comedor. En medio del bullicio, el griterío y el movimiento que caracterizaban al comedor a la hora de la comida, Ryuuji desentonaba. Flaco, solo, y con una cara que decía que nada deseaba más que poder ser tragado por las paredes. Se había sentado en el lugar más alejado de todos que había podido encontrar, y lanzaba miradas nerviosas a su alrededor, como si tuviera la certeza de que cualquiera que se acercara representaba una amenaza. Hiroto lo miró con pena, sabía que si seguía así no iba a durar mucho. Efectivamente, no pasó mucho tiempo antes de que un niño grande se acercara, le gritara, y sin más se llevara su bandeja entera de comida consigo. El rubio le había mirado irse sin decir una sola palabra, y luego se había encogido en su lugar como si no supiera que más hacer.

"Necesitas amigos. Si no tienes amigos no tienes a nadie a quien le importes. Y si a nadie le importas, es igual a estar muerto".

Eso había sido lo segundo que Hiroto le había dicho a Midorikawa cuando se había sentado frente a él en el comedor. Después, había partido su sándwich en dos y le había dado una mitad al rubio. Había hecho lo mismo con su plátano y su pan tostado, y le había dejado todo el vaso de jugo, conformándose él con un vaso de agua. Midorikawa no había dicho una sola palabra pero había aceptado. Tenía hambre, era evidente, y Hiroto supuso que se la pasaba tanto tiempo ocultándose que probablemente se había estado saltando las comidas.

–Me llamo Hiroto.

El rubio le había mirado con unos ojos hondos de cansancio y hambruna. Los ojos que niños como ellos no debían tener.

–Mi nombre a nadie le importa –había respondido el otro con voz rasposa. Hiroto se había permitido sentirse incómodo, notando ahora que el rubio le miraba directamente que tenía los labios secos y blancuzcos, los párpados hinchados y colorados y la piel dura y seca. Desvió la mirada porque no lo soportaba. Sentía como si el rubio estuviese demasiado cerca de un lugar oscuro del que no había retorno.

–A los amigos sí les importan los nombres –dijo, intentando disimular su incomodidad. No pudo ver la expresión del rubio porque no estaba mirándolo, pero eventualmente Midorikawa habló.

–Midorikawa Ryuuji.

Lo había dicho despacito, con timidez, como si quisiera ocultarlo del mundo y temiera que las paredes lo escucharan. Hiroto había sonreído un poco y había vuelto a levantar la mirada para verle.

–¿Y de quién te ocultas?

Los ojos de petróleo le regresaron la mirada con pesadez. Había en ellos demasiada noche y pesaban como pesa la oscuridad cuando se la mira.

–No sé –respondió–. De todo.


Habían pasado cerca de tres años desde el día en que Hiroto le había hablado a un Midorikawa que se resguardaba entre polvo y telarañas, cuando conocieron a los otros tres. Saginuma había llegado a la institución para hablarles sobre las oportunidades que el gobierno les ofrecía ahora que estaban a punto de alcanzar la mayoría de edad. Mismas oportunidades que él mismo había aprovechado, motivo por el cual había sido electo para dar aquella plática.

"El gobierno nos ofrece una beca de educación superior completa así como una beca de alimentos, siempre y cuando nosotros hallemos los medios para cubrir el resto de nuestros gastos. Se busca que trabajen y estudien a la vez, y el gobierno tiene ya algunos puestos disponibles en varias ciudades del país para ofrecerles. Tan sólo es cuestión de que ustedes acepten, y déjenme decirles esto: estarían cometiendo el peor error de sus vidas si no lo hicieran".

Saginuma, vestido elegantemente y proyectando tanta seguridad, se había convertido instantáneamente en un modelo a seguir para la mayoría de los chicos que estaban escuchándole hablar. Hiroto era parte de esa mayoría, así que cuando la plática terminó, se acercó inmediatamente al módulo de información para inscribirse y poder ser considerado para las becas. Recordaba que el corazón le había latido a mil por hora mientras rellenaba los papeles, como si pudiera sentir claramente que ya estaba rozando con los dedos al inicio del resto de su vida. Midorikawa, por otro lado, después de la plática se había ido por ahí a hacer quién-sabe-qué, como era tan costumbre suya.

–¿Qué crees que estás haciendo? –No esperaba realmente una respuesta a esa pregunta–. Ve a inscribirte inmediatamente al programa de becas.

Midorikawa le había mirado con fastidio.

–¿Y yo por qué haría eso?

–Estúpido, porque si no lo haces vas a ser un perdedor por el resto de tu vida, ¿es eso lo que quieres? ¿No te das cuenta de que esto es una mina de oro?

Midorikawa le había lanzado una mirada larga y significativa.

–Ese tipo podría hacer que la gente lo siguiera al fondo de un precipicio, ¿te diste cuenta?

–¿De qué demonios hablas? Deja de decir estupideces y ve a inscribirte.

Midorikawa, para su fortuna, le había obedecido.

El tipo que estaba encargándose de ayudar a las personas a inscribirse hacía evidente a todas luces que no quería estar ahí. Hiroto le había hecho varias preguntas, y todas habían sido respondidas de mala gana. A Hiroto no le había preocupado mucho. Estaba acostumbrado a los malos tratos. Sin embargo, cuando Midorikawa se había acercado, el tipo, que tenía un cabello de fuego cuyos mechones alborotados recordaban a las lengüetas crepitantes de una fogata, se había puesto de pie sin motivo y había rodeado la mesa para ponerse a su lado, cerca, muy cerca… más cerca de lo que necesitaba estar. Hiroto había notado la tensión disimulada que había aparecido inmediatamente en el cuerpo de Midorikawa. Si bien había logrado con mucho esfuerzo apaciguarlo, la realidad era que Midorikawa tenía un problema grave y evidente con el contacto físico. La primera vez que Hiroto había intentado tomarle de la mano, el resultado había sido un puñetazo no muy fuerte en la mejilla y un Midorikawa que había salido corriendo y no había querido verlo por dos días completos.

–Ryuuji, me gusta ese nombre –había dicho el otro pelirrojo, y Hiroto había levantado una ceja, viendo como el tipo miraba al rubio como si fuese una especie de platillo exquisito servido para él.

–Gracias.

–¿Te gusta salir de la institución? Podría invitarte a comer algo. Y después podemos ir a mi casa. Tengo una sala de cine privada que te encantará.

Hiroto había hecho una mueca. Si bien hacía mucho que se había terminado el intento de relación amorosa que había habido entre él y el rubio, había una parte de él que todavía sentía que una parte de Midorikawa le pertenecía.

–No, no me gusta salir de la institución. Pero gracias.

La mueca de Hiroto había sido reemplazada por una sonrisa, y se había sentido casi victorioso cuando se había alejado a lado del rubio, sintiendo la mirada intensa del otro tipo encima de ambos.


Al último de los cinco lo habían conocido unos meses después, en la reunión de celebración por las becas otorgadas, cuando algunos chicos de otras instituciones habían sido traídos a la suya para celebrar y recibir sus respectivos certificados como becados. Saginuma se había aparecido nuevamente para dar un discurso, luciendo impecable, y su "ayudante", el desagradable pelirrojo, también había estado ahí.

–¿Ustedes dos también van a Düsselden?

Hiroto se había volteado y entonces había estado a punto de dejar caer su copa de champagne.

–¿Dü… Düssel…?

Algo en su cerebro se había desconectado y podía sentirse sonando como un completo idiota. Midorikawa le había mirado así como se mira a los completos idiotas.

–Sí, vamos a Düsselden –respondió el rubio secamente.

–Oh. Entonces me gustaría presentarme. Mi nombre es Suzuno Fuusuke, pero me dicen Gazelle.

Él extendió una mano y Hiroto se apresuró a tomarla.

–Soy Hiroto, y él es Midorikawa. Mucho gusto.

El chico les sonrió y Hiroto sintió una sonrisa igual de amplia apareciendo en sus labios.

–¿Tú también vas a Düsselden?

–Sí. Me alegro de no ser el único. Deberíamos buscar un piso juntos, ¿no creen?

–¡Sería excelente! –exclamó Hiroto, pero, notando que había sonado entusiasmado de más, intentó recuperar la compostura agregando–. Digo, es mejor estar cerca, compartir gastos y esas cosas, ¿no?

Gazelle asintió con una sonrisa cándida. Sin embargo, esos planes nunca se concretaron, porque aquella noche Gazelle había terminado estando muy, muy cerca de alguien más.



Notas de la Autora: Así nace el amor en una mirada de tres segundos.

Y Hiroto ama a todos (?) bueno, ok, excepto a Nagumo. Espero hayan notado el tema de la "cercanía" muy al final.

En el próximo capítulo: Hiroto, sutilezas, los consejos de Kidou y un chico llamado Fuusuke.

(Y Mr. Kidou hace su aparición).

Au revoir!