¡Konnichiwa!... ¡Gomenasai!

¡Perdónenme la vida y la existencia! ¡Yo sé que me tarde más de dos meses en escribir la continuación de esta historia! Pero se me fue el tiempo escribiendo los One-Shot y otras cosas que no pude terminar a tiempo. La escuela es otra de mis escusas, junto a la falta de inspiración y la falta de reviews en mi capitulo pasado u_u. Otra cosa es que habría subido este capítulo la semana pasada si no hubiera sido por una de mis secretarias (la más irresponsable), que estuvo toda una semana haciéndome gastar mi tiempo, para que al final yo tuviera que transcribir el capitulo. Por eso la despediré mañana ¬W¬… en fin, con eso me quedo solo con una secretaria, a la que voy a comenzar a cargar de trabajo ._.

Espero que no me cuelguen de un poste de la luz por haberme demorado tanto. Y si así lo quieren, ya saben, solo avísenme y lo haré por ustedes u_u.

Les doy gracias por tomarse el tiempo de leer mi historia (especialmente el capitulo anterior) a Caritow-chan y todos en casita, del mismo modo que a Paaansha-chan, a Licci-chan y todo el mundo de por haya!, y a Julietina-chan (mi amada lectora, por favor, no me bajes mas el ánimo diciendo que llevo más de un año sin actualizar, cuando actualice en enero TT_TT, aunque si, 2 meses son toda una eternidad… haha, gracias de cualquier manera por leer toda mi historia).

Otra cosa es que en este capítulo también todo lo que esté en cursivas es la narración de Butch, así que no se confundan, ¿ne?

Declaración: Los personajes de las PPG no me pertenecen (si así fuera seria una historia muy diferente ._.), todos los derechos de copyright son para Craig McCracken y Cartoon Network. Las utilizo sin fines lucrativos, mero entretenimiento.

Advertencias: UA, OoC, sangre, traiciones, un viejo loco que quiere revivir a alguien muerto, suspenso, confusiones, poco amor, pocos valores éticos y morales, descuartizamiento de personajes, poco sentido común, no respeta las leyes físicas (como la ley de la gravedad o espacio-tiempo…), capítulos cortos con muy poco sentido común.

¡ATENCIÓN!

¡LO QUE ESTÁ EN CURSIVAS ES LA NARRACIÓN DE BUTCH!


Las 4 Gemas

Capitulo 34: Recuerdos de un guerrero

El sol se escondió detrás de una gran y grisácea nube, guardando gran parte de su luz con él. El cielo azul se vio pronto inundado por varias nubes, que se fueron acumulando lentamente, hasta formar una capa impenetrable por los rayos ultravioleta. La rapidez con la que eso sucedió ahuyentó a gran parte de los pescadores en las costas, así como ciudadanos, que se ocultaron de la inminente tormenta.

El pavimento oscuro lentamente fue pintado por pequeños y dispersos círculos del líquido que comenzaba a caer desde las grandes nubes. El agua comenzó lentamente a caer con más frecuencia, mojando las calles descubiertas. La lluvia pronto comenzó con su característico sonido, inundando con él todos los rincones de la gran isla.

Varias gotas de agua mojaron su níveo rostro, como el resto de su indefenso cuerpo. Se despertó lentamente, abriendo perezosa sus orbes verdes. Duró unos segundos adormilada, dejando que más gotas de lluvia mojaran su cuerpo, hasta que en su mente se instaló el fugaz recuerdo de la sonrisa del joven moreno. Se irguió rápidamente, buscando al instante a sus acompañantes, pero en su lugar solo se encontró con un gran edificio delante de ella, que a su vez tenía un gran agujero en una de sus paredes.

Se aclaró la mirada, intentando descifrar las imágenes que su cerebro comenzaba a recibir, pero no lo logró. Se puso de pie, sacudiendo lentamente su larga melena rubia, para luego comenzar a caminar en dirección al edificio, sin importarle el hecho mojar más su delicado cuerpo.

_ No puedo hacer tal cosa, mi adorado Butch, yo no puedo juzgarte por un crimen que no has cometido._ mientras me decía eso sentí su suave abrazo en mi piel. Puedo sentir como las lágrimas se acumulan rápidamente en mis ojos. La desesperación se apodera de mí, y sólo puedo soltarme bruscamente de sus brazos y retroceder unos cuantos pasos.

_ ¡Claro que lo hice! ¡Yo asesiné a todas esas personas! ¡Tú misma me lo mostraste!_ puedo sentir como mis mejillas son humedecidas por el liquido tibio que se escapa de mis ojos. Mis manos tiemblan, con impotencia, al igual que el resto de mi cuerpo. Quiero tranquilizarme, aceptar esos hechos y pagar por ellos un precio justo –mi muerte-, pero me es imposible hacerlo.

_ Lo hizo la Mente Maestra, no tu. Tú no tenías control de tu cuer…

_ ¡Por mi debilidad ellos están muertos! ¡Por eso soy culpable!_ interrumpí cerrando los ojos. Mi pecho me arde… duele demasiado como para mantener la vista clara. No puedo respirar bien… algo me está pasando…

Entró al almacén por el cráter, fijando su incrédula vista en la nube de energía negra que tenía delante. Sintió un escalofrió recorrer su espalda, dejándola temblorosa.

_ Ya no hay tiempo, querido, así que no puedo seguir explicándote. Tienes que cuidar de la personas a las que amas, ¿de acuerdo?, y hazme crecer, aunque sea un poco._ levanté mi mirada, para verla fundirse en un brillo dorado.

_ ¡Espera!_ grité con el ultimo bocado de aire que quedaba en mis pulmones.

_ Perdónanos, Butch, querido, para que juntos podamos seguir amando._ el eco de su voz se instala en mi cabeza. Habría insistido más en que esperara, pero mi boca no responde a las órdenes que le envía mi cerebro. Mis pulmones necesitan aire, pero no puedo dárselos. Intento mover mis manos, pero no lo hacen. La oscuridad comienza a adueñarse de mis ojos. No quiero dormir.

_ ¿Qué es lo que está pasando?_ se preguntó a si misma viendo como lentamente la nube negra se dispersaba con lentitud.

Abrió sus ojos sorprendida, al ver por fin a las nueve personas que habían sido cubiertas por la energía negra hasta hacia unos momentos. Trago saliva, antes de correr en dirección a ellos.

_ ¡Butch!_ exclamó tomando al inconsciente joven en sus brazo. Miró a su alrededor, encontrándose con los exterminadores, quienes en sus manos sostenían, cada uno, una espada delgada, con varias rupturas en su filo.

_ Lawliet-san, no te preocupes por él, solo está dormido._ informó el líder, viéndola con una sonrisa marcada en sus labios.

_…_ no supo que decir, solo agachó su mirada, intentando contener su lagrimas de felicidad._ ¿Ustedes como están?_ preguntó levantando su rostro para ver al ojinegro con un brillo de preocupación en su rostro. Como respuesta solo recibió una sonrisa.

_ Lawliet-san, para poder sellar al Demonio de los Elementos tuvimos que utilizar todo nuestro poder._ informó una femenina voz a su espalda. Se volteó rápidamente, encontrándose con la mirada café claro de la joven.

_ ¿Eso quiere decir que ustedes…_ comenzó a preguntar, pero se detuvo unos segundo para continuar con su cuestión. Su voz se quebró, soltando solo un pequeño trozo de aire con forma de palabra._… morirán?

_ Eso quiere decir que seremos humanos comunes, nuevamente, a partir de ahora, nada más._ respondió la 2° exterminadora, con una pequeña sonrisa en su rostro, intentando tranquilizar a su interlocutora.

_ Ah… que alivio…_ un suspiro se escapó de sus labios, llevándose con él el nudo que se había formado en su garganta, mientras relajaba su semblante.

_ ¡¿Qué qué alivio dices?_ exclamó el pelirrojo de larga coleta, inflando infantilmente sus mejillas, mientras pequeñas cascadas salían de sus ojos._ ¡Ahora ya no podremos hacer cosas geniales como antes! ¡Yo no quiero eso!_ comenzó a patalear en suelo, aumentando la intensidad de su puchero. Una carcajada unánime acalló sus lloriqueos, haciendo que Derek Wells se desubicara un poco.

_ Ya, ya, Derek-kun, no pasará nada si seguimos juntos_ la joven morena que estaba a su lado intento tranquilizarlo, sonriendo levemente.

_ ¿Dónde están Brick, Boomer y Blake?_ preguntó la mujer de cabellos rubios de pronto, dirigiendo su mirada al exterminador negro, con una sonrisa marcada en su rostro, expectante por la respuesta. El silencio se plantó al instante, apoderándose de todo el lugar, dejando solo el rítmico sonido de la lluvia a las afueras.

_ Lawliet-oba-san…_ susurró Zoey, intentando responder a la cuestión por su propia cuenta, más sin embargo, no se atrevió a hacerlo, agachando su cabeza con profundo despecho.

_ Boomer-kun esta inconsciente, tiene algunas fracturas y heridas, pero si es correctamente tratado estará bien._ informó el pelicastaño de oscuros ojos, con el semblante serio. Desvió su mirada, con cierto remordimiento._ Blake murió, y como resultado fue incinerado. Él, de hecho, está alrededor de usted en estos momentos. Brick-kun fue atravesado por el corazón, muriendo instantáneamente._ intentó controlar sus ganas de soltar sus lagrimas, logrando retenerlas, a todas, menos a una solitaria, que resbaló por su mejilla. Varios segundos pasaron en torturante silencio, hasta que ella intentó hablar.

_ ¿E-Eso… es verdad?_ pregunto con voz temblorosa, viendo al líder de los exterminadores.

_ Mis más sinceras disculpas, Lawliet-san, no llegamos a tiempo._ susurró Alvaro cerrando los ojos, intentando no mostrar su tristeza. Ella imitó el gesto, pero comenzó a sollozar en silencio después de cortos segundos. Los jóvenes guardaron silencio, agachando sus cabezas.

para que juntos podamos seguir amando…

Vuelvo a escuchar el eco de su voz. Estoy sumido de nuevo en la oscuridad. Me estoy acostumbrando, al menos eso creo.

Amor… ¿Qué es el amor?... hasta este momento he creído que el amor es un sentimiento. Cuando Blake se marchó creí que el amor era inútil. Deje de amar, o al menos eso fue lo que creí. Yo, ahora que me doy cuenta, siempre he amado.

Cuando nací –y antes de hacerlo- amaba a mi madre, a mis tres hermanos y a mi padre –que apenas recuerdo-. Cuando mi padre murió no perdí ese amor por él, ni por nadie, incluso creo que comencé a amar más a los seres que me rodeaban.

Ahora que pienso en papá, creo que él siempre nos trataba de proteger… de algún modo creo que ese fue el motivo por el que murió. No importaba cuantas veces insultáramos a nuestro maestro, él siempre le decía que no nos golpeara, sino que solo nos castigara con trabajo físico. Tan imponente era su presencia que desde la primera vez que vio al maestro golpearnos y le dijo eso, el maestro dejó de golpearnos por completo. Tal vez el mejor recuerdo que tengo de mi padre es de cuando Brick y yo comenzamos a pelear por una tontería –no recuerdo cual-, y él lo único que nos dijo fue algo como: "Esta bien, peleen, pero cuando terminen lastimados o estén en problemas y no esté yo, solo se van a tener a ustedes para apoyarse.", desde entonces procurábamos no pelear, y siempre nos cuidábamos los unos a los otros.

Recuerdo también que él, en un esfuerzo para apoyarnos en los deportes que nos interesaban, nos regaló a cada uno un presente distinto, de hecho, la gorra roja de Brick –la que no se quita ni para lavarla- fue parte de su presente. A Brick le regaló esa gorra roja y una raqueta de tenis, a Boomer le regaló un guante de beisbol y una pelota del mismo juego, a Blake le dio una mini canasta de baloncesto con 5 mini pelotas, y a mí un pequeño balón de futbol soccer y una mini portería. A Brick fue al único al que le duró tanto ese presente.

Después de unos minutos de silencio levantó su rostro, enrojecido por su llanto, y comenzó a ver a la nada, sin prestar atención a lo que sucedía a su alrededor, solo concentrada en su fuerte despecho.

_ Blake, te amo._ susurró, aun viendo el aire que la rodeaba. Una pequeña brisa choco en su mejilla, meneando lentamente su mojado cabello.

Blake fue el primero en romper su juguete. Un día, si no mal recuerdo, comenzó a jugar como él, como lo hacía siempre, sin embargo, ese día arrojó una de las pelotitas con tal fuerza que la mini canasta cayó al suelo, donde se partió en varias partes. Intentamos arreglarlo, para que él no fuera regañado por papá, pero nos encontró a la mitad de nuestro acto de vandalismo. Lo más sorprendente de todo es que no nos regañó, solo nos dijo que nosotros podíamos hacer lo que quisiéramos con lo que nos regalaba, ya que después de todo él nos lo dio con la intención de que fuéramos felices.

A decir verdad creo que Blake habría sido un gran basquetbolista, ya que tenía mucho talento, pero un fuerte odio lo condujo a otro final. Sin duda me arrepiento de no haber podido detener a mi hermano, si lo hubiera logrado detenerlo nada de esto habría pasado.

_ Butch, has hecho un gran trabajo, gracias por todo_ susurró sonriendo tenuemente, antes de besar la mejilla de su joven hijo._ Sigue adelante, que yo te estaré cuidado_ murmuro a su oído._ Te amo.

Yo fui el que destrozo mi obsequio después. Lo hice, de hecho, unos días antes que mi padre muriera. En el patio había acomodado improvisadamente la portería donde siempre chutaba para probar mi puntería. Ese día no era muy diferente al resto, lo único diferente era que en mi portería se había colado una rama lo suficiente puntiaguda como para hacer reventar un balón ya bastante usado. Cuando comencé a tirar, en uno de los rebotes, solo pude escuchar como la cámara del balón se reventaba, como si fuera un globo. Mi padre salió de la casa, como si en lugar de un balón hubiese sido una granada la que hubiese explotado.

Recuerdo a la perfección que cuando vio que estaba a punto de correr hacia el balón, o la cascara de él, me acaricio la cabeza, mientras sonreía y me decía: "¡Wow! ¡Debió hacer ido un tiro realmente fuerte! Te has vuelto muy bueno". El resto de la tarde la pasé hablando con él acerca del soccer, mientras intentábamos arreglar juntos el balón, que quedó por completo destrozado.

_ Disculpa, Kanata-san, ¿podrías cuidar de Butch unos momentos?_ pidió Lawliet escondiendo su mirada en la sombra de sus mojados cabellos rubios. La castaña solo asintió con la cabeza, meciendo sus cortos cabellos lacios. Se acercó al moreno, inconsciente, para acomodar su cabeza sobre su regazo, viendo aún a la mujer de oscurecido semblante.

Lawliet se puso de pie, y caminó unos metros hacia atrás, encontrándose de paso con la inconsciente joven de moreno cabello. Sonrió un poco, para agacharse y retirar los cabellos rebeldes de la cara de la joven.

_ Gracias por cuidar de Butch. Te lo encargo, ¿sí?_ susurró sonriendo quedamente. Levantó su mirada en dirección al grupo de jóvenes, entendiendo Zoey de inmediato, por lo que se acerco a Buttercup.

_ No se preocupe, Lawliet-oba-san, yo cuidaré de ella_ informó Zoey sentándose al lado de la inconsciente morena. La rubia sonrió antes de hacer una leve reverencia y comenzar a caminar nuevamente a su dirección original.

Se detuvo, para ver la esquina donde las dos jóvenes ya hacían inconscientes, apoyadas una sobre el hombro de la otra. Hizo una nueva reverencia, y no tuvo necesidad de indicarlo, ya que dos exterminadores fueron a socorrerlas de inmediato, sonriendo ambos, intentando darle confianza, sin despegar sus ojos rojos y marrones de la joven madre. Ambos asintieron con la cabeza al confirmar los signos vitales de ambas jóvenes. Ella sonrió un poco, antes de volver a caminar.

Sintió un nudo formarse en su garganta cuando llegó delante de su hijo rubio. Parecía dormido, pero la sangre en su cuerpo empeoraba su imagen. Se hincó, quedando delante de él, para acomodarlo boca arriba. Soltó un largo suspiro cuando escuchó la pasiva respiración del ojiazul.

_ Sigue siendo como lo has hecho siempre, ¿ne?_ pidió, sonriendo maternalmente, para ver como su joven hijo seguía dormido._ Así como eres yo y muchas más personas te amamos._ susurró acariciando levemente el cabello dorado del joven, antes de besar lentamente su mejilla.

El guante de Boomer se rompió con el uso, aproximadamente un año después de la muerte de papá. Gracias a ese guante Boomer bloqueó muchos tiros a home run, y atrapó muchos ponches. Cuando mamá lo tiro a la basura parecía un trozo de tela marrón mal cosido. Boomer lloró todo el día por su guante… no, mas bien, por el guante que papá le había regalado.

Mamá tuvo cargos de conciencia, por lo que le regaló una pecera llena de diferentes tipos de peses. De ahí nació su obsesión por los animales marinos.

_ Lawliet-san, está bien, yo cuidaré de él._ tocó levemente su hombro, atrayendo su mirada verde a la negra de él. Ella asintió con la cabeza, dándole paso para que cuidara de su rubio hijo.

Caminó lentamente, con los ojos clavados en el suelo, hasta que encontró el rastro de sangre de su hijo primogénito. Avanzó mas con la mirada gacha, hasta que pudo ver el par de zapatos deportivos negros, teñidos con el valioso liquido carmesí.

Sus piernas fallaron, haciéndola caer sobre sus rodillas delante del inerte cuerpo del mayor de sus hijos. Levantó su mirada, encontrándose con el rostro pálido del pelinaranja. Guió su mano, hasta tocar levemente el frio rostro del joven. Una pequeña sonrisa surcó sus labios, mientras con su mano temblorosa retiraba los despeinados mechones naranjas que caían sobre la frente de su amado hijo.

_ Si no fuera por el hoyo que tienes en el pecho y por la cantidad de sangre alrededor, podría asegurar que te pasó lo mismo que aquel día._ murmuró bajando su mano hasta el pecho del joven, delineando la herida mortal que había en él.

Brick rompió su raqueta de tenis en un partido de invierno. Él estaba jugando con ella desde que papá se la regalo, por esa raqueta había podido llegar hasta la final del campeonato, pero cuando intentó regresar un tiro con giro se rompió la red, por lo que la pelota sólo pudo detenerse con la red de la mitad de campo. Por ser la final le prestaron otra raqueta, pero no pudo jugar bien con ella. Ese día, después de ver la premiación de su contrincante, corrió, por medio de la nieve, hasta llegar a el lago de la ciudad, que se encontraba vacío por la temperatura bajo cero que marcaba el termómetro.

Una ráfaga de aire le arrebató la otra parte de su presente, y en su desesperación por no perder todo lo que le quedaba de papá se metió al lago. Si no hubiese sido porque mamá había ido a buscarlo seguro habría muerto de hipotermia…

La gorra roja no la quería utilizar, se negó a hacerlo cuando papá se la regaló, sin embargo, unos días después de la muerte de papá salió a jugar con ella puesta, como si nada hubiese pasado, como si papá no hubiese muerto. Desde entonces Brick no se quita esa gorra, ni sale sin ella en ningún momento, aunque no la lleve puesta –hay ocasiones en la que sale con ella en el bolsillo-.

Mamá intentó comprarle cualquier otra gorra, de diferente estilo, incluso del mismo, pero Brick siempre prefería la gorra de papá antes que las que mamá compraba, por lo que todas terminaban en el desván de la casa, esperando a ser usadas.

He llegado a pensar que esa gorra es el único motivo por el que Brick pudo seguir sonriendo, seguir jugando, seguir… viviendo, después de la muerte de papá. Posiblemente mamá piense lo mismo, y si es de ese modo, ambos sabemos que Brick aún no ha superado la muerte de papá. Esa gorra, en lugar de ayudarlo a seguir adelante, lo está atando a el pasado, donde todos éramos felices juntos.

_ ¿Sabes, Brick?_ preguntó la rubia, agachando su mirada, escondiendo sus orbes detrás de la sombra de sus dorados cabellos_ Soy una madre horrible…

De cierto modo, creo que mamá ha estado intentando protegerlo desde que se dio cuenta de que eso es lo que le pasa…

_… de mis cuatro hijos… yo, siempre… te he cuidado más que a los demás… _ continuó, dejando caer por su mejilla una fría lágrima.

también creo que mamá se culpa a sí misma por todo lo que ha pasado con Blake… pero en realidad nadie de nosotros tuvimos la culpa, ni Blake, todos fuimos descuidados, todos…

_… por mi culpa… por mi descuido… por mi preferencia a ti… Blake se fue de casa… se fue con la persona que asesinó a tu padre, sin siquiera imaginarlo…

mamá, desde que Blake se fue, ah intentado cuidarnos de la misma manera a todos, pero tanto Boomer y yo sabemos que siempre va a estar más preocupada por nuestro hermano mayor, ya que él lo necesita… pero no nos importa… en realidad es mejor que sea así, después de todo, nosotros no podemos hacer nada por él… ya que él lo hace todo por nosotros.

Cuando recuerdo o me pregunto quién fue el que en verdad nos crió siempre veo la imagen de Brick de 7 años viéndome con reprobación y altanería, sin separarse de su gorra roja.

_ Brick, lo siento, siempre te he dejado la responsabilidad de cuidar de tus hermanos. Discúlpame._ susurró ella, sin levantar su mirada.

Mamá, desde que papá murió, dedicó más tiempo a su trabajo, ya que tenía que cuidar de nuestro porvenir. Recuerdo que antes de irse al trabajo, ella nos decía cuanto nos amaba, que nos portáramos bien, y a Brick le decía: Te encargo a tus hermanitos, regreso a la hora de siempre.

_... lamento molestarte tanto, Bricky, pero te encargo a tus hermanos, ¿ok?_ pidió Lawliet en un susurro, separando sus dedos teñidos con sangre del pecho del joven.

_ Lawliet-oba-san… ella va….

_ No mires, Amakeik._ ordenó el líder viendo hacia un lado. La joven de claro cabello castaño dirigió su mirada instantáneamente hacia el joven.

_ T-Taicho…

_ ¡Tenemos que detenerla, Alvaro! ¡Si no lo hacemos ella va…!_ exclamó la morena de ojos verdes, levantando su mirada para encontrarse con la seria del líder del su equipo.

_ No podemos_ interrumpió él, desviando su mirada de la verde, para esconderla en la sombra de sus cabellos._ Ella ya tomó la decisión, por eso la traje a este lugar. Por favor, dejen que la Alquimista Verde trabaje. No miren, porque si no el Emisario se llevará sus almas.

La mujer llevó sus teñidos dedos a lado izquierdo de su pecho, descubriéndolo de las telas mojadas, y comenzó a trazar un pequeño círculo en la piel fría con la sangre que tomó del pecho de su joven hijo. Las gotas de agua intentaron correr la sangre que pintaba la nívea piel de la rubia, pero un brillo verde se lo impidió.

Nuestra madre es distinta al resto, ella tiene tres nombres diferentes. Su nombre de pila es Lawliet Lee, pero cambió su nombre cuando se casó con papá a Lawliet Him, sin embargo, su nombre verdadero es Midori no Sekai, la alquimista verde.

Desde que sabemos esto, hemos cambiado un poco la percepción que teníamos de ella, pero solo un poco. Aun no la podemos dejar de ver como alguien a la que tenemos que proteger a costa de todo, pero sé a la perfección que ella aun nos ve como los niños pequeños que quieren protegerla.

Estoy seguro de que si mamá tuviera ese poder en sus manos, nos salvaría las veces que fuera necesario de la muerte…

_ Brick, por favor, no me odies…_ murmuró, levantando su mirada triste, para ver el pálido rostro del susodicho, mientras una solitaria lagrima caía en el lomo de su mano, teñida con sangre, que aun continuaba dibujando un diagrama en su desnudo pecho.

Si mi padre estuviera con vida, sé que moriría por nosotros, del mismo modo que mamá lo haría. Solo espero que ellos, en algún momento dado, no hayan creído que los podríamos odiar, porque eso no es posible, para ninguno de nosotros, ni siquiera Blake, porque ellos nos dieron la vida. Y nos la volverían a dar.

_ Arte prohibida del alquimista… intercambio equivalente…_ recitó en un tono perfectamente audible. Cerró sus ojos jade, visualizando mentalmente unos pequeños círculos de energía, once en total, pero luego comenzó a ver como uno más grande, de un color plateado, opacaba al resto.

_ Salvador de almas…_ susurró. La imagen de la energía plateada se hizo más fuerte en su mente._ Sé, por piedad del Cordero, el mediador en este intercambio…_ una luz más grande que la plateada inundó la imagen mental que se había forjado, llevando un fuerte y brillante color dorado._… Emisario del abismo, por la vida del dueño de esta sangre y en el nombre del Cordero y Salvador de almas, te entrego la mía propia… ese será mi cambio.

Una fuerte luz envolvió el cuerpo de la mujer de rubios cabellos, de la misma manera en que lo hizo con el inerte cuerpo del joven pelinaranja. Un corto suspiro se escapó de los labios de la mujer, dibujándose en ellos una discreta e imborrable sonrisa.

_ Los amo…_ fue lo único que dijo, antes de cerrar sus ojos con lentitud, mientras a lo lejos se podían escuchar, acallando el compas de las gotas de lluvia, las sirenas de algún auto policial, que poco a poco comenzó a sonar más fuerte y en mayor número.

La lluvia aumentó su danza, mojando indiscriminadamente los autos que se ubicaban a las afueras del edificio medio destruido. El sonido de las ambulancias, policías y equipos de bomberos comenzaron a opacar con más fuerza el gracioso sonido natural de la lluvia al burlarse de lo indefensos a los que podía empapar. Las luces del alumbrado público fueron encendidas antes de tiempo, intentando facilitar la visión de los infortunados transeúntes que no pudieron permanecer en algún lugar seco y cálido. La hélice inquieta del helicóptero despejó las gotas de lluvia que intentaban mojarla, formando un círculo seco en el suelo, mientras obligaba a las burlonas gotas a alejarse con su fuerte corriente de aire. La voz de un hombre por el alto parlante menguó el sonido de las sirenas y la lluvia, que seguía cayendo, sin necesidad o intensión de cesar su rítmico sonido y su graciosa danza.

El elegante hombre que bajo del helicóptero con desesperación, seguido por tres mujeres, se acercó de inmediato a el hombre con el alto parlante, sin preocuparse de mojar sus elegantes ropas con la lluvia. El hombre del alto parlante comenzó a hablar rápidamente el idioma extranjero. La joven de cabellos castaños cerró los ojos, y susurro quedamente cerca del hombre para el que trabajaba.

_ Aun no han entrado, solicitan su permiso._ informó sin abrir los ojos. Sus ropas estilo militar comenzaban a empaparse, pegándose a su delgada y proporcionada figura, con la lluvia que caía sobre sus hombros. Abrió los ojos verde, para ver la afirmación dada al japonés por parte de su superior.

_ Profesor Utonio, si quiere entrar solo hágalo, no hay señales de que aun estén peleando_ murmuró la morena, mientras sostenía su mojado cabello negro en una improvisada coleta alta.

_ Julieta, yo no puedo entrar ahí hasta que los militares no hayan asegurado el área. Soy un militar, no un civil, como para no tener repercusiones en mi expediente._ contestó, llevando una de sus manos al arco de sus sobrios lentes, para ajustarlos._ Ese procedimiento es muy largo y tedioso, pero intentaré que se haga lo más rápido posible._ un resoplido se escapó de los labios de la joven, mostrando su disgusto.

_ Pero profesor… sus hijas…_ intentó persuadir la ojipurpura, sintiendo las gotas de agua resbalar por sus cabellos castaños, y el resto de su cuerpo.

_ Ya basta, Violeta, no lo vas a hacer cambiar de opinión, después de todo es un imbécil del gobierno._ interrumpió Julieta, jalando el brazo de su amiga, para conducirla a un sitio alejado de ese lugar. Miró por sobre sus hombros al hombre de elegantes vestimentas, esperando alguna indicación.

_ ¡Teniente Hoshino! ¡Movilice a las tropas hacia la entrada principal! ¡No sabemos si el cráter es seguro, que nadie entre por ahí!_ ordenó el hombre, dándole la espalda a las jóvenes. Ella asintió con la cabeza, antes de refugiarse con su amiga detrás de un árbol cercano._ ¡Que los servicios médicos se queden aquí! ¡Necesitamos estar seguros de que el lugar es seguro antes de poner a nuestra salvación en peligro!

_ Julieta, ¿Qué pasa? ¿Por qué no me dejaste hablar con el profesor?_ preguntó su amiga soltándose del agarre de la morena.

_ El profesor sabe tan bien como yo que los militares se tardaran años en entrar a ese lugar, años en los que los chicos podrían empeorar su condición física. Ese es el motivo por el que nos trajo a este lugar, al ser civiles extranjeras la ley nos favorece, si mucho nos castigarán unas 72 horas en prisión, pero con el profesor es muy diferente, ya que él trabaja para esta organización. Lo que haremos será entrar y sacar a los heridos por ese agujero, y llevarlos a las ambulancias._ explicó la morena, viendo con sus orbes dorados a todos los militares movilizándose hacia otro lugar.

_ Oh… entiendo._ susurró, escondiéndose detrás del árbol, que las cubría un poco de la lluvia fría.

_ Bien, hay que ir_ susurró al ver que el último soldado daba vuelta por la esquina del edificio. Ambas se despojaron de los zapatos altos y sucios que llevaban, dejándolos tirados al lado de la raíz del árbol, para después comenzar a correr, tratando de no llamar la atención.

Pisaron cuidadosamente los escombros que precedían el interior del edificio, entrando cautelosamente, con las miradas bajas, sin el valor para ver la posible escena que se presentara delante. La primera en atreverse a ver fue la castaña, viendo, temerosa, a un lado.

_ Por favor, ayúdenme_ vio esos ojos sangre, suplicantes, llenos de confusión y varios hilos de lagrimas escurriendo por sus mejillas, aun pálidas y frías.


Bien, aquí llegamos al final de este capítulo.

De nuevo me disculpo por la tardanza. Ya di todas mis escusas, solo espero que en realidad no me quiera colgar de un poste de la luz con un calcetín ._.

Espero también que les haya gustado el capitulo, porque este es el penúltimo XD, sin contar el epilogo z.z.

Por favor, dejen sus reviews, y opinen acerca de la loca manera en la que se me ocurrió salvar a mi pequeño personaje xD.

A los que no le gustan los capítulos que solo hablan de recuerdos, lo lamento, creo que debería explicar todo lo mejor posible, sin dejar tantos huecos en la trama, por eso me puse a explicar el porqué de que Brick siempre lleve su gorra roja.

¡Intentaré exprimir mi inspiración para traerles la continuación antes de Semana Santa!

Cambiando de tema: ¡Espero que los japoneses estén bien! TT_TT ¡Sé que el terremoto, tsunami y posible derrame nuclear y radioactivo no los van a detener! ¡Todo tiene un propósito! ¡Levántense y sigan caminando! TT_TT. ¡Aquí, todo el Otaku Team y Team-chan estaremos orando por ustedes! TT_TT

¡Sayonara!

PD: Si me comí alguna S es porque estoy batallando con la S de mi computadora, aunque no creo que sea así ._.