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La pluma de la profesora Sprout volaba sobre el pergamino, sabía que las noticias que los padres de Sev estaban por recibir no serían agradables pero debían estar enterados.

Una vez lista la carta tomó cera y la cerró con el sello de Hogwarts, para dirigirse lo más rápido que podía a la lechucería del colegio para mandarla inmediatamente.

Cassandra McCutchen apareció en medio de las llamas color verde de la chimenea en la recepción del Hospital San Mungo, al momento se dirigó a la bruja encargada.

Buenas tardes, asuntos de Hogwarts- comenzó la profesora McCutchen.

La bruja de la recepción comenzó a rebuscar entre los pergaminos que tenía en el mostrador.

Hogwarts… Sí, aquí está… Basil Mallard… Segunda planta "Enfermedades mágicas"- informó sin levantar la vista de sus pergaminos.

Gracias- fue la sencilla respuesta de Cassandra.

- Adelante

La directora McGonagall estaba redactando algo en los pergaminos que tenía frente a ella en el escritorio cuando el profesor Wallace entró a su oficina.

Todos los cuadros de los directores no perdían detalle de todo lo que hacia la directora, bueno, casi todos porque el cuadro que era del director Severus Snape solo mostraba el lienzo negro como siempre desde el instante en que lo habían colocado en la oficina del director.

Hable con los niños, el señor Lupin es quien está más preocupado por el señor Snape- informó el profesor Wallace tanteando donde se encontraba la silla para poder sentarse- espero haberlos tranquilizado un poco. Wulff sigue con ellos…

La directora McGonagall asintió.

He consultado con el profesor Dumbledore- continuó Minerva.

Aunque no podía verlo el profesor Wallace sabía que el antiguo director lo saludaba con la mano en el cuadro más grande colocado justo a espaldas de la silla del director.

El profesor Dumbledore está de acuerdo con nosotros en qué lo más importante es que el joven señor Snape reciba la atención necesaria en San Mungo- siguió la directora- además ha sugerido que ya que los padres del joven Snape también estarán en el Hospital lo mejor sería que alguien de la comunidad mágica estuviera ahí para darles confianza… me ha pedido que contacte al señor Potter para tal propósito, ya le he mandado una lechuza urgente.

Me parece lo más sensato- contestó el profesor.

Dilys Derwent nos mantendrá al tanto de todo lo que pase en San Mungo- siguió Minerva- ya que su retrato está en la zona principal nos será de gran ayuda tener noticias de primera mano con ella…

La directora McGonagall hizo una ligera pausa, en verdad esperaba que los medimagos pudieran ayudar al joven Snape; el profesor de pociones entendió al momento el miedo que no expresaba la directora, era más fácil para él verlo sin ver que tal vez el resto de las personas con una vista perfecta.

Directora- comenzó Silver tratando de inspirarle confianza a la directora- Snape lo logrará, usted lo ha visto, se tiene que ser muy fuerte para la Palingenesia, y Snape nos ha demostrado que es lo suficientemente fuerte para eso y para todo esto…, logrará salir de esta y seguir adelante… Lo sé… Usted lo verá…

Los cuadros de los directores comenzaron a susurrar entre ellos, la directora McGonagall solo asintió.

- ¿Cuánto más tardarán esos medimagos en venir por él? El tiempo se nos agota…

Después de que el profesor Wallace encontrara a los niños aun sentados al pie de la escalera y les asegurara que el señor Snape solo necesitaba descansar en la enfermería les dejó a Wulff para que el perro les siguiera acompañando.

Tal vez Diane había sido la única que había creído al pie de la letra lo que el profesor de pociones les había dicho porque cuando el profesor Silver se retiró al despacho de la directora, ella fue la única que dio un largo suspiro de alivio.

¡Ese cabeza de chorlito de Snape!- dijo más rejada secándose las lágrimas que habían corrido hacia unos momentos por su mejilla- ¡Mira que asustarnos a todos de esta forma! ¡Estoy segura de que ahora mismo debe estar retorciéndose de la risa en la enfermería! ¡Troll apestoso, pero verá, la próxima vez que lo vea lo haré llorar!

Teddy solo le respondió con un intento de sonrisa, él no estaba nada seguro de que el profesor hubiera sido de todo sincero con ellos, además él sabía que en ocasiones los adultos mentían intentando proteger a los niños, y ellos eran todavía unos niños… Como si Wulff hubiera entendido el miedo del pequeño Lupin le lamió sus manos con su lengua áspera, tibia y mojada.

Teddy lo agradeció en silencio mientras le acariciaba detrás de las orejas.

Creo que iré por unas ranas de chocolate que dejé en mi baúl- siguió Diane sin darse cuenta de la carita triste de su amigo Griffindor- después de este susto, creo que me comeré unas cinco.

Sí, creo que tienes razón, Wood- le sonrió de nuevo Teddy mejorando su sonrisa- Sev estará mejor, adelántate, yo te alcanzó en un rato…

Bueno, no tardes mucho, también te mereces una rana para el susto- Diane se despidió con la mano de Teddy y las otras niñas- ¡Te dejaré una junto a la chimenea!

Teddy solo observó cómo se alejaba Diane subiendo de dos en dos los escalones de la amplia escalera que tenían a la espalda, solo ver que realmente estaban solos él, Wulff y las trillizas Zenner se giró de nuevo hacia ellas.

¿Se irá esta noche?- preguntó en un murmullo.

Lo hemos visto- respondió la trilliza de la izquierda.

Si al menos Teddy se supiera sus nombres podría tratar de identificarlas de esa manera aunque estaba seguro también de esa manera sería difícil, mal momento para tener a tres brujas videntes que se parecían como una gota de agua a otra.

¿Y no se puede cambiar? Digo, sus visiones pueden cambiar ¿no? Debe haber alguna forma de…- siguió Teddy sin darse cuenta de que comenzaba a hablar más rápido como cada vez que lo amenazaba el miedo.

Las dos hermanas que rodeaban a la hermana del centro negaron con la cabeza.

Teddy se puso de pie.

Entonces tengo que avisarles a los profesores- dijo Teddy muy serio- deben saberlo, así ellos podrían hacer algo por Sev… No pueden dejar que muera… Vamos Wulff, tenemos que buscar al profesor Wallace ó a la directora McGonagall, o a cualquier profesor que encontremos…

Wulff también levantó su panza peluda del suelo, se sacudió con pereza y al momento se fue trotando detrás del joven Griffindor.

Ahora fue el turno de las hermanas Zenner de ver como Teddy y el perro subían de cuatro en cuatro los escalones de la larga escalera. Ya no tenía razón seguir ahí lloriqueando por lo que habían visto, todo lo que veían se cumplía aunque ellas no lo desearan, siempre había sido así, y aunque ellas desearan cambiarlo no podrían hacerlo…

Sin decir ni una sola palabra las tres hermanas se pusieron de pie, no eran necesarias las palabras entre ellas, cada una de ellas sabían lo que pasaba por la mente de la otra sin necesidad de expresarlo en voz alta.

Finalmente la escalera quedó vacía cuando las tres hermanas se alejaron con rumbo a los jardines de Hogwarts.

Lo que ninguno de los niños sabían era que desde el arco de piedra que conducía a los calabozos a escasos pasos de la escalera principal, Albert Parkinson había escuchado a medias lo que habían estado hablando.

Después de que Teddy y Diane dejaran a Adam y Albert en medio del corredor, Adam se regresó a la sala común de Slytherin, primero para no volver a encontrarse con los gatos Griffindor y segundo para comerse las ranas de chocolate que les había quitado la noche anterior a unos Ravenclaw cuando las sacó de su mochila.

Por su parte Albert se sentía culpable desde que había visto la cara de Teddy, comenzaba a pensar que esas grajeas Bertie Botts no eran en realidad dulces viejos y caducos sino algo en verdad importante para Snape, aunque no entendía de qué podría tratarse si comenzaba a preguntarse ¿por qué Snape tendría tantas y guardadas en su baúl y su mochila?

Después de haber visto que su gemelo regresaba a la sala común, él se había propuesto seguir a Diane y Ted para enterarse si planeaban ir a contarle a alguno de los profesores, pero cuando logró alcanzar el arco de piedra de la entrada del corredor escuchó como el profesor Wallace estaba hablando con los otros niños.

Al parecer Snape una vez más estaba en la enfermería, Albert se acordaba como había pasado una semana o algo así después del incidente con las armaduras, bueno, ahí la culpa había sido de Adam y habían librado un castigo realmente serio solo por obra y gracia de Merlín, aunque ahora que lo pensaba, Snape había salvado el pellejo de todos ellos, tal vez por eso había terminado en la enfermería; pero ¿ahora? ¿Habrá sido por el regaño de la directora? Albert tuvo un escalofrío, si ya había regañado a Snape no tardaría en mandar llamar a Adam y también a él.

El señor Snape solo necesita descansar, señor Lupin- había escuchado al profesor de Pociones- descuide, estará bien…

Pero… pero… Profesor, Sev- Teddy sonaba muy preocupado.

¿Y si Teddy le decía al profesor de pociones sobre las grajeas Bertie Botts que le habían quitado a Sev?

Pero no, no había mencionado los dulces para nada y el profesor Wallace solo les había dejado a Wulff para hacerles compañía, solo dejar de escuchar los pasos del profesor por las escaleras Diane fue la primera en irse y después Teddy comenzó a hablar con las trillizas Zenner.

Esas tres no le agradaban a Albert, sentía que cada vez que lo veían supieran lo que estaba planeando hacer, o mejor dicho, lo que Adam estaba planeando hacer y en lo que Albert tendría que ayudarle. Miedo, sí, eso era, esas tres niñas le daban miedo.

Después algo realmente llamó la atención de Albert "dejar que muera…" Sí, no había escuchado mal, eso había sido justamente lo que había dicho el amigo Griffindor de Snape.

¿Dejar que muera? Con lo primero que lo relacionó Albert fue con las grajeas Bertie Botts y no con el regaño de la directora McGonagall.

Rayos, las grajeas viejas sí eran importantes para Snape, de hecho, más que importantes… Ahora estaban en graves problemas.

Y la decisión más difícil de Albert hasta ese momento se hizo presente: Ir con la directora McGonagall y confesar lo que habían hecho aunque eso significara traicionar a Adam y delatarlo ante los profesores ó quedarse callado por miedo a Adam, al castigo de la directora y todo lo que podía pasarles a él y a su gemelo…

¿Estaría exagerando Lupin? Sí, seguramente, eso debía ser, además su madre siempre les decía que los Griffindor exageraban todo con tal de verse como los salvadores del mundo… ¿Y si era cierto? ¿Y si Snape se estaba muriendo?

"Sí" "No" "Sí" "No" Albert no sabía qué hacer, si ir hacia arriba ó regresar hacia abajo… Finalmente se decidió, eso no le gustaría a su madre y mucho menos a Adam, es más estaba seguro de que en cuanto hablara lo expulsarían de Hogwarts pero por otro lado, tenía más miedo de que todavía se pudiera hacer algo por Snape y por quedarse callado no pudieran ayudarlo y se muriera, Albert no quería tener que ver con la muerte de nadie, nunca había matado a nadie, es más ni siquiera dejaba que Adam le arrojara piedras a los pajarillos que vivían en el árbol frente a su casa cuando se asomaban en el nido.

Esto no le gustará a Adam- se dijo a sí mismo mientras subía corriendo las escaleras intentando encontrar lo más rápido posible a Lupin y a Wulff.

Madame Pomfrey acomodó la almohada de Sev.

Pasaba el tiempo y ni la profesora McCutchen ni los medimagos de San Mungo llegaban lo único que la consolaba era que el joven Snape seguía igual que como lo habían dejado, la burbuja de aire que lo ayudaba a respirar no había cambiado ni su forma ni su tamaño lo que era una buena señal aunque el ópalo de cerezo que reposaba sobre el pecho de Sev si mostraba un considerable cambio, la mancha negra había aumentado de tamaño notoriamente.

A la enfermera de Hogwarts no le gustaba el aspecto de esa horrible mancha negra como la tinta que parecía moverse en el centro del ópalo, era como si la oscuridad fuera consumiendo cada vez más rápido el color rojo del cristal, eso solo podía significar que la condición del corazón del niño empeoraba.

Lo único que podían hacer en Hogwarts era esperar el momento en que los medimagos llegaran para llevarse a Sev a San Mungo…

¡Nadie! ¡Ni un solo profesor a la vista! Teddy comenzaba a desesperarse de no encontrar a nadie, el tiempo estaba en su contra y él tenía que encontrar a alguien que pudiera ayudar a Sev.

Vamos, vamos, quién sea, quién sea…- se repetía con insistencia.

Ya que no encontraba a nadie cerca estaba pensando en lanzarse en loca carrera hacia la sala de profesores cuando escuchó que alguien lo llamaba a gritos.

Teddy se giró lo mismo que Wulff quien había corrido todo este tiempo tras el joven Lupin sin dejar de ondear su cola cual bandera. Para sorpresa de Teddy, Adam llegó resoplando por el cansancio de darle alcance.

Corres muy rápido, Lupin- logró decir Albert cuando logró recuperar el aliento.

¿Qué es lo que quieres?- fue lo primero que se le ocurrió preguntar al joven Griffindor.

Ayudarte, creo…- Albert no sabía a dónde mirar.

Teddy no necesitó seguir preguntando, solo tuvo que ver a Albert directamente a los ojos, realmente quería ayudarlo, desconocía cómo podría hacerlo ó qué se proponía pero al menos entre los dos podrían encontrar a alguno de los profesores y dejar de perder el tiempo.

No logró encontrar a ningún profesor, es urgente que encuentre alguno- explicó Teddy.

Eso es fácil, solo necesitas llamar su atención, ó mejor aún, solo necesitas llamar la atención de la señora Norris- fue la sencilla respuesta de Adam.

Y antes de que Teddy supiera de dónde la había sacado, Adam ya había hecho explotar una bomba fétida…

La directora McGonagall todavía se encontraba hablando con el profesor Wallace cuando la puerta se abrió sin aviso y Filch entró resoplando y "apestando" a la oficina con una muy molesta y "el doble de apestosa" señora Norris.

¡Señora directora! ¡Señora directora!- resoplaba furioso Filch.

¡Por Merlín, Angus! ¿Qué significa todo esto? ¿No ve que estoy ocupada?- le regañó la directora McGonagall.

Filch y la señora Norris se quedaron de pie donde estaban como si los dos repararan por primera vez en que todos los cuadros de los directores les estaban mirando, hasta el profesor Wallace se había girado sobre su asiento para dirigir su atención de dónde provenía todo el griterío del conserje.

Castigo ejemplar, para dos descarriados, señora directora- continuó Filch rojo como tomate.

Filch no tengo tiempo para estar tonterías…- comenzó Minerva.

Me parece es importante, directora- intervino Wallace- escuche, si no me equivoco se trata del señor Lupin y Wulff.

La directora no lograba escuchar nada más allá de los murmullos de los cuadros de los directores y de los lastimeros maullidos de la señora Norris, pero confiaba en el buen oído del profesor de pociones.

-Adelante Angus, que pasen…

El señor Filch se alejó renqueando feliz pensando en el próximo castigo que tendrían que correr esos dos alumnos que habían arrojado esa asquerosa bomba fétida.

En menos de un minuto Teddy y Adam seguidos por Wulff entraron al despacho de la directora McGonagall.

Los tres apestaban a rayos, pero eso parecía no importarles ya que parecía lo habían hecho apropósito.

¿Señor Lupin?- se sorprendió la directora- ¿Qué significa…?

Cuando Sev se enterara, Teddy estaba seguro que se molestaría mucho, pero muchísimo con él pero, en este momento, lo más importante era alertar a los profesores.

Se trata de Sev…- le interrumpió al momento Teddy, no estaba seguro si le creerían pero debía intentarlo- su corazón… está muriendo…

El rostro de la directora McGonagall no pudo ocultar su sorpresa ante lo que decía el señor Lupin, ¿Cómo sabía el niño que…? No, tal vez solo estaba preocupado por su amigo, no, los medimagos ayudarían al joven Snape, no lo perderían…

Señor Lupin, comprendo que esté preocupado por su amigo…- logró decir la directora.

No, no, usted no entiende…- volvió a interrumpirle Teddy- Sev no se ha tomado su medicamento…

¿Medicamento? ¿Las grajeas Bertie Botts viejas? Se preguntaba Albert.

Señor Lupin, le repito que el señor Snape solo necesita descansar- volvió a intentar calmarlo la directora.

Lupin tiene razón, directora- ahora fue Albert el que habló sorprendiendo a todos- mi hermano Adam y yo… -parecía que le fallaba el valor pero después de un rato volvió a hablar- creímos que eran grajeas Bertie Botts viejas… todas eran blancas y olían raro… las aplastamos…

La directora McGonagall se puso de pie de un salto derribando la silla que ocupara un segundo antes.

¿Ustedes hicieron QUÉ?- rugió la directora McGonagall.

Ambos niños retrocedieron del miedo que les dio ver hecha una furia a la directora…

Eso es muy grave, señor Parkinson- habló de pronto el profesor Wallace.

Profesor Wallace- volvió a interrumpir Teddy- por favor, tienen que ayudar a Sev…

"Se irá esta noche" escuchaba una y otra vez en su cabeza las palabras de las trillizas Zenner… Debía decírselo al profesor Wallace.

Profesor- continuó Teddy- si no ayudan a Sev, se irá esta noche…

Listo, ya lo había dicho, aunque decirlo en voz alta frente a los profesores hacía sentir peor a Teddy, como si él mismo estuviera dictando una sentencia de muerte contra su amigo…

Señor Lupin- el profesor Wallace se puso de pie y caminó hacia los dos niños pero dirigiéndose hacia el joven Lupin- el señor Snape estará bien, a todos nos asusta cuando tiene recaídas y tiene que descansar en la enfermería pero no debe tener miedo… No le perderemos, créame…

Teddy asintió derrotado ¿qué más podía hacer para ayudar a Sev? Todo estaba en las manos de los adultos, y aunque una y otra vez le dijeran que Sev estaba bien, Teddy no estaba muy seguro de que fuera cierto aunque lo deseaba con todas sus fuerzas…

Puedo…- habló muy, pero muy bajito Teddy después de un buen rato de estar en silencio- puedo… ¿Puedo ver a Sev, por favor?

Continuara…