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Entre las penumbras Albert acariciaba los rizos de Candy y observo que se encontraba algo incomoda.
–¿Qué te ocurre? Acaso te lastime o no te gusta estar aquí. –Tengo miedo que la Tía Elroy entre por la mañana y nos encuentre desnudos, ¿no sería mejor que nos vistiéramos? –La risa de Albert no se pudo esperar, con un enojo genuino de Candy que sin pensarlo se levanto de la cama y se dirigió al baño con su ropa.
–Candy ábreme por favor, no quería hacerte sentir mal, la tía Elroy nunca entraría y mucho menos sin tocar, esa no es su costumbre, ¿Candy? –La puerta del baño se abrió lentamente y solo pudo ver sus ojos llenos de lágrimas y sentir que por primera vez la había hecho llorar, pensó que jamás se lo perdonaría, la abrazo. –Perdóname no creí que te hiciera sentir mal. –Durmieron abrazados pero no dejaba de pensar que desde hacía varios días estaba molesta e incómoda y no compendia el motivo.
El desayuno no fue nada grato todo lo que le servían le revolvía en estomago pero su orgullo no permitiría darle gusto a su tía de hacerla sentir mal. La casa estaba llena de gente y no sabía que hacer Albert salió con George a la estación del tren para darle la bienvenida a unos parientes lejanos. Se preguntaba el por que no la había llevado aunque la dejara en el auto. La señora Elroy se acerco a ella.
–Acompáñame a la cocina. –Sin tan siquiera darle tiempo a reaccionar salio del salón y Candy atrás de ella. Al llegar y ver a Dorothy se calmo un poco, por fin alguien con quien se sentía segura. –Encárgate por favor de que la comida este a tiempo, Dorothy te ayudará. –El silencio reino pero al salir la señora Elroy se le acerco Dorothy.
–No se preocupe Señora, ya casi esta todo listo, George me dijo que no vendrán muchos parientes del señor y todo debe quedar listo antes de las doce. Yo me encargare y la ayudare. –Candy solo podría sonreír, se sentía más en confianza con la servidumbre. No se atrevía a sazonar nada, conocía sus capacidades solo se limitaba a mover la olla con la sopa. –Señora – se acerco Dorothy –ya llego el señor es mejor que se vaya a cambiar. –La guio por las escaleras de empleados y corrieron por las habitaciones de la servidumbre al igual que lo hacían como cuando eran niñas en la casa de los Laegan. Salieron por una pequeña puerta del pasillo principal muy cerca de sus habitaciones y entre risas comenzó a arreglarla tocaron a la puerta y Dorothy ya más calmada esperando que fuera Albert abrió la puerta, le sorprendió ver a la mucama de la señora Elroy con ordenes de ayudar a arreglar a la señora. Entre las dos la dejaron como un princesa cuando la vio la tía abuela no le quedo mas que aceptar que se veía muy hermosa y con clase, cualquiera nunca hubiera pensado que era huérfana. Los demás miembros de la familia recordaron a Candy la ultima vez que la vieron fue el día de la muerte de Anthony por prudencia no hablaron de aquel día y también notaron el parecido que había con Pauna. Cuando preguntaron el por que de su matrimonio tan escondido Candy casi pierde la respiración, Alberto solo contesto que estaba muy reciente la muerte de Archie y que optaron por una ceremonia discreta que se celebro aproximadamente hacía dos meses en la presencia de la Tía y los parientes más allegados.
La fiesta de presentación salió mejor de lo que esperaba la señora Elroy, la prensa no cuestiono la unión de su sobrino, los Leagan se comportaron como lo ordeno, Neal y Eliza no asistieron, Sara solo sonrió sin dar detalles sobre el origen de Candy, la cual se comporto a la altura de la situación, hablo poco, sonrió mucho y en el momento del baile lo hizo sin un solo error. Tenia que admitir que su educación en el colegio San Pablo había dado frutos, pero aun quedaba el fin de semana en Lakewood.
