Me desperté primero, Sensei lucia tan cansado. Parecía relajado, no era tal vez el mismo de siempre, ahora estaba calmado, sus preguntas y cuestiones sobre mi persona, no eran tan persistentes.

Aunque ambos, sabíamos cual era el paso a seguir. Que me correspondía a mí.

Me levante, sin querer despertarle. Dormía profundamente, y su respiración era tan suave, que tuve que acercarme a su rostro para ver si aún vivía. Una idea descabellada, pero real.

Sensei, solía desparramar toda mi ropa, y encontré parte de ella en la sala.

Hacía mucho frio, aun faltaba un poco para que amaneciera.

Me senté en el sillón principal de la casa, y mi cuerpo se quejo. No me daba cuenta mientras sucedía, pero si horas después, Kageyama solía ser bastante bruto cuando tenía sexo conmigo. Claro que, a mi me gustaba mucho. Pero ¿debería tomar algún medicamento para esos dolores?...tal vez Sensei podría responderme más tarde.

El árbol de navidad, seguía allí. Ya había pasado mucho tiempo desde navidad, el mismo día que tuve que contarle a Sensei, mi más profundo secreto, ese que creí que jamás se lo diría a nadie. Aun mi cara se pone caliente cuando lo recuerdo.

Los adornos, estaban con mucho polvo. Tal vez era hora de desarmarlo. No me importaría. Incluso, tal vez, al señor Yuutaro, no le agradaría tenerlo allí. Aunque de las pocas veces, que lo había visto, siempre había sido bueno conmigo, yo solo me había comportado de una manera mal educada y brusca.

No quería pensar, que me depararía, si aceptara la propuesta de Sensei, de vivir con ellos.

Me dolía el estomago de solo tener esos pensamientos egoístas. De no querer compartir, sabiendo que tanto sufría Sensei, respecto a él y que tan irreal le parecía el hecho de que él volviera a su vida.

Debía ser feliz.

Todos debían serlo, si tenían la oportunidad.

Me quede inmóvil, pensando que hacer con aquel árbol, cuando escuche la cerradura.

Lo observe entrar en el mas mínimo silencio, y no se percato de mi, mientras entraba cada una de sus valijas.

Era, por demás concreto, venia para quedarse en serio.

Me mantuve callado, observando sus movimientos, no recordaba bien su rostro. Tenía unas ojeras grandes y bostezaba tratando de no hacer ruido.

En ese momento, recién estaba saliendo el sol.

Tal vez serian las 8, no lo sabía. Solo sabía que no había clases.

Yuutaro cerró la puerta, luchando contra el viento de la mañana, para no crear un sonido ensordecedor.

-¡Oh! Shouyou-Kun. Lo lamento, no te había visto-

Su sonrisa, me hizo recordar a Suga Senpai. Él me trataba muy bien.

Asentí, sin saber que decir. Aun no tenía ganas de hablar con él.

-¿Tobio?

-Está durmiendo.

-¿en tu habitación?

A pesar de que Sensei, decía que él no deseaba compartir conmigo, y que merecía ser exclusivo, Yuutaro entendía ciertas cosas.

-si…

-no te avergüences.- replico- ¿desayunaste? Tuve un viaje largo, no había vuelos para volver, así que tuve que hacerlo en tren. ¿Quieres tomar algo? Dejaremos que Tobio siga durmiendo.

Asentí y tomándome de los hombros, me guio hasta uno de los taburetes de la cocina.

-tomare un café. ¿Qué prepara Tobio para ti? ¿Quieres algo especial?

-solo, una chocolatada.

-¿de comer?

-nada. Está bien.

-¿en serio? Pensaba hacerme unos huevos, y salmón a la parrilla, encontré en el centro un mercado abierto y compre todo. ¿Quieres?

No pude evitar sonreírle también y asentí. Hacía mucho tiempo que no comía eso.

-le dejaremos algo a Tobio ¿vale?, apuesto a que él no te hace desayunos así-

-Él suele hacerme chocolatada y tostadas.

-bueno, ese es un desayuno bastante feo. ¿Sabias que es la comida más importante del día? De ahora en más, me encargare de tu alimentación. ¿Quieres?

Me sacudió un poco su amabilidad. Pero, a pesar de tener ciertos pensamientos malos hacia él, quería dejarme llevar por eso, me gustaba esa amabilidad que tenía para mí, sin intenciones ocultas.

Espero paciente mi respuesta, y cuando asentí, me sonrió y se puso hacer.

El olor del salmón y los huevos, despertó mi apetito y agradecí, que fuera rápido en la cocina.

Yuutaro cocinaba muy bien.

Comimos en silencio y no era incomodo. Era agradable.

-sabes, Tobio me ha hablado mucho de ti. Espero que consideres su pedido, de quedarte aquí. No tendríamos problemas.

-extraño mi casa.

-entiendo. Solo quería que lo supieras, que estemos aquí para ti.

-¿tu también?

-claro, dudo que Tobio quería que trabaje, así que me gustaría ayudarte en lo que necesites. Ya sé que eres un chico grande, pero podría hacer cosas que

Se cayó de repente y agache mi mirada terminado su frase- cosas que mi mamá haría ¿cierto?

-lo siento, no quise

-está bien.

Termine de comer y bajo la mirada aun avergonzada de él, lave las cosas que se había ensuciado.

-Kindaichi-san ¿puedo irme a mi casa?

-¿estas seguro?

-si.

-¿le digo a Tobio que te llame?

-no. Yo lo hare mas tarde.

-¿quieres que te acompañe?

-no, puedo ir solo.

Asintió sin mucha convicción.

-¿vienes esta noche?- pregunto sin malicia alguna.- podría pasar a buscarte e ir a comer, ¿se te antoja?

-está bien. ¿Con Sensei?

-claro, iremos los tres. Total mañana es domingo. – volvió a sonreírme, y su rostro mostraba tranquilidad cuando le dije que sí.

-vale, pasare por ti a la noche. Y luego nos encontraremos con Tobio. Quiero hablar algunas cosas contigo ¿vale? Ahora si quieres ve.

-¿Qué cosas?

-mejor en tu casa Shouyou-Kun. Presumo que en tu hogar, estarás mas tranquilo que acá, y me dejaras hablar bien. Ahora mismo estas incomodo, y no quiero eso.

Volví a asentir, con un extraño dolor de estomago.

No me gustaba mucho hablar. Más si no era necesario.

Me sorprendió cuando recibí de su parte un beso en la frente, y una palabras de buena suerte, eso logro hacer desaparecer aquella molestia estomacal.

Kindaichi se ofreció un par de veces más, pero le dije que no.

Quería estar solo en casa.

Tenía sueño.

Y esta vez no solo al abrir la puerta, sentí el olor característico de mi casa, sino también el del perfume de mi papá.

A pesar de todo, una emoción indescriptible se apoderó de mí, y empecé a correr por dentro de la casa, queriendo verlo.

Papá se encontraba sentado al borde de su antigua cama, y me esperaba sonriente.

-Shouyou, ¿Donde estabas?

Su mirada brillo cuando hizo la pregunta, y sin siquiera pensarlo, estaba a su lado.

Me toma del brazo y otra vez soy ese niño, sentado en sus piernas.

Sus manos me gustan tanto. Y una vez más, no puedo pensar en otra cosa.

Me da un beso en la mejilla y vuelve a preguntar. -¿Donde estabas?

-En casa de Sensei. ¿No te molesta?

-No para nada. ¿Tuvieron sexo?

La pregunta me asombra. Y recuerdo que él le ha contado a Sensei.

-¿Por qué le contaste a Sensei?

-Es que él, me mintió. ¿Tuviste sexo con él? -

-Anoche...

-¿Te cogió bien? ¿Cómo se debe?

Las manos de papá, se cuelan por mi estómago y acarician mis tetillas. Se siente bien, más que nada, porque sin querer evitarlo, estaba esperando que lo hiciera.

-¿Bien?

-Si, si te cogió bien.

-¿cómo...Mmm cómo sería eso?

-Como papá te cogió. Bien fuerte. Con el pene bien caliente - susurro en mi oído, haciéndome pegar un pequeño salto sobre él.

-Estuvo bien...

Sus labios besaron mi cuello, y su perfume se hizo más intenso.

-Quiero cogerte de nuevo. Cada vez que lo hago con tu madre, no dejo de imaginarte. ¿Te gustaría? ¿Hacerlo ahora? ¿Todo el día? Tú Sensei no se enterara.

-¿Todo el día?

-Si, - sus manos bajan mi pantalón, y no puedo evitarlo, mi pene está duro y mi ano se contrae esperando por eso. - todo el día. Quiero cogerte bien fuerte, como te lo mereces. ¿Me vas a dejar? ¿Me lo vas a dar? - abre mis piernas con brusquedad y mete sin problema los dedos en mi ano.

Gimo fuerte al sentir eso y me agarró de sus rodillas. Lo escucho suspirar - tienes el culo tan caliente.

Cierro los ojos y me tiró sobre su pecho, papá sabe penetrarme tan bien con sus dedos, que me olvidó que está mal. Otra vez olvidó que eso no se debe hacer.

-Dime, se la chupas.

-Si...

-Ahora me la vas a chupar a mí también. Arrodíllate. -ordena.

Y lo hago. Y espero con deseo que saque su pene, y me deje lamerlo.

Abre los botones de su pantalón bajo mi mirada y tiene los ojos brillosos, queriendo el también que yo lo haga.

Sin pensarlo, me lo meto entero en la boca y lo hago como Sensei me ha enseñado.

A papá le gusta.

Cierra los ojos y suspira.

Cuando estoy a medio camino de eso, la imagen de Tooru no deja de aparecer, y me hace sentir triste, culpable.

Papá me levanta de las solapas de la camisa, y sin ninguna caricia o gesto de amor cómo Tooru o incluso Sensei suele hacerlo, me penetra con mucha más fuerza que la primera vez.

No siento nada, no como la noche anterior con Sensei, ahora no quiero hacerlo. No quiero que papá me toque de esa forma. Quiero que termine, que me deje en paz.

Trato de levantar el cuerpo, pero coloca una mano sobre mi cabeza y me imposibilita moverme,

Me muevo insistente, no quiero hacerlo. Quiero que deje de meterlo.

Se lo digo, pero no me escucha no me hace caso.

Papá no deja de hacerlo, y el tiempo que le lleva se vuelve interminable.

Me cambia varias veces de posiciones, escucho cómo le gusta, pero solo eso, le gusta cogerme, no me quiere.

Abre mis piernas y las flexiona hacia adelante, nuestros rostros se juntas, pero él siquiera me mira cuando lo siento por fin acabar.

Se queda un poco más de tiempo dentro de mí, hasta que sale.

-Te quiero más dócil la próxima vez. ¿Entendiste?

-¿Próxima vez?

Su mirada brilla y responde:- habrá muchas veces, cada vez que regrese al país, te quiero acá para mí. Y nada de decirme que no, como hace un rato.

Siquiera se había desvestido para hacerlo. No era como Senpai. En lo absoluto.

Acomodo su pantalón y se fue sin despedirse.

Me senté como pude al borde de la cama, y solo quería bañarme.

También quería llorar, pero, no podía hacerlo.

¿Que iba hacer? ¿Cómo debía escaparme de la proxima vez? Y ¿Debía contarlo?

No tenía ganas tampoco de buscar mi ropa, solo me había quedado con una de las poleras que Sensei había comprado para mí.

Lo escuché irse, escuché la puerta del garaje y el sonido del auto.

Pero aún así, no podía moverme.

...

No sé cuánto tiempo había pasado, pero en algún momento de la mañana sonó el timbre de casa.

Me asusté pensando que había regresado, pero papá no tocaría, entraría.

Así que no me levanté del borde la cama.

...

-¿Shouyou-Kun?

Escuché la voz del señor Kindaichi y sus pasos por el pasillo.

-¿Estás aquí? Creí que tal vez no almorzarías así que

Kindaichi se silencio cuando me encontró en la habitación principal.

No había nada que explicar. La cama estaba deshecha al igual que yo.

Lo vi retirarse de la puerta e ir hacia el lado de la cocina. Allí lo escuché hablar.

Volvió a mí, y sin decir nada, me guío hasta el baño.

No me había dado cuenta, tenía un par de marcas en los brazos y no eran de Sensei, era de cuando me estaba negando.

Kindaichi les pasó la esponja con suavidad y quedaron ocultas detrás del jabón.

-Hay algunos medicamentos que pueden ayudarte a calmar el dolor. Si quieres puedo comprar para ti.

Asentí.

-Sabes, no le diré nada a Tobio. No te juzgare tampoco. No sé qué es lo que pasa por tu mente para estar de esa forma con ese hombre.

-¿con mi papá?

-Con ese hombre- volvió a repetir de forma seria. - amo a Tobio, y no quiero que otra persona me toque. Pero, Shouyou-Kun tú no puedes amar de esa forma. Lo siento, no soy quien para meterme, pero, por favor considéralo. Sé que Tobio tampoco obró bien, porque tú eres solo un niño. Y no es que quiera defenderlo, pero es diferente. Esas marcas, quieren decir que no lo disfrutaste. Y el sexo se debe disfrutar y debe tener al menos algo de amor. Y no vas a encontrar nada de eso en tu padre. Por favor considera vivir con nosotros. No te sientas solo acá. Hablo en serio cuando te digo que no tendría problemas en cuidarte.

-¿No le dirás a Sensei?

-No. Pero, creo que lo debe saber tu Senpai. Tobio dijo que lo quieres mucho. Y es necesario que seas sincero con él.

Mi estómago se retorció. No quería admitirlo, tampoco pensarlo. Pero Sensei y él tenían razón, debía llamarlo.

-Ahora, te sentaras a almorzar y luego de una pequeña siesta, lo llamaras.

-¿con quién hablabas hoy?

-Con Tobio. Le comenté que iba a quedarme a almorzar contigo. No le dije nada más.

-Gracias.

Sin mirarme, enjuagó sus manos y procedió a lavarme el cabello.

-Dijo que iba a volver. Que iba a volver cada vez que regresara a Japón.

Kindaichi se mantuvo en silencio mientras enjuagaba los últimos restos del shampoo.

-No pienses en eso ahora. Solo por favor piensa en la oferta de Tobio.

-Está bien.

-¿Te gusta el curry? Termina de enjuagarte que iré a calentarlo.

Asentí de nuevo, y me sentí confortado con una sonrisa fugaz que me dedico.

Kindaichi me dejó solo en el baño, y es allí donde pude comenzar a llorar.

...

...