Los personajes son de SM. La historia es mia.


Capitulo 34

- ¿Por qué? – me levanté de golpe - ¿Te dijo algo? ¿Te pidió ayuda? ¿Hace cuanto hablaron? ¡DIME!

Reaccioné solo al ver los ojitos asustados de Alice, ahí me di cuenta que estaba zamarreándola. Cerré los ojos pensé en algo bonito como un hermoso cachorrito cocker moviendo sus largas orejitas y encontré la paz suficiente para dejar los brazos de mi amiga. Tal parecía ser que la estuve apretando con fuerza porque hizo una mueca e inmediatamente llevó sus manos hacia la zona en donde la había tomado.

- Lo siento – hice una mueca porque la verdad es que no fue con intención – no me di cuenta – me encogí de hombre y volvió a tomar posición a su lado – es solo que… - negué porque tampoco sabía que decir – creo que la idea de casarme con Edward…

- O es algo que esperas o algo que no quieres para nada… ¿Qué es Bella?

La miré por un segundo. El segundo que me llevó pensarlo – Definitivamente algo que espero

- ¿Y no te asusta?

- Debería pero no, ¿Y sabes por qué no? – ella negó por lo que continué con la fabulosa epifanía que acaba de tener – porque sé que es lo correcto porque cuando miró hacia el futuro me imagino con Edward, te dije como era antes – Alice asintió – y fue él quien me ayudó a cambiar lo justo y lo necesario. No soy una persona completamente diferente pero creo que si he mejorado y eso es gracia a él, no me pide más de lo que puedo dar ni me exige que sea diferente, ambos hemos cambiado lo que teníamos que cambiar para conseguir ser un complemento totalmente perfecto

- ¡Wuau! – su expresión era de total asombro – creo que cuando hablas tan lindo y de corrido es que sabes que estás haciendo lo correcto y yo… - volvió a mirar su anillo – creo que no lo estoy haciendo. Yo amo a Mike – me miró ahora a mí. Noté el inicio de lágrimas en sus ojos pero no dije nada – lo amo más que a nada pero no quiero casarme ahora, quiero que estudiemos, que salgamos adelante y que después nos casemos, cuando sea el momento

- Ahí tienes tu respuesta y es totalmente respetable

- Supongo – se encogió de hombros – esto es extraño. Yo no quiero casarme y tu si

- Es raro – puse mis manos sobre mis piernas y me quedé mirando a la nada pero seguí hablando – jamás pensé que quisiera casarme nada mas al salir del instituto, si alguien ve mi vida pensaría que lo que más quiero es ir a la Universidad, irme de fiestas y tener un montón de sexo, pero no – volteé a ver a mi amiga – de verdad que me gustaría tener una casa con Edward y decir que es mi esposo. Me importa una mierda eso de los prejuicios sobre casarse a los 18 años

- Bueno, entonces creo que es claro lo que quieres

- Supongo…

- Pero… - no me gusto nada su rostro compungido - ¿Sabes que es lo que quiere Edward? Ya ves que en mi caso Mike quiere algo pero yo no

- Si – suspiré porque no me gustaba esta parte de la historia – la verdad es que no creo que él quiera lo mismo que yo – me picaron los ojitos de solo pensar en la posibilidad de que quisiéramos algo tan distinto para nuestras vidas - ¡Mierda! – sequé la lagrima que se me escapó lo más rápido que pude

- Ey – miré a Alice y me abrazó – no sabes lo que él quiere, solo estas suponiendo. Habla con Edward antes de seguir haciéndote ideas y si quieres casarte… ¡pídeselo! Eres una mujer lo suficientemente fuerte como para tomar una decisión así

- Gracias – me refregué los ojos alejándome de ella – soy una mala amiga, esto era sobre ti y terminé acaparando el tema

- No, ya me ayudaste a saber lo que quería así que supongo… que yo también tengo una conversación pendiente con mi novio

- Odio esto – me aferré a mi amiga – crecer apesta

- Así es la vida amiga. Ahora, ¿Estás bien? vienes recién saliendo del hospital

- Oh… un par de molestias – solo tenía una muñequera en la mano derecha que ya no me dolía como antes – nada más

- Entonces creo que es hora de dormir

Alice me ayudó a ponerme piyama pese a que le dije que no tenía necesidad. La charla había sido intensa y me dio mucho para pensar. El matrimonio era algo bastante complejo y ahora que sabía que lo quería para mí lo era aun mas, si, quizás muchos no estarían de acuerdo e iban a pensar que fallaríamos pero algo me decía que no era así, con Edward pertenecemos juntos y casarnos ahora era solo confirmar nuestro amor antes.

Pensé en cómo abordar el tema con él pero no pude darle muchas vueltas al asunto porque demasiado pronto caí en el maravillo mundo de los sueños donde no existía este miedo a que le planteara algo como el matrimonio a mi novio y que él saliera corriendo para el lado contrario.

.

.

.

El exquisito olor a tostadas recién hechas y a mermelada de durazno hicieron que soltara el sueño que tenía amarrado de una gruesa cuerda y que volviera a mi realidad. Frente a mis ojos había una bandeja con tantas cositas ricas que terminé por dejar ir el sueño por completo sentándome en la cama, no vi quien estaba a mi lado pero si el par de rosas que adornaba la bandeja.

- Supongo que el café huele mejor que yo

- No… es la mermelada – sonreí mientras mi novio me besaba

- Buenos días amor. Tienes que comer para que puedas tomarte tus pastillas

Sonreí al imaginármelo con una toquita y una cruz al medio – Te pones una toca y eres toda una enfermera

- No olvides eso de que tendría que pincharte el culo

- Si es con tu polla sí, con una aguja olvídalo… ¡Mi culo es sagrado!

- ¡Mierda! como te amo – se me tiró encima quitándome las posibilidades de reaccionar. Cuando nuestros cuerpos se acomodaron se separó dejando un mínimo espacio entre nosotros – son cosas como estas las que hacen que confirme que eres la mujer de mi vida

Me removí lo mas que pude para tocar su cuerpo – Creo que a la mujer de tu vida le encantaría hacer el amor

Sabía que Alice no estaba y que no iba a llegar si sabía que Edward estaba aquí. Además, era muy probable que estuviera hablando con Mike en estos momentos y eso le iba a tomar tiempo.

Yo misma busqué los labios de mi novio los que se movieron inquietos sobre los míos, mi necesidad de él era cada vez mayor. Quizás no había pasado mucho tiempo desde la última vez que hicimos el amor pero a mí me bastaban un par de días lejos de su cuerpo para experimentar esa horrible sensación de abstinencia, era como una drogadicta en periodo de rehabilitación, reacciona como una posesa ahora que por fin lo tenía junto a mí.

- ¿Ansiosa? – Maldito. ¿Se quería burlar? No le respondí, en su lugar tomé su mano e hice que dos de sus dedos tocaran mi intimidad y comprobaran lo mojada que estaba, el solo tacto bastó para calentarlo a nivelas insospechados – veo… que…

- Estoy más que ansiosa cariño, y tú… - ahora fue mi turno de comprobar su excitación. Toqué su entrepierna que se había puesto dura a más no poder – veo que Eddie se muere por entrar en mí

Las manos de mi novio fueron hacia mis pechos, aprovecharon de apretar mis pezones – Yo… siempre me muero por estar dentro de ti… de cualquier forma posible

Lo quedé mirando embobada totalmente. Si hasta podría jurar que se me cayó un poco de baba - ¿Cómo puedes transformar un momento tan caliente y cachondo en uno tan lindo?

- Supongo que eso es lo que hace el amor – se encogió de hombros dándome una de sus perfectas sonrisas

No le respondí con palabras pero si con el gesto perfecto para este momento. Lo besé. No como cuando quiero que me folle hasta la muerte sino cuando le estoy diciendo lo mucho que lo amo y lo devastada que quedaría sin él, por supuesto que me respondió de la misma forma, pausado y sin meter mucho su lengua en mi boca pero eso solo duró unos segundos porque nuestras manos casi al unísono buscaron algo de piel en el otro. No sé que encontró Edward, lo único que sé es que su tacto me produjo mucho placer, yo por mi parte encontré su V y ¡Mierda! que era rico tocar esos huesitos de la cadera de un hombre, era casi como un embudo que te llevaba a la gloria, en este caso a mi Eddie que esperaba ansioso por mí.

Refregué su miembro solo por sobre la ropa porque sabía que si llevaba mi mano mas allá nos correríamos en el acto, pero tal parece ser que Edward tenia apuro porque me desnudó en cuestión de segundos. En este momento obvio mi mano con la muñequera y aproveché que dejaba mis deditos sueltos para poder tocarlo.

- ¿Estás bien? – su cuerpo estaba posicionado sobre el mío pero no sentía su peso – Si quieres…

Lo vi con intenciones de moverse así que lo tomé del cabello – No, así está muy bien… solo… que estas muy vestido

No dejé de sonreírle ni de mirarlo a los ojos mientras lo desvestía, se que le gustaba verme tomar el mando, quizás no sería una mala idea amarrarlo y echarle un poquito de cera caliente en su pecho… mmm, me relamí los labios de solo verlo amarrado y con su polla a mi merced.

- Ni lo pienses… primero me toca a mi hacer de dominante

- ¿Cómo mierda sabes lo que estoy pensando? – me removí un poco cortando el momento caliente - ¿Acaso tienes uno de esos poderes raros que te permiten leer mi mente?

- No pero… - quedé con la boca abierta y los ojos cerrados en cuanto uno de sus dedos se adentró en mi coño

- Se cuando te pones calientes – habló en mi oído reviviendo cualquier calor que pudiéramos perder – y se en que perversidades estas pensando cuando te mojas

Apreté los dientes y los separé lo justo para hablar – Edward…

- Ya voy – y con sus palabras me penetró de golpe

- ¡Avísame! – chille enterrándole mis uñas en sus hombres de donde me afirme para no desfallecer

- Si quieres paro – estaba adentro mío pero aun no se había movido

Volví a enterrarle mis uñas pero esta vez con más fuerza - ¡Muévete maldita sea!

- Bien… parece que serás tú la dominante – murmuró por lo bajo antes comenzar a embestirme como desenfrenado

Quedé con el grito trabado a la mitad de la garganta porque mis cuerdas vocales no eran suficientes para expresar todo lo que estaba sintiendo pero al parecer mis uñas si porque sentí algo viscoso bajo ellas, que me perdonara mi novio pero estaba segura que le había hecho una herida. No me dolió mi muñeca mala pero algo me decía que cuando pasara el momento me pasaría la cuenta.

- Oh Bella… así amor… márcame como tuyo

- ¿Así? – apreté mis uñas pero esta vez en otra parte de su cuerpo, sus brazos fueron el lugar elegido - para que todas las perras sepan quién es la que te folla tan duro que llega a lastimarte

- ¿Duro? ¿Qué tan duro?

- Duro… vamos Edward Cullen – me reacomodé bajó su cuerpo que ya no estaba empujando - ¿Se te olvido como follar duro a una mujer?

¡Mierda! Edward sí que sabía como dejarme con la palabra en la boca y lo demostró una vez más cuando tomó mis dos piernas y se las puso al hombro. Me penetró de una forma totalmente nueva, si hasta sus bolas las sentía rebotar en mi trasero, no sé si fue el momento o qué pero me estimulé hasta por donde no debía. Mi mente se perdió en un momento por algún lugar en donde la polla de Edward era venerada, me hizo el amor y me follo duro de una manera simplemente fabulosa, era salvaje, rápido, conciso y frenético, una mezcla entre tantas cosas que creo que aunque fuera escritora no sería capaz de describirla.

Cuando mis paredes se tensaron hice algo que ya mas tarde mi novio me agradecería, nunca había practicados esos famosos ejercicios vaginales pero hice lo que sentí y apreté lo mas que pude mis paredes enviando a Edward directo a su orgasmo y a mí a uno múltiple.

Sé que tengo experiencia pero…

¿Es posible tener tres orgasmos seguidos?

Me importa una mierda si no es así porque juro que los tuve, uno atrás del otro… tres putos orgasmos fabulosos.

- Mierda amor… eso fue… ¿Qué mierda hiciste?

- Eso es para que recuerdes quien es la única que te eleva así

- No necesito recordatorio

Sonreímos y nos besamos con calma, nadie hubiera pensado al vernos que acabamos de tener sexo magnifico.

- Eso estuvo perfecto – su cuerpo sudoroso dejó de presionar el mío y su polla ya no tan erecta dejó mi intimidad

- Mas que perfecto – ambos nos pusimos de costado para poder mirarnos – no sabes cómo te extrañaba amor – estiré una mano para acariciar sus cabellos húmedos. ¡Mierda! sí que habíamos sudado mucho esta vez

Sus ojos se entrecerraron ante mi toque - ¿Me extrañaste a mi o a mi fabuloso miembro?

- Te extrañe a ti y la forma en que usas tu fabuloso miembro – rezongué poniéndome de espalda. Sus manos no tardaron en encontrar mi desnuda piel

Nos quedamos en silencio un par de minutos disfrutando del fabuloso pos sexo. Estaba a punto de quedarme dormida con sus caricias cuando recordé la conversación con Alice, todo era tan rápido y extraño. Mi vida estaba cambiando de tal forma que no me imaginaba ahora donde estaría dentro de un par de años más. Como pude estiré mi mano para alcanzar la espalda de mi novio, esto era verdadera paz, ahora entendía esos momento de felicidad, esos domingo en la cama de un matrimonio con más de veinte años de casados, si podía enfrascar este sentimiento y guardarlo para el resto de nuestras vidas podía estar segura de que mi felicidad no sería sino más que pura y verdadera.

- ¿Te imaginas casado conmigo? – sus caricias se detuvieron tan de pronto que quité mi mano de golpe. Volteé mejor para mirarlo y sus hermosos ojos estaban perdidos en mi rostro – Edward… ¿Amor?

Creo que hasta el momento no había golpeado a Edward de ninguna forma, ni de broma ni mucho menos con rabia pero ahora cuando mi mano impactó en su mejilla lo hice porque fue el único recurso que encontré para sacarlo de su estupor. Esperé unos momentos porque reaccionara por completo pero me tocó esperar más que un par ya que mi novio tardó demasiado en comenzar a pestañear. Me miró luego de centrar su vista en un punto pero me asusté porque sus ojos están tan abiertos que no lo hacían lucir bien.

- ¡REACCIONA!

Lo siento, no puede aguantarme más y tuve que gritarle, por lo menos sirvió porque su rostro se torno medianamente normal.

- ¿Cuándo?

Procese su pequeña pregunta sin encontrarle sentido - ¿Cuándo qué? – doblé las sabanas y me acomodé mejor dejando mi torso desnudo al aire

- ¿Cuándo… nos casamos?

- ¿¡QUE!

Me levanté de la cama con una rapidez que me sorprendió bastante, desnuda quedé mirándolo y esperando por una respuesta, sé que fui yo quien puso el tema del matrimonio en el tapete pero era solo porque quería saber qué es lo que pensaba Edward sobre esto no para que me preguntara cuando nos casábamos.

- Pero tú dijiste…

- ¡Ey, ey, ey! – lo detuve poniendo mis manos a modo de escudo en un gesto un tanto dramático – yo solo te pregunté sobre que pensabas de esto, en ningún momento te dije que nos íbamos a casar

- ¿Y no lo vamos a hacer?

Su ceño estaba fruncido de una forma que no me dejaba ver si estaba molesto o nervioso – Si, pero aún no

Fruncí la boca en una mueca rara porque hasta hace poco estaba pensando distinto, bueno, a mi favor debo decir que anoche Edward no estaba aquí con una opinión tan abierta sobre el matrimonio. Me senté mucho más calmada en el borde de la cama, nos miramos por otro par de segundo, hoy era el día de los silencios largos al parecer.

- ¿Has pensando en casarte conmigo?

- Si – rascó su nariz demostrándome lo nervioso que estaba – pero creo que es normal, se que te amo y que amaré por muchísimos años más. Casarnos es algo lógico

- ¿Solo algo lógico?

- No – rio tomando mi mano y tirando de mi. Quedé sobre su cuerpo – casarnos es algo más que lógico, es lo correcto, el destino, lo que quiero, lo que quieres, lo que tiene que ser, lo mas fabuloso del mundo, casarnos es… es solo – dejó de mirarme para mirar al techo. Regresó su mirada sonriente – lo que tenemos que hacer

- ¿Cómo?

Mi pregunta salió con lentitud – Eso – me removió sobre su cuerpo – que nos casemos. Esta vida es nuestra, no hay nadie detrás de un computador escribiéndola así que depende de nosotros lo que hagamos con ella – me miró y rio de forma tan propia de Edward que me vi asintiendo antes de racionalizar sus palabras - ¿Eso es un sí? - ¿Lo era?

- ¿Lo es?... primero – ahora me acomodé yo, mis pezones desnudos me dolían – deja que… - saqué las sabanas que nos separaban y quedé desnuda sobre su cuerpo desnudo – Mucho mejor. Ahora, ¿En qué momento me pediste que me casara contigo?

- No lo hice – sonrió al mismo tiempo que llevaba sus manos a mis caderas – y no lo haré aun, solo quería saber que tan dispuesta estabas a llevar el apellido Cullen

- Estoy más que dispuesta a ello pero… tampoco sabes en qué momento estoy completamente dispuesta

- Bueno… se que ahora estas lista – alzó sus caderas encontrándose con mi sexo – mmm… quizás podríamos hablar de esto más tarde

- Si… más tarde está bien – moví mi mano consiguiendo que me doliera un poco, recién me acordé de ello – ahora creo que necesito mi medicina porque desde hace un buen tiempo que no siento ningún dolor

- Entonces no me queda de otra que darte un poco de medicina


Hola!

Nuevo capitulo!

Besos, Joha!