Finet La chica menos inesperada.

Holiguiiss mi gente…

ADVERTENCIA: En este chapter posiblemente tengan ganas de matar a la autora y están en todo su derecho, pero si me matan ya no hay historia y eso les afectará a todos. De todas formas analicen bien esto.

Este fic está hecho de imaginación Vallartense, Jalisciense y Mexicano… que lo disfruten…

La historia y personajes adicionales son de mi imaginación. HDA (Hora De Aventura) no me pertenece en lo más absoluto. Si fuera mío, haría un piche desmadre XD


Chapter-36: Minutos de soledad.


Nunca se había arrepentido en algún transcurso de su vida, pero ahora la gran Reina de los Piratas se consolaba de sus lamentos bebiendo grandes cantidades de alcohol en su antiguo colchón. No podía quedarse con su padre porque no quería preocuparlo en uno de sus peores estados, había quitado las tablas de la ventana y entro por ella como si de una ladrona se trataba.

Está lista para morir, pero no pensó que esa mujer la convenciera con la palabra su padre y el nombre de Finn posando en esos labios algo arrugados. Ahora quería matarse lentamente con las bebidas embriagantes que ocultaba debajo de su cama y fumar un poco, aunque no le gustaba le sensación en sus pulmones y en la mayoría de los casos se ahogaba; quería sentirse más hija de puta de lo normal mientras se acaba el último cigarro de la cajetilla al borde la cama:

¡Joder, Está mierda no me sirve de nada!―admitió tirando el cigarro y aplastándolo con el pie descalzo sin importarle el dolor de la quemadura ya que no sentía el fuego― ¿¡Cuando volveré a embriagarme de esta forma!?―se cuestionó ebria― ¡Ya sé! ¡Cuando Finn rehaga su vida y tenga pequeños Rubios Idiotas con una de esas princesas solteronas!―elevó su botella de ron― ¡Salud por la feliz pareja! ¡Salud por tu nueva vida, Finn! ¡Espero que seas feliz porque yo soy infeliz!―anunció eso ultimo con tristeza y vació la botella.

Se acostó nuevamente en la cama y con las yemas de sus dedos acaricio desde sus muslos hasta llegar a la clavícula donde posaba otro adorno en su cuello, ella solo tenía puesto la chaqueta de oficial y unas bragas. Agarro el collar de copo y múltiples recuerdos llegaron a su cabeza.

"Perra si alma"

"Puta desdichada"

"Ramera comprometedora"

"Hipócrita de mierda"

¿Cuántas groserías se podía decir en la cabeza? Eran infinitas contando las que oyó de Finn al despedirse de esa forma tosca, una mano rozo su vientre e imagino que era la de su guardián de blanca armadura. Era algo egoísta de su parte al pensar que solo ella sería vista con esos ojos de deseo y de amor, no cabe decir que era una tonta al tener esa noche con Finn y demostrando que eran el uno para el otro con esas muestras de afecto.

El masaje del vientre se extendió hasta sus senos, no dijo nada ya que estaba sumida en su pensamiento, pero se sobre saltó al darse cuenta que tenía ambas manos sosteniendo el collar frente a sus ojos y esa mano era mucha más grande que la suya. La herencia de su padre hizo que tuviera algo de su pésima visión, pero solo era cuando se concentraba en una sola cosa, alejo el collar de su vista y se enfrentó contra una azulina mirada:

¿Qué quieres Cid Mertens?―interrogó volteando a otro lado.

Tú lo sabes muy bien…―desafió agarrando su mentón.

Aléjate de mí―mencionó con rabia y frialdad.

Estás ebria, por lo general siempre te ponías caliente. Pero ahora andas a la defensiva, cariño―explicó con una siniestra mirada.

Finn debes de odiarme, no ir a buscarme en esta situación tan comprometedora―admitió con una voz algo risueña.

¿No lo niegas?―cuestionó poniendo su voz algo más gruesa.

¿Para qué decirlo? ¡Te odio Rubio Idiota!―exclamó con una sonrisa algo boba por la causa del alcohol.

¿Crees que es una alucinación?―preguntó de forma sería.

¿Me lo estás preguntando a mí?―respondió con otra pregunta.

Sus ojos estuvieron en combate por varios minutos hasta que ella alejo la mirada al darse cuenta de algo, él no se sorprendió que lo tomará de esa forma y prefirió ir directo a su oreja:

Ayer me contuve y pensé que ser paciente llegaría a tu centro. Pero Señorita Petrikov ha abierto mi curiosidad y la voy a tomar a la fuerza―susurró de forma amenazante.

Ella estaba a punto de reclamar, pero su oreja fue ferozmente mordida y su seno estrujado sin piedad logrando que soltará un sonoro gemido; intento quitarlo de encima suyo, cosa que era imposible, las piernas no se movían por unas pesadas rodillas, su brazo era prisionera de una mano que siempre empuñaba una espada con fuerza y el único miembro de su cuerpo que le diera la oportunidad de escapar fue inmovilizado por el codo.

Estaba lujurioso al encontrarla de esa manera, vaya que se había vuelto atractiva y con esos gemidos ¿Quién no quería tener una oportunidad de marcarla? Besó sus labios a la fuerza hasta al borde de sacar un poco de sangre del curvilíneo labio inferior, su mano torturaba vigorosamente el seno derecho de su víctima queriendo perforar el pezón con la uña del pulgar. Era tan sencillo poseerla al no estar en sus cinco sentidos:

¡Par-Para! ¡Por-por fa-favor! ¡Detente!―suplico entre gemidos.

Se detuvo un momento y apoyo su barbilla en el cuello de la morena evitando que pudiera escapar, cosa que creería imposible tratándose de él; descubrió lo agitado de la respiración de la pirata y sus pupilas se dilataban con cada acción que hacía:

¿Estás segura que quieres que paremos?―exclamó con simpleza.

Ella negó rotundamente y esto le dibujo una sonrisa en los labios al aportador de ojos azules, siguió explorando con sus manos la piel morena de la chica la cual se retorcía por las caricias bruscas y extremistas de él. Le volvió a remarcar las manchas rojas de la noche anterior sin olvidar alguna y siguió con su fetiche de mordiscar esa perforación en el ombligo obteniendo como resultado el que se arqueara al poner sus dientes en la piel, le dio la vuelta sacándole de una vez por todas esa chaqueta estorbosa buscando alguna marca en la espalda.

Sus ojos azules captaron un tatuaje nuevo en el omoplato, gruñó por debajo al saber para quién era dedicado ese tatuaje, sus uñas arañaron como alambres filosos la espalda de ella y rozó su entrepierna en ese trasero redondo:

Eres solo mía―declaró de forma siniestra.

La atrajo a su pecho mientras le pedía de forma amable bajar la bragueta junto con la ropa interior, ella se volteó y temerosa retrocedió, cosa que no duro mucho al ser sujetada por la muñeca:

¿A qué le tienes miedo, Nicolet?

Al decir esas palabras abrazo su espalda buscando refugio, por alguna razón había recupero tacto al ver esa cara de miedo en ella, no era tan divertida como ver una vulnerable, pero de alguna forma le satisfacía engañarla. Jugar un rato con sus sentimientos, hacerse el desentendido, pedir perdón y luego volver hacer lo mismo; el mismo ciclo que ella uso, el que siempre usaría. Le retiro el cabello de esa nuca mostrando ese pequeño causante, una marca donde tenía a miles de almas prisioneras; la mordió mostrando vulgaridad y manchando las leyes morales, mientras hacía eso le quito las bragas de una buena vez.

Con fuerza agarro uno de sus senos y la otra mano sostuvo la cadera para levantarla un poco, el momento del tacto había acabado junto con el pedir perdón; era momento de volver hacer la rutina sin fin:

¡Fi-Finn! ¡Ah!―jadeo al sentir el miembro dentro de ella de forma repentina.

Él negó de forma sutil y con su mano agarro el mentón de aquella inocente mujer. Tenerla ebria daba ciertas ventajas y más aún al saber lo jodidamente estrecha que estaba, eran ya otras posibilidades, la estampo contra la pared buscando un buen ángulo para dar inicio a las estocadas. Ella repetía muchas veces el nombre de Finn entre los alaridos que más de placer eran suplicas pidiendo que se detuviera, que se alejara; pero él sabía mejor que nadie el hecho de querer esto tanto como ella.

Lo dices mal…―susurró de forma malévola mientras recuperaba su forma original―Deseo oírlo de tu voz, cariño.

¡Gust-Guston Roller!

Se corrió de forma victoriosa al escuchar su nombre de los labios de ella.

._.-._.-._.-._.-._.-._.-._.-._.-._.-._.-._.-._.-._.-._.-._.-._.-._.-._.-._.-._.

Despertó a las tres de la mañana con un agudo dolor en la cabeza, se toco la frente entre sus cejas intentando recuperar la visión y de paso recordar lo que sucedió la noche anterior. Por algo se había despertado tan temprano, su sistema pidió expulsar urgentemente el alcohol, abrazo el inodoro mientras vomitaba a mares las bebidas y algo más porque los cigarros que consumió nunca había llegado al segundo cigarro cosa que esa noche se fumó toda una cajetilla. Con el rostro pálido se dirigió al lavabo para refrescarse, se detuvo en seco examinando su cuerpo con detenimiento; desesperada se dio la vuelta y se quitó parte de su chaqueta, mala suerte:

No es cierto―susurró incrédula.

En su espalda se encontraban las marcas de la noche anterior, se repitió en la cabeza mil veces que eso era imposible, examino su cabecera y tenía las mismas marcas que tenía su espalda. Tuvo dos teorías; la primera que estuviera muy borracha y se imaginó eso mientras se masturbaba, las marcas serían por sus garras para intensificar el realismo.

La otra, era que sucedido eso, que Guston Roller tomo la forma de Finn y la sedujo aun después que descubriera su verdadera identidad. Se recostó en la pared y se deslizo lentamente hasta llegar al suelo, intento convencerse así misma de que todo fuera una ilusión.

No era real ¿Cierto?

Le temblaba las piernas de solo pensar en eso, el entorno se volvió frío conforme su cabeza perdía la cordura; su cabello se volvía blanco por esta nueva sensación que sentía por todo su cuerpo mientras el hielo se encargaba de cubrir gran parte de su habitación:

No es verdad. Esto es un sueño.

¿Un mal sueño?―susurró una voz.

Cállate.

No quieres hablar conmigo, pero yo soy tú. ¿Segura que fue solo un mal sueño?―exclamó la voz en su cabeza.

No hables.

Las dos sabemos la verdad, aunque lo niegues sabes perfectamente…

¡Déjame en paz!―gritó con furia quitándose el pequeño fragmento de la corona.

Había vivido con la locura por mucho tiempo ¿Por qué la atacaría en este momento? ¿Era por qué admitía sentirse sola? ¿No deseaba hundirse en la soledad como lo hizo su padre? Miró a su alrededor para descubrir que entre las muchas botellas congelas, sus botas y algo de su ropa regada por el suelo, en su interior tenía la respuesta. Río de forma sutil hasta terminar abrazando sus piernas.

"¿Por qué?"

Era una pregunta que empezó a usar habitualmente, no quería verse a la cara en el espejo, se daba asco de solo pensar que sus hábitos la orillaron hacer este tipo de cosas, era muchas de las razones para que el rubio dejará de quererla y esperaba que la odiara con toda su alma. Se levantó e intento sonreírse para sí misma en un intento fallido por el impulso de sentirse mejor.

"Hipócrita de mierda"

Porque ahora estaba rota y no podía decir nada, ¿Qué lograría con eso? ¿Rencores? ¿Odio? ¿Envidia? Las tres al mismo tiempo ya que tenía que tragarse sus propios principios desde que piso Ooo con la idea de dejarle en claro a Finn que ya no gustaba de él, que ya no la amaba, que fue solo un simple juego sexual. Fingiría ser feliz por él a pesar que ahora estaría odiándola por más simples que fueran las cosas.

Se vistió y puso su mirada despreocupada delante del Reino Helado para no mortificar a su padre, él sabía de sobra las cosas que ocurrían, pero no sabría y ni lo quería pensar lo que sucedió esa noche donde su hija llego con un aire deprimente, cruda y sobretodo sin ganas de vivir. No solo se sorprendió que le diera en las manos el collar de rubí poniendo como excusa necesitar estar alejada de la locura.

Porque ahora no sabía definir entre realidad y la ficción, en este momento podría ser solo un personaje y nada más que se borra con facilidad por algún ser que juega con ella y su mente.

La pregunta aquí era…

Esto no es verdad ¿Cierto? Y si es así ¿Por qué?


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