Aserradero
Al llegar la mañana, Daryl despertó sintiendo la calidez del cercano cuerpo de Mara entre sus brazos de espaldas a él, aspiró con intensidad el olor de su cabello y la apretó contra su cuerpo, sin despertarla. Reparó en que debería limpiar las presas del día anterior lo antes posible y se obligó a levantarse. Salvó el cuerpo de la joven y se sentó en el borde del catre, comenzando a vestirse.
—¿Te vas? —preguntó con voz somnolienta, tras él —Aún es temprano.
—Tengo que ocuparme de la caza —contestó girándose a verla, mientras se ponía la camisa.
—Quédate conmigo un poco más —pidió incorporándose y abrazándole por la espalda.
—Si lo retraso la carne podría echarse a perder y el día de ayer no habría servido para nada —explicó levantándose, viendo la cara de decepción de Mara—. Duerme un poco más y cuando acabe volveré.
—Está bien —accedió ella con voz derrotada—. ¿Me das mi camiseta?, tengo frío —pidió.
Daryl recogió la camiseta y la palpó, comprobando que aún estaba húmeda, la tiró sobre un montón de ropa en la esquina, cogiendo después una de sus camisas.
—Esta mojada, ponte esto —le tendió la prenda. Mara se la pusó y se llevó el cuello a la nariz para olerla—. Está limpia, coño.
—Sí, casi no huele a ti —dijo decepcionada—, pero lo suficiente...me gusta —confesó.
—Puff... —soltó él, antes de acercarse y darle un beso—. Duérmete anda —dijo antes de salir.
—No olvides lo que te dije anoche —comentó ella, él se giró con una leve sonrisa.
—Tú tampoco.
—No lo voy a olvidar, lo sé —acomodándose entre las sábanas.
—Volveré pronto contigo.
—Mmm... Aham...
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En el patio varias personas estaban agrupando un par de mesas y útiles de cocina, siendo dirigidos por Karen. La mujer se acercó a Daryl al verle.
—No podemos encurtir o ahumar la carne dentro, así que cuando la hayas limpiado lo haremos aquí fuera —explicó—. Así durará más tiempo y la podremos racionar —Daryl asintió, de acuerdo con la idea.
El cazador colocó el venado sobre una de las mesas y con su cuchillo, procedió a destriparla y desollar con destreza. Según fue pasando la mañana y la gente observó el improvisado lugar que habían organizado, algunos propusieron mejorarlo y dejarlo como un espacio para cocinar y reunirse. Mirando a cuando las temperaturas comenzaran a subir.
Cuando la propuesta llegó a oídos de Rick, este se mostró favorable a que la idea se llevase a cabo. Una labor y trabajo en el interior de la prisión mantendría a todos distraídos de los peligros externos y mejoraría la convivencia.
—Si estáis de acuerdo en colaborar comenzaremos a organizar el trabajo —propuso Rick a un grupo de hombres y mujeres.
—Yo he sido albañil, creo que construir una estructura techada sería lo más adecuado, nos protegería del sol y la lluvia —explicó Julio, uno de los hombres, Rick asintió —Pero necesitamos materiales.
—Trabajaremos con lo que hay de momento, nos encargaremos de resto después. —declaró el líder, antes de alejarse a por materiales, seguido por Glenn.
—Deberíamos decidir qué hacer con esos tipos —comentó el joven con impaciencia—, cuanto antes mejor.
—Sí, lo decidiremos antes de la comida —asintió—. Informa a todos, para que estén al tanto. También hay que organizar los nuevos turnos de guardia —Glenn se mostró de acuerdo y se alejó, dejando al policía pensativo.
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Al abrir los ojos, Mara no sabía cuánto tiempo había pasado desde que Daryl se fuera, pero sentía todo su cuerpo entumecido y agarrotado por el esfuerzo del día anterior. Se incorporó quedándose sentada y volvió a oler la camisa, lo cierto era que toda la cama y la celda olían a Daryl, le gustaba despertar así.
—Creía que dormirías eternamente —dijo al verla despierta—. Cada vez que venía estabas roncando.
—Yo no ronco —dijo tirando la almohada ofendida, la cual desvió con el brazo antes de que le golpease.
—Coño que no. Levántate —ordenó —vamos a decidir qué hacer con esos hijos de puta.
—¿Y mi ropa? —Preguntó ella estirándose, tras mirar a su alrededor.
Daryl salió de la celda y desde la barandilla vio a Megan en el piso inferior, haciendo rabiar a su hermana.
—Megan —la llamó—, ¿nos subes la ropa de Mara? —pidió
—¡Daryl! —gritó Mara, avergonzada.
—Saben que estas aquí —dijo él, restando importancia al entrar en la celda de nuevo.
—Pero no desnuda...
La pequeña subió cargada con la mochila morada de Mara al hombro, se acercó hasta la celda y la dejó en el suelo.
—¿Vas a quedarte aquí? —preguntó un poco desilusionada.
—No —se adelantó a decir Daryl—, sólo necesita cambiarse.
—Sí, esta noche volveré a abajo —asintió ella, sin levantase de la cama —Meg espera... —frenó a la niña antes de irse—. ¿A que no ronco? —la niña negó con la cabeza —¿Ves como no ronco?
Daryl la ignoró y salió con la pequeña de la celda, bajando hasta el nivel inferior.
—¿Se va? —preguntó Shelly a su hermana.
—No —contestó su hermana sonriendo.
—Pero algún día nos va a dejar —comentó la pequeña triste, Daryl la miró desde lo alto
—Ella va a estar siempre con vosotras.
—Entonces tu también estarás con nosotras —sentenció Shelly, algo más contenta—. Así nos enseñaras a cazar y decir insultos, de los que molestan a mamá.
—¡Shelly! No digas eso —la acalló su hermana y la llevó lejos del cazador—. Daryl está con ella, pero no con nosotras. Mamá no le deja.
—Pero yo quiero que también este con nosotras —se quejó la niña.
Daryl escuchaba la discusión algo desconcertado, casi no había pensado en como ellas verían todo aquello, pero era evidente que notaban y se daban cuenta de todo.
—Chip, venga date prisa —llamó al pie de la escalera.
—Ya... ya estoy —dijo, saliendo mientras se hacía una coleta.
Scott abandonó su celda y la dejó pasar delante, en toda la galería se escuchó el bufido de Daryl al comprobar cómo el chico del gorro le miraba el culo desde atrás.
—¿Qué pasa? —preguntó Mara confusa —no he tardado tanto... —se defendió dirigiéndose a dejar la mochila en su celda.
—Nah... creo que aún me quedan piezas que despellejar... —comentó mirando a Scott cuando pasó a su lado.
El joven ignoró el comentario y salió de la galería para reunirse con el resto.
—¿Qué? —preguntó de nuevo Mara, que seguía sin enterarse de que había pasado.
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Todo el mundo estaba enterado del descubrimiento de Daryl el día anterior y lo que éste representaba, pero parecía que cada uno tenía una opinión diferente para acabar o convivir con él, que parecían las dos alternativas posibles.
Muchos, entre ellos Rick y Hershel, no estaban a favor de salir en su búsqueda, sin tener una dirección y seguir gastando recursos en ello. Lo habían hecho con el Gobernador y no había servido para nada, por lo que habían abandonado tal empeño, al pasar el tiempo y ver que no volvía a atacarles. Aun así nadie se mostraba realmente conforme en quedarse a la espera de ser la cena de esos tipos.
—Se ocultan por los bosques —comentó Daryl, haciendo que el resto del mundo le mirase. —Siempre que hemos encontrado un rastro ha sido en lo profundo del bosque.
—¿Que quieres decir? —preguntó Rick, sin saber a dónde quería llegar.
—No necesitamos gastar gasolina, ni ir con coches —explicó—. Basta con que peinemos los bosques de la zona, los que rodean la prisión. Si lo hacemos en grupo y bien, no nos tendrían que atacar y podríamos encontrarlos o al menos un rastro en pocos días.
—Pero estaríamos igual —comenzó diciendo Maggie con ciertas dudas —saldríamos sin saber ni por dónde empezar.
—Además la casa donde estaban se encontraba bastante lejos de aquí —apuntó Hershel —y puede que se hayan alejado aún más.
—O pueden seguir junto a la valla apuntando en su libreta —contradijo Mara—. Nos volveremos a confiar, alguien saldrá solo y le perderemos para siempre.
—Entonces, ¿estás de acuerdo con la propuesta de Daryl? —preguntó el granjero, pues él pensaba que la joven se mostraría en contra.
—No —se volvió a Daryl, pidiendo perdón con la mirada—, salir en grupo por el bosque, no me parece lo más sensato...
—Es lo más sensato que se ha dicho hasta ahora —defendió el cazador.
—Bueno puede ser que si ven que les estamos buscando se retiren —comentó Tyreese— . Tú mismo dijiste que no quieren enfrentamientos y bajas —refiriéndose a Daryl.
—Entonces colguemos un cartel en la valla, "Caníbales capullos, dejar de fisgonear o acabareis vosotros como fiambre" —satirizó Mara—, así tal vez se vayan también.
—No es para tomárselo a broma —defendió Karen la postura de Tyreese.
—Lo siento, sé que es un algo serio —se disculpó—, pero no podemos perdernos en suposiciones, sólo contar con lo que sabemos.
—¿Qué es lo que sabemos? —preguntó Zack.
—Que cazan gente solitaria, que disparan sin miramientos —comenzó relatando Rick.
—Tiene armas automáticas, de las buenas y puntería —le siguió Daryl—, van en grupo, y por lo menos tres son hombres, pero son el doble.
—Y que se han tirado varias semanas observándonos y casi estudiándonos —determinó Mara.
—Alguno de ellos tiene conocimientos médicos o similares —apuntó Michonne—, por como desmiembran a sus víctimas.
—O hayan aprendido por ensayo y error —corrigió Rick—, pero saben cómo mantener viva a una persona.
—Y no se arriesgan —dijo Zack —¿no lo dijiste tu anoche? —preguntó retórico a Daryl —No quieren bajas.
—Son unos jodidos cobardes —asintió éste.
—Unos cobardes psicópatas —puntualizó Mara.
—Pero tampoco nos han hecho nada, ¿no? —comentó Scott.
—Le pegaron un tiro capullo —se le encaró Daryl, señalando a Mara, más por las ganas que tenía al chico, que por su planteamiento—, casi la perdemos.
Rápidamente Rick se aproximó a su compañero, pero Mara se le adelantó y sujetó a Daryl por el pecho, para que no pudiera acercarse hasta Scott.
—Daryl, tranquilo, él no lo sabía —susurró Mara.
—Tranquilicémonos todos —Pidió Rick —sé que estamos alterados, e intranquilos, pero debemos centrarnos.
Tras la tensión del momento todos volvieron a tranquilizarse, llegando a un acuerdo mayoritario, de seguir saliendo en grupos numerosos, que elevase el número que suponían que tenían los Caníbales y fueran armados con pistolas, usasen los chalecos y los protectores de los guardias de la prisión.
Tras lo cual procedieron a reorganizar las guardias, vigilando no solo desde la torre, sino también desde los pasillos de verja, para comprobar si alguien se acercaba a vigilarles. Para la sorpresa de muchos, no sólo de Mara, Olga se ofreció a participar en las rondas y las guardias. La joven se planteó preguntarle si lo hacía con una doble intención, pero luego pensó que prefería no saberlo.
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El aspecto del patio y la nueva disposición de muebles y útiles de cocina sorprendió a Mara al salir. Parecía que había estado durmiendo demasiado tiempo con todo lo que había que hacer, se reprochó. Por lo que rápidamente fue a echar una mano y colaborar en la preparación de la carne y su conservación.
—¿En qué os puedo ayudar? —preguntó a Karen.
—Acerca esa olla aquí, por favor —pidió la mujer —ten cuidado porque está caliente.
—Bien —la joven se aproximó a por el recipiente, lo agarró con ambas manos protegiéndose con un trapo, mientras lo cargaba sus brazos flaquearon y la olla se le escurrió—. ¡Oh! Mier..haggg... —juró, sujetándose la muñeca que se había quemado al contacto con el metal—. Lo siento, lo siento...
—Tranquila, ¿estás bien? —se adelantó a preguntar Karen, acercándose a ella.
—¿Estás bien? —preguntó Scott que estaba cerca —Te has quemado, déjame ver —dijo cogiéndole el brazo—. Ten, ponte esto, está húmedo, te aliviara —poniéndole un trapo mojado sobre la piel.
—Chip, ¿qué ha pasado? —preguntó Daryl con paso rápido —Aparta, toma tus mierdas —dijo a Scott, tirando el trapo al pecho del joven—. Te tiene que ver Hershel.
—Estoy bien... sólo se me ha escurrido, no es nada —se justificó ella.
—Vamos dentro —la ignoró Daryl.
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Mara estaba sentada sobre la camilla con las piernas colgando, mientras Daryl observaba con los brazos cruzados como Hershel le vendaba la zona quemada.
—No es para tanto, una quemadura de nada.
—Aun así procura mantenerla vendada y aplícale pomada cada dos horas —recomendó Hershel—. También procura descansar.
—¿Por quemarme el brazo debo guardar reposo? —preguntó Mara —He dado primeros auxilios y esa parte nunca la he estudiado.
—No por la quemadura, sino por el día que tuviste ayer, ¿cómo te has quemado?
—Perdí las fuerzas y la olla se me escapó de las manos... —explicó, bajando la cabeza.
—Todos tenemos un límite, sobrepasarlo siempre tiene sus consecuencias.
—Vale... —dijo con voz cansada —intentaré no hacer nada que requiera esfuerzos —accedió apeándose de la camilla—, gracias por la cura.
—No me des las gracias, hazme caso por una vez como paciente —pidió el hombre —Hoy me atenderá Maggie, así que tienes tiempo para descansar.
—Que sí, ¿vienes? —preguntó a Daryl.
—Ahora —contestó éste haciendo un gesto con la mano para que se adelantara—. ¿Qué hizo ayer? —preguntó Daryl cuando Mara se alejó.
—Dirás que no hizo ayer —rectifico Hershel —supongo que sólo pretendía no pararse a pensar que te podía estar pasando, pero no mide.
—¿Cómo cuando llegó?,¿ al principio?
—Sí, intenta hacer de todo para no pensar en nada, pero nadie aguanta ese ritmo.
—Hablaré con ella
—¿Qué le vas a decir? —preguntó —¿Qué no se preocupe? Eso no servirá de nada, ella no es así por ti, ella es así, es su forma de ser o de afrontar las cosas.
—Sí, claro...
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Camino hacia el exterior Daryl encontró a Rick en la galería, donde parecían prepararse para salir de expedición.
—Te estaba buscando —informó el oficial—, hay que salir a por suministros y materiales, para la construcción. Iremos a un aserradero que figura en la guía (1), a poca distancia.
—Está bien, me prepararé.
—No —le frenó Rick—, había pensado que después de ayer, te quedases vigilando aquí. Me llevaré a Carl —Daryl lo miró un poco dudoso—. Será rápido y no habrá problemas.
—¿Seguro?
—Sí, lo he pensado y me parece lo mejor -explicó serio—. Quédate vigilando el fuerte esta vez.
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La biblioteca era un lugar tranquilo, pocos eran los que pasaban por allí durante el día, y casi nadie se quedaba después de recoger o dejar algún libro, en general los miembros del grupo intentaban pasar poco tiempo en solitario, disfrutando de la compañía del resto. Sin embargo Mara era una excepción, siempre le había gustado la soledad en cierta medida, poder dar voz a sus pensamientos sin que nadie escuchase, y también le gustaba aquel lugar con su característico olor a celulosa y tinta, el olor a libro que tanto le agradaba. La biblioteca era su lugar favorito en la prisión. Eran muchos los ratos que pasaba en ella, ideando juegos para los niños, leyendo tranquila o simplemente pensando.
El fondo de libros había aumentado. Solía coger algunos ejemplares cada vez que salía a por suministros, de tiendas, gasolineras o casas, al regresar los colocaba en las estanterías. Sobretodo con libros infantiles o algún tipo que no figurase entre los ejemplares que la prisión tenía.
—Algo me decía que te encontraría aquí.
Al levantar la vista de los dibujos, Mara sonrió a Daryl que se acercaba hasta la mesa y observaba los dibujos.
—Son de los niños, estoy intentando sacar información de ellos —explicó enseñándole los dibujos —ver qué cosas les preocupan y eso. Para saber cómo seguir trabajando con ellos.
—¿Se puede saber eso con dibujos?
—Claro, mirando lo que dibujan, los colores, las formas, los trazos. Sé puede leer en ellos muchas cosas.
—¿leer?
—Como tú lees las huellas en el suelo —comparó—. Es una forma de conocer a los niños sin preguntarles o hacerles recordar ciertas cosas, incluso saber cosas que ni ellos saben.
—¿Y si no dibujan? —preguntó sentándose junto a ella.
—Todos los niños dibujan, incluso sin lápiz ni papel, ¿nunca has dibujado en la arena? —esperó a que Daryl asintiera —Aunque luego no lo siguieras haciendo, de pequeño seguro que pintabas muchas cosas.
—Rayas sin sentido —dijo—, pero mis padres no eran de los que cuelgan los dibujos en la nevera.
—Ya... —dijo desviando la mirada de nuevo a los papeles.
—Supongo que sabes cómo serían mis dibujos —afirmó—, si sabes cómo es un persona por como dibuja, puedes saber lo contrario también.
—Sí, supongo -dijo intentando no darle mayor importancia.
-Lo sabías —afirmó—, antes de que te contase nada, antes de ver las marcas, tú ya lo sabías —Mara sintió la mirada de Daryl atravesándola, aún teniendo la vista fija en la mesa, podía sentir como él la miraba fijamente, asintió—. ¿Por qué no me lo dijiste?
—Saber, o deducir más bien, cosas de alguien, no te hace conocerlo —explicó—, yo quería conocerte, que me dejases conocerte.
—Claro —dijo asintiendo con la cabeza, aquello tenía sentido.
—¿Vas a ir a por materiales? —preguntó sin poder ocultar el tono triste en su voz —vi a Ty y me dijo algo del aserradero.
—No, me quedo aquí —contestó, viendo la reacción agradecida de Mara, sonrió levemente. —Había pensado... ¿qué vas a hacer tú?
—Pues... quería preparar unos títeres de palo, para hacer sombras y contarles un cuento a los niños, distraerlos, ya sabes... han escuchado cosas y están algo inquietos.
—Hasta las ardillas más nerviosas descansan alguna vez.
—¿Así me ves, como una ardilla nerviosa? —preguntó divertida.
—Una pequeña ardilla con hiperactividad —contestó.
—Pero si paro me cazaras, ¿no? —dijo levantándose de la silla y acercándose a él.
—Creía que eso ya lo había hecho —contestó rodeándola por la cintura y pegándola a su cuerpo.
—Sí, ya me has cazado —asintió y dejó que él la besara.
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Llegaron hasta el aserradero sin ninguna dificultad, según las indicaciones del mapa, era un gran edificio cercano a la carretera, sin ninguna otra edificación próxima. El lugar parecía despoblado de caminantes, todo hacía suponer que su funcionamiento se había parado cuando comenzaron las evacuaciones, pues todo estaba cerrado y sin indicios de saqueo. Las planchas de conglomerado no eran algo necesario en un apocalipsis.
—Tienes la lista de lo que necesitas, ¿cierto? -Preguntó Rick a Julio, antes de bajar del vehículo.
—Sí, todo marcado y enumerado —contestó—. Pero también tengo una idea para la entrada, realmente tengo varias, depende de lo que encontremos dentro, decidiremos que es más viable— le tendió unas hojas con bocetos.
Rick descendió de la ranchera y observó los papeles durante unos segundos. Seguidamente cogió su arma, comprobó las balas y siguió al grupo hasta la puerta de carga del local.
Tardaron unos minutos en forzar la persiana de metal, para poder entrar dentro del almacén.
—¿Qué es lo que necesitas? —preguntó el oficial.
—Bien, veamos... —contestó Julio, mirando a su alrededor —listones, columnas y... ¡vaya! —se sorprendió, al ver unos cuantos grandes troncos aún sin tratar—. Esto es justo lo que nos hacía falta.
—¿Esto? —preguntó Carl, acercándose hasta los troncos.
—Sí, préstame los bocetos— le pidió a Rick—. Si hacemos esto en la entrada reduciríamos el peligro —le mostró un papel con una estructura semejante a un "X" dibujada—, esto es justo lo que nos haría falta.
—¿Cómo vamos a cargar con ello? —preguntó Tyreese algo escéptico.
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Todos los niños estaban sentados formando un pequeño corro en el suelo, la pequeña Shelly estaba sobre las piernas de Mara, sabía perfectamente que la joven pocas veces le negaba algo, le gustaba sentirse especial para ella, ser diferente al resto de niños, porque ella era su pequeña, dormían juntas, ella no era como los demás. Carol y Beth también estaban con la pequeña Judith que estaba despierta pero tranquila en los brazos de la joven Greene. Mara comenzó a contar un cuento a los niños.
—Cuando Pura Verdad llegó al mundo —comenzó contando Mara—, estaba deseando conocer gente y que la gente la conociera a ella, decidida se fue al pueblo más cercano con tal empeño.
"Pero Pura Verdad, tan sincera y directa, al llegar al pueblo recibió una bienvenida muy diferente a la que había esperado, pues todas las personas se escandalizaron al verla, pues iba completamente desnuda, pues la verdad, la verdad completamente pura, no se puede mostrar de otra forma.
Triste y decaída se alejó corriendo de aquel lugar, hasta que fue detenida por una persona, una mujer con un tocado enorme de pelo azul, maquillada y adornada con cientos de joyas que la hacían irreconocible, con una ropa preciosa y muy llamativa. La desconocida dijo llamarse Gran Mentira.
Gran Mentira, al escuchar lo que la había pasado, se conmovió por las lágrimas de Pura Verdad y decidió ayudarla.
No podía ir así por el mundo, le dijo, pues la gente no quiere algo tan sincero, la mejor forma de mostrarse era tapándose un poco, dejar que la gente se acercase para conocerla mejor. Pura Verdad no estaba de acuerdo, pues ella quería ser sincera, pero miraba la ropa y adornos de Gran Mentira y no podía evitar desear poseer algo igual.
Finalmente Gran Mentira la convenció para que se tapase con un vestido, sutil pero elegante, se pusiera unos pendientes, un par de pulseras y unos bonitos zapatos. Cuando la creyó lista, le dijo que volviera al pueblo, pues de esa guisa la gente reaccionaría mejor.
Pura verdad dudaba un poco, decía que esa no era ella realmente, ya no era Pura verdad. Su compañera estuvo de acuerdo en eso, además, alegó que Pura Verdad era un nombre que a la gente no le gustaría, le seguirían teniendo miedo si se presentaba de esa forma. Así que se puso a pensar un nuevo nombre.
Tras un largo rato, levantó la cabeza y le dijo que desde ese momento se llamaría Fábula.
Porque no era como Gran Mentira, toda artificial y falsa, tenía adornos, pero debajo de ellos conservaba la pureza y sinceridad de lo que una vez fue Pura Verdad.
Porque todas la fábulas son realmente una pura verdad, sólo que engalanada."
Los niños aplaudieron contentos al terminar el cuento, le pidieron otro, pero Mara se negó y les mandó ir a jugar, por la noche les contaría otro si se portaban bien. Por lo que se levantaron y fueron a jugar. Glenn entró al poco rato para avisar de que ya habían vuelto del aserradero.
—Iré a acostar a la peque, antes de que se pongan a trabajar —dijo Beth.
—Voy yo —se prestó Mara - tengo que ir a echarme pomada.
-Vale, toma —dijo la joven dándole al bebé.
Mara salió con la pequeña en brazos y se acercó hasta Rick que la cogió unos instantes.
—¿Todo ha ido bien? —preguntó Mara.
—Sí, todo ha sido tranquilo —contestó.
—Voy a llevarla a dormir —le informó.
Daryl se acercó hasta ellos pero mirando hacia el campo, donde Mara aún no había reparado.
—¿Pero qué leches es eso? —preguntó señalando unos enormes tronco atados a la parte de atrás del camión.
—Son para la entrada, para hacer una especia de embudo —explicó Rick con poco éxito -Julio te lo explicará mejor, fue su idea.
Mara se los quedó mirando unos instantes, no entendía cómo iban a poder hacer algo con unos troncos tan grandes, pero no intentó comprenderlo, se alejó entrando en el bloque C.
La pequeña Judith era una niña realmente buena, que comía sin problemas y dormía con tranquilidad, como si intuyera que debía comportarse de esa manera. Por lo que no tardó en quedarse profundamente dormida a poco de que Mara la comenzara a mecer y a susurrarle cosas en un tono más bajito, sabía que debía tenderla en la cuna, pero se negó a hacerlo hasta que los brazos le volvieron a comenzar a doler.
—Hola —escuchó a su espalda—, te estaba buscando.
—Ah, ¿para decirme como Daryl no debe tratarme de nuevo? —preguntó con tono seco.
—Lo siento, la verdad quería disculparme por lo de la reunión, no sabía que te hubieran disparado, ¿fue grave? —preguntó Scott, intentando mostrar un tono conciliador.
—Fue en la pierna, pero podría haberme desangrado —contó—, pero no te disculpes, sabía que no tenías idea de ello.
—¿Daryl te salvó? —preguntó.
—Daryl me trajo hasta aquí, Hershel me curó y Mich me dio sangre para recuperarme —comentó —les debo la vida a todos. Eso contesta a tu pregunta, no estoy con él por gratitud.
—Me gustaría que nos llevásemos bien, me pareces una chica increíble, ya lo sabes.
—Sé que no eres mal tipo, pero no estoy disponible y tus juegos me incomodan.
—No estoy jugando —dijo con tono amistoso—, quiero que nos llevemos bien, que no haya mal rollo, ni nada.
—Vale, está bien —accedió ella.
—Sé que ahora estás con él, aunque no logro entender que le puedes ver porque...
—Lo estás haciendo de nuevo —le cortó.
—Vale, vale lo siento —se disculpó —Daryl es un tío genial a partir de ahora —Mara se rio ante aquello—. Pero si cambias de opinión yo estoy disponible. Y mientras tanto, pues también estoy aquí, por si quieres un cigarro o lo que sea.
—Vale, está bien.
—Genial, me voy fuera.
Mara se quedó mirando a Judith dormir con tranquilidad y esperó a escuchar que Scott abandonaba la galería para ir a su celda para aplicar la pomada en su brazo. Rebuscó entre su mochila y le extrañó ver su diario en un lateral, creía que estaba al fondo, pues al sacar la ropa por la mañana en la celda de Daryl no llegó a sacarlo. Juraba que había visto el cuaderno al fondo antes de volver a meter la ropa dentro.
Volvió a la celda de los Grimmes para vigilar el sueño de Judith, por deseo más que deber, le gustaba la tranquilidad del sueño de la niña y se intentó recolocar el vendaje.
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Durante la cena Mara seguía dándole vueltas a su diario, sabía que alguien lo había cogido, estaba seguro. Si fuera cualquier otra cosa no le importaría, pero en ese diario había cosas que prefería que nadie supiera, le inquietaba que las niñas lo pudieran haber leído.
—Oye Ratita, ¿has cogido algo de mi mochila? —preguntó a Shelly, la cual negó con la cabeza —¿Seguro? No has cogido un libro bonito que tenía dentro, ¿de verdad? —la niña volvió a negar, Shelly se reía cuando mentía o sentía que la iban a pillar y esta vez estaba seria.
—Yo tampoco he cogido nada de dentro —dijo su hermana —sólo cogí la mochila, cuando la pidió Daryl, pero no la abrí.
—Si habéis cogido algo, no me importa, podéis decírmelo —dijo, para que no creyeran que estaba enfadada—. Pero si queréis algo tenéis que preguntarlo, ¿oki?
—De verdad que no he cogido nada de dentro —repitió Mega.
Mara creyó a las niñas, no eran mentirosas y siempre confiaban en ella, no tenían motivos para mentirle. Aun así cuando regresó a la celda sacó el cuaderno y lo metió debajo de su colchón.
Continuará...
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TWD
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(1) Glenn hace referencia a un guía telefónica Honded (3x06), de donde sacar información de locales y comercios en direcciones cercanas.
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