Bueno no hace falta que lo diga porque lo sabéis pero tengo que decirlo, solo la trama y algunos de los personajes son míos.
"Me llaman la desaparecida, nananananananan…" había una canción que en un momento decían eso pero en género masculino, bueno yo lo he adaptado. Siento haber estado tan en mi mundo y muy desaparecida, pero espero terminar pronto esta historia, que ya queda poco.
Aviso que este capítulo está sin betear, así que si hay algún error os pido que me perdonéis.
Capítulo 30. El comienzo de un "felices para siempre"
POV Bella
Desde hace unos años ha habido cambios en mi vida. El nacimiento de los bollos. Las bodas de mis amigas. El embarazo de Alice. Y el irme a vivir con Edward. Me sorprendió cuando me lo pidió.
He salido de trabajar y estoy de camino a casa, mi madre me ha mandado un mensaje diciendo que está en casa de mi hermano, ya me lo imaginaba. Yo necesito pasar por casa antes. Al llegar a casa me encuentro a Edward esperándome en la puerta.
—Hola cariño, no hay nadie en casa —me dice cuando me bajo del coche.
—Mi madre está en casa de mi hermano y mi padre sigue en la oficina.
—Bien así podré hablar tranquilamente contigo.
Sus palabras me asustan, todo lo que sea "tenemos que hablar" no indica nada bueno. Entramos en casa, por el camino le mando un mensaje a mi madre, indicándole que me demoraré un poco, luego le pediré a Edward que me acerque, así no cogeré el coche, pensaba ir andando.
—Bella, no sé cómo decirte esto —comienzo a temblar, a ponerme nerviosa pensando que va a dejarme — tranquila que no voy a dejarte, si es eso lo que tú loca cabecita está pensando.
—Pues era eso exactamente lo que estaba pensando.
—Pues olvídate que no era eso, pero es que no sé cómo decir que quiero que vengas a vivir conmigo.
—¿Qué?
—Que no sé cómo decirte que quiero que vengas a vivir conmigo.
—Me lo acabas de decir.
—¿Y qué me respondes?
—Que estaba a punto de empezar una invasión de territorio. —digo riéndome — Pensaba dejar un día el cepillo de dientes, otro día un poco de ropa, y así sucesivamente hasta que no pudieras deshacerte de mí.
—No me hubiera importado. — Nos fundimos en un apasionado beso.
Días después de esa charla comenzamos con la mudanza, mi madre lloró, mi padre estaba un poco enfadado pero Edward le recordó que él le había dado permiso, y claudicó.
En el trabajo las cosas también han mejorado bastante y es algo que agradezco. Garrett ha pasado a mejor vida, y no es que se haya muerto, es que lo han despedido, igual que las Line y no he sido yo quien se ha ido de la lengua, han sido ellos solitos los que se han metido en la boca del lobo.
Ahora está Bastian en su lugar, y yo estoy como su ayudante ejecutiva, porque él quería que el puesto de Garret me lo quedara yo pero yo no estoy preparada todavía para tanta responsabilidad, así que él está cuidando el puesto hasta que yo esté preparada.
Un día más en el trabajo, las cosas se ponen difíciles para mí por culpa de las descerebradas de las Line, que les gusta meterse donde nadie las llama en vez de hacer el poco trabajo que se les manda.
No les hago caso me dedico a hacer mi trabajo hasta la hora del almuerzo, paro para comer algo, Bastian me acompaña. No hay rastro de las Line, pero no es algo que me preocupe, no es mi problema.
Subimos de nuevo a nuestro cubículo, llevamos un rato trabajando, y se oye un gran revuelo en el despacho de Garrett, las Line salen de allí llorando. Bastian y yo nos quedamos mirándonos extrañados. No sabemos que habrá pasado pero como es algo que no nos incumbe seguimos a lo nuestro. De repente Garrett se planta delante de mi mesa.
—¿Estarás contenta no? —Dice —al final has tenido que abrir la boca para quedarte con mi puesto. Eres una puta trepadora.
—No sé de qué hablas Garrett.
—No te hagas la que no sabes. —Se ríe —que bien sabes que hablando con papi, me van a despedir y te van a dar mi puesto.
—MI HIJA NO ME HA DICHO NADA GARRETT —la atronadora voz de Charlie se escucha en el pequeño habitáculo — deberías ser más cuidadoso con lo que haces y donde lo haces.
—No sé de qué habla señor Swan —dice el aludido intentando contener la furia del que otrora era su jefe.
—¿ME CREES ESTÚPIDO? — Vuelve a gritar con la vena de su cuello hinchándose — Te vi follando con dos empleadas en tu despacho, y eso es motivo de despido inmediato, sin indemnización. Como te he dicho antes, recoge tus cosas Y FUERA DE MI EMPRESA.
Trabajar con Bastian, es mucho más tranquilo y aprendo más que con Garrett. Eso no era muy difícil, el idiota de mi ex jefe se pasaba el día metido entre las piernas de las Line y estaba poco predispuesto para enseñar a nadie.
—Edward ¿has visto mi anillo? — le pregunto, ha estado muy raro toda la semana.
—No cariño, te ayudaría a buscarlo pero llego tarde a trabajar.
Sale corriendo dejando un simple beso en mis labios. Busco el anillo unos minutos más, pero sino me doy prisa, yo también llegaré tarde. Paso el día distraída pensando donde diantres habré puesto el anillo que Edward me dio con las cenizas de nuestro bebé, aunque nunca se lo he dicho agradezco el gesto que tuvo.
Mi jefe y yo salimos a almorzar y al regresar sobre mi escritorio un vestido color borgoña con zapatos a juego me está esperando.
—¿Quién ha traído esto? —le pregunto a mi secretaría.
—Un mensajero — dice como si fuera obvio —debajo hay una tarjeta.
Rebusco la dichosa tarjeta ante la atenta y divertida mirada de Bastian, yo de manera muy profesional, nótese el sarcasmo, le saco la lengua. Cuando Por fin doy con la nota la abro para darme cuenta que la artífice de esto es mi cuñada.
"Hola querída amiga, acepta este vestido y estos zapatos como regalo adelantado del primer aniversario.
Fdo: Alice Hale"
¿Regalo del primer aniversario? ¿Primer aniversario de qué, de mi convivencia con Edward? En fin Alice está loca, que le vamos a hacer.
Salgo del trabajo cargada con los regalos de mi cuñada, ¿le costará mucho mandármelos a casa? No, ella tiene que hacer que salga cargada del trabajo. Por su culpa tengo que pedir un taxi.
En casa la luz de la entrada está encendida, signo inequívoco que Edward ya ha llegado, este hombre es un despiste.
—Cariño ya estoy en casa —grito cuando entro, no le oigo trastear —¿Edward?
Lo busco por el departamento y no está, solo me falta abrir los cajones pero ahí sé que no se ha podido meter. Una tarjeta llama mi atención, está sobre su maletín, no sé por qué antes no la he visto. Corro para ver lo que pone:
"Las señales te habrán hecho pensar que estoy en casa y me habrás buscado como loca hasta que has visto que no estoy y has dado con esta nota. Escondido en un lugar de nuestra casa hay una caja donde te diré dónde nos encontraremos. La pista para que lo descubras es: Un angelito subió al cielo dejándome devastado, hasta que mi ángel en la tierra me salvó de la destrucción."
—Piensa Bella, piensa.
No tengo ni idea que narices tengo que adivinar, bueno sí la habitación donde está la caja dichosa, pero con esta pista… Un angelito… Un angelito… Un angelito subió al cielo, alguien que murió. Si es angelito, es un niño y se le dejó devastado es un paciente, ¿No? ¿No? Porque no creo que sea nuestro bebé, no me da tiempo a coger un vuelo a California ahora mismo para llegar a la cena. "Céntrate Bella", Esta bien gruñona ¿Por dónde íbamos? Angelito muerto, él devastado y ahora llega su ángel, que se supone que soy yo, espero porque si no lo dejo sin descendencia, y lo salva de la destrucción.
A mí me memoria viene un día donde lo encontré borracho en el salón porque había perdido a uno de sus pacientes, cuando entré él se pensó que era un ángel. Me pongo a buscar la caja como loca hasta que la encuentro en el mueble del televisor. La coloco en la mesa del café y me siento en el sillón dispuesta a abrirla.
Dentro hay fotos nuestras, desde que éramos pequeños hasta ahora. Las miro una a una, hasta que una me llama la atención, es una ecografía que lleva mi nombre. No sé de donde la habrá sacado, porque yo no se la di, de hecho creo que las tiré todas. Saco la tarjeta del fondo de la caja con el lugar donde me espera mi chico.
"Si estás leyendo ésta tarjeta es porque has encontrado la caja, yo sé que eres una mujer inteligente. ¿Has visto las fotos? Salimos guapos ¿a qué sí? En unas mejor que en otras. ¿Querrás saber dónde vamos a cenar no? Pista: Si has visto las fotos verás que hay una que no trata de nosotros, ahí está la clave"
Vuelvo a revisar las fotos hasta dar con la ecografía pero yo no veo nada. "Si le das la vuelta a lo mejor" me dice mi vocecilla, claro ya lo sabía, solo me hacía la interesante. Al darle la vuelta un post-it rosa indica que el lugar que ha escogido es un mexicano.
—¿Enserio Edward? —le digo a la nada como si me fuera a contestar.
En ese momento, al parecer le he invocado, me llega un mensaje suyo diciendo que me ponga el vestido y los zapatos que me ha regalado su hermana. Me rio cuando me doy cuenta que ambos están en el ajo, ¿Qué estarán tramando los hermanos Cullen? Me doy una ducha rápida e igual de rápido me arreglo. He de decir que mi cuñada tiene un gusto exquisito para la moda y buen gusto para las tallas, me queda como un guante.
Con el vestido borgoña de zapatos a juegos y ya maquillada lo más natural posible, porque no me gusta parecer una puerta o para el caso una Drag Queen, bajo a la calle a intentar parar un taxi. Para mi suerte, y bajo mi asombro lo consigo enseguida.
—¿Dónde la llevo señorita? —me pregunta el taxista, un hombre de cincuenta años, con una mirada cansada pero amable.
—Al 7210 Woodlawn Ave NE por favor —digo mirando el papel donde me he apuntado el lugar y dirección —voy al Rosita's Mexican Grill.
—Enseguida llegamos —me responde el señor que podría ser mi padre —a estas horas no suele haber mucho tráfico.
Como bien ha dicho el conductor, que durante el trayecto me he informado y se llama Frank, llegamos en un periquete, el tráfico ha estado de parte de Edward, todos los ciudadanos se han quedado en casa para que yo pueda llegar a tiempo.
—Son diez dólares con setenta centavos —dice cuándo para delante del restaurante, solo le ha faltado entrar dentro y sentarme en la silla.
—Aquí tiene —le entrego once dólares —quédese con el cambio.
Bajo del vehículo alisando las arrugas imaginarias del vestido. Al entrar en el local me recibe una chica con rasgos latinos, si nos ponemos una al lado de la otra parecemos café con leche, no hace falta decir quién es la leche.
Su inglés es perfecto, así que no sabría decir si es nacida aquí o en el país de sus antepasados. No es que me importe la verdad, pero me llama la atención porque en la empresa tenemos un chico argentino trabajando que vino al país hace siete años y se le nota que es de Argentina, sobre todo cuando él y yo hablamos español.
—¿En qué puedo servirle? —me dice como tercera vez.
—Disculpe, mi novio me está esperando —le respondo avergonzada por ponerme a divagar — se llama Edward Cullen.
—Sígame.
Me acompaña a la mesa donde un sonriente Edward se levanta cuando me ve para darme un beso y apartarme la silla. Este está muy caballeroso, ¿Qué ha hecho? ¿No se habrá tirado a otra y me lo va contar? "Si y tú estás siendo ya muy o tan paranoica como tus amigas" A ver Edward siempre ha tenido detalles conmigo pero no tantos, esta semana se ha pasado: rosas en el despacho, desayuno en la cama, ahora esto. Algo está pasando y me estoy poniendo muy nerviosa.
—¿Qué has hecho? —digo cuando el camarero se va después de tomar nuestra comanda.
—¿Qué he hecho de qué? — pregunta extrañado.
—Estás muy raro toda la semana, algo has hecho —él se ríe, el muy idiota se ríe.
—No he hecho nada, solo quiero consentir un poco a mi novia —dice risueño —le prometí a tu padre hacerte feliz, o si no él me castra, y no quiero eso, quiero tener bebés contigo.
Eso me hace reír y me tranquiliza no ha hecho nada. La cena pasa tranquila, hablamos de todo, de trabajo, de nuestras familias, de nuestros amigos…
—¿Por qué me has traído aquí a cenar?— pregunto cuando llega el postre.
—¿No te ha gustado?— dice preocupado
—Si me ha gustado, estaba todo muy bueno — y es verdad me ha encantado la comida mexicana, la probamos en nuestro viaje a la Riviera Maya y quedamos todos encantados —pero me ha sorprendido
—Quería recorrer los lugares importantes para nosotros y este fue el primero.
—¿Un mexicano? —pregunto incrédula.
—No tonta, ¿Dónde estaba la dirección del restaurante?
Entonces caigo en el detalle, nuestro bebé fue concebido en la Riviera Maya.
—Como no te puedo llevar a Cancún pues lo más parecido es esto.
—Eres muy tierno amor.
—Te lo mereces todo mi ángel, todo y más.
Le sonrío y le beso. Salimos y nos dirigimos al coche, en mi asiento, hay otra de las tarjetas, pensaba que se había terminado. No sé cuándo la dejó si no se ha levantado de la mesa. Si él ha llegado antes que yo, la nota lleva ahí toda la noche, puede que más.
"Bueno, cariño, la noche es joven y nosotros más; recuerdo un día que te dije que era demasiado cobarde para reconocer que dejaba de ver a una niña torpe y sin gracia, para ver a una mujer que iba provocando al género masculino. ¿Te apetecería volver a bailar allí? Pista: Allí hace calor."
—¿Cuándo me dijiste eso? —él se encoge de hombros.
—Piensa un poco Bella, ese día conocí a Marley.
Pobre Marley, ya no estaba entre nosotros, murió siendo mayor. Cuando volvimos de la universidad, el perrito volvió con sus dueños. Al principio lo tenían como una pareja de divorciados con custodia compartida, una semana Kate y otra semana Elliott, pero Marley se estresó de ir y venir, así que se quedó en casa de su madre, Elliott iba allí todos los días a verlo, hasta que se mudaron juntos, con perro incluido hasta el fin de su vida. Es en ese momento cuando se me prende la bombilla.
—California Beach Club —digo en voz alta.
—Exacto —se ríe —que lista es mi chica esta noche tendrás recompensa.
—No seas idiota.
Vamos al nuevo club que han abierto en el paseo marítimo, el garito está a rebosar pero aún hay sitio para Edward y para mí, total solo somos dos y vamos a tomar un par de copas y bailar un par de canciones y para casa. Eso es lo que hacemos, cuando menos me doy cuenta estoy metida en el ascensor del edificio más dormida que despierta.
Al entrar noto algo raro, como si alguien hubiera entrado en casa. Se lo digo a Edward, pero él dice que no.
—¿Quién va a entrar? —Pregunta —nadie tiene llave.
—No sé, es extraño —lo veo palparse los bolsillos.
—Me he dejado el móvil en el coche ahora vuelvo.
Me voy al dormitorio, frunzo el ceño porque cuando intento encender la luz no funciona. A tientas, como si estuviera jugando a la gallinita ciega, llego a mi mesita de noche y enciendo la lámpara. Sobre la cama dos cisnes hechos con toallas están dándose un beso rodeados de un corazón hecho de pétalos de rosa rojos. En medio de los cisnes una cajita de terciopelo, también roja, y debajo otra nota. Cojo la caja y la nota.
Al abrir la caja lo que me encuentro es el anillo que Edward me hizo con las cenizas de mi bebe. ¿Con esto pensaba pedirme matrimonio? A ver no es que me importe, pero no sé, este anillo ya lo he llevado y lo ha visto todo el mundo, no puedo decir "me voy a casar" y enseñar el anillo que siempre llevo. "Lee la nota cazurra" sin insultar gruñona.
"Llevas todo el día buscándome, pues aquí me tienes ¿Qué esperabas encontrar? ¿Un pedrusco dentro de esta cajita en lugar de a mí verdad mami? Que sepas que ningún diamante o joya será mejor que yo, porque ellos están hechos de minerales inanimados que salen de la tierra y yo estoy hecho del amor que os tenéis papi y tú. Como sé que aun así voy a ser tu joya preferida si quieres encontrar al habitante de esta caja tan solo gírate"
Cuando me doy la vuelta ahí arrodillado detrás de mí está Edward con un anillo, aparentemente sencillo, de platino de amatista y diamante. Las lágrimas corren por mis mejillas desde que he leído la tarjeta, ya que he sentido que me estaba hablando mi bebé y no una simple impresión escrita seguramente por Edward.
—Isabella, un día te dije que fui demasiado cobarde para reconocer lo que sentía por ti —suspira, supongo que tomando valor, aunque no sé porque — te tomé a la fuerza y de ese vil acto se creó un perfecto angelito que nos cuida desde el cielo, él es el que me dio la fuerza y el valor para dejar mis miedos atrás y reconocer por fin que me había enamorado de esa chiquilla que era la hermana pequeña de mi amigo —seco mis lágrimas, no sé si agacharme, sentarme en la cama o hacer que se levante, porque parece que va para largo con su discurso —no podía verte con otro hombre porque se me comían los celos. Así que el día que Alice fue a vuestra graduación, puse mis miedos en un saco lo llené de cemento, lo cerré bien y lo eché al mar — se ríe de su propio chiste, me rio con él pero en realidad me estoy impacientando —me armé de valor, te solté un sermón y me declaré, te pedí que fueras mi novia y me dijiste que sí.— Naturalmente le dije que sí, si le hubiera dicho que no, no estaríamos aquí—. Desde entonces hemos sido muy felices, con discusiones como cualquier pareja pero felices.
—Quieres ir al grano por favor.
—Ahora estoy aquí arrodillado y no me tiembla ni la voz ni las manos, para decirte Isabella Marie Swan, ¿me harías el inconmensurable honor de convertirte en mi amada esposa y madre de mis futuros hijos hasta que la muerte nos separe?
—Pues si no me queda más remedio, después de aguantar todo este tiempo y vivir contigo —digo aguantando la risa, tanto por su pregunta con tanta floritura, como por su cara ante mi respuesta.
—Oye… —me responde enojado.
—Si quiero casarme contigo, ser tu esposa y la madre de tus hijos hasta que la muerte nos separe —le digo dándole un beso —pero con un simple "¿quieres casarte conmigo?" hubiera bastado.
—¿Quieres casarte conmigo? —pregunta de nuevo, de hecho todavía no me ha puesto el anillo.
—Sí quiero.
Ahora sí, coloca el precioso anillo en mi dedo, me besa, esos besos de película que si intentas reproducir por tu cuenta mueres por falta de aire, pues uno de esos. Y casi morimos, menos mal que me suelta antes. Después coloca el anillo de nuestro bebé donde debe estar.
POV Edward
Estoy nervioso, ha llegado el día de mi enlace con Bella. Hoy por fin seré un hombre casado, ya era hora, hace seis meses que le pedí matrimonio, el mismo tiempo que mi embarazada hermana tiene para organizar mi boda, porque ella quiso y el mismo tiempo que tuve yo para encontrar la casa perfecta para nosotros dos y nuestros futuros retoños. De esto Bella no sabe nada, es un regalo de bodas.
—Buenos días hijo— dice mi madre dándome un susto de muerte.
—Mamá me has asustado.
—No voy arreglada pero tampoco creo que esté tan mal —me reprende irónica.
—No es eso mujer —respondo dándole un beso —pero para la edad que tienes estás estupenda, te pongas lo que te pongas —la veo fruncir el ceño, creo que hacer una mención a la edad de mi madre no ha sido muy acertado pero que queréis a estas hora, recién levantado y sin la cafeína en las venas, el cerebro no rige — ya quisieran muchas chicas de veinte estar como tú, de guapas.
Muy bien Cullen, has sabido y podido salir del atolladero en que te habías metido solito.
—Hay cariño mío que zalamero eres —ríe ella, yo respiro aliviado.
—El susto era porque no te esperaba.
—Tú hermana, que me ha mandado a vigilarte para que no te acerques a Bella antes de la boda —resopla— ella se está encargando de tu chica.
—¿Y desde cuando le haces caso? —le pregunto caminado hacia la cocina de mi apartamento —tu eres la madre.
—Desde que está embarazada, tiene las hormonas revolucionadas y nos está volviendo locos a todos.
—A mí no —sonrió maliciosamente.
—Tú no pasas tiempo con ella.
—Estuve con ella mientras preparábamos la boda.
Las horas se me hacen eternas, desde que mi madre me vuelve a dejar solo hasta que me tengo que poner el esmoquin. Miro el reloj, en una hora y media más o menos, Bella perderá el apellido Swan para llevar el apellido Cullen, no es que me importe que continúe con su apellido, si ella quiere conservarlo, pero mi corazón se hincha de orgullo por llamarla señora Cullen.
El timbre suena sacándome de mis cavilaciones, corro a abrir y allí están mis dos padrinos, Emmett y Jasper, el hermano de mi futura mujer y el marido de mi hermana, mis dos cuñados, que ironías del destino también son cuñados entre ellos y además somos amigos ¿puede ser más raro todo esto?
—¿Estás preparado? —Dice el grandullón —espero que no te hayas arrepentido, porque mi hermana no lo ha hecho.
—Yo tampoco Emmett —digo enfadado.
—Pues entonces vámonos, no querrás llegar después que la novia —ahora es Jasper el que habla, intentando hacer una gracia. Mientras tanto solo ha hecho otra cosa que reírse de nosotros.
Llegamos a la iglesia, donde los invitados ya están empezando a llegar. Reconozco a mis amigos, junto a sus padres, algunos compañeros de trabajo, bueno con los que me llevo mejor. También veo a mi familia, tíos y primos maternos y paternos, a los que no vemos desde hace algún tiempo. Reconozco al jefe de Bella con un grupo de gente que deben ser los compañeros de trabajo de mi chica. Y por último está la familia de Bella. De camino al altar todo el mundo me para para felicitarme, pero lo único que consiguen es ponerme más nervioso.
Llegamos al altar y los tres nos posicionamos en nuestros lugares. Mi padre, que estaba hablando con su hermana, se acerca a mí.
—Edward, ¿Cómo estas hijo? —pregunta
—Nervioso —respondo, ¿Qué no me ve? Si estoy temblando como un flan —con ganas de que pase esto y estar con mi mujer de luna de miel.
—No sabes tú ni nada —oigo murmurar a Jasper y mi padre lo mira mal, esa mirada que un padre echa al novio de su hija, cuando se la lleva de casa y eso que mi padre quiere a Jasper como si fuera su hijo.
El párroco sale de la sacristía y comienza a prepararlo todo para la pequeña misa que va a hacer en honor a nuestro bebé, aunque no vaya a nombrarlo porque la mayoría de los invitados no saben que existe, pero queremos que esté presente este día.
—Rose me ha dicho que ya vienen —las palabras de mi cuñado me ponen más nervioso.
—Esto está a punto de empezar cuñado —dice Jasper poniendo su mano en mi hombro.
Me sitúo en el altar con mis dos amigos a mi lado, no sé cuánto tiempo pasa, pero sé que Bella ha llegado cuando mi hermana entra en la iglesia abanicándose, síntomas del embarazo. Me sonríe y va a sentarse con el resto de los chicos.
Canon en Re mayor de Johann Pachelbel comienza a sonar y las puertas se abren. Los primeros en entrar son Andrei y Page, ella lleva una cestita con pétalos de rosa que poco a poco va lanzando por el pasillo que recorrerá su tía y él lleva un cojín con las alianzas. Van vestidos igual, pese a que su madre odia eso, supongo que debido a que es una boda ha accedido a que Alice les ponga ropa combinada. Page lleva un vestido con la parte del pecho en estampado floral y la falda coral. Andrei camisa blanca y pantalón corto coral.
Unos pasos por detrás aparecen Rose — que está en el lugar de mi hermana, que debido al embarazo no quiso estar en el cortejo nupcial — y Ana. Y por fin, lo más importante, la protagonista del día, del brazo de su padre.
Una sonrisa cruza su rostro cuando me mira y todo desaparece para mí. Con el vestido blanco parece un ángel solo le falta las alas. Y aunque su vestido sea el más cerrado del grupo de amigas, en ella se la ve perfecta. Sigue estando muy guapa. Para mí es la mejor y la más guapa, enseñe o no.
Su padre deposita su mano sobre la mía y los dos recorremos el trecho que nos queda. El sacerdote comienza con la misa, que si es larga no lo sé porque a mí se me pasa rapidísima mirando a Bella. Cuando me quiero dar cuenta ya estamos diciendo nuestros votos.
—Te amo incondicionalmente y sin dudas en mi interior. Prometo amarte, alentarte, respetarte y confiar en ti cada día. Como familia, crearemos un hogar lleno de aprendizaje, risas y amor. —Paro para respirar—. Prometo trabajar contigo para crear y desarrollar una relación de igualdad, conociéndonos y construyendo una vida que será mucho mejor de lo que podríamos imaginarnos. Hoy te elijo para que seas mi esposa. Te acepto como eres y te ofrezco todo lo que soy como respuesta. Te cuidaré, te atenderé y compartiré contigo todas las alegrías y las adversidades que la vida nos ponga en nuestro camino, desde ahora y durante el resto de los días de mi vida.
—Hoy, te prometo esto: reiré contigo en los momentos de felicidad, y te reconfortaré en los momentos de dolor. Compartiré tus sueños y te alentaré a que los alcances, estando siempre a tu lado en cada paso del camino. Te escucharé con compasión, atención y comprensión, y te hablaré con honestidad y sinceridad. Juntos construiremos y compartiremos un hogar, que compartiremos con todos aquellos a los que queremos. Seré tu esposa, tu amiga y compañera, desde hoy y hasta el final de nuestros días.
Después que el cura dice que pueda besar a mí ahora mujer nos disponemos a firmar los documentos que acreditan nuestro matrimonio eclesiástico, para acto seguido hacernos una foto en el altar con nuestros padres y algunas de nosotros solos mientras los invitados van saliendo. En la puerta del templo una lluvia de arroz y pétalos de rosas nos recibe a Bella y a mí.
Nos dirigimos al lugar donde tendrá lugar el banquete en el Mercedes 170 de 1950 que alquilamos, detrás de nosotros, todos los invitados nos siguen, ni que fuéramos la familia Real de algún país importante, aunque quien nos viera pensaría que sí.
—Ya eres la señora Cullen —digo dejando un beso en su cuello.
—No, soy la señora de Edward Cullen.
—No, eres Isabella Cullen.
—Vale, pero la señora Cullen es tu madre —dice poniendo un adorable mohín —soy todavía muy joven para que me llamen señora.
—¿Estás llamando vieja a mi madre? —Digo riendo —verás si se lo cuento
—No la estoy llamando vieja, pero le pega mejor que la llamen señora.
Llegamos al restaurante en un santiamén, todavía es de día y mientras los invitados disfrutan de un coctel con varios canapés y bebidas, Bella y yo aprovechamos la luz del sol y el hermoso jardín del lugar para hacernos fotos. Pasado un buen rato y ya empezando el atardecer entramos junto a los invitados, nos sentamos en nuestra mesa y comienzan a servir el menú. El banquete es lo que más dolor de cabeza y discusiones nos trajo a mi esposa y a mí, no sabíamos que elegir entre todos los menús que nos dieron, así que al final cogimos un plato de cada menú; no sabíamos colocar a los invitados sobre todo a Emmett, que tenía allí a sus primos por parte de su madre y su padre, pues para no discutir lo sentamos con los amigos, igual que a Ana que no la íbamos a separar de su chico.
Miro a mi mujer que está algo achispadilla, si es que no puede beber, ya vamos por el segundo plato y no me he dado cuenta. Se me está pasando muy rápido, entre charlas amenas con mis suegros y mis padres e intentar que mi mujer no beba más de la cuenta para que no se me duerma esta noche…
—El postre está delicioso chicos —nos halaga mi madre como si lo hubiéramos hecho nosotros.
—Lo elegí yo —digo orgulloso por elegir Brioche con Sopa de Chocolate Blanco y Helado
—En realidad lo elegimos a piedra, papel o tijera —dice mi esposa desinflando mi ego — a mí me gustaba Helado de Queso, Coulis de Frutos Rojos y Salsa de Vainilla
—Una buena manera de tomar decisiones —se ríe Charlie.
—No papa, pero sino lo hubiéramos hecho así, aún estaríamos decidiendo el menú— Bella me mira mal, como si yo tuviera la culpa de iniciar esa discusión del postre de la boda.
Por suerte para mi persona, nuestra primera pelea de casados, ¿se puede catalogar así? Bueno no sé, es interrumpida por la canción que elegimos para que sacaran la tarta, la BSO del fantasma de la ópera. Una de las camareras aparece desde el fondo con la tarta de cuatro pisos. Sobre la mesa que soporta la tarta, reposa también la espada y a mi mente la frase que Emmett dijo cuándo se casó "El día que todos paséis por el altar y tengáis una de estas podremos hacer lucha de espadas". Después de que Bella y yo cortamos todos los pisos y nos damos mutuamente un poco de pastel, la camarera se la lleva, pasados escasos minutos los camareros salen de la cocinas para servir la tarta a los presentes empezando por la mesa principal.
Después llega el momento del ramo y la liga, no miro donde cae, sé que no es a ninguno de mis amigos porque la mayoría ya están casados y los que no o están solteros como Matt o ya les cayó ramo y liga como Ana y Christian, aunque aún no se hayan comprometido. De todas maneras tampoco les hemos oído gritar.
Ahora nos toca bailar el vals. Cojo a Bella por la cintura y nos sitúo en el centro de la pista, comienzo a deslizarnos cuando el Danubio Azul de Johann Strauss suena por los altavoces, Alice quería que tuviéramos una orquesta sinfónica, pero preferimos poner un DJ que pondría música de todo tipo para que pudiéramos bailar jóvenes y mayores. Terminado el vals queda inaugurado el baile, así que todo el mundo con sus cosas en mano se une a nosotros en la pista, bailamos dos o tres canciones y ya estoy sediento.
—¿Quieres algo de beber? —le pregunto a Bella
—Me muero de sed, tráeme agua.
—¿Agua? —La miro incrédula —cariño aprovecha que tenemos barra libre gratis. Se le ha pasado la borrachera de la cena.
—Bueno entonces tráeme lo que quieras pero que no tenga mucho alcohol.
Paso el resto de la noche bailando, bebiendo y hablando con unos y con otros. No he vuelto a ver a mi mujer pero creo que ha estado haciendo lo mismo que yo. En un momento dado la música se detiene abruptamente.
—Hola buenas noches —se oye la voz de mi hermana —algunos ya me conocen pero para los que no soy Alice Hale-Cullen, la hermana del novio — ¿Por qué dice sus apellido? ¿Será necesario? Le vale con decir "Alice la hermana del novio" —el motivo de que esté aquí arriba es que necesito que Bella y Edward acudan al centro de la pista, se sienten en las sillas que hay puestas y miren la pantalla que hay detrás de mí — es entonces cuando me fijo que detrás de mi hermana hay una pantalla, a su lado un portátil y en el medio de la pista colgado del techo un proyector —pediría al resto de invitados que también tomen asiento.
Todo el mundo hace caso a mi hermana, incluso Bella y yo. La veo trastear en el ordenador y cuando se enciende el proyector las mujeres emiten un "Aw" al ver la ecografía que Alice tiene como fondo de pantalla. Ana le pasa a mi hermana un pendrive y lo coloca.
Un video comienza con una foto de nosotros dos muy acaramelados y un letrero que pone "Bella y Edward, un amor que traspasa fronteras" Con la canción de Always de Bon Jovi sonando de fondo. La canción cambia a I Do It For You de Bryan Adams al igual que las imágenes, que van intercalándose entre Bella y yo siendo bebes con videos de aquella época, donde por suerte no se escucha la voz de nuestros padres. Ahí dan un repaso rápido por nuestra niñez, adolescencia y juventud, entre fotos y videos.
Luego llega el turno de una coreografía bailando la canción de This is the moment de Macklemore & Ryan Lewis donde aparecen nuestros amigos junto a compañeros de trabajo, tanto de Bella como míos. Después del baile, esas mismas personas se ponen delante de la cámara para dejarnos un mensaje, donde nos desean que seamos felices en nuestro matrimonio, a esos mensajes se unen nuestros padres y nuestros amigos.
Cuando ya pensaba que se había terminado el video con una última imagen de Bella y mía reciente bajo el rotulo "que sean felices en su matrimonio", luego la pantalla se pone negra y en medio de la pantalla la frase "y aunque él o ella hubiera deseado estar aquí" pasa a la imagen de la ecografía que le puse a Bella en la caja, luego se vuelve a poner la pantalla en negro para dejar paso a la frase "vuestro bebé Maya os cuida desde el cielo, así como a sus hermanitos que están por venir". Lo último del video es una pantalla en blanco con una frase que nos desea que seamos felices. Después de eso Bella y yo somos sacados de nuestros asientos mientras la gente aplaude y a lo lejos oigo una copa rompiéndose, no sé quién ha podido ser tan torpe o igual es que ya está ebrio.
—¿Estuviste embarazada Bella? —oigo a mi enfurecido suegro preguntar, estamos en los jardines, menos mal.
—Tranquilízate Charlie —habla Renée.
—¿Tú lo sabías?
—Me enteré cuando nacieron Andrei y Page
—¿Y por qué no me lo contaste?
—Papá porque no valía la pena, no había bebé, no hay niño —dice Bella comenzando a llorar —no hay porque remover el pasado.
Mis padres también están allí pero ellos no dicen nada. Esme me mira decepcionada, cuando sin muchos detalles les contamos la historia, no sé cómo no me he ganado un puñetazo de mi suegro, supongo que tener a mi mujer abrazada ayuda a que su padre no me golpee. Por suerte la sangre no llega al rio y volvemos al interior. Unos gritos hacen que Bella y yo frenemos en seco y nos acerquemos a la discusión
—Eres un inútil Christian —oímos a Ana cuando nos acercamos.
—¿Pero qué coño te pasa? —Mi amigo está cabreado pero al menos no grita —me pediste que trajera el pendrive y es lo que hice.
—¿Estáis bien? —pregunta Bella cuando llegamos hasta nuestros amigos.
—No porque este gilipollas os ha arruinado la boda —grita Ana enajenada.
—Ana ya te estás pasando —mi amigo se está empezando a alterar — he hecho lo que me pediste.
—Pero lo has hecho mal zoquete.
—Pues haberlo hecho tú joder, como si fueras perfecta.
—YA BASTA —grita Bella, lo que hace que los tres nos la quedemos mirando, porque ella nunca levanta la voz —no sé lo que habrá pasado entre vosotros pero espero que lo arregléis, no aquí porque hoy es mi día y nadie me va a quitar mi protagonismo.
Y conforme dice eso se va caminando hacia el interior.
—¿Dónde tenía Bella el genio escondido? —pregunta mi amigo.
—No lo sé —digo incrédulo —¿Y se puede saber que os ha pasado?
—Ese no era el video que teníamos que poner aquí —dice Ana más tranquila —si era para vosotros pero no era el que se pondría esta noche.
—No pasa nada, ha sido una equivocación y ya está somos humanos no maquinas, nadie tiene la culpa —digo para intentar mediar entre ellos —quedaros aquí y por favor intentar hablar sin sacaros los ojos.
—Yo no quería que nadie viera la ecografía de habichuela —dice Ana comenzando a sollozar —y mucho menos su tía Petunia, que es una puritana de lo peor que para ella tener un hijo fuera del matrimonio es pecado.
Para estas alturas ella está llorando a mares y mi amigo no reacciona así que tengo que darle un codazo para que haga algo. Cuando lo veo abrazarla y comenzar a susurrarle, me voy dejándoles solos. Termina la noche y un taxi nos acerca a Bella y a mí al aeropuerto después de despedirnos de todos.
Nos vamos a recorrer el viejo continente, no sé porque lo llamaran así, pero si mi mujer quiere visitar las ciudad donde nació Shakespeare, y las ciudades de Reino Unido más importantes, así como toscana italiana, Roma, Venecia, Paris, en fin quiere ver Europa y ¿Quién soy yo para negarle algo? Con todo lo que quiere ver mi mujer o lo que hay que ver por allí, a lo mejor nos demoramos más de un mes, pero eso será otro capítulo que contar.
Otra pareja más que ha pasado por el altar, y más personas que se han enterado del embarazo de Bella, y otra vez por un descuido. Pero bueno por suerte para Edward y Bella no ha llegado la sangre al rio, al igual que para Ana y Christian que también han tenido su bronca en este capítulo.
Quería añadir una aclaración del capítulo anterior, cuando hice referencia al tema de los días de permiso de trabajo, estaban cogidos del convenio laboral español, supongo que en Estados Unidos tendrán el suyo propio.
Como ya sabéis me gusta saber que opináis al respecto de cada capítulo, no cuesta mucho dejar vuestras palabras.
Os recuerdo que podéis pasaros por mi grupo en Facebook (link en mi perfil) donde cuelgo fotos, adelantos, etc, de esta y otras historias que tengo y tendré.
Y antes de irme agradecer a todos los que leéis, a los lectores fantasmas, los que dejáis follow y favoritos, y hacer mención especial a aquellas personas que comentáis, ya que dedicáis unos minutos de vuestro tiempo para dejar unas palabras: Kath Morgenstern; paosierra; terewee; LicetSalvatore; Tata XOXO; jupy.
