En Nueva Orleans, Nathan cedió ante la sugerencia de Elena de permitirles quedarse en su casa, por un par de días. En ese periodo de tiempo, la nueva pareja se dedicó a estudiar distintas casas, distintas áreas. Hasta que Víctor llamó con muy buenas noticias.
Los cinco millones de dólares iniciales, se habían disparado a casi ocho millones a cada uno, debido en parte a diamantes y rubíes extra raros que habían encontrado.
Las cuentas bancarias se habían hecho, el dinero depositado, y solo restaba el disfrutarlo.
Para empezar, Edna decidió volver a Tailandia por unos días. Era necesario hacer unos leves trámites burocráticos referidos a las escuelas que ella había hecho, además de poner a la venta su pequeña casa y traer algunos de los muebles y cosas que había conseguido durante su vida.
Ella estaba terminando de colocar una pequeña maleta en el taxi, con los hermanos Drake y Elena mirándola
- Pero quiero acompañarte…- Samuel se quejó, poniendo cara de cachorro triste.
- Son cinco días, Samy- Ella acarició su rostro- Además, te necesito aquí, o no tendré donde dejar las cosas que traiga.
- ¿En serio puedo elegir cualquiera de las casas?
- Tú me dejaste hacer la pre selección. Es lo mínimo.
- Buscaré la más bonita entonces.
- Tú sabes qué cosas me gustan. Tienes cerebro también- Tocó su frente- Úsalo.
- Llámame cuando llegues.
- Si padre- Bromeó ella.
Ambos se besaron suavemente, antes de que Edna se subiera al vehículo y se fuera al aeropuerto.
Sam se quedó quieto, mirando el taxi irse, con una sonrisa tonta en los labios y los ojos en la nada. Su hermano se acercó y lo tomó del brazo, negando, reconociendo lo muy perdido que estaba.
- Vamos Sam…- Tiró- Tenemos que hacernos los estudios ahora si quieres tener los resultados para cuando ella regrese.
- Wao…- Empezó a caminar, torpemente- Estoy tan embriagado de amor que casi hasta me preocupa…
Los estudios de compatibilidad eran en realidad bastante simples de hacer, así que ambos hermanos se acercaron al hospital, donde ya habían recibido los análisis previos de Edna, y se extrajeron material.
Unos días después, fueron en busca de los resultados.
Elena los vio volver, alegres, entrar en la casa.
- ¿Y bien?- Preguntó Elena, impaciente.
- Buenas noticias- Dijo Nate, mientras cerraba la puerta- Ambos somos compatibles. Pero es más que obvio quien va a ser el donante…
- Va a poder disfrutar del invierno, sin que le duela horrores- Dijo Sam, feliz- Un pequeño regalo de convivencia…
- Me alegra tanto eso…- Dijo Elena, mirándolo- Por cierto, fui a ver la casa que elegiste. Es preciosa, tienes muy buen ojo para eso.
- Nah. Ella seleccionó las mejores de otras muchas. Y conociéndola, solo tuve que hacer descarte. Le gustan las casas de estilo entre gótico y colonial, no muy grande, de colores claros, sobre todo el azul, con mucho espacio para jardinería, un par de pisos, acogedora…
Él se detuvo al ver a su hermano reírse.
- ¿Qué?- Le preguntó.
- Nada…- Dijo Nate- Tan solo… Deberías verte… Hablas con el mismo entusiasmo que usabas antes para referirte a un tesoro pirata épico.
- A mí me parece tierno- Lo defendió Elena.
- Lo es, lo es. Y lo digo como algo bueno. Solo… Me es extraño verlo tan… tan…
- ¿Casado?- Se adelantó su hermano mayor.
- Podría decirse…
- Es que… Es Edna… - Sonrió, mirando al suelo- Demonios que la extraño…
Los días habían pasado. Sam bajó del pórtico de su nueva casa, al ver el pesado camión estacionarse, cargado. Edna bajaba del asiento del conductor. Obviamente, siendo que ella era experta en carga pesada.
Y tal como lo había dicho, había elegido una casa colonial en un barrio tranquilo que compartía ese estilo, de amplio jardín trasero, un leve jardín delantero, una planta baja y un primer piso, un garaje, tejas gris oscura, paredes tapizadas de madera pintada de celeste claro, pórticos. Bonito, no ostentoso.
Él le extendió los brazos, para poder estrecharla con fuerza una vez cerca, y poder besarla nuevamente, notando los brazos de ella encadenados en su cuello, acariciando su cabello.
- Fueron… los cinco días… más largos… de mi… vida…- Murmuró él, besándola.
- Lo se… Cariño…- Abrió levemente los ojos- Demonios que extrañaba… tu voz…
- ¿Solo mi voz?- La miró.
- Por empezar por algo…- Pasó sus manos por su pecho y miró la casa- ¿Nuestra?
- Si tú la apruebas…- Él acarició su espalda- ¿Te parece bien o quieres otra? Pensé mucho en lo que dijiste, de usar mi cerebro. Y esto es lo que más creo que se adecua a lo que a ti te gusta y a lo que necesitas.
- Esta perfectamente. Aunque… deberías empezar a pluralizar las cosas. Ten en cuenta que puse la mitad. Es tan tuyo como mío. Nos tiene que gustar. Nos.
- Cierto. En fin, tú descansa princesa, yo me encargo de bajar las cajas- Caminó hacia la puerta trasera del camión.
- Ni hablar- Caminó detrás de él, tocando su espalda- No estoy tan cansada. Además, conducir solo me aburre, quiero estirar las piernas.
- Tú avísame si necesitas ayuda.
- Peor aún- Ella abrió la puerta trasera- Ahora tengo que tratar de ejercitarme más.
- ¿Por qué?
- ¿Cómo por qué?- Lo miró- Por salud… y por qué me siento una foca al lado tuyo, con tu físico espectacular de años en prisión.
- ¿Te gusta mi… físico?- Se apoyó en el camión, con aire seductor.
- Samy…- Acarició su barbilla- Prioridades. Que tengo hasta las nueve de la noche para devolver el camión.
Ella subió al acoplado, empezando a sacar cajas.
- Bueno- Él se sacudió las manos- A moverse…
