Han pasado varios meses desde el secuestro de Shirayuki, Mitsuhide y Kiki llegan al palacio capitalino, después de haber estado varios meses lejos de la capital. Ambos están preocupados por la urgencia con la cual fueron convocados y van directamente a la oficina de Izana. Él los atiende de inmediato y los saluda con cordialidad mientras les pide que se pongan cómodos. Con tranquilidad, él los pone al tanto de la situación. Él y Shirayuki son pareja e iban a casarse en este verano, pero sus planes se estropearon, después de que Yu, el compañero de trabajo de Shirayuki, la llevará en contra de su voluntad a su tierra natal, el lejano reino de Yuen. Ahora necesita enviar a personal de confianza para que la traiga de vuelta. Kiki y Mitsuhide entienden la situación, pero hay algo que no les cuadra. Sin tapujos, Mitsuhide le dice: "¿Su majestad y Shirayuki juntos? ¿Cómo paso eso?". Kiki lo mira sorprendida por su falta de prudencia y lo golpea en el abdomen con fuerza. Ella solo dice: "Por favor, disculpe su rudeza". Izana solo sonríe y le dice: "No hay problema. A veces yo también me hago la misma pregunta". Ambos se quedan perplejos, por la mirada de Izana en ese momento. En medio de su habitual frigidez, había un destello de dulzura que jamás habían visto. Kiki le preguntó: "Está enamorado de ella, ¿cierto?". Sin inmutarse, él le responde: "Me temo que sí". Conmovido, Mitsuhide se pone de pie y le dice emocionado: "Prometo que haré todo lo posible para que ella regrese a casa". Izana sonríe y le dice: "Gracias". Mitsuhide se sienta de nuevo, en espera de las indicaciones operativas. Izana les explica la complejidad de la misión. El lejano Reino de Yuen está a tres meses de Clarines si siguen la ruta más rápida. Sin embargo, este camino está lleno de varios peligros. No solo se encontrarán con bandidos de diferentes reinos, sino que también con mares hostiles y terribles tormentas. Afortunadamente, unos viejos conocidos que llevan años viajando por esa ruta han aceptado ser sus guías; y por lo tanto, podrán viajar seguros. Ellos deben partir lo más pronto posible. Kiki y Mitsuhide lo entienden, indican que se irán al siguiente día y se retiran. Izana agradece su colaboración y se toma asiento nuevamente. Su secretario entra a la oficina y le indica que ha llegado una carta de su madre. Él la lee y llama a su secretario con cierta satisfacción. Él se retira e Izana retoma sus labores con mucho afán.
Al alba, Kiki y Mitsuhide abordan su carruaje rumbo al sur, en donde los estará esperando la compañía de mercantes contratada por Izana. Al cabo de unos días, ellos llegan, pero se sorprenden con la respuesta del capitán. Ellos no pueden partir de inmediato. Por orden de Izana, deben esperar a un viajero más. Él es el único de la tripulación que ha estado en el Reino de Yuen y conoce su idioma.
Al cabo de tres días, aparece un tipo con una capucha negra, largos cabellos negros y un parche en el ojo derecho. Su apariencia es bastante misteriosa y atemorizante. El capital lo saluda con calidez. Él lo saluda con frialdad, pero bastante respeto. Contento, el capital le indica a Mitsuhide y Kiki que la tripulación está completa y pueden partir. Ellos dan la orden de que alcen las velas de inmediato. Así, su camino al lejano Reino de Yuen, está por comenzar.
