Hola gente. Llegamos la penúltimo capítulo No voy comentar nada, prefiero que se sorprendan.
Di sí
Estaba estresada, como nunca lo había estado en su vida.
Había esperado ese día desde hacía tanto tiempo que pensaba que nunca llegaría.
«Cariño, te lo ruego, sé que estás feliz, pero pudieras darte un poco de prisa» apuró Regina
«Lo sé, mamá…Pero…Deseo que todo sea perfecto, ¡ya sabes! ¡Vuestra boda fue tan…perfecta!» suspiró Evelyn recordando el día de la boda de su madre y Emma, un hermoso día de primavera, cinco años después de su segunda oportunidad.
Sí, Regina se acordaba de ese día como si fuera ayer: recordaba el pedido de Emma en Navidad con una alianza puesta bajo el árbol, se acordaba de los preparativos, de la llegada de su madre y de su hermana para la ocasión, se acordaba de la ceremonia sencilla e íntima con la única presencia de la gente que era importante para ellas.
Cinco años…cinco años habían pasado y la llama que animaba a la pareja nunca se había extinguido y Evelyn admiraba eso. Sí, la pareja que formaba su madre y Emma había sido un modelo para ella y su futura mujer.
Al mirarse en el espejo, apenas podía creer que ahora era su turno de ser invadida por el estrés, la aprensión, pero también la excitación. Vestida con un hermoso vestido blanco de ceñida muselina, parecía una princesa. No había visto el vestido de Lucy, esta se había negado. Pues si el desarrollo de la ceremonia no era una sorpresa para ninguna de las dos, habían querido mantener esa tradición de no ver el vestido de la otra.
Con placer y emoción, también se acordaba del pedido más que sorprendente de Lucy, hacía ahora un año:
Lucy adoraba los parques de atracción, una de las pasiones que le había hecho descubrir a Evelyn. Se había dado cuenta hasta qué punto Lucy estaba nerviosa desde hacía algún tiempo, pero lo había achacado a los exámenes.
Así que cuando Lucy le había pedido que se subiera con ella en la montaña rusa, sintió alguna aprensión. El miedo al vacío era algo que le costaba vencer, pero con la ayuda de Lucy lo había superado. Pero la montaña rusa, era otra cosa…
«¡Venga! ¡Por favor, por favor!»
«Lucy…Te adoro, haría cualquier cosa por ti, lo sabes…Pero esto…»
«¡Venga, ven! ¡Solo una vez!»
Lucy había decidido que celebrarían sus siete años juntas en ese parque. Conocía los miedos de su compañera, pero tenía una idea precisa de lo que quería hacer. Así que le prometió las mil maravillas a Evelyn para que esta aceptara subir su trasero en el vagón de la montaña rusa.
«Ok, si es lo que querías escuchar, lo confieso: ¡estoy cagada! ¿Podemos bajar ahora?»
«Todo irá bien, créeme. ¡Ni siquiera verás pasar los loopings!» dijo divertida la bella morena
«Si tú lo dices…»
«Créeme» dijo confiada Lucy, antes de que los vagones arrancaran y sintiera la mano de Eve crisparse sobre la suya
A medida que el vagón subía, la ansiedad de la joven también creía más y más.
«Está…jodidamente alto…» balbuceó lanzando una mirada hacia abajo y descubriendo los paseantes tan pequeños como hormigas.
«Todo va a ir bien…»
«¿Esto no se para aquí?» preguntó Evelyn al ver que el vagón subía más y más.
A algunos segundos de alcanzar la sima antes de una bajada vertiginosa, Lucy giró su cabeza hacia Evelyn
«Hey…tengo algo que preguntarte»
«¿Ahora?»
«Ahora. Me pregunto si…»
«…Oh, mierda, la pendiente…» gimió Evelyn totalmente focalizada en la bajada que vendría enseguida
«Hey, escúchame, he tenido una idea»
«¿Cu…cuál?»
«Y si nos casamos»
Evelyn, demasiado obnubilada por la bajada, ni siquiera lanzó una mirada a su compañera.
«¿Qu…qué? ¿Decías?»
«Decía: ¿Quieres casarte conmigo Evelyn Mills? ¿Quieres convertirte en mi esposa?»
De repente, como si acabara de darse cuenta de la situación, Evelyn se quedó paralizada y giró su cabeza, tanto como se lo permitía el arnés de sujeción, hacia Lucy
«¿Qu…Lucy?»
Como toda respuesta, esta última le ofreció una gran sonrisa antes de suspirar.
«¿Entonces? ¿Tu respuesta?»
«Yo…yo…Pero…»
Se quedó sin palabras, y no se dio cuenta de que el vagón comenzaba su loca carrera hacia el suelo, ya que sus ojos solo estaban posados en ella. Con la boca abierta, no dejaba de mirar a su compañera que gritaba a medida que las curvas y los loopings se sucedían.
Cuando el vagón, finalmente se detuvo, a Lucy le pareció que Evelyn tenía la misma expresión, sin voz, que antes de la primera caída. Cuando salieron de la atracción, y mientras Lucy solo decía elogios para la montaña rusa, Evelyn, por su parte, la detuvo en plena marcha.
«¡Lucy, stop, stop!»
«¿Qué? ¿No te ha gustado?»
«¿Hablas en serio? Tú…me sueltas un pedido de matrimonio en pleno looping y…¿ya está?»
Lucy suspiró
«¿Y?»
«¿Y? ¿No esperas una respuesta de mi parte? ¿Era una manera de hacerme callar durante la bajada?»
«En absoluto…» dijo ella posando sus manos en las caderas de su compañera «Te amo Eve, y hace seis años que esto dura. No me imagino ningún otro futuro que no sea a tu lado hasta el fin de mis días. Espero aún tener nuestros perros y nuestros hijos, nuestra casa y nuestra piscina»
«¿Ahora una piscina?» dijo divertida Evelyn
«Por supuesto. Y no me imagino nada de eso sin ti. Así que para mí, casarse es algo casi…lógico. Es la continuación lógica de nuestra vida. Y debo confesar que el reciente matrimonio de tu madre y Emma me han dado más ganas»
«Sí, fue una bella boda…»
«La nuestra será aún más bella porque tú serás la más bella de las novias, sin duda»
«Aún no he dicho que sí» dijo Evelyn arqueando una ceja.
«Oh, sí, ya has dicho que sí, lo has dicho al segundo en que te he hecho la pregunta» sonrió ella «Y ahora ya te estás imaginando vestida con un hermoso vestido blanco»
«Mentira. Te has equivocado»
«¿Ah sí?»
«No pensaba en absoluto en mi vestido…»
«Oh…»
«Pensaba en el tuyo»
Repentinamente, la agarró por la muñeca y la atrajo a un apasionado beso
«¿Eso quiere decir que sí?»
«¡Evidentemente! ¡Seré una mujer satisfecha!»
A partir de ese día, habían establecido que se casarían cuando los estudios de Evelyn hubieran acabado: al cabo de un año.
Evelyn se acordaba del día siguiente a la petición de Lucy, cuando se lo anunciaron a Regina y a Emma. Esta última casi se había echado a llorar de alegría. Y las cosas se fueron encadenando: entre las preparaciones de la boda, las clases que avanzaban para las dos jóvenes…
Así que cuando el día señalado llegó, un año más tarde, todo parecía fluir: Regina y Emma habían querido organizarlo todo: desde la ceremonia íntima en su jardín que solo acogería a algunos amigos y la familia cercana, hasta la comida más que copiosa que habría podido rivalizar con los más grande restaurantes. Emma se ocupó de la velada: música, decoración, animación…
Y ahora, en la habitación de su madre, Evelyn no dejaba de contemplarse en el espejo. Le parecía que no era la misma joven: los rizos negros caían en cascada sobre sus hombros, una Lis en sus cabellos, un pequeño ramo idéntico al que había sostenido su madre dos años antes.
«¿Mamá?»
«¿Hm?»
«¿Cómo es?»
«¿El qué?»
«Estar casada»
Regina suspiró mientras sonreía, ajustando los lazos del corpiño de su hija
«Es mágico. Aprovecha cada instante, mi amor, este día es el tuyo, el de ustedes, de las dos»
Evelyn sonrió
«Tengo miedo…»
«¿Miedo?»
«Somos jóvenes y…tengo la impresión que todo va rápido, demasiado rápido. Tengo miedo de que la vida se convierta en una rutina demasiado pronto…»
«Cariño, te casas con Lucy…tu vida nunca será una rutina, créeme»
Evelyn rio
«Es verdad»
«Venga, no la hagamos esperar»
El jardín se había transformado: sábanas inmaculadas habían sido atadas de un árbol a otro, las Lises colgadas un poco por todos lados, un sendero que conducía a una glorieta de madera blanca, todo parecía paradisiaco.
Cuando Evelyn entró, vio a Lucy esperándola con un hermoso vestido color hueso ajustado, abierto por la espalda, los cabellos en una media cola hecha de trenzas y decorada con flores. Estaba magnífica, y si Evelyn no estaba ya enamorada de ella, acababa de caer enamorada en el segundo en que la joven se giró hacia ella, con una enorme sonrisa en el rostro.
«¿Lista?» dijo Emma que acababa de aparecer a su derecha
«Absolutamente»
Regina se colocó a su izquierda y las tres avanzaron. Regina recordaba, con emoción, el día en que había sido Henry el que se había puesto a su derecha, conduciéndola al altar, hasta su madre. Hoy, al lado de su mujer, acompañaba a su hija hacia el altar, hacia la mujer que, estaba segura, la haría feliz por el resto de sus días.
Delante de las tres mujeres, Molly, con ocho años, vestida con un hermoso y vaporoso vestido rosado, sus bucles negros, como los de una muñeca de porcelana, caían sobre sus hombros, orgullosa de sostener el cojín donde estaban las alianzas, cojín que durante todo el día había custodiado como el más valioso de los tesoros. Le habían dicho que esa tarea era muy importante, que sin las alianzas la boda no sería igual, que debía cuidarlo como a la niña de sus ojos, lo que hizo y con orgullo y precaución se colocó al lado de Henry, esperando a Evelyn y a sus madres.
Cuando esta llegó finalmente a la altura de Lucy, su corazón se embaló
«Estás magnífica» susurró
«Estás más bella aún» concedió Lucy que solo tenía ojos para su futura mujer.
Regina y Emma tomaron sitio entonces en las sillas colocada en la primera fila y miraron con nostalgia y amor a su hija convertirse en una adulta feliz y realizada.
La ceremonia se desarrolló bajo los mejores auspicios, el tiempo incluso había acompañado. Y durante el buffet, Regina se divertía viendo a Lucy y Evelyn comerse con la mirada, como si no hubiera nadie alrededor.
«Son monas» le susurró Emma, con un plato de cruditès en la mano.
«Me recuerdan el día de nuestra boda, yo también solo tenía ojos para ti»
«Oh, sí, me acuerdo de tus miradas hacia mi escote. ¿Tenías miedo de que mis pechos se escaparan?»
Regina hizo una mueca antes de darle una palmada en el hombro
«Idiota. Creo que no podemos ser más felices…¿eh?»
«Cuando acompañemos también a Molly al altar, estaré serena y colmada»
«Bueno, podemos esperar…me ha repetido ayer que los chicos eran unos inútiles e idiotas»
«Quizás prefiera a las chicas…Después de todo, es de familia» dijo divertida Emma
«Da igual lo que elija, si está tan feliz como Evelyn y Lucy en este momento, yo también lo estaré»
«¡Mamá, ma!» un tornado moreno corrió hacia las rodillas de las dos mujeres «¡Quiero un helado!»
«¿Perdón?» dijo Regina arqueando la ceja
La pequeña se pellizcó el labio inferior y se removió
«Lo siento: ¿podría tomarme un helado, por favor, mamá?»
Satisfecha con el giro de la frase, Regina le sonrió
«Sí, puedes, pero no abuses»
«Prometido, mamá»
«Crece tan rápido…» suspiró Emma al ver a la pequeña correr hacia el puesto de helados, alquilado para ese día.
«Oh sí…ocho años y medio…¿Sabes lo que me ha dicho? Que de mayor quiere ser como yo»
«Es un bello cumplido, ¿no?»
«…»
«¿Gina?»
«Yo…He luchado para llegar a donde estoy, he luchado tan fuerte…que apenas he disfrutado. Casi pierdo a mi hija, mi vida y casi te pierdo a ti. No deseo que mi hija pase de lado de todas esas cosas…»
«No te ha ido mal de todas maneras: dos hijas, un hijo, una mujer. ¡Y qué mujer! Y además, Molly no estará sola, nos tiene a nosotras, tiene a su hermano y a su hermana, que son los dos unos muy buenos referentes»
«A veces me imagino si nuestra vida hubiera sido diferente: si no nos hubiéramos conocido en Nueva York, si yo no tuviera esa revista…»
«Nada es inmutable, lo sabes, nos toca a nosotros cambiarlo: Evelyn y Henry han crecido, tienen sus vidas. Pienso que nuestro matrimonio y el de Evelyn pronto inspirara a Henry…Creo que aún es muy tímido, pero siento que pronto va a lanzarse»
«Me aseguró que quiere acabar sus estudios de medicina antes de emprender cualquier otra cosa. Tiene tiempo para casarse con Charlotte. Además, apenas acaban de conocerse»
Emma rio
«Salen juntos hace casi dos años…Solo que no te gustó que nos la presentara en el día de nuestra boda»
«¡Fue…inapropiado!»
«¿Puedo saber por qué la tienes enfilada? Tengo la impresión de que eres más protectora con él que yo…»
«No tengo nada en contra de ella, es encantadora y parece seria…»
«Creo que solo tienes miedo de que crezcan…»
«…»
«Es la vida. Se crece, se envejece…nuestros hijos son libres y realizados, los tres. Yo soy feliz y estoy tranquila…Estoy casada con la mujer más bella, más inteligente y más romántica que hay. Soy dichosa, nunca lo he sido tanto»
Intercambiaron entonces una sonrisa, lanzando de vez en cuando miradas hacia Lucy y Evelyn que bailaban juntas, a Henry, que compartía un trozo de pastel con su novia, a Molly que se divertía con un helado en una mano y unos globos en la otra. Sí, la felicidad en estado puro.
«Por cierto…no he olvidado que además de la boda de nuestra hija, es el aniversario de la nuestra. Toma, es para ti» Emma tendió a Regina un pequeño paquete nacarado con cinta dorada «Feliz aniversario, amor»
Regina lo cogió, nerviosa, y lo abrió para ver un colgante que representaba el «yang» engarzado con un pequeño diamante.
«Oh, Emma, es magnífico»
«Deja que te lo ponga» Emma lo hizo y sonrió «Te queda estupendamente…»
«Gracias, pero…»
«Así seremos complementarias» dijo Emma desvelando de su cuello un collar con un colgante en forma de «yin» y engarzado con un zafiro «Yo, el Yin, y tú, el Yang, la complementariedad, aun siendo opuestos. Creo que es también lo que ha caracterizado nuestras vidas estos últimos años. Y después de todo, al final, lo hemos logrado»
Regina acarició con sus dedos el colgante antes de coger las manos de su mujer.
«Te amo, eres lo más hermoso que me podía pasar»
«¡Estoy contenta de saberlo!» sonrió Emma
«¡Ma, mamá, vengan para la foto!» gritó Molly saltando de aquí para allá.
Emma y Regina se giraron hacia su hija que les hacía señales para que se acercaran, al igual que Henry, Lucy y Evelyn.
«Venga, vamos, nuestra familia espera»
Pues era lo que siempre había querido Regina: una familia, feliz y afectuosa. Emma, a la que estaba orgullosa de llamar su mujer; Henry, que era su hijo por completo y sus dos hijas, a las que amaba más que a nada.
Sí, daba igual lo que le reservara el futuro, ella sabía que podría afrontarlo porque no había nada más reconfortante que una familia a tu alrededor. Y en ese día de feliz matrimonio, nunca había estado más segura de ella misma.
