Buenas tardes!

Capítulo extra. No pensaba escribir este capítulo, pero he visto que algunas preguntaban por la luna de miel, así que os dejo un trocito.

Sigo alucinada después de meses de ver que seguís con la historia, que gusta y vuestros comentarios son una motivación y una ayuda extra para escribir. Mil gracias siempre.

Besos y nos seguimos leyendo por aquí o twitter.

P.D. En el anterior capítulo no dije de quién era la canción, es Perfect for me - Ron Pope


CAPÍTULO 35

Luna de miel

La luna de miel. Momento perfecto y único. Como decía una canción, que todas las noches sean noches de boda y que todas las lunas sean lunas de miel. Así se sentían Rachel y Quinn en su viaje, en un mundo paralelo al real donde los únicos habitantes de la tierra eran ellas dos, sin necesidad de nadie más. Todo se reducía al amor entre ellas, demostrado en su forma sentimental y física. Podría decirse que sobretodo física.

Habían planeado el viaje los meses anteriores a la boda, un viaje que duraría veinte días y en el que había sido muy difícil ponerse de acuerdo. Cada una quería una cosa distinta. Rachel quería playa y terminar su viaje en París para volver al lugar donde se hizo oficial su relación, algo simbólico. Quinn veía aquello una tontería, ellas tenían playa en casa, ¿para que ir a otra a pasar sus vacaciones? Ella prefería ir a la India y empaparse de esa cultura, conocer a la gente y sus templos, sobretodo una referencia como es el Taj Mahal. La morena puso el grito en el cielo, ¿Qué se les había perdido a ellas en la India? Ni loca pensaba poner un pie allí.

Ambas tuvieron que ceder, porque la otra opción era hacer la luna de miel cada una por su lado, lo que hubiera supuesto un total desastre para su matrimonio. Estuvieron una semana en Las Bahamas, tal y como Rachel quería, en ese momento se encontraban en París, una parada obligatoria de cuatro días, para finalizar el viaje en la India antes de volver a Los Angeles. ¿Qué podían hacer? A veces las relaciones consistían en eso, en ceder, en llegar a un punto intermedio donde las dos salían ganando.

En su segundo día en la ciudad del amor, Rachel y Quinn habían pasado gran parte de la mañana visitando en Louvre. La morena veía los mismos cuadros en el mismo sitio que la última vez, pero Quinn parecía descubrir el universo cada vez que entraba en el museo, por lo que fue incapaz de negarse a volver. Ver a Quinn tan emocionada hablándole de las cientos de anécdotas de los cuadros le hacía sonreír.

Al salir del museo, pararon en la famosa cafetería Verlet Café. Necesitaban recargar pilas debido al insufrible Jet Lag, deseando que el rico café que le sirvieron a Rachel y el té que prefirió la rubia les inyectara algo de energía.

Se encontraban en silencio, sin desprenderse de sus gafas de sol en un inútil intento de pasar desapercibidas, cada una sentada en una silla pero sin despegarse, de tal forma que Quinn rodeaba a la morena por los hombros mientras esta descansaba su cabeza en su pecho, disfrutando el momento, viendo a través del cristal la vida de los parisinos.

-¿En qué piensas? Llevas callada más de tres minutos, me tienes preocupada. – dijo Quinn besando con ternura la cabeza de su mujer.

-Puedo estar más de tres minutos sin hablar. – se defendió.

-Sí, pero es raro, ni siquiera te has quejado del chico que me ha guiñado el ojo antes de salir por la puerta.

-¿Qué? – dijo alarmada, levantando la cabeza para mirar a la rubia. – No me he dado cuenta porque si no le iba a faltar ciudad para esconderse de mis gritos. – dijo haciendo reír a Quinn. – Y ya veo que tu si has estado muy atenta a coquetear con un francesito. – dijo dándole un golpe en el brazo.

-Auch. – se quejó, sobándose la zona donde había recibido el manotazo. – Deja el berrinche, cariño. – dijo volviendo a tomar la posición en la que estaban antes, con la morena sobre su pecho. – Dime, ¿en qué pensabas tan concentrada?

-En Kurt y Blaine. Estaban raros en la boda y ayer cuando me llamó Kurt no lo escuché muy animado… Creo que no están muy bien entre ellos desde que se pelearon en medio de una comida con algunos amigos…

-Sí, yo también me di cuenta de que pasaba algo…

-Creo que debería llamar a Blaine para que se disculpe con Kurt por cómo le habló delante de todos. Kurt está muy afectado.

-No creo que debas hablar con Blaine. No puedes meterte en su relación, es algo que tienen que solucionar ellos. Tú puedes aconsejarles si te lo piden, pero nada más. – le dio su punto de vista. – Cada relación es un mundo y no es fácil estar siempre bien, la convivencia es complicada.

-No me gustaría que lo dejaran después de tanto tiempo. – dijo apenada.

-No creo que lo hagan y si lo hacen solo podremos apoyarles. Tu misma lo has dicho, llevan muchos años juntos, no todo el mundo aguanta tanto.

-¿Qué significa eso? ¿También piensas que nosotras terminaremos por romper algún día?

-Bueno, teniendo en cuenta que llevamos casadas diez días y me has pedido el divorcio dos veces, pues mucho margen no nos doy…

-No lo decía en serio.

-Vaya… Y yo que ya había hablado con mis abogados para que tuvieran los papeles del divorcio preparados para cuando regresemos… - dijo riéndose por el nuevo golpe de Rachel, esta vez, en su cabeza.

-No te vas a librar tan fácil de mí, Fabray… - dijo mirándola a los ojos, viendo como aquel verde por el que moriría guardaban la diversión dentro de ellos.

-Eso espero, señora de Fabray. – dijo dándole un beso.

-Señora de Fabray, que mal suena, no me acostumbro. – dijo riéndose. – Dime mejor Berry o empezaré a llamarte señora de Berry.

-No puedes hacer eso, a mi madre le daría un gran disgusto…

-No creo que le importara teniendo en cuenta el historial de tu padre, que te recuerdo que es a él al que pertenece el apellido. – dijo restándole importancia. – Por cierto, ¿ya te ha comentado tu madre algo de su nuevo amor?

-Mi madre no tiene nuevo amor. – dijo frunciendo el ceño.

-Sí que lo tiene. – dijo riéndose. – Lleva meses con la cabeza en otra parte y en la boda estuvo mensajeándose con alguien y una sonrisa boba, ¡parecía una adolescente!

-Bueno, puede que a lo mejor si esté más ilusionada de lo normal, pero de ahí a estar enamorada…

-Quinn, estaría bien, tu madre se merece encontrar a alguien que la haga feliz, pero feliz de verdad… No es momento para que te pongas en plan niña mimada, cielo.

-Oye, yo no soy ninguna mimada. – se defendió.

-Por supuesto que lo eres. Eres mi niña mimada. – dijo sonriendo sobre sus labios para volver a besarlos.

El resto de la mañana la pasaron de tiendas para disgusto de Quinn, que iba detrás de Rachel portando en sus manos las bolsas con las compras de su mujer, la cual, parecía haber perdido la cabeza con tanta ropa.

Al llegar de vuelta al hotel, la rubia dejó las bolsas a un lado.

-¿Bajamos a comer al restaurante o pido que nos traigan la comida? – preguntó la rubia descalzándose al igual que Rachel.

-No, no tengo ganas de comer, solo quiero dormir un rato.

-¿Estás segura? – preguntó rodeando su cuerpo por detrás, dejando suaves besos por su cuello después de echar su pelo a un lado.

-Muy segura. Creo que no he dormido más de tres horas seguidas desde que nos casamos. – dijo sin retirarse de los brazos de su mujer, dejándose acariciar y besar.

-Qué vida tan dura la de casada… - dijo sonriendo mientras besaba el hombro ahora desnudo de Rachel, haciendo que la morena riera entre dientes. Las manos de Quinn se deslizaban solas, agarrando firmemente los pechos de la morena sobre la ropa, provocando sin remedio que esta soltara un suspiro. - ¿A qué crees que hemos venido a París? ¿A hacer algunas compras y ver la Torre Eiffel? No. – dijo metiendo una de sus manos en el pantalón de Rachel, acariciando su entrepierna, anticipándole lo que estaba por llegar. – Estamos aquí para hacer el amor… Una vez. Y otra. Y otra.

-Y las que hagan falta. – dijo Rachel dándose la vuelta desesperada por encontrar la boca de la rubia, que gustosa la abría, recibiendo los labios y la lengua de su esposa pidiendo guerra, necesitada de ella.

Rachel desprendió a Quinn de su camiseta sin ningún miramiento, tan solo pensando en tocar cada centímetro de piel de la mujer de su vida, en besar y recorrer con su boca su cuerpo. Cayó en la cama de espaldas, con la rubia encima de ella, con toda la ventaja que eso le daba sobre ella. Quinn besaba el cuello de Rachel y mientras con una mano atrapaba uno de sus pechos y con la otra su trasero, sintiendo como las propias manos de la morena recorrían su espalda de arriba abajo y masajeaban sus pechos.

Separándose de la morena, Quinn desabrochaba con una parsimonia insoportable para Rachel cada botón de la camisa que esta llevaba puesta, mirándola a los ojos. Pensando que la rubia volvía a atacar con sus besos, se quedó contrariada al ver a la rubia mirando sus pechos atentamente.

-Quinn.

-Es precioso, Rachel, que sujetador tan bonito. – dijo tocando la textura del sujetador. - ¿Cuándo lo has comprado? No lo había visto. - por unos segundos la morena frunció el ceño para luego soltar una carcajada.

-Esto me pasa por casarme con una mujer… - dijo negando con la cabeza mientras se llevaba las manos a la cara.

-¿Qué? – dijo encogiéndose de hombros la rubia. – Es verdad, es muy bonito. Podrías haberme comprado a mi otro…

-Cariño, si quieres luego te digo la tienda donde lo compré, incluso te doy el mio, pero ahora, sigue con lo que estabas. – dijo tirando de su pelo para acercarla a ella, notando en el beso como Quinn sonreía divertida.

La ropa quedó repartida entre el suelo y la cama, las sabanas se confundían con el cuerpo de las chicas y las manos de las chicas se confundían en medio de sus cuerpos, cada una queriendo hacer gritar a la otra su nombre, queriendo satisfacer por completo la necesidad que sentían, sintiendo los dedos hábiles y expertos dentro de ellas mientras los labios y sus lenguas se comunicaban.

Cada vez era más perfecto. Mejor o peor, cada vez que se conectaban de esa manera se sentían más cerca, más unidas, más conscientes del cuerpo de la otra.

-Dios…No sé si voy a acabar viva la luna de miel. – dijo Rachel con la respiración entrecortada, tumbada en la cama con la cabeza de Quinn en su vientre, acariciando el pelo de esta.

-Más te vale, ahora que tenemos toda la vida para estar juntas, no estoy dispuesta a quedarme sin ti tan pronto. – dijo la rubia con las mejillas encendidas del esfuerzo y con los ojos brillando en dorado, dejando expuesto el placer que había alcanzado minutos antes y sacando una sonrisa enorme en Rachel, que todavía no tenía claro si su mujer la llenaba más de placer con sexo o sus palabras. – Además, no me gustaría perderme tu cara mientras recorremos la India. – dijo burlonamente, borrando de un tirón la sonrisa en Rachel.

Con sexo, definitivamente Quinn la llenaba de placer con sexo.