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Atravesada entre los párpados


No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.

Eduardo Galeano


Eres tan mágico y efectivo

Para Sirelo


A Sora le tembló la mano que sostenía su teléfono, pero no lo dejó caer.

No te preocupes porque ya está bien ―oyó que le decía Takeru―, y no te apures en venir porque está durmiendo.

Sin embargo, Sora no pudo hacer ningún saque bien y su partido terminó mucho antes de lo planeado, dejándola descalificada en la primera ronda. Disimuló sus nervios con decepción y corrió a cambiarse sin siquiera meterse en la ducha. No se despidió de nadie antes de salir disparada hacia la estación más cercana que la llevaría a Odaiba. Llamó a Takeru en el camino, pero no la atendió.

Se recostó contra la ventana mientras avanzaba hacia su destino. Su raqueta de tenis le golpeaba las piernas al ritmo de las ruedas sobre el camino, y agradeció que ese pequeño movimiento la molestara y le impidiera dejar volar su imaginación hacia Takeru y Yamato… no era nada, era solo un golpe. Se había caído de la escalera como le podía pasar a cualquier persona. Y no se había golpeado la cabeza, se repetía una y otra vez, para tranquilizarse. No se había golpeado la cabeza, solo un brazo. Un brazo y… un brazo y Yamato no podría tocar el bajo por unos meses.

Sacudió la cabeza y apretó los dientes. No era ella quien tenía que entristecerse, no era correcto que ella misma se preocupara y se armara historias en la cabeza, no era correcto. Respiró hondo y levantó la frente del vidrio. Yamato estaría bien. Yamato estaría bien. Ella estaría bien y ayudaría a Yamato a salir adelante… necesitaría kinesiología y recuperación, pero solo serían unos pocos meses. Algunos instrumentos podían tocarse con un solo brazo… ¿cierto?

―¡Aggh! ―se quejó, en voz alta. Se sonrojó cuando otros pasajeros la miraron, sorprendidos. Juntó las rodillas y bajó su vista, avergonzada.

De alguna manera, Sora necesitaba dejar de pensar y perseguirse.

Yamato estaría bien, era solo un golpe.

Yamato estaría bien, era solo un brazo roto.

Yamato estaría bien, solo serían unos meses.

Yamato estaría bien, solo serían unos meses en que no podría tocar sus instrumentos preferidos.

Yamato estaría bien, solo serían unos meses sin el bajo y sin la armónica.

Yamato…

Sora llegó a Odaiba llorando en silencio y odiándose a sí misma.

.

.

Takeru le abrió la puerta con una sonrisa.

―¡Sora! ―saludó, de buen humor―. Cambia esa cara, ¡es solo un golpe!

Sora se había lavado la cara en el baño del sanatorio antes de buscar la habitación, y al ver a Takeru tan contento no solo se odiaba a sí misma, sino que también se sentía como una tonta. ¿Estaría Takeru tan tranquilo si Yamato se encontrase herido…?

―Hola, Takeru. Gracias por avisarme. ¿Ya está despierto?

Escuchó voces y pensó que Natsuko tenía que estar ahí también.

―Sí, se despertó hace poco. Mamá está con él, ¡si vieras como Yamato le está hablando! Oye, al menos te hubieras bañado antes de venir, exagerada ―dijo, quitándole la raqueta y el bolso―. Creí que te dije que no era grave ―agregó, con seriedad y mirándola a los ojos. Sora corrió la vista. ¡Era imposible ocultarle algo a Takeru!

―Lo siento. Creo que me dejé llevar por los nervios. Me hubiera gustado estar más cerca… ―lamentó.

―Yamato no estuvo solo nunca. Mamá y yo lo acompañamos desde el primer momento, y está tan tranquilo y fuera de peligro que ni siquiera necesitamos que papá dejara de trabajar ―sonrió. Takeru era un soplo de aire fresco para los nervios de Sora―. Sonríe y entra a verlo.

Y Sora le hizo caso.

Natsuko estaba sentada junto a Yamato, aparentemente escuchándolo con atención y sonriendo… mucho. Sora nunca la había visto tan feliz y, de no conocer la situación, diría que se estaba… ¿riendo?

Escuchó una carcajada. Natsuko y Yamato estaban, de hecho, riéndose juntos.

―Sora ―saludó. Ella hizo una pequeña reverencia y se acercó con cuidado, dudando―. Qué bueno que has llegado. Pero no queríamos que interrumpieras tus partidos.

―No pasa nada. Perdí. ―Sora se acercó a la cama mirando a Yamato. Su brazo enyesado estaba apoyado contra su cuerpo, y él la miraba con curiosidad y un poco de alegría.

―¿Perdiste? ―preguntó Takeru, que venía detrás de ella―. Sora…

―No es nada, era una contrincante difícil ―mintió. A Takeru no lo engañaría, a Natsuko tal vez…

―Hola ―saludó Yamato. Sora sonrió.

―Hola. ―Se acercó hasta él pero no se animó a tocarlo. Natsuko estaba muy cerca y el brazo más cercano a ella era el roto.

Yamato le sonrió mucho más.

―¿Quién eres? ―preguntó.

Natsuko y Takeru rieron al escucharlo, y más aún al ver la cara de sorpresa y susto de Sora.

―¡Es la anestesia! ―se apresuró a explicar su madre―. Sora, Yamato está bajo el efecto de la anestesia. ¡No te ha olvidado!

Sora sonrió, aunque aún sin tranquilizarse.

―Soy Sora ―se presentó.

Dio un paso más hacia la cama y dejó que Yamato la observara sin pena y con una sonrisa… extraña. Casi parecía que Yamato tenía una… ¿media sonrisa?

You're hot ―dijo, en inglés, y Sora no llegó a taparse la cara sonrojada antes de que Natsuko y Takeru rieran casi hasta las lágrimas. A pesar de sus nervios y su sorpresa, Sora rio con ellos.

―Gracias.

Yamato le guiñó un ojo.

―¡Te ha guiñado un ojo! ―exclamó Takeru―. Sora, creo que Yamato te está seduciendo.

Sora rio.

―¿De dónde vienes? ―preguntó Yamato.

―De un partido de tenis.

―No te creo.

―¿Cómo?

―Has bajado del cielo. Yo lo sé ―dijo, y volvió a guiñarle un ojo.

Natsuko y Takeru volvieron a reír a carcajadas, pero Sora realmente no sabía que pensar… ¡¿Yamato siempre había sido tan malo conquistando chicas?!

Y… ¡delante de su propia madre!

―Yamato ―protestó, en voz baja. Él le sonrió, seductor… o algo así.

―Oye, Sora ―susurró―. Acércate.

Sora pensó que Yamato iba a decirle algo al oído y, bajo la divertida mirada de Takeru y Natsuko, le acercó la oreja… ¡y Yamato la lamió!

―¡Yamato! ―se quejó, separándose alarmada. ¡Pero Natsuko y Takeru no paraban de reír! ¡¿Cómo podían no avergonzarse?!

―Tranquilízate, Sora, solo está demostrándote cariño… de maneras inesperadas ―explicó Takeru.

―Iré a traer un café. ¿Quieres uno, Sora? ―ofreció Natsuko, y ella asintió. La vio partir.

―Takeru, ¡tu hermano tiene que detenerse! ¿¡Cómo va a estar diciendo estas cosas frente a su madre?!

―Sora, relájate ―repitió―. ¿Sabes cuánto tiempo nos reiremos de Yamato con esta anécdota? ―preguntó, mientras extraía su teléfono celular de su bolsillo.

―Eres incorregible ―lo retó, pero sonrió―. Tienes razón ―retomó su lugar junto a Yamato y le sonrió.

―Que cortita tu falda ―dijo. Sora se sonrojó―. Es para darme mejor acceso, ¿cierto?

―¡Yamato! ―gritó Sora, mientras Takeru caía al piso debido al ataque de risa que tuvo.

―¡Tengo que filmarlo todo!

―¡Takeru, detente!

―Sora, ¡dime que te gusto al menos! ―exigió Yamato.

Takeru ya tenía el celular listo para filmarlos... ¡quién sabe desde cuéndo! Sora retiró, una vez más, sus manos de sus mejillas sonrojadas y sonrió a su novio.

―Somos novios, Yamato ―dijo.

―Soy tan mágico y efectivo ―concluyó.

Takeru detuvo la grabación y estalló en carcajadas junto a Sora, quien esta vez no pudo resistirse y comenzó a reír con él. Acarició los cabellos de Yamato y lo vio cerrar los ojos hasta dormirse. Pronto, Natsuko regresó con los cafés. Sora suspiró aliviada, lo peor había pasado, Natsuko no lo había oído y seguramente Yamato dormiría el resto de la anestesia.

Aceptó el café con una sonrisa y se sentó junto a su novio, dispuesta a relajarse luego de lo que parecía haber sido el día más largo del año. Ya todo estaba bien.

Ya todo estaba bien.

―Mamá, ¡tienes que ver el video que hice de Yamato mientras no estabas! ―exclamó Takeru.

―¡Takeruuuuuu! ―gritó Sora.

No logró impedir que su pequeño cuñado le mostrara el video a su madre.

.

.

Cuando Yamato despertó, era Sora la que dormía junto a él. La miró en silencio hasta que se sintió menos adormilado y, entonces sí, le habló.

―Sora ―susurró. Ella abrió los ojos inmediatamente.

―Yamato. ―De una zancada se acercó a él y le besó la frente―. ¿Cómo te sientes? Voy a llamar a la enfermera.

―Espera ―pidió. La miró a los ojos y Sora sonrió―. Me duele un poco, pero no la llames aún… ¿Qué pasó con tus partidos?

―Nada. ―Sora movió el flequillo de Yamato y le limpió la transpiración―. Perdí y me vine rápido.

―Perdiste a propósito.

―Sí ―admitió.

―Le dije a Takeru que no te llamara.

―No te lo hubiera perdonado nunca, Yamato. Ni a ti ni a él.

Yamato lo sabía.

―¿Dónde está?

―Fue a cenar con tu madre… y yo iba a ir cuando volvieran.

―¿Tienes hambre?

Sora negó con la cabeza.

―Yamato, dime cómo estás.

―Estoy bien ―respondió, pero miró al techo mientras lo decía.

Sora giró alrededor de la cama y lo miró desde el otro lado. El brazo quebrado quedó lejos de ella y pudo posicionar su rostro encima del de él, obligándolo a mirarla.

―Yamato…

―Creo que no podré hacer música por un tiempo ―susurró.

Sora lo besó.

―Lo siento… ojalá hubiera estado contigo.

―Nada hubiera cambiado, Sora.

Y Sora no se ofendió, porque lo que decía Yamato era real. Ella no hubiera cambiado nada si en vez de ir a su partido de tenis, se hubiera quedado a ayudar en la mudanza.

―Tal vez sea tiempo de que retomes tus lecciones de piano.

―El piano también se toca con dos manos.

―Tal vez sea tiempo de que retomemos nuestras lecciones de piano.

Yamato sonrió.

―Estás muy linda hoy. Pero no te has bañado.

Sora se sonrojó y se alejó de él.

―¡Me vine corriendo! ¡Y ya me has hecho pasar mucha vergüenza por un día! ―protestó.

―¿Vergüenza? ¿Lo dices por mi madre? Ella te quiere, Sora.

―Mmh… no lo decía por eso.

―¿Entonces…?

Escucharon la puerta abrirse y las voces de Natsuko y Takeru mientras ingresaban a la habitación. Sora sonrió.

―Creo que tu hermano te lo contará mejor que yo. Cenaré algo y vuelvo.

―Oye, ¡Sora…!

Sora lo besó en los labios y, sonriendo, se alejó de él. De ninguna manera escucharía una vez más lo que Takeru tenía que contar.


Notas: ¡Hola! Sirelo me pasó un prompt como este y yo decidí escribirlo. Luego me arrepentí y la verdad es que odio lo que escribí, y además lo recorté un poco... pensé en hacerlo en dos capítulos, porque sé que el cambio de escena no está bien, pero creo que hace veinte días que le estoy dando vueltas y no encuentro solución.

No le tengo cariño a este OS, pero a Sirelo sí, y por eso decidí tragarme mi orgullo y publicarlo igual. ¡Por ti, Sirelo, porque eres genial! Y quiero que veas que aunque una no está segura de lo que escribe ni lo ama, no se acaba el mundo cuando lo publicas. No se acaba, Sirelo.

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