Retiro de notas: 21/11/2017

Bleach no es mío.


Capítulo 35 "Firestarter"

Momo Hinamori caminaba de regreso hacia su escuadrón luego de la visita de ese día a sus amigos, cada tercer día iba a verlos para saber si iban progresando o si había que hacer algo para ayudarlos pero hoy como otras veces, todo estaba igual, sin progresos, sin despertares milagrosos. Para cuando salió de la cuarta división, ya había oscurecido y dada la situación en la que estaba la sociedad de almas, todo estaba quieto puesto que habían implementado una especie de toque de queda para vigilar las entradas y salidas, y estar atentos ante cualquier sonido alarmante.

- ¿Momo?- llamó una voz que ella conocía perfectamente, Hinamori se detuvo y volteó casi asustada por haber sido llamada.

- Ho-hola- murmuró ella tímidamente debido a que hacía meses que él no la llamaba de esa manera.

- ¿Qué haces aquí tan tarde?- preguntó Toshiro Hitsugaya acercándose a la shinigami. Se sorprendió incluso a sí mismo por el haberle hablado pero no pudo evitarlo, ahora más que nunca debía de dejar de lado su inseguridad acerca de su fuerza y volver a hablarle a la chica, no eran tiempos de arrepentimientos o culpas.

- Solamente vine a verlos- respondió ella moviendo la cabeza en dirección a la cuarta división y el peliblanco entendió.- Tú también viniste por Rangiku-san ¿no?

- Sí, siempre me quedo hasta esta hora- dijo el capitán cruzándose de brazos y recargándose en la pared.

- Ahhh...

No sabían qué decirse, ninguno esperaba cruzar palabras con el otro pero aunque que la conversación iniciara no les resultaba desagradable sin embargo, no dejaba de ser algo incómodo.

- ¿Vienes diario?- preguntó él para seguir hablando con ella.

- Casi, siempre que puedo, unas cuantas horas.

- Ya. No te había visto antes.

- Es raro que no hayamos coincidido antes ¿no?- dijo la chica jugueteando con sus dedos.

- Sí...

- Tal vez es que hoy nos tocaba vernos. Puede que mañana también pase.

- A lo mejor.

Nuevamente se quedaron en silencio, mirándose sin saber qué decir o hacer.

- Tengo que irme...- dijo ella comenzando a caminar.

- Te acompaño- ofreció él exaltándose un poco.

- No voy tan lejos además, te desviarías mucho.

- Eso no importa.

- Debes de dormir temprano...- recordó Momo riendo un poco, el capitán enrojeció un poco pero sonrió cálidamente. No insistió debido a que sería aun más extraño el acompañarla luego de meses de ignorarla, quizá debía de esperar un poco más para volver a ser tan familiar con ella.

- Tú también, no serás más alta que yo por toda tu vida pero también necesitas crecer- reconoció Toshiro y comenzó a caminar en dirección opuesta.

- Eso espero- se dijo ella para sí en voz muy baja.

- ¡Hasta mañana!- le dijo agitando una mano, él solamente hizo un gesto con la mano sin girarse.

- Descansa- dijo él sin importarle mucho el haber sido oído o no porque ya se lo diría otro día.

Hinamori sintió algo en el pecho por aquel encuentro y más feliz que otros días, fue de vuelta a su división.

Siempre había poca iluminación nocturna pero ese día era luna creciente así que todo a su alrededor se veía más oscuro. Dobló en una esquina justo antes de llegar a su destino pero alguien le cubrió la boca y la aprisionó con el otro brazo par llevarla hacia su tórax. Los pies de la muchacha se elevaron del suelo puesto que aquel sujeto (suponiendo que era uno) tenía mayor altura que ella.

- Si elevas tu reiatsu para pedir ayuda o si intentas algo te rompo el cuello en este momento- le dijo una voz grave al oído. Momo solamente asintió rápidamente y se sintió asustada por tan repentina situación.- Bien...- murmuró aquella voz afianzando a la shinigami en sus brazos. Ambos estaban en contra de una pared pero el tipo aun así dio cuatro pasos hacia atrás y Hinamori pudo ver que delante de ella se cerraba una abertura similar a la de una garganta.

Quien la sostenía la soltó de repente y por ello la chica cayó al suelo arenoso, miró a su alrededor para encontrarse con el interior de una cueva amplia que tenía una mesa de piedra en el centro, en donde estaba recostado un esqueleto completo, se cubrió la boca con ambas manos para evitar gritar, algo le decía que la amenaza de matarla todavía estaba vigente.

- Tu nombre- urgió la misma voz grave que le había hablado antes pero Momo pudo ver a quién pertenecía, era de un sujeto vestido de negro, muy alto y similar al capitán inconsciente pero algo en este hombre daba la sensación de peligro; eso y que en el ambiente se sentía que algo más estaba cerca.

- Hi-hinamori- balbuceó la shinigami mirándolo asustada desde el suelo, por el golpe, la zanpakuto se le salió del obi.

- Oh, no, no tengas miedo, no voy a matarte- respondió él en tono más suave y la tomó de un brazo para levantarla, la chica era ligera así que no le costó nada y la arrastró a la mesa. Ella estaba temblando porque no podía calmarse en esa situación.

- ¿Q-qué qui-quiere?- preguntó Momo tras haber reunido todo el valor que pudo pero el habla se le fue cuando sintió que el hombre apretaba su agarre del brazo.

- Abuelo, cédele tu lugar a la señorita- dijo él y de un manotazo tiró los huesos de la mesa de piedra para empujar a Hinamori hacia ésta y obligarla a sentarse ahí. No tuvo opción así que torpemente tomó asiento al borde de la mesa sin dejar de ver los restos en el suelo.

- Shiro...- murmuró ella para darse valor.

- Shhhh, shhhh. Sólo dime lo que quiero saber y todo estará bien- le dijo el pelinegro tomándola de las mejillas con ambas manos para luego acercar su boca al oido de ella- Si contestas bien, seré amable Hinamori-kun- aseguró.

- N-no...- susurró la shinigami en respuesta, por más miedo que tuviese, aunque la matara, no diría nada puesto que si hablaba, toda la gente que le importaba estaría en peligro. Ya no podía ser tan egoísta y doblegarse ante palabras, no podía creer en nada.

- ¿La oyeron? dijo que no- gritó el hombre y dos personas aparecieron. Una mujer parecida al pelinegro y otro hombre, de cabellera amarilla, hasta ahora notó que todos vestían ropa de humano negra y que también tenían katanas en sus cinturones. Momo se asustó aún más porque la energía espiritual que sentía ahora se había triplicado. La soltaron y miró a todos, ahora sí se sentía perdida.

- Somos dos hombres, algo podemos hacerle para que hable- sugirió el otro y el pelinegro asintió. Si eso era lo que Momo creía que era, entonces ya no tenía escapatoria.

- No- dijo la mujer y se paró frente a ellos de espaldas a la shinigami como para interceder por ella

- ¿Por qué no?- preguntó el rubio.

- Nada sacas con una bajeza así...- por un momento, Momo se sintió aliviada y bajó la guardia. Ellos se miraron pero solamente el recién llegado comprendió lo que ella sentía

- ¿Entonces?- preguntó el pelinegro. La mujer miró a Momo directo a los ojos cosa que le heló la sangre y casi casi la paralizó.

- La voluntad se rompe golpeándola en la determinación, yo sé bien en donde duele más y dónde está su quiebre- dijo ella y regresó a mirar a los hombres.- Sólo alguien que ha sido torturado de la peor manera sabe qué hacer- murmuró.

- ¿Segura?- preguntó el rubio

- No hay necesidad de ser TAN cruel- respondió ella- Salgan- pidió y ellos obedecieron. Hinamori miró asustada a la mujer, ella la miraba impasible.

- Te voy a preguntar y contestarás, si no hablas, te obligaré a gritármelo- le dijo con su frío tono de voz y sacó un cuchillo de entre su ropa- eres una teniente y la sociedad de almas está en alerta por todo lo que hemos hecho así que debes se saber todas las medidas que adoptaron.

- No diré nada- aseguró la chica con firmeza y recordó un detalle que pasaron por alto sus captores: estaba armada con su zanpakuto. Quizá no podría escapar pero si hería a esta mujer y tal al vez al liberar su arma vendría alguien. Hizo un movimiento muy lento, casi imperceptible y presto para abalanzarse sobre su arma y herir a la mujer con una mano y con la otra hacer un hechizo de kidoh.

- Tú no quieres pelear contra mí, creéme- le murmuró la pelinegra y de un movimiento le clavó el cuchillo en la mano justo cuando la chica la extendió para atacarla, quedó clavado en el dorso, justo entre las falanges. Hinamori gritó de dolor y éste se hizo más sonoro cuando Aoi tomó el mango para desgarrarle la piel y los músculos pero eso no la detuvo, tenía que pelear por ella, por todos sus amigos. La shinigami cayó al suelo por lo mismo y sujetó su mano herida con la otra. El dolor era insoportable pero lo aguantaría. La mujer pareció esperar a que ella se moviera.

Durante todo el tiempo que pasó posterior a la batalla, había practicado bastante sus hechizos de kido así que tendría oportunidad de paralizar a esa mujer y salir de ahí para elevar su reiatsu para pedir ayuda, ya fuera que alguien los combatiera o que estas personas huyeran puesto que si la habían secuestrado quería decir que no querían armar alboroto. Empezó a pensar rápidamente en el encantamiento, el más poderoso que podía ejecutar, por ahora ya podía llegar al 88.

- Hado ochenta y ocho: Shiryū Gekizoku Shintenraihō- dijo Hinamori lo más rápido y preciso que pudo, una gran cantidad de energía salió de sus manos en dirección a la mujer; a esa distancia seguramente que la hirió pero no se quedaría a corroborarlo, pensó de nuevo en el mismo hechizo para prepararlo y dispararlo en su salida, en su camino tomó su zanpakuto y corrió pero algo la tomó de un pie y cayó, luego unas tiras negras de material desconocido la rodearon. Escuchó pasos acercándose a su espalda y como cayó de frente, no podía voltear.

- Eres capaz de ejecutar el hado ochenta y ocho sin recitar el encantamiento, eres realmente buena pero olvidaste que el bakudo ochenta y uno anula cualquier ataque de ese nivel- dijo la pelinegra agachándose junto a la muchacha y la tomó de la ropa para levantarla un poco y mirarle la cara.

- Bakudo noventa y nueve, primera parte: Kin...- susurró la teniente sintiendo pánico al reconocer la técnica que la tenía atada.

- Y no quieres que acabe el encantamiento ¿o sí?- le preguntó, la chica no dio respuesta alguna- De todas formas no podría, sólo estoy fanfarroneando y quiero asustarte, si lo termino podría matarte y no puedo hacer eso. No hay espacio suficiente y también yo me lastimaría, así que solamente te tendré así en lo que te interrogo- dijo la mujer en tono calmado.

- No obtendrás nada de mí...- retó la chica forcejeando lo más que podía para desatarse.

- Yo te observé hace tiempo, cuando tu lealtad estaba por completo con tu capitán, Hinamori Momo, teniente de Sousuke Aizen- dijo Aoi y la muchacha se detuvo para mirarla sorprendida- Yo vi todo y sé bien que harías cualquier cosa por él, incluso abogar por alguien que ya estaba podrido por dentro y por fuera gracias a la sed de poder- le dijo y le propinó una patada en el estómago con algo de coraje, ahora la recordaba.

- ¡Cállate!- le gritó fúrica la teniente, ignorando el dolor de la patada y el de su mano herida. Ese tema ni ella lo tocaba y que se lo mencionara una completa desconocida le hizo hervir la sangre. Toda su calma y su pánico la abandonaron.

- Lo primero que quiero saber es si ya curaron a los tenientes que atacaron en Karakura- le dijo la pelinegra acercándose a ella con cuchillo en mano.

- ¡Tendrás que matarme porque jamás cederé ante ti!- dijo Hinamori aun furiosa por la mención de aquel tema.

- Si amas a alguien o a todos tus "amigos" tanto entonces lo soportarás y morirás de dolor sin haberme dicho algo- declaró Aoi y le clavó el cuchillo sin miramentos.


Mientras tanto, afuera.

- Vaya, ¿qué le hizo para que gritara así?- preguntó Shinsuke recargándose en el pilar que tenía los nombres de sus antepasados.

- Ella aprendió debido a que la torturaron de incontables formas, cuando nos atraparon, nunca habló para echarme la culpa o algo así e intentaron con todo y de todo, hicieron lo que quisieron con ella varias veces pero ni siquiera gritó o lloró, sólo se mordía los labios y la lengua para no ceder- respondió Kyou sentándose en una roca. Sintieron un despliegue de energía pero no acudieron a ayudar a Aoi, todavía podían percibirla debido a que hizo un hechizo de kido también...

- ¿Y a ti qué te hicieron?- preguntó el Shimura curioso.

- Al principio, lo que a ella pero tampoco resultaba así que me obligaban a ver. Todas y cada una de las cosas que le hicieron, las vi y aunque tuviera los ojos cerrados muchas veces... siempre estaban ahí los sonidos, el olor a sangre; esa gente asquerosa golpeándola... tocándola...

- De por sí está traumada y ahora...- murmuró el otro mirando hacia la cueva.- Eres horrible Kyousuke, sabías que si mencionabas algo así ella terminaría haciéndolo.

- Me conoces mejor que yo- respondió el rubio y lo miró directo a los ojos. Nunca dejaba de impresionarse por el parecido que poseían los de Shinsuke con los de su hermana, el mismo color en dos personas realmente opuestas pero sólo los que miraba en ese momento podían ver la persona que realmente era.

- No, yo habría hecho lo mismo- respondió el pelinegro y se sentó en la misma roca solamente que de espaldas al otro presente.

- No quise manchar mis manos de sangre.

- Y siempre es fastidioso el hacer esas cosas.

- Además yo...

- La hubiese...

- Matado luego de la primer pregunta sólo porque sí- dijeron al mismo tiempo y luego suspiraron. Se recargaron en la espalda del otro y siguieron esperando pero estar en silencio no era muy cómodo para ellos, aun así tuvieron que aguantarlo porque realmente no tenían un tema de conversación en común además de insultarse.

Luego de muchos minutos, Aoi salió de aquella cueva tan calmada como siempre.

- ¿Ya? ¿tan rápido?- preguntó Kyou levantándose al verla.

- De hecho tardé más de lo que creí- admitió ella cruzándose de brazos- resiste pero no lo suficiente.

- ¿Está consciente?- preguntó Shinsuke mirando de arriba hacia abajo a su hermana para ver rastros de sangre u otras cosas pero sólo tenía una que otra salpicada en las manos.

- Apenas pero seguramente por el shock ya se desmayó.

- Iré por ella- dijo el pelinegro y entró. El camino hacia adentro era algo largo y el techo era bajo por lo que alguien de su estatura tenía dificultades para pasar pero ni loco se quedaba allí con Aoi, tampoco tenía nada qué decirle pero era más incómodo estar en su presencia aunque fuera por poco tiempo.

- ¿Estás bien?- le dijo el rubio a su amiga tomándola de los hombros.

- Sí, es sólo que no sé si fui muy lejos... tal vez me pasé.

- ¿La lastimaste mucho?

- No realmente, el castigo físico lo puedes soportar si realmente estás dispuesto pero golpear el alma, tu mente, es algo completamente diferente, esas heridas se abren y dejan salir más dolor del que tenían inicialmente. Por eso te dije que sé dónde duele más.- declaró ella mirándolo como si se arrepintiera, él estaba imparcial pero de pronto abrió la boca.

- 'Cause though the truth may vary this ship will carry our bodies safe to shore~- soltó él de repente. *

- ¿Eh?-exclamó ella desconcertada.

- Don't listen to a word I say, Hey! The screams all sound the same- dijo él tarareando- Perdona, es que me vino a la mente esa canción- dijo y Aoi apartó las manos de él con brusquedad, le enfadó ese desatino pero parte de ella sabía que él lo hizo a propósito, si hablaban de lo que le hizo a esa chia entonces ello desencadenaría a recordar cosas de aquella vez que ella estuvo en una situación similar.

- ¿Qué van a hacer con ella?- con molestia.

- Naturalmente, regresarla- respondió él acercándose a Aoi, de pronto la abrazó desde atrás rodeando sus brazos y la levantó unos pocos centímetros para luego rozar su mejilla contra la de ella.

- ¡Quita bicho!- gritó la pelinegra sorprendida- ¡No te rasuraste, pica!- le dijo agitándose para soltarse pero el agarre era fuerte.

- No che eñoje- decía Kyou sin dejar de rozarla de la mejilla.

- Pues no seas tan #$%&#*- le respondió Aoi enrojeciendo un poco.

- Sabes que haría lo que fuera para que te olvidaras de todo lo que pasó- murmuró él deteniéndose pero sin dejarla ir.

- No me quieres tanto.

- Linda, tú realmente no sabes cuánto- le dijo al oido en un susurro, ella se tensó y de pronto se sintió muy agradecida de estar sostenida de esa forma.

- ¿Ya dejaron de manosearse?- preguntó de repente Shinsuke.

- No pero ni modo, vámonos- respondió Kyou y la dejó ir- ¿Siempre sí se desmayó o la desmayaste tú?- preguntó al ver a la teniente, el pelinegro la traía en calidad de bulto sobre su hombro. Realmente no lucía lastimada, tan sólo tenía la mano herida y una entresacada en el costado izquierdo pero no tenía otras heridas visibles, otro día le preguntaría a Aoi el secreto.

Tal y como entraron la primera vez, por medio de una garganta, fueron de nuevo a la sociedad de almas y la dejaron cerca del punto en donde la encontraron. Ya era más tarde y pese a la alerta, no había más shinigamis alrededor.

- Déjala ahí- indicó Kyousuke mirando a su alrededor y señalando la esquina de la quinta división.

Shinsuke dejó a la shinigami ahí como si estuviera hincada y se mantuvo porque pese a que estaba sin sentido, su cuerpo no estaba lánguido. Nuevamente los tres se aseguraron de que nadie los viera pero sólo uno de ellos se volteó para irse.

Los dos hombres desenvainaron su zanpakuto al mismo tiempo y mandaron un corte, ambas armas chocaron y tintinearon en el cuello de Momo Hinamori cuya cabeza se deslizó hacia adelante y cayó en el suelo seguida del resto de su cuerpo. Aoi se volvió para ver esto último con horror, ella era la que iba a gritar debido a la sorpresa pero el rubio fue más rápido y le cubrió la boca mientras que el hermano de ella abría la garganta de escape, luego ambos metieron como pudieron a la mujer y se fueron.

Todavía faltaban algunas horas para que descubrieran el cadáver de la teniente de la quinta división, mientras lo acompañarían la brisa nocturna y la luz de la luna.

Aoi, su hermano y Kyousuke regresaron a la tumba de los Shimura en Hueco Mundo.

- ¿Por qué la mataron?- preguntó ella nada más al verse libre.

- Vio nuestros rostros y no teníamos mucho tiempo como para borrar sus recuerdos- dijo Shinsuke como si nada.

- No era necesario... me aseguré de dejarla tan mal que apenas y hablaría- dijo Aoi no muy contenta por sus actos pero más que estar impresionada por la muerte de la muchacha, estaba atemorizada por la facilidad con la que sus acompañantes la acabaron, o más bien, porque hicieron aquello casi al mismo tiempo.

- Es un riesgo que no voy a correr- indicó el rubio.

- Dijiste que la regresaríamos...- repuso ella casi en un murmullo.

- Nunca dije que respirando o completa- respondió Kyou fríamente. Nuevamente la mujer sintió que el habla se le iba junto con la respiración porque ahora parecía que la sensación que siempre le provocaba su hermano se había duplicado.

- Solamente la mataste... la mataron porque sí ¿verdad?- dijo ella hablando como pudo pero rogando porque no fuera una respuesta afirmativa.

- Regresemos a casa- indicó el rubio y caminó lejos sin expresión alguna en la cara.

- Ya te lo había dicho, hermana- le dijo Shinsuke al oído, ella volteó asustada y se encontró con el rostro de él a centímetros del propio- No lo conoces pero a mí sí y ya debes de haberte dado cuenta de que él y yo somos iguales.

- Claro que no...- se dijo ella tratando de convencerse de que era cierto, su hermano y su amigo no podían ser iguales pero ahora ya no podía negarlo, aquel tintineo de las espadas al encontrarse reafirmaba lo que su hermano le dijo. No tenía caso reclamarle o intentar decirle después porque él haría caso omiso a sus palabras así que optó por dejar toda intención de discutir allí.


A Renji Abarai ya se le permitía salir por periodos de la cuarta división y no lo hacía solo desde hacía dos días, siempre a su lado iba Rukia. No habían llegado a un "acuerdo" de relación pero al menos ahora los dos sabían que estaban juntos y eso era lo que importaba, por ello mismo procuraban tardarse lo más posible pero resultaba que no todos los paseos los hacían ellos solos, muchas veces encontraban a algún conocido, aparte de los internados en la cuarta división, que los terminaba acompañando y esta vez no era la excepción, ahora no era una sola persona la que se les había "pegado" sino que eran cuatro: Nanano Ise, quien se los cruzó y preguntó cómo estaba el teniente pelirrojo, Isane que iba en principio con la primera, la teniente de la décimo primer división quien con toda confianza se montó en el hombro de Renji y al final de esa comitiva, iba Toshiro Hitsugaya, él realmente no iba con ellos tal cual pero como se dirigían hacia el mismo lugar, decidió acercarse a saludarles.

Entre todos trataban de conversar acerca de algo que subiera los ánimos puesto que en esos tiempos era cuando más se necesitaban las sonrisas, además era temprano y de alguna manera tenían que despejarse. Uno jamás se imagina que con tan sólo doblar la esquina de alguna construcción nos puede cambiar la vida y eso fue lo que les pasó.

Los cinco shinigamis de rango menor se detuvieron en seco y Hitsugaya, que no les prestaba atención, chocó sin querer contra la espalda de Rukia pero ella ni siquiera se percató. El capitán se extrañó por verlos ahí estáticos, les dio la vuelta para saber qué los detuvo.

Nadie tiene por completo justificada su existencia sin embargo, es significativa para el resto de las personas más que para uno mismo, la mayoría de las veces. No se tiene una garantía absoluta de tal aprecio por la vida de otra persona hasta que se sabe que fue arrebatada de alguna manera.

Los ojos de Toshiro Hitsugaya en ese momento le arrancaron el corazón, los pulmones y la lengua por mostrarles la escena que lo atormentaría por siempre. Ya fuera por culpa o por verdadera impotencia, no podría descansar hasta saber quién lo había hecho.

La diferencia de reacciones es parte de la naturaleza del carácter de cada individuo sin embargo todos los que presenciaban aquella vista, sintieron en primera, incredulidad porque el negar los hechos que vemos es el primer paso para arrastrarnos hacia una espiral de emociones que desembarcan en acciones determinantes.

Rukia se abrazó a Renji al igual que Yachiru, Nanao se cubrió la boca con espanto, Isane retrocedió negando frenéticamente y Toshiro simplemente se tiró de rodillas para después correr a donde yacía el cadáver de Momo. El resto se puso alerta y el teniente pelirrojo reaccionó y lo detuvo como pudo, la diferencia entre rangos en ese momento no importó, Renji sabía que no iba a hacerle nada bien que el capitán se acercara para ver más de cerca lo que ya de por sí era horrible. Nanao siempre había sabido mantener la calma en situaciones de emergencia y ahora no podía fallar, deshizo las ataduras de incredulidad de sus pies y corrió a avisar a la primer persona que se encontrara. La única que tuvo el valor para acercarse fue la perteneciente a la unidad médica para constatar la obvia y evidente muerte no sin antes dejar en manos de Rukia a la teniente más pequeña.

- ¡Déjame, déjame Abarai!- gritaba con rabia y pese a que tenía bastante fuerza, en ese momento su mismo cuerpo pareció suprimir toda acción que conllevase el uso de la energía espiritual. Lo que le remarcaba el grado de humanidad que poseía, ahora afloraba en forma de la más primitiva.

- Lleva al menos seis o siete horas aquí...- dijo la teniente de la cuarta división con toda la entereza que pudo- Murió al instante...- agregó y aunque a primer vista notó otras cosas, prefirió no decir más.

¿Tanto tiempo y nadie la vio? ¿tanto tiempo ahí sola? debido a las medidas recién adoptadas, realmente ya ningún shinigami deambulaba por las noches fuera de las divisiones, solamente había guardias programadas a horas aleatorias alrededor y todas las guardias divisionales eran internas ya que si no faltaba alguien dentro, sería suficiente con cuidar el área correspondiente de cada división. Quizá Momo, por ser la persona a cargo de la división, era la última en ir a descansar además de que era bien sabido que regresaba ya tarde de visitar a sus amigos.

Ante esas palabras, Renji bajó la guardia al escuchar a Isane y soltó al capitán pero él solamente pudo dar un paso antes de que sus rodillas dejaran de responderle, la opresión en el pecho ahora era un vacío que se extendió por todo su cuerpo. No se necesitaba de mucha astucia como para determinar que él fue el que la vio por última vez.

A todos les pesó el saber cuánto tiempo pasó Hinamori ahí sola, ¿por qué nadie la vio? ¿de qué servían esos patrullajes aleatorios? no, no había caso en buscar echar culpas o justificar los actos, todo desembocaba en un mismo cauce. Si lo que los amenazaba era así de peligroso, las pérdidas eran inevitables. Ya habían pasado por una guerra y ahora que parecían estar en estado de tal, parecía también que no aprendieron nada.

Luego de unos instantes, que se antojaron eternos, llegaron los capitanes y tenientes restantes a presenciar lo que era la chispa que iniciaba un enorme incendio que se apagaría solamente con la sangre de los culpables.

La capitana de la cuarta división se acercó a su teniente para preguntar lo que ésta había visto. Isane le dijo al oído a su capitana todo de lo que pudo percatarse, Unohana simplemente asentía mientras miraba con pena a la difunta.

El comandante y sus discípulos se acercaron a su homologo, pero el superior luego fue con la capitana que ahora se dispuso a revisar el cuerpo.

Todo estaba quieto y casi en silencio, el único sonido que se oía eran los susurros de la capitana y los lamentos de Toshiro Hitsugaya. Kyoraku y Ukitake trataban de consolar al menor e intentar que se levantara.

- Será mejor que la movamos- indicó la capitana en cuanto vio llegar su unidad.

Algo se encendió en Toshiro Hitsugaya y liberó su bankai para ir a cazar al culpable pero entre el comandante, Kyoraku y Kenpachi, que también había llegado a la escena, lo detuvieron de frente y lo redujeron. El comandante se puso al frente, el capitán de la octava sacó sus dos espadas para cruzar el filo pero el tercer capitán lo derribó.

- ¡QUÍTENSE! ¡DEJENME IR, YO LA VOY A VENGAR! ¡SUÉLTENME!- gritaba el pequeño capitán fúrico mientras se retorcía en el agarre de Zaraki.

Pese a esos gritos, el silencio destacaba todavía más. Muchos de los presentes lo miraban con congoja puesto que sabían del lazo que tenían aquellos dos shinigamis.

Decirle que se calmara era inútil, consolarlo también pero tampoco le podían permitir que se fuera en ese estado.

- Hay que darle un calmante- dijo Unohana pero ninguno de los shinigamis a su cargo se atrevió a moverse.

- No, hay que dejarlo- respondió Zaraki sin soltar al muchacho.

Todos se volvieron a mirarlo con sorpresa. Tanto por el comentario y porque el capitán no mostraba su sonrisa característica sino que había adoptado la seriedad del momento.

- Sería muy tonto no hacerlo, esa idiotez de que "la venganza es un plato que se come frío" no es nada cierta, el estúpido que dijo eso de seguro no le ocurrió algo así. El mocoso está destrozado por dentro, no va a estar en paz hasta que lo esté también por fuera, hasta que sus puños estén en carne viva por golpear al que lo hizo. Yo sé qué es lo que quieres hacer niño- dijo el capitán hablándole a Toshiro, él dejó de removerse- Yo voy a ir con él- propuso ahora sí sonriendo.

Se pensaría que se había ofrecido a ir para pelear pero el motivo estaba entre ése y la empatía que sintió por el capitán.

A Yamamoto le costó trabajo deliberar qué hacer en ese momento pero sabía que Zaraki tenía razón, ni él podía soportar aquella escena y también quería salir a buscar al culpable... Hitsugaya no iría solo pero eso tal vez sería contraproducente, que dos capitanes dejasen así la sociedad de almas y más aun en las condiciones en las que estaban, por las cuales también le había ocurrido aquello a Hinamori.

- Adelante- dijo el comandante llanamente- Dejemos a la cuarta división a cargo de esto por ahora- pidió a Unohana y se retiró para ir a hacer otros preparativos.

Soltaron al capitán de la décima división y se alejó lo más que pudo de todos, lo siguió momentos después el otro capitán no sin antes llevarse a Yachiru en brazos.

Los shinigamis que se habían reunido allí también comenzaron a irse puesto que de nada servían.

Casi todos se habían ido, solamente quedaban los de la división asignada y el capitán de la décimo segunda división, quien en todo ese rato solamente se había quedado viendo una pared.

- Ella antes de ser decapitada... sufrió de hipotermia ¿no?- preguntó Mayuri a la capitana mientras miraba con mucha atención a aquella pared como si tuviera escrito todo lo que había pasado.

- Sí, su... cuerpo... da señales de haberla sufrido además de que la herida en su mano indica que quiso tomar algo pero la detuvieron- respondió ella con pesadumbre.

- La llevaron a otro lugar y la trajeron... por la cantidad de sangre diría que la mataron aquí y la tierra en su ropa... no... la arena en su ropa dice que la tuvieron en un lugar frío pero ¿dónde hace tanto que cause hipotermia?- se preguntó mientras le brillaban los ojos de ambición por el saber.

- No lo sé o tal vez no es algo sino alguien- dijo Unohana mirándolo de soslayo.

- Pediré que revisen esta área- respondió el otro capitán y también se fue.


Era ya viernes temprano en la preparatoria de Karakura y como ocurría cotidianamente, todos los alumnos ya se enfilaban hacia la institución y dentro, iban hacia el salón correspondiente.

Esa mañana, Ichigo sorprendió a varios al aparecerse por la puerta a la hora que correspondía y no cuando la sensei ya había llegado. Quienes más lo conocían se sorprendieron pero evitaron el preguntarle y simplemente lo saludaron. Luego de él, entró Ishida bastante pensativo, se le notaba que casi no había dormido nada la noche anterior.

Uryuu se acercó a su lugar y miró que el de atrás ya estaba ocupado por una de las personas que habían ocupado sus pensamientos.

- Buenas- saludó Yagami al ver que lo miraba atentamente. Ishida solamente asintió y pasó su mirada hacia la otra persona.

- Hola...- dijo ella desconcertada por la mirada.

- Buenos días- respondió por fin el Quincy intentando serenarse e ignorarlos por el momento. Se sentó y comenzó a sacar sus cosas.

- Tal vez no sabe por cuál de nosotros ir- susurró el rubio a su amiga quien solamente rió un poco pero no lo hizo tan bajo como creyó, aun así Uryuu decidió ignorarlos.- Te lo imaginaste ¿verdad?- respondió él rozándola con el puño. Ahora ambos se pusieron a "cuchichear".

- Sentiría feo perder contra ti pero diría que a se te quedó viendo más, me lo ganaste- murmuró Aoi acercándose a su amigo.- Hoy te ves radiante, Kyou-chan.

- ¿Crees?, yo diría que se te quedó viendo a ti porque se te transparenta la blusa y se te ve todo, te dije que no se te olvidara ponerte el sostén- respondió él.

No pudiéndolo evitar, Uryuu se volteó sorprendido a mirarlos pero simplemente se encontró a los "enemigos" aguantando la risa. El chico se sonrojó y se volvió avergonzado para enterrar la cara en su cuaderno, por ese tipo de cosas dudaba todavía de lo dicho por su padre.

- ¿Y si nos lo compartimos?- preguntó la pelinegra para mayor vergüenza del chico.

- No, tú sabes que soy bien envidiosa- respondió Kyou siguiéndole el juego.

- But you know, ¿que tal que nos lo vamos turnando?.

- Esta vez no linda, todo o nada.

- Ya nos hemos compartido otras cosas, no debería ser diferente esta vez.

- ¡Shhhh! no andes de indiscreta.

- Bueno ya, entonces me lo quedo.

- Nada qué, no te aproveches que tienes un par de cosas que yo no.

- ¡Ya basta!- dijo Ishida volteando molesto a verlos pero pronto se quedó blanco como papel.

- ¿Que no nos podemos comer un yogurt a gusto?- preguntó Kyousuke señalando el recipiente

- ¿Eso se iban a compartir?

- Pues sí, ya no había más en la tienda- dijo Aoi mostrando dos cucharas de plástico... el par de "cosas que ella tenía"

¿A qué hora habían comenzado a hablar de comer? ¿o sería acaso que les estaba prestando mucha atención y malinterpretó?

- ¿Quieres?- ofreció ella con seriedad como si anteriormente no se hubiese reído a costa de él.

- N-no... gracias- balbuceó Uryuu regresando la mirada hacia el frente ahora sí queriéndose enterrar vivo en el patio, luego dejó de prestarles atención cuando Sado llegó. El moreno ahora se veía más recompuesto y levantó una mano a manera de saludo.

¿Y si discutía con él todo lo que había escuchado de Ryuuken? Era buena idea tener un confidente y que ambos se volviesen locos por la situación. Miró alrededor del salón para ver si Ichigo ya había llegado y efectivamente, él estaba ya ahí en su pupitre con su habitual ceño fruncido. No, no podía decirle que tenía a los culpables de lo que ocurría en sus narices; Ryuuken también sabía de lo que la pasó a la sociedad de almas y por ende Uryuu ya estaba enterado de todos los tenientes caídos, los capitanes atacados y la desaparición de los ex-capitanes que vivían en la tienda. Si ellos fueron capaces de hacer todo eso en tan poco, el atacarlos en un momento así sería demasiado osado y con toda seguridad terminarían perdiendo porque el shinigami sustituto estaría ciego de coraje y el pelear en esas condiciones llevaba a la destrucción o a una victoria pírrica. Pensando bien en el plan de su padre, se dio cuenta de que si bien no les aseguraba que ganasen, les daba una gran ventaja ya que dejarían fuera de camino por completo a uno de tres y entonces Ichigo sí podría pelear. No tenía tiempo qué perder así que se acercó a Chad.

- Hola Sado-kun- dijo al acercarse.

- Buenos días Ishida- saludó el mexicano pero en seguida notó el tono serio del Quincy.

- ¿Podemos hablar durante el receso?

- Ah, sí por supuesto.

- Bien.

No se dijeron algo más y el chico de lentes regresó a sentarse. Como que la profesora se estaba tardando. Miró hacia la puerta y ahora entró Orihime seguida de su mejor amiga y aunque Uryuu hubiese preferido notar más a la segunda, se enfocó más en Inoue porque parecía que no había dormido la noche anterior. También tendría que preguntarle a Tatsuki al respecto ya que él sabía bien el motivo de esas ojeras y Orihime era una de sus mejores amigas, tenía que hacer algo, aunque fuera solamente decirle "ánimo".

La profesora se presentó luego de su breve ausencia, dio las disculpas pertinentes e inició su rutina escolar.

Nada más al anunciar el receso, varios chicos salieron corriendo del aula, Ichigo se fue con Keigo y Mizuiro a pasar el rato, ambos chicos parecían querer animarlo. Inoue se quedó en el aula con su amiga, quien parecía molesta. También los 'enemigos' salieron juntos e Ishida se acercó a Chad.

- Vamos al techo- indicó el Quincy.

- Tal vez Ichigo esté allá.

- No creo, oí que iría con los demás a comprar algo.

- Está bien.

Ambos chicos salieron del salón en dirección al lugar acordado.

- ¿Qué dirías si te digo que sé quiénes son los enemigos esta vez?- preguntó Ishida recargándose en el barandal de la azotea para mirar hacia abajo, Sado lo imitó parándose a su lado.

- Diría que haces bien en no decirle a Ichigo por ahora- respondió el moreno.

- ¿Has ido a ver a su padre?

- No, no he tenido oportunidad y aunque fuera, no podría hacer algo.

- Yo fui ayer y Ryuuken me advirtió de lo que le pasaba, creo que está en un periodo de suspensión pero no es eso de lo que te quiero hablar. Nos han hecho tontos desde que llegaron- enunció el Quincy señalando a los acusados quienes caminaban de regreso al salón luego de comprar comida.

- Ellos...

- Creo que tú no has visto al hermano de ella... o tal vez sí pero para mayor referencia: es el sujeto de las vendas, el de la playa.

- Parece obvio ahora que lo dices, tan raros- dijo Chad pensativo pero vaya que sí estaba sorprendido- Dime todo lo que te dijo tu padre, por favor.

Uryuu trató de repetir con cuidado cada frase dicha por su progenitor y repasó la conversación varias veces para evitar omitir algo.

- En resumen, para poder atacar, hay que ponerle el cascabel al gato...

- Sí y ahora estamos casi solos, Inoue-san no tiene poderes, Urahara-san y Yoruichi-san están desaparecidos y los shinigamis ahora están en crisis. La táctica que están usando es buena pero no es a prueba de tontos, quiero creer que en ningún momento consideraron el ser descubiertos. Al menos por un momento no he sido obvio pero no sé si soportaré, son culpables de tantas cosas y no puedo hacer algo- dijo Ishida apretando los puños.

- Lo haremos, si lo que te dio tu padre nos ayudará entonces también te ayudaré.

- Gracias, eso es lo que quería. ¿Cómo le damos ésto a ella?- preguntó el Quincy sosteniendo frente a sí la cadena con el dije. Ahora venía lo que le estaba carcomiendo los sesos.

- ¿Cumpleaños?- preguntó Chad y miró la pantalla de su teléfono para ver la hora, quedaban algunos minutos pero decidieron bajar.

- No tengo idea de qué día se lo haya inventado.

- ¿Regalo casual?

- Sería raro regalar algo solamente porque sí sin que se crea que hay un motivo de por medio.

Ambos chicos siguieron analizando opciones mientras caminaban. Iban bajando las escaleras cuando a Chad se le ocurrió una brillante idea

- ¿Y qué tal una disculpa?

- ¿Una disculpa?

Lo único que Ishida pudo saber luego de aquello es que recibió un empujón por parte de su amigo y que con ello fue a caer encima de alguien.

- Auch...

- ¿Qué te pasa?- preguntó el Quincy a Sado quien se encogió de hombros. Se incorporó para intentar pararse.

- Ishida-san... ¿podrías quitar tu brazo de mi pecho?- preguntó una voz que le bajó la presión al chico.

- Deberías de prestar más atención- dijo el mexicano fingiendo preocupación y apartó a Uryuu.

- Yo también iba distraída- reconoció Aoi siendo ayudada por Chad.

- E-en serio lo lamento... no quise...- decía el peliazul intentando encontrar una excusa y por ello se veía nervioso, también habría que sumarle la vergüenza por tocarle donde no debería y la sorpresa de caerle encima.

- Descuida, solamente fue el golpe, tú te lastimaste más- dijo ella señalando el brazo del chico, tenía una raspada en el codo del brazo que no la había tocado. Le cayó casi encima, anteponiendo una mano en el suelo por encima del hombro de ella y poniendo el otro como soporte a la altura del pecho de la afectada. Seguramente la alma modificada esa que tenía Kurosaki habría estado feliz de haber puesto el brazo donde él.

- Ah...

Ahora todo se había hecho incómodo, al menos para ellos. Aoi ya estaba acostumbrada a esa clase de trato, tantos años de acoso y maltrato en su pasado por parte de su familia y otras personas ya la habían desensibilizado.

- Ten más cuidado, si no hubiera estado yo, te habrías roto la cara o el brazo- dijo ella y subió la escalera que se disponía a subir en un principio. El baño de ese piso estaba muy lleno y fue a ver si el de arriba lo estaba menos.

- ¡¿Por qué hiciste eso?!- gritó Ishida indignado.

- Querías un motivo y ahí lo tienes, puedes darle el dije como disculpa- dijo Chad muy quitado de la pena mientras reprimía la risa. Sí, había sido algo cómico todo aquello pero sin duda ya se había quitado el residuo de duda que tenía con respecto a lo dicho por el Quincy.

- B-bueno sí pero ¿por qué me pasan estas cosas a mí? ¡toda la culpa la tengo yo al no querer ir a otra preparatoria en otro pueblo! ¡Hace rato ya quedé mal con ella y ahora de verdad va a pensar que me gusta o qué se yo!

- Y no quieres que Arisawa se entere ¿no?

- ¡NO, CLARO QUE NO QUIERO! ¡DIGO... AGH!

- Está bien, de verdad lo siento pero entre más pensemos, más trabajo nos costará- lo consoló.

- Admito que fue buena idea.

Dijo Ishida por último y regresaron al salón ahora sí pero justo ellos iban alcanzando el lugar cuando vieron a los pelinaranjas encontrarse en la puerta, Ichigo iba de salida y Orihime entrando pero solamente se miraron por un segundo para posteriormente ignorarse y seguir su camino.

- Eso también está mal- murmuró Sado sintiendo algo de pena por ambos.

- Como no tienes idea, mañana te cuento si quieres.

Ambos muchachos fueron a sentarse a su respectivo asiento pero el Quincy se sorprendió al ver que Tatsuki se le acercaba.

- No pude evitar notar que traes el codo lastimado, ¿qué te pasó?- preguntó ella sentándose en la mesa del pupitre de al lado.

- Me caí- murmuró el chico todavía un poco mosqueado mientras se levantaba.

- Pues álzalas cuando camines- dijo la pelinegra y rió un poco, luego sacó su cartera de donde extrajo un curita- Úsalo o te va arder ese raspón.

- Gracias- respondió él sintiendo todavía más pena y se sonrojó un poco, lo que le faltaba ¿qué seguía? ¿examen sorpresa?

¿Por qué será que cuando uno cree que no se puede poner peor, el Hado dice "a éste vamos a trollearlo" y todo se pone todavía más complicado? No solamente la falta de sueño, el malentendido de temprano y la caída le habían arruinado el día sino que ahora no podía colocarse un mugre curita encima de la herida que ya le estaba escociendo. Pero ante su frustración, Tatsuki se lo quitó de las manos.

- Te ayudo que si sigues así, le vas a quitar la goma y no se va a fijar- dijo riendo más y se lo colocó con cuidado, luego le pasó el índice por encima para asegurarse que pegara bien.

- Gracias- repitió Ishida todavía más apenado.

- No hay de qué...- respondió ella mirándolo a la cara. Se miraron por unos instantes hasta que ella apartó su rostro.

- Oh no.

- ¿"Oh no " qué?

- ¿Qué quieres a cambio?- preguntó él con desconfianza porque Tatsuki era tantito manipuladora y ahora estaba en deuda con ella por aquella acción.

- ¿Cómo dices?- preguntó la chica sintiendo que quería arrancarle la cabeza a su... a Ishida a mordidas.

Demasiado tarde como para arrepentirse y también para haber notado que ella se había acercado por preocupación y no por ponerlo en deuda.

Sí, definitivamente alguna mala acción de antes estaba pagándola ese día.

- Nada... yo...

- ¡Serás idiota!- dijo Tatsuki en voz alta y rápidamente le arrancó el curita del brazo. Hubiese dolido menos un piquete de ojo o morderse la lengua. Se regresó a su asiento dando pisotones.

Ishida simplemente suspiró, ¿por qué siendo tan listo a veces era un lerdo en cosas como esas? ya lo hablaría con ella otro día, se dio la vuelta para toparse con su "vecino" de pupitre mirándolo de mala manera, cabe decir que se veía como si le hubiesen ofendido de la peor manera.

- ¿Que le caíste encima a Aoi y no la llevaste a la enfermería?- preguntó Kyou frunciendo el ceño.

Ay, lo que le faltaba.

- ¡Chicos, saquen una hoja y no saquen sus libros, tenemos examen de física!- anunció Ochi-sensei contenta como si anunciara que repartiría cupcakes.

Ay lo que le faltaba x2.


- ¿Por qué me estás siguiendo?- preguntó el capitán Hitsugaya completamente molesto. Ya había transcurrido la mayor parte del día y ahora estaba anocheciendo en el Runkongai, Toshiro buscaba ciegamente cualquier rastro sospechoso y su búsqueda no estaba avanzando para nada. Era seguido de cerca por el otro capitán quien no hacía otra cosa más que ir a la par.

- Te sigo para que no te mates, niño.

- Ya no debería de preocuparles eso. Sé a quién busco.

- ¿Y a quién?- preguntó con interés Zaraki.

- El tipo de la playa... ya sé quién es y estoy seguro de que él fue el que le hizo eso a Momo. Kyoraku y Ukitake me dijeron todo lo que sabían de él, fue un subordinado del comandante de hace mil años, él fue el que dejó todo ese desastre en el infierno ¿recuerdas?- preguntó el muchacho deteniéndose por completo.

- Si es así entonces hemos perdido bastante tiempo- dijo el otro y dejó en el suelo a su teniente, quien iba en su hombro como acostumbraba.- Regresa lo más rápido que puedas y avisa que partiremos a Hueco Mundo.

- Sí Ken-chan.

Dicho eso, la pequeña se marchó. Ni capitán ni teniente querían admitir que estaban conmocionados por la muerte de Hinamori pero eran los únicos que podían ser capaces de quedarse al lado de Toshiro ya que no lo llenarían de preguntas ni tratarían de consolarlo, simplemente estarían allí para ayudarlo, justo como lo estaban haciendo.

- ¿Que no recuerdas que el sujeto ese abrió una garganta quién sabe cómo?

- ...

- Es inútil seguir por aquí. Buscaremos en Hueco Mundo y luego en el mundo de los humanos.

- ¿Por qué no me dijiste antes?- preguntó enojado el peliblanco.

- No me habrías escuchado, mocoso, estabas ciego de rabia- respondió el capitán de la décimo primera para luego comenzar el viaje de regreso.

No era la mejor compañía que Hitsugaya deseara pero en ese momento, no podía pedir mejores "consejos". Estaba actuando como un niño inmaduro, que aunque con su edad se justificase, no podía ser, una de las personas que más quería en la vida había sido asesinada y tenía que mantener la cabeza fría o, como le dijo Kenpachi, terminaría muerto.

- Juro que yo mismo te voy a encontrar, Shimura Shinsuke- murmuró con rabia.

Sabía los nombres de los sospechosos porque los capitanes que le contaron acerca del pasado se los mencionaron sin embargo, Hitsugaya estaba convencido de que había sido una persona y no tres las causantes de la muerte de Hinamori.


Ichigo continuó su día sin molestarse mucho por ciertos detalles. Pasó al hospital antes de ir a su empleo para ver si había algo nuevo pero nada. Su jornada laboral transcurría como los otros días anteriores, solamente recogía platos y limpiaba mesas puesto que todavía no estaba muy habituado a hacer otras cosas como los otros. Miró el reloj y ya casi daban las diez, ya pronto lo dejarían libre.

- Muchachos, ¿quién va a Yokohama conmigo mañana?- preguntó de pronto el señor Yamazaki con alegría.

- ¿A qué hora?... ouuuuu- preguntó Yagami pero cayó en cuenta de su error enseguida.

- Te quiero a las siete aquí enfrente.

- Oh Merde!

- Sin insultos, por fa; y si vienes tú, también viene...

- ¡NO!- gritó Aoi.

- Bueno, pues seremos él y yo nada más, ¿segura que nos vas a dejar solitos? ¿podrás vivir con eso? siendo solamente nosotros dos, no regresaríamos hasta la madrugada.

- Pues quédense.

- Recuerda que Yokohama tiene varios puestos de comida y siempre que vamos, yo pago.

- ¿Por qué será usted así?, ¡Bien, iré!

- ¿Y por qué no hacerlo más especial? ¡Tú también vienes, Kurosaki!- anunció el jefe palmeándole un hombro al mencionado.

- Pero yo...

- Descuida, saldremos a las siete y te prometo que estaremos de vuelta más o menos a las cuatro, al muelle que vamos no queda tan retirado de aquí. Mañana alquilaron este lugar para una fiesta y necesitamos comprar verduras, mariscos y pescado. Me sale más barato ir hasta allá que encargarlo. Te diría que trajeras a tus hermanas pero es arriesgado además, pienso pagarte.

Kurosaki lo consideró por algunos momentos.

- Lo hablaré con mis hermanas- respondió el pelinaranja pensativo pero fue completamente ignorado.

- Como tu casa queda más para la salida de Karakura así que pasamos por ti como a las siete y diez. Lleven ropa cómoda.

- Y...- dijeron los otros a coro ansiosos.

- ¡Ya vamos a cerrar!

- Pero...- dijo el shinigami sustituto al aire.

Todos los presentes se retiraron hacia sus casas luego de terminar bien sus tareas y se despidieron.

Ichigo caminó rápido a su hogar y llegó un poco más temprano de lo normal.

- ¡Onii-chan, hola!- saludó Yuzu algo animada, estaba junto a su hermana sentada en el sillón frente a la televisión. Karin despertó en ese momento y se removió en su lugar, lo cual también despertó a la gata que estaba sobre sus piernas.

- Les he dicho que no me esperen- respondió Ichigo algo severo.

- No te esperábamos, Yuzu quiso ver una película ya que no estabas- dijo la pelinegra adormilada.

- Déjame adivinar: "Los padrinos de Tokyo"

- Ajá.

- ¡A mí me gusta! y no seas mentirosa Karin-chan, dijiste que la pusiera para poder ver cuando llegaras.

- ¡Shhh!- Calló Karin pero pronto los hermanos estallaron en risas que duraron por algunos minutos.

- ¿Cenaron?- preguntó el mayor ya cuando se calmaron.

- Sí.

- ¿Ya se lavaron los dientes?

- Sí.

- Entonces vayan a dormir ¡ahora!- ordenó el pelinaranja señalando hacia las escaleras, las hermanas obedecieron- Esperen, se me estaba pasando.

- ¿Qué cosa Ichi-nii?- preguntó Karin casi cayéndose de sueño.

- Mañana tengo que salir por el trabajo.

- Onii-chan ya es todo un adulto- observó Yuzu.

- Ejém- sin saber por qué, como que Ichigo se sintió más importante frente a sus hermanas y su confianza hacia sí mismo se elevó un punto- Sé que podrían estar solas pero mejor le diré a Tatsuki que les venga a echar un ojo.

- Ojalá que venga con Orihime-chan- apuntó la pelinegra para molestar a su hermano pero notó enseguida que él en lugar de incomodarse, ponía mirada triste.

- Ehhh, de seguro vendrá... en fin, me iré temprano muy temprano y... esperen, he visto que el señor Yamazaki es medio abusivo así que probablemente estaré aquí casi al anochecer- explicó pensativo- si tienen que salir, no lo hagan solas, llamen a Tatsuki o a Chad si ella no puede venir.

- ¡Sí, onii-chan!- respondió la menor porque su hermana se caía de sueño pero ella también ya estaba bastante cansada. Las niñas subieron las escaleras pesadamente por el cansancio.

- Les dejaré una nota de todas formas- les dijo él pero seguramente ellas ya no lo escucharon.

Estaba un poco aprehensivo por irse, temía que les pasara algo, que tuvieran un accidente, que entraran a asustarlas o cosas así, entonces se dio cuenta de que antes de aquello, se preocupaba menos por ellas puesto que su padre estaba ahí para cuidarlas pero ahora que estaban solos, no podía evitar el sentimiento.

- Veamos- se dijo a sí mismo mientras le mensajeaba a su amiga, ella contestó casi de inmediato con un "sí, yo me encargo". En ese momento pensó en Orihime, a eso se refería cuando le dijo que no quería estar con ella, en ninguna de sus tardes tenía demasiado tiempo como para estar con ella porque cuando no estaba en el trabajo, se encontraba haciendo las tareas de la escuela o arreglando algunas cosas de su hogar o en el hospital, haciéndole compañía a su padre. Por mucho que ella lo quisiera, no tenía razón alguna para soportar todo ello.- Así es mejor- se dijo.

Estiró los músculos de los brazos y tomó a Suzu para acariciarla, buscó también a Kon pero de seguro andaba escondido de la gata o de su hermana. Fue a su habitación, decidió tomar una ducha caliente a esas horas para relajarse y posteriormente ir a dormir.


Ichigo se despertó relativamente temprano la mañana de sábado, tenía que admitir que estaba un poco emocionado por salir de Karakura aunque fuera por trabajo sin embargo, las personas con las que iba le bajaban las ganas. El chico rubio sí le caía mal, aunque ya no lo hubiese visto al acecho de Orihime, como que se le hacía un pesado y la chica le era algo inclusive así que no le suponía molestia alguna.

Decidió que era hora de levantarse al ver que su reloj marcaba las seis y cuarto. Buscó ropa cómoda, pero como casi todo lo que usaba podría ser calificado de tal, escogió una camiseta azul claro, unos jeans negros y sus tenis, por ser temprano también tomó una sudadera gris y supuso que Yokohama estaría algo soleado, tomó una gorra azul marino. Desayunó y le escribió algunas indicaciones a las gemelas, les dejó algo de dinero y los números de sus amigos para cualquier cosa.

En todo ello se le fue el tiempo y justo a la hora acordada, sonó el claxon del transporte que utilizarían ese día. Salió y se sorprendió al ver una pick up color roja de doble cabina.

- ¡Buenos días Kurosaki!- saludó el señor Yamazaki desde la ventana del copiloto.

- Buenos días.

- Me alegro que no te quedaras dormido, sube que tenemos que llegar temprano- dijo y la puerta del asiento de atrás se abrió. Ichigo tenía un 50% de posibilidades de ir sentado con su pesadilla pero afortunadamente iba la única fémina ahí.

- Hola- saludó para no verse maleducado. Notó con algo de sorpresa que Yagami iba al volante con cara de querer atropellar a alguien, él simplemente asintió a manera de saludo. Pensó que estaba siendo antipático pero no era el caso.

- Hola- saludó Aoi no muy interesada ya que se veía como si se quisiera bajar y entonces el pelinaranja entendió por qué.

Oh, it's so sad to think about the good times, you and I... 'cause baby we got bad blod.**

- You know it used to be mad love- tarareaba el señor Yamazaki.

- Sí, es fan- murmuró la pelinegra- Pero si le decimos que ponga otra cosa, nos amenaza con bajarnos. Masato dice que una vez sí lo dejó a medio camino.

Genial, ahora le tocaba escucharse varios éxitos del pop reciente, del cual Ichigo no era fan. Afortunadamente para sus oídos, el karaoke de su jefe cesó luego de tres canciones ya que decidió dormir un poco.

- Queda como hora y media de camino- dijo Yagami poniéndose unas gafas oscuras porque el sol comenzaba a brillar con intensidad y le estaba dando en la cara.

- Bueno...- todo estaba siendo algo incómodo así que Ichigo puso algo de buena disposición en él para hablarle- Y... ¿ya tienes licencia?

- Algo así... Oye... Si sabes manejar o hacer algo que te pregunte aquí el jefe, será mejor que le digas que no sabes hacerlo.

- Ya me habían advertido, gracias.

Parecía que el otro muchacho tampoco parecía querer molestarle ese día.

- No te sientes tan cerca de Aoi...- le dijo Kyou mirándolo por el espejo.

- Ni que le fuera a hacer qué- replicó el pelinaranja algo molesto. Eso ya era ser un enfermo posesivo y... oh, ¿por qué ahora sentía que lo abrazaba un pulpo? volvió su vista hacia su compañera de asiento pero ella ahora se había sujetado de él por completo, lo abrazaba fuertemente apresándole los brazos. El rostro de Ichigo se encendió como cerillo por tanta cercanía y porque la chica ahora tenía su mejilla pegada al pecho de él.

- Hmmm... Ryan Reynolds- balbuceó ella entre sueños y se abrazó más al shinigami sustituto.

- Yo te advertí, es que es medio sonámbula, tiene terrores nocturnos y se pega como lapa si siente que alguien está cerca cuando duerme- murmuró el rubio y volvió a prestarle atención al camino- No trates de despertarla o se te va a pegar más.

- ¿Y entonces?- dijo el pelinaranja alterado, sentía su rostro arder no solamente por la cercanía sino porque le estaba sintiendo todo a ella.

- Trata de sacar tus brazos hacia arriba, no se soltará hasta que se despierte sola. ¿Traes la camiseta dentro del pantalón?

- Sí.

- Ah bueno, es que también mete mano.

Ichigo esperó a que él riera por si le estaba jugando una broma pero el chico ya no agregó algo más. Sacó los brazos como le dijeron y ahora la pelinegra se abrazó nada más a su torso.

- Michael Fassbender...- murmuró Aoi sonriendo y tallando su mejilla contra el pelinaranja. Si lo abrazaba nada más así, Ichigo ya no se sentía tan incómodo por lo que la dejó estar. Se dedicó a mirar por la ventana.

Se pensaría que al ser Yokohama un estado todo sería completamente rural pero no, solamente había uno que otro campo a las afueras de Tokyo y de inmediato se veían grandes edificios. El camino que tomaron, llevaba a varios lugares de venta de alimentos, verduras, carnes, leguminosas y todo lo que se pudiese comer.

- Ojalá pudiéramos ir a China Town- comentó Kyou en voz alta y entonces el señor Yamazaki y Aoi despertaron, para entonces ella ya había soltado al pelinaranja.

- Si estamos cerca de ahí, entonces te desviaste mucho Yagami- dijo entre bostezos el jefe.

- No, sólo decía.

- Bueno, busca una salida que nos lleve al Muelle Yamauchi.

En poco tiempo llegaron al lugar señalado, la camioneta quedó aparcada en un estacionamiento público que daba al mar, todos bajaron y el señor Yamazaki junto con el rubio bajaron un par de carretillas de carga y cuerdas. Ichigo tomó la que le dio el jefe y el otro muchacho se quedo con la que ya traía. Iban a dar casi las diez de la mañana.

Se dirigieron en grupo hacia un mercado local en donde vendían al mayoreo.

- Son seis naves... tenemos que dividirnos si todavía queremos alcanzar los descuentos de la mañana. Dividámonos, ustedes dos vayan a la izquierda- dijo señalando a los OCs favoritos de los niños en fanfiction y le dio a la chica el dinero junto con un papel- A ustedes les dan descuento siempre, aprovéchense de ello y traigan las mejores verduras de esta lista, nos vemos en la camioneta cuando terminen, cómprense algo de almorzar.

- Bueno- dijo ella y partieron hacia el lado indicado.

- Tú muchacho, vas a ahorrarme bastante- dijo y caminó hacia el corredor derecho, que era en donde vendían los pescados, mariscos, aves y demás cárnicos. Pero Yamazaki se equivocó al pensar que Ichigo le traería descuentos por joven y apuesto ya que la mayoría de los vendedores eran señores que se dedicaban a la pesca y no señoras amas de casa que se impresionaban al ver a un muchacho de ciudad.

Recorrieron los pasillos de las naves en donde había una infinidad de sonidos, cajas cayendo al suelo, pescados descamándose, personas gritando los precios y lo que ofrecían. Hicieron varias paradas en su recorrido y el carro de carga que empujaba Ichigo, se iba llenando cada vez más de productos. El pelinaranja estaba sorprendido de la capacidad de regatear que tenía el señor Yamazaki, si bien no era un gran descuento, le rebajaba algo al precio que ya en conjunto con lo demás, era un buen ahorro. Ya terminado el recorrido, ambos estaban un poco cansados y se dirigieron a un local en donde vendían takoyaki y té. Se sentaron por un momento para descansar y consumir. También el hombre llevaba algunas bolsas en las manos.

- Cuando regresemos a la camioneta, si quieres puedes ir a dar una vuelta por el lugar, atrás de esto hay varios puestos con recuerdos y otras cosas que te pueden interesar- comentó el jefe contando el dinero que le sobró.

- Sí...

- Eres algo callado, pero lo entiendo. Ánimo muchacho, tu padre se va a recuperar pronto.

- Eso espero, gracias.

Comieron a gusto y fueron de vuelta al punto de encuentro, en donde ya estaban los otros dos esperando mientras comían un ramen instantáneo sentados en el borde de la caja de la pick up.

- ¿Encontraron todo?

- Síp, todo, desde las cebollas hasta las cúrcumas- respondió Kyou tomando el caldo de su sopa.

- Perfecto, ¿terminaste?- preguntó Yamazaki algo ansioso.

- Sí.

- ¡Entonces vamos!

- ¿A dónde?- preguntó Aoi recelosa.

- A arreglar un negocio pendiente- respondió el rubio bajando de un salto.- ¿Vienes?

- No, prefiero ir a otro lado.

- Entonces te quedas aquí, a ver, son las doce y media... nos vemos aquí a las dos en punto, si no llegan los dejo- dijo el jefe y los demás asintieron, se retiró después seguido del rubio.

- Voy a comer más, no sé si quieras ir- preguntó ella a Ichigo ya cuando se quedaron solos.

- No gracias, iré a comprar otra cosa.

Ella ya no le respondió y ambos se fueron por caminos diferentes.

Aquel lugar no se prestaba para perderse por lo que el shinigami sustituto se encaminó hacia donde el señor Yamazaki le había dicho, encontró pronto varios puestos con un sin fin de productos, entre ellos dulces y recuerdos, decidió comprar algo para sus hermanas y sus amigos. Había cosas tan bonitas que seguro les gustarían a las gemelas pero no quería "malcriarlas" así que compró unos caramelos que no vendían en Karakura, para los demás compró llaveros en otro puesto, en donde había dichos objetos a montón y de diversas figuras, unos con lamparita, otros con la forma del estado, otros que nada tenían que ver. Tomó los que le parecieron mejor sin embargo, su vista se fue de inmediato a uno en particular.

- ¿Una katana?- preguntó al ver que había una imitación de katana en pequeño entre los llaveros pero lo que más le llamó la atención eran los detalles, era todo metálico pero tenía la funda bien hecha y en ella tenía un patrón floral, similar al de las horquillas de cierta chica, también la guardia de la espada tenía esa forma y el color. Sin dudarlo lo compró aunque veía difícil poder entregárselo porque ahora no estaba en buenos términos con ella y sería como recordarle que no tenía poderes por ahora sin embargo, se prometió a sí mismo regalárselo algún día.

Siguió viendo más y como ocurre siempre cuando salimos de paseo y nos vamos a curiosear, compró más de lo que pensaba pero no importaba, ya tenía de dónde obtener dinero. También tomó algunas fotos de los edificios, la playa y el mar intentando recordar por dónde venía para no perderse. Miró su reloj y vio que ya casi era hora. Ojalá otro día pudiese visitar Yokohama con su familia.


Al regresar, solamente la única chica que los acompañaba ya estaba recargada en el transporte, ella miraba hacia el mar. Parecía que no se había movido por varios minutos ya que tenía el cabello algo revuelto.

- ¿Llego tarde?- preguntó él pensando en que tal vez su reloj estaba mal.

- No, de hecho llegas minutos antes.

- Qué bien.

Él también se recargó también en la parte trasera de la camioneta para esperar. Ichigo se sentía incómodo pero no mal, pasaron unos minutos y solamente se dedicaba a mirar a su alrededor. No muy lejos se veía un poco el mar y la brisa marina les llegaba casi como rocío y como estaba nublado pero había humedad, ésta les refrescaba un poco.

- ¿Podrías parar con eso?- preguntó Aoi mirándolo levemente molesta, al parecer era porque se encontraba pensando en algo y él la interrumpía.

- ¿Qué cosa?

- Suspiras mucho, suspiras cada vez que respiras- remarcó ella cruzándose de brazos.

- Lo siento- se disculpó él algo confundido.

- ...

- ...

Eso había sido extraño así que el pelinaranja optó por alejarse unos pasos pero se detuvo cuando vio que la chica pasaba una mano por su cara.

- Perdona- murmuró ella ahora suspirando y sin querer, puso cara de angustia cosa que le llamó la atención a él.

- No importa.

- Lo que sea que te pase como para hacerte suspirar así debe de ser grave- dijo la pelinegra para hacer conversación antes de empezar a pensar en lo que la aquejaba.- Estar aquí debería de calmarte un poco.

- Sí... pero al contrario, me hace pensar más en mi viejo- respondió Ichigo y sonrió tristemente. Aoi no dijo algo pero sabía lo que tenía a ese chico así- No muchos lo saben, mi padre está en el hospital.-le dijo porque al estar ahí, sintió la necesidad de hacerlo, de liberar su carga y que se la llevase el mar.

- ¿Es grave?- preguntó ella algo interesada.

- Está en coma.

- Ah... lo siento, ojalá que se recupere.

- Gracias.

- Tú vives solamente con él y tus hermanas, ¿no?

- Sí.

- Perdona por decirte lo de tus suspiros.

- Ya te dije que no importa.

Nuevamente se quedaron en silencio, viendo el mar, escuchando los autos pasar y el aire revolverles los cabellos.

- No le dices a nadie porque ahora no necesitas de palabras dulces con comprensión o miradas de apoyo que te hagan sentir mal, simplemente necesitas cargar con todo en tu espalda para sentirte bien y no quebrarte. Te dirán que te apoyan pero en lugar de que te sientas bien, te hundes más. Un gesto de apoyo en estos casos se siente más bien como una puñalada y lo peor es que si tienes a alguien importante, debes de hacerla a un lado para no llevarla contigo- reflexionó Aoi con tono más amable e Ichigo la miró sorprendido.

- Sí...- dijo él con un murmullo- ¿Por qué tú...?

- Me pasó algo así hace tiempo... cuando murió mi padre- reveló ella sin importarle. Se sentía bien el hablar así con alguien que no fuera Yagami. ¿Qué tenía ese lugar?

- Ya veo, qué mal.

- No es del todo lo que pasa sino también el cómo te sientes. pero debes de darte cuenta de una cosa: que todo está en ti- le dijo Aoi y sin querer, le revolvió un poco el cabello. Eso le sorprendió a Ichigo y lo hizo sonrojar, como si fuese un niño pequeño enamorado de su profesora de la cual recibió un cumplido. ¿Qué era ese sentimiento de estar con "la tía buena onda"? se suponía que ellos tenían la misma edad.

- Ajá- murmuró él algo apenado pero se interesó por esas palabras.

- Quiero decir, por ejemplo, si metes una mano en una cubeta con agua muy caliente y la otra en agua muy fría, cada una se va a adaptar a lo la rodea pero si las metes a ambas en agua a temperatura ambiente ¿qué sentirías?

- La mano en agua caliente sentiría frío y la otra calor.

- Sí, pero entonces no puedes decir que el agua está fría y caliente al mismo tiempo ¿verdad?- le preguntó- así pasa con nosotros, te puedes dar cuenta que lo que sientes no está afuera con los demás o con la situación sino que está aquí- le dijo Aoi poniendo una mano en el pecho de Ichigo.

- ...- sin pensarlo él puso la mano sobre la de ella.

- Si te quema o te congela depende de cómo la soportes. El fuego no es más caliente sino que todo depende de qué tanto acerques la mano. Si la metes por completo, te quemarás, si tienes calor te va a sofocar y si tienes frío, te entibiará. Todo lo que sientes reacciona con las cosas de afuera mas no son causa ni consecuencia; no sé qué te pase pero si te alejaste de alguien porque no querías que se lastimara, estás en todo tu derecho de hacerlo y se vale arrepentirse pero alejar tu mano del fuego que te quemó no desaparece la quemadura. A veces solamente te queda curarte.

- Entiendo- murmuró meditabundo el shinigami sustituto mientras trataba de terminar de descifrar todo aquello.

- No está mal querer ir solo, Kurosaki... no está mal- le recordó la pelinegra y ahora no pudo evitar el sentimiento de culpa. Sentía que todas aquellas palabras que le dijo a Ichigo eran para hacerla sentir mejor consigo misma pero lo cierto era que la muerte de Hinamori le causaba cierta incomodidad porque ella prácticamente le prometió que estaría a salvo, además de que su amigo hacía como si ni hubiese pasado nada...

flash back.

La teniente forcejeaba en el suelo intentando soltarse del amarre, todavía estaba furiosa con la mujer por mencionarle aquel momento de su vida. Estaba herida pero no sentía la lastimada.

Aoi la miraba con indiferencia desde su asiento en la mesa de piedra.

Momo dejó de removerse y la miró.

- ¿Por qué no me haces algo?

- ...

- Vas a torturarme ¿no?

- No es mi estilo. Ya te dije que solamente estoy fanfarroneando.

- ¿Entonces qué quieres de mi?- preguntó Momo mitad asombrada y mitad temerosa.

- Información.

- Pues no voy a hablar.

- Probablemente no.- respondió la pelinegra y suspiró, al hacerlo, la otra presente le pudo ver el aliento y entonces notó que la temperatura había descendido súbitamente e iba en picada.

- ¿Tú...

- Sí, yo lo controlo. y te voy a congelar a menos que decidas responderme. Si te golpee fue para que te calmaras y porque me exasperaste con tus gritos, por eso te lastimé pero a partir de ahora no te haré algo más que bajar la temperatura del lugar.

- Eso te afectaría a ti también.

- En absoluto. Soy invulnerable al frío extremo, puedo hacer de cualquier lugar un congelador sin que me pase algo.

- Tu zanpakuto... ¿Controla el clima?- murmuró Hinamori comenzando a sentir las piernas y loa brazos atados entumidos pero ignoró por un momento aquello ya que tenía que preguntarle y al parecer, esa mujer ahora estaba dispuesta a conversar.

- Algo así, también es una fábrica de hielo y electricidad.

- Casi como la de Shiro- se dijo a sí misma la shinigami algo conmovida por recordar al capitán y su breve conversación.

- ¿Cómo quién?- preguntó Aoi interesada y se levantó para caminar alrededor de ella.

- Una persona- dijo Hinamori recelosa

- Imposible, solamente en mi familia podíamos usar ese tipo de habilidades- aseguró pero la chica nada más se encogió de hombros. Aoi caviló un poco y ahora que lo pensaba... ya sabía que Rukia Kuchiki tenía una zanpakuto que era tipo hielo y ahora recordaba haber visto a uno de los capitanes el usarlo también... ¿Y si ese niño que dejó vivo, su sobrino específicamente, había sobrevivido luego de que lo abandonase? ¿y si esos dos estaban relacionados con ella? habían pasado mil años, no le afectaba mucho el tiempo a ella pero ¿qué tal que al hijo de su hermano sí y había procreado...? bueno, ya pensaría luego en ellos, los familiares que si acaso le importaban, estaban todos a su alrededor.

- ¿Por qué haces ésto? no se ve que tú seas una mala persona... no dejaste que esos hombres se me acercaran- preguntó Momo.

- No te conformes nunca solamente con lo que ves, si no hay sangre en mis manos no quiere decir que no haya matado antes- aclaró la pelinegra pero la muchacha ya no le respondió, no sabía si era porque no quería o porque ya no podía, incluso ella estaba comenzando a sentir un poco de frío en la piel por lo que decidió parar en ese punto. Habían pasado al menos dos horas y media.

Hinamori seguía sin querer hablar e intentaba mantener su vista fija en la mujer pero la vista ya la tenía borrosa, la hipotermia era visible en su pálida piel.

- ¿De verdad piensas dejarte morir?- le preguntó Aoi.

- T-tal vez...

- Allá tú.

- Y-yo re-realmente no s-sé mucho... s-sólo lo n-necesario. P-pero t-tal vez con esso y-ya pu-puedan ha-hacer algo co-contra m-mis amigos...- dijo Hinamori con mucho trabajo, si bien no estaba recibiendo golpes, aquel frío era casi comparable con una golpiza.

- Todo lo que quiero es saber cuánta seguridad hay y si hay algún plan en marcha, quiénes son las personas que están activas y si los heridos recientes se están recuperando. Puedo averiguar las últimas dos con facilidad pero la primera es la que más me importa y tú debes de saberla, eres una teniente.

- ...

- Si me dices algo o no, de todas formas quedarás como una traidora en el seireitei. El comandante condenó a su hombre de mayor confianza a muerte y encerró a su propia sangre en el infierno, no esperes que te reciban con los brazos abiertos ya que de una u otra forma van a dudar de ti.

- Mientras él c-crea en mí, no i-importará lo que o-opine el resto...

- Vaya que tienes más optimismo que un pensador de la Ilustración. Será como quieras entonces- dijo la mujer y volvió a sentarse.

Pasó al menos otra hora en aquella cueva, la teniente apenas y mantenía la conciencia, su respiración era débil además de que casi no se percibía su energía espiritual.

- Aguantaste bastante pero en este punto, ya no puedes resistirte. De ti va a depender si puedes despertar para advertir a todos de mí... de nosotros.

- Si me regresas... ten por seguro que Shiro los vencerá- dijo Hinamori en un susurro.

- Lo enfrentaré entonces, vas a estar bien... simplemente habla y te dejaré ir o ahora sí te voy a congelar para después traer a otro shinigami, otro teniente estaría bien.

Momo abrió grandes los ojos ante tal comentario puesto que no solamente implicaba su muerte sino que también otro de sus compañeros sufriría lo que ella, si podía evitarlo, haría lo que fuera. Tenía que poner todo su corazón y esfuerzo en recuperarse de la hipotermia que estaba sufriendo para contrarrestar su acto.

- Todas las noches, hay patrullaje pero es aleatorio en sus horas de pasar, estoy segura de que ya había pasado cuando ustedes me secuestraron...- comenzó la teniente mientras sentía picor en los ojos. La pelinegra le puso atención y trató de recordar.

Por un momento, Aoi creyó que sí se dejaría morir pero al escucharla, también pudo escuchar su determinación por pensar en recuperarse.

- ¿Estás bien? oye...- decía Ichigo algo preocupado puesto que la chica que lo acompañaba, se había perdido en sus pensamientos.

- Ah sí, disculpa- respondió ella sobresaltada.

- Si... si tienes algo que te preocupa, estaría bien que aplicaras lo que me dijiste- le dijo él pasando una mano por su cabellera algo incómodo.

- Lo haría si pudiera pero lo que paso no es parecido a lo tuyo, yo simplemente siento culpa y que no estoy haciendo lo correcto desde que llegué a Karakura- dijo Aoi encogiéndose de hombros.

- ¿Eh?- soltó el pelinaranja sin saber a qué se refería ella.- ¿A quién mataste?- preguntó como para bromear pero ella se tensó y se lo quedó mirando por varios segundos con los ojos bien abiertos.

- No es nada, no me hagas mucho caso... allí vienen el señor Yamazaki y Kyou- señaló la chica para cambiar de tema.

El shinigami sustituto pensaría en lo que había hablado con ella esa tarde pero la reacción de ella lo desconcertó por completo. Ya se pondría a discernir de ello más tarde, lo que quería ahora era irse de allí esperando que el viaje de vuelta fuera más ameno.

- Teniendo a su lado la mágica espada y amigos que no fallarán- llegó cantando el señor Yamazaki mientras se contoneaba a cierto ritmo, depositó un par de bolsas en el suelo para comenzar a buscar las llaves de la camioneta.

- Las fuerzas malvadas querrán liquidarlo y nunca descansarán- continuó el rubio y elevó una palma cuando llegó a su lado.

- ¡HE-MAN!- gritaron los dos y chocaron palmas para proseguir tarareando dicho intro de esa serie.

- Haré de cuenta que no vi eso...- susurró Ichigo sintiendo pena ajena.

- No es nada, se saben muchos openings de series y los cantan juntos... en cualquier lado, a cualquier hora. ¿Qué fueron a hacer?- preguntó Aoi para que dejaran de cantar.

- Negocios- respondió el señor Yamazaki.

- Apostaron de nuevo con los marineros ¿verdad?

- Hoy cenamos costillar de cerdo, ¡uno para cada quien!- le dijo Kyou levantando un pulgar.

- ¿Qué van a hacer si los siguen y los golpean? porque conociendo a éste- regañó ella señalando a su amigo- Hicieron trampa o algo así.

- ¡Me ofendes niña! jamás me aprovecharía de la astucia de un muchacho para abusar de gente que si no me daba su dinero, terminaría gastándolo en licor o algo peor- dijo el señor acomodando sus bolsas en la parte de atrás.

Ichigo los miraba sorprendido pero se permitió reír.

- ¿Sabes manejar?- preguntó el jefe de todos al pelinaranja.

- No, lo siento.

- ¿Tú?- dijo ahora dirigiéndose hacia la única chica presente.

- Sí... ¡rayos!

- Pues ya estás, te toca llevártela- dijo por último él, le dio las llaves y se sentó en la parte trasera de la cabina.

- Tengo sueño- murmuró Kyou, luego abrió la puerta para después sentarse al lado del señor Yamazaki. Entonces Ichigo suspiró y se fue a sentar al asiento del copiloto.

Nada más al sentarse, los primeros que subieron se durmieron, Aoi subió y se acomodó en su asiento.

- Gracias- murmuró el pelinaranja mientras se ponía el cinturón de seguridad.

- ¿Por?

- La conversación, no siempre hablo con alguien al que no deba de estar golpeando, insultando o ambas por sus impertinencias.

- Ah, de nada, fue agradable- respondió ella y arrancó.

- ¿Ya tienes licencia?- preguntó Ichigo con curiosidad porque él ni idea de cómo prender el auto.

- Algo así...

"¿O sea que si nos detuviesen, irían a la carcel?" pensó el chico rodando los ojos pero pensó en que Yagami le dio la misma respuesta... era algo sospechoso pero no le importaba.

Debido a que esta vez no pusieron música, a Ichigo le vino un poco de sueño por haber madrugado así que se acomodó en el asiento, pegó la cabeza al cristal y durmió, tal y como venían haciendo los pasajeros de atrás.

Iban más o menos a la misma velocidad que cuando llegaron, luego de pasar la parte más poblada de Yokohama. Casi a medio camino, la camioneta dio un frenón muy fuerte. De no ser porque el shinigami sustituto sí se puso el cinturón, se habría dado un golpe muy fuerte con el tablero tal y como lo hicieron el señor Yamazaki y Kyou, quienes se golpearon con los asientos de enfrente.

- ¿Qué pasó? ¿ibas a atropellar a alguien?- preguntó el rubio sobándose la frente, luego miró a su alrededor, ya habían avanzado bastante y aunque ya estaba más poblado, no había tráfico como para decir que ella había frenado para evitar chocar.

- ...

- Ten más cuidado- dijo el jefe y se volvió a acurrucar en su lugar.

- ¿Quieres que maneje yo?- preguntó de nuevo Kyou algo desconcertado porque ella tenía bien sujeto el volante con ambas manos. Ichigo solamente se había despertado y miró algo irritado a la chica puesto que no le gustaba que interrumpieran su sueño pero se sorprendió al ver que ella estaba blanca y le temblaban las manos.

- Entraron... Nii-sama...- susurró Aoi casi muda de miedo pero al estar su amigo detrás y medio amodorrado, no se percató.

- ¿Qué?

- No, nada. Disculpen pero me pareció ver algo y por eso frené.

No había manera que ella le dijera en ese momento a Kyouske que habían entrado a donde estaba El Olvidado...

Siguió manejando pero aceleró lo más que pudo y obviamente en menos tiempo estuvieron ya al frente del local.

- ¡TENGO QUE IRME!- gritó Aoi mientras corría hacia su casa.

- ¿Y ahora?- preguntó el señor Yamazaki sorprendido por la partida de ella y le hizo una seña a los muchachos para que ayudaran a bajar las cosas.

- Tal vez quería ir al baño- opinó Ichigo tomando una caja de verduras.

- Pudo haber pasado aquí- dijo el rubio preocupado y también comenzó a descargar pero momentos después, su celular sonó anunciando la entrada de un mensaje, tomó con un solo brazo la caja de naranjas para ver qué era lo que decía y al leerlo, se le cayeron ambas cosas de las manos.

- ¡Cuidado con las naranjas que se magullan!- alertó el jefe- Y dile a tu hermana que mañana no se salva.

- Ajá... perdone- respondió Kyou recogiendo su teléfono para volver a leer el mensaje porque no daba crédito a lo que leía.

"No me sigas, han entrado a la tumba de mi familia y creo que Nii-sama ya también se dio cuenta. Iré a ayudarle pero tú tienes que quedarte a la vista de Kurosaki."

- ¿No se suponía que nadie más podía entrar ahí?- se preguntó él comenzando a desesperarse; ella tenía mucha razón al decirle que se quedara ya que si ocurría algo y no tenía a nadie de testigo, le tocaría pelear solo.


- Nunca había estado por este lado- murmuró Hitsugaya dándole un vistazo a la enorme lápida. Luego miró a su acompañante que lucía igual de sorprendido que él.

Luego de arreglar todo en la sociedad de almas, a ambos capitanes se les dio el permiso (aunque de cualquier manera, aunque se les negase, habrían ido) y partieron de inmediato. Corrieron por todas las llanuras vacías y arenosas de aquel lugar hasta que el menor detectó algo a la distancia.

- Parece que apareció cuando tú caminaste hacia acá- dijo el otro capitán mirando a sus alrededores.

- Se siente una presencia dentro de esa cueva rara... algo me dice que ella estuvo aquí- dijo el peliblanco adentrándose a la cueva.

Ambos shinigamis entraron por todas y cada una de las cámaras en donde solamente había huesos sobre mesas de piedra formadas por el mismo lugar en donde reposaban algunos huesos, en otras simple polvo, pero en una de esas cámaras había una peculiaridad, la mesa estaba vacía y había huesos en el suelo.

No se sabía de donde pero en la cueva había algo de luminiscencia, la arena blanca reflejaba algo de luz proveniente de un túnel que servía de tragaluz, aunque la única fuente de luz que había era la perpetua luna de afuera, daba visibilidad en aquel lugar.

Los capitanes entraron por completo en aquella cámara y buscaron a sus alrededores. Zaraki se paseó por alrededor de la mesa y en uno de sus pasos, algo crujió, se fijó y notó que era uno de los huesos. Se agachó para fijarse bien y notó que había sangre.

- Deberías de ver esto- dijo el capitán de la décimo primera llamando al otro.

- No podemos permitir que lo vean Aoi- murmuró Shinsuke a su hermana. Ambos estaban vigilándolos de cerca. Él estaba de pie justo detrás de ella así que la pelinegra tenía doble tensión.

- Ya sé pero no tenemos cómo evitarlo, tenemos que esperar a que se vayan... no podemos pelear.

- ¿Cómo entraron?, sólo nosotros podemos y tú... pues... te cargaste a todos.

- No lo sé pero ahora están en donde la tenía- susurró ella sintiendo una punzada en el estómago. El pelinegro comenzó a sudar frío.

- Ella estaba embarazada cuando pasó eso ¿verdad?

- Sí...

- Ya me dirás después qué hiciste, por ahora véndate la cara- pidió Shinsuke mientras le pasaba unas vendas que sacó de entre sus ropas. Ambos lo hicieron y siguieron esperando. Estaban escondidos en una cámara cercana y cada que los capitanes cambiaban de posición, ellos también lo hacían procurando ser sigilosos pero hubo un momento en el que casi los descubren de no ser porque se ella se abrazó a su hermano fuertemente para pegarse ambos a la pared, lo hizo por reflejo porque eso hacía siempre con su amigo y se congeló en el acto al caer en cuenta de que estaba abrazando a la persona que más miedo le daba.- No ahora, por favor- dijo él sintiendo que también se paralizaba. Había una razón por la cuál la despreciaba cuando eran más jóvenes y ahora que la tenía así, tuvo que reprimir el impulso de rechazarla como siempre lo hizo o hacer más fuerte el agarre como siempre quiso, pero se quedaron sin moverse por varios segundos.

Mientras estaban distraídos, Hitsugaya y Zaraki lograron alcanzar el lugar de reposo de El Olvidado. El rugido que emitió la criatura, alertó a los hermanos y olvidaron el momento de "terror" que pasaron para ir hacia allá.

- Pido pelear con el niño- dijo él apartándose de Aoi.

- Necesito terapia- se dijo ella caminando hacia donde estaban sus oponentes.


"Firestarter" Spyair.

Año: 2015.

Álbum: 4.