Disclaimer: NADA ME PERTENECE. Los personajes son de la fabulosa Stephanie Meyer y la historia es completamente de la grandiosa escritora Venezolana Lily Perozo (serie: Dulces mentiras, Amargas verdades) La historia es Rated M, por contener alto contenido sexual. Yo los adapto sin fines de lucro, solo por mero entretenimiento.
Leer bajo tu responsabilidad.
Gracias a Lily Perozo, la autora por permitirme adaptar su historia, sin ella esto no fuera sido posible.
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Capítulo No. 33
Llevaban tiempo sin tener sexo dentro de algún auto, pero ciertos vicios eran imposible de erradicar completamente. El Bugatti estaba estacionado en un lugar alejado del bullicio de la ciudad y de cualquier autoridad que pudiese amonestarlos si los encontraban.
El vapor que los cuerpos desnudos y sudados emanaban empañaban los vidrios del auto. Alice aún vibraba sonriente ante el orgasmo que acababa de experimentar, mientras Jasper le daba tregua, para retomar sus fieras acometidas, apenas si se movía dentro de ella obligado por las exigencias que le hacía su propio placer.
Las manos grandes y fuertes del chico se apoderaban del cuerpo delgado de su novia, la recorría como si no fuese a tener otra oportunidad para hacerlo se aferró a las nalgas y le marcó el ritmo de la danza que él quería que bailara sobre su cuerpo.
Alice vivía para complacerlo, daría hasta lo que no tenía por ver el rostro sonrojado de su novio al sonreír cuando ella obedecía sus sutiles mandatos.
—Así novia mía —suplicaba él jadeando en busca del poco oxígeno con el que contaban en un espacio tan reducido.
Alice apoyó las pantorrillas sobre los muslos de Jasper, para encontrar apoyo en su lujurioso ascenso y descenso, sin querer su pie izquierdo rozó el reproductor de audio y se encendió a todo volumen con música electrónica.
Ambos se carcajearon ante el pequeño incidente y ella con el pie maniobró hasta apagarlo. Y siguió con su labor a la cual se sumó Jasper cerrándole la cintura con las manos y ayudándola.
Se besaban, succionaban y mordisqueaban labios y piel. Disfrutando del sudor que brotaba de sus poros.
Las imploraciones de Jasper lo acercaban al orgasmo, el desespero por aferrarse al cuerpo de Alice aumentaba y sus embestidas eran más contundentes y rápidas. Segundos después se liberaba el torrente en medio de roncos y largos jadeos, como si se quitara un peso de encima, o como si saciara una sed de días que le venía quemando la garganta.
El Sol se había extinguido en el horizonte y su encuentro sexual había durado el tiempo que se llevaba el ocaso en recibir por completo al anochecer.
—Había extrañado la incomodidad del auto, pero sobretodo la destreza que tienes para moverte en este espacio —dijo Jasper abrazándola y pegándola a su pecho.
Alice bajó la ventanilla y la brisa helada los golpeó refrescando el interior del vehículo y el olor del bosque se mezcló con el de sus cuerpos extasiados.
—Me encanta hacerlo en tu auto, así tienes juntas las cosas que quieres —comentó con una sonrisa y empezó a atacar con los dientes el mentón de su novio.
—Por eso me gustas tanto Allie, eres perfecta —le hizo saber mientras repartía besos y cortas succiones a lo largo de la clavícula femenina—. ¿Crees que si llamamos a tu madre te deje pasar el fin de semana conmigo?
—Sé que mi madre me lo permitiría, pero mi padre no y no quiero discutir con él ahora. Mañana buscaré la manera de ir a visitarte.
—Trata de convencerlo, para ir por la noche con Garrett y Kate a Provocateur.
—Convencerlo será imposible, pero sé cómo escaparme. ¿Van Ed y Bella? —preguntó mientras se pasaba al asiento del copiloto y buscaba en la guantera los kleenex, para asearse un poco.
—Invitarlos sería una pérdida de tiempo, Bella tiene el ánimo por el suelo, no hace más que encerarse a llorar.
—Quería mucho a Charlie. Ese día en el sepelio estaba muy mal —le tendió varias toallas de papel a Jasper y él empezó a frotarse el vientre.
—Sí hasta donde tengo entendido era como un padre para ella. Sólo espero que supere pronto la pérdida. No sé cuánto pueden alcanzar los niveles de paciencia de Edward y lamentablemente mi primo tiene muy poca tolerancia —acotó torciendo la boca en un gesto de preocupación.
Alice se mantuvo en silencio, ella misma sabía que Edward era algo obstinado y prefirió reservarse su opinión.
— ¿Vamos a cenar? —propuso el chico al ver que su novia no había encontrado respuesta al comentario que había hecho sobre su primo.
—Sí, tengo mucha hambre. Apenas si almorcé porque tenía que pasar por la casa de Tea a buscar el proyecto.
— ¿Cuándo te toca defenderlo? —preguntó reacomodándose la ropa interior y el pantalón.
—El martes. Sé que estoy preparada pero aun así me siento un poco nerviosa. No tanto por mí si no por mis compañeros, todavía no hemos hecho la práctica grupal y no encontramos un lugar apropiado.
—Reúne a tus compañeros y el lunes pueden practicar en la sala de juntas del grupo. No habrá ningún tipo de reunión.
—Amor, no quiero causarte problemas en el trabajo, si tu padre se entera podría molestarse.
—Mi padre jamás se molestaría porque disponga de la sala de reuniones, no se molestaría por nada de lo que haga en Nueva York. Él se encarga de dar órdenes en Río, aquí las doy yo.
Alice se abalanzó sobre él y le dejó caer una lluvia de besos en los labios que aún se encontraban rojos y llenos por los besos voraces que los llevaron a tener sexo.
—Te adoro, mi dios del trueno, novio mío. —hablaba entre beso y beso, mientras él sonreía.
—Bueno, ya, ya… —nalgueaba a su novia—. Vamos a cenar.
—A mí en este momento empieza a apetecerme algo que tengo muy cerca —se mordió el labio mientras se apoderaba del tibio bulto entre las piernas del rubio.
—Alice, deja las travesuras.
—Está bien, voy a quedarme tranquila —se dejó caer en el asiento y él puso en marcha el auto, después de un minuto de silencio Alice no pudo seguir en silencio—. Sabes novio mío, muchas veces me pregunto si ciertamente posees tanta resistencia como imagino.
—No sé a qué te refieres Alice, pero creo que podría salir de dudas si me pones a prueba.
— ¿Quieres que te ponga a prueba?
—Claro, cuando quieras.
—Está bien, ahora mismo lo haré. —se echó hacía él y empezó a desabrocharle el pantalón.
— ¿Alice qué haces?
—Tú sigue conduciendo, que de eso se trata.
—Tienes ideas de cuantos han terminado muertos en accidentes de tránsito por mamadas.
—Bueno vamos a desafiar a las probabilidades.
—No se me va a parar, me tienes nervioso.
—De eso me encargo yo, ya veremos si no reacciona —le dijo con una sonrisa sagaz y se hacía de su preciado tesoro—.Para estar nervioso, reacciona muy bien —alegó sintiendo como el miembro de su novio empezaba a reaccionar ante sus caricias.
En un minuto entre besos, succiones y caricias. Alice había logrado que el pene cobrara su máxima erección.
—Creo que puedes terminar, si me orillo en la carretera. —propuso con voz ahogada, por la excitación.
Alice deslizó el pene dentro de su boca y lo liberó.
—Tú sigue conduciendo y yo no me voy a detener hasta que acabes en mi boca.
Jasper gruñó complacido, sería primera vez que tendría la satisfacción de saber que su novia se tragaría su semen. Eso secretamente le alimentaba el ego.
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Al entrar a la habitación Edward se encontró con penumbras danzando sobre el cuerpo de Bella que dormía en su cama. Estaba de medio lado de frente a la pared de cristal, afuera las luces nocturnas de la ciudad ofrecían un hermoso y opaco espectáculo a través de la densa neblina que arropaba a Nueva York.
Dejó sobre el sillón de la entrada su portafolio de aluminio y con paso sigiloso se acercó a la cama, donde se sentó al borde, admirándola dormida. No pudo contener sus ganas de tocarla y la mano se posó sobre una de las nalgas recorriéndola con delicadeza y ascendió por el costado que ella le ofrecía ante la posición en que se encontraba acostada.
Llegó hasta la mejilla y con la parte posterior de sus dedos índice y medio, se la pellizcó con ternura.
Bella se removió ante la manera en que la estaban despertando. Giró sobre su cuerpo y se puso boca arriba, sintiendo que el ardor en el filo de sus párpados había llegado para quedarse, porque llevaba siete días atormentándola, aunado al dolor de cabeza.
—Buenas noches —saludó Edward.
Ella pudo distinguir entre las sombras su bonita sonrisa y entonces extendió la mano y acarició uno de los fuertes muslos masculinos.
—Buenas noches ¿hace mucho que llegaste? —las horas de sueño y todo lo que había llorado antes de quedarse dormida le pasaban factura, su voz era extremadamente ronca.
—No. Acabo de llegar —Edward se acercó y le besó la frente, la punta de la nariz y los labios, pero el beso en la boca empezó a dejar de ser casto, en el momento en que le succionó los labios y con la punta de la lengua saboreaba e instaba a que le correspondiera con un beso más apasionado.
Bella sabía que si accedía a un beso más sexual, le daría a Edward esperanzas que ella no estaba en condiciones para complacer. Su apetito sexual estaba por el suelo. Necesitaba de él, pero de su protección, de sus palabras, no de sus arrebatos sexuales. Por lo que se alejó incorporándose.
— ¿Mucho trabajo? —preguntó parapetando una sonrisa y le esquivaba la mirada mientras presionaba el botón al lado del lecho que encendía las luces de los ojos de buey de la placa de mármol negro que cubría el techo sólo en la parte de la cama.
Las luces blancas la cegaron y parpadeó varias veces para adaptar su mirada a la claridad y el rostro de Edward se presentaba ante ella iluminado por los chorros de luz que descendían del techo.
—Sí, igual que siempre, pero hoy —se puso de pie y fue en busca de su portafolio, regresó sobre sus pasos y lo colocó sobre la cama para quitarse el saco y aflojarse la corbata—. Me llegó el informe de los bomberos. —lanzó a un lado el saco y volvió a sentarse al lado de Bella mientras abría el portafolio.
— ¿Qué dice? —preguntó escuetamente, porque no quería hablar del tema, pero prefirió eso a tener que acceder a las insinuaciones de Edward para tener sexo.
—Ciertamente el incendio fue provocado, pero está la falla del sistema contra incendios y por qué no funcionaron. Los dispensadores de agua se encontraban congelados, apenas recibí el informe llamé a la compañía de seguros, los amenacé un poco y antes de enfrentarse a una demanda, pautaron una reunión para el lunes y empezar las reparaciones en la boutique cuanto antes. —dio la explicación mientras le tendía una copia del documento a Bella.
Ella se quedó observando el documento y no se atrevió a agarrarlo, para disimular su rechazo a la idea de Edward. Se llevó las manos a los cabellos y se armó un moño de tomate.
Edward carraspeó y guardó la copia, consciente de que a Bella no le interesaba. Después de un minuto durante el cual admiró en silencio las huellas de las lágrimas en el rostro de ella, acotó:
—Voy a darme un baño, mientras puedes vestirte para cenar fuera.
—No tengo hambre —contestó haciéndole un dobladillo a la sábana que reposaba sobre su regazo y dedicándole toda su atención.
—Bella, no voy a aceptar tu negativa —dijo con rotundidad.
—Lo siento.
—No, no lo sientes —aseguró quitándose con jalones enérgicos la corbata—. Bella han pasado siete días, no puedes seguir así.
— ¿Así cómo? —preguntó ella elevando la mirada y anclándola en la de Edward.
—Como si hubiese sido ayer. Tú no moriste… no fue tu vida la que se quedó estancada en el tiempo. Debes seguir, salir adelante —le aconsejó pero su tono de voz evidenciaba el reproche que le hacía. Lanzó la camisa sobre la cama y empezó a desabrocharse los pantalones.
Las palabras de Edward le dolieron más de lo que ella misma quería. No esperaba que él le recriminara el duelo en el que se había sumido.
—Quieres que siga con mi vida, ¿acaso pretendes que cojamos como unos salvajes y que después salgamos a cenar como si nada hubiese pasado? —hizo a un lado las sábanas y salió de la cama—. ¿Quieres que vaya en contra de mis sentimientos?
—No, no es eso lo que pretendo que hagas, sólo quiero que dejes de llorar todo el puto día y que salgas a afrontar la situación. Sí, Charlie murió y es lamentable, nadie quería que eso pasara, pero tú no moriste con él. ¿Acaso tus sueños murieron con él?
—No puedes entenderme, no puedes Edward.
—Y estoy haciendo mi mejor esfuerzo para conseguirlo. Intento ayudarte, no hago otra cosa que buscar las maneras, me parto la cabeza buscando soluciones al menos en términos legales que es lo que puedo ofrecer. Quisiera devolverte a Charlie, si estuviese en mis manos lo haría, pero no puedo.
—Quieres que vuelva a hacer mi vida, me presionas para que lo haga y sólo quiero tiempo.
— ¿Cuánto más? Tienes cosas que hacer y no puedes quedarte aquí encerrada, porque eso no va a solucionar nada. Encerrarte y llorar no va a hacer que Charlie vuelva.
—No sé cuánto más ¿cuánto tiempo se lleva olvidar a alguien que has querido tanto? —le preguntó luchando contra las lágrimas que empezaban a anidar en sus ojos.
—No se trata de olvidar Bella, se trata de aprender a vivir con su ausencia y seguir con tu vida.
—Por ahora no puedo seguir con mi vida, no puedo ir el lunes a reunirme para que empiecen a hacer las reparaciones en la boutique. No quiero hacerlo y por favor deja de meterte en eso —le exigió y ante la mirada atónita de Edward se fue al closet.
Edward fue detrás de ella y la veía que se colocaba una gabardina color crema por encima del camisón que llevaba puesto y calzó unas botas.
— ¿Qué estás haciendo? —preguntó ante lo que para él era evidente, pero sin embargo quería negarse a la idea.
—Me regreso a mi departamento. No puedo seguir aquí.
—No quiero que te vayas.
—Pero yo quiero irme. Tengo suficiente con cómo me siento, como para tener que discutir. —pasó al lado de Edward y él la sostuvo por el brazo a la altura del codo.
Bella se detuvo de golpe, mirando el agarre, para después desviarla a los ojos de Edward.
—Está bien —musitó al recordar que no le gustaba que la sujetaran de esa manera y suponía que así la agarraba su padre—. Si quieres irte, puedes hacerlo porque no te tengo prisionera en este lugar. Tu problema Bella no es de espacios, ni de con quien estás, el problema eres tú misma.
—Eso lo sé y por eso quiero estar conmigo misma, no quiero estar con nadie más.
—Eres egoísta Bella —dijo mirándola a los ojos y sintiéndose molesto con la absurda actitud de ella.
— ¿Yo soy egoísta? —preguntó completamente indignada.
—Sí, lo eres.
—Quieres que haga lo que tú quieres ¿y yo soy la egoísta?
—No, no quiero que hagas lo que yo quiero, deseo que superes esta situación y para eso tienes que esforzarte y no lo haces, me dejas todo el peso a mí.
—Bien. Te libero de tu peso, ya no tienes que preocuparte por mí.
—No puedo dejar de preocuparme por ti, sólo porque me lo pidas, ni aunque yo mismo me lo exija lo conseguiré.
Bella no dijo nada. Salió de la habitación sólo llevándose su cartera.
Edward la escuchó bajar las escaleras y minutos después las puertas del ascensor abrirse y cerrar. No le quedó más que dejarse caer sentado en la cama con la mirada fija a la nada, tan consternado que ni siquiera lograba pensar nada en concreto.
Después de un tiempo que no logró contar, sintió ganas de ir a buscarla, pero se obligó a no hacerlo, porque tenía la certeza de que si lo hacía, la situación podría empeorar. Ella necesitaba tiempo y él también. Era absolutamente necesario separarse porque empezaban a asfixiarse el uno al otro. Necesitaban tiempo para recapacitar sobre lo que había pasado en los últimos días.
Espero que les haya gustado el capítulo.
No creen que merezca Reviews.
Adelanto del próximo capítulo…
— ¿Estás bien? ¿Acaso me has extrañado? —preguntó él una vez repuesto de la impresión y ella iba a asfixiarlo al cerrarle el cuello con los brazos.
—Demasiado. Lo siento Ed, siento ser tan estúpida, te juro que yo misma empiezo a odiarme, ya ni me soporto —confesó con el rostro enterrado en el cuello de Edward mientras él le acariciaba la columna vertebral.
