Capítulo 35: Descubrimientos
Sasuke:
— Adelante.
Hanabi entrecerró sus ojos y balanceó sus piernas con suavidad, equilibrando su cuerpo; sin perder un segundo la tensión necesaria para un movimiento brusco. Alerta. Le ayudaba estar permanentemente activa para concentrarse en sus tareas. Sobre todo, ahora que tenía la mirada de Shino sobre ella, la amenaza impregnada en su iris muy lejos del aire frío y calculador que acostumbraba.
Él se movió sólo un poco a la derecha, y ella exageró su movimiento del lado contrario. Los ojos perla se desviaron hasta pasar de su rival para contemplar el objeto tras él. Calculaba, o fingía que lo hacía. Su expresión neutra no ayudaba a averiguarlo y Shino no iba a desperdiciar su tiempo en hacerlo. Eligió una cómoda posición que buscaba mediar la distancia entre las dos anteriores de Hanabi; manos y piernas abiertas, las últimas firmes contra el suelo.
La bandera roja se había colocado justo sobre un montículo de piedras mal acomodadas. Algunas con bordes y otras resbaladizas, convertían el camino hacia el objetivo en uno que debía hacerse con rapidez o con demasiado cálculo, ninguno de los dos recomendable. Pero antes de pensar en ello siquiera, se encontraba la prueba más importante: la lucha cuerpo a cuerpo.
Shino era el único que había conseguido pasarla a la primera. Tenten había fallado dos ocasiones y si Hanabi volvía a perder, sería la cuarta. Por eso estaba empecinada en moverse con la cabeza fría y no ceder a la desesperación que le provocaba que Shino resultara tan difícil de perturbar. Lo estaba consiguiendo, pero quedarse quieta mucho tiempo no era tampoco la mejor opción.
Por suerte lo vio un par de segundos antes: el puño de Shino directo a su estómago, y poco después el otro hacia su muslo para perturbar su equilibrio. Ambos los esquivó con tiempo suficiente y procedió a intentar un ataque al rostro, mismo que falló por varios centímetros.
El intercambio de golpes se repitió un par de veces antes de que Shino lograra desequilibrarla con una patada a la espinilla. Le siguieron ataques directos a la cabeza y hombros, mismos que ella consiguió esquivar aunque con menos distancia que antes. El ataque a su pierna sirvió para detener su avance, pero no para evitar una patada directo al costado de Shino, que no consiguió evitarla por el sencillo hecho de que había sido demasiado rápida para predecirla.
Esa era la ventaja de ser tan compacta. Aún si no tenía tanta fuerza, o si sus saltos eran cortos debido a su estatura, Hanabi era más ágil que Shino y Tenten, lo suficiente como para tomarlos desprevenidos y dar ataques rápidos y feroces que ellos no tenían tiempo suficiente de evitar.
La patada no era suficiente para acabar con Shino, pero sí alcanzaba para desequilibrarlo y fue entonces que ella aprovechó para otro golpe, esta vez al costado contrario, y que él esquivó por apenas unos centímetros que le costaron descuidar la zona herida.
Una nueva patada en esa zona y Hanabi fue lanzada un par de metros hacia atrás por un golpe al estómago que decidió no evitar. Había sido su sacrificio a cambio del golpe doble, y a pesar de su expresión dolorida cuando consiguió levantarse, supe que estaba orgullosa de haber logrado concretar su pequeño plan.
Shino no lucía muy contento, pero sí algo sorprendido. Hanabi había tenido unas sesiones particulares conmigo para mejorar la puntería de sus golpes. Ahí estaba el fruto de su trabajo y eso le dio el empuje necesario para acercarse de nuevo a su oponente. Dos golpes al pecho, uno hacia los brazos y un tercer intento de golpe hacia el costado. Shino esquivó todos y devolvió algunos al rostro; intentó desequilibrarla de nuevo golpeando sus piernas y cuando eso no resultó, la pescó de un brazo y consiguió arrojarla al otro lado del lugar.
Hanabi no se lo esperaba, lo noté por su expresión de desconcierto después de que lograra aterrizar en lugar de caer por la fuerza del lanzamiento. Noté el respingo de Tenten a mi lado y la mirada de soslayo de la chica desde el centro. Fingí que no había visto a ninguna; no me correspondía intervenir en los ejercicios.
Pareció entenderlo y se lanzó al ataque de nuevo. El intercambio de golpes duró un par de minutos más. Shino tenía como instrucción proteger el montículo de rocas tras él a toda costa. No debía ser complaciente con ella y mucho menos tratar de ayudarla fingiendo alguna lesión. Si eso pasaba, yo me daría cuenta de inmediato. Era tiempo de que Hanabi llegara a la bandera por sí sola. La condescendencia no le serviría en el exterior.
Noté su objetivo después de que tomara distancia luego de un intento de golpe a la cabeza. Shino tardó más que antes en recuperar su posición; jadeaba, su pecho subía y bajaba constantemente, e incluso una gota de sudor escurrió de una de sus sienes hasta perderse en sus patillas. Hanabi lo había cansado. No lo suficiente para derrotarlo, pero sí para tener un poco más de libertad de movimiento.
Su nuevo ataque fue diferente al anterior. Esta vez sus golpes tenían un objetivo muy simple. La diferencia de alturas era considerable y un golpe al pecho, uno que Hanabi nunca pensó conectar en realidad, logró lo que ella quería: que Shino se agachara levemente en un intento de protegerse.
Hanabi se impulsó hacia arriba y se enganchó al hombro derecho de Shino para apoyarse. Su puño cerrado se dirigió a la yugular y aunque él hizo un esfuerzo por apartarla con sus brazos, ella llegó primero.
Un "golpe" a la yugular. El arma imaginaria que Hanabi sostenía puso fin a su contrincante. Shino no era dado a los juegos, pero por concederle algún gusto a la menor fingió tocar su herida con ambas manos antes de desplomarse en el suelo. Ella rio, apenas unos segundos, antes de continuar su camino hacia las rocas para empezar una ágil y rápida escalada.
Sonreí de lado, una leve chispa de orgullo en el pecho.
— Tu turno — Le dije a Tenten, que luego de un asentimiento abandonó el palco de observación en que nos encontrábamos con un salto. Fue tan amplio que cayó justo a unos metros de la bandera, conservando el equilibrio gracias al arco de sus piernas justo después del aterrizaje.
— ¡¿Qué?! ¡Esto no es justo! — Gritó Hanabi cuando llegó hasta ella. Tenten le sacó la lengua y se colocó en su posición de ataque, con los brazos semi extendidos a sus lados y el cuerpo ligeramente inclinado hacia atrás.
— Allá afuera no decides qué es justo y que no, Hanabi, sólo peleas — Respondí. Su reacción fue un resoplido violento antes de iniciar su ataque a Tenten, que luego de dos golpes directos al rostro que apenas logró desviar, debió borrar su sonrisa del rostro.
El enfrentamiento duró mucho menos que el anterior, debido a que el objetivo de Hanabi había cambiado y ya no era terminar a su oponente, sino escapar con la bandera que no se encontraba muy lejos. Además, intentar una maniobra como la que había utilizado con Shino no era conveniente sobre la roca inestable. La prioridad ahora era salir de ahí lo antes posible.
Se miraron fijamente unos segundos antes de hacer sus respectivos ataques. Tenten tenía un poco más de agilidad que Shino por su cuerpo liviano, pero su debilidad era predecir los movimientos del enemigo con antelación suficiente. Por ello, sus armas favoritas consistían en juegos de cuchillos que podía lanzar desde una gran distancia. Dado que era un entrenamiento sin armas, aquello terminó con Hanabi impulsándose desde el suelo, pasando sobre los hombros de Tenten y tomando la bandera antes golpear las piedras bajo sus pies para lanzarlas hacia su compañera cuesta abajo.
Fue un derrumbe parcial y Tenten debió volver al suelo para que las piedras no la llevaran consigo. Hanabi, de milagro, consiguió mantenerse en la cima que no había cedido al peso.
— ¡Eso sí fue trampa! — Gritó Tenten desde abajo. Shino tras ella sonrió brevemente y Hanabi intentó controlar la carcajada que pugnaba por salir de entre sus labios.
— ¡En el exterior todo se vale! — Canturreó. Alzó la bandera y dirigió su vista hacia mí, una enorme sonrisa en el rostro que correspondí con una más ligera. Decir que no me sentía orgulloso de que finalmente lo hubiera conseguido sería una mentira; los cuatro sabíamos lo mucho que ella se había esforzado por mejorar sus habilidades.
Su sonrisa se borró de repente; su ceño se frunció y todo gesto de victoria se apagó con la nueva presencia en la sala de entrenamiento. Shino y Tenten hicieron un gesto similar. Me abstuve de rodar los ojos al percatarme de quién era.
— Llegaste tarde, vuelve después de la comida.
— Yo también te extrañé, querido — Respondió Temari con tono burlón. Hanabi rodó los ojos. Ellas no se llevaban bien desde los primeros entrenamientos, supervisados por Temari, porque había tratado a Hanabi con excesiva rudeza. No la detuve porque sabía que tenía motivos para hacerlo, pero eso no evitó que se generara cierto resentimiento y que la menor mantuviera distancia con tal de no volver a interactuar con su némesis.
— De verdad, ya terminamos — Me levanté de mi asiento en el palco y la miré —. Si quieres supervisar, tendrás que esperar.
— No vine a eso — Dijo en respuesta —. Hay algunas cosas que necesito discutir contigo.
Por su expresión supe que ella no quería testigos en esa charla, lo cual no mejoraba mis expectativas al respecto. Me tomé la libertad de un breve suspiro antes de dirigirme a mi equipo, que me observaba a espera de instrucciones.
— Vayan al almuerzo. Recuerden que hay entrenamiento con armas a las cinco.
Todos asintieron y abandonaron la sala por la puerta más cercana, la del lado derecho. Tenten inició alguna conversación con Shino y Hanabi los escuchaba atentamente, sólo volviendo de vista de vez en cuando a mi dirección. Aunque no fue desde el inicio del equipo, acostumbraban tomar las comidas juntos para compartir técnicas de combate y algunas estrategias. A veces me unía, pero la mayoría de las comidas o las tomaba sólo, o con Temari como silenciosa acompañante.
— Parecen llevarse bien.
— Me preocuparía si no lo hicieran.
— Y también has logrado que aprendan a entrenar juntos.
— ¿No se supone que todos los equipos lo hacen?
Bufó en respuesta justo antes de sentarse a mi lado. Puso sus manos sobre sus rodillas y contempló la sala ahora vacía.
— Te sorprenderías. Si bien hay una conexión, muchos equipos nunca logran congeniar por el egoísmo de sus miembros. Deidara es un ejemplo, pasó sobre Orochimaru con tal de sobresalir un poco.
— He escuchado cosas de él: impulsivo, de carácter explosivo y resentido con Itachi por lo de su ojo. Me sorprende que les fuera útil hasta estas alturas.
— Se hace un esfuerzo por hacer congeniar a los equipos y a los grupos de misión — Pausó. Ladeó el rostro para observarme —. De hecho, esa es mi principal prioridad en este momento. Te vas de misión en dos días y tienes problemas con tu gente.
— ¿De qué estás hablando? — Pregunté sólo por cortesía, porque sabía exactamente qué era lo que trataba de decir.
— Has evitado deliberadamente a Itachi desde que tienes a tu equipo.
Fruncí el ceño, pero seguí fingiendo que ella no tenía sus ojos sobre mí. No quería hablar del tema y mucho menos con Temari, que se encargaba de supervisar también los entrenamientos de Itachi y algunos otros grupos ligeramente problemáticos.
— No sabía que era un requisito andar tras sus pasos en todo momento.
— Sasuke, es tu hermano.
Suspiré. Al parecer, no era yo quien no estaba enterado de eso.
— Eso no quiere decir que no tengamos cada quien nuestros propios objetivos — Esta vez sí ladeé el rostro para observarla. Hice un esfuerzo por sonar convencido de mis palabras aunque debajo de ellas se escondiera un enojo latente —. Estamos bien.
— Bueno, él no lo está — Dijo en respuesta, más un reproche que un simple comentario —. Necesitas hablar con él.
— Lo haré si resulta necesario.
— Lo harás porque si por alguna razón su grupo necesita ayuda, tu orgullo no puede obstaculizar la misión en lo más mínimo.
Aquello sonaba más como una advertencia, pero no me sentía en absoluto intimidado. Tenía mis razones para haber tomado distancia y una conversación no las iba a hacer de lado, ni siquiera si Temari lo insinuaba.
— Bien — Terminé. Me levanté de mi asiento en el palco para evitar que tratara de hablar del tema de nuevo —. ¿Vas a almorzar?
Bufó, pero no intentó seguir la conversación. Se levantó también y me siguió hasta el pasillo fuera de la sala, lo cual era respuesta suficiente a mi pregunta anterior.
En la guarida de Orochimaru, como le llamaba sólo en mi cabeza, se llegaba a todos lados a través de pasillos. Los principales, más largos y anchos que el resto, desembocaban en el centro de toda la construcción: el pasillo circular con la luz verdosa ubicada en medio de algo parecido a un pozo, que había visto de pasada el día que llegué. Había tardado en entender que la luz no era otra cosa que la fuente de energía del lugar, y cada vez que pasaba intentaba observar el fondo para saber qué tan profunda era la excavación. Nunca lo conseguía.
No éramos los únicos que iban hacia allá. El pasillo sobre el que caminábamos terminaba en una bifurcación con un segundo pasillo que provenía de otras salas de entrenamiento. Algunos híbridos conversaban animadamente entre ellos y otros parecían apurar el paso para ser los primeros en llegar a la cafetería. Entre voces y sus ecos en las paredes, conseguí hacer de lado a mi hermano en mi mente por un momento.
— ¿Por qué hay híbridos que tienen dos aromas? — Pregunté a Temari. Frunció el ceño.
— ¿A qué te refieres?
— Tienen impregnado el aroma de otra persona además del suyo — Completé —. Pensé que era temporal, pero no disminuye. Parece permanente, como adherido… ¿Es normal?
Mi pregunta hizo que sus ojos se entrecerraran. Nadie nos había escuchado, yo me aseguré de ello, pero a juzgar por la manera en que volteó a los lados, parecía importarle nuevamente que no hubiera testigos. Sin embargo, después de unos segundos, su respuesta fue un escueto "Vaya" antes de adelantarse para entrar a la cafetería.
A diferencia de los demás, nosotros no teníamos que esperar para ser atendidos por los híbridos en turno para servir la comida en la barra. Era parte de nuestro rango el ser tratados de esa manera, mientras que los híbridos comunes se repartían todo tipo de tareas aleatoriamente. Tanto Temari como yo nos asegurábamos constantemente de mantener el porte de un líder y parte de ello era también aceptar privilegios como esos, aún si no eran de nuestro agrado.
Una vez tuvimos nuestros alimentos, nos encaminamos a la mesa más apartada del lugar, misma que ya nos habíamos apropiado y la razón por la que siempre estuviera vacía para nosotros.
— Cuando dos híbridos tienen una compenetración mayor que con el resto, se forma un vínculo a través del aroma — Dijo después de sentarse a mi lado y depositar su bandeja sobre la mesa —. Es como un código de pertenencia, pero sin ser posesivo precisamente.
— ¿Una compenetración como la de los equipos?
— No, no es lo mismo. Estamos hablando de parejas, Sasuke — La palabra me provocó un "Oh" involuntario. No era cómodo para mí hablar de ello —. Cuando dos híbridos se sienten atraídos y es completamente recíproco, el cuerpo de ambos calca el aroma del otro y lo reproduce en una pequeña versión. Por eso no te diste cuenta desde el inicio, no la distinguirías si no la buscaras.
Ya a sabiendas de lo que significaba, di un vistazo al lugar aguzando mi olfato. Temari tenía razón: el aroma no era muy evidente y no estaba asociado a la precaución o la advertencia. Se limitaba a estar presente como prueba de un vínculo mayor, uno que el resto de los híbridos debían respetar por el simple hecho de tratarse de un acuerdo de ambas partes: un cariño recíproco.
— No hay muchas parejas por aquí — Comenté cuando terminé mi inspección. La mayoría de los híbridos ya estaban reunidos por el almuerzo y distinguía pocos vínculos si como el descrito por Temari.
— Recuerda que la mayoría son híbridos recién convertidos. Necesitan un poco más de tiempo para desarrollarse y es difícil formar vínculos en esa etapa.
Aquello fue un amargo e inesperado recordatorio de sus palabras unos días antes. Muchos híbridos estaban ahí como una alternativa a su existencia como humanos normales en el Distrito Laboral. Descrito como un infierno por Temari, era el lugar donde los abusos y la presión de las autoridades era cada vez mayores. Aquel que no buscaba huir con desesperación, terminaba suicidándose en un enorme cañón en la periferia del distrito.
Orochimaru, hasta cierto punto, les había ofrecido otra opción: transformarse en híbridos y ser parte de su ejército cuya culminación sería el golpe definitivo contra la Élite. Ciertamente, había sido impactante saber que lo que en el Departamento de Híbridos se entendió como secuestro y alteración de las víctimas, era en realidad un acuerdo mutuo y nadie había sido obligado a pasar por ello.
Ni siquiera Hinata o Menma… Ni siquiera Itachi.
Traté de enfocarme en mi presente y las palabras de Temari. Pensar de nuevo en esas cosas sólo volvería más difícil la conversación que supuestamente tenía pendiente con mi hermano.
— Tú hueles a él — Le dije al cabo de un rato. Rodó los ojos mientras se llevaba un bocado a la boca —. ¿Por qué? Shikamaru no es un híbrido.
— Tienes razón, pero eso no quiere decir que mi cuerpo no sienta el vínculo — Respondió tranquila, pero noté la tensión en su mandíbula —. Y qué bueno que él no replicó mi aroma. Si lo hubiera hecho, me habrías reconocido la primera vez que nos vimos.
Con eso me di cuenta de otra cosa, una que provocó una sensación incómoda en mi pecho.
— Naruto tampoco replicó el mío.
— Lo hizo — Respondió.
— ¿Qué? — Ante mi pregunta, rodó los ojos. A veces agotaba su paciencia con mucha facilidad.
— No puedes olerte a ti mismo en la otra persona, no sé por qué — Bajó el tenedor al plato y giró un poco en su asiento para observarme de frente —. Sin embargo, a mi equipo le tocó seguirlos al Distrito de Investigación. Menma nos dijo del vínculo.
Dejó los labios entreabiertos, como si quisiera decirme algo más, pero en vez de ello volvió su atención a la comida e ignoró mi expresión de hastío cuando mencionó a Menma.
El tema era cada vez más difícil de evadir, y mucho más incómodo de abordar. El vínculo con su equipo le obligaba a proteger a Menma de mis palabras y mis intenciones. Si bien no se había dado cuenta de mi objetivo, sí podía notar mi hostilidad hacia él y aquello le orillaba a volverse en mi contra. Me sorprendí pensando que lamentaría romper nuestra amistad y camaradería cuando finalmente pusiera mis manos en el cuello de ese imbécil, pero era algo que tenía que pasar.
— No creí que tuviéramos el vínculo desde entonces. Acabábamos de iniciar nuestra relación.
— El vínculo no te pide permiso para aparecer — Respondió con un hilo de voz. Si le traía algún mal recuerdo, no lo mencionó —. Basta con que te huelas a ti mismo para saber a lo que me refiero.
Arrugué el entrecejo, pero mi nariz hizo lo suyo antes de que me percatara. Por debajo del aroma de mi ropa, mi sudor y todos esos otros que pude distinguir como propios, había uno más, uno suave y ligero, que parecía extrañamente acogedor y vivo, incluso alegre.
El aroma de Naruto.
— Bien, he concluido que esto de los vínculos es una mierda — Y ya fuera por mi tono o por el simple hecho de que aquello me enojara, Temari rio con ganas antes de hincar el tenedor en otro alimento y cambiar de tema drásticamente.
Sonreí en respuesta antes de empezar a comer, aunque gran parte de mi apetito se había evaporado. El resto de la conversación llevó a temas menos elaborados y de alguna manera, me sentí contagiado por su repentino buen ánimo y la necesidad de convertir la palpable añoranza de ambos en sólo un mal trago que terminaría pronto.
Aunque fuera mentira.
OoOoOoO
— Menma no tiene otro aroma — Comenté. Aunque quería hacer el tema de lado, la curiosidad picaba cada vez que veía a algún híbrido conocido. Hasta ahora me había llevado la sorpresa de que varios líderes tenían un vínculo, que Tenten y Neji parecían compartir algo, y que la mayoría de los vínculos que se habían formado a lo largo de los años habían sido reubicados en pisos inferiores, más espaciosos y dedicados a las posibles familias que pudieran formarse de esas uniones.
El entrenamiento de las cinco había terminado, así que Temari me convenció de acompañarla a la supervisión de su equipo junto con otros de rango superior. Los entrenamientos de grupos grandes se daban una vez a la semana y era con el objetivo de limar asperezas entre líderes y fomentar la cooperación. Se daban en una sala mucho más grande que la nuestra, amplia y con luces amarillentas en un alto techo. Paredes oscuras, con gradas de descanso recargadas en ellas, y suelo de concreto.
A leguas se veía que era un trabajo complicado y no muy efectivo. Las peleas se suscitaban cada pocos minutos y entraba en juego el orgullo tanto de líderes como del resto de los miembros de sus grupos. Varias veces los ejercicios se interrumpían para dar muestra de sus capacidades en un combate cuerpo a cuerpo. Menma era derribado por sexta ocasión cuando me di cuenta de ese detalle.
— Es muy solitario, no sé por qué esperabas otra cosa — Respondió Temari sin mirarme, más al pendiente de la pelea que de mis palabras.
— Pensé que él y Hinata… — Me interrumpí. No por vergüenza sino porque Menma acababa de ser arrastrado media sala por un sujeto muy violento. Desde lejos era evidente que no estaba en forma y que le costaba mucho trabajo mantenerse al nivel del resto.
— Oh no, para nada — Contestó. Su cuerpo estaba inclinado hacia adelante en el palco de observación, lo que evidenciaba lo preocupada que se sentía por Menma. Sin embargo, su voz estaba muy calmada —. Menma y Hinata tienen un vínculo fraternal. Se protegen mutuamente en combate y también se limitan entre ellos — Menma cayó de nuevo. Temari apretó los puños —. Bueno, eso era antes. Ahora que Neji está más al pendiente de su prima, Menma tiene que hacer muchas cosas por su cuenta.
— No le sale muy bien, por lo que veo.
— Ha perdido la concentración últimamente…
Esperé una explicación, pero nunca llegó. Temari apretaba con sus manos el borde de piedra del palco. Sus ojos se entrecerraban cada vez más y se notaba en la tensión de su cuerpo las ganas de abalanzarse sobre el atacante de Menma y darle su merecido. Desde la distancia ese enfrentamiento se veía muy disparejo, pero el otro sujeto no parecía tener intenciones de detenerse.
— ¿Por qué no lo detienes?
— Menma tiene que luchar sus propias batallas y mantener su estatus. Si lo ayudara, sólo le haría pasar una vergüenza. Tendría el mismo efecto que si un niño acusara a otro con su madre.
Mi nula empatía por Menma hizo que esa escena en mi cabeza resultara graciosa. Sin embargo, cuando observé su cabeza estrellándose contra la pared luego de una patada al rostro de su contrincante, pensé que cualquier cosa sería mejor que someterlo a lo mismo de nuevo. Mi aprecio a Temari y ser tan consciente de su preocupación por su compañero era incómodo. Sólo quería que terminara.
Pensé en interrumpir la pelea, y lo habría hecho de no ser porque Menma se levantó con repentina energía y de un solo golpe mandó a su contrincante varios metros más allá. La pelea continuó, pero me permitió darme cuenta de que mientras los golpes de Menma tenían un propósito, el otro sujeto no era más que fuerza bruta y una inmerecida agilidad. Terminó en el suelo a los pocos minutos y aunque Menma no se veía mucho mejor, hizo el esfuerzo por mantenerse en pie hasta que hicieron el toque de descanso. Entonces se dejó caer.
— ¿Cuánto tiempo le queda de vida? — Pregunté a Temari, que después del enfrentamiento había enterrado la cabeza entre sus brazos para no tener que ver nada más.
— ¿De quién hablas?
— Menma — Parte de la tensión volvió a su postura y en parte me sentí mal por recordárselo —. Tiene lo mismo que Hinata, ¿no? Quiero saber cuánto le queda.
No respondió de inmediato. De hecho, su silencio se extendió tanto que los cinco minutos de descanso terminaron. Menma no volvió a la sala. Me pregunté si a esas alturas seguiría en pie.
— No lo sé — Sacó la cabeza de entre sus brazos y apoyó la barbilla sobre ellos. Su mirada estaba perdida y por un momento pareció hablar consigo misma —. Pero nunca lo vi tan cerca de la muerte como ahora. No sé qué hacer.
Quise responderle que no era algo que pudiera evitar, pero me contuve, a sabiendas de que mis palabras no serían bien recibidas luego de todas esas discusiones que se habían suscitado por causa de él.
Me mantuve en silencio hasta que Temari abandonó esa posición y se excusó diciendo que tenía que ir a ver a Menma. Le dije que estaba bien, que me quedaría otro rato antes de volver con mi equipo. Su expresión, en apariencia tranquila, no podía esconder la impotencia y el miedo que sentía respecto a su pupilo.
No me había puesto a pensar que, si Hinata y Menma seguían así, ella estaba a punto de perder dos miembros de su equipo, y que eso implicaba un dolor que iba más allá de la poca o mucha convivencia con esas personas. "Es como perder una parte de ti", me había dicho. Pensé en el entrenamiento de unas horas antes y la expresión de triunfo de Hanabi. Sí, le creía.
Escuché unos pasos tras de mí y la poca calma que aún conservaba se desvaneció. Reconocía su forma de caminar en donde fuera. Itachi se sentó a mi lado en el palco, la vista al frente como si quisiera aparentar que no tenía intenciones de hablarme.
— Te estuve buscando todo el día.
— Sabes dónde encontrarme.
— Fui a tu sala de entrenamiento, pero no había nadie.
— Sabes mis horarios también. No sé de qué te sorprendes.
Se hizo silencio. Yo mantuve mi vista al frente en todo momento, pero distinguí por el rabillo del ojo que ladeaba su rostro en mi dirección. Aunque tuve el impulso de verlo también, me supe contener.
— Sasuke, por favor.
— ¿Por favor qué?
— Has estado evitándome. Quiero saber qué está mal.
Se hizo silencio entre nosotros, marcado por las respiraciones agitadas de los híbridos bajo el palco. La ira que me había esforzado por contener los últimos días hizo aparición, pero a diferencia de otras ocasiones, no sentía la necesidad de explotar.
Era mi lado de líder, mi parte de Error Genético que me pedía moderación frente a alguien de rango inferior. Me asqueaba pensarlo de esa manera, pero ninguna resistencia de mi parte podría invertir los roles o anularlos.
— ¿Cómo te va con tu nuevo puesto? ¿El grupo de Deidara te aceptó o tuviste problemas para que te obedecieran?
Parpadeó, desconcertado por el cambio de rumbo de la conversación. Sin embargo, parecía entusiasmado cuando respondió.
— Les dejé en claro que mi mando es provisional. No quiero que sientan que les arrebaté a su líder o algo parecido. Parecen haberlo aceptado.
— Me alegro.
— Son bastante entusiastas y me hace comprender un poco por qué él los eligió como su equipo.
— Eso he escuchado.
— También yo. Además, como soy nuevo, tampoco me tienen mucha confianza, pero he hecho un esfuerzo por mostrarles que soy como ellos.
— Lo eres — Dije, con lo que interrumpí lo que sea que iba a decir —. Definitivamente eres como ellos.
Un suspiro suave, en señal de que ya esperaba algo como eso. No apartó su vista de mí y yo me regañé internamente por hablar antes de tiempo, pero seguí fingiendo interés en los combates de la sala con tal de que sintiera mi indiferencia.
— Eres como ellos — Repetí —. Lo que no sé, es desde cuándo lo eres.
Distinguí un brillo de comprensión en su mirada, luego de lo cual la apartó. No esperaba vergüenza ni arrepentimiento y puede que fuera eso lo que me había orillado a evitar la plática: sabía que él no lo lamentaba en lo absoluto.
— Ya eras uno de ellos cuando dejamos el laboratorio, ¿verdad? — Inquirí —. Tal vez desde antes, desde que Orochimaru empezó a hablarte de un mundo mejor a través de los barrotes.
No dijo nada, ni se movió ni intentó tocarme, como en otras ocasiones. Mantenía la mirada en la sala y resistí el impulso de tomarle la barbilla para que volteara de nuevo. Quería que distinguiera el desprecio en mi rostro, que no le cupiera duda de que había hecho algo mal.
Pero no iba a conseguirlo, y esa era la certeza que me dolía más que todo lo que pudo haber hecho alguna vez en nombre de mi cuidado, sin serlo en realidad.
— El asunto es que nunca hablaste — Dije en voz baja —. Preferiste fingir que estábamos condenados a vivir en las calles, que nunca veríamos ese mundo que mamá nos mencionó, que moriríamos en poco tiempo. No fue muy difícil convencerme, ¿o sí?
Mis manos se apretaron contra mis rodillas. Respiré. Le di tiempo, pero él no dijo una sola palabra. Tal vez era mejor así.
— Te quedaste con toda la esperanza, y me dejaste hundirme.
Se escuchó un ligero suspiro de su parte. Distinguí que abrió y cerró la boca varias veces y me pregunté qué quería decir, si realmente alguna de sus palabras valía la pena.
— No quería que te aferraras a una ilusión.
Respiré. Uno, dos, tres.
— ¿Cómo tú? ¿Al punto de dejar a tu hermano a la voluntad de Orochimaru? — Un nuevo silencio. No creí que no tuviera nada que decir, pero tal vez hasta él entendía lo inútil que era tratar de defenderse —. Dime, ¿cuánto tengo que sufrir para ser merecedor de tu preocupación?
— Eso no es.
— No, es exactamente lo que es. Me pregunto qué tendré que hacer para que estés orgulloso de mí. ¿Matar a alguien? ¿Esclavizar? ¿Torturar?
— ¡Eso no es…!
— ¡Cállate! ¡Cállate! ¡Cállate!
Sólo era necesario decirlo una vez, pero el resto me sirvieron para destensarme. Mi voz hizo eco y algunos híbridos cercanos dejaron de entrenar para prestar atención al suceso. Sin embargo, al ver que se trataba de mí, continuaron con lo suyo, sólo volteando de vez en cuando en mi dirección.
Noté a Itachi tenso. No podía hablarme aunque quisiera. Dejé pasar unos momentos, regulando mi respiración, antes de ladear el rostro para finalmente observarlo.
Pálido, como era de esperarse, pero fuera de ello no había señal alguna de enfermedad, dolor o agotamiento. Su objetivo había sido ese lugar desde el momento en que abandonamos nuestro laboratorio. Sobrevivir en las calles había sido un sacrificio a cambio de la gloria de volver con su gente, algo que él alcanzó a comprender porque siempre tuvo la información que necesitaba.
Pero yo no la tuve. Yo sólo lo tenía a él. Y verlo así, tan tranquilo y ligero, con la frase "Estoy en casa" tatuado en la piel, mientras yo luchaba todos los días por mantenerme en pie y fingir que todo a mí alrededor estaba donde debía estar, me enfureció.
Él no tenía el corazón roto.
— Me habrías ahorrado mucho — Espeté al ponerme en pie —, pero había prioridades, ¿cierto?
Sonreí de lado al levantarme, pero ya no lo miré.
— No vuelvas a acercarte para preguntarme estupideces como si de verdad te importaran — Le di la espalda —. Sólo interrumpes el único trabajo para el que me entrenaste: ser un maldito peón.
Abandoné el palco, los puños temblorosos y la sensación de que algo dentro de mí se comprimía dolorosamente.
— Sasuke… — Murmuró. Y seguramente le había costado trabajo decir eso luego de una orden tan explícita.
Pero no volví la vista.
OoOoOoO
Esperé, pero el enojo no se iba. Veinte minutos después de mi discusión con Itachi, volví a la sala de entrenamiento que había estado supervisando, sólo que no en calidad de observador.
Necesitaba luchas y mi equipo ya había tenido su entrenamiento. Además, no me interesaba una pelea civilizada o tener que detenerme a medio golpe para explicar mis movimientos y su objetivo. Me gustaba la idea de enfrentarme a un desconocido, poder hacerlo pedazos aún si me llevaba unos golpes en el proceso.
Seguían ahí, y me incorporé a un grupo reducido al decirles que revisaría sus técnicas de combate cuerpo a cuerpo. Aunque se mostraron dudosos porque nadie les había avisado de ello, pronto me colocaron en frente a un oponente, uno de sus reclutas más jóvenes que me hicieron pensar que esos niveles inferiores destinados para familias, seguramente ya habían dado sus frutos.
El enfrentamiento, lejos de ser decepcionante, me dejó jadeante y sorprendido del nivel avanzado del chico. Me había costado derrotarlo porque era un poco más musculoso que yo, y tenía suficiente agilidad como para evadir la mayoría de mis golpes. Sólo le faltaba un poco de puntería y pensar más en patadas que en golpes de puños. Le hice todas esas correcciones mientras volvíamos a las gradas, pero debí interrumpirme a la mitad porque la puerta de la esquina se abrió con un estruendo y de pronto todo mundo estaba quieto y en silencio.
No lo entendí hasta que vi a los recién llegados. Orochimaru y Kabuto iban al frente, sonrisas de suficiencia en el rostro, acompañados por Menma, más recuperado, y Temari, que tenía una expresión de cautela que no ocultaba el terror que se reflejaba en sus ojos. Antes de que pudiera preguntarme el porqué de su presencia, Orochimaru avanzó en mi dirección, seguido por los otros tres. Saludó al equipo antes de dirigirse a mí, una sonrisa torcida en el rostro.
— Sasuke-kun. Me alegra ver que estás involucrándote con los nuevos reclutas. Ese es el espíritu que busco en un líder — Ladeó levemente el rostro hacia Temari, que bajó un poco la vista mientras se mordía el labio —. ¿Te molestaría darnos una muestra de tus habilidades?
Pensé en negarme, básicamente porque el miedo de Temari no podía ser coincidencia y, como su compañero, era inevitable prestar atención a todas las emociones que surgían de ella. Sin embargo, no parecía ser una opción. Orochimaru me guiñó el ojo y con ello me vi atrapado en una camaradería que no quería. Observé a Menma también, pero lucía tan apagado que no parecía darse cuenta de la conversación.
— Si es en beneficio de ellos, no le veo problema — Lo único que me preocupaba era que mi contrincante se tratara de un inexperto o de alguien que de verdad pudiera derrotarme. Mis habilidades habían mejorado las últimas semanas, pero no significaba que fuera invencible y para mi desgracia, mi papel de líder sería cuestionado si perdía contra alguien inferior.
— Excelente — Y a juzgar por su expresión, pensé que Temari y yo haríamos la demostración. Fue hasta que Orochimaru empujó a Menma hacia enfrente que entendí el miedo de ella, y que poco a poco minó en mi algo parecido al pánico.
Menma estaba muy lastimado; podía contar seis heridas que seguían sangrando y un golpe en el ojo derecho que lo mantenía parcialmente cerrado. Lucía pálido, ojeroso, y por la forma en que se marcaba su clavícula sobre su camisa de color gris claro, también estaba muy delgado. No habría sido suficiente para mí de no ser por su expresión, tan carente de cualquier emoción que no me habría sorprendido que cayera de repente y dejara de respirar.
Noté la sonrisa de Orochimaru cuando vio mi expresión, así como la súplica en los ojos de Temari. Entonces entendí que aquello no era un entrenamiento, sino un castigo, y al observar algunas expresiones de los híbridos a mí alrededor, supe que no era algo nuevo para ellos. Agacharon sus cabezas y dieron varios pasos hacia atrás, dejándonos a Menma y a mí en medio de un semicírculo, no muy lejos de las gradas y la pared.
El ambiente se tensó tanto que temí que alguien gritara en algún momento. Menma no se movió y Orochimaru no dejaba de sonreír, una mano extendida y apoyada en su brazo cruzado que parecía mantener a Temari en su lugar aunque no la tocara.
Tragué saliva. Mi objetivo de acabar con Menma no implicaba terminarlo en una pelea injusta, donde era evidente que sólo se buscaba ridiculizarlo, y mucho menos con espectadores desconocidos y la sonrisa burlona de Orochimaru tan cerca. Paseé mi mirada por el lugar; algunos rostros emocionados contrastaban con la expresión neutra de la mayoría. No pude evitar preguntarme si alguien de ahí de verdad apreciaba a alguien como él o sólo se debía a su rango de líder.
— ¿Qué esperas, Sasuke? — En la voz estaba clara la amenaza. Habría consecuencias si yo no obedecía. Pensé en justificar con una lesión, cansancio, o incluso ofenderme por colocarme a un rival de tan bajo nivel. No pude concretar ninguno de mis planes: un golpe repentino a mi costilla me obligó a retroceder.
Era Menma. El solo esfuerzo de intentar ese golpe había logrado que jadeara dificultosamente y que su rostro que contrajera por el dolor. Sin embargo, su expresión lo decía todo: estaba dispuesto a llegar a las últimas consecuencias.
En realidad, me sorprendió hasta qué punto llegaba su odio por mí y tuve el impulso de ladear el rostro hacia Temari y preguntarle si realmente tenía tanto aprecio a un enfermo como él. No pude hacerlo, porque entonces llegó un segundo golpe, esta vez al rostro, que logré evitar con mi antebrazo y un golpe al estómago que acerté sin problemas.
Menma se inclinó por el golpe y aproveché para otro ataque a las costillas. No lo evitó, pero volvió a la carga con una patada a mi cabeza y luego dos más cuando la primera no conectó. Frené sus golpes y, a pesar del coraje creciente, no pude evitar darme cuenta de que detenerlo era demasiado fácil.
Menma no estaba en condiciones de pelear.
"¿Cuánto tiempo le queda de vida?". Me invadió una repentina ansiedad de que el objetivo de Orochimaru fuera que lo terminara allí mismo, frente a todos. No estaba listo para asimilar la ira de Hinata y Hanabi, mucho menos a Temari que, distinguí por el rabillo del ojo, ya tenía lágrimas en los ojos a causa del estado de su compañero.
Menma siguió atacando con golpes sin puntería ni fuerza. Sus ojos entrecerrados me decían que estaba a punto de desmayarse y lo errático de sus movimientos, que cada músculo estaba en su límite. Me defendí sin esfuerzo, sin intenciones de regresar los ataques.
Sus ojos y los de Naruto no eran los mismos, pero eso no significaba que no pudiera leerlos.
Mi instinto de líder se sobreponía a la realidad. Me encontré buscando la manera de protegerlo.
Le hice tropezar con un movimiento sencillo. Su cabeza se estrelló contra el suelo y para evitar que se levantara, le coloqué un pie sobre el pecho.
— No voy a hacer esto — Dije en voz alta. Ladeé el rostro para encontrar a Orochimaru entre la multitud. Sonreía tanto que me causó repulsión, más cuando noté su mano sobre el antebrazo de Temari, frenándola de intentar defender a Menma —. Si quieres una buena demostración, debe haber otra persona disponible.
La sala quedó sumida en un silencio total. Tan intenso, que me costó trabajo creer que fuera real. El tiempo parecía haberse detenido y capturado todos los rostros en la misma expresión de sorpresa y desconcierto. Por un momento, temí moverme, dejar a Menma en el suelo, desprotegido, a merced de los instintos de lucha de cualquiera de los que estuviera ahí.
Luego, todo pasó muy rápido. Una mano me empujó hacia atrás y tuve que quitar mi pie del pecho de Menma para no caer. Alcé la vista; se escuchó un grito. Menma abrió los ojos en el momento en que sintió una de las manos de Orochimaru cerrarse en torno a su cuello, suficiente presión para levantarlo del suelo y elevarlo hasta que sus pies quedaron suspendidos en el aire.
Por primera vez, la sonrisa de Orochimaru me causó verdadero terror.
Estrelló a Menma contra la pared una vez, luego otra; luego lo arrastró por el suelo hasta el centro del semicírculo y lo hizo mantenerse en pie, para después darle una patada tan fuerte en el estómago que Menma salió disparado contra la barrera de híbridos, derribando a unos cuantos.
— ¡Orochimaru, basta! — La voz de Temari sonaba lejana en mi cabeza y yo no podía moverme. Estaba paralizado por el miedo, por la posibilidad de enfrentarme a alguien que con tres golpes había dejado claro que era mejor que cualquiera de nosotros.
Él no se movía como alguien normal; era demasiado rápido, demasiado fuerte, y la manera en que su cuerpo parecía desaparecer y aparecer en lugares distintos denotaba una agilidad que superaba cualquier cosa que hubiera visto antes.
Había algo bestial en sus ojos, un algo que me había anclado al suelo sin que pudiera hacer algo al respecto.
Temari gritó en su lugar, pero él no escuchó. Recuperó a Menma de entre los híbridos y lo arrojó de nuevo. En el aire pareció una muñeca rota y al estrellarse, ni siquiera hizo el intento de poner los brazos para proteger su cabeza. Dudaba incluso que siguiera consciente, y una nueva patada en la costilla que lo arrastró cuatro metros, me hizo pensar que tal vez ni siquiera seguía vivo.
Temari gritó de nuevo. Orochimaru se acercaba a su objetivo otra vez. Sus ojos dementes y sonrisa enferma hicieron que mi cuerpo temblara, pero esa sensación más apremiante de evitar lo que pasaría me instó a moverme.
Orochimaru alzó el brazo. Mi cuerpo se desplazó sin que me diera cuenta.
Pero llegué tarde.
No se escuchó ningún golpe, ningún grito, y nadie se movió ni hizo nada. Mi cuerpo se había quedado a pocos metros de Orochimaru y Menma, pero había alguien entre ellos que alzaba la mano hacia el atacante, sólo a unos pocos centímetros de un puño que por voluntad del portador detuvo su camino.
El puño se abrió, y la sonrisa de Orochimaru cambió de una maniaca a una de ligera satisfacción. Tocó la mano temblorosa que se oponía a la suya, haciendo que Temari, que se había hincado para proteger el cuerpo de Menma, alzara su rostro cubierto de lágrimas y le mirara con súplica.
Temari suplicando… Era lo último que esperaba ver. Pero estaba tan claro en sus ojos que incluso yo sentí el peso de su derrota sobre mis hombros; y el miedo, y el dolor, y la ira y la impotencia. Y entendí por qué ella había decidido respetar la voluntad del hombre que tenía enfrente, a pesar de todo lo que hizo en el pasado. Cualquier cosa era mejor que tenerlo de enemigo.
— Felicidades — Dijo Orochimaru en voz baja, pero clara —, acabas de aprender el verdadero significado de sacrificarte por alguien.
Soltó su mano. Le dio la espalda.
— Es tarde; preferiría que dejaran su entrenamiento por hoy y tomaran un tiempo libre. Los grupos que fueron seleccionados salen de misión pasado mañana. Los necesito bien descansados.
Algunos respondieron con un "Sí" entusiasta, pero la mayoría se limitó a un asentimiento antes de abandonar la sala a paso rápido. De nuevo me encontré paralizado en mi lugar, incapaz de apartar la vista de Temari sosteniendo el rostro de Menma, rogando que despertara.
— Y Sasuke… — Por primera vez escuchar mi nombre salir de sus labios me heló la sangre. Aparté la vista del suelo para observarlo. La expresión pacífica con que lo conocí había vuelto; sólo en ese momento entendí que era una máscara, una muy peligrosa —. Has hecho grandes progresos hoy. Ahora no dudo en absoluto que estés calificado para la misión.
Quise agradecer para aparentar, pero me encontré incapaz de abrir la boca. Lo sustituí por un asentimiento lento, más parecido a una inclinación respetuosa.
— Necesito que pases al rato a mi oficina para discutir algunos detalles. Trae a tu equipo.
No esperó respuesta. A paso rápido abandonó la sala junto con Kabuto, que había contemplado el espectáculo con silenciosa satisfacción. No pasó mucho para que los curiosos se cansaran y todos dejaran la sala para ir a cualquier otra parte.
Todos excepto Menma, Temari, y yo.
Luego de un momento de silencio, en el que lo único que se movió fue el pecho de Menma muy lentamente, di un paso en su dirección.
— Temari.
— Sasuke, vete por favor — Respondió con voz rota. Una lágrima cayó sobre la mejilla de Menma.
Me detuve.
— Tienes que llevarlo a la enfermería, déjame ayudarte.
— ¡¿No escuchaste?! ¡Dije que te fueras! — Sólo entonces alzó la vista en mi dirección. Los ojos enrojecidos y los labios temblorosos; me miró con un desprecio que no me había esperado —. ¡No te necesito para llevarlo! ¡Él no necesita a alguien como tú!
"¡…alguien como tú!"
Me quedé de piedra, sin respirar. Y mi mirada viajó a Menma de nuevo y, para mi horror, no pude evitar pensar que ella tenía razón.
Abandoné la sala casi corriendo.
Si me quedaba un poco más, me volvería loco.
OoOoOoO
Cuando llegué a la oficina de Orochimaru, Tenten, Shino y Hanabi ya estaban ahí. Por las expresiones de los mayores cuando entré, supe que estaban enterados de lo ocurrido hacía apenas una hora, pero no tuve interés en saber cómo lo habían hecho. Los rumores corrían muy rápido, aunque también se alteraban fácilmente. El único cambio positivo que distinguí fue que tanto Tenten como Shino se ubicaban a los lados de Hanabi, en gesto protector. Una unidad siempre debía procurar mantener protegida su parte más frágil.
— Ah, perfecto, estás aquí — Orochimaru sonrió —. Podemos empezar entonces.
— Pero Menma no ha llegado — Objetó Hanabi. Una mirada al resto y supe que no estaba enterada de ese detalle. Tragué saliva con suavidad.
— Está ocupado. Me pidió que le informara después de lo dicho en la reunión — Respondí, intentando sonar tranquilo. Si Hanabi consiguió percibir la mentira en mi voz, fingió perfectamente no hacerlo. Orochimaru pareció complacido con la escena.
Justo entonces, la puerta se abrió de nuevo. Kabuto entró por ella, con su bata amarillenta y los brazos llenos de lo que parecían ser planos. Los depositó en el escritorio e inclinó la cabeza en nuestra dirección en forma de saludo.
— En seguida Kabuto les dará las instrucciones que necesitarán para su misión — Canturreó Orochimaru —. Deberán repasar el plan un par de veces y coordinarse con el resto de los equipos el día de mañana si no quieren cometer errores.
Se puso en pie. No acostumbraba quedarse a las reuniones, sólo dar instrucciones y esperar que Kabuto puliera la parte estratégica. Lejos de incomodarme, pensé que era lo mejor. No podía verlo a la cara sin pensar en Menma inerte, en la mirada diabólica que le dirigió en cada golpe y en su cuerpo antinatural que se movía con la agilidad de diez híbridos juntos. Había pasado media hora caminando sin rumbo sólo tratando de apartar de mi mente la cara de Temari llena de lágrimas. No pude.
— Confío en que podrás coordinarte con el resto, Sasuke. Si tienes problemas, tu hermano puede ayudarte con algunos grupos difíciles.
Probablemente había dicho eso para molestarme, pero no tenía cabeza para Itachi en ese momento. Se despidió con un "Buenas noches" que intentó ser alegre y que sólo consiguió que se me erizaran los vellos de la nuca.
Apenas se cerró la puerta, Kabuto habló.
— Las cosas han cambiado un poco desde que alguno de ustedes pisó el Distrito de Defensa por última vez… Si es que alguna vez lo hicieron, claro — Se encogió de hombros —. La Élite no deja de colocar protecciones en la periferia y a lo largo y ancho de todo el distrito. Trampas para híbridos, principalmente, y muchas armas automáticas para terminar de aniquilarlos.
Extendió uno de los papeles que había traído. Consistía en el plano de una ciudad con una gran cantidad de puntos rojos y azules.
— Los puntos rojos son trampas especiales para híbridos, mientras que los azules representan puntos de armas automáticas que se activan con movimiento. La ventaja que tenemos sobre ellos, es que para usar cualquiera de las dos primero tienen que evacuar o hacer que toda su población se encierre en sus casas. Sin embargo, sus sensores exteriores son de largo alcance. En definitiva, los verán llegar.
— ¿Cómo entraremos entonces? — La pregunta fue de Shino, que parecía contar los puntos por lo cerca que estaba del plano.
— Desarrollé un sistema de bloqueo temporal a través de ondas — Exclamó Kabuto —. Básicamente, impedirá que cualquier señal entre o salga del área. Las trampas quedarán inactivas, pero no más de tres minutos.
— ¿Qué se supone que haremos en tres minutos? — Pregunté. Me observó con ligero hastío antes de responder.
— Su objetivo es este edificio — Señaló un punto cerca del centro del mapa —. Es el Departamento de Protección Interna: un edificio lleno de policías las veinticuatro horas.
— ¿Tomaremos el edificio? — Cuestionó Tenten. Aquello provocó que Kabuto tuviera que contener una risotada para continuar la explicación.
— Lo que les interesa no es el edificio, sino lo que está abajo — Señaló la estructura con un círculo de su dedo índice —. Ahí se encuentra resguardado parte del sistema de defensa de la Unión.
— ¿Una parte? — La pregunta fue de Hanabi y bastó para hartar a Kabuto. Pareció darse cuenta tarde de que había empezado su historia en la parte incorrecta.
— Verán, todos los muros de protección de la Unión están sincronizados y supervisados a través de tres sistemas de control, ubicados en tres lugares distintos. Están diseñados para funcionar con sólo dos de ellos, pero si dos de tres quedan inactivos, las defensas se caen.
Con su dedo trazó una circunferencia en una zona cerca de la periferia.
— Uno de ellos es inalcanzable en nuestras condiciones: está dentro del muro Élite. Sin embargo, el otro está oculto en una zona de marginados en la periferia y es el que tiene que destruirse junto con el que está dentro de esta estructura.
— ¿No tomarán medidas una vez sepan lo que buscamos? — Pregunté. Negó con la cabeza con el gesto de resignación de alguien que tiene que hablarle a un niño pequeño.
— Los ataques se harán con apenas tres días de diferencia. El asunto es que ellos no saben que tenemos esta información; creen que todavía tenemos la versión falsa de La Red donde el segundo control está debajo del monumento Élite.
Debía tener todo bien planeado como para mostrar esa confianza en sus palabras. El plano estaba lleno de cálculos en las orillas y por la forma en que circuló con un lápiz una nueva zona en el mapa, supe que se trataba de su propio trazo. Me convencí de que debía haber tenido tiempo suficiente para planear aquello, que no todo podía salir mal.
— Un primer equipo colocará los bloqueadores en la entrada al distrito y emprenderá la retirada. Un segundo, tercer y hasta quinto equipo, se encargarán de hacer lo mismo, pero con un repliegue hacia adentro. Los alcanzarán y cuando estén todos dentro de la zona del edificio, buscarán protección hasta que tu equipo regrese con el objetivo cumplido. Luego saldrán de la misma manera.
Sacó otro mapa, que era de la composición interna del edificio. Desde los pasillos hasta los ductos de ventilación, cada cosa estaba explicada por el gran detalle de la imagen. Los puntos ahora representaban vigilantes, el otro obstáculo a atravesar.
— Los códigos de estos sistemas son únicos, y no pueden hackearse desde la distancia o intentar descifrarlos con el poco tiempo disponible — Continuó Kabuto. Circuló la zona del sótano con su índice —. Van a tener que destruirlo, y para ello, tendrán que poner un grupo de bombas de gran alcance justo en la parte más baja del sótano. Si tienen suerte, ustedes y el resto de los híbridos saldrán con el tiempo suficiente para librarse de las trampas y escapar de la explosión.
— ¿Y si no tenemos suerte? — Pregunté, ya sin el intento de amabilidad de mis cuestionamientos anteriores. El plan era riesgoso, contrarreloj y evidentemente suicida para un grupo de novatos como nosotros. No podíamos ser los encargados del objetivo principal. Simplemente, era demasiado.
Kabuto volvió a encogerse de hombros.
— En el peor de los casos, estarán cerca de las trampas y la explosión, y seguramente más de la mitad de sus compañeros no sobreviva al menos que conozcan bien el mapa. Sin embargo, el margen de error de la misión es aceptable. Hemos calculado esto durante meses.
— ¿Y planeas que lleve a todo mi equipo por ductos de ventilación hasta llegar al sótano? — Mi pregunta sonaba más como amenaza y en parte lo era. Había muchos equipos de élite que estaban más calificados que nosotros para una misión como esa, estaba seguro.
Kabuto negó, y su sonrisa pasó de una comprensiva a una mueca burlona y cruel.
— No. Mientras el resto del equipo genera un distractor, sólo uno de ustedes entrará — Ladeó el rostro, sus ojos fijos en algo más allá. El respingo me dio la respuesta a la pregunta que no me dio tiempo de formular y que hizo que todos mis sentidos se pusieran alerta —. Un alguien compacto y ágil, evidentemente.
"Y Sasuke, ante todo, recuerda quién los puso frente a ti en primer lugar"
Kabuto le guiñó el ojo, pero Hanabi se quedó en silencio.
.
.
.
.
.
Continuará.
.
.
.
*arroja algo con frustración* ACTUALICÉ DOBLE, MALDITA SEA.
¿Recuerdan que dije que trataría de ser más constante, que respondería reviews y todo sería amor y felicidad?
Me equivoqué, la universidad es una mierda. Mi semestre fue una mierda. Lo disfruté, aprendí mucho, pero me comió todo mi tiempo y fue horrible. Quisiera ser como esas personas superpoderosas que todo lo hacen y duermen ocho horas.
Por otra parte, ¿adivinen quién cumplió años y se la pasó escribiendo con desesperación? Yo :D Pero tengo una razón de peso: en unas horas me quitan las muelas de juicio. ¿Quién va a escribir con un dolor como ese? Yo no :'D
FELIZ CUMPLEAÑOS A MI BEBÉ SASUKI. FELIZ CUMPLEAÑOS A MÍ Y FELIZ CUMPLEAÑOS A MIS MUELAS PORQUE ELLAS TAMBIÉN CUMPLIERON AÑITOS Y YA SE VAN A LA FREGADA.
Gracias a los que siguen leyendo, a los que se pasan por aquí de vez en cuando y a quienes me han pedido actualización constantemente. Neta, sin ustedes nada de esto tendría sentido.
Los amo mucho. 3
