DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

DECISIONES TOMADAS

EPÍLOGO

BPOV

- Por qué está tan arrugada? – preguntó Nessie cuando Edward le sentó sobre la cama para que pudiera ver a la pequeña Carlie que dormía en mis brazos

- Tú también estabas toda arrugada cuando naciste – le respondió Anthony con propiedad, como buen hermano mayor.

- Todos los bebés son así cuando acaban de nacer – le explicó Edward

- Y por qué? – insistió

- Porque estaba en la panza de mami rodeada de agua. Es como cuando tú estás mucho rato en la bañera que tus deditos se arrugan.

- Ah – dijo sin dejar de mirar a la pequeña – Tiene una nariz muy pequeñita

- Sí – reconocí con una sonrisa

- No se puede meter el dedo en la nariz porque sus agujeritos son muy pequeñitos – dijo con asombro llevando su pequeño dedo al orificio nasal de la niña

- Para eso existen los pañuelos. Tú tampoco deberías llevarte el dedo a la nariz – dije con una regañina divertida

- Sus deditos también son pequeñitos – explicó Edward haciendo que lo mirara ceñuda – Cuando sus deditos crezcan también crecerá su naricita

La pequeña dio un bostezo antes de emitir un agudo hipido en reclamo de su alimento.

Bajo la atenta mirada de mi marido y mis hijos destapé mi pecho y me aboqué a amamantar a la niña.

- No te duele? – preguntó Nessie con sorpresa ante la mirada comprensiva de Anthony

- No – sonreí

- Y si te muerde?

- No tiene dientes aún, cariño

- Ah. Y de verdad tienes leche ahí dentro? – dijo señalando mi pecho con su pequeño dedito

- Sí.

- Y tiene chocolate?

- No

- Y por qué no toma leche con chocolate?

- Porque le hace daño a la pancita

- Ah. A mí no me hace daño.

- Porque ya eres mayor. – rió Edward

Se quedó observándola durante bastante rato en silencio hasta que la niña se durmió. Finalmente sentenció

- Creo que va a ser muy aburrido tener una hermana. Está durmiendo todo el rato. – dijo bajándose de la cama para sentarse en la butaca y comenzar a colorear su librito de Disney, junto a Anthony que jugaba con su consola portátil.

Ya había salido de cuentas hacía tres días. Las contracciones comenzaron por la mañana cuando Edward ya se había marchado al despacho.

Pasado el mediodía le llamé y sólo cuatro horas después de ponerme de parto Carlie llegó.

Era un caluroso día de julio y Anthony no había estado muy feliz de tener que dejar la piscina de sus abuelos para venir a conocer a su nueva hermana. No así Renesmee, ya que ésta era su primera hermana menor y la experiencia la excitaba.

- Es preciosa – dijo Edward admirando a la pequeña que dormía en su cunita cuando ya la familia se había marchado

- Sí que lo es – concedí estirando mi mano para que se acercara a la cama

Sonrió tomando mi mano y recostándose en la cama a mi lado para abrazarme y tumbarme sobre su pecho.

- Cómo te sientes?

- Estoy exhausta – confesé

- Aún recuerdo cuando Anthony nació y prometí que no tendríamos más niños

- Lo recuerdo – sonreí – Pero ya has visto que fue mucho más fácil con Renesmee y ahora con Carlie más aún.

- No sé si habría podido soportar otra vez quince horas de trabajo de parto

- Lo habrías soportado

- Seguramente sí – reconoció besando mi coronilla – Todo por tener a mis dos princesitas junto a mí.

Cuando hacía ya cuatro años habían condenado a Jacob, nuestros problemas habían acabado.

Dos meses después del juicio nació Renesmee nuestra segunda hija y finalmente recuperamos nuestra vida.

Cuatro años después volvimos a embarazarnos y ahora teníamos a nuestra pequeña Carlie.

EPOV

- Anthony, tú vas por la izquierda y Peter – dije volviéndome hacia el pequeño – tú marcas al número 9

Nos quedaban sólo dos jornadas y estábamos en cabeza. Si hoy hacíamos un buen partido, el campeonato sería nuestro. Estaba muy confiado.

Steve Banks era el entrenador del equipo de soccer infantil del colegio. Su mujer, Shelly, se había puesto de parto y él no había podido asistir al partido, por lo que yo, que solía actuar como su ayudante, había quedado a cargo del equipo.

En las gradas estaba mi mujer con mis dos hijas, Renesemee de cuatro años y la pequeña Carlie, que había cumplido su primer año. Rosalie y Alice estaban sentadas a su lado ajenas a sus maridos que se habían detenido en el puesto de los refrescos.

Anthony y Peter jugaban en el equipo de soccer y sin dudas eran buenos, o al menos eso era lo que nosotros, sus orgullosos padres, creíamos.

Perdimos. El otro equipo era muy bueno y no pudimos con ellos. Teníamos todas nuestras esperanzas en el siguiente fin de semana. El campeonato aún podía ser nuestro.

Rodeados de niños y sillitas infantiles comíamos en McDonald's. Los niños mayores, Anthony, Renesmee, Peter, Charlotte y Vera jugaban en la zona de juegos del local. Mientras tanto los adultos comíamos y charlábamos junto a los pequeños, Carlie y el pequeño Nick, el hijo de Emmett y Rosalie que acababa de cumplir seis meses.

A veces era difícil de creer todo lo que nos había tocado vivir en los últimos diez años.

Jacob llevaba encerrado cinco años y ya todos nos habíamos olvidado de él.

Aro me había ofrecido asociarme en Twilight y ahora era socio en el despacho. Bella había reducido su horario de trabajo ya que ser madre de tres niños era un trabajo de jornada completa.

Nuestro matrimonio había tenido altibajos, como todos, pero éramos felices con nuestra familia numerosa y aún conservábamos la pasión. La misma que nos había llevado hacía ya diez años a hacer el amor en el baño de un bar, dando comienzo a nuestra historia de amor.

- Y Emmett se empeña en cambiar el coche – se quejaba Rosalie – Para qué queremos un deportivo? Dónde sentaremos a Vera y a Nick en un deportivo?

- Será sólo para nosotros dos – le contestó mi hermano provocativo

- Cómprate un Volvo – le aconsejé dándole un mordisco a mi hamburguesa

- Quizás podamos venderte el nuestro – ofreció Bella y la miré sorprendido

Se sonrojó ante mi mirada escrutadora.

- Por qué le venderíamos nuestro coche?

- Tal vez necesitemos uno más grande – dijo bajando la mirada a sus patatas

- Uno más grande? – pregunté extrañado

- Uno dónde quepan cuatro sillitas para niños

- Cuatro? Por qué cuatro? – dije incrédulo antes de dejar caer mi hamburguesa estupefacto

- Wow! – gritaron Alice y Rosalie al unísono – De verdad? Felicidades!

Bella no me miró. Yo sin embargo, no podía quitar mi mirada de ella.

Emmett y Jasper reían.

- Vaya que te lo has tomado en serio, hermanito! – dijo Emmett palmeando mi espalda

Tomé su mentón entre mis dedos y la giré hacia mí. Vergonzosa me miró con una sonrisa tímida.

- De verdad? – susurré y movió la cabeza asintiendo – Dios! No me lo creo – exclamé rodeándola con mis brazos y estrujándola contra mí.

Después de todo lo que habíamos pasado para lograr embarazarnos de Renesmee, ahora conseguíamos nuestro cuarto hijo sin siquiera planearlo.

Eso estaba bien.

Muy bien.


Gracias a todos por leer! Sobre todas las cosas gracias por leer!

Y gracias por apoyarme en esta historia que tanto nos ha emocionado a todos, a mí, la primera.

Gracias por los reviews, alertas, favoritos, y la paciencia.

Un especial agradecimiento a:

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por tomarse la molestia de comentar y dejarme saber que iba por buen camino. Espero no haberme olvidado de nadie, si es así, mil disculpas.

Besitos a todos y espero que nos sigamos encontrando en otras aventuras.