Guest: Si, por más que OutlawQueen no sean la pareja principal de esta historia son una pareja que me gusta mucho, así quería que haya algunos pequeños momentos de ellos :)
A Emma nunca le había agradado la idea de ir a un psicólogo, ni hacer terapia. No sabía bien porque, pero creía que el motivo debía ser que no siempre se estaba listo para hacerlo. Emma había ido en algunas ocasiones, pero siempre por obligación de sus trabajadoras sociales o de los directivos de los colegios a los que había ido. Desde que vivía con sus padres, que ellos lo dejaron a su elección. Y finalmente, Emma se sentía lista para hacerlo. La verdad es que necesitaba ayuda y estaba bien admitirlo. Lo que había pasado con Neal y lo que había pasado en el cumpleaños de Regina, eran hechos que le habían demostrado que no podía sobrellevar las cosas solas. Que a pesar de que quería estar bien, a veces le era difícil estarlo y no caer en lastimarse o emborracharse. A veces no podía enfrentar las situaciones estando sola, y eso no estaba mal. Ella tenía amigos y una familia, pero no siempre podía apoyarse en ellos, ella tenía que aprender a estar bien con su ser y enfrentar sus problemas por si misma.
- Buen día. – Saludó David al ver a su hija entrar a la cocina.
- Emma. – Dijo Leo señalando a Emma desde su silla.
- Hola peque. – Saludó Emma dando un beso en la cabeza de su hermano. – Hola mamá, hola papá. – Saludó a sus padres y se unió a la mesa para desayunar.
- Hola cariño. – Dijo Mary Margaret con una sonrisa y le alcanzó una taza con chocolate caliente.
- Quiero hablar con ustedes de algo importante. – Dijo Emma después de un largo silencio, donde solamente se había dedicado a tomar su chocolate.
- Te escuchamos. – Dijo Mary Margaret prestando toda su atención a su hija.
- Sabes que podes hablar con nosotros de lo que sea. – Aseguró David al notar a Emma algo nerviosa e insegura.
- Lo sé. – Asistió Emma dando un largo suspiro. – Es solo que, creo que me gustaría ir al psicólogo. – Confesó jugando con la cuchara que tenía en su taza.
- Eso está bien, si queres ir podes hacerlo. – Aceptó David algo sorprendido ante lo que quería su hija.
- ¿No les molesta? ¿No se van a enojar si voy a terapia? – Cuestionó Emma observando a sus padres atentamente para asegurarse de que sean sinceros.
- Claro que no nos molesta, ni nos va a enojar. – Aseguró David quitando toda preocupación de Emma de su cabeza.
- Nosotros queremos que estés bien, y si para estarlo crees que necesitas ir a un psicólogo entonces te ayudaremos a buscar uno. – Dijo Mary Margaret con convicción.
- De acuerdo, gracias. – Dijo Emma volviendo a respirar aliviada.
- No tenes que agradecernos… - Comenzó a decir David.
- De hecho si, tengo que hacerlo. – Lo interrumpió Emma. – Porque no me obligaron a ir, sino que lo dejaron a mi elección. – Explicó.
- Nosotros jamás te vamos a obligar a hacer algo que no quieras. – Prometió Mary Margaret.
- ¿Qué hay con ir al colegio? – Bromeó Emma.
- ¡No te hagas la viva! – Exclamó David entre risas.
- Hablando en serio, se que ustedes supieron de mis problemas desde que leyeron mis expedientes. – Dijo Emma mientras acariciaba las cicatrices de sus muñecas. – Así que gracias por darme mi tiempo para aceptarlo y hacerme dar cuenta que pedir ayuda no esta mal. – Agregó a modo de explicación.
- El hecho de que pidas ayuda, demuestra lo fuerte y valiente que sos. – La halagó David.
- Estamos orgullosos de vos, y siempre vamos a estar para ayudarte. – Afirmó Mary Margaret.
- Los amo. – Dijo Emma dedicándoles una pequeña sonrisa.
- Nosotros también te amamos. – Dijo Mary Margaret abrazándola.
- Más que a nada en este mundo. – Agregó David uniéndose al abrazo y dándole un beso en la cabeza a su hija.
Emma empezó a ir al psicólogo, o mejor dicho psicóloga. Su psicóloga se llamaba Ashlee, tenía el cabello rubio y lacio, su voz era suave y cálida, su mirada intensa y penetrante como queriendo leer el alma y la mente de los demás. Emma sabía que las primeras sesiones con los psicólogos eran incomodas, pero por suerte con Ashlee sintió que podía expresarse con naturalidad y honestidad desde el primer día. Recién iba un mes de que iba a terapia y ya sentía que Ashlee se había ganado su confianza y cariño. Estaba guardando sus libros en el casillero, mientras pensaba en lo que Ashlee le había dicho sobre aprender a controlar su temperamento y no actuar tan impulsivamente, cuando Millah se apareció a su lado. Miró a esa chica morocha por un largo instante, recordando lo imposible que había hecho su vida desde que la conoció, pero decidió calmarse. No podía dejar que todo le afecte para mal, tenía que dejar de tomarse las cosas tan personalmente.
- ¿Hay algún motivo por el cuál estás acá? – Preguntó Emma al notar que Millah no tenía intenciones de irse.
- Necesito hablar con vos. – Respondió Millah.
- De acuerdo, hablemos. – Aceptó Emma cerrando su casillero.
- Quería pedirte perdón por todo lo que ha pasado entre nosotras. – Dijo Millah algo nerviosa.
- ¿Es un chiste? – Preguntó Emma sorprendida y confundida ante lo que escuchaba.
- No, no lo es. – Negó Millah sacudiendo su cabeza de lado a lado. – La verdad es que todo este tiempo te estuve haciendo la vida imposible y lo lamento. – Dijo con sinceridad.
- Nunca pensé que lo ibas a lamentar, ni mucho menos admitirlo y pedirme perdón. – Comentó Emma intentando asimilar lo que estaba pasando.
- No espero que me creas, ni aceptes mis disculpas, pero en verdad lo lamento. – Dijo Millah dando un largo suspiro.
- ¿Por qué? – Preguntó Emma sin comprender como podían los sentimientos de la otra cambiar de un día para otro.
- El choque, el casi perder a Zelena y Walsh me hizo dar cuenta de que lo que estábamos haciendo no era lo correcto. – Respondió Millah sintiendo dolor al recordar ese momento. – Y el hecho de que casi hayas perdido a tu familia, me hizo dar cuenta de que en realidad toda tu vida haz estado sufriendo. – Agregó con una sonrisa triste.
- Todos sufrimos, el sufrimiento es parte de la vida. – Comentó Emma a modo de demostrar que aceptaba la disculpa.
- A veces me pregunto como haces para ser tan buena con todo lo que te pasó, me das mucha envidia. – Admitió Millah.
- No soy tan buena, soy un desastre y lo sabes. Drogas, alcohol, auto mutilación… - Negó Emma, sin aceptar que la otra pueda verla como un buen ejemplo de persona.
- Pero tenes un gran corazón, sos buena persona, aún cuando el mundo ha sido cruel con vos. – Justificó Millah los motivos por lo cual la envidiaba.
- Eso intento. – Aceptó finalmente Emma. – Vos también podrías intentarlo. – Sugirió.
- Tal vez. – Asisitó Millah.
Sus miradas se encontraron y el mundo pareció detenerse ahí, era uno de esos momentos claves, esos momentos donde la otra persona aparecía real ante los ojos de la otra. Finalmente podían verse aceptando las cosas buenas y malas, tanto de una como de la otra. Ahora podían verse como humanas, como personas reales, personas que también sufrían. Ahora que ya no se veían como enemigas, quizás podía empezar a reinar la paz entre ellas. No que Emma fuera a olvidarse de todo lo que Millah le había hecho pasar, porque ella no se olvidaba de las cosas, menos de las que la hacían sufrir. Millah la había hecho sufrir mucho, pero aceptaba sus disculpas y estaba agradecida de que finalmente esa chica estaba dispuesta de dejar atrás el rencor que sentía por ella. Ellas nunca iban a ser amigas y eso estaba bien, porque uno no puede ser amigos de todas las personas que se cruzan en su vida.
- ¿Millah? ¿Qué estas haciendo? – Cuestionó Regina apareciendo e interrumpiendo la situación.
- Nada, solo hablaba con Emma. – Respondió Millah.
- Nada con vos siempre es algo para problemas. – Dijo Regina mirándola con seriedad.
- Esta vez no. – Negó Emma para hacerle saber a su amiga que todo estaba bien.
- Regina lamento todo lo que te hice pasar este último tiempo, todo lo que te hice sufrir. – Se disculpó Millah. – Si de algo sirve, en verdad te considere mi amiga en cierto momento y me importabas. – Dijo con sinceridad.
- ¿Esta hablando en serio o es un chiste? – Preguntó Regina a Emma.
- Esta hablando en serio. – Respondió Emma.
- No se que decir. – Dijo Regina mirando a Millah con un poco de sospecha y un poco de confusión.
- No digas nada, lamento haber arruinado lo tuyo con Daniel. – Dijo Millah.
- De acuerdo. – Asistió Regina algo insegura.
- No habrá sido la forma correcta, pero por lo menos sabes que es un idiota y no estás más con él. – Dijo Millah muy pensativa. – Deberías darle una oportunidad a Robin. – Aconsejó.
- ¿De qué hablas? – Preguntó Regina asombrada de que Millah haya adivinado que ella sentía una conexión con Robin.
- Sabes bien de que hablo. – Dijo Millah con una sonrisa. – Y Emma, no te preocupes más por Killian, voy a dejarlos en paz. Tuviste razón todo este tiempo, él se merece elegir con quien estar. – Informó dirigiendo mirada a Emma nuevamente.
- Bien. – Aceptó Emma sin saber bien que más decir.
- Suficiente de mi bondad por hoy, hora de que me vaya. – Se despidió Millah y se fue, dejando a Emma y Regina solas.
Regina y Emma miraron a Millah desaparecer por el pasillo. Emma podía notar que Regina estaba tan sorprendida como ella, y se alegraba de no ser la única de que el cambio repentino de Millah haya causado ese efecto desestabilizador. Se quedaron en silencio por un rato, cada una pensando como lo que Millah acaba de hacer las afectaba.
- ¿Estaba hablando en serio? – Preguntó Regina, sin todavía poder creer lo que acababa de suceder.
- Al parecer si, supongo que lo comprobaremos con el tiempo. – Respondió Emma honestamente.
- Esto es increíble. – Comentó Regina.
- ¿Qué es increíble? – Preguntó Emma sin comprender de todo el comentario.
- Como las cosas se van acomodando solas, como vos Emma logras llenar de luz cada cosa que tocas. – Contestó Regina mirándola con admiración.
- Yo no hice nada. – Negó Emma.
- Hiciste mucho, a mí de hecho me salvaste, me hiciste volver a ser quien en verdad soy. – Dijo Regina sonriendo, agradecida de que ahora eran amigas.
- Vos también hiciste mucho por mí. – Dijo Emma devolviéndole la sonrisa.
- ¿Crees que alguna vez vas a poder ser amiga de Millah? – Preguntó Regina con curiosidad.
- No, no lo creo. No creo que podamos, ni queramos. – Respondió Emma sinceramente y de tomó una pausa para pensar. – Pero eso esta bien, no se puede ser amigos de todos. Lo que esta bueno es que a pesar de las diferencias nos respetemos. – Terminó de explicar.
Una vez que dejaron de sorprenderse de lo que había pasado, se fueron a clase. La mañana continuó tranquila. Emma se mantuvo con sus amigos, y Millah se mantuvo lejos de ella, casi haciendo todo lo posible por evitarla. Cuando las clases del día terminaron, Emma fue a su casillero y se sorprendió al encontrar una rosa pegada en el. La tomó en sus manos y la olió, luego tomó el papel que tenía pegado en su rama y leyó: "¿Queres ir al baile conmigo?"
- ¿Y? ¿Qué decis? ¿Queres ir al baile conmigo? – Cuestionó Killian apareciendo detrás de ella.
- Si, quiero. – Asistió ella con una sonrisa y le dio un pequeño beso en los labios.
- ¿Pero? – Preguntó él al notarla algo nerviosa e insegura.
- Nunca fui a un baile escolar. – Respondió Emma. – Nunca nadie me invitó, y aún si alguien lo habría hecho ninguno de los muchos padres adoptivos que tuve me habrían dejado ir. – Confesó tristemente, ella no solía llevarse bien con las fechas o hechos importantes gracias a su pasado en el sistema de adopciones.
- Entonces esta será la oportunidad para cambiar eso. – La animó él. – Porque ahora tenes una persona que quiere ir con vos y tenes padres que te van a dejar ir conmigo. – Le recordó él acariciándole suavemente la mejilla.
- Tenes razón. – Aceptó ella. – Aparte tenemos a nuestros amigos, va a ser divertido ir todos juntos al baile, ¿No? – Dijo ella pensativamente.
- Por supuesto, siempre que estamos todos juntos nos divertimos. – Aseguró él.
- Pero no sé bailar. – Advirtió ella.
- Preparare mis pies para ser pisados. – Bromeó él ganándose un golpe en el brazo de parte de ella. – No tenes que preocuparte por eso, para bailar hay una sola regla. – Dijo él mirándola intensamente.
- ¿Si? ¿Cuál? – Preguntó ella con curiosidad.
- Elegir a un compañero que sepa lo que esta haciendo. – Respondió él.
Killian la agarró de la mano y la sacó a bailar en medio del pasillo. Juntos se movieron en un ritmo lento y sintonizado. Le hizo dar un par de vueltas y ella rió ante el hecho de que estén bailando en medio del pasillo del colegio. Ese chico iba a lograr que algún día su corazón explote. Emma se preguntaba cómo su corazón no había explotado con todas las veces que había sentido que lo hacía. Porque el corazón explota cuando uno esta enamorado, y ella estaba profundamente enamorada de Killian Jones. Agarró el cuello la remera de él y lo atrajo hacia su cuerpo para poder besarlo, pero alguien llamando sus nombres lo interrumpió.
- ¡Killian! ¡Emma! – Gritó Elsa corriendo hacia ellos.
- ¿Qué pasa? – Preguntó Killian dando un largo suspiro ante la interrupción del beso.
- ¿Estás bien? – Preguntó Emma viendo a su amiga estar sin aliento. – Respira. – Indicó.
- Es Liam, esta conectado al skype. – Dijo Elsa mostrando su celular.
Killian y Emma miraron el celular de Elsa y comprobaron que en la pantalla mostraba a Liam en su uniforme del ejército. Liam los saludó emocionado, y después de superar la sorpresa se fundieron en una intensa conversación. Hace varios días que no tenían noticias de él, y por más que nadie lo había admitido, todos habían estado sumamente preocupados. Ver y escuchar la voz de Liam, y ver su cara y comprobar que estaba bien a través del skype hizo que todos volvieran a respirar y dormir en paz.
