Con este cap se da por terminada esta historia. La verdad es que en cierto modo ya tenía ganas, pues no me gusta eternizar los fics, además de que me siento orgullosa por haber finalizado mi primer fic con OCs.

Y sin más...


Habían pasado tres años desde que abandonaron la ciudad, pero siempre que volvían daba la impresión de que acabaran de dejarla, pues parecía congelada en el tiempo: los escombros abarrotando lo que en otro tiempo fueron calles, cadáveres que seguían apareciendo, un olor fétido que seguía flotando en el ambiente y un cielo que parecía dispuesto a no volver a ser azul nunca más.

A Weasel siempre le había dado igual aquel escenario de pesadilla, se movía por él con calma, con la agilidad que permitía su traje antiradiación, mientras llevaba a cabo las misiones por las que la enviaban a la zona. Había sido una de las más señaladas en el entrenamiento militar debido a su peculiar forma de afrontar el horror (había sido de las pocas personas que no vomitaron cuando, al final del adiestramiento los llevaron a la ciudad y se encontraron con una peculiar alfombra de restos humanos) y su habilidad con el ataque a distancia, que suplía el desastre que era en el cuerpo a cuerpo. Por eso siempre que enviaban a un grupo para ir deshaciendo los escombros y sacando los restos humanos, Weasel estaba entre ellos.

Se había habituado con mucha rapidez a la vida militar, aunque eso supusiera que estuviera alejada de sus compañeros de supervivencia, a los cuales veía de tarde en tarde. Con quien más tiempo pasaba por motivos obvios era con Kentin, el cual había sido destinado al mismo grupo que ella. Era él quien la iba informando de las pequeñas aventuras cotidianas a las que se enfrentaban los demás, como la adaptación a una nueva vida, el hecho de vivir con la incertidumbre de no saber si algún familiar o amigo había sobrevivido o con la creación de parejas entre ellos. Esto último era lo que menos le interesaba a la pelirroja, más que nada porque era algo que se temía que acabaría pasando. A fin de cuentas, después de todo por lo que habían pasado, que se fueran uniendo entre ellos era algo normal. Su caso era diferente, lo sabía bien; pasaba de todo aquello como de comer cristales.

Sabiendo que en aquel terreno donde un paso en falso podía precipitarla a una tumba entre cascotes, dejó de pensar en sus cosas mientras se centraba, caminando al lado de Kentin, que parecía que también se había habituado a aquellos peculiares paseos.

—¿Es cosa mía o te acabas acostumbrando al hedor? —inquirió. Si bien en un principio siempre había recelado de ella, con el paso del tiempo e irla tratando más habitualmente, se fueron haciendo algo así como amigos. No se atrevía a llamarla amiga como tal pues, a pesar de todo, no olvidaba que Weasel tampoco estaba del todo bien de la cabeza.

—A mi nunca me importó que oliera mal —fue la respuesta de la chica, que en ese momento se había agachado, posando en el suelo la pesada mochila que todos llevaban a la espalda, sacando de la misma una serie de explosivos —De todos modos nadie me dijo cuando decidí unirme al ejército que iba a tener que dedicarme a volar escombros por los aires. Esperaba que me enviaran al frente a cargarme a gente.

Ahí estaba, esa manía de ella por querer ver el mundo arder. Kentin había aprendido a ignorar esos comentarios y a cambiar de tema como si nada, aunque en ese aspecto siempre trataba de quitarle esas ideas de la cabeza. Conocedor del mundo militar desde hacía mucho más tiempo que ella, a veces no podía menos que pensar que Weasel había visto demasiadas películas bélicas.

—Te recuerdo que, por un lado, nuestro país es neutra, y por otro, que casi todo ha quedado destruído en los demás. Las naciones están poniendo todo su empeño en rescatar lo que es rescatable y destruir los escombros para poder rehacerlo todo en un futuro.

—No deja de ser un aburrimiento —repuso la aludida, mientras sospesaba un paquete de explosivos en una mano —Lo único interesante que encuentro en todo esto es lo que estoy aprendiendo sobre las distintas fases de la descomposición del cuerpo humano y de los efectos de la radiación. Es mejor que una peli gore.

Kentin puso los ojos en blanco, retirando parte de los explosivos de la mano de la chica, que de nuevo parecía dispuesta a organizar una explosión mayor de la deseada sólo para ver qué ocurría. Aunque tuviera un sentido del humor tan macabro debía admitir que en el fondo, a veces, sus ocurrencias podían ser graciosas. A veces Weasel no era más que una niña pequeña que curioseaba todo a su alrededor, como esos niños que torturaban insectos para ver los efectos que estos padecían.


A veces daban permisos de unos pocos días, sobre todo cuando enlazaban varias salidas al exterior. Weasel no les encontraba mucho sentido, pues no había mucha gente fuera a la que quisiera ver; ninguno de sus familiares había sobrevivido y, desde que todas las chicas empezaron a salir con algún chico, la convivencia con las mismas se le estaba haciendo muy complicada.

Seguía manteniendo la misma costumbre de dormir con Ella cuando le daban la opción de pasar unos pocos días con los civiles, pero era consciente de que su presencia allí no era grata: la joven quería estar con Kentin en los pocos días que ambos tenían para pasar juntos y siempre se sentía como esa mascota a la que permiten estar en la habitación pero siempre la miran con incomodidad, deseando que se duerma para poder hacer ciertas actividades.

A veces, simplemente para desaparecer y dejarles tiempo, se dedicaba a vagar por las instalaciones, perdida en sus pensamientos. Lo vivido con el culto de locos la había dejado marcada y deseosa de destrozarlo todo a su paso, pero lo cierto era que, con el paso del tiempo, esa rabia se había ido evaporando poco a poco, lo mismo que había pasado con su obsesión por salvarle la vida a Lysandro después de que la ayudara en dos ocasiones. No podía salvarlo en un sitio donde lo máximo que podía suceder era que se atragantase con la comida, de modo que había terminado dejándolo por imposible.

Aquella tarde se dedicó a ir y venir sin rumbo alguno por los pasillos de los niveles inferiores, esos a los que nadie se acercaba. Ya apenas quedaba gente allí, los pocos que seguían resistiéndose a la radiación, pero el ambiente opresivo seguía presente. Había quienes decían que a veces se escuchaban los lamentos de quienes fallecieron allí, pero Weasel nunca había escuchado nada que no fuera el zumbido de las luces. Habladurías puras, pero al menos le permitían encontrar un lugar solitario en el que perderse.

Cansada de dar vueltas, decidió volver arriba. La misma joven admitía que era un poco extraño que siguiera durmiendo con Ella cuando siempre había sido tan independiente, pero la chica era animal de costumbres y casi siempre que tenía permiso llevaba a cabo la misma rutina: visitaba a sus viejos compañeros, pasaba algún ratito con Lysandro, el que mejor le caía, y dormía en la misma cama que había venido usando desde que empezó a tener permisos. Por eso no vaciló ni un momento en abrir la puerta del dormitorio como si tal cosa, aunque un segundo después lamentó haberlo hecho: estaba claro que Ella y Kentin estaban más que dispuestos a un segundo asalto o simplemente se habían eternizado más. Fuera como fuese, la pelirroja se encontró con una escena más propia de un capítulo de Juego de Tronos que de su habitual rutina.

Se quedó un segundo clavada en el umbral de la estancia, justo para luego darse la vuelta e irse, asimilando lo que acababa de ver. Estaba claro que esa noche era mejor pasarla lejos de aquel sitio, pero tampoco tenía a dónde ir: los demás estarían con sus respectivas parejas haciendo las mismas cosas que esos dos, y ya había tenido bastante con ver a una pareja en una situación tan íntima.

Decidió que, o bien dormiría acurrucada en cualquier armario de suministros, o pasaría la noche en vela de un lado a otro. Arrastrando los pies caminó sin rumbo hasta encontrar una pequeña sala donde se guardaban las mantas para los meses fríos. Teniendo en cuenta que se encontraban a principios de verano dudaba mucho que nadie fuera a entrar, por lo que se deslizó dentro de la misma.

No esperaba ser recibida por la luz mortecina de la bombilla que colgaba del techo y por una figura que parecía encorvada sobre una especie de bloc de notas. El huésped de aquel sitio se giró hacia ella cuando escuchó el sonido de la puerta y la joven no pudo menos que soltar un bufido al ver que se trataba de Lysandro, el cual parecía haber encontrado allí el sitio ideal para escribir, actividad que llevaba haciendo con asiduidad desde que se establecieron en el refugio.

—¿Se puede saber qué haces aquí? —la pregunta le brotó a Weasel casi sin percatarse de la misma y de lo estúpida que era.

—Pensar —fue la respuesta del aludido mientras guardaba el bloc en uno de los bolsillos de su traje —¿Y tú? ¿Te han vuelto a dar permiso?

—Teniendo en cuenta que no estoy en el ala militar creo que la respuesta es obvia —dijo encogiéndose de hombros —He supuesto que aquí se dormiría bien y he entrado; de hecho no esperaba encontrarme a nadie.

—¿No te solías quedar con Ella cuando estabas de permiso? —inquirió él.

—La he interrumpido cuando estaba... —se detuvo unos momentos, buscando una forma suave de decirlo, pero finalmente lo soltó a bocajarro —Cuando estaba a punto de triscarse a Kentin, por lo que supuse que sería mejor que me buscara otro sitio donde pasar la noche. Ya sabes que, normalmente, los militares nos quedamos con nuestras familias o amigos, pero como yo no tengo ni lo uno ni lo otro...

Lysandro suspiró, poniéndose de pie. Apreciaba a aquella peculiar chica y en cierto modo le dolía el hecho de que ella consideraba que estaba tan sola, aunque a Weasel parecía importarle poco. El hecho de que hubiera decidido dormir en un almacén en vez de con otra persona decía mucho de la situación en la que se encontraba, una que en cierto modo era similar a la suya. Él no vivía apartado de los demás como su caso, tenía una habitación otorgada en la que no dormía con nadie, pero desde que los demás se habían juntado entre ellos no podía evitar sentirse algo solo a veces, a pesar de que la soledad no le importara demasiado. Ellos dos eran como una especie de isla en medio de un océano donde los demás se habían sumergido como si nada. Recordaba vagamente, a pesar de la amnesia que aún arrastraba, un comentario de alguien que debió haber conocido bien: "cuando todos tus amigos tienen pareja, te acabas quedando solo si no tienes una." A ellos bien podía aplicarse eso.

Sintió pena por ellos dos, aunque no lo dijo en voz alta, pues sabía que Weasel se burlaría de la situación. Sin embargo decidió tentar un poco a la suerte.

—Siempre puedes dormir conmigo —ofreció —No vayas a pensar en nada raro, pero creo que es mejor dormir en una cama que en un nido de mantas en el suelo.

Weasel observó al chico unos instantes antes de encogerse de hombros.

—Al menos mañana no me dolerá la espalda.


Compartir la habitación con Lysandro se convirtió en rutina cuando le daban permisos. No le preguntaba nada al respecto, ni él a ella; simplemente era un acuerdo al que habían llegado: cuando tocaba irse a dormir, ambos se iban juntos y se tumbaban en la misma cama, dándose la espalda entre si al principio, luego de frente conforme se fueron acostumbrando a pasar algunas noches juntos. A veces Weasel le contaba alguna de sus truculencias; otras él se inventaba una historia para ella.

A pesar de lo diferentes que podían ser, se sentían cómodos en la compañía del otro. Weasel encontraba en Lysandro la calma que necesitaba para el odio que la consumía; Lysandro encontraba en ella una especie de quiebra de la rutina que se empeñaban en que llevasen. Eran como la noche y el día, pero encajaban bien entre ellos.

Quizás por eso, el día en el que él se atrevió a darle un casto beso en los labios, ella no le rechazó.


Y con esto, se termina todo. No quiero hacer un epílogo, pues creo que sería estirar todo demasiado, pero si mucha gente me lo pide puedo planteármelo, no sé.

Muchas gracias por todo el apoyo que ha tenido esta historia. Me lo he pasado muy bien escribiéndola y espero que vosotros hayáis tenido buenos ratos a la hora de leerla.

Si este es el único fic que seguíais de los que subo, os animo a pasaros por los demás, pues tengo de varias temáticas, aunque de momento voy a estar un tiempecito sin subir horror (pero en unos meses traeré otro de este género, ya me conocéis).

¡Nos leemos!