Sheldon despertó temprano a la mañana siguiente. Aunque sabía que su madre ya estaba levantada. Nadie madrugaba más que Mary Cooper, ni siquiera él mismo. El delicioso aroma del desayuno recién hecho llegaba incluso a través de la puerta cerrada de la habitación. Olía a tortitas y a café recién hecho. El joven físico cerró un instante los ojos, disfrutando del delicioso aroma, como cuando era un niño. Después bajó la mirada. Penny roncaba muy suavemente sobre su pecho, profundamente dormida, abrazándolo como si fuera su peluche favorito. El joven físico suspiró entre resignado y enfadado, aunque al final no pudo evitar una leve sonrisa. No sabía en qué momento se había acostumbrado a dormir con aquel caos a su alrededor, cuyo epicentro era, evidentemente, esa chica rubia. Las sábanas aparecían completamente desordenadas y la colcha había caído al suelo. Sheldon recordaba perfectamente que se había dormido en el lado izquierdo de la cama, y ahora estaba atravesado, arrinconado casi en el borde por una amenazadora y durmiente Penny. Por un momento, sintió un aleteo de preocupación. ¿Qué diablos había pasado allí para que la cama se hubiera convertido en semejante vórtice de entropía? Pero respiró un tanto aliviado, al comprobar que estaba vestido, y que Penny también… suponiendo que en esa definición pudiera incluirse ese minúsculo pijama. Miró una vez más a la chica. Tragó saliva. Su infalible memoria no olvidaba lo último que había dicho ayer. Penny le había preguntado, medio dormida, si la quería, y él había contestado con un aterrador "sí". Sabía que la chica no había llegado a oírle, vencida por el sueño. Pero eso no terminaba de tranquilizarle. Maldecía a su maldito subconsciente por tomar el control cuando no debía hacerlo. No es que… no quisiera decírselo… Bueno, vale, en realidad, no quería ni podía decírselo. No se sentía en absoluto preparado para esa… conversación. El joven físico respiró hondo, tragando saliva. Tenía la sensación de que… nunca podría estar preparado para eso.

De pronto, Penny se movió suavemente y pareció sonreír en sueños. Su voz murmuró algo con mucha suavidad.

- Moon… pie…

El joven físico se quedó paralizado. ¿Acaso… estaba soñando con él? Contepló perplejo el hermoso rostro, en el que la preciosa sonrisa aparecía ya dibujada completamente. El corazón le dio un vuelco. Sheldon apretó los ojos con fuerza. Quería ignorar ese sentimiento tan malditamente intenso, pero le costaba demasiado. Su cerebro quería acallarlo, pero lo más profundo de su sistema límbico le gritaba que la quería con todas sus fuerzas, que haría lo que fuera por ella. Apretó más aún los ojos, forzando a su cerebro a pensar de nuevo con lógica, a volver a ser poderosamente racional. La razón y el conocimiento le daban toda su fuerza, y deseaba sentirse fuerte, porque cuando advertía lo que sentía por Penny, se sentía tan indefenso y vulnerable como si tuviera cinco años y sufriese de nuevo las burlas de los otros niños.

Consiguió recuperar su maltrecho control y respiró hondo. Paseó la mirada por su habitación y después se fijó en el colchón vacío tirado en el suelo. Tenía que levantarse, de lo contrario, su madre podría sospechar que no se había portado caballerosamente con ella. Si Mary llegaba a averiguar que no había dormido en el suelo… Tragó saliva. Sí, mucho mejor levantarse ya. Además, también debía hacer unas cuantas cosas relacionadas con su teoría de cuerdas. Su cerebro enseguida empezó a formar números e hipótesis. El joven físico frunció el ceño mientras se sumía en sus pensamientos. Alzó una mano y pareció escribir un segundo en el aire. Sus ojos se iluminaron. Se dispuso a levantarse, pero primero tenía que sacarse de encima a Penny. Sujetó con mucho cuidado a la chica, intentando no pensar demasiado en esas sinuosas curvas apenas cubiertas con el mini pijama. Finalmente, logró deslizarse fuera de la cama. Penny seguía durmiendo apaciblemente. El joven la observó, de nuevo vulnerable y la tapó suavemente con la sábana. Finalmente, salió cerrando la puerta con mucho cuidado.

Sheldon se dirigió a la cocina. Su madre y su abuela alzaron la vista al verlo. Eleanor le dedicó una dulce sonrisa.

- Buenos días, Moonpie. ¿Has dormido bien? Espero que ese viejo colchón te haya permitido descansar.

El joven físico pareció un poco inquieto. Mentir nunca sería lo suyo, eso estaba claro, pero mentir a su adorada abuela… Bajó los ojos, intentando sonar convincente.

- Buenos… días.- miró un instante a su madre.- No te preocupes, Meemaw. He… dormido bien.

Eleanor silenció la risita que pugnaba por salir, mientras leía en su nieto como si fuera un libro abierto. Le guiñó un ojo, cariñosa, pero no dijo nada más y siguió desayunando tranquilamente. El joven físico tomó su taza y se sirvió su propio desayuno. Tomó asiento junto a su abuela y acercó el portátil, dispuesto a trabajar. Mary meneó la cabeza.

- Qué manía tenéis los jóvenes de no despegaros de esos artilugios del demonio.- dijo su madre, acercándole una tortita.

- Mamá, tengo que trabajar. He de enviarle el estudio sobre campos vectoriales en la teoría de cuerdas al doctor Gablehauser.- contestó Sheldon, tecleando sin apartar la mirada de la pantalla.

Mary suspiró, como siempre, al no entender absolutamente nada de lo que su hijo decía. Eleanor le dirigió una sonrisa cariñosa.

- ¿Y Penny?- preguntó otra vez su madre.- ¿Sigue durmiendo?

El joven asintió, concentrado en su trabajo. Mary sonrió.

- Pobrecilla, seguro que estaba agotada. ¿Por qué no le llevas el desayuno cuando despierte?

Sheldon miró a su madre, con una ceja alzada.

- ¿Por qué? ¿Acaso está enferma?

Eleanor no pudo evitar una risita. Mary le dirigió una severa mirada.

- ¡Por el amor de Dios, Shelly! Penny es tu novia, y tú, como buen prometido suyo que eres, debes tener detalles con ella. Como comprarle flores, o joyas, o llevarle el desayuno a la cama.- la mujer se plantó frente a él, con los brazos en jarras.- ¿Me estás escuchando?

El joven físico reprimió un suspiro de irritación. Dejó un momento de teclear en su portátil. Su madre siguió mirándole enfadada.

- ¿Acaso le has comprado algo? ¿Un regalo? ¿Algún detalle?

- Mamá, creo que Penny no puede tener ninguna queja en relación al cumplimiento de mis deberes como novio.- dijo con una mueca.- La acompaño todos los jueves a los ensayos del grupo de teatro, e incluso cuando va de compras. Eso ya suple todos los regalos.

- Pero… ¡Si es ella la que te lleva en el coche!- exclamó su madre, indignada.

- Cierto, pero la acompaño. Penny me pidió que lo hiciera y eso hago. Además, teniendo en cuenta que más de una vez ha usado mi tarjeta de crédito, mi dinero, mi wifi, mi leche, mi suavizante, mi sofá y un largo etcétera… digamos que estamos lo suficientemente equilibrados en el tema de los regalos.

Mary meneó la cabeza.

- Francamente, Shelly, sabes que te quiero, pero no entiendo cómo una chica como Penny ha podido fijarse en ti. Será mejor que te preocupes por cuidarla, o te dejará otra vez por Leonard, que sí que se desvivía por ella.

El joven físico miró perplejo a su madre. Oh, sí, claro, Leonard siempre se había "desvivido" por Penny… hasta que lograba acostarse con ella. Soltó un bufido furioso, pero prefirió no contestar. Al fin y al cabo, su madre ignoraba muchas de las cosas que habían ocurrido en los apartamentos 4A y 4B. Después, también empezó a sentirse un poco mal por haber pensado eso de Leonard. El físico experimental era su amigo, su mejor amigo. Pero no podía evitar sentir que lo llevaban todos los demonios sólo imaginando que pudiera… reconciliarse con Penny. Eso sí no lo soportaría. Además, Leonard nunca quiso realmente a Penny. No era Leonard el que la apoyaba y consolaba en sus peores días. Sheldon apretó los dientes.

- Si Penny me deja por Leonard, entonces habrá demostrado científicamente que no es nada inteligente.- dijo con firmeza.- Para tu información, he comprobado que, aunque su C.I no es especialmente brillante, sí se puede considerar que Penny no es en absoluto imbécil.

Eleanor sonrió ante la brillante respuesta de su nieto y tomó un sorbo del desayuno, sin romper su prudente silencio. Mary se dio por vencida y siguió recogiendo la cocina, refunfuñando. En ese momento, la puerta volvió a abrirse. Una sonriente Penny apareció, con una reducida bata que escasamente cubría sus torneadas piernas.

- Buenos días.- saludó alegremente.

Sheldon tragó saliva. Sí, agradecía que hubiera aparecido con la bata en lugar del minúsculo pijama, pero estaba claro que Penny no conocía la existencia de ropa que la tapara más allá de sus muslos o su escote. Mary se quedó un poco descolocada al verla. Eleanor procuró de nuevo no romper a reir y se ocultó disimuladamente detrás de la taza. La chica pareció entender la mirada de espanto de Mary e intentó cerrar más la bata sobre su pecho.

- Buenos días, cielo.- Eleanor le dirigió una sonrisa.- Confío en que hayas dormido bien.

- Oh, estupendamente.- Penny se acercó a la encantadora anciana y no pudo resistirse a darle un beso en la mejilla.- Buenos días, Meemaw.

Eleanor ensanchó más la sonrisa. Le encantaba lo cariñosa que era esa chica. Le acarició con ternura la mejilla, como solía hacer con sus nietos cuando eran pequeños. Penny disfrutó feliz de la caricia. Sheldon apenas soltó un gruñido. Cierto, anoche le había ofrecido a Penny compartir a Meemaw… aunque ahora que lo veía, tal vez no le hacía tanta gracia. La chica y la anciana intercambiaron una divertida y cómplice mirada, al ver el ceño fruncido del joven. Penny se acercó a él.

- Buenos días, Moonpie.- dijo con su más irresistible sonrisa, apoyando un brazo en sus hombros.

Sheldon tragó saliva. Miró con temor a su madre, que en ese momento se acercaba con la taza para Penny.

- Ten, cielo, espero que esté de tu gusto.

- Muchísimas gracias. Huele deliciosamente y, ¡me encantan las tortitas!- dijo, sentándose al lado de Sheldon.

Mary le dirigió una sonrisa y se volvió para continuar con sus quehaceres. Penny aprovechó ese momento para inclinarse rauda hacia Sheldon, aferrarlo por el cuello del pijama y plantarle un sorpresivo beso en los labios. El joven físico ahogó un gemido ante semejante ataque. De pronto, Penny lo soltó igual de repentinamente y adoptó su pose más natural, en el mismo momento en que Mary se giró de nuevo hacia ellos.

- Bueno, ¿habéis pensado qué váis a hacer hoy…?- Mary se quedó un momento perpleja, mirando a su hijo.- ¿Qué diablos te pasa Shelly? Estás muy colorado. ¿No tendrás fiebre?

Sheldon tragó saliva. Eleanor tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para no romper a reír, viendo por un lado a una más que normal y natural Penny y a un muy ruborizado Sheldon. Penny le colocó una mano en la frente, con expresión seria.

- No, no tiene.- dijo muy convencida.

Mary meneó la cabeza y siguió hablando, mientras sacaba un pollo del frigorífico. Sheldon fulminó a Penny con la mirada y ella le sacó la lengua, divertida.

- Missy ha ido a comprarse un vestido para el aniversario de vuestra promoción. Sería una idea estupenda que también fueras tú, Shelly, y que Penny te acompañase.

Sheldon frunció el ceño. Penny escuchó con interés.

- ¿El aniversario de vuestra promoción?- preguntó la chica, mirando a su novio.

- Mamá, es el aniversario de la promoción de Missy. Yo no pinto nada en esa estúpida fiesta.

- Oh, vamos, hijo, sois mellizos y, evidentemente, también es tu promoción.

El joven físico miró a su madre.

- Dejé el instituto el primer curso para entrar en la universidad, así que no tengo apenas ningún vínculo con él. Y desde luego, no ardo en deseos de ver a mis queridos compañeros dieciséis años después para comprobar hasta qué punto su estupidez se ha agravado.

- Shelly, razón de más para que acudas a esa fiesta. No tuviste fiesta de graduación y ahora podría ser una buena ocasión para… Bueno, para remediar esa carencia e intentar… reconciliarte un poco con el vecindario.- se volvió hacia la chica.- Penny, díselo tú.

Sheldon meneó la cabeza. Penny parpadeó, al verse súbitamente involucrada. Ella sabía que sugerir a Sheldon ir a una fiesta de ese tipo era como sugerirle que renunciase a la ciencia. Aunque, por otro lado…

- No sé… Sheldon. Podría servir para que tus "queridos" compañeros de clase supieran en qué se ha convertido el blanco de sus burlas.- dijo, mirándolo orgullosa.- ¿No sería estupendo?

Sheldon miró a Penny. En cierto modo… sí, la chica tenía razón. En lo más hondo de su ser, siempre había deseado darles en cara y vengarse por todas sus humillaciones. Lo había conseguido convirtiéndose en el brillante científico que era, pero presentarse en esa fiesta, con una deslumbrante Penny a su lado… Eso sería el golpe de gracia. Todos se quedarían atónitos y renegarían. Por un momento, se recreó en ese pensamiento, pero después, su mirada se perdió en la de Penny. Sacudió la cabeza.

- No voy a ir a esa estúpida fiesta y no voy a llevarte como si fueras un trofeo que enseñar.- dijo firme.

Penny sintió que el corazón se le derretía, movido por un inmenso amor. Sheldon era el único que no la trataba como un hermoso adorno. Le miró con adoración. ¿Cómo podía quererle tanto? No lo sabía. Sólo sabía que su corazón latía por aquel excéntrico y adorable genio. Recordó el sueño que había tenido esa noche. En él, Sheldon le decía que la quería. Ojalá pudiera convertirse en realidad… Aunque él siempre le demostraba lo que le importaba. Ahora mismo lo estaba haciendo.

- Cielo… - acarició con infinita ternura el oscuro cabello.- No se trata de eso. Yo te acompañaría muy gustosa a esa fiesta y jamás podría sentirme como un trofeo a tu lado. Nunca.

Sheldon sintió un escalofrío en el cuero cabelludo. El joven frunció el ceño.

- No tenemos por qué ir si no quieres, Moonpie.- dijo Penny, comprensiva.

Él se quedó por un momento inmóvil, con la mirada perdida. Siempre había rehuido ocasiones como aquella, porque siempre le habían afectado. Inspiró hondo. Tal vez fuera siendo hora de que ya no lo hicieran. No, estaba demasiado pletórico y orgulloso de sí mismo como para no pasar esa prueba. En realidad, se sentía fuerte, poderoso, sobre todo al ver a su lado a Penny. Sus ojos azules brillaron en desafío.

- Tal vez vaya siendo hora de… eliminar algunos fantasmas del pasado.

Penny sonrió. Sí, eso sonaba muy interesante…