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Nota: Acá no me permite poner links, en mi perfil hay un enlace a dos fotomontajes que ideó la autora sobre los tatuajes mencionados. Es el LiveJournal de Digitallace.

El alma dorada

Capítulo 36 – Voyeuse

Hermione sonreía de oreja a oreja y trataba de mantener la vista apartada de los dos chicos desnudos que tenía delante. –¡Hermione Jane Granger, ponete de pie en este instante! Vos… ¿nos estuviste espiando!

Ella borró la sonrisa y trató de mirarlo a los ojos aunque su vista parecía obstinada en derivar hacia abajo. –Perdón… yo sólo quería observar el ritual… no me imaginaba que además iban a… bueno… vos sabés… a eso

Harry puso cara de enfado. –Supongo que estarás contenta ahora… nunca más voy a poderte mirar a la cara. –la expresión era seria pero el tono era jocoso.

–¿Y yo! Ponete en mi lugar… no voy a poder dejar de imaginarme a ustedes dos juntos… durante toda mi vida. –adujo con fingido dramatismo y en tren también festivo.

–¡Pues te lo tenés bien merecido! Mirándonos descarada desde debajo de la cama, debería darte vergüenza.

–Supongo que tenés razón. Creo que no lo pensé… no pensé lo que vendría después… – ahora tenía la mirada clavada en el suelo pero los ojos seguían empecinados en panear, ahora hacia arriba, a las entrepiernas expuestas.

Draco había estado todo el tiempo conteniendo la risa. Encontraba la situación por demás de divertida. Soltó una carcajada. Hermione alzó los ojos, él le regaló un guiño pícaro, ella se sonrojó furiosamente y volvió a bajar los ojos al suelo, con una casi imperceptible demora en el camino de regreso, a la altura de los genitales naturalmente.

Draco se acercó a Harry, le dio un suave codazo e hizo una seña hacia las ropas. –Quizá deberíamos tener la amabilidad de cubrirnos porque parece que ella tiene toda la intención de quedarse.

–Humm… no sé… ¿vos te sentís con ganas de mostrar amabilidad?

Una sonrisa jugueteó en los labios de Draco, estuvo a punto de decir que no, no obstante, se volvió y caminó hasta la pila de ropa sobre el suelo. Las levantó. Luego lo pensó mejor, no quería que Harry se cubriera el magnífico tatuaje. Dejó caer las prendas, fue hasta el armario y sacó los pantalones piyama. Regresó y le dio los bordó a Harry. Los dos se los pusieron de inmediato.

Ya decente, Harry fue hasta la chimenea, agitó una mano. El acolchado y las vestimentas volaron por el aire y fueron a posarse ordenados en un rincón. Los frascos y los elementos de dibujo también flotaron y fueron a depositarse en una mesita conjurada ad hoc. Los sillones que habían sido desplazados volvieron a ocupar sus posiciones habituales. Todo el despliegue había resultado muy impresionante.

Hermione había observado todo con ojos desorbitados, nunca había visto la magia de Harry y sus recientemente adquiridas destrezas en acción. Draco, en cambio, ya se había acostumbrado. Harry era poderoso, muy poderoso, y si bien al principio había sentido algún aguijonazo de envidia… ya no.

Los chicos se sentaron en el sofá y se abrazaron de inmediato. Aprovecharon también para besarse castamente. Harry lanzó una mirada furtiva en dirección a Hermione. –No te preocupes, Harry, –dijo Draco– que vea un besito no va a mancillar sus virtudes de Gryffindor… no mucho más al menos… después del espectáculo que estuvo espiando antes…

Harry sonrió maligno y atacó la boca de Draco con otro beso… pero apasionado e impúdico. Hermione contuvo una exclamación. –Ustedes… son tan hermosos juntos… separados también están rebuenos… pero juntos… no hay palabras para describirlo. –Draco sonrió por el cumplido y Harry se sonrojó un poco.

Hermione vino a sentarse en el sillón frente al sofá, jugueteaba nerviosa con una mecha de pelo. Se sentía un poco mareada, lo que acababa de presenciar iba a ser una imagen recurrente durante mucho tiempo… sus fantasías se desbocarían…

Draco rió como si supiera lo que estaba pensando. –Creo que por un tiempo le va a costar concentrarse…

Hermione se sonrojó y pareció recuperarse. –Muéstrenme los tatuajes. Los quiero ver de cerca.

Draco extendió el brazo, al Dragón parecía gustarle más porque allí se había quedado. –¿Puedo tocarlo? –pidió ella.

Draco asintió. Ella recorrió lentamente la larga cola con una yema temblorosa. Quill, Draco había empezado a llamarlo así en su mente, abrió los ojos y levantó la cabeza, Hermione se sobresaltó un poco, el dragón no le sonrió pero tampoco siseó o se quejó, agitó un poco las alas y la contempló con atención. –Es tan… vívido… Harry, no sabía que dibujaras tan bien. –Harry sólo atinó a encogerse de hombros.

–Se llama Quill. –declaró Draco.

Harry lo miró sorprendido. –¿Ya le pusiste nombre? ¿No debería haber sido yo el que lo bautizara?

Draco rió. –No fui yo el que eligió el nombre sino él. Fue como si él me lo hubiera dictado en la cabeza. ¿Presumo que el tuyo no hizo lo mismo?

Harry negó con la cabeza. –Lo que sí te puedo asegurar es que es una ella.

–¿Una fénix? ¡Notable! Nosotros gay… pero los tatuajes, hétero.

Harry rió. –Hétero… pero se trata de un amor interespecies… –todos rompieron a reír.

–Ahora quiero ver el… la tuya, Harry. –Harry soltó a Draco y giró para mostrarle la espalda. Quill se agitó. –Ember. –susurró Draco.

–¿Qué? –preguntaron los otros dos al unísono.

–Tu fénix. Se llama Ember.

–¿Te vino así de golpe? –preguntó Harry sonriendo, Draco asintió– Ember… me gusta.

–A mí también. –dijeron Hermione y Draco al mismo tiempo.

Harry se había puesto a horcajadas sobre Draco. Los dos se habían vuelto a excitar. Quill se había deslizado y había vuelto a ocupar su posición original en el pecho. Hermione se inclinó hacia delante para observar el tatuaje de cerca y lo tocó suavemente, Ember dejó oír un arrullo y despeinó un poco las plumas.

–¿Cómo se siente? –preguntó ella.

–Extraño. –contestaron los dos.

Sin embargo Hermione no podía ver todo el tatuaje porque parte se perdía debajo del pantalón. Puso una mano tentativa sobre el elástico de la cintura. –¿Puedo?

–Ya lo viste antes… ¿qué diferencia puede haber?... dale nomás.

Hermione se ruborizó y deslizó el elástico hacia abajo para contemplar toda la obra… porque no se trataba de un simple dibujo… era una verdadera obra de arte. –Draco, ¡es maravilloso… grandioso!

–¿El culo de Harry? ¡Chocolate por la noticia…! Pero si estabas hablando del dibujo, muchas gracias. ¡Sólo lo mejor para mi Harry! –los ojos grises se fijaron en los verdes, Harry se inclinó y le dio un suave beso en los labios.

Hermione volvió a recostarse sobre el respaldo de su sillón. –El ritual fue magnífico… quizá vi más de lo conveniente… ¡pero estoy tan contenta de haberlo visto!

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–Muy interesantes en verdad. –fue el juicio de Dumbledore después de haber estudiado con atención los tatuajes– Veo que han estado muy ocupados estos días.

–¿A Ud. no le parece entonces que haya sido una mala idea? –preguntó Draco con evidente tono de alivio.

–Todo lo contrario. Ojalá se me hubiera ocurrido a mí. Creo que será una gran fortaleza para la batalla. Y a propósito… ¿dónde está El alma dorada?

Harry y Draco intercambiaron una mirada. –A decir verdad, esperábamos que Ud. nos pudiera ayudar con eso. No hemos vuelto al laberinto después de la tercera prueba, ya pasaron cuatro noches. No entendemos qué es lo que está mal.

El director se reclinó sobre el respaldo de su asiento y alzó la vista recorriendo los retratos de las paredes. –Decime Harry, ¿podés sentir a Voldemort en tu mente?

–¿En este preciso instante? –el director asintió. Harry se concentró, exploró cuidadosamente su mente para detectar la presencia de un intruso. –No, señor, nada. –dijo al cabo de unos momentos.

Dumbledore volvió a asentir. –Se me ocurrió que ése podría ser el caso. Quizá tenga que ver con el ritual o quizá Voldemort ya lo había anticipado… Tras la unión entre ustedes… Voldemort ya no tiene acceso a tu mente, Harry. No puede verte, no sabe lo que hacés… y por tanto no quiere que obtengas El alma dorada. Los mantiene a propósito lejos del laberinto hasta que idee alguna otra forma de control.

–¿Y entonces…? –preguntó Draco.

–Existen varias posibilidades. Voldemort puede tratar de reabrir la conexión con la mente de Harry. Si no puede, lo cual es lo más probable, les negará ingreso al laberinto. Era él el que los proyectaba, quería que le consiguieran la recompensa para quitársela luego. Pero si ha perdido el control… no los dejará llegar a El alma dorada.

Harry pestañeó varias veces. –¿Y cómo vamos a hacer para pelear contra él?

Dumbledore soltó una risa corta. –En realidad no es un problema. Vos no ibas a tener que usar El alma dorada… de nada te hubiera servido… es un arma que sólo a él le puede servir, y a nadie más. Si he de serte sincero, comprobar que ya no puede acceder a tu mente me produce un gran alivio. El alma dorada te hubiera distraído, te hubiera dificultado la concentración… hubiera sido contraproducente.

–¿Y si él lograra reabrir la conexión? –planteó Harry.

–En ese caso, ustedes volverían al laberinto… se harían con El alma dorada y me la traerían a mí. –la voz del director había resonado con extraños ecos, Draco sintió un alfilerazo de preocupación. ¿Cómo podía ser posible que existiera un arma que sólo pudiera serle útil a una persona? No tenía sentido. Lo que sí tenía sentido era algo que estaba empezando a sospechar: Dumbledore quería El alma dorada para sí.

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