Buenos dias chicas... Hoy les traigo el penúltimo capítulo de esta historia, no sé que pasó, se supone que el capitulo lo subí el jueves por la noche, pero revise y no estaba, por eso lo estoy subiendo hasta ahora.
De antemano espero que les haya gustado y hayan disfrutado leerla, les pido disculpas pir los constantes retrasos al subir las actualizaciones, creanme que me encantaría subirlas más a menudo pero a veces no se puede y además luego surgen las crisis creativas...
Creanme que cada uno de sus mensajes es un motivo para continuar aquí...
Nos leemos pronto.
Candy sintió su corazón latir desbocadamente, por fin, después de tantos años conocería al hombre responsable de cambiar su vida…
Terry sabía de la importancia que aquel acontecimiento tenía en la vida de su esposa y por eso tomó su mano como una prueba de que estaría a su lado sucediera lo que sucediera.
Al entrar en la casa, se encontraron con George Jhonson.
-Señorita Candy… -la saludó… aunque inmediatamente se dio cuenta de su error.
El señor los espera. -dijo, y señaló la puerta de la oficina de la señorita Pony, la misma que Candy conocía tan bien.
-¿podemos pasar? -preguntó insegura.
-adelante. -respondió su interlocutor.
Respiró profundo y giró el pomo de la puerta…
-¿señor Williams?
La silla se giró lentamente y el secreto que tan celosamente había sido guardado, se reveló ante los ojos de Candy y Terry…
-¿Albert? ¿es una broma cierto? -dijo Candy con una mezcla de sorpresa y algo de enojo.
-¿Estás bien? -preguntó Terry preocupado por su esposa.
-¿qué significa esto? -dijo Terry.
-Terry… cálmate… yo...
-Te apareces así como así y me pides que me calme. -dijo, mirando a Candy que no mostraba reacción alguna.
-Lo sé y lo siento, pero deben comprender… yo no podía revelar mi identidad por ningún motivo…
-¿ni siquiera a un amigo?
-Escucha Terry… cuando mis padres murieron yo aún era muy jóven, si se llegaba a saber esto probablemente se hubiera puesto en juego la posición de la familia… y yo no estaba listo para asumir la responsabilidad, así que mi tía tomó la tarea en sus manos mientras que yo fui enviado al extranjero a estudiar, luego cuando volví, dispuesto a tomar las riendas, a mis dieciocho años, perdí a mi hermana… aquel fue un golpe mucho más duro del que imaginé y volví a marcharme sin importarme nada, sin querer hacerme con las responsabilidades… vague por mucho tiempo como sin duda sabrás. -dijo con una amarga sonrisa.
Finalmente cuando iba a volver, hubo un accidente en el tren en el que viajaba y… Creo que Candy conoce el resto de la historia.
-¿Cómo es que estás aquí? -preguntó Candy, hablando por primera vez.
-Flammy encontró a George y él se encargó de ayudarme a recordar… aunque debo confesar que había recordado ya algunas cosas antes de que te fueras a Nueva York…
-¿por qué no lo dijiste? -reprochó Candy.
-No deseaba interferir con tus planes… sabía que si te lo decía ibas a desear quedarte pasara lo que pasara y no podía permitir que lo hicieras…
De cualquier manera no estuve sólo… -dijo, y Candy pudo ver que un leve sonrojo coloreó sus mejillas.
-Lamento haber venido… sé que no es el momento más oportuno, deberían estar allá afuera disfrutando de este momento… sé lo mucho que has sufrido para llegar a esto y de verdad lamento interrumpirlo pero…
Candy no lo dejó continuar y lo abrazó… después de todo Albert había estado en los momentos importantes de su vida y de cierta manera era gracias a él que Terry y ella estaban juntos ahora.
Terry también le dio un abrazo fraternal, después de todo, la amistad que compartían iba más allá de un apellido.
-Nada de eso importa ahora, lo importante es que estés aquí. -dijo Terry.
-Supongo que es así…
-Hay… mucho que quiero preguntarte… -dijo Candy.
-Lo sé, y te juro que lo hablaremos de todo, pero ahora es tiempo de que disfruten al máximo su día. -dijo él y luego los tres salieron nuevamente al jardín.
-Una cosa más… espero que no te moleste que me haya tomado la libertad de traer compañía. -dijo Albert mientras le señalaba a una joven que Candy no pudo reconocer inmediatamente a la muchacha por lo diferente que Lucía.
-¿Flammy?
-Candy… luces preciosa…
-Gracias… ven, quiero que conozcas a alguien… por cierto… ¿Albert y tú… están saliendo?
Flammy enrojeció cual tomate y Candy rió, pues nunca la había visto reaccionar de aquella manera.
-N… No es lo que crees… Albert… el señor Andrew quiero decir…
-Me da mucho gusto por ustedes… -dijo Candy y la chica ya no fue capaz de replicarla.
Luego la presentó con sus demás amigas.
Más tarde, Candy y Terry cortaron el pastel de bodas.
-¿Y si todo esto resulta ser un sueño? -le dijo Candy a Terry.
-No es un sueño…
-¿cómo estás tan seguro?
-Porque si fuera un sueño no podría besarte de esta forma… -dijo antes de tomar la boca de su amada esposa.
Candy se puso muy colorada, pues nunca imaginó que Terry la besaría así frente a todo el mundo.
Luego de la fiesta que se había prolongado hasta altas horas, Candy y Terry se encaminaron a lo que sería su luna de miel…
Como regalo de bodas, Albert había puesto a su disposición la mansión de Lakewood.
A Candy le ocasionaban sentimientos encontrados volver a aquella mansión que había sido parte de su niñez y dónde había pasado tanto, además de que no creía tener derecho a ello, pues creía que ya no formaba parte de la poderosa familia … sin embargo había terminado accedido, puesto que Albert le había hecho saber que nunca había dejado de pertenecer a los Andrew… ésto se lo dijo de forma muy significativa…
-¿nos veremos pronto no es así?
-Desde luego que sí… te estaré esperando en Nueva York…
-Pero yo…
-Por cierto… esta es la otra mitad de mi regalo de bodas… -le dijo Albert entregándole un sobre blanco.
-No lo abras hasta mañana y… no te preocupes por nada… -terminó él.
A su arribo en la mansión, Candy se encontró con que toda la mansión había pasado por un proceso de remodelación, casi no quedaba nada de la antigua e intimidante mansión que ella recordaba, ahora tenía un aire mucho más fresco, pero sin disminuir un ápice su elegancia.
Los jardines también habían sido recuperados… el señor Whitman se había encargado de ello y aunque el otoño les impedía apreciar la belleza del jardín repleto de rosas como Candy lo recordaba, pudo mostrarle a Terry el lugar en toda su gloria…
Candy despertó sin saber a ciencia cierta dónde se encontraba, los recuerdos de la noche anterior eran… demasiado confusos por decirlo de alguna manera… lo último que recordaba era…
Un fuerte sonrojo cubrió sus mejillas cuando sus recuerdos se fueron clarificando…
Un delicioso aroma inundó su nariz de repente, y vio a Terry entrar a la habitación con una bandeja.
Trató de incorporarse, pero lo pensó mejor cuando se percató de que no traía nada encima…
Terry rió por la cara que su dulce esposa hizo.
-creo que… volveré en unos minutos. -dijo y salió para dejar a Candy a solas…
Tan pronto como Terry salió, Candy rápidamente entró en el baño para poder asearse, allí pudo mirarse detenidamente en el espejo… estaba muerta de cansancio, pero su rostro había adquirido un brillo inusitado, no es que fuera vanidosa, pero realmente le gustaba lo que veía, incluso le gustaban sus labios que estaban un tanto hinchados.
-¿estás lista cariño? El desayuno va a enfriarse…
-Lo… lo siento voy en un minuto…
Terry sonrió, pero aquel gesto no duró demasiado, porque al ver a Candy entrar en la habitación con aquel camisón blanco, el cabello húmedo y los labios aún hinchados…
Terry no pudo evitar que una nueva oleada de pasión le recorriera el cuerpo, así que pensó que después de todo el desayuno tendría que esperar…
-Hay… algo que no entiendo… -dijo Candy con timidez, cuando ambos estuvieron nuevamente recostados en el lecho después de haberse amado por segunda vez.
Terry la miró con cierta preocupación, quizá en su ansiedad la había lastimado…
-Ayer nosotros… lo que pasó… se supone que yo… debería… cuando tú… -habló atropelladamente, pues aún no llegaba a comprender del todo lo que acababa de suceder.
-¿Qué ocurre?
Ella se cubrió la cara con la sábana…
Una vez la hermana Gray nos habló de los... deberes conyugales de una esposa… dijo, y Terry comprendió el rumbo de la conversación.
-se supone que una vez que el esposo y la esposa tienen… intimidad… el esposo no vuelve a desear…
Terry se rió con fuerza ocasionando que Candy abandonara su timidez y lo golpeara fuerte en el brazo.
-Escucha Candy… yo jamás me cansaría de esto en tanto sea contigo. -le dijo.
Además… de cuando acá sigues los convencionalismos de la sociedad… recuerda que somos una pareja de rebeldes. -le dijo, y Candy se relajó.
Entonces… no está mal que yo… quiera volver a hacerlo. -dijo.
Terry la miró y la besó otra vez.
En aquel momento, Candy recordó lo que había platicado con Annie antes de marcharse.
Ella le había aconsejado que no tuviera miedo de lo que sucedería cuando estuviera a solas con Terry.
Le dijo que seguramente él sabría qué hacer y que estaba segura que la trataría con suma delicadeza.
Entonces no había entendido muy bien a lo que Annie se refería.
Suspiró al pensar en su amiga… su matrimonio con Paul la había cambiado mucho… ahora era mucho más segura de sí misma y era evidente que era muy feliz…
-¿en qué piensas? -preguntó Terry.
-Pensaba en lo increíble que fue volver a ver a todos después de tanto tiempo… significó mucho para mí… -dijo, y lo besó.
Después de tres días maravillosos, Candy se encontró empacando sus cosas una vez más, aunque esta vez el futuro parecía menos incierto…
Entonces recordó que no había abierto el sobre que Albert le había entregado…
Era una carta firmada por el doctor Lennard donde se autorizaba su traslado al hospital San José de Nueva York para laborar como enfermera.
Candy sabía que era muy difícil conseguir un traslado y no dudaba que Albert hubiera utilizado algunas de sus influencias para hacerlo posible, sin embargo, por primera vez el hecho no le molestó, pues eso significaba que no tendría que separarse de Terry en ningún momento.
Más de una semana de la boda de Candy, y Albert aún no hallaba la manera en la que abordaría con Candy el asunto de su verdadera identidad como miembro legítimo de la familia.
Pensaba en ello, cuando Archie entró en su oficina, sin duda también estaba preocupado.
-Aún no sabes lo que harás… ¿cierto?
Albert asintió.
-Candy vuelve hoy a Nueva York… prometí visitarla en cuanto estuviera instalada.
-Ya veo… Karen… me dijo que lo mejor es hablar de frente con ella y creo que tiene razón…
Stear y yo estaremos contigo si así lo quieres, después de todo somos una familia y debemos estar unidos.
Albert asintió y agradeció el hecho de tener unos sobrinos tan bondadosos… sin duda esa era una cualidad que no todos los miembros de la familia poseían… -pensó con tristeza.
-¿Has… hablado con la tía abuela?
-Sí… -dijo Albert recordando la no muy agradable conversación que había tenido con la matriarca tan solo unos días atrás.
Ella… No está ni un poco arrepentida de lo que hizo… jura y perjura que fue por el bien de la familia.
Archie apretó los puños…
Eleonor Baker esperaba con impaciencia la llegada de Candy y Terry en una sala privada de la estación de trenes, a su lado, un caballero de gallarda figura y gran elegancia esperaba también.
-¿cuánto más tardará ese tren? -dijo el hombre.
Eleonor esbozó una leve sonrisa.
-la paciencia nunca ha sido su fuerte milord. -dijo, ocasionando que el hombre se avergonzara como si de pronto hubiera vuelto a ser ese jovencito enamorado de antaño.
-Ya llegan, será mejor ir… -le dijo a la dama y le ofreció el brazo.
Al tomar el brazo de aquel hombre inevitablemente Eleonor sintió que volvía en el tiempo para volver a ser esa jovencita deslumbrada por aquel joven que se convirtiera en el amor de su vida…
El tren llegó en medio de un mar de personas que trataban de abrirse paso para ver a sus familiares, sin embargo, un buen número de reporteros se habían reunido allí debido a que se rumoraba que Terry Grandchester viajaba en ese tren.
Las sospechas de la prensa tomaron más fuerza cuando se percataron de la presencia de Eleonor.
Lo que no esperaban era que al llegar el tren, fuera el mismo Terry quien les concediera algunos minutos.
-Señor Grandchester ¿es verdad que la señorita Marlowe provocó el accidente del teatro? ¿se retoma el estreno de la obra?
-Calma señores, contestaré sus preguntas.
-A decir verdad, no se ha comprobado la culpabilidad de la señorita Marlowe, las autoridades aún investigan el caso. -dijo tajantemente y sin dar pie a especulaciones.
El estreno de la obra sigue en pie como se había anunciado, todos los actores estamos en condiciones, afortunadamente no hubo nada que lamentar, de igual forma el teatro está en condiciones óptimas.
-¿Quién es la chica que le acompaña? ¿es verdad que viajó con ella desde Chicago? ¿es su novia? -insistieron los periodistas aún sabiendo que tentaban a su suerte, pues era bien sabido que Terry nunca accedía a contestar preguntas de su vida privada.
-La joven que me acompaña es Candice White y no es mi novia… ella es mi esposa… -dijo mientras ayudaba a que Candy descendiera del tren.
Los periodistas estaban impactados con la declaración de Terry, y rápidamente pusieron a trabajar sus cámaras para poder captar a la pareja, quienes aprovechando la confusión de los periodistas entraron a la estación donde ya les esperaban.
-¿Mamá? ¿papá? -¿qué hacen aquí? -dijo Terry.
-Por supuesto, no pensaste que les dejaríamos solos…
Además hemos venido a llevarles a su nuevo hogar. -dijo Eleonor.
-¿Nuevo hogar? -creí que viviríamos en tu departamento. -dijo Candy.
Terry también estaba un tanto confundido, pero no dijo nada y permitió que el empleado de su padre les condujera al auto que se adentró por las calles de Nueva York hasta llegar a un barrio bastante bonito.
-No creerás que me he quedado sin un regalo para ustedes… -dijo Eleonor.
-No tenías que…
-De hecho no lo hice yo… yo… sólo me encargue de los detalles… -dijo mirando a Richard de una forma que denotaba cierta complicidad.
El auto se detuvo frente a una bonita y espaciosa casa y al entrar se percataron de que todas sus pertenencias ya estaban allí, además de que se habían comprado muebles nuevos.
-Esto es…
-Es perfecto ¿no es así?
Después de todo, mis nietos deben tener un buen lugar para crecer. -dijo, haciendo que Candy y Terry adoptaran una actitud nerviosa, pues pensaban que era muy pronto para pensar en hijos.
Aún así agradecieron al duque y a Eleonor por todo lo que habían hecho por ellos.
A la mañana siguiente muy temprano, Candy recibió la esperada visita de Albert que además estaba acompañado de Stear y Archie.
-Chicos… ¡Qué alegría! ¿dónde están Paty y Karen? -preguntó consiguiendo que Archie se sonrojara más de la cuenta.
-Candy… en realidad, hemos venido porque hay algo de lo que me gustaría hablarte… sé que no es el momento pero si no lo hago ahora, no sé si pueda reunir el valor suficiente para decírtelo. -dijo Albert.
-Estás asustándome ¿que sucede? -dijo pasando su mirada de un lado a otro como buscando indicios de alguna respuesta.
-Será mejor que entren. -dijo Terry intuyendo que se trataba de un asunto muy serio.
Cuando todos estuvieron instalados en la sala, Albert habló.
-Verás… no sé cómo empezar… -dijo el rubio rascándose la cabeza.
-podría ser por el principio… sugirió Candy como si fuera algo obvio.
Albert suspiró y le entregó un cuadernillo de piel.
-Esto es… esto perteneció a la madre de Anthony… -dijo ella con seguridad.
-Tú… ¿conocías este libro?
-Sí… no en realidad… sólo lo vi una vez… la tía… la señora Elroy me dijo que perteneció a la madre de Anthony…
Albert miró a Stear y Archie y estos asintieron sin que Candy entendiera nada
-Éste es el diario de tu madre… -dijo Albert.
Candy se quedó pasmada al escuchar las palabras de Albert, y luego soltó una carcajada.
-¿Acaso has bebido?
-Escucha Candy… sé que esto te parecerá dificil de creer pero es verdad… Rosemarie Andrew… fue tu madre…
-Eso es imposible. -dijo Candy mientras trataba en vano de procesar lo que acababa de escuchar.
-Eso es imposible… si eso fuera verdad entonces significa que yo… que Anthony es… -dijo sin atreverse a finalizar la frase.
-tú lo sabías y aún así permitiste que yo… que yo… me enamorara de mi propio hermano…
-Sé que quizá no me lo creas pero yo… no lo sabía…
-Ella era tu hermana…
-Lo sé… pero yo… en aquellos días había sido enviado al colegio y cuando volví… era muy tarde.-dijo él con la infinita tristeza que aún guardaba por la pérdida de su querida hermana.
En el fondo de su corazón, Candy comprendió que Albert estaba diciéndole la verdad, pero eso no significaba que no doliera.
Instintivamente fue a refugiarse a los brazos de su esposo que no se había atrevido a decir una sola palabra al igual que Stear y Archie.
-¿por qué me abandonó a mi suerte?
-Ella no te abandonó… Te amó hasta el último aliento. -dijo Albert, acercandole una vez más el diario de la mujer cuyos secretos tenían el poder de cambiar la vida de Candy para siempre…
-Por favor Candy, sólo te pido que le des una oportunidad. -dijo, y luego salió junto con sus sobrinos en silencio.
Sabía que Candy iba a necesitar tiempo para aceptarlo y para conocer la peor parte de la historia.
Después de hablar con Albert, Terry dedicó todo su día a atender y dar ánimos a su esposa, poniendo énfasis en que debía conocer la verdad para juzgar a su madre.
-recuerda cuando me reconcilie con Eleonor… ¿Acaso no era tu deseo tener una madre y un padre?
Aquellas palabras parecieron obrar magia en Candy, pues aunque de mala gana, tomó el libro y comenzó su lectura…
Terry la dejó a solas y se dedicó a preparar una deliciosa cena que sabía le haría mucha falta a Candy.
-Ella en verdad me amó… -dijo Candy desde la puerta de la cocina, sorprendiendo a Terry.
-Sin embargo… no entiendo por qué mi papá no me quiso…
-El no sabía de tu existencia. -dijo Terry.
-Albert me contó el resto de la historia… -dijo con seriedad.
-Fue Elroy la que te puso en esa cesta y le ordenó a una empleada que se te abandonara en el sitio más apartado para que nadie pudiera encontrarte nunca… -dijo él con los puños apretados.
Sin embargo la mujer no tuvo corazón para hacerlo y te llevó al hogar de Pony…
Candy fue incapaz de contener las lágrimas…
Aquella mujer era realmente cruel.
Luego cuando te vio por primera vez, supo inmediatamente que su orden no fue llevada a cabo y buscó una nueva oportunidad de deshacerse de ti… y esa se la ofreció Sara Leagan cuando te acusó de robo… entonces ordenó que se te enviara a México…
-¿C… cómo puede ser alguien tan malo?
-Yo… No lo sé, le dijo mientras la abrazaba.
-Pero al igual que Albert, Stear, Archie y el mismo Anthony… sé que tal vez tú no serías la misma persona de haber sido aceptada por… tu tía…
Candy reflexionó… Eliza era a todas luces la favorita de la anciana mujer… se estremeció tan solo de pensar que ella podría haber sido como Eliza.
-Tienes razón… quizá… ser abandonada fue lo mejor que pudo pasarme… sólo lamento no haber crecido junto a Anthony…
-No fue tu culpa… Anthony no querría que pensaras que lo fue… Apuesto que él adoraba verte sonreír…
Candy recordó entonces que Anthony solía decirle que era mucho más linda cuando sonreía.
-Quiero ir a Chicago y escuchar lo que ella tenga que decirme...
