DRUNKEN MIND, SOBER HEART
—¿Estás seguro? —pregunta Kuon sin terminar de creer lo que escucha.
—Sí, Su Alteza, Lady María se encuentra con él ahora mismo.
Y esa es toda la respuesta que necesita Kuon para ponerse en marcha. Abre la puerta con cuidado y un peso que había estado cargando parece levantarse de sus hombros.
—¡Despertaste! —exclama caminando hacia la cama.
—Por supuesto que lo hice, no puedo simplemente dejarte a tu suerte —dice a modo de broma, pero a Kuon no se le escapa cómo sus palabras parecen carecer de la habitual chispa que las acompaña.
Kuon cruza su mirada con la de María y ella niega suavemente con la cabeza. Y Kuon entiende que no es el momento para cuestionarlo, todos ellos han visto cosas que preferirían nunca haber visto, nunca haber conocido. Cosas que los cazarán por siempre.
—¿Cuánto más piensas quedarte en esa cama? Odiaría que te perdieras mi declaración de intenciones frente a todo el reino.
—¿Tu qué? —pregunta Rick apoyando los codos en los almohadones para elevarse al tiempo que deja escapar un quejido y se sujeta el costado.
—No me hagas dormirte de nuevo —dice María con una mirada amenazante en su rostro —y tú —dice señalando a Kuon—, no lo hagas hacer cosas estúpidas.
—Lo lamento —responden los dos a coro, y luego Rick vuelve a hablar dirigiéndose a Kuon.
—Así que finalmente te crecieron un par de b…
—¡Lenguaje! —interrumpe Kuon—. Hay una señorita en la habitación.
María suspira.
—Mejor los dejo a solas, además hay otros asuntos que requieren mi atención —y dirigiéndose a Rick agrega—. Que estés vivo, Milord, es algo más que un milagro, no lo des por sentado, aún tienes una larga recuperación por delante, no será fácil y será dolorosa, así que guarda tus fuerzas.
Cuando la puerta se ha cerrado tras María, Rick deja escapar una respiración.
—Algunos días siento que María tiene mucha más edad de la que aparenta.
Kuon guarda silencio por un momento antes de responder.
—De ciertas formas, la tiene.
—Ahora dime, ¿qué ha ocurrido mientras no estuve? Y ¿cómo es que me he perdido uno de los momentos que más he esperado durante mi vida adulta?
Kuon niega con la cabeza y ríe. Rick estaba vivo, roto y lastimado en formas que muchos, él incluido, no entendería, pero vivo.
… ….
—Debería irse ahora que puede, Alteza, antes de que sea demasiado tarde.
—¿Por qué debería hacer tal cosa? —pregunta Sho más entretenido que ofendido ante tal atrevimiento.
—No hay futuro para usted aquí.
Sho cierra el libro y ríe.
—Lamento informártelo, señora, pero, no existe futuro para mí en ningún lugar.
Si a Haruki le sorprendió tal afirmación no lo demostró, y suspirando negó con la cabeza antes de volver a hablar.
—Sabe que ella nunca será suya, su corazón tiene dueño desde hace mucho tiempo.
Sho se encoge de hombros.
—No tengo idea de lo que hablas, señora, pero, ¿para qué quieres una, cuando puedes tener las que quieras?
Quizás ya era demasiado tarde para él y había escogido no ver lo que era obvio a simple vista, piensa Haruki para sí mientras lo observa cuidadosamente, estudiándolo, tratando de descifrarlo.
—Lo que diga, Alteza, pero, mi puerta siempre está abierta, —y sugestivamente agrega—, para lo que necesite.
… …
Kyoko mira el grimorio en su regazo cuando le llega la familiar voz.
—¿Terminaste de esconderte?
—No me estaba escondiendo —dice Kyoko y pasando la mano sobre el libro lo hace desaparecer—, solo necesitaba descansar, pero ahora estoy perfectamente —dice e intenta sonreír.
—Y yo que pensé que ya estábamos pasados este punto, no tienes que sonreír si no lo sientes, solo soy yo. Guarda las pretensiones para los demás.
La sonrisa se desvanece de los labios de Kyoko.
—Los extraño, a mis padres —confiesa.
Sho cruza la pierna y lo medita por un momento, no sabiendo qué hacer con tal información. Pero se decide como siempre por la verdad.
—No puedo decir que lo entienda, mi padre nunca ha estado realmente presente y mi madre, bueno, ¿qué puedo decir que ya no sepas? Me mandó a maldecir, según ella para volverme poderoso, pero no siendo en realidad más que la necesidad de demostrar que ella era superior, por vanidad, por envidia, por un orgullo herido. No puedo decir que extrañaría a alguno de los dos.
Kyoko lo mira, pero en esa mirada donde espera encontrar lástima y tristeza, solo parece haber curiosidad.
—¿Alguna vez has tenido a alguien en tu vida? —pregunta—, alguien importante —aclara.
Sho suspira y piensa en Mimori, en cómo la trató, en cómo se aseguró de ser alguien que no la mereciera, pero agradece el cambio en el rumbo de la conversación.
—Hubo alguien una vez —confiesa.
—¿Qué sucedió con ella? —pregunta, la mirada suavizándose.
—¿Qué te hace pensar que era una mujer?
—Tu expresión te delata —dice Kyoko con una sonrisa.
Sho mira hacia uno de los retratos de la habitación.
—Se casó con un Duque y vivió feliz para siempre —dice restándole importancia al tema.
—Ohhh.
—No te lamentes —dice levantándose de su asiento y caminando a servirse una copa—, de todas formas ningún futuro nos deparaba, bueno, ningún futuro me depara a mí, para ser exactos —y luego haciendo una breve pausa agrega—, pero si debo admitir, ojalá hubiese hecho las cosas que hice de otra forma, ella merecía mucho más de lo que le di hasta el final. Era la mejor amiga que nunca merecí. Es más, cuando los veo a ti y a Kuon me pregunto si pudiésemos haber terminado así. Pero bueno, nunca lo sabremos —dice volviendo a sentarse.
—Todavía no estás muerto, ¿sabes? —dice colocando una de sus manos sobre la suya—. Así que por favor deja de sonar como uno. No me he dado por vencida contigo todavía, no te dejaré ir tan fácilmente.
El corazón de Sho se brincó un latido y ese momento entendió por qué no se podía alejar, porque no podía, ni quería regresar a su vida antes de conocerla, solo hasta este momento se dio cuenta que había estado real e irrevocablemente jodido desde el momento en que la conoció.
… …
—Parece que te has estado divirtiendo —dice Kyoko uniéndose a Sho en la terraza.
—Lo he estado haciendo —responde levantando la copa hacia ella—, gracias a tu generosidad, ¿te gustaría unirte a mi pequeña fiesta privada?
Kyoko ríe.
—Si debo confesarlo, aun cuando soy lo que algunos considerarían una experta en materia de vinos, soy terrible asimilándolos.
La chispa de la curiosidad brilla en la mirada de Sho.
—Ahora tienes que decirme más, no puedes simplemente dejarlo así.
Kyoko ríe y niega con la cabeza.
—Tengo la tendencia a quedarme dormida, y en una que otra ocasión puede que haya lanzado un par de hechizos que en el momento parecían muy buena idea.
—No puede ser tan malo, vamos, tómate un par de copas conmigo.
—No lo sé —dice Kyoko estudiándolo con la mirada.
—Vamos, prometo solemnemente llamar a tu doncella o a Lady Chiori si te quedas dormida y evitar que lances cualquier hechizo.
Kyoko lo observa desconfiada.
—Te he visto cuando fuiste berserker en el bosque —comenzó a enumerar—, también te vi perder todo control de tu magia mientras casi me quemas vivo, y al resto del palacio para el caso, también te he visto llorar, e insultar a mi primo en toda regla —la cara de Kyoko enrojecía un poco más con cada afirmación—, así que verte con un par de copas de más, escasamente contaría. Además, podrías usarlas, con toda la mierda que está sucediendo a tú alrededor.
—Bien —dice Kyoko dejándose caer en la silla con una brusquedad más propia de un marinero borracho que de una marquesa.
—Pensé que tomaría más esfuerzo convencerte.
Kyoko responde quitándose los guantes.
—Tengo que aprender a tolerarlo algún día, y hoy es tan buen día como cualquier otro, y tú pareces ser un experto.
—En efecto —dice Sho llenando la copa y pasándosela—, en efecto, Milady.
… …
—¿No debería detenerla, Su Gracia? —pregunta Chiori al duque mientras observa el ir y venir de copas entre Sho y Kyoko.
Lory niega con la cabeza y sonríe.
—No hay absolutamente nada de lo que preocuparse.
—Pero, usted la conoce, ya sabe cómo se pone cuando toma vino de más.
—Por supuesto que lo sé —dice Lory con la sonrisa aun bailando en los labios—, se convierte en la niña que raramente se permite ser, eso, antes de quedarse dormida sobre la primera superficie que encuentre.
—Y se sincera, Su Gracia, de formas insospechadas.
—Y eso le hará muy bien querida, muy bien, ahora acompáñame a tomar una taza de té, a diferencia de ese par, aún es demasiado temprano para que me apetezca algo de vino.
… …
Ella tenía toda la razón, no aguantaba el vino, en lo absoluto. Pero hasta ahora no era tan malo como se lo había imaginado o eso pensó.
—Entonces, ¿cómo es que tú y mi primo terminaron siendo tan buenos amigos? —pregunta, mirando a una Kyoko con las mejillas coloradas a causa de la bebida.
Kyoko hace una mueca con los labios y luego de un momento de silencio responde.
—Él sigue diciendo al día de hoy que fue porque salvé su vida, pero yo creo que es porque yo lo ayudaba a escapar de sus deberes reales.
Sho ríe de buena gana.
—Realmente lo dudo.
Kyoko hace un puchero pero no agrega nada más.
—Bueno, déjame preguntarlo de esta manera, ¿por qué quisiste ser su amiga?, realmente dudo que fuese por su título.
Kyoko frunce el ceño por un momento, pero luego su rostro se ilumina y una sonrisa capaz de hacer detener cualquier corazón a la redonda se adueña de sus labios y Sho la escucha hablar y hablar por lo que parece una eternidad de Kuon, de sus aventuras y desventuras juntos y ahora entiende un poco más el lazo que los une: ambos se veían por lo que realmente eran más allá de los títulos, más allá de la apariencias, él nunca le temió y ella nunca dudó de él, de lo que era capaz de hacer, habían estado siempre el uno para el otro, y muchas veces sabían mejor que el otro lo que en realidad necesitaba.
Sho la escucha, la observa, la memoriza, la inmortaliza en sus recuerdos y suspira, porque no importa lo que haga, no puede apartar los ojos de ella, mucho menos cuando estaba así. No podía decir que Kyoko no fuera expresiva, lo era, a pesar de los esfuerzos monumentales que hacía para no dejar tan expuesto ese lado menos ortodoxo de ella y escandalizar a medio reino. Pero ahora, cuando el vino obviamente se le había subido a la cabeza, era una vista digna de admiración y el corazón de Sho parece dar saltitos en su pecho, al verla hacer pucheros, reír, gesticular con las manos, intentar imitar a los protagonistas de sus historias…, pero sus pensamientos son prontamente interrumpidos por los sollozos repentinos de Kyoko.
—¿Qué sucede? —pregunta recostándose en su asiento.
Kyoko se enfurruña, luego hace un puchero y finalmente con los ojos cuajados de lágrimas, habla:
—¿Por qué no está aquí? ¿Por qué no está Kuon aquí cuando más lo necesito?
—Kuon tiene responsabilidad para con el reino —le recuerda Sho—, lo sabes.
—Sí, sí, siempre es lo mismo —dice Kyoko las palabras enredándosele en la lengua—, ¿qué hay de mí? Lo quiero aquí.
Sho se inclina y rellena su copa, por la pinta que tenían las cosas, la iba a necesitar.
—Y yo que pensaba que te ibas a quedar dormida —susurra Sho para sí mismo.
—¿Qué? —pregunta Kyoko sorbiendo por la nariz.
—No, nada, será mejor que llame a tu doncella o a Lady Chiori para que te ayuden a llegar tus aposentos, ahora mismo necesitas una buena noche de sueño.
—Pero yo no quiero dormir.
Sho apoya su rostro sobre su mano, una sonrisa haciéndose camino en sus labios.
—Entonces, ¿qué quieres hacer, Milady?
—Quiero entender —dice y sus palabras suenan desoladas y desesperadas al tiempo—, quiero saber qué se supone que haga, por qué me dejó ese libro, cómo se supone que aprenda sin que me engulla la oscuridad que palpita aquí dentro —dice llevándose la mano al pecho y luego agrega con un sollozo—, ella tenía que enseñarme…, quiero a Kuon.
—¿De qué estás hablando Kyoko, qué libro? —pregunta Sho, campanas de alerta sonando en su mente.
—Era suyo, y ahora es mío… —y luego pasando repentinamente de la amenaza de lágrimas, a las risas exclama un: ¡Tu cabello se vería bonito de rosa! mientras hace un movimiento con sus manos y apunta hacia su cabello.
—Kyoko —llama Sho esta vez sujetándola de la muñeca para que no se caiga cuando intenta ponerse de pie—, ¿de qué estás hablando?
—Ayúdame a entender, Kuon, por favor —es lo último que dice Kyoko antes de caer dormida en la silla, donde hasta hace breves momentos había estado sentada. Dejando a Sho con el corazón apretado en el pecho y una y mil preguntas por responder.
… …
A drunken mind, speaks a sober heart
