Estaban en plenas vacaciones de Navidad, sin agobios de exámenes ni de trabajos ni clases, tiempo de descanso, y para Isis era así, ni siquiera se había preocupado de mirar si había entrenamiento, se había dejado el equipo, harta de que su capitán confiase más en una pulga que en ella.

Desde el día que había decidido dejar el equipo le habían llegado notas de disculpas de Remus y James por no haberla creído cuando ella aseguró que no mentía, pero ella había quemado cada una de las notas.

Sin importarle que los chicos derramasen lágrimas cada vez que la veían hacer eso.

Sirius negaba con la cabeza aquella tarde en el comedor, después de comer, la niña había vuelto a recibir notas, esta vez tres.

Se acercó curioso para leer la tercera nota.

"Pequeña Isis,

Siento mucho haberte golpeado, no era mi intención, perdí los nervios. Te aseguro que no volverá a ocurrir.

Pero lo que más siento de todo es haberte acusado de mentirosa (Cuando coja a esos tres bichos se la ganan), perdóname por favor.

No se que haría si desaparecieses de mi vida.

James también lo siente mucho y te recuerda que esta tarde hay entrenamiento.

Desea con toda su alma que asistas"

Isis se separó del pecho de su hermano, había vuelto a leer su correspondencia sobre su hombro, miró directamente a los ojos de Lily, intentando ver su real arrepentimiento, no tuvo dudas, la chica no se atrevía ni a sonreír, así que la niña le sonrió y le guiñó un ojo. Todo olvidado, ella también la quería con locura, era la hermana mayor que nunca había tenido.

James miró la sonrisa en el rostro de su novia y dirigió su mirada hacia esos preciosos ojos azules, la sonrisa de la niña se borró de nuevo, pensaba que los había perdonado a los tres.

Remus levantó la cabeza del plato, avergonzado hasta la médula por su comportamiento con la niña. Isis suspiró al notar su mirada.

-Mañana es luna llena- le informó el licántropo, ya se notaba la debilidad en su rostro.

-Lo se Lupin- la cosa no iba por buen camino.

Al chico se le aguaron los ojos, pero la voz la mantuvo serena.

-Te lo digo por si querías acompañarme.

-¿En serio?- si no hubiese sido por su hermano que cayó al suelo hubiese sido ella de la emoción.

-Me apetece estar con una lobita blanca- estaba comprando su perdón, y lo sabía. Se sentía pordiosero, pero necesitaba que Isis lo perdonase. Dos días sin oír su risa o jugar una maldita partida de ajedrez lo estaban destrozando. Y con la cercanía de la luna llena todo era peor. Mucho más visceral.- ¿Qué dices?

-¿Lo preguntas en serio?- su alegría no cabía en su pecho.

La niña se levantó y le dejó su sitio a su hermano. Saltó por encima de la mesa y lo rodeó por el cuello en un fuerte abrazo, desde hacía tres lunas no la habían vuelto a dejar ir y ella se moría de ganas por corretear junto a sus hermanos.

-Que suerte tenéis, yo no le puedo ofrecer nada así- se quejó el capitán del equipo de Gryffindor- Nos vemos.

El joven se alejó con la cabeza gacha, sólo le faltaba llorar, y no le faltaban las ganas, pero el orgullo podía con ellas aún.

Sirius se sentó en el sitio de su hermana.

-¿Cuándo piensas hacer las paces con él?- le preguntó cabeceando hacia su amigo mientras este abandonaba el comedor.

-Cuando se lo gane- respondió con los dientes apretados, más que ella no lo estaba pasando nadie peor.

-¿Cuándo se lo gane? ¿Cuántas notas te ha enviado disculpándose, ya?

-He perdido la cuenta, Sirius. Creo que esta ¡Flagate! Es la que hace quince.

Sirius negó, Isis era dura de roer. ¿Dónde estaba su corazón?

-Va como alma en pena- intercedió el licántropo por su amigo.

-Nunca me ha creído, siempre me pone en tela de juicio. Estoy más que harta. Me voy. Espérame mañana, Remus.- el chico asintió.

La niña salió corriendo del comedor, esperando encontrarse con un apuesto buscador de la casa de Gryffindor, estaba cansada de hacerlo sufrir, dos días eran más que suficiente, tampoco podía alojar tanto rencor dentro de su ser. Si había podido perdonar a Lily, ¿Por qué a su merodeador favorito no?

Salió a los terrenos del castillo y lo vio allí sentado sobre la nieve, sólo y llorando. El corazón dejó de latirle, ¿Tan mal estaba por ella?

Se acercó lentamente y se sentó sobre sus piernas, no quería resfriarse por el frío.

Él se limpió las lágrimas.

-Lo siento James, no sabía que te importaba tanto- no podía soportar verlo llorar, no al más fuerte.

-No importa, no hago más que cagarla. Nunca te creo y no has dicho ni una sola mentira desde que te conozco. Y aún así tu me aceptas, no te merezco Isis- volvía a llorar.

-James, yo…- ella estaba apunto de ponerse a llorar nada más de verlo.

-Puedes volver al equipo, acabo de dejarlo. Espero que el nuevo capitán te acepte tal cuál eres y no te intente cambiar ni piense que mientes cada vez que abres la boca- ella se levantó de rebote.

-¡Cómo que acabas de dejar el equipo? ¡Te has vuelto loco? ¡El partido contra Hufflepuff está a la vuelta de la esquina!- Isis no podía entenderlo- Has echado la toalla, ya no eres un luchador.

-¿Para qué Isis? Mis padres y mi hermana han muerto, vivo con mis abuelos y ellos ya son muy mayores, no tardarán en abandonarme también. Lo único bueno que tengo… que tenía, alguien a quien cuidar no me quiere ni hablar, la eché del equipo sin siquiera cerciorarme que no me mentía, después de haberle prometido que no volvería a dudar de ella, después de prometerle al mismísimo Merlín que la escucharía si no moría en la enfermería el día que la intoxicaron con Veritasserum- las lágrimas salían descontroladas de sus ojos.

-¿Hablas de mi?- Isis y su maravillosa ironía.

-¿De quien si no peque? No he conocido a ninguna cazadora como tú, tan arriesgada. No conozco a nadie que se deje la piel en el campo de la manera que tu lo haces y lo único que se me ocurre cuando estoy enfadado contigo es alejarte del equipo. Vaya mierda de capitán, ¿No crees?

-¿Te importo, verdad?

-Sí, más de lo que crees, y no sólo por ser la hermanita de Sirius, no te equivoques.

-Sí te importo de verdad vuelve al equipo- le sugirió la niña.

-No volveré si tú no vuelves- le aseguró el chico.

-Pues hay un pequeño problema- empezó la niña a dar pequeños pasos hacia atrás mientras se agachaba para recoger un poco de nieve del suelo.

-¿Qué – no pudo continuar una bola de nieve acababa de impactarle en plena jeta, escupió el hielo y sonrió a la niña maliciosamente- Pequeña serpiente traicionera no sabes con quién te has metido.

El chico se levantó del suelo mientras recogía nieve del suelo y la aplastaba entre sus manos.

-No te atrevas James o me chivo a mi hermano- le advirtió la niña.

-Eso también sería nuevo, si no te chivaste de esos tres mocosos, ¿Por qué te chivarías de tu merodeador favorito?

-¡Ala! Serás creído- la niña volvía a agacharse para recoger más nieve, el chico se acercaba peligrosamente hacia ella.

-¡Señor Potter!- la profesora McGonagal salía del castillo echando chispas por los ojos, blandiendo un sobre en lo alto de su cabeza.- ¿Qué significa esta carta? ¿Me lo puede explicar?

-¡James no!- gritó Isis mientras esquivaba la bola que le lanzaba el chico- ¡Me las pagarás!

Corrió tras él con dos bolas de nieve en las manos, el chico corrió a resguardarse tras su profesora cuando Isis las envió a la vez. Una impactó directamente en el rostro de la joven profesora y la otra sobre la cara del guapo buscador.

-Que puntería tienes cabrona- se quejó el joven, ¿Cómo podría jugar sin ella? ¿En quién debía confiar, en los dos negados que se habían presentado a la prueba de selección?

-Señor Potter, su lenguaje, por favor- le rogó la profesora.

Isis se había quedado a escasos metros de ellos dos, intentando despistar, pero le era completamente imposible, fuera en los terrenos sólo estaban ellos tres.

-Lo siento profesora, iba para James- se disculpó Isis aguantando la risa.

-Bien señorita Black, ¿Sabe que su capitán acaba de abandonar el equipo?- quería que el chico recapacitase en su decisión frente a uno de sus mejores jugadores.

-¿De verdad?- se hizo la sorprendida. James la miró con la boca abierta, ella ocultó la carcajada con la mano, lo acababa de descolocar, Isis mentía y cuando lo hacía todo el mundo la creía. Hasta él pensó unos instantes que ella no lo sabía. En seguida volvió a recordar porque había empezado la guerra de bolas de nieve.

-Sí señorita Black, dice que no aguanta la presión del equipo, que ha perdido a sus mejores jugadores- explicó el contenido de la carta.

-Es que todos echamos de menos a McKenzi, señora, bueno y a Frank y a Wood- habló con pesar.

-Bueno, pero el equipo de este año también es bueno Potter, aún no han perdido ningún partido, y la señorita McKenzi estoy segura que volverá al equipo, le encanta el Quidditch.

-Eso espero- convino James apesadumbrado, necesitaba el par Black McKenzi para proteger a Isis, su mayor ofensiva.

-Bueno- abrió el sobre y le entregó de nuevo la insignia- Póngasela, antes de que me arrepienta y por el amor de Merlín, abríguense un poquito que hace un frío del carajo- se dio la vuelta y se metió de nuevo en el castillo.

Isis le guiñó un ojo y le volvió a lanzar dos bolas certeras.

-Si te cojo te enteras, enana.

-Si, si mucho hablar pero no veo la nieve más que en mis botas- y se señaló las botas militares.

Pasaron un buen rato lanzándose bolas de nieve, nadie salió para ayudar a ninguno de los dos, pero dos chicos y tres chicas los miraban enternecidos desde la ventana de la sala común de Gryffindor.