¡Hola!
La vuelta al trabajo y el consiguiente empeoramiento de mis migrañas me impiden responder a los reviews. Como tenía el capítulo casi terminado no quise haceros esperar más. Siento mucho la tardanza, pero estaba intentando esperar a estar un poco mejor y así responder a todas vuestras dudas antes de publicarlo, como hago siempre. Pero no puedo, lo siento. Supongo que se nota que no estoy en mi mejor momento en este comentario previo. Llevo toda la tarde encerrada en mi cuarto con las persianas en oscuridad total y drogada hasta las cejas, ahora al fin he podido encontrar un ratito en el que las migrañas me han dejado tranquila y he querido subiros el capítulo para que podáis disfrutarlo.
El agua resbalaba por mi cuerpo en la ducha del baño que había en el cuarto que tenía asignado. Echaba de menos la larga piscina de mis dependencias en la fortaleza, esa que mi querido Lameth había preparado con cientos de grifos que se adaptaban a mis deseos, desde un chorro que imitaba exactamente a una cascada en una gruta, con el aroma de las rocas y el musgo, hasta el que provocaba que se convirtiese en una laguna de agua salada. Eso trajo a mi mente el dilema de mi joven amigo con su pupila.
Me vestí y bajé las escaleras que me separaban de su dormitorio en aquella torre y me detuve ante la puerta. Podría traspasarla sin ningún inconveniente, pues hacía siglos que tenía su permiso para irrumpir en sus refugios, pero no quería incomodar a la niña. Le di dos golpecitos a la puerta y se abrió de inmediato. No había rastro visible de mi amigo aunque podía escuchar el agua correr en el baño, probablemente se estaba dando una ducha. Lavender estaba sentada en la cama terminando de ponerse los calcetines y los zapatos, su varita descansaba a su lado.
- Buenos días, Ennoia. – Cuando alzó la mirada vi en sus ojos que algo había cambiado, no estaba la sonrisa que los hacía brillar. Había madurado a raíz de todos los acontecimientos, tampoco se me escapó que algo más era diferente en ella, Lameth le había dado su sangre, ahora estaba ligada a él por completo.
- Buenos días, Lavender. ¿Cómo te encuentras hoy? – Le pregunté con genuino interés por su salud.
- Mucho mejor. Dirck me dijo que tú le habías avisado de lo que ocurría con Ron… muchas gracias. – Se levantó y alisó su falda para que estuviese perfecta. – También me contó que le detuviste cuando estuvo a punto de borrar todo eso de mi mente. – Se acercó hacia mí con una seguridad diferente a la que tenía antes y tomó mis manos por un segundo antes de abrazarme. – Gracias por impedirlo.
- Tranquila, pequeña. No era justo que lo hiciese…
- Buenos días, En. – Lameth entró en el dormitorio y comenzó a vestirse. – Hoy no será necesario que me sigas con tu homúnculo, he dejado por completo lo de la maldita apuesta. Acepto mi derrota. – Tampoco estaba de muy buen humor, no creo que fuese capaz de fingir nada hoy.
- Me lo imaginaba. Sólo vine para interesarme por Lavender. – Acariciando la mejilla de la niña.
- Eres muy amable por preocuparte, En. – Guardando la varita en la manga del suéter y tomando a Lavender por la cintura y acercándola protectoramente a él. – Hoy no pasará nada, mi dulce flor. – Besó su cabello cariñosamente y ahí estaba la sonrisa de Lavender, sólo para él. – Vamos a comer algo. ¿Vienes? – Aunque sus ojos dejaban claro que no deseaba ninguna compañía.
- No, gracias. Id vosotros delante… tengo que… hablar con Lara. – El aroma de jazmín comenzaba a llegar a mí a través de las escaleras.
Lara y Harry no tardaron en aparecer en el descansillo del piso de Lameth, entre la vampira y yo hubo un intercambio de miradas en el que nos pusimos al día de todo lo necesario. Entonces ya sabía que no sería lo más aconsejable provocar a Lameth o meterse con Lavender, al mismo tiempo se comprometió a vigilar a los dos objetivos más probables para que nuestro amigo descargase su ira, Ronald y Anthony. Harry avanzaba a su lado cabizbajo, al parecer no quería enfrentarse en absoluto a la tal Romilda.
- Hijo, es sólo un beso… - Le di un par de palmadas en el hombro. – Cualquiera diría que te enviamos al patíbulo. – El chico no dijo nada.
- Llevo toda la noche intentando animarle y nada. – Protestó Lara. – Harry, no te preocupes, aunque tardes, seguirás ganándome. Padma no tiene interés alguno en el sexo femenino, por lo que mis esfuerzos son fútiles con ella. – Intentando que eso le diese el valor necesario.
- No lo entiendo… - Negué con la cabeza.
- Es que está loca. – Murmuró por lo bajo. – Durante un año me estuvo persiguiendo, incluso intentó que bebiese una poción de amor…
- Bueno, pues tú simplemente ponte a tiro para que te dé un beso, después Draco se ocupará de ahuyentarla. Tú tranquilo.
- Eso tampoco me ayuda mucho. ¡A saber qué se le ha ocurrido a ese! – Parecía un alma en pena.
- Lo más probable es que tenga que ver con su condición de vampiro, oí decir que la niñita en cuestión no es una gran fan nuestra. – Comentó Lara.
- ¿No me morderá? – Preguntó asustado.
- Ni loco. – Se rió Lara. – Eso sería una violación de las normas del director Dumbledore para nuestra estancia en el castillo. – Harry le lanzó una mirada de soslayo. – Si lo hace delante de ella, seguro que lo sería.
Una vez en el comedor hice recuento de los "jugadores" a los que tendría que seguir aquel día. Sólo Lara, Lameth, Tony, Draco, Hermione, Pansy y Harry quedaban por conseguir sus objetivos. Lameth me había dejado claro que no iba a molestarse en seguir con el juego, Lara no encontraba ningún entretenimiento en Padma, Pansy lo llevaba como un proyecto a largo plazo, Harry necesitaba paciencia. Y, por el gesto que Tony me hizo con el dedo corazón, me quedó claro que también mandaba el jueguecito a la porra.
Durante el desayuno me llamó la atención el revuelo en la mesa de mi joven amante. Tras la noche que había pasado con él y correteando con Binky, dormí como una jovencita en mi cama y me desperté con una sonrisa tonta que comprobé en el espejo antes de entrar en la ducha. No me gustó nada que tuviese problemas por mi causa. Aunque me sorprendió que en ningún momento se dijo mi nombre en medio de tan acalorada discusión. No podía negar que nos habíamos dedicado a una sola cosa en cuanto sus compañeros se fueron, pero se comportó como un caballero y no dijo nada de lo sucedido entre esas paredes. Incluso intentó defender mi honor al increpar a su compañero por tratarme de un modo tan despectivo. Realmente se ganó mi respeto al anteponer mi dignidad ante los puntos que podría ganar vanagloriándose de todo ante sus compañeros. Le seguí cuando hizo su mutis, no sin antes dejarle claro a Macmillan que no es recomendable meterse con el protegido de un vampiro.
- ¿Por qué te has ido? – Le pregunté cuando estuve a su altura. – Podías haberte quedado y contarles a tus compañeros todo lo que había pasado entre nosotros. – Me dirigió una mirada de incredulidad. – Vale. No pregunto. – Siguió caminando y le seguí un rato en silencio. – Siento mucho haberte causado tantos inconvenientes, no debí presentarme así ayer… - Se detuvo y me miró con calma. - ¿Te has olvidado de cómo hablar? – Se sonrió.
- No se me ha olvidado, Ennoia. – Negó con la cabeza. - ¿Por qué me sigues? – Preguntó frunciendo el ceño.
- Buena pregunta. Puede que me sienta culpable por lo que pasó antes, que me preocupe por ti y por lo que puedas hacer. – Respondí a su pregunta con calma.
- ¿Por qué me escogiste en primer lugar? – Siguió preguntando.
- La pura verdad es porque fuiste el primero que me encontré. – Hace siglos me di cuenta de que te ahorras problemas si eres sincero.
- ¿Y por qué me buscaste en mi sala común? Seguro que podías escoger a otro de la misma manera.
- Después de ese calentón que me provocaron por la mañana, me lo hicieron otras dos veces. La primera vez fue cuando nos encontramos, la segunda escogí a otro de tus compañeros al azar, la tercera vez… sólo tú podías satisfacerme correctamente.
- Entonces, ¿sólo soy alguien conveniente para ti? – Cruzando los brazos frente a su pecho, visiblemente molesto.
- Al principio sí, ahora no. Ya te dije que me preocupas.
- ¿Por qué? – Siguió con el interrogatorio.
- Ya te lo dije, me sorprendió que me defendieses. Eso ha hecho que te respete, ya no te veo sólo como un cuerpo cálido y conveniente. Además, me gustaría compensarte por los problemas que te he causado… - No pude decir nada más porque me estaba besando.
No era un beso ardiente de esos en los que sólo está el deseo primario y carnal, sino que era dulce y suave. Sus labios no se apretaban contra los míos sino que los rozaba apenas, su lengua acariciaba la mía como si intentase aprender su geografía. Una mano alzaba mi rostro para permitirle un mejor acceso debido a su altura, con el pulgar me acariciaba en círculos la mejilla. La otra mano se hundió en mi cabello para acariciar mi nuca. Consiguió que cerrase los ojos para poder concentrarme en su tacto, su aliento y el delicioso sabor de sus labios. Vale, Ennoia, puede ser que le hayas cogido algo más que respeto al muchacho y sería mejor que se lo dijeses, sobre todo después de este beso tan fabuloso.
- ¿Sabes que hace siglos que nadie se atreve a hacerme callar? – Susurré abriendo mis ojos con lentitud cuando se alejó de mí.
- ¿Te molesta? – Me desafió.
- ¿Y si te lo explico en un lugar un poco más privado que tus aposentos? – Le propuse.
- Estoy a su servicio, mi señora. – Aún acariciando mi mejilla, pasando un dedo por mis labios húmedos por su beso.
- Puedes llamarme En. – Mientras tomaba su mano para llevármelo a mi dormitorio.
Draco y Hermione consiguieron algo que no pensé que pudiese ocurrir en la apuesta, llegaron a un empate pues ambos fueron besados al mismo tiempo por sus objetivos. Harry siguió rehuyendo a Romilda y Pansy se fue acercando un poco más a Colin con su aspecto de puritana y gracias a la ayuda de dos de sus compañeros que se metieron con ella delante del chico. Eso le hizo ganar algunos puntos frente a él.
Zacharias descansaba en mi cama cuando volví de las cocinas con una bandeja repleta de comida. Ginebra me había acompañado para decirme cómo acceder y para que los elfos no tuviesen inconveniente en servirme. No recordaba muy bien lo que era apropiado, pero las cantidades que me dieron me recordaban algunos de los festines vespertinos que ofrecía Cleopatra a sus íntimos. Lo dispuse todo en la pequeña mesita que había en un rincón que hacía la vez de zona de descanso o estudio. Cuando me giré para despertarlo me encontré con que me observaba.
- ¿Toda esa comida es para mí? – Asentí con la cabeza, absorta en su cuerpo cuando se levantó e intentó cubrirse convirtiendo la sábana en un amago de toga. – No me digas más, los elfos domésticos no te dejaron salir con menos. – Se sonrió, no protestó cuando me acerqué a él. Me puse de puntillas para besarle a medida que hacía que la sábana descendiese por su hombro. – No es justo… - Protestó sonriente contra mis labios, olvidando la sábana y tomando mi cintura para acercarme a él. – Tú sigues vestida.
- Eso tiene fácil arreglo. – Descalzándome con un gesto automático y peleándome con los botones de mi blusa.
- En… - Detuvo mis manos con delicadeza y me obligó a mirarle a los ojos. – Entiendo que quieras complacerme, pero primero necesito comer algo. Lo siento. – Guiñándome un ojo.
- Lo siento, me olvidé. – Si pudiese hacerlo, me estaría sonrojando. El pobre muchacho apenas había desayunado por culpa de la discusión con sus compañeros y luego lo había arrastrado a mi cuarto donde estuvimos haciendo ejercicio como para dejarle famélico. – Pero no es necesario que te escondas tras la sábana, creo que a estas alturas podría dibujarte con detalle con los ojos cerrados. – Tomé su mano y lo guié hasta el sofá, de todos modos se llevó la sábana con él.
- Disculpa si no estoy acostumbrado a mostrar mi desnudez igual que tú. – Ahora sólo envolvió la pieza de tela en torno a su cintura. - ¿Qué hora es?
- Dentro de una hora el sol estará en su cénit. – Tomé una taza y le serví café. – Me temo que te he apartado de tus estudios. ¿Quieres que te prepare unas tostadas? – Arrodillándome a sus pies en el suelo para estar más cómoda y así poder servirle.
- No hace falta, En. Puedo hacerlo yo. – Tomando mi mano y pidiéndome que me sentase a su lado. – No me parece correcto que me sirvas la comida, ya ha sido todo un detalle por tu parte el que te acordases de que como. – Besó mis manos en un gesto cariñoso, más que por mera caballería.
- Sería un placer servirte de ayuda, a lo mejor te podría devolver un poco los favores que te he pedido. – Acaricié su mejilla con ternura, descendiendo por su cuello y acariciando su torso. – Eres una tentación con esa sábana…- ronroneé.
- Tú eres una tentación con cualquier cosa que lleves puesto. – Suspiró. – Humano. Comer. Por favor. – Tomando mi mano y alejándola gentilmente de su cuerpo, me reí por el tono desesperado de su voz.
- De acuerdo, seré una vampira buena y dejaré que el humano coma su comida. – Me levanté para sentarme en el otro sofá. – Así me alejo de la tentación.
- Gracias. – Riéndose conmigo. – Me parece extraño que pueda llegar a ser una tentación para ti. – Negando con la cabeza mientras se servía unos pocos cereales en un cuenco. – Seguro que has conocido a cientos de hombres mucho más tentadores.
- No te creas. – Me encogí de hombros. – Apenas me suelo relacionar con los humanos, paso mucho tiempo en compañía de mi familia o rodeada de animales. – Me arrebujé contra el sofá y abracé mis piernas. – Me parece que hace como dos siglos que no tengo tanto contacto con los humanos como en estas últimas semanas. Si descontamos a los ghoules de Lucian y los habitantes del pueblo que protege.
- ¿Dos siglos? – Me miró asombrado. – Sé que a lo mejor es una insolencia por mi parte pero… - Sabía cual era la pregunta sin necesidad de que la formulase.
- Déjalo en catorce y no preguntes la medida de tiempo. – Me miró asombrado. - No quiero que salgas corriendo. – Regalándole una sonrisa. – Soy una asaltacunas en toda regla.
- ¿Por qué tengo la sensación de que te refieres a una medida más grande que catorce siglos? – Mirándome con interés.
- De acuerdo. – Acepté a regañadientes – Para ser exactos tengo más de catorce mil años, Zach. – Se quedó boquiabierto.
- ¿Qué demonios puedes ver en mí que pueda resultarte de interés con esa edad? – Preguntó asombrado.
- Eres joven, cabal, inteligente, honesto, educado, atento, valiente, honorable, apuesto, generoso… - Enumeré. – Tienes muchas virtudes y aún no conozco tus defectos, pero lo más importante es que me agrada mucho tu compañía, además de que eres bastante bueno en las artes amatorias. – Guiñándole un ojo. – Te esfuerzas por aprender y no te centras en tu propio placer, sino que te preocupas por el mío también. Eso no es habitual en jóvenes de tu edad.
- Y yo que pensaba que era un simple Hufflepuff más. – Murmuró un poco azorado.
- No creo que se te pueda calificar como simple de ningún modo, Zach.
Seguimos charlando un poco mientras iba dando cuenta de la comida que le había traído. No le mentía cuando le dije que me agradaba su compañía. A veces me aburría un poco con mi familia, siempre con las mismas anécdotas, conversaciones en torno a temas que todos conocíamos a la perfección. Me parecía refrescante el hablar con alguien que no conocía en absoluto, de cosas tan extrañas para mí como la magia o la curiosa rivalidad entre las casas en que estaba dividido el colegio. Por supuesto que algunas de las inseguridades del muchacho eran las típicas de su edad y que no dejaba de ser un adolescente con todos los inconvenientes que eso conlleva, pero se veía que intentaba superarlos por todos los medios. Cuando su apetito estuvo saciado, me permití sentarme junto a él, acurrucarme contra su cuerpo, escuchando el latido de su corazón y la reverberación de sus palabras en su pecho. Así nos encontró Lara cuando le permití entrar en mi dormitorio.
- Disculpad mi intromisión. – Se disculpó. – Pero algunos están preocupados por la ausencia del joven Smith. – Saludándolo con una sonrisa. – Uno de sus compañeros ha acudido al director para informarle de que había sido visto contigo, parece ser que temen que te lo hayas merendado.
- Aguafiestas. – Protesté. – Sólo estábamos disfrutando de nuestra mutua compañía, ¿verdad, Zach? – Mirándole a los ojos, estaba ligeramente ruborizado.
- En, el chico tiene que asistir a clases. No puedes mantenerlo encerrado por muy agradable que sea su compañía. – Me recriminó Lara. – Pero comprendo cómo te sientes, me ocurre lo mismo con Harry y Ginebra, me cuesta alejarme de ellos. – Se dirigió a Zach. – No temas ningún tipo de consecuencia por tu ausencia en las clases, he hablado con tu director y está de acuerdo conmigo en que somos demasiado absorbentes. Pero será mejor que te adecentes para asistir a las clases que aún te queden por hoy, de seguro Ennoia esperará a que termines con tus obligaciones académicas.
- No te preocupes, Zach. Lara tiene razón, he sido egoísta y te he retenido más tiempo del debido. – Besándolo ligeramente. – Ve a ducharte, luego te acompañaré a tus clases si así lo deseas.
- Supongo que no tengo otra opción. – Aceptó resignado. Me hizo gracia cómo se aferró a la sábana para que Lara no viese nada más de su anatomía de lo debido. – Gracias por interceder por mí ante el director. – Le agradeció cuando pasó a su lado en dirección al baño.
- Ha sido un placer. – Se volvió a mí cuando Zach desapareció tras la puerta. - ¿En qué estabas pensando, En? – Me reprochó.
- Perdí todo el sentido del tiempo, lo siento Lara. – Me disculpé. - ¿A que es simpático? – Sonreí.
- Supongo que lo podré comprobar mejor cuando lo traigas a la reunión del viernes, ¿no? – Sonriéndome cómplice. – Espero que comprendas que lo has puesto en una situación delicada ante sus compañeros y profesores.
- No te preocupes, cuidaré de él en lo sucesivo.
- No esperaba lo contrario. Aún le queda media hora antes de la siguiente clase. – Y con eso se fue.
Media hora no da para mucho, pero sabía que podía aprovecharla para que mi joven protegido mostrase una sonrisa acorde con lo que todos pensarían que habíamos estado haciendo. Entre con él en el baño para obsequiarle con una ducha mucho más interesante. Más tarde me encargué de tranquilizar sus miedos ante las posibles habladurías y cotilleos maliciosos. No debía temer ningún tipo de represalia por parte de sus compañeros, su bienestar se había convertido en mi principal preocupación.
Al bajar por las escaleras me di cuenta de que su cuerpo temblaba casi imperceptiblemente, tomé su mano para transmitirle un poco de coraje. Supongo que no era fácil para él presentarse ante todos sus compañeros de nuevo, estaba claro que iban a pensar que era una marioneta más del grupo de vampiros que estaban revolucionando el castillo y a los alumnos. Un mero objeto de entretenimiento, nada importante para mí. Sé que Lucian y Lameth no piensan de esa manera cuando observan a Ginebra, Harry o Lavender, para ellos sí que son parte importante en todos sus planes. Ginebra y Lavender ya se habían convertido en ghoules, en parte de nuestra extensa familia, con voz y voto en nuestras decisiones. Hermione era una más de nosotros desde el instante en que Lucian la conoció, todos sabíamos que en breve terminaría por unirse a nosotros. Blaise y Pansy eran otro cantar. Ella es demasiado compleja y se ha convertido más en un deber que en una devoción, nos consideramos responsables de cualquier complicación derivada de su complejidad. Blaise, por mucho que me duela pensarlo, sí es un entretenimiento pasajero para Isabel. Nada puede substituir a AJ en el corazón de la Assamita. No tenía aún del todo claro qué sería de Zach, pero de lo que no tenía ninguna duda era que iba a encargarme de que nadie se metiese con él por nuestra relación, cualquiera que fuese su naturaleza.
- ¿Estás enfadada por algún motivo, En? – Me preguntó a medida que nos acercábamos al vestíbulo.
- ¿Por qué lo preguntas?
- Porque como sigas apretándome la mano de esta manera me la vas a pulverizar. – De inmediato aflojé mi mano y me giré hacia él con una disculpa en mis labios. – Supongo que tampoco es fácil para ti, ¿no? – Sonrió con ligereza.
- No es eso. – Negué igualmente con una sonrisa. – Supongo que tengo miedo de cómo voy a reaccionar si alguien osa meterse contigo.
- ¡Pues lo tenemos difícil! – Resopló. – Soy un Hufflepuff, o no se enteran de que existo o se meten conmigo. – Riéndose. - ¿Y si voy a mi clase solo? – Acariciando mi mejilla cariñosamente. – Antes podía hacerlo sin necesidad de un guardaespaldas.
- ¿Tan rápido quieres librarte de mí? – Susurré.
- Si pudiese, daba media vuelta y volvía a encerrarme en tu dormitorio. – Pasando sus labios sobre los míos en una suave caricia. – Pero tengo que ir a clase. – Encogiéndose de hombros. – Es lo malo de que seas una asaltacunas. – Riéndose.
- Si sólo tenemos en cuenta la edad a la que fui convertida, el asaltacunas eres tú. – Comenzando a caminar frente a él.
- ¿En serio? – Alcanzándome para deslizar su brazo sobre mis hombros. - ¿Cuántos años tenías?
- Catorce. – Riéndome de la coincidencia.
- Me tomas el pelo, ¿verdad? – Ya estábamos en el vestíbulo, sus compañeros de casa subían las escaleras desde su sala común.
- Es la verdad, en aquel entonces madurábamos muy pronto. No había tiempo para escuelas o cosas por el estilo. – Todos se quedaron mirándonos asombrados y sin saber qué decir o cómo reaccionar. – Cuando Caín me convirtió yo ya era viuda y había dado a luz a dos hijos. Por desgracia eran varones y no pude seguir apropiadamente a mis descendientes como han hecho otros de mis conocidos. – Mi rostro se ensombreció ligeramente por el recuerdo lejano de mi vida como humana. Zach tuvo que darse cuenta porque entonces me abrazó con un poco más de fuerza.
- Supongo que has pasado por mucho en tanto tiempo… no puedo llegar a imaginar siquiera la mitad del dolor que has podido llegar a sentir. – Besó mi frente cariñosamente. – Dejemos eso para más adelante y vamos a clase, ¿vale?
- De acuerdo. ¿Qué asignatura tienes ahora? – Con un intento de sonrisa en mis labios. - ¿Quieres que te acompañe? Aunque no soy bruja, me lo paso bien en las clases.
- No sé, tengo Transformaciones con McGonagall. – Arrugando un poco el ceño. Habíamos pasado por delante de sus compañeros y ninguno había dicho nada, tampoco se atrevieron a molestarnos.
- Me cae muy bien Minerva. Se puede transformar en un gatito precioso. – Zach se rió ante mi comentario.
- ¿No te da miedo de que te coma, pajarillo? – Refiriéndose a la única forma en la que me había visto transformarme.
- En absoluto, Zach. Yo me puedo transformar en cualquier animal. ¿Cuál es tu favorito?
- Había empezado a cogerle aprecio a los gorriones. – Me comentó guiñándome un ojo. – Aunque siempre me han fascinado los unicornios, supongo que es porque como soy un chico no puedo acercarme a ellos.
- Si quieres puedo intentar convencer a uno para que te deje acercarte un poco. – Le dije mientras entrábamos en el aula. – Buenos días, Minerva. – Saludé a la profesora, ya habíamos intercambiado varias palabras desde nuestra llegada y no se sentía tan amenazada por nuestra presencia.
- ¿Ennoia, cómo es que no acompañas a los Gryffindor hoy? – Observando cómo Zach alejaba su brazo de mis hombros con timidez.
- He descubierto que me cae muy bien cierto Hufflepuff. – Tomando la mano del chico nuevamente para insuflarle valor. - ¿Crees que luego podría hablar con Pomona acerca de este detalle? – El resto de los alumnos comenzó a entrar, tanto Hufflepuffs como Ravenclaws fueron ocupando sus sitios en silencio, pero sin dejar de curiosear el intercambio entre nosotros tres.
- No creo que tenga inconveniente en conversar contigo. – Mirando a Zacharias con curiosidad. – Entiendo que te sentarás con el señor Smith durante la clase, puede que hoy la encuentres interesante. – Invitándonos a ocupar un pupitre en primera fila.
Aquel día tenían que transformar un ratón en un animal más complejo, por eso Minerva pensó que me gustaría, había bichos relacionados. Zach estaba un poco nervioso y casi no podía conseguir que el ratón se quedase quieto para poder ejecutar el encantamiento apropiado. Deslicé una mano sobre su muslo, sin intenciones oscuras, sólo relajarle. Acaricié el ratón con la otra mano y me metí en su mente, le aseguré que no le ocurriría nada, que si se estaba quieto todo pasaría muy rápido. Zach me miró sorprendido cuando vio mi manera de comunicarme sin palabras con el roedor, sus ojos se centraron en los míos y pude ver cómo también él se iba relajando. En unos minutos consiguió transformar correctamente al ratón en un gorrión. Minerva le felicitó por haber conseguido una transformación tan compleja y le obsequió con diez puntos para su casa. Ambos nos sonreímos porque sabía perfectamente que había escogido el gorrión como un detalle para mí.
La siguiente clase fue Runas Antiguas, esta la encontraba fascinante porque muchas de ellas las reconocía perfectamente y era capaz de interpretarlas mejor incluso que la profesora Babbling. Zach no pudo ocultar su asombro cuando me dediqué a leer el texto con absoluta fluidez y se azoró al tener que reconocer que no era la asignatura en la que mejor le iba. Sus compañeros ahogaron un suspiro de desconcierto cuando me vieron acariciar su cabello cariñosamente, supongo que también empezó a corroerles la envidia cuando me ofrecí a ayudarle con la materia todo lo que fuese necesario.
Al fin llegó la hora de comer y nos encaminamos al comedor, protestó un poco cuando quise llevar su mochila con los libros, pero le recordé que no era necesario que se quedase sin espalda por ser caballeroso. Para mí no pesaba nada en absoluto y así podía abrazar mucho mejor su cintura. Le acompañé hasta la mesa de Hufflepuff y le pedí que me guardase un sitio, antes tenía que hablar con Pomona y Rubeus. Me despedí con un suave beso en sus labios y me dirigí a la mesa de los profesores.
- Hola, Rubeus. Siento decirte que a partir de ahora me sentaré con Zacharias, he descubierto que su compañía me es en extremo grata. – Expliqué al simpático guardabosques. – Pero no temas, prometo encontrar un hueco todas las tardes para acercarme a tu cabaña y tomar el té contigo para seguir intercambiando impresiones acerca del cuidado de todas esas criaturas.
- Te echaré de menos durante las comidas, En. – Comentó el grandullón. – Pero entiendo que has encontrado a un joven más… adecuado.
- No te me pongas sentimental, Rubeus. – Me metí con él. – Lo que pasa es que Zach me ha recordado algunas cosas que tenía olvidadas, eso es todo. – Desordené sus cabellos cariñosamente. – Ahora te dejo que tengo que hablar con Pomona, no sé cómo se va a tomar que raptase a uno de sus alumnos. – Le dejé y me acerqué a la Jefa de la casa Hufflepuff. – Hola, Pomona, tenemos que hablar. – La saludé seria.
- Sí, En, me parece que es necesario que tú y yo mantengamos una conversación bastante larga acerca de tu repentino interés en el señor Smith. – Me dijo un poco enfadada.
- Mira, no voy a andarme con rodeos, sabes que no es lo mío. – Suspiré. – A ver, al principio sólo lo utilicé para descargar mi frustración sexual, ahora me cae bien, hemos charlado, es un buen chico… el caso es que no quiero que sus compañeros lo crucifiquen por estar conmigo más de lo debido y, como no voy a pervertir a todos tus alumnos durmiendo en su dormitorio, lo que haremos será que vendrá al mío. – No permití que me replicase todavía. – No se volverá a repetir lo de esta mañana, me encargaré de que asista a las clases y también le ayudaré en todo lo que pueda para que haga sus deberes. No te preocupes por ese aspecto. En lo que se refiere a lo sentimental, no pienso discutir nada más. ¿Estás conforme?
- No me dejas ninguna opción para protestar, En. – Me di cuenta que intentaba parecer estricta, pero sus ojos me decían claramente que, aunque no aprobaba del todo esa relación tan extraña, no podía interponerse.
- Te aseguro que su bienestar es mi principal interés. Prometo cuidarle como se merece. Ahora, he de volver a la mesa antes de que algunos encuentren el valor de meterse con él a pesar de mis advertencias.
Cuando volvía para sentarme junto a Zacharias me di cuenta de las miradas de reojo que le lanzaban sus compañeros. La única que se atrevía a hablar con él era la chica Abbot, le regañó por preocuparla al desayuno con aquella salida que tuvo, así como el que no pudiese encontrarle más tarde. Pero no le juzgó cuando él le respondió que había estado conmigo todo ese tiempo. Por eso le dediqué una sonrisa al sentarme junto a Zach en el sitio que me había reservado a su lado.
- Hola, soy Ennoia. – Me presenté con una sonrisa. – Siento haber sido la causa de tantas preocupaciones, prometo que a partir de ahora no raptaré a Zach durante las horas lectivas.
- No pasa nada, me alegro de que al final esté bien. – Me respondió con otra sonrisa y comenzó a comer despreocupada.
- La verdad, es que no me siento como si me hubiesen raptado. – Comentó él divertido. – Creo que no es aplicable ese término cuando el rehén va por propia voluntad a su encierro.
- Tienes razón. – Acariciando su pierna bajo la mesa. – Pero es una condición a la que he llegado con la Jefa de tu casa para que a partir de ahora puedas dormir conmigo. – Me miró sorprendido. – Si tú quieres, claro. – Sus compañeros no perdían detalle de nuestra conversación.
- ¿Quieres decir que la Profesora Sprout no pone ningún impedimento a que me traslade a tus dependencias? – Preguntó incrédulo.
- Siempre que asistas a todas tus clases y no descienda tu rendimiento académico. – Acerqué mis labios a su oído para poder susurrarle mientras mi mano subía por su muslo. – Me parece que te va a encantar mi sistema de estudio. – Se sonrojó en el acto, posó su mano sobre la mía y la acarició de manera invitadora mientras su mirada no se apartaba de mis ojos, leí perfectamente el deseo contenido.
- ¿Estás segura de que quieres soportarme todas las noches, En? – Me preguntó con voz ronca, deseando besarme.
- Será un inmenso placer tenerte cada noche a mi lado, Zach. – Olvidándome de la mesa repleta de curiosos y besándolo con deleite.
Durante la tarde no le acompañé a las dos clases que tenía, no porque no quisiese estar con él sino porque tenía que intentar centrarme en mi papel de juez de este ridículo juego. Al final sólo me quedaban por vigilar Pansy y Harry. La chica se lo estaba tomando con una calma chicha que me tenía del hígado y lo de Harry ya empezaba a rayar en lo ridículo. Fui hasta las dependencias de Lucian para discutir mi intervención en los casos de esos dos.
El muy desgraciado se había hecho con una suite fabulosa, tenía dos dormitorios y una salita en el medio que usaba como despacho para discutir distintos temas con sus secretarios. Me lo encontré discutiendo con Dominique las distintas medidas de seguridad que era necesario ampliar en los terrenos del castillo. Pero es que no hay modo de hacerlo bien, o lo tira y empieza de nuevo o esto no lo defiende ni Haquim.
- Estoy hasta las narices de Pansy y Harry. – Le dije nada más entrar. – Utiliza lo que sea para que el chaval le haga caso a la psicópata y no diré nada, creo que a Tony no le importará. Del atontado de Harry me encargaré yo, ¿de acuerdo?
- Me parece bien… - Aceptó sin levantar la mirada del esbozo que tenía en frente de los terrenos del castillo. - ¿Crees que podrías revisar cuál es el punto más vulnerable del bosque?
- Lucian, es un bosque encantado, ocupa más hectáreas que tus terrenos en Aquitania. Todo el bosque es vulnerable, tiene criaturas que no están preparadas para enfrentarse a vampiros, quizás las únicas ventajas que tenga sean las acromántulas y el hermano de Hagrid. – Me miró con curiosidad, esperando a que me explicase. – Arañas enormes y un gigante. – Asintió con la cabeza.
- ¿Dónde se ha metido Isabel? – No encontraba en el castillo a la asesina, el druida y la futura chiquilla de Luc.
- Tony se ha llevado a Hermione a una clase de Historia. – Eso era explicación más que suficiente.
- Bueno, tendré que conformarme con Jules. – Me resigné.
- En las mazmorras. Está jugando con el profesor de pociones, te recomiendo que no vayas ahora, tienen para rato. – Me explicó.
- ¡Hoy que no puedo acudir a Lameth todos los malditos magos tenían que estar ocupados! – Salí cabreada del despacho.
Me acerqué hasta el aula en la que estaba mi amigo atlante, era la de Historia de la Magia, de seguro que era el único que atendía con verdadero interés a las clases impartidas por el fantasma. Hace siglos que él y yo mantenemos un sistema de comunicación telepática a raíz de nuestra confianza mutua, habíamos tardado mucho en conseguir que funcionase correctamente, pero eso nos permitía discutir algunos aspectos sin necesidad de que los humanos a nuestro alrededor se enterasen de todos nuestros secretos.
- ¿Cómo estás? – Le pregunté.
- Bien. Estoy en clase, Ennoia. – Me respondió con sequedad.
- No te pongas tonto, Lameth, que te conozco desde que eras un neonato. – Le protesté. – Necesito que me hagas un favorcito.
- ¿Qué quieres, abuelita? – Se metió conmigo.
- Quiero que amplíes un poco mi dormitorio y que traslades las cosas de Zacharias Smith. ¿Puedes hacerlo después de que termine tu clase o tengo que escribirte un justificante para el profe?
- Ya está hecho. – Respondió un par de minutos más tarde. - ¿Quiere algo más la señora o así ya está contenta?
- Es más que suficiente. Aunque no te vendría mal relajarte un poco, no es culpa tuya lo que le ocurrió a tu niña.
- Aún estoy intentando contenerme para no darle una paliza a Tony. Y sí que es culpa mía, debería haber impedido que Lavender participase en el juego.
- No podías prever lo que iba a ocurrir, Lameth. Deja de atormentarte un poco y no le des una paliza a Tony… sabes que lo iba a disfrutar.
- Por eso no se la he dado.
Al día siguiente tuve un despertar que hacía tiempo no disfrutaba. Estaba completamente rodeada por el cuerpo de Zach, sus brazos me envolvían con ternura y sus piernas me tenían apresada. Siempre me han subestimado por mi baja estatura, al haber sido creada a una edad tan temprana y en una época en la que tampoco es que la estatura media fuese mucho más alta, es normal que muchos vampiros pensasen que no era un contrincante apropiado. Sin embargo, siempre me he terminado aprovechando de esa falsa imagen de fragilidad, ahora mismo me sonreía de lo agradable que era que Zach fuese mucho más alto que yo, su calidez se extendía por todo mi cuerpo. Me hizo recordar viejos tiempos. No deseaba tener que despertarle, pero me había comprometido a que cumpliese con sus deberes.
Sus compañeros de casa nos ignoraban adecuadamente, no se metían con él y se contentaban con lanzarme alguna mirada incómoda a la que no prestaba ni la más mínima atención. Pomona pudo observar que nuestra relación no sería un inconveniente para él cuando asistimos a la primera clase de Herbología juntos. Me hizo gracia que al principio Zach no quisiese que me manchase las manos de tierra, si el pobre conociese bien mis habilidades no se preocuparía tanto. El caso es que terminamos cubiertos de tierra hasta las cejas y riéndonos de nuestras pintas, pero logramos trasplantar la maldita plantita en un tiempo record.
Casi doy un salto de alegría cuando mis homúnculos me dijeron que los dos que faltaban ya habían cumplido con su parte de la apuesta. Sólo hizo falta un ligero empujón de Lucian a Colin y que dejase encerrado en un aula a Harry con Romilda. Lo más divertido de todo fue ver el método de Draco para alejar a la chica de su "héroe". Abrió la puerta del aula y la apartó sin contemplaciones y empezó a echarle una bronca a Harry.
- ¿Es que no te puedo dejar solo ni un minuto? – Comenzó a imprecarle, furioso.
- Yo… ella… - Balbuceó el pobre Harry.
- Pensé que al fin te habías decidido, pero veo que no puedo confiar en ti. ¡Maldito Gryffindor! – Le gritó. - ¿Después de lo de anoche tienes el descaro de besarte con esta fulana de tres al cuarto? ¡Vamos, di algo en tu defensa!
- Yo… - Harry no tenía ni idea de a qué se refería Draco.
- Al menos dime que sólo fue un beso, porque como te hayas acostado con ella… no respondo de mí.
- ¡Oye! – Intervino Romilda. - ¿A ti qué te importa lo que haga con Harry? – Poniendo los brazos en jarras.
- Mira, zorrita, no estoy hablando contigo, ¿vale? – Le replicó con frialdad antes de volver a concentrarse en Harry, ahora le guiñó un ojo rápidamente, intentando que el chaval le siguiese el juego. – Esto me lo podía esperar de otro, Harry… pero, después de lo que me dijiste anoche.
- ¿Lo siento? – El chico no era capaz de comprender a qué se estaba refiriendo Draco.
- Dime que sólo fue un momento de duda, por favor. – Le pidió en un tono más suave.
- Me besó ella, lo juro. – Harry estaba contra la pared y no entendía nada de lo que pretendía Draco.
- ¡Ya sabía yo que eras rastrera, Vane, pero jamás imaginé que podrías llegar a estos límites! – Volvió a enfrentarse a ella. - ¡Lárgate de aquí! – Le ordenó. Ella salió corriendo de la sala, pero Draco sabía perfectamente que seguía escuchando, y se lo indicó como pudo a Harry. – Harry, cariño. – Continuó ahora en un tono de voz meloso, ante el asombro de Harry. – No pasa nada, entiendo que esa furcia te ha acorralado y no te ha dado opción. – Los dos sabíamos que la mencionada estaba asomando la cabeza por la puerta para tener una buena vista de lo que hacían los dos chicos. – No te lo tendré en cuenta. – Y tomó a Harry por la nuca para plantarle un beso como es debido. No le soltó hasta que escuchó los pasos de Romilda alejándose del lugar.
- ¿Estás loco? – Jadeó Harry en cuanto pudo respirar.
- Tranquilo, que esa no vuelve a mirarte dos veces. – Haciéndole otro guiño. – Aunque mira que estabas espeso, ¿eh? Casi pensaba que me ibas a tirar por tierra todo el plan.
La primera de las reuniones de los viernes a las que acudió Zach fue aquella en la que dejamos claro quién había ganado la apuesta de las narices. Julia fue, sin duda alguna, la ganadora sobre todos los demás. Nos reímos del empate al que habían llegado Draco y Hermione, igual que nos metimos con el pobre Harry y la manera en la que Draco le libró de Romilda. Me gustó ver que Zack se introducía bien en el grupo tan extraño que formábamos entre vampiros y magos. Su asombro al ver que todos le recibían de manera calurosa y ninguno se metía especialmente con él. Aunque tuve que aguantar algunas bromas de Lameth y Tony por haber tardado tanto en encontrar un mago para mí.
Prometo ir respondiendo a los reviews de los anteriores capítulos y aquellos que dejéis en este lo antes posible. Esta semana la tengo de vacaciones y espero poder encontrar el tiempo suficiente para poder hacerlo (y que las migrañas no me torturen más).
Una vez más os pido disculpas y os doy las gracias por estar siempre ahí, apoyándome. Vuestros comentarios son lo único que hace soportable las horas de trabajo, me permiten evadirme del caos de la oficina y sumergirme en un poco de tranquilidad.
Un besazo enorme para todos y todas.
Madie
