El mes de enero pasó y con él llegó febrero y dos cumpleaños muy importantes: el de James Potter y el de Scorpius Malfoy. Por casualidades del destino ambos habían nacido el mismo día con un año de diferencia.
- ¡Felicidades James!
Las voces de Fred y Jordan despertaron al chico aquella mañana. Abrió los ojos lentamente y se desperezó antes de incorporarse. Aquel 8 de febrero cumplía dieciocho años, ya era todo un adulto.
- Gracias, tíos. – Respondió dedicándoles una sonrisa.
- Felicidades. – Dijo su otro compañero de dormitorio, McLaggen, desde su cama, donde terminaba de abrocharse los cordones de los zapatos. Su tono de voz era cordial, pero nada más.
- Gracias a ti también. – Dijo James con amabilidad. No tenían una buena relación ya que siempre había pensado que el otro chico era demasiado pretencioso, pero era su cumpleaños y quería tener un día perfecto.
- ¡Ya verás qué día, esta noche vamos a organizar un fiestón! – Exclamó Fred. – Todo Gryffindor está invitado.
- Será una pasada. – Añadió Jordan que, por fin, había recuperado la buena relación con sus dos amigos. – Alcohol, música, comida… ¡por fin algo con lo que romper la rutina!
- Seguro que sí. – El cumpleañero volvió a sonreír. – Aunque ya os dije que no teníais que organizarme nada.
- Cualquier excusa es buena para una fiesta. – Dijo el chico Weasley. – Además, eres nuestro amigo, claro que teníamos que prepararte algo así.
- Lo que me recuerda, tenemos algo para ti. – Añadió Jordan.
Fred le dedicó una maliciosa sonrisa a su primo antes de darle una caja envuelta. James la abrió rápidamente y sacó una botella de whisky de fuego y un manual de quidditch, Cómo ser un buen capitán en diez sencillos pasos.
- No los uses al mismo tiempo. – Le recomendó su primo.
- Sí, no creo que sea buena idea volar después de beberte todo eso.
- Muchas gracias chicos, les daré buen uso a ambas cosas. – James les guiñó un ojo y salió, por fin de la cama. – Voy a cambiarme, os veo abajo.
- ¡Felicidades Scorpius!
- ¿Qué hora es…? – Murmuró este, ignorando la felicitación de sus amigos.
- Tan agradable como siempre. – Masculló su primo, cruzándose de brazos.
- Hora de bajar a desayunar, pero nos esperábamos un poco más de entusiasmo. – Añadió Albus. - ¡Cumples diecisiete, por fin eres mayor de edad!
- Podrás hacer magia fuera de Hogwarts y aparecerte. – Dijo John.
Scorpius se incorporó de un salto al escuchar aquello. Por un momento se le había olvidado qué día era. Se puso de pie rápidamente y corrió a vestirse.
- Seguimos esperando un "gracias". – Insistió Theo.
- ¡Muchísimas gracias, chicos, sois los mejores! – Exclamó con una sonrisa, mientras cogía un uniforme limpio. - ¿Está mejor así?
- Te acabas de quedar sin regalo. – Albus se cruzó de brazos.
- ¿Qué regalo? – Preguntó el rubio.
- Una cosa fabulosa que te habíamos comprado, pero que hemos decidido no darte por tu comportamiento, jovencito. – Añadió Goyle.
- ¡Oh, venga ya! Soy el mayor, no podéis tratarme así. – Scorpius lanzó una carcajada. - ¿Qué es?
Los tres se miraron durante unos instantes, tratando de decidir si se lo daban o no. Finalmente, Albus se encogió de hombros y los otros dos asintieron. El pelinegro se acercó a su cama y, de debajo de esta, sacó un paquete. Scorpius lo abrió rápidamente y sacó la nueva equipación de los Murciélagos de Ballycastle, su equipo de quidditch favorito.
- ¡Me encanta! – Dijo, sonriendo. – Muchísimas gracias, chicos.
- Ya sabemos que somos geniales. – Contestó Nott con arrogancia.
- Los mejores amigos del mundo. – Añadió John.
- Y que no podrías vivir sin nosotros. – Terminó Albus, enarcando una ceja. – No hace falta que lo digas.
- Sois unos malditos egocéntricos. – Scorpius puso los ojos en blanco, pero sonrió. ¡Por fin era mayor de edad!
- Termina de vestirte, te esperamos abajo para ir a desayunar.
En la mesa de Ravenclaw las chicas desayunaban lentamente, sumidas en un extraño silencio. Rose estaba agotada, la noche anterior se había acostado muy tarde preparando el regalo de Scorpius; Lizzy intentaba dar con algo que le gustara a James, pues el regalo que le había comprado aún no había llegado; Caroline estaba triste y hablaba poco desde que Albus y Clary comenzaron a salir; Martha pensaba en el partido contra Hufflepuff del sábado y Eliza intentaba recordar qué había olvidado hacer para Encantamientos.
- ¿Había que entregar hoy una redacción para Encantamientos, verdad? – Preguntó, por fin, Eliza, rompiendo el silencio.
- No, solo había que hacer unos ejercicios sobre el último encantamiento que vimos en clase. – Contestó Caro, con una media sonrisa.
- ¡Menos mal! Estaba a punto de volverme loca. – Dijo, haciendo que las otras cuatro comenzaran a reír. – En serio, sabía que había que hacer algo, pero no tenía ni idea de qué.
- ¿Por qué no nos preguntaste antes? – Martha negó con la cabeza.
- No me acordaba. – La chica se sonrojó un poco y sus amigas volvieron a reír.
- Para tu cumpleaños te regalaremos una agenda. – Dijo Rose.
- Pero que esté encantada, anote las cosas solas y la siga a todas partes, sino no serviría de mucho. – Lizzy le sonrió y arrugó un poco la nariz.
- Y hablando de cumpleaños…
Caro señaló con la cabeza la puerta, por donde los Slytherin de sexto curso entraban vitoreando a Scorpius y diciéndole a todo el mundo que era su cumpleaños. Rose sonrió al ver al chico y tuvo que reprimir sus ganas de correr hasta él para felicitarlo, abrazarlo y besarlo.
- Parece que es el cumpleaños de tu "amigo", Rose. – Comentó Martha riendo.
- Deberías ir a felicitarlo. – Lizzy le guiñó un ojo y la pelirroja la fulminó con la mirada.
- Ya le gustaría a él.
Rose puso los ojos en blanco y terminó de comerse su trozo de pastel de chocolate. Miró de forma distraída hacia la mesa de las serpientes y se tocó el bolsillo de la túnica, donde tenía la nota que había escrito para Scorpius. Tenía que inventarse alguna excusa para ir hasta allí.
- Chicas ahora vengo, tengo que hablar con Albus del regalo de cumpleaños de James. – Dijo, poniéndose de pie. Menos mal que ambos chicos cumplían años el mismo día.
Las demás asintieron y ella se alejó. Su primo le sonrió al verla acercarse. Sabía perfectamente a qué venía. Rose se quedó detrás de Scorpius, justo enfrente de Albus y comenzó a hablar con naturalidad.
- Hola, Al.
- ¿Qué pasa, Rose?
- ¿Está listo el regalo de James? – Preguntó.
- Sí, lo tiene Lily, esta tarde se lo daremos. – Contestó él. – También es hoy el cumpleaños de Scorpius, por si no lo sabías.
El rubio se giró un poco para mirarla y le dedicó una media sonrisa traviesa que hizo que la pelirroja tuviera que controlarse para no delatarse delante de todo el colegio.
- Felicidades, Malfoy. – Dijo de forma seca, notando cómo el corazón le latía con fuerza.
- Gracias, Weasley. – Sus ojos se cruzaron y ella se llevó la mano al bolsillo. Él entendió lo que ella quiso decirle y extendió una mano de forma disimulada.
- Bueno, me marcho ya. – Dejó caer la nota. – Avísame con la hora cuando hables con Lily y Hugo. Hasta luego, Albus.
- Adiós, Rose.
Scorpius bajó la mirada y sonrió. Le costaba fingir que no había nada entre ellos, pero al mismo tiempo era también emocionante. Comió rápidamente y se marchó el primero del Gran Comedor. Quería saber qué ponía en la nota.
"S,
Esta noche, a las once, en la puerta de tu sala común. Noche en los jardines. Pídele a Albus el mapa.
Feliz cumpleaños,
R."
El rubio sonrió. No podía esperar a que llegara la hora.
James y sus amigos estaban en uno de los patios disfrutando de su hora libre. El pelinegro escuchaba a sus amigos hablar de la fiesta cuando, de repente, notó algo que le quemaba la piel. Frunció el ceño y se sacó del bolsillo la moneda que Lizzy y él usaban para comunicarse en secreto desde su quinto curso. Miró a su alrededor, consciente de que la chica tenía que estar cerca. La vio en uno de los pasillos haciéndole gestos.
- Voy un momento al baño, en seguida vuelvo. – Mintió.
Se puso de pie y anduvo hasta el corredor rápidamente. La morena sonrió y lo guió hasta un pasillo más pequeño, oculto de las miradas indiscretas de la gente.
- Ven. – Dijo, señalándole un tapiz. Se ocultó tras él y el chico la siguió. – Feliz cumpleaños, Jamie.
Lo besó y él la atrajo hacia sí. Cuando se separaron ambos sonrieron.
- Gracias, Lizz. – Murmuró. – Pero, ¿no deberías estar en clase?
- Solo tenía Adivinación. – Contestó ella, quitándole importancia con un gesto. – Adivino más cosas que Trelawney, lo sabes tan bien como yo.
- Eres toda una rebelde. – Le dedicó una media sonrisa.
- Pues como tú. – Lizzy sonrió y lo besó otra vez.
- Espera, - James se obligó a separarla de él y la chica lo miró molesta. – ¿no crees que esto es un poco arriesgado?
- Nunca pasa nadie por este sitio y no van a mirar aquí detrás. – Dijo. – Además, tenía que felicitarte, no te he visto en el desayuno.
- Es que he bajado tarde y ya te habías marchado. – Se excusó él. - ¿Y qué me has comprado?
- Pues siento decirte que mi regalo todavía no ha llegado, pero puedo darte un adelanto de lo que va a pasar esta noche. – Se puso de puntillas y volvió a besarlo, ahora con más pasión, pegándose a él.
- ¿Esta noche? – Murmuró él cuando se separaron para tomar aire.
- Bueno, había pensado que podíamos pasar la noche en la Sala de los Menesteres. – Dijo en su oído. Él se estremeció mientras ella comenzaba a besar su cuello. – Tú y yo solos, ya sabes.
- Me habían organizado una fiesta, pero… - Tragó saliva, intentando concentrarse mientras la chica subía ahora besando su mandíbula y enredaba una de sus manos en su pelo. Aquellos eran sus puntos débiles y ella lo sabía. – Elizabeth, si sigues no respondo de mis actos.
- Pues ven esta noche y terminamos lo que hemos empezado. – Llegó hasta sus labios y lo besó con pasión. James la elevó y la apoyó contra la pared mientras ella enredaba las piernas alrededor de su cintura.
- Supongo que pueden hacer la fiesta sin mí. – Murmuró antes de morder el labio de la chica.
Lizzy gimió un poco, pero se obligó a apartar a James y puso de nuevo los pies en el suelo, para frustración de ambos.
- Lo siento, si hubieras seguido, no me hubiera podido controlar.
- Eres muy persuasiva, Collins.
- Lo sé, Potter. – Le guiñó el ojo. - ¿Tienes la capa?
- No, pero la tiene Lily así que se la pediré a ella e iré a recogerte. – Contestó él. – Te avisaré usando la moneda.
- Está bien. – Lizzy lo besó una vez más. - ¿Vienes?
- Dame un par de minutos para recuperarme. – Comentó con una sonrisa burlona. – Aunque, mejor, sal tú primero, por si pasa alguien.
- De acuerdo, hasta esta noche cumpleañero.
- Hasta luego, Lizz.
James esperó cinco minutos y tomó aire unas cuantas veces antes de salir. Cuando llegó sus amigos lo interrogaron con la mirada.
- Chicos, creo que vais a tener que celebrar esa fiesta sin mí.
