Anecdotario de Terry Grandchester

*Esta es una historia que ubica a Terry en la época actual y no en los años de la serie "Candy Candy".

Capítulo III

Abrí la puerta con rapidez, como si mi vida dependiera de ello; me faltaba el aire, mi cabeza amenazaba con estallar. Si momentos antes quería huir, ahora sólo pensaba en terminar con todo esto tan pronto como fuera posible.

-¿Tú?- pregunté con la voz ahogada por la ansiedad- ¿A qué has venido?

-Terruce, sé que soy la última persona en el mundo que quieres ver, pero no tengo a nadie más a quien recurrir- se apresuró a decir con la expresión más desencajada que jamás había visto en el rostro de alguien, la mujer que resultó ser Lilith, la mayor de mis medios hermanos.

-No veo en qué me necesites a mí para algo- le dije sintiéndome aliviado y a la vez decepcionado de que no fuera Candy quien me buscara-. Si estás en problemas recurre a tu padre, él es el indicado para ayudarte- finalicé dando media vuelta, dispuesto a abandonar la oficina de Wayne.

-No puedo recurrir a él. Su vida estaría en peligro si lo hago, por favor Terruce- suplicó de nueva cuenta.

-¿Amenazado?- inquirí con preocupación- ¿A qué te refieres?

-Si me dejarás explicarte…

-No- le dije procesando mis pensamientos a la velocidad de la luz- Has gastado demasiado pronto la carta de que tu padre estaría amenazado, sabes que por ahí podrías obtener lo que quieres y eso no va a pasar.

-Sé que es difícil que confíes en mí, pero dime si esto es una mentira- dijo abriéndose la blusa para mostrarme un torso cubierto por las huellas de múltiples contusiones.

No negaré que verla en ese estado, me hizo cambiar por un momento de opinión respecto a mi actitud de no escucharla y mandarla al demonio, pero el inmediato recuerdo de nuestro pasado impidió que cumpliera su cometido.

-Lo que eres capaz de hacer con tal de salirte con la tuya- repliqué con una mueca burlona- ¿Quién está detrás de todo esto? ¿Tu madre?

-Te aseguro que no- murmuró bajando la cabeza-. Ella me dijo que no permitiría que la familia diera ocasión de otro escándalo.

-¿Qué es lo que quieres?- demandé sintiéndome frustrado por no ser capaz de abandonar la habitación, sin saber qué había detrás de todo el teatro que acababa de presenciar.

-Estoy huyendo de mi marido- comenzó a explicar con la mirada clavada en el suelo- Él me hizo esto y… - tragando saliva con dificultad, continuó tras una pausa- otras cosas que me avergüenza contar.

-Te casaste con un tipo abusivo, ¿y a mí qué? ¿Qué en Inglaterra no hay centros para atender la violencia intrafamiliar? ¿Algo como la policía por ejemplo?- expresé con sarcasmo.

-No para las mujeres de mi clase- me devolvió la burla con el mismo tono de fastidio con el que en otro tiempo se dirigiera a mí.

-Te tardaste en sacar las uñas, pero ya lo hiciste- señalé dirigiéndome hacía la puerta-. ¡Buena suerte con tu vida!

-Entiendo que no quieras ayudarme- se acercó presurosa hasta la puerta con la intención de impedir que me fuera- Tú y yo hemos sido enemigos jurados desde siempre. No me ayudes si no quieres, pero te pido que ayudes a mis hijos.

-¿Ayudarlos? ¿Cómo?

-Puedes darlos en adopción si quieres. Cualquier lugar será mejor, que seguir al lado del hombre abusivo e inmisericorde que es Clayton Hainsworth

-¿Estás loca? – le pregunté sin poder evitar reírme de su pedido- ¿No te das cuenta de lo absurdo que suenan tus argumentos, Lilith? Si lo que quieres es quitarte de encima a un tipo abusivo, lo que tienes que hacer es olvidarte de estupideces e interponer una denuncia por agresión. Nadie está por encima de la ley.

-¡Los nobles sí!- arremetió halándome de la manga del saco.

-Si no fuera porque el arte dramático me viene por parte de mi madre- le dije apartando su mano de mi brazo-, que por cierto no es la misma que la tuya, te diría que eres muy buena actriz, un poco exagerada tal vez...

-No te estoy mintiendo. Él va a matarme de cualquier manera, me lo ha dicho muchas veces y sé que lo hará. Lo único que te pido es que ocultes a mis hijos, al menos hasta que esto llegue al final.

-Si, claro… y después me acusas de secuestro y haces que me metan a la cárcel.

-¡Te juro que no!

-Dile a tu madre que piense en cosas más inteligentes, si lo que quiere es joderme la vida. Sé que es mucho pedir pero…-farfullé antes de abrirme paso apartando a Lilith de la puerta.

Ella no hizo más por detenerme, pero afuera de la oficina se encontraba Wayne esperándome.

-Señor Grandchester- me dijo pero lo ignoré y seguí mi camino-, señor Grandchester- insistió y me volví para enfrentarlo.

-Dime una cosa, ¿con cuánto dinero te compraron para que fueras partícipe de toda esta faramalla?

-Le aseguro que la señora Hainsworth no…

-¡No mientas!- grité exasperado- Nadie hace algo por alguien si no hay un interés de por medio.

-Mi único interés es que se detenga la injusticia que se ha cometido contra la señora Hainsworth y sus hijos…

-¡Pues felicidades, llévatela y hazte cargo de ella y de sus hijos!

-Pero señor…

Me alejé de Wayne dejándolo con la palabra en la boca porque sentía que si me quedaba un segundo más, terminaría agrediéndolo físicamente y eso era algo que no podía permitir que sucediera.

Subí los doce pisos que me separaban de mi departamento usando las escaleras porque encerrarse en el pequeño espacio del elevador, no era lo más recomendable para alguien en mi estado. En ese momento no sabía qué era lo que más me molestaba, si el estúpido intento de Lilith y su madre por fastidiarme la vida, o el sinsabor que me quedó después de reavivar mis recuerdos más amargos sobre Candy.

-Eres un idiota- me dije en voz alta tirándome a mi cama en medio de la oscuridad-. ¿Por qué habría de venir a buscarte? Ella no está sola, nunca lo ha estado y seguramente nunca lo estará…

El contraste entre Candy y yo se me vino de golpe en ese momento. Ella siempre alegre y afable, yo siempre gris y amargado. Fue entonces que comprendí por qué las cosas resultaron tan distintas para cada uno de nosotros.

Candy tenía a sus amigas, a sus primos y a Albert; yo en cambio…

"¿Y qué si hubiera sido ella quien te pidiera ayuda? ¿Le habrías tendido la mano después de lo que pasó en el teatro ambulante?"

Me cuestionó la razón mientras trataba de mitigar la incómoda sensación que las emociones recién vividas habían dejado en mi cuerpo. Un nudo en el estómago y un calor rabioso se habían apoderado de mí y aunque ya llevaba un buen rato en estado de reposo, la sensación se negaba a desaparecer.

En otro tiempo, el remedio para estos males era una botella de whiskey, pero siendo el alcohol la causa de mi vergüenza, opté por ni siquiera acercarme a la barra de licores y en lugar de eso, me lavé la cara y me encerré en mi estudio para leer algunos libretos que un amigo mío me había propuesto para poner en escena la siguiente temporada.

Inútil fue mi esfuerzo en tratar de concentrarme en la lectura; por momentos, Candy se aparecía en mis pensamientos y por momentos eran Lilith y su madre quienes me impedían seguir con mi tarea.

-¡Al diablo con todos!- exploté lanzando el libreto que leía, lejos de mí- ¿Por qué dejas que algo así te domine?- estrellé mi puño contra mi escritorio, frustrado por no poder darle vuelta a la página de tan desagradable incidente.

Lamenté profundamente vivir en la ciudad y no tener a la mano a mis caballos para salir a montar como lo hacía siempre que me sentía sofocado por las circunstancias adversas cuando vivía en Londres.

"¿Y ahora qué vas a hacer? Beber no es una opción, tampoco puedes irte a montar a Goldie porque eso significa tomar antes el volante… Te estás quedando sin opciones…"

Pensé sonriendo de medio lado.

-Lo único que puedes hacer para sacarlo de tu sistema es hablar con alguien de esto que te inquieta - reflexioné en voz alta pensando en alguien que pudiera ser la persona indicada.

En segundos pensé en mis opciones y al instante las descarté una a una por diversas razones.

A mi madre no la iba a inquietar con las estúpidas tentativas de Lilith y su madre por lastimarnos; seguramente lo ocurrido había sido disparado por un deseo de mantenernos a Eleanor y a mí, fuera de la vida de mi padre.

Hubiera querido recurrir a Jen, pero al hacerlo tendría que hablarle sobre Candy y eso era algo que aún no deseaba hacer. En mi estado alterado, no quería confundirla dándole señales sobre mis sentimientos hacía la enfermera pecosa, que podrían interpretarse de manera equivocada.

Karen también me vino a la mente pero pensar en que seguramente me hostigaría con la eterna letanía de: "Ya lo ves, eso te pasa por no haber ido a buscar a Candy en su momento, ella es el amor de tu vida, bla, bla, bla.", me hizo optar por abandonar la idea de verla.

Robert Hatthaway y James Nealon, mi consejero de AA, también fueron una opción que contemplé por unos momentos.

-¿Qué, acaso eres una señorita que necesita desahogarse con alguien para recuperar la calma?- me burlé de mí mismo sin piedad- Si eres un hombre, compórtate como tal- me reté dirigiéndome a mi habitación, dispuesto a obligarme a dormir lo que restaba de la noche.

Después de decenas de vueltas sobre la cama, el sueño eventualmente llegó y al día siguiente me dispuse a tomar acciones concretas que mantuvieran a Lilith y a Judith lejos de mí y de mi madre. Lo primero que hice fue interponer una queja ante el consejo administrativo del edificio solicitando que removieran a Wayne de su cargo. No podía permitir que alguien a mi servicio, fuera sujeto de corrupción por parte de Judith Grandchester o de cualquier otra persona que quisiera hacerme daño.

-Comprendo su disgusto e inquietud, señor Grandchester y le pido disculpas por lo ocurrido- se justificó Carl Scherbak, miembro del consejo administrativo del 15 de Central Park West-. No me explico por qué Wayne hizo lo que hizo, pero le aseguro que no volverá a ocurrir.

-Eso espero.

Lamenté haber tenido que tomar una acción tan drástica contra alguien de quien siempre recibí un trato amable y cordial, y más sabiendo que con esto me llevaba entre piernas a una familia completa, pero si él no había pensado en eso, yo no tendría por qué hacerlo. Al no haber logrado el cometido, seguramente Lilith lo desecharía sin pagarle lo que le haya ofrecido, pero eso no era mi problema.

-Me cuesta trabajo creer que sean capaces de cosa semejante- señaló con preocupación mi madre, al saber lo ocurrido la noche anterior con Lilith.

-No quería preocuparte pero creo que es más importante que lo sepas para que tomes tus precauciones.

-Gracias hijo- me dijo con una leve sonrisa-. Lamento tanto que tengas que pasar por todas estas cosas.

-No es tu culpa que Richard haya decidido casarse con una loca.

-Terry, hijo- me retó con dulzura.

-Es la verdad- le devolví el gesto con una sonrisa.

-¿Y piensas hacer algo respecto a tu hermana?

-Media hermana- la corregí de inmediato- No lo sé, tal vez hablar con mi padre.

-Si lo haces, por favor trata de no perder la calma.-me suplicó con cierta preocupación- Tanto tiempo y esfuerzo en reentablar una relación con tu padre. Sería una pena que se volvieran a distanciar por esto.

-Eso no depende de mí- señalé un poco triste-. Tal vez sostener una relación padre e hijo con Richard no haya sido una buena idea en primer lugar.

"Después de todo, siempre seré el hijo bastardo."

Pensé con amargura.

Pospuse por algunos días la llamada a mi padre. Sé que suena absurdo porque aunque las cosas entre Richard y yo no eran malas en ese momento, tampoco eran tan cercanas como me hubiera gustado que fueran. Algunos meses atrás me había pedido que lo ayudara a conservar la aerolínea que un año atrás abriera en sociedad con algunos de sus viejos amigos, pero eso no había sido suficiente para que nuestra relación se fortaleciera, más allá de mantenernos al tanto de los asuntos que la misma compañía nos trajera a colación.

Otra cosa que me molestaba era la motivación detrás de mi decisión de hablar con mi padre. ¿Por qué mis acciones siempre estaban encaminadas a huir de Judith y de su nefasta influencia? ¿Acaso no era ya un adulto, hecho y derecho? Además, Lilith no había vuelto a insistir en verme y ya había pasado un poco más de una semana desde su visita; tal vez con sólo ignorarla, daría por terminado cualquier problema antes de que comenzara siquiera.

Por otro lado estaba el asunto de Candy; hacía muchos años que no pensaba tanto en ella y eso me molestaba. Mucho trabajo me había costado superar la vergüenza y el dolor que me dejó nuestro rompimiento, que haberla traído a mi presente por algo tan tonto como la posibilidad de un rencuentro, me parecía absurdo. ¿Significaba eso que en realidad no la había olvidado?

Lo único que podía decir con certeza en ese momento era que aún me dolía. Orgullo tal vez…

Algunos días más tarde, la conversación que tanto había postergado con mi padre se dio sin que fuera yo quien la buscara. Los asuntos de la compañía aérea donde yo figuraba como socio mayoritario en lugar de Richard Grandchester, me hicieron "el favor" de darme la ocasión para tocar el tema de Lilith.

-Terruce, necesito que hagas algo por mí- escuché la voz fría de mi padre del otro lado de la línea-. Retira diez millones de dólares de los fondos de inversión y tenlos a la mano para cuando te los requiera.

-¿Diez millones?- pregunté preocupado al escuchar lo insensato de su petición-¿Pasa algo papá? Suenas un poco… extraño.

-Cosas familiares- respondió mi padre con su característica seriedad inquebrantable.

-Comprendo- señalé sabiendo que esa era la ocasión que estaba buscando para sacar a colación el asunto de Lilith, sin necesariamente quedar como un llorón ante sus ojos-. Hablando de cosas familiares, hay algo que necesito charlar contigo al respecto.

-¿Puede ser en otro momento? Ahora estoy realmente ocupado.

-Es muy importante.

-Si ese es el caso, entonces te pido que hables rápido porque tengo que salir.

-¿A qué tienes que salir? Son poco más de las 3 de la mañana en Londres- apunté consultando mi reloj.

-Los problemas familiares no tienen horario, Terruce. Pero tú qué vas a saber de eso si no tienes familia- declaró Richard con su acostumbrado tono de desaprobación.

-Se trata de tu hija Lilith- ignoré su ácido comentario.

-¿Lilith?- preguntó apresuradamente- ¿Qué sabes de ella?

-Estuvo a verme hace un par de semanas.

-¿Está contigo? Te ruego que no la dejes ir hasta que yo haya llegado. ¿Están los niños con ella? En este momento salgo al aeropuerto y me preparo para salir rumbo a Nueva York- dijo atropellando las palabras.

-Espera… no, ella no está aquí.

-¿Y dónde está?

-No tengo idea.

-Si dices que esto pasó hace más de dos semanas, ¿por qué demonios no me llamaste? ¿Es tanto tu odio hacía mis hijos que eres incapaz de ponerme al tanto cuando uno de ellos está en problemas?

Sabía que tratándose de la familia del duque de Grandchester, las cosas no podían sino ir de mal en peor, pero haciendo gala de paciencia y sensatez que no supe exactamente de dónde me vinieron, continué con nuestra charla sin alterarme… tanto como él ya lo estaba.

-No es un asunto de odio- expliqué conteniendo la rabia que comenzaba a sentir subirme desde el estómago hasta la cabeza-, simplemente no confío en tu mujer ni en tus hijos. Tú no lo sabes o tal vez prefieres ignorarlo, pero ellos nunca se han caracterizado por tener una relación de buenos términos conmigo.

-¡Por todos los cielos, Terruce!, actúas como el mismo chiquillo adolescente que eras cuando vivías bajo mi techo.

-No soy yo quien busca los problemas, son ellas quienes insisten en joderme la vida y tú nunca has hecho nada por impedirlo- finalmente exploté.

-No te preocupes, haré algo para evitarte todos los problemas que representa mi familia en tu vida.

-¡Bien! Haz lo que te de la gana hacer y por favor que sea pronto- finalicé nuestra conversación colgando el teléfono.

Sí, sé que fue precipitado y estúpido. Que minutos atrás tenía toda la intención y la disposición de escucharlo para ayudarlo en lo que estuviera a mi alcance, pero su tonito de desaprobación y regaño se me subieron a la cabeza y perdí el control antes de que pudiera devolverle el cause a la situación.

Ahora era tarde para saber realmente qué estaba pasando con mi padre. De todo lo que Lilith había dicho, y de lo cual estaba seguro que había mentido, no podía sacarme de la cabeza: "No puedo recurrir a él. Su vida estaría en peligro si lo hago."

Definitivamente algo grave estaba pasado y ya había perdido mucho tiempo pensando en que el objetivo de la ira de Judith Grandchester éramos mi madre y yo.

¿Estaría a tiempo de hacer algo por Richard?

Y lo más importante de todo: ¿Podría hacer algo por mi padre?

Continuará.


¡Gracias por seguir leyendo!

También quiero agradecerles su paciencia ante este inesperado y ya prolongado lapso sin actualizaciones.

Esta ausencia se debió a un ligero quebranto de la salud, pero gracias a Dios, ya estoy bien y haciendo lo que más me gusta.

Muchas gracias Lady Adriana de Grandchester por dejar tu comentario. Espero que este capítulo también sea de tu agrado.

Bueno, por ahora me despido. Nos veremos en la próxima.

Un abrazo con aprecio:

Annabel Lee

P.D. Siéntanse en libertad de darme sus comentarios. ¡Gracias por su confianza y retroalimentación!