N.d.T: Lamento el pequeño retraso. Sé que debería de haber subido el domingo a más tardar, pero sufrí unas quemaduras en una mano que me impidió escribir con normalidad. Quiero avisar de que a partir de este capítulo lo voy a subir al rating M por precaución, y que, como ya comenté en una ocasión, el nombre del hermano de Remus será Romulus, como dice el original. Todos los capítulos ya están editados, solo faltan que sean beteados algunos de ellos. Cualquier error o lo que sea, no duden en avisar. Muchas gracias a zulli12, NatBL, Elphyra y satorichiva por sus comentarios. :) Ahora os dejo con el capítulo.


34. This ain't the way It's meant to be


Remus salió corriendo del castillo sin pensar mucho hacia donde se dirigía. Se dio cuenta cuando entró en el Bosque Prohibido de que estaba yendo en línea recta hacia su casa en Hogsmeade, y tomando la ruta más corta posible.

Tropezó mientras corría a través de los árboles, y sólo se salvó de caer por la empinada ladera por un par de brazos fuertes que le ayudaron a mantener el equilibrio.

—¿Qué haces aquí a estas horas de la noche? —preguntó Firenze con curiosidad.

Remus sacudió la cabeza en silencio, todavía sin haber recobrado algo de aliento para poder hablar.

Firenze lo guió hacia el tronco de un árbol caído, y lo sentó con firmeza.

—¿Qué ha pasado? —preguntó tan pronto como quedó claro que Remus estaba en un estado adecuado para hablar de nuevo.

—Nada —respondió Remus con un rubor de vergüenza, y estando agradecido de que el bosque estuviera tan oscuro.

—No puede ser nada —afirmó Firenze con confianza—. Estás sonrojando.

Remus agachó la cabeza para ocultar su rostro.

—Sólo estoy rojo de correr —murmuró.

—Tal vez el ser humano no pueda apreciar la diferencia, pero te darás cuenta de que nosotros, los centauros, tenemos una visión mucho mejor. Es lo que nos hace tan buenos cazadores.

—Es lo que les hace tan imposible mentirles —se quejó Remus.

—¿Qué pasó para que salieras corriendo hacia el bosque en medio de la noche?

—Yo... —Remus dudó y miró sus zapatos desgastados con el ceño fruncido—. Alguien me dio un beso.

Firenze rio.

—¿Y esa es razón para correr hacia el Bosque Prohibido en este momento de la noche?

—Lo es cuando se trata de alguien que no esperabas que te besara.

—¿Fue Sirius? —preguntó Firenze en voz baja.

—¿Cómo lo… —Remus se interrumpió bruscamente, hacia tiempo que había renunciado a preguntarse cómo Firenze y los otros centauros parecían estar tan bien de informados sobre todo y dónde se encontraba todo el mundo.

—Debido a la forma en que te mira —explicó Firenze de todos modos—. La forma en la que siempre te mira.

—No me he dado cuenta de que me mira de forma extraña.

Firenze rio.

—Por supuesto que no lo has notado. Siempre te mira de esa manera.

—¿De qué forma?

—Como si fueras lo más preciado en el mundo para él.

—Eso es sólo porque Sirius cuida de mí. Somos mejores amigos, y eso es lo que hacen los mejores amigos el uno por el otro.

—Dado que, por su propia voluntad, Sirius te dio un beso esta noche, creo que podemos asumir con seguridad que no se trata sólo de que te mira de esa forma.

Remus estuvo en silencio durante varios minutos antes de volver a hablar.

—No sé qué hacer —susurró.

Firenze se quedó pensativo por un momento antes de responder.

—¿Corriste hacia aquí justo después de que te diera el beso?

Remus asintió.

—Entonces, lo primero que debes hacer es volver y pedirle disculpas.

—¿Disculparme? —Remus resopló—. Él fue el que me dio un beso.

—Y por salir corriendo como lo has hecho probablemente has hecho más daño a tu amistad que lo que podría haber producido un beso.

—Pero él me besó —repitió Remus—. ¿Qué se supone que debo decirle? ¿Y si lo intenta de nuevo?

—¿De verdad crees que se arriesgaría a que salieras otra vez corriendo? Probablemente está preocupado porque no sabe dónde estás, lamentando besarte y deseando poder volver atrás en el tiempo para no haberlo hecho.

—¿Eso crees?

—Piensa en ello, cachorro. Supongamos que besaste a alguien que realmente te gusta, y sale corriendo justo después de...

—No lo intentaría de nuevo rápidamente —concluyó Remus—. Supongo que le he hecho daño, ¿verdad?

—Estoy seguro de que una disculpa sería un gran paso para poner las cosas en su sitio.

Remus asintió, pero no hizo ningún movimiento por volver a la escuela.

—Se van a hacer las cosas muy incómodas entre nosotros. Le gusto a mi mejor amigo.

—Sólo será raro si lo permites.

—¡Pero él me besó!

—¿Es eso realmente lo que te está molestando? —preguntó Firenze—. ¿O estás más molesto por la idea de que tal vez te haya gustado?

—¡No es cierto!

—¿No es así?

—¡No!

—Mi error —comentó Firenze con un casual encogimiento.

—¿Por qué piensas siquiera que me gustaría besar a un chico?

Firenze rio e instó a Remus a que empezara a caminar hacia la escuela.

—¿Por qué? —preguntó Remus de nuevo.

—¿Por qué creo que te puede gustar la idea de besar a Sirius?

—Sí.

—Porque me he fijado en que le miras de la misma forma en la que él lo hace... o al menos, pensaba que lo hacías.

—¡Yo no soy así! —exclamó Remus mientras se apresuraba en adelantarse—. No me parecen atractivos los chicos, me gustan las chicas.

—¿Cualquier chica en particular?

—No, pero eso no significa nada. Es sólo que no tengo tiempo para citas y esas cosas. Tengo que ponerme al día con los TIMOs y el quidditch. Sólo es que no tengo tiempo para chicas.

—Tienes tiempo para Sirius.

—Él es mi mejor amigo, por supuesto que tengo tiempo para él.

—Y si realmente quisieras una novia podrías encontrar tiempo para ella, también.

Remus resopló y se quejó cuando llegaron al linde del bosque.

—Debería regresar al campamento —dijo Firenze.

—¿Qué estabas haciendo aquí, de todas formas? Pensaba que ahora teníais todo tipo de nuevas medidas de seguridad.

—Magorian nos hace patrullar por el bosque por si hay problemas.

—Suena divertido —comentó Remus sarcásticamente.

—Aburrido, sin sentido, y de alguna forma parece que siempre tengo los turnos de noche.

—¡Qué amable!

—No es esa la palabra que escogería —murmuró Firenze.

—¿No has decidido todavía lo que vas a hacer con el hijo de Ebony? —preguntó Remus, no sólo por curiosidad acerca de la situación actual en el campamento centauro, sino también con ganas de cambiar de tema.

Firenze negó con la cabeza.

—Sigo posponiendo tomar la decisión. Magorian intenta forzar la situación, y evito meterme en situaciones en las que pueda hacerlo.

—Suena complicado.

Firenze se encogió de hombros.

—En realidad no, pero tarde o temprano voy a tener que elegir de una u otra forma de todos modos. Magorian lo sabe, y espera su momento.

—¿Hasta cuando tienes para elegir?

—El próximo verano después de este —respondió Firenze—. Después tendré que patrocinar a Taranis, o dejar que otro ocupe esa posición.

—¿Otro como Magorian? —preguntó Remus.

Firenze asintió.

—Si yo lo patrocino y trato de enseñarle los caminos de nuestro pueblo, entonces me tendré que rendir por recuperar mi derecho de nacimiento. Si no, entonces Magorian elegirá otra persona, alguien que comparta sus valores, en lugar de los que he aprendido de mi padre.

—Parece como si no estuvieras ganando nada con ninguna de las opciones —comentó Remus. Habían llegado al borde del bosque, y sabía que Firenze tenía que regresar con su pueblo.

—Es por eso que trato de alargarlo todo el tiempo que pueda —respondió Firenze antes de volverse hacia el bosque—. Buenas noches, cachorro.

—Y no me llames cachorro —dijo Remus. Firenze se limitó a reír y galopar hacia los árboles.

Remus no quería volver a la torre de Gryffindor. Sospechaba que Sirius probablemente todavía estaba esperando a que volviera a la sala común, y realmente no quería tener que discutir acerca de lo que había pasado en ese momento. Sabía que tendría que pedir disculpas por salir corriendo, pero no podía querer dejar posponerlo un poco más.


Sirius parpadeó como un búho al ver el fantasma de Romulus Lupin, quien le había despertado bruscamente.

—¿Qué hora es? —le preguntó, dando un amplio bostezo.

—Temprano. ¿Por qué duermes en la sala común?

—No quise hacerlo —murmuró Sirius, frotándose los ojos y bostezando de nuevo—. Estaba esperando a que Remus volviera.

—¿Volviera? ¿Volviera de dónde? —Romulus se alertó, y Sirius se encogió un poco ante la suspicaz mirada que recibió.

—No lo sé. Pasó la noche fuera, y no lo pude encontrar en el mapa.

—¿Ha dejado los terrenos de la escuela? —Romulus se dirigía ya a la puerta—. ¿Por qué no me lo dijiste?

—No es precisamente fácil hacerte llegar un mensaje —señaló Sirius, corriendo por el agujero del retrato después de que saliera el ansioso fantasma.

—Habrá ido a casa —adivinó Romulus—. Iré a buscarlo.

—Yo también voy —insistió Sirius. Romulus no se molestó en señalar en que no debía salir de los terrenos de la escuela, pues no es que hubiera hecho ninguna diferencia.

—¿Por qué se fue? —preguntó Romulus—. ¿Fue por problemas sobre su licantropía?

—No, nada de eso.

—Entonces, ¿qué fue?

Sirius dejo de correr y esperó que Romulus no se diera cuenta de que no estaba junto a él.

—¿Sirius?

Romulus se dio la vuelta y se dirigió de nuevo a Sirius, quien estaba estudiando la piedra del suelo como si fuera la cosa más fascinante del mundo.

—Fue por mi culpa —susurró Sirius—. Salió corriendo por mi culpa.

Romulus parecía que no le creía al principio, pero luego una mirada de resignación apareció en su rostro.

—¿Que pasó?

—Hice algo estúpido y lo ahuyentó.

—¿Puedes aclarar lo de "algo estúpido"?

—En realidad no.

—Te voy a perseguir hasta que lo hagas.

—Realmente no harías eso, ¿verdad?

—Por supuesto. Soy un fantasma muy entrometido cuando quiero serlo. Ahora, ¿qué hiciste?

Sirius se encogió de nuevo.

—En cierto modo lo besé.

Romulus parpadeó. Abrió y cerró la boca un par de veces, y luego tosió ruidosamente.

—¿De cierto modo? ¿Quieres decir que por fin le has dicho lo que sientes por él?

Sirius asintió con la cabeza.

—¿Estás enfadado conmigo?

—¿Por qué debería de estar enfadado contigo? —preguntó Romulus—. Te preocupas por mi hermano tanto como... —Vaciló y le dio una pequeña sonrisa—. Incluso más de lo que yo lo hago.

—Pero lo he ahuyentado. Se escapó por mi culpa.

—Bueno, no puede haber ido muy lejos. Venga, vamos a buscarlo.

—No quiere que lo encuentre. Me odia.

Romulus volvió a reír y negó con la cabeza.

—Dudo mucho que lo haga.

—¡Pero salió corriendo!

—Y vamos a traerlo de vuelta. Vamos.

Sirius y Romulus se apresuraron a salir del castillo y fueron a los terrenos de la escuela.

—¿Romulus? —resopló Sirius, ya que se habían dirigido muy rápidamente fuera de las puertas.

—¿Qué?

—¿Te acuerdas del comienzo del cuarto año? —Romulus asintió—. No lo pensé en ese momento, pero más tarde me pregunté si me pediste que dejara de compartir cama con Remus porque sospechabas algo.

Romulus negó con la cabeza.

—Te pedí que enviaras a Remus de nuevo a su cama por la exacta razón en la que te dije en su momento. Sólo más tarde me di cuenta de que sentías algo por él.

—¿Cuándo fue eso?

—No sé cuando empecé a sospechar, pero lo sabía con certeza después de que fuera atacado por ese grupo de Ravenclaw. Cuando te vi con él después de eso... sólo lo sabía.

Sirius rio para sus adentros.

—Suena como si lo supieras con certeza antes que yo. Me di cuenta realmente durante las vacaciones de verano.

Romulus suspiró.

—Y ahora Remus lo sabe.

Sirius no podía evitar imitar el suspiro de Romulus. Sólo deseaba saber qué decirle a Remus cuando lo encontraran.


Remus agarró una de las escobas de la escuela y lo llevó al aire por encima del campo de quidditch. No había dormido en absoluto; en lugar de eso se había sentado en un banco de las gradas, evitando obstinadamente ir a la torre de Gryffindor. Estaba terriblemente cansado y sabía que algún vuelo ayudaría a mantenerlo despierto. A pesar de que no era golpeador, lanzó una de esas pelotas peligrosas por el campo. Nada más golpeando la bludger a través del cielo, se sentía seguro para liberar parte de la tensión que sentía.

Todavía estaba lanzando bludgers por los alrededores cuando los habitantes del castillo empezaron a levantarse. Al principio fue la aparición de la luz de un par de ventanas. En primer lugar fue la torre de Ravenclaw, a continuación, la oficina de Dumbledore, hasta que por fin salió el sol y el castillo empezó a volver a la vida una vez más.

—No tenemos práctica esta mañana —dijo cerca una voz familiar.

Remus se volvió para ver a Charlene no muy lejos sobre su escoba.

—No podía dormir —comentó.

—Bueno, una bludger sobre tu cabeza puede que lo arregle, pero no lo recomiendo.

Remus se rio y se volvió a la bludger, enviándola lejos de sí mismo y Charlene.

—No estoy tan desesperado por dormir —le dijo.

Charlene voló más cerca y miró a Remus.

—¿No has dormido nada en absoluto?

Remus negó con la cabeza.

—¿Es tan obvio?

—¡Te ves fatal!

—Gracias —respondió Remus secamente.

—Voy a entrar —le comentó Charlene, descendiendo al suelo a una velocidad que hizo que incluso Remus jadeara—. ¿Vienes?

Remus asintió con la cabeza y emuló su descenso a una velocidad un poco más lenta, pero lo suficientemente rápido como para causar que dos tempranos voladores de Hufflepuff saltaran hacia atrás, sorprendidos.

—Así que, ¿cómo es que no podías dormir? —preguntó Charlene mientras caminaban de regreso al castillo—. El equipo necesita que todos los jugadores estén bien despiertos y alertas si vamos a ganar la Copa este año.

—No te preocupes, voy a estar bien para el partido —le dijo Remus—. En realidad no es nada.

Bostezó ampliamente y Charlene ahogó una pequeña sonrisa.

—¿Estás seguro? —dijo Charlene.

Remus asintió, y se dirigieron al Gran Comedor para el desayuno.

Echó un vistazo por la habitación buscando a sus amigos, y dio un suspiro de alivio al ver que ninguno de ellos estaba presente. Se deslizó en el banco junto a Lily y se sirvió un teacake tostado.

—Buenos días a ti también —le reprendió Lily con una sonrisa burlona.

Remus murmuró una respuesta con la boca llena de comida, y se encogió de hombros disculpándose.

—Así que Remus, ¿alguna vez te dio por pensar y descubrir quién te regaló la tarjeta el día de San Valentín?

—¿Cómo sabes que tuve una?

—Lo vi —le dijo Lily.

—No creo que te hayas dado cuenta, ya que estabas distraída con la tuya.

Lily resopló con una risa.

—Te devolveré eso, por cierto.

—No esperaría nada menos de la chica que ha capturado el corazón del señor James Potter.

—Oh, no empieces. No estoy interesada en él, y es hora de que se dé cuenta de ello. De todos modos, deja de cambiar de tema. Estaba preguntando acerca de tu tarjeta, no de la mía. ¿Has averiguado quién fue?

Remus negó con la cabeza.

—No.

—Debes de tener algunas ideas, o una o dos conjeturas.

—En realidad no pensé en ello.

—¿Nada en absoluto? —preguntó Charlene desde el otro lado de la mesa.

—Pude habérmelo preguntado ese día, pero en cierto modo me olvidé de él.

—¿Te olvidaste de él? —preguntó Lily, dándole una mirada demasiado deslumbrante que pensaba que era demasiado fuerte para la ocasión.

—He estado muy ocupado —murmuró Remus—. Y a diferencia de las chicas, los chicos no nos obsesionamos con cosas estúpidas como tarjetas de San Valentín.

—Entonces, ¿quién supusiste que fue ese día? —insistió Lily.

Remus abrió la boca y volvió a cerrarla antes de decir el primer nombre que había aparecido en su mente. Sirius había insistido en que no había enviado la tarjeta como broma, pero ¿podría haberla enviado como una manera de tratar de decirle lo que sentía? Echó su mente hacia el día en cuestión, y trató de recordar las palabras exactas de la conversación, pero fue hace mucho tiempo y que no podía recordarlo.

—¿No te gustaría saber quién te lo envió? —intentó Lily de nuevo.

—Suenas como si lo supieras —comentó Remus.

—Podría saberlo.

Remus se volvió hacia Lily, quien sonreía dulcemente, y se preguntó si ella era la que le había enviado la tarjeta. Esperaba estar equivocado; pues no quería entrar al lado equivocado de James, no cuando su amistad había comenzado de un modo tan inestable.


Sirius y Romulus regresaron de Hogsmeade, todavía sin saber a dónde había desaparecido Remus.

—¡Romulus!

Sirius miró hacia arriba para ver al fraile de Hufflepuff deslizarse en su dirección.

—Escuché que estabas buscando a ese hermano tuyo.

Romulus asintió.

—Pasó la noche fuera. No sabemos adónde ha ido.

—Al parecer no muy lejos —respondió el Fraile con una sonrisa—. Está en el Gran Comedor, disfrutando de un abundante desayuno.

Sirius intercambió una mirada de alivio con Romulus.

—Debería haber sabido que volvería cuando tuviera hambre —dijo Romulus con una risita.

—Un muchacho con mi corazón —respondió el Fraile—. Sigo diciendo que debería haber estado en mi casa.

—Me gusta tenerlo en Gryffindor, conmigo —señaló Sirius.

—Estoy seguro de ello —estuvo de acuerdo el Fraile— Ahora, ¿por qué no corres y te reúnes con él?

—¿Vienes? —preguntó Sirius a Romulus.

Romulus negó con la cabeza.

—Me pondré al día con los dos más tarde. Necesito hablar con el Fraile.

Sirius miró a los dos fantasmas curiosamente, pero estaba claro que no iban a hablar más mientras que estuviera allí.

—Iré adentro, entonces —dijo, dirigiéndose hacia la entrada.

El Gran Comedor estaba lleno cuando Sirius llegó, pero no tuvo problemas para encontrar a Remus, quien se reía en voz alta en su asiento al lado de Lily.

Todavía se movió más cerca de la puerta cuando vio que Lily se inclinaba más cerca de él y le susurraba algo al oído. Remus la miró sorprendido por lo que fuera que le había dicho, y Lily asintió y sonrió.

Sirius sintió que sus dedos se cerraban en puños mientras los veía. Su apetito se había ido, y se dio la vuelta y corrió hacia las escaleras. Las clases fueron olvidadas cuando se dejó caer en la cama y tiró de las cortinas, cerrándolas.

—¡Hey, Sirius! —James asomó la cabeza entre las cortinas de la cama—. ¿Dónde has estado toda la noche? ¿Y dónde está Remus? Vamos, tenemos clase en quince minutos.

—No voy a ir —murmuró Sirius.

—No puedes no ir a clase —señaló Peter cuando su cabeza apareció en el lado opuesto de la cama.

—¿Qué pasa? ¿Dónde está Remus? —repitió James.

—No estoy bien —mintió Sirius—. Y Remus está en el Gran Comedor preparándose el desayuno. Si te das prisa, probablemente puedas pillarle.

—¿Quieres que avisemos a la señora Pomfrey? —preguntó Peter.

—No, estoy bien.

—Si estás bien, deberías ir a clase.

—Sólo vete y déjame en paz —gruñó Sirius.

—Bien —espetó James—. Vamos, Peter, vamos a dejarlo con su mal humor.

Sirius gritó que él no estaba de mal humor, pero los otros dos chicos ya habían salido de la habitación.

Permaneció en el dormitorio durante el resto del día y sólo se movió de la cama cuando sus ataques de hambre le obligaron a hurgar en el baúl, en su escondite, de lo que quedaba de dulces de la última visita a Hogsmeade.

Su único visitante durante el día fue la señora Pomfrey, quien al parecer había sido enviada a que lo viera por la profesora McGonagall después de que no fuera a clase de Transformaciones.

No era sorprendente de que la señora Pomfrey no pudiese encontrar nada malo en él, aunque no hizo ningún comentario al ver que se veía muy cansado. Sugirió paz y tranquilidad y que descansara y tomara las cosas con calma durante el resto del día.

Sirius cerró las cortinas y trató de dormir un poco, pero a pesar de que estaba realmente cansado, su mente estaba demasiado activa para dejarlo.

Oyó el sonido de la sala común llenándose de gente después de la cena, y frunció el ceño cuando se dio cuenta de que había pasado todo el día sin que Remus viniera a comprobar cómo estaba. Sintió una punzada de amarga decepción cuando recordó la frecuencia con la que se había deslizado hacia los dormitorios cuando Remus se había escondido allí.

Entrada la noche, Sirius escuchó pasos subiendo las escaleras y el crujido de la puerta.

—Parece que todavía está de mal humor —comentó James—. ¿Por qué no ves si le puedes hacer que salga?

Sirius escuchó como Remus suspiraba y se movía más cerca de la cama.

—Hablaré con él más tarde —contestó.

Sirius escuchó como Remus movió las cosas de la mesita de noche y caminaba por la habitación.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó James, haciendo eco a la propia pregunta silenciosa de Sirius.

—Moviendo mis cosas aquí —respondió Remus.

—¿Para qué? No has estado usando tu cama desde Navidad.

—No quiero molestarlo, no si está dormido.

—Eso nunca te ha impedido meterte en la cama con él —señaló James.

—Déjalo estar —murmuró Remus—. Estaré durmiendo en mi cama esta noche. No es gran cosa.

Sirius escuchó a James murmurar algo más, pero no pudo distinguir las palabras por el sonido de la puerta abriéndose, llegando Peter a la habitación. Poco a poco, los sonidos de los otros chicos se apagaron, y, finalmente, el agotamiento alcanzó a Sirius y cayó dormido sin sueños.


—¿Sirius? —susurró una voz en la oscuridad, sacándolo del sueño que tanto necesitaba—. ¿Sirius?

—¿Qué pasa? —murmuró Sirius, negándose a abrir los ojos ante el brillante resplandor de la varita iluminada de Remus.

—¿Puedo hablar contigo? —preguntó Remus vacilante.

Sirius abrió los ojos a regañadientes.

—¿No puedes esperar hasta mañana? —preguntó.

Remus negó con la cabeza y se sentó en el borde de la cama.

—¿Seguro que quieres sentarte ahí? —preguntó Sirius. No trató de ocultar la amargura en su voz.

—¿De verdad te gusto, ya sabes, de esa manera? —respondió Remus, ignorando la pregunta de Sirius por completo.

Se tragó una respuesta sarcástica y simplemente asintió con la cabeza. Remus no dijo nada durante un minuto, y pudo ver que estaba temblando del frío del dormitorio.

—Deberías de meterte en la cama —aconsejó, asintiendo con la cabeza hacia la cama de Remus a través del cuarto—. Estarás congelando.

Remus tomó su consejo, pero ignoró el gesto hacia su propia cama. En su lugar, rápidamente se metió debajo de las mantas de Sirius y se apoyó en un codo.

—No me gustan los chicos —dijo con firmeza—. Para que lo sepas.

—Me devolviste el beso —señaló Sirius—. Y antes de que digas nada, no estaba borracho.

—Sé que no lo estabas —admitió Remus, ignorando su primer comentario—. Sólo quería darte una salida por si te arrepentías más tarde. Supongo que no fue así, ¿verdad?

Sirius negó con la cabeza en silencio.

—Siento si reaccioné tan mal —susurró Remus—. No quise hacerlo de esa forma. Sólo me tomaste por sorpresa.

Sirius asintió, aceptando la disculpa.

—¿Cómo supiste que te gustaban los chicos en vez de las chicas?

Sirius frunció el ceño mientras pensaba en la respuesta.

—Supongo que lo supe cuando me di cuenta de que sólo los chicos hacían que mi corazón se acelerara y las palmas de las manos consiguieran sudarme y... ¿sabes?

Remus frunció el ceño y sacudió la cabeza ligeramente.

—¿Saber qué?

Sirius sabía que lo más sensato sería decir que sólo pensaba en chicos, y en Remus en particular, y que alguna vez le pusieron duro. Pero con Remus acostado en su cama tan cerca, aunque no lo suficiente, era mucho más tentador poder demostrárselo. También quería saber si eso provocaría una reacción por parte de Remus, ya que él parecía estar decidido a pasar por alto el hecho de que le había devuelto el beso.

Se acercó más hacia Remus e inclinó sus caderas muy ligeramente hacia las del otro chico. Los ojos de Remus se abrieron y su boca se abrió en una pequeña "oh" cuando Sirius procedió a frotarse tentativamente contra él. Se habría detenido tan pronto como supiera que había entendido el punto, excepto por una cosa... el tic revelador desde dentro del pantalón del pijama de Remus que le decía que su amigo no era del todo inmune a su toque.

Quería hablar, decir algo, cualquier cosa, pero sospechaba que decir una sola palabra sería romper el hechizo que parecía haber caído sobre ellos. Así que, en vez de eso siguió meciendo sus caderas suavemente hacia Remus, cuyos ojos se cerraron cuando él gimió silenciosamente.

—No deberíamos estar haciendo esto —susurró finalmente Remus.

—Está bien —le aseguró Sirius. Llegó al otro lado y apoyó la mano en la cadera de Remus, acariciándola suavemente.

—¿Qué pasa si los otros se despiertan?

—Sabes que James duerme como un tronco, y Peter no dirá nada, incluso si oye algo.

—Aún así es un error —dijo Remus—. Esto no es normal.

—¿Qué daño le hace a alguien? —contrarrestó Sirius—. Un montón de magos son gays, al igual que bastantes muggles.

—Pero, yo no lo soy.

—¿No lo eres? —preguntó Sirius, meciendo sus caderas con un poco más de fuerza y provocando una fuerte respiración en Remus, quien igualó su movimiento moviendo la suya.

—Tengo novia —respondió Remus.

Sirius calmó sus movimientos tan rápidamente que cualquiera que los observara podría pensar que se había quedado petrificado.

—¿Qué? —susurró—. ¿Desde cuándo? ¿Quién?

—Desde esta mañana —murmuró Remus—. Vamos a ir juntos el próximo fin de semana a Hogsmeade.

—Entonces, ¿qué estás haciendo aquí conmigo? —rompió Sirius, alzando la voz mientras se separaba de Remus y se sentaba.

—No quería que esto sucediera —murmuró Remus—. Sólo quería hacértelo saber antes de que te enterases por otra persona.

—Podrías habérmelo dicho durante el desayuno o algo así.

—¿Y reaccionar cómo lo haces ahora frente al resto del colegio?

—La forma en que estoy... —Sirius negó con la cabeza con incredulidad—. Si lo estoy tomando mal es porque hace un minuto estábamos prácticamente uno encima del otro.

—¿Quieres decir sobre cómo estabas frotando tu polla contra mí? —argumentó Remus.

Sirius se tambaleó hacia atrás como si le hubieran dado una bofetada.

—¡Fuera de aquí! —espetó—. ¡Regresa a tu propia cama, vamos!

—No quise molestarte. No quiero hacerte daño.

—Por favor, Remus. Sólo tienes que volver a tu cama.

—¿Sirius?

—Hablaremos por la mañana, ¿de acuerdo?

Remus asintió y se arrastró debajo de las sábanas. Sirius no podía dejar de mirar la entrepierna de Remus, y se sintió un breve momento de satisfacción al ver lo mucho que a su amigo le había gustado lo que habían estado haciendo. Estaba subiendo a su propia cama cuando Sirius se dio cuenta de que nunca había respondió a su otra pregunta.

—¿Remus? —le llamó a través de la habitación.

El otro chico se volvió hacia él con una inquisitiva mirada.

—¿Quién es ella? —preguntó Sirius, sabiendo que no sería capaz de dormir hasta que supiera la identidad de la chica a la que ya estaba empezando a ver como su rival.

—Charlene —respondió Remus mientras subía a la cama—. Ella fue quien me envió esa tarjeta. Lily me lo dijo esta mañana.

Sirius asintió con la cabeza y se acomodó debajo de las sábanas. Un rápido vistazo a las otras camas confirmó que tanto James y Peter habían estados dormidos mientras discutían, pero Sirius sabía que no sería capaz de volver a dormir. Estaba dolorosamente excitado, pero la idea de ocuparse de su problema cuando sabía que Remus estaba mintiendo en el cuarto, pensando en su nueva novia, le parecía algo desagradable.


Nota 2: La autora quiere aclarar de que en ningún momento Sirius fuerza a Remus a hacer algo. Sólo se estaba burlando un poco de él, para tratar de tener una reacción de su parte.