Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer.

Capítulo 36. Juicio de partes.

Corría, más rápido de lo que nunca lo había hecho mientras me odiaba con todas mis fuerzas por haberla dejado sola, por no haber hecho caso a Rose sobre aquel hombre, me había cegado la ira hacía Daniel y no había sopesado la posibilidad de que él fuese inocente. El verdadero psicópata estaba con Bella, la tenía y no podía ni imaginar la clase de atrocidades que estaría haciéndola en ese instante.

Rugí con fuerza mientras aceleraba aún más el paso, ignorando los comentarios de advertencia de Carlisle que me seguía junto al resto de la familia. Nada me haría detenerme y si tenía que gritar a todo Alaska que era un vampiro lo haría, porque ese día lo sería con todas las ganas que no había tenido en los últimos cien años. Mi condición me ayudaría a matar a ese tipo aunque no tuviese más justificación que el daño que pudiese hacerle a mi Bella.

Ahora era cuando aborrecía lo lejos que habíamos construido nuestra casa en aquel lugar, sentía que el camino no acababa mientras me lanzaba a aquella lucha contra el tiempo que estaba dispuesto a ganar. Oí la voz de Alice que me advertía de un grupo de personas que estaban cerca de mí y a mi pesar aminoré la velocidad y estudié sus pensamientos para ver sí se habían percatado de algo. ¿Qué hacían conociendo la ciudad a las siete de la mañana? pensé mientras doblaba la esquina y volvía a acelerar el paso.

Temor. Sentía un miedo aterrador mientras vislumbraba los primeros edificios del campus, llevé al límite mis fuerzas y llegué hasta donde el volvo de Bella reposaba. El motor aún estaba ligeramente caliente, no podía estar demasiado lejos de allí.

El resto de la familia apareció frente a mí, observé como Jasper empezaba a buscar el rastro de Bella, yo le percibía pero en ese momento no confiaba en ninguna de mis habilidades y mucho menos en aquello que no dominaba, no era un buen rastreador pero Jasper parecía confuso, mientras se paraba frente a una esquina de la biblioteca, bien podía ser parte de la visión que Alice había tenido.

Miré a mi hermana que negó con la cabeza, compungida y aterrada por no poder ver nada. ¿Qué pasaba con nosotros?, tan fácil era engañarnos que hasta un simple humano podía hacerlo.

Escuché la moto de Jacob mientras Emmett rugía por la intervención. Seth saltó de ella antes de que Black aparcase y se dirigió directamente hacía mí.

— ¿Dónde está? —tenía bastante con mis propias emociones como para soportar los pensamientos de aquel par.

— No lo sé, Alice sólo vio a ese tipo de espaldas como la noche que mató a aquella mujer tan parecida a Bella —dije a toda velocidad mientras me llegaba el aroma de Bella.

— Esta era la manera en que la ibas a proteger —me enfrenté a su ira, era un inconsciente si pensaba retarme en ese instante, ahora no era nada salvo un estorbo en mi camino por encontrarla y si no iba a ayudar yo mismo le enseñaría la salida.

"Edward ahora no" la voz mental de mi padre me detuvo, había avanzado hacía Jacob sin pensarlo cegado por la rabia. Respiré sin necesitarlo intentando calmarme pero fue en vano.

— ¿Debemos discutirlo ahora? —vi como la vena de su cuello se ensanchaba ante mi comentario, como su cuerpo temblaba de anticipación pero me di la vuelta, no era más que un crío que no sabía controlarse.

— No la mereces —murmuró y antes de que nadie se diese cuenta me abalancé sobre él y le sujeté por la camisa exhibiendo mis colmillos.

— ¿Y tú sí?, el desayuno era con vosotros, esa era la absurda norma y eres incapaz de conseguir que no salga sola de casa —sentí el agarré de Emmett sobre mí pero no solté a mi oponente.

— Sí tú no estuvieses aquí ya habría conseguido que volviese a Forks, lejos de ese tipo y lejos de ti —afirmó con dificultad sujetando con fuerza mis muñecas.

— No me engañas —sentí el poder de Jasper que había abandonado la búsqueda para tranquilizarme—, tú aún la amas. Ella ya eligió, asúmelo y apártate de su lado.

— Basta, Edward —Carlisle estaba junto a Jacob antes de que este pudiese contestarme, con una mirada que no dejaba dudas de su resolución, leí en su mente lo inadecuado de mi actitud y solté lentamente a aquel chucho.

"Esto no ayuda, Bella está en peligro, lo primero es encontrarla y Rose tiene una pista" me dijo en su mente mi padre, busqué la de mi hermana que parecía haber obtenido la prueba a su teoría.

Emmett me liberó lentamente y Jasper evaluó mis emociones mientras que Jacob me miraba aún con ganas de pelear. Le daría la satisfacción en cuanto todo esto acabase y Bella estuviese instalada en mi habitación bajo mi constante vigilancia.

Me acerqué a Rose que no parecía segura de lo que notaba, podía oler el rastro de Bella pero era más débil de lo habitual, como sí llevase días allí. Miré a mi hermana en una muda pregunta que entendió a la perfección.

— Creo que el rastro de ese tipo se entremezcla con el de Bella por eso es más tenue —no estaba convencida, vi a Jasper y Alice buscar otro sendero en donde estaba el olor de mi Bella, era desesperante.

— ¿Cómo es eso posible?

— Aquí el olor de Bella es más penetrante —escuché a mi hermano desde el otro extremo mientras Esme se acercaba compungida.

— Quedaos aquí —me pidió Rose y en un segundo llegó hacía donde Jasper había indicado, una y otra vez volvió sobre los pasos trazados por mi hermano y después negó con la cabeza.

— Es por allí —dijo señalando hacía donde yo esperaba junto a mi madre.

No había nada claro pero vi la resolución en el rostro de Rosalie cuando reunió a la familia en el punto que me había pedido que marcase. "Deberíamos dividirnos" señaló Seth hacía mí y no supe sí asentir o negar. Me estaba volviendo loco entre lo que yo sopesaba y lo que mi familia pensaba, intenté bloquearlos a todos y centrarme en algo más allá, en él, en el acosador de Bella. No podía estar lejos.

Vi a Jacob salir de la biblioteca, había forzado la puerta y en su cara la contrariedad era enorme. Para mí sorpresa me entregó la nota que llevaba:

No aguanto más esta situación, este trabajo, este camino autoimpuesto que no me lleva a ningún lado, me marchó, no deseo que nadie me busque, olvidaros de mí como yo lo haré de vosotros. Bella.


Mi corazón palpitaba mientras observaba como Peter miraba por aquel hueco de la ventana, notaba como la circulación no llegaba a mis dedos, como la mordaza me apretaba demasiado, como me costaba respirar y aguantar las lágrimas que pugnaban por salir de mis ojos. Sí había un Dios ese día me había abandonado por completo y mi ángel, suspiré conteniendo las ansias de llorar, no me encontraría.

Percibía como el control de mi vida se me escapaba entre el frío viento que revolvía mi cabello, cerré los ojos intentando aislarme de aquel lugar, buscando en mi mente uno de mis recuerdos felices, la mayoría que atesoraba eran con Edward a mi lado, no pude evitar que una solitaria lágrima recorriera mi mejilla mientras rememoraba la primera vez que le había visto, la primera palabra que habíamos cruzado, el primer beso que habíamos compartido, nuestros corazones latían al compás y en ese momento deseaba que él hubiese regresado antes.

Ojalá mis alucinaciones hubiesen sido ciertas, hubiese acudido a Volterra a salvarle sin dudarlo, me hubiese enfrentado a los Vulturis por él, a los neófitos de Victoria y hasta a mi miedo al matrimonio por hacerle feliz, nos hubiésemos casado y estaríamos lejos de rubias locas que querían separarnos y de aquel pervertido que acechaba el horizonte, comprobando que nadie nos había seguido.

Ya no tenía autoridad sobre nada, mis lágrimas corrían libres mientras pensaba en una nota mental de despedida que ya no podría escribir, había tanto que me perdería, nunca me había dolido tanto el amor como en ese segundo. Sentía como mi alma palidecía y se acurrucaba en algún lugar recóndito de mi ser, esperando la estocada final, sólo pedía que fuese pronto o que mi locura se convirtiese en mi escudo contra él.

Abrí los ojos precipitadamente cuando Peter se sentó frente a mí, con sus piernas rodeando las mías, alargó su mano y secó mis lágrimas, no pude evitar mirarle con odio, ya no iba a perder nada por enfrentarme a él y sí iba a morir lo haría con un poco de dignidad.

— Que paz —murmuró con deleite mientras me observaba con deseo. El miedo me recorrió la piel instalándose en mi pecho, intenté no temblar, no mostrar mi desazón pero mis esfuerzos fueron en balde.

Su mirada satisfecha lo decía todo, se remojó los labios con la lengua en un gesto que me repugnó y me hizo cerrar con fuerza los ojos.

— ¿Cómo lo haces? —preguntó cómo sí pudiera contestarle—. Una sola mirada tuya y mi miembro se pone tan duro como una roca, preparado para envestirte, para demostrarte como ama un hombre a una mujer.

Una arcada acudió a mi garganta frente a sus palabras, sentía asco, repulsión y nauseas al escucharle hablarme así, sí alguna vez había considerado algo bueno en él sin duda se había desvanecido.

— Sé que es difícil entenderme —esperaba que no empezase a justificarse— pero todo tiene una explicación. Y tú puedes comprenderlo.

Le miré dispuesta a demostrarle mi fortaleza aunque me sintiese totalmente desprotegida e indefensa.

— Empecemos por el principio —sus ojos se oscurecieron mientras se evadía de todo lo que nos rodeaba y buscaba el inicio de su propia perfidia—. Mi madre, la zorra de ella —señaló con el odio más grande que había contemplado nunca.

Me removí, Peter había cerrado los ojos e intenté buscar el nudo que sujetaba la cuerda, pero tenía los dedos completamente paralizados.

— Era una puta —me detuve cuando él me miró—, se acostaba con unos y otros buscando una quimera, un imposible, era como Ícaro buscando su paraíso personal, huyendo de la insulsa vida que nos había tocado.

Sentí como uno de los tablones de madera se clavaba en mi espalda al intentar apartarme ligeramente de él pero no se dio cuenta.

— Su locura no era llegar al sol, no —me agarró por la barbilla— creía que los vampiros existían —no pude evitar agrandar los ojos ante aquella revelación pero Peter estaba demasiado extraviado en su evocación para notarlo.

Tragué saliva con fuerza y sentí mi boca reseca.

— Sabes la insensatez que decía —negué sin poder evitar mi curiosidad—, según ella, era hija de un vampiro que sedujo a su madre, algo así como un súcubo pero en hombre. ¿Cómo sí eso pudiese existir?, ¿cómo sí los vampiros no fueran más que meras historias para no dormir?

Me miró buscando mi complicidad y me encogí de hombros obteniendo una sonrisa satisfecha de su parte.

— Aguanté durante años su demencia, ni siquiera reparaba en mí, me despreciaba porque no era hijo de un vampiro, cada día me esforzaba en la escuela —apretó la mandíbula— y lo único que recibía a cambio era la palmadita en la cabeza del amante de turno. Aborrecía a aquella ramera, zorreaba con cada hombre que ella consideraba que era más pálido de lo normal, buscaba su vampiro, aquel que la convirtiese, decía que era una híbrida —se echó a reír con estridencia.

Sentí como la sangre se congelaba en mis venas ¿y sí era cierto lo que la madre de Peter decía? ¿Había una pequeña posibilidad de que Edward y yo tuviésemos un hijo? o ¿no era más que una psicopatología provocada por algún trauma?

— Un día cuando llegué a casa con mis notas de fin de curso la oí gemir en su cuarto, me asomé por la rendija de la puerta y vi como mi madre se lo estaba montando con dos hombres, ya no le bastaba con uno, ya no le importaba que fuesen las dos de la tarde o que su hijo de doce años llegase del colegio y viese semejante espectáculo. Me cansé.

Volvió sus ojos hacía mí para murmurarme lo que había hecho sin ningún signo de arrepentimiento en sus palabras.

— Esperé hasta la noche, mi madre estaba completamente borracha. Apenas podía tenerse en pie y le demostré lo que realmente era. Clavé mi cuchillo —dijo levantándole con fascinación frente a mí—, lo único que mi padre me dejó antes de marcharse. Lo hundí en su corazón apoyando mi cuerpo sobre el mango para ejercer toda la fuerza necesaria, después lo saqué, toqué su sangre y puse mi mano frente a su cara, demostrándole lo necia que había sido.

Le dije "aún así mamá, tengo más para ti", mientras la sangre le brotaba de la herida la rocié con el bidón de gasolina que había comprado, la muy estúpida pensaba que era inmortal. Recogí las cuatro cosas que me pertenecían así como su seguro de vida e incendié la casa. Todo quedó reducido a cenizas y ella también —me estremecí ante su mirada, no podía creer que alguien pudiese hacerle eso a su propia madre.

Las lágrimas inundaron mis mejillas al comprender el horror que había vivido esa mujer a manos de su propio hijo adolescente.

— No te apures, yo estoy bien —creía que lloraba por él, la angustia era demasiado penetrante—, no era más que otra fulana, que usaba esa absurda idea para justificar que no podía tener las bragas en su sitio.


Rosalie avanzó siguiendo su rastro sin creer en la nota, yo sabía que no era la letra de Bella, se parecía pero había ligeras diferencias, era una trampa más de aquel tipo, sólo esperaba que mi hermana tuviese razón, quería creer en su percepción al igual que los demás pero el tiempo era tan valioso, tan importante.

Mi mente se negaba a pensar en Bella a merced de aquel ser, sentía el veneno en mi boca cuando me le imaginaba frente a mí, entonces pude oír su mente, pude ver a través de ella a Bella amordazada y atada escuchando con horror todas las barbaridades que había hecho Peter.

Me adelante rugiendo, superé a Rosalie y me encaminé hacía aquel edificio en construcción mientras el resto de la familia me seguía apresuradamente. Tiré la puerta abajo mientras oía la última frase de aquel tipo y antes de que pudiera siquiera levantarse, antes de que entendiera lo que yo era le sujeté y le lancé contra la esquina más apartada de aquel lugar.

Di dos pasos para alejarme del campo de visión de Bella y observé como Alice se arrodillaba junto a ella para desatarle las manos.

— No dejes que se ensucie las manos —la escuché pedir mientras esperaba a que Peter se levantase, había medido mi fuerza para sólo aturdirle.

— Sácala de aquí —no reconocí mi propia voz cuando hablé a mi hermana.

— Edward —me llamó con la voz rasposa Bella y me giré a mirarla mientras Emmett y Jasper mantenían su vista sobre el profesor.

— Vete, no quiero que veas esto —acorté la distancia que no separaba y puse mi mano sobre su mejilla magullada.

— Carlisle —mi padre se acercó— por favor. Hay otros métodos para que él pague.

Observé como mi padre sopesaba las palabras de Bella, escuché en la mente de mi madre que coincidía con la apreciación que ella había hecho pero también noté la indignación de Emmett en sus pensamientos "no le dejaremos con vida" y eso era lo que yo quería.

Alice me miraba indecisa buscando una visión que me hiciese desistir de acabar con aquella vida que no valía nada.

— Es algo que debe decidir Edward —Bella miró a Carlisle atónita ante su respuesta.

— Sólo tú puedes impedir esta locura, sí lo hacemos nos convertiremos en lo que él es —estaba fuera de sí, escuchaba su corazón latir descompensado, estaba al borde de un nuevo ataque y no lo permitiría.

— Alice —no hizo falta más para que mi hermana la alzase. Seth se adelantó con firmeza.

— Por una vez podrías respetar su voluntad —había censura en sus palabras, al igual que en la mente de mi padre, aunque este había manifestado su apoyo a mi decisión sabía que iba en contra de sus valores y que le causaría una decepción enorme sí lo hacía.

Pero la venganza me consumía, me quemaba, percibía mi frío cuerpo más templado de lo normal, no le quería vivo, mi monstruo se había apoderado de mí y la satisfacción estaba cerca. No tenía necesidad de ensuciarme mordiéndole, sólo quebraría su frágil cuello y todo habría acabado al fin.

— Ahora no —señalé volviéndome de espaldas para recorrer el escaso espacio que me separaba de ese ser despreciable.

— ¡Emmett! —gritó Bella entre lágrimas, su dolor me atravesó como una estaca pero era lo mejor y con el tiempo acabaría por entenderlo— no quiero más muertes, no quiero más culpas sobre mi cabeza, no quiero que esto siga adelante, me habéis encontrado, estoy bien, vámonos y que las autoridades se ocupen de él.

Me paralicé en el acto. Vi la conmoción que provocaban las palabras de Bella en mis hermanos, Jasper se apresuró a acercarse a ella para calmarla, Emmett abandonó su posición desgarrado por los sentimientos de Bella, Esme cogió su mano y Carlisle murmuró un lo siento mientras me pedía en su cabeza que cumpliésemos con la voluntad de Bella.

Tan sólo Rosalie se quedó estática mirando al hombre que empezaba a reaccionar después del golpe. Me acerqué a Bella percibiendo como mi monstruo se aplacaba ante su visión, no podía negarle nada, no iba a ignorar lo afectada que estaba, notaba sobre mí la mirada desaprobatoria de Jacob pero no lograba descifrar sus pensamientos porque sólo me importaba el dolor que reflejaban los ojos de mi amor.

Alice la depositó en el suelo y la envolví en mis brazos mientras sus sollozos se intensificaban. Le susurré palabras de consuelo intentando calmar aquel torrente de emociones, estaba perdido en su aroma cuando sentí como Peter se levantaba con dificultad y miraba a su alrededor.

"Malditos desgraciados, pero lo conseguiré, Bella es mía" su mente me perturbó y tuve que hacer un esfuerzo para no moverme. Cerré los ojos y entonces lo vi.

Observé cómo Rosalie tomaba la decisión, abrí los ojos para ver como la mirada de Alice se oscurecía ante lo que estaba a punto de suceder, apreté contra mí a Bella y moví mis labios para que el resto de la familia supiese lo que iba a pasar, pero antes de que nadie pudiese intervenir aconteció.


Lo siento pero no tengo más palabras hoy. Entre este capítulo y el de la otra historia (Cuando consigas hablarme, por si alguien quiere pasarse) me he tomado un día sabático en mis estudios. Así que no os puedo asegurar sí el viernes habrá capítulo o tendréis que esperar hasta el domingo.

Sabéis que la historia va a seguir. A la pregunta ¿cuándo actualizo? Normalmente cada dos o tres días, me pilláis que a partir del día veinte de mayo empiezo exámenes así que a lo mejor tenéis que tener un poquito de paciencia, pero siempre aviso.

Gracias a mis queridas chicas, sois fabulosas: Chiarat, Cerezo, Adri, Mherary, Soledad, Rosh, Maleja, Yesiita, Eddie, Karolay, Emma, Lis, Loa, Mariana, Tini y la anónima. Inspiráis a mi musa cuando está cansada.

Me ha dejado agotada este capítulo. Espero que me contéis vuestras sensaciones y demás, perdonad la tardanza pero empecé a escribir a las seis y media de la tarde y son las diez de la noche cuando le acabo. Besos.