Disclaimer: Los personajes de Final Fantasy pertenecen a Square-Enix. Tan solo los inventados son de cosecha propia ^^

Link de deviantart: riny-san(punto)deviantart(punto)com


Notitas…

Aquí estoy de nuevo, siiiiiii por fín. Como siempre, pido perdón. Espero que os guste el siguiente capítulo que lo mío me ha costado, madre míaaaaaa. Se centra bastante en Jenna, algo totalmente necesario para el avance de la historia. A ver que os parece. también he dejado ilustración nueva en Deviant, nada del otro mundo pero espero que os guste .

Y ahora a leer^^

LuKuran: Buenassss! Enferma no estoy jejej pero si que creo k la inspiración me abandona de vez en cuando jejeje. Me alegro de que no te olvidases de mí y como siempre, mil gracias por seguirme y que te guste mi historia. A ver qué te parece el capi nuevo, ya me contarás ;-) Un Abrazo^^

IProOmise: Si soy yo, me has invocado esta vez? Jejejej. Horrible el sueño de Rinoa, sip, Aunque con Squall al lado tal vez se pase mejor no? Jeje. Bueno este capi también es bastante calmadito y tal vez dejes de tener tanta manía a Jenna. A ver que te parece. Un Saludo ^^

Ariadna: Heeeyyy! Aquí esta la actualizaciónnnn! Por fin, madre mía lo que me ha costado, ya lo siento. Naa que gracias por tus piropazos que de verdad me ayudan a seguir adelante. A ver que te parece este capi, hay relato de Jenna y alguna escenita interesante de Squall jejej Espero ponerte algún pelito de punta también jejej. Mil Besotes^^

Naha Arabi: Bueno antes que nada Bienvenida! Y mil gracias por dejarme review, ue como siempre digo no hay mejor cosa para seguir adelante con la historia. Me alegre mucho que te guste mi historia y también mis ilustraciones, es todo un halago XD. Espero que tengas tiempo de seguir leyéndome. Un Saludo^^

PearlSnorlax: He vuelto a tardar, sorryyyy! Mira que intento tardar lo menos posible pero… en fin que ya está aquí el capi. Pues como siempre alguna escena romanticona de Squall y Rin en el baño pa' no perder la costumbre jeje. Y la verdad de Jenna, a ver si así te cae mejor jeje, solo hay que entenderla. Espero que te guste e intentaré tardar menos la próxima. Un Beso^^

Aedora: Yo también ando desaparecida, no pasa nada. Pues naa espero que el capi no te parezca demasiado corto y que después de leer, Jenna te caiga algo mejor jejej, pobre yo también barbearía por Squall no? Jejej. Espero que te guste. Un Saludito^^


TREINTA Y SEIS

Apartamento de Squall, 13:45 h

Rinoa se encontraba en el baño, en ropa interior y con la mirada perdida en su propio reflejo. Miró su pómulo herido y también los múltiples arañazos que ocupaban sus piernas. Una magulladura a la altura de las costillas se estaba haciendo presente poco a poco. Intentó hacer memoria de la última vez que su cuerpo estuvo ileso. Le daba la sensación de que últimamente, siempre estaba herida. Podría haberse curado ella misma, su poder se lo permitía, pero era algo que no le gustaba hacer, acaso de que fuese totalmente necesario y por el momento, no lo era.

En cambio Squall, posiblemente habría conseguido deshacerse de esas heridas en unas horas. Sabía que ese virus se iba adueñando de él poco a poco. Le había visto golpear a ese hombre, una y otra vez, sin piedad, posiblemente ni fue consciente de lo que realmente hacía. Y esa velocidad ¿qué se supone que era eso? No lo había dicho pero aquello le estaba empezando a asustar de verdad.

De pronto alguien tras su espalda la sobresaltó, el hombre que ocupaba su pensamiento en ese mismo instante, apareció y se acurrucó tras ella mientras escondía la cara en su cuello.

- ¿Qué haces aquí sola? –preguntó abandonando el sugerente cuello de la muchacha y observándola a través del espejo-.

- Estoy horrible… -se lamentó ella-.

El chico meneó la cabeza de forma negativa.

- Estas preciosa… –susurró en su oído-. Por cierto aun me debes una ducha… -añadió mientras besaba el cuello de la joven-.

Ésta sonrió y recordó la mañana en la que peleó con él antes de sufrir aquel fuerte ataque. La verdad que acurrucarse en los brazos de Squall con el agua caliente cubriendo sus cuerpos, era algo que no le desagradaba en absoluto, de hecho, no se le ocurría una idea mejor.

En el momento que el agua tibia cubrió ambos cuerpo, un suspiro de placer se escapó de sus gargantas. Squall se acomodó en esa bañera semicircular y dejó que el pequeño cuerpo de Rinoa se recostara sobre su pecho.

Los brazos del chico enseguida rodearon el torso de la bruja y sintió como su cabeza descansaba ahora, en su hombro. Squall no podía dejar de besar su mejilla y cuello, una y otra vez, sintiendo la suavidad de la piel de esa joven en sus labios. Era como si necesitara demostrarle que era el Squall de siempre, a pesar de cómo le había visto comportarse la noche anterior con esos soldados.

Rinoa sintió como una de las manos del muchacho rozaba con total suavidad su pecho para luego posarla sobre su vientre, el cual acarició con delicadeza. A veces se preguntaba como las manos de ese soldado, que con tantos hombres había luchado y tanta violencia había visto, podían acariciarla de esa manera tan amable. Por mucho que creyese conocer a Squall, jamás imaginó que pudiese ser tan sumamente atento en el terreno íntimo, sabiendo lo que ella necesitaba en cada momento. Justo en ese instante eran ese tipo de caricias las que más falta le hacían.

- Estás muy callada –dijo el chico tras unos minutos de silencio-.

- Estoy cansada… -contestó casi en un susurro-.

Squall no rebatió las palabras de la muchacha y dejó que se acomodara más contra su pecho. Besó repetidas veces su frente mientras que su mente no dejaba de insistir en la idea de que Rinoa no estaba bien. Se empeñaba en hacer ver a todo el mundo que era fuerte y que podía con todo aquello pero Squall sabía de sobra, que eso no era así. Saber que Jared podía anular su poder no había sido las mejores noticias que podían recibir en eso momentos y estaba seguro de que los sueños con los laboratorios se repetían demasiado a menudo.

- ¿Tienes miedo de que Jared vuelva? –preguntó Squall casi afirmando sus palabras-.

La pelinegra no respondió y tras un largo suspiro se incorporó y pegando sus piernas contra su pecho, las rodeó con sus finos brazos. Dejó que el agua caliente, envolviendo todo su cuerpo, la tranquilizara. Odiaba sentirse tan vulnerable, tan frágil. La idea de volver a encontrarse con Jared le aterraba pero era algo que no podía decir, no se sentía con derecho a quejarse. Gente inocente estaba muriendo, el virus seguía avanzando en el organismo de Squall, incluso su compañera Reena estaba infectada y aún seguía sedada en Esthar. ¿Y ella tenía miedo de un simple hombre?

- ¿Acaso importa?

Squall frunció el ceño al escuchar aquello y desde su posición, observó durante unos segundos, como las gotas de agua que caían del pelo de la chica, resbalaban por su espalda. Después se inclinó hacia delante, y cogiendo a Rinoa por los hombros, la atrajo hasta colocarla entre sus piernas. Pegó su pecho a la espalda de la muchacha y sus brazos la rodearon por las piernas, tal y como estaba ella.

- Si, importa –dijo mientras apoyaba su barbilla en el hombro de la joven-.

El tono de Squall sonó rotundo a la vez que sereno.

- Todos dan por hecho que esos soldados venían a por mí –habló tras ella mientras la pegaba más contra su pecho-. ¿Crees que no he pensado, que tal vez, era a ti a quien buscaban? Wexford lo dejó claro, tú también les haces falta.

La pelinegra suspiró de nuevo pero fue incapaz de decir nada. Estaba realmente agotada, era como si las pocas fuerzas que le quedaban se hubiesen quedado en aquel baño. Ni si quiera sabía cuándo era la última vez que había descansado por completo. Sus pesadillas se repetían con regularidad, Jared rondaba su mente constantemente y lo único que deseaba era refugiarse en Squall, abrazarse a ese hombre y no soltarse jamás, pero no podía. No quería volver a ser esa niña indefensa, que siempre acababa pidiendo ayuda, incapaz de resolver sus propios problemas.

- Tienes derecho a estar asustada –dijo de pronto como si hubiese leído la mente de Rinoa-.

- Pues realmente lo estoy –dijo casi en un susurro-. Ya sé que ahora, Jenna o Linet… tú, Reena, sois más importantes. Yo ni siquiera estoy en peligro pero no puedo evitar sentir esto. ¿Soy una egoísta no? –dijo acompañando sus palabras con una especia de risa sarcástica-.

De pronto sintió las manos de Squall en sus brazos y como la giraba con total facilidad, debido al liviano peso de su cuerpo en el agua.

- ¡Eh! ¡No eres ninguna egoísta! –exclamó Squall cogiendo la cara de la chica entre sus manos-. Todos estamos asustados, no tienes por qué ocultarlo. Quiero que sepas que estoy aquí ¿vale? –añadió volviéndola girar y rodeándola con sus brazos haciéndola casi desaparecer en el ancho cuerpo de Squall-. Necesito que confíes en mí… -susurró en su oído-

La joven cerró los ojos ante tan agradable contacto y se acurrucó en aquel cuerpo. La verdad era que necesitaba aquella atención más que nunca y si Squall lo permitía, no sería ella la que pusiese pega alguna.


Tras el baño decidieron comer algo. Desde la noche anterior no habían probado bocado y creyeron que ya era hora. Después se sentaron en el sofá y encendieron la tele. Tal vez aquello les hiciese olvidar momentáneamente lo que realmente les estaba ocurriendo pero el sueño acabo por vencerles y sin darse cuenta de ello, se quedaron dormidos.

Fue el móvil de Squall el que les sacó de ese sueño anhelado. El muchacho se removió y vio que Rinoa estaba totalmente dormida sobre su pecho y los delegados brazos se aferraban con fuerza a su cintura. El chico acarició la cabeza de la mujer y enseguida se despertó. Squall se irguió y alcanzó el móvil que sonaba de manera insistente sobre la mesa.

- ¿Si? –contestó aun adormilado-.

Rinoa lo escuchó asentir varias veces y después colgó.

- Era Jenna, dice que nos espera abajo. A decidido volver con nosotros al jardín y dejar descansar a su hermana –explicó acariciando una de las piernas de la chica-.

- Me muero de sueño –se quejó desperezándose-.

- Puedes quedarte si quieres, no es necesario…

- ¡No! quiero estar contigo –dijo con rapidez sin dejar acabar la frase a Squall-.

Éste sonrió y tras besarla, se levantó del sofá.

Cuando bajaron a la calle, Jenna les estaba esperando sentada en un banco cercano al portal. Parecía distraída y su gesto era duro. A Rinoa tampoco se le había pasado por alto el extraño comportamiento que estaba teniendo. Apenas hablaba, ni si quiera había intentado acercarse a Squall, cosa, que a menudo hacía, sin importarle lo más mínimo que la bruja de Balamb estuviese delante.

Después de que el comandante hablase con uno de los soldados para que no perdiese de vista a Linet, se montaron en el coche y se alejaron en dirección al jardín.

De camino, la pareja intentó hablar de cosas sin importancia, la verdad que ir solo con Jenna, les resultaba algo incómodo y más viendo su comportamiento. Squall la miró a través del retrovisor. Parecía distraída, o más bien preocupada. Entendía que lo que había pasado esa noche la tuviese así pero era como si necesitase decir algo y no pudiera, como si un gran secreto estuviese siendo ocultado.

- ¿Cómo están Linet y Ada? –preguntó Squall intentado romper ese momento-.

- Bien

Fue la única palabra que la mujer rubia se dignó a decir en todo el camino.


Despacho de Kramer, 17:58 h

Cuando Squall se sentó en aquel sofá de piel oscura, frente a la mesa de su Director, le pareció que el tiempo no había avanzada en absoluto. Era como si aquel día no fuese a acabar nunca.

- ¿Todo bien por el apartamento? –preguntó Laguna desde la mesa de Kramer donde se mantenía apoyado-.

La pareja asintió y creyeron ver a Jenna, hacer lo mismo.

- ¿Habéis descansado? –preguntó esta vez Edea-.

Squall hizo una especie de mueca que no dejó clara la respuesta.

- Lo hemos intentando… -dijo Rinoa sin mucho ánimo-.

- Ya… ¿y vosotras?... –volvió a preguntar Laguna dirigiéndose a la hermana de Linet-.

Nadie contestó

- ¿Jenna? –llamó de nuevo-.

La mujer oyó resonar su nombre en su cabeza varias veces pero se encontraba absorta en sus propios pensamientos y en cómo demonios debía resolver aquello.

- ¿Eh?... sí, sí, estamos bien –contestó sin prestar atención a sus propias palabras-.

De pronto la puerta del despacho de Kramer se abrió a su lado, haciendo que Jenna diese un pequeño brinco ante la repentina intromisión. Un hombre moreno y alto, ataviado con una bata blanca, se coló presuroso en la habitación.

- Siento llegar tarde –se disculpó-.

Jenna lo observó caminar. Apenas había podido verle la cara, ya que el hombre entró apuntando algo en una agenda que más tarde, guardó en el bolsillo de su bata. Tras aquello, le comentó algo a Kramer y después se acercó a Squall. La mujer miró su perfil durante unos instantes, algo en él le resultaba familiar, muy familiar, a decir verdad. Entonces, cuando por fin el hombre tomó asiento en la otra esquina del despacho, frente a ella, pudo ver su cara con claridad. ¿Cómo no había caído antes? Era Wexford, aquel científico que ayudó a Squall a salir de los laboratorios y a quien, junto con Squall, Arzhul estaba intentando dar caza desde que abandonaron las instalaciones.

Un calor insoportable la recorrió de pies a cabeza y sintió como un pequeño mareo se apoderaba de su cuerpo. Intentó mantener la calma y pensar con claridad. ¿Había coincidido alguna vez con él? Ella sabía quién era pero, ¿el? ¿la relacionaría con los laboratorios? ¿la delataría delante de todos, descubriéndola como una traidora sin escrúpulos?

Todo a su alrededor comenzó a dar vueltas, las voces de los allí presentes comenzaron a sonar como ecos dispersos en su cabeza, multitud de frases iban y venían pero no llegaba a escucharlas con claridad. Hablaban de Rinoa, después de Squall, el virus, los soldados… de nuevo, creyéndose culpables del ataque a ella y su familia. Cada vez que escuchaba eso un puñal parecía atravesarle el corazón, creándole una culpabilidad que casi la dejaba sin respiración. ¿Cuánto más podría aguantar eso? ¿cuántas vidas más tendría que poner en peligro por su silencio? Debía acabar con eso, decir la verdad, ella era la culpable y nadie más. "Culpable, culpable, culpable, culpable, culpable…"

- ¡Todo es mi culpa!

Apenas reconoció su propia voz cuando gritó aquello. Ni siquiera había sido consciente de ello. Era como si su cerebro la hubiese obligado a confesar de una vez.

Las voces de todos se acallaron de repente y sus ojos confusos, a la par que asustados, se clavaron en ella. Jenna retrocedió instintivamente unos pasos hasta que su espalda topó con la pared.

- ¿Qué?...

Creyó reconocer la voz de Kramer pero ella solo tenía ojos para Squall, quien parecía estar totalmente absorto.

La mujer suspiró y cogiendo aire, se dispuso a repetir lo que anteriormente, había dicho. Sus ojos siguieron clavados en el comandante. Sabía que lo perdería, posiblemente, para siempre.

- Esos soldados… venían a por mí.

Vio como los ojos de Squall se estrechaban y su mirada recelosa se clavaba en ella sin piedad.

- ¿Quieres explicarte? –ordenó, esta vez, Kramer-.

Jenna suspiró.

- Yo… trabajo para Lidecorp –confesó al fin agachando la cabeza incapaz de enfrentarse a Squall-.

Una extraña sensación de alivio la envolvió de repente. Por fin podría abandonar esos laboratorios y ayudar a esos Seeds a acabar con esa pesadilla.

- Repite eso…

La voz de Squall sonó autoritaria.

- ¿Qué? –preguntó ella levantando de nuevo la vista hasta el-.

Su rostro perfecto se tornó en un gesto sombrío y demasiado confuso como para seguir hablando. Vio sus ojos azules brillar con una rabia que sabía que se apoderaba de él.

- ¿Qué acabas de decir? –preguntó de nuevo el comandante levantándose del sofá-.

Rinoa intentó detenerlo agarrándole de la mano pero el muchacho se zafó con brusquedad mientras se encaminaba con paso lento hasta donde Jenna se encontraba.

- ¡Mírame a los ojos y repítelo! – exclamó furioso-.

Su tono era, como siempre, sosegado pero cargado de rabia.

- Quería contártelo… -habló en tono algo desesperado-.

El comandante llegó hasta ella y la encaró haciendo que la mujer se pegase a la pared, hasta casi dejarla sin espacio. Jenna pudo escuchar a lo lejos, como la voz de su padre lo intentaba calmar pero ella solo podía observar esos ojos llenos de ira.

- ¿Desde cuándo? –preguntó el chico de manera amenazadora-.

La mujer no pudo evitarlo y sus ojos se empañaron de repente. ¿Qué demonios era esa mirada? Jamás lo había visto así. Observó cómo apretaba los dientes en un intento de mantener la calma, haciendo que su mandíbula se marcase más de lo normal.

- ¿¡DESDE CUANDO!? –gritó dando un fuerte golpe en la pared-.

Jenna cerró sus ojos asustada ante el repentino golpe y las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas. Seifer corrió hasta él y cogiéndole por los hombros, intentó apartarlo de la mujer.

- Déjame… -dijo más calmado deshaciéndose del agarre de Seifer-.

- ¿Por qué Jenna? Porqué… –habló muy cerca de ella-.

- Lo siento… de verdad…

Las lágrimas comenzaron a quebrar su voz.

- Perdóname… por favor… -suplicó- …yo … te quiero… -susurró con un hilo de voz mientras acariciaba la mejilla del chico-.

Squall la miró una última vez y apartó la mano de Jenna de su mejilla.

- No vuelvas a tocarme, ¡jamás!

El comandante salió del despacho sin mirar a nadie y sin decir ni una sola palabra más. Oyó a Rinoa llamarlo pero en ese momento solo conseguiría dañarla con palabras fuera de lugar. Rezó para que no lo siguiera porque ahora, era incapaz de enfrentarse a nadie. La rabia lo estaba consumiendo por dentro, incapaz de entender como Jenna, una amiga, un tanto extraña eso sí, había hecho tal cosa. Se sentía dolido y engañado. Su mente retrocedió hasta su adolescencia haciéndole recordar el por qué siempre había sido un lobo solitaria. Era su escudo para evitar que los demás le hiciesen daño, porque, lo quisieses o no, siempre acababas sufriendo por las personas más cercanas.

Todos le vieron desaparecer del despacho pero ninguno dijo e intentó nada ya que sabían perfectamente lo que Squall quería y era, estar solo.

Rinoa se giró entonces hacia Jenna que seguía con la mirada pegada al suelo intentando que ninguna lágrima más fuese derramada.

- Creo que tienes muchas cosas que contarnos –dijo intentando buscar la mirada de la mujer-.

Jenna levantó la vista hasta la pelinegra y en ella vio una sonrisa amable. Aquello la dio fuerzas para continuar. Miró a todos los que se encontraban en la habitación.

- Te protegeremos, a ti y a tu familia pero debes contarnos todo lo que sabes –comentó Kramer de manera afable-.

La mujer asintió y siguió a Rinoa que la guio hasta el sofá de color granate en el que, con anterioridad, había estado sentada ella y Squall.

Cuando tomó asiento, Edea le acercó un vaso de agua, el cual no rechazó y tras darle varios tragos, miró a Wexford. El hombre clavó sus ojos oscuros en los de ella y asintió.

- Así que tú eres Jenna.

Los demás lo miraron de manera inquisitiva.

- El tiempo que estuve allí, oí hablar de ti pero jamás te vi.

- Ya… yo también había oído hablar de ti –la mujer hizo una pausa-. Sabes que te están buscando ¿verdad?

El hombre asintió de manera tranquila, en aquel jardín se sentía protegido y nada le haría cambiar la idea de ayudar a esa gente.

- Antes de empezar quiero que sepáis que esos soldados venían a por mí y mi familia. Hace algún tiempo que empecé a negarme a hacer ciertas tareas y continuamente me amenazaban. Lo de anoche no era para nada una advertencia, venían a por nosotras.

Jenna desvió su mirada hasta las manos que descansaban en su regazo, después suspiró y prosiguió.

- Me estarán buscando y es posible que el primer lugar donde busquen sea aquí. Ellos sabían que Squall era mi vecino y amigo de mi hermana. No tardarán mucho en relacionarlo todo.

- Por eso no te preocupes, déjanoslo a nosotros, estás en una escuela militar ¿recuerdas?

Laguna la sonrió desde su posición consiguiendo arrancar una media sonrisa a esa mujer.

- Está bien… -Jenna suspiró de nuevo-. Ni siquiera sé por dónde empezar

La mujer cogió aire y se dispuso a relatar su historia.

- Como sabéis, hará un año y medio, más o menos, que mi hermana y yo nos mudamos a Balamb. Mi cuñado había fallecido y creíamos que lo mejor era empezar de cero.

Enseguida conocimos a Squall, la verdad que el tampoco parecía estar pasando una buena racha y conseguimos apoyarnos mutuamente.

Todos recordaron que hacía poco que Squall lo había dejado con Rinoa y el mudarse a aquel apartamento él solo, el cual había pensado compartir con ella, hizo que volviese a ser el Squall de hace años, callado, solitario e inexpresivo. Linet, Jenna o la pequeña Ada solo les sonaban de oídas y de verlas alguna vez por el jardín.

Seifer fue el único que consiguió sonsacarle que se había acostado con su vecina Jenna pero sabía, por su forma de contarlo, que no había significado nada. Ahora se enteraba de que para esa mujer sí que significó algo más.

Jenna prosiguió con la historia.

- No tardé mucho en entrar a trabajar en una empresa dedicada a la creación de nuevas tecnologías y rápidamente me incorporé al departamento de I+D. El trabajo no era nada del otro mundo y el salario era inferior a lo que un principio, me comentaron. Pero la gente era amable y la verdad que estaba a gusto.

Pero meses más tarde, recibí una carta en la que se me citaba para una entrevista para unos laboratorios de los que jamás había oído hablar. La verdad, que en un principio, no me interesó pero luego lo pensé y decidí acudir.

Jenna cogió aire de nuevo y continuó.

- Cuando llegue allí, el Director del lugar me estaba esperando. Me hizo pasar a su despacho y allí me habló de la importancia del proyecto que estaban llevando acabo. Repetía, una y otra vez, que cambarían el mundo. Su forma de hablar, de explicarse, me dijo que una mente como la mía no podía estar desperdiciándose en aquel lugar donde trabajaba.

La mujer agachó la mirada y dejó escapar una risa seca.

- Tonta de mí. Me dejé encandilar por la palabrería de aquel hombre, el cual, más tarde, me enteré que se llamaba Arzhul.

Un pequeño murmullo se hizo presente en la estancia y Jenna los miró de manera interrogante.

- Si, conozco a Arzhul y más de lo que os imagináis –dijo algo sarcástica-. Él es fundador y creador de toda esta locura. Por vuestras caras deduzco que ya habíais oído ese nombre.

- Si, bueno. Yo jamás llegué a verle –dijo Wexford algo incrédulo-.

- Imaginamos que también conoces a Jared, a…

Kramer fue interrumpido por la mujer.

- ¿Jared, Ektrom, Aileen? Sí, claro. Éramos su gente de confianza, junto con los directores de cada equipo de laboratorio. El resto de la plantilla simplemente acataba órdenes.

- Pero todos allí saben lo del virus ¿no? –preguntó Rinoa-.

Jenna dudó durante unos segundos y tras asentir no muy convencida, la voz de Wexford se dejó oír.

- Es difícil de explicar. Somos científicos y muchas veces la curiosidad puede con nosotros. Así que no os paréis a juzgar a esa gente que trabaja para Arzhul, creo que no lo entenderíais.

- Ya, claro

La voz de Seifer sonó irritada.

- ¿Crees que eso os justifica? –añadió alternado la mirada entre Jenna y Wexford-.

- No, para nada –dijo Jenna-. ¿Quieres que te cuente la historia o quieres empezar un debate sobre la moral humana? –añadió sarcástica-.

Seifer hizo una mueca y con un gesto de mano, la dejó continuar.

- Bien. Tardé varios meses en adaptarme al nuevo trabajo, a la gente, al horario… pero la verdad que Arzhul empezó a comportarse muy bien conmigo, ya me entendéis. –comentó mirando a los allí presente-.

- Mantuviste una relación sentimental con ese hombre ¿no? –preguntó Quistis realmente curiosa a la par que sorprendida-.

Jenna asintió algo avergonzada.

- No duró demasiado. Ese hombre…

Jenna titubeó sin saber muy bien que decir y recordando lo doloroso e insoportable que había sido la relación con él.

- ¡Dios, no le conocéis! No os imagináis de lo que es capaz –dijo en lo que a Rinoa y seguramente a los demás, les pareció un tono de verdadero miedo-.

- ¿Y Squall? –preguntó de pronto Rinoa-.

Jenna la miró de manera interrogante.

- ¿Qué pinta en todo esto? Bueno creía que tu…

- ¿Crees que le engañé? Pues no.

La mujer hizo una pausa.

- Una tarde discutí con Arzhul. Le dije que se había acabado, que no podía seguir con él. Como comprenderéis es un hombre al que no le gustan que le lleven la contraria y mucho menos que dañen su maldito ego masculino. Jamás le había visto tan enfadado, su mirada desencajada, sus gritos… Salí de su despacho lo más rápido que pude y me alejé de allí.

Anduve durante horas por las calles, intentando pensar que hacer, no podía seguir con esa situación pero realmente estaba aterrada. No sabía qué hacer ni a dónde ir. No quería que mi hermana me viese de esa manera tan vulnerable, así que llamé a Squall.

Le conté una verdad a medias pero me escuchó y comprendió. Hacía mucho que un hombre no me trataba de manera tan amable, la verdad. En ese instante entendí que me había enamorado de él.

Nuestra relación mejoró pero también hizo que fuese incapaz de mirar a Arzhul a la cara y desde ese momento, todo empeoró. Su trato hacia a mí siempre era despectivo y agresivo. La primera vez que mencionó el hacer daño a mi familia, supe que jamás podría abandonar el proyecto E-101.

- Pero ¿porque Squall? –insistió esta vez Laguna-.

- Nunca lo supe con certeza. Creo que Arzhul tiene cierta obsesión con los Seeds aunque la idea de hacerle daño, simplemente porque me acerqué a él demasiado, nunca se me fue de la cabeza.

Otra pausa en la que nadie fue capaz de decir nada.

- A partir de ahí, todo se complicó. Las desapariciones en las aldeas cercanas eran más frecuentes y la experimentación con humanos aumentó. Los medios de comunicación y autoridades del lugar, comenzaron a investigar y hacer demasiadas preguntas. Fue entonces cuando Arzhul decidió abrir los laboratorios en Galbadia. Todo allí es una tapadera, simplemente ayuda a justificar las acciones que lleva a cabo bajo tierra.

Jenna levantó la mirada y observó que lo acababa de decir no había afectado al grupo, por lo que dedujo que era algo que ya intuían. Posiblemente Wexford se lo hubiese contado.

- Nunca supe si Arzhul llevó acabo alguna estratagema para atraer a Squall y sus hombres hasta él o simplemente, intuyó que acabarían metiendo las narices en su laboratorio. Pero la primera vez que vi a Squall allí, en esa camilla metálica y lleno de tubos, os aseguro que el mundo se me vino encima. Intenté investigar, enterarme de cómo demonios había llegado allí y que pretendían hacer con él pero Arzhul hace semanas que me mantenía al margen, mi única tarea era crear artefactos e inhibidores de magia.

Antes de que nadie dijese nada, Jenna se adelantó.

- Esos seres llevan una especie de chip, que aparte de volverlos sumisos a nuestras ordenes, inhiben la magia, tu magia, Rinoa –dijo mirando a la pelinegra-. Era Jared el que nos proporcionaba dicha sangre –añadió con culpabilidad-, lo siento, no lo sabía…

- Ya da igual –exclamó la bruja levantándose con algo de rabia del sofá-.

- ¡Todo eso ya lo sabemos! ¿Por qué nos cuantas algo que nos sirva de ayuda? ¡Maldita sea! –dijo Seifer con enfado acusado-.

- ¡Porque no sé qué más contaros! –exclamó con orgullo-. Estoy intentado ayudar en todo lo que puedo.

- Tranquilizaros, los dos –ordenó Kramer-. ¿Qué más sabes?

La mujer dudó.

- No sé. Más tarde me enteré que Squall había conseguido escapar con uno de los científico –dijo mirando a Wexford-. Sentí tal alivio que me relajé por completo. Hasta que días más tarde Arzhul se enteró que había vuelto al jardín. Él le daba por muerto pero al saber de aquello, se volvió como loco. Decía que era su creación, la perfección del ser humano. Cada vez que tenía que verme con él, el miedo me devoraba por dentro.

- ¿Y Aileen?

Jenna miró a Quistis que se mantenía al lado de ese Seed rubio arrogante y se encogió de hombros.

- Supongo que su llegada al jardín coincide con la última vez que contactasteis con Squall ¿no es cierto?

Kramer alzó la mirada al techo y se quedó unos minutos pensativo.

- Sin duda. Una semana más tarde de la desaparición de Squall esa mujer se presentó en mi despacho con un extenso currículum y una carta de recomendación de un alto directivo. No pude decir que no –se lamentó de la situación al no ser capaz de ver el engaño-.

- Así que cuando fuimos a investigar a los Laboratorios nadie sabía nada, incluso negaban haber trabajado con Squall y sus hombres –comentó Laguna apoyándose en la mesa del director-.

- Siempre han ido un paso por delante –añadió Rinoa como si aquello tan solo hubiese sido un pensamiento en voz alta-.

Varios suspiros se escucharon en la estancia. A pesar de la historia que esa mujer le había contado se sentía, en parte, aliviados. Las cosas comenzaban a encajar como las piezas de un puzle.

- ¿Cuál es la situación actual? ¿Por qué fueron a por ti? –preguntó de nuevo Kramer-.

Jenna suspiró y jugueteo con sus manos de manera nerviosa.

- Arzhul necesitaba más sangre de Squall. Cree que estabilizará el virus. Le dije que no, no podía seguir mintiéndole así pero de nuevo me amenazó. Así que fue la última vez que hice tal cosa. Después de aquello hubo un accidente con uno de los sujetos de experimentación.

- Así que lo que han dicho en la televisión es cierto, una de esas cosas anda suelta –interrumpió Seifer-.

Jenna lo miró con ojos temerosos y asintió.

- No he vuelto al laboratorio. Hace días que no sé nada de Arzhul, ni de los demás. Sabía que corría peligro pero aun así, me arriesgué.

De nuevo jugueteo nerviosa con sus manos y bebió un poco de agua del vaso que había en una pequeña mesita de roble a su lado.

- Ese sitio es peligroso –habló en tono más bajo-, cuando ocurrió el último incidente con la criatura, sellaron aquel ala.

- ¿Qué quieres decir? –preguntó Rinoa adelantándose un poco hasta la mujer-.

- Que posiblemente, todos los trabajadores que quedaron atrapados allí, estén infectados.

Los murmullos empezaron a elevarse en el despacho.

- ¡Pero eso es una locura! –exclamó Seifer-.

- Mientras este sellada no hay posibilidad de fuga, creedme que está perfectamente preparada para cualquier tipo de incidente. Y no creo que Arzhul decida abrirla, aunque no lo creáis, él no quiere extender una plaga mortal.

- ¡Cualquiera lo diría! –volvió a comentar Seifer cada vez más enfadado-.

Kramer salió de detrás de su mesa y colocándose en el centro pidió que todos mantuviesen la calma. El que Jenna hubiese confesado les daba ventaja y podía ser una buena ayuda para Wexford.

- Jenna, creo que lo mejor será que vuelvas con tu hermana, le cuentes toda la verdad y si es posible, que se vaya de Balamb durante un tiempo, ¿es posible?

La mujer se quedó pensativa y después asintió.

- Tenemos una tía abuela en Winhill, seguro que está encantada de pasar el resto del verano con Linet y Ada.

- Perfecto, no obstante mandaremos hombres a Winhill hasta que todo vuelva a la normalidad. Tú vendrás al jardín y ayudarás a Wexford en todo lo que puedas.

Jenna no dijo nada ya que agradecía el trato que se le estaba dando después de que confesase que trabajaba para Lidecorp.

- Podéis retiraos hasta nueva orden.

Fueron las últimas palabras del director. Ahora necesitaba pensar y ordenas toda esa información.


Finitoooo, bueno espero que os haya gustado aunk sea un pokito jejeje. Intentaré tardar menos con el siguiente capítulo ok? Gracias por el apoyo y espero reviews

Hasta la próxima ^^

Ilustraciones: riny-san(punto)deviantart(punto)com