Tras la noticia de que Severus fue la persona que encontró a mi madre, mi mente no dejó de retenerla en las semanas siguientes. Intentaba buscar al pocionista para poder hablar con él, pero dicha tarea se volvió rematadamente difícil. No bajaba a comer con los demás profesores, al igual que tampoco se hacía ver en los pasillos del colegio. Era como si se hubiera volatilizado, quizás porque se había enterado de que su pequeño secreto estaba desvelado. En un par de ocasiones, bajé a las mazmorras para verle en su despacho, pero no había nadie. Al menos eso daba a entender, pues estaba cien por cien segura de que el profesor se encontraba en sus aposentos, sin querer recibir la visita de nadie.

La verdad es que estaba ya un poco cansada. Mi relación con el pocionista se había basado en idas y venidas continuas, como dos peonzas que bailan sobre un tablero, llegando a chocarse de vez en cuando. Ya me había hecho a la idea de que entregar el corazón a un ex-mortífago era algo muy peligroso y el cual conllevaba un camino lleno de espinas. Pero estaba dispuesta a sacrificarme. Estaba dispuesta a arrojar luz sobre aquella alma oscura la cual vivía en un mar de tinieblas, perdida, sin rumbo… Quería mitigar su dolor. Pero no era tan fácil. Un alma atormentada era como un animal herido. Por más que te acercas e intentas curar sus heridas, siempre intentará morderte, pues no conoce otro sentimiento que el dolor.

Iba a tirar la toalla cuando algo inesperado ocurrió. A la tercera semana de buscar sin éxito al profesor, comencé a olvidarme de hablar con él sobre el tema. Fue entonces cuando descubrí uno de los misterios que rodeaban mi vida desde que mis pies pisaron tierras anglosajonas.

Todo comenzó una noche casi cuando el curso estaba acabando. Me encontraba corrigiendo unas partituras que les había mandado a mis alumnos cuando la melodía que me había estado acompañando en aquellos años, volvió a sonar.

Volvió a sonar por última vez… pero yo no lo sabía.

Me levanté de mi asiento, notando mi corazón latir al son de la melancolía que transmitían aquellas notas. Salí de mi habitación y caminé por el pasillo semi oscuro, iluminado por la luna llena que se erguía tras las ventanas. A pesar de que había una luz tenue, no dudé en sacar mi varita y susurrar un débil "Lumos".

Quien me viera en aquellos momentos, encontraría a una joven vestida con un largo camisón blanco, que resaltaba su piel pálida y los mechones de pelo caoba. Casi parecía un fantasma… aunque a decir verdad, después de todo lo que había sufrido, mi alma también vagaba en pena por el mundo, buscando el consuelo de unos brazos que sabía que jamás llegarían. Tenía que seguir adelante aún así. No podía abandonar todo por lo que había luchado para sentirme bien conmigo misma, no quería mancillar la memoria de los caídos en la Primera Guerra por ser una cobarde. Había aprendido que la vida está formada por pequeñas batallas que hemos de superar todos los días.

La música se hizo más fuerte cuando llegué a la puerta del aula. Estaba entreabierta. Con el corazón palpitándome con fuerza, casi saliéndose de mi pecho, entré despacio. El interior de la sala estaba tal y como la había dejado aquella tarde. Lo único diferente que había era el piano de cola que reposaba en la esquina.

Tenía la tapadera abierta y las teclas blancas como perlas se movían, emitiendo la melodía que siempre había escuchado. Era como si unos dedos invisibles las presionaran. Me acerqué al banco y me fijé que no había nadie. Observé las teclas con atención, esperando que una figura humana apareciera ante mis ojos, descubriendo al pianista misterioso el cual me había mantenido en vilo casi todas las noches desde que llegué a Hogwarts.

Al principio no me extrañó demasiado, pues siempre supuse que algún fantasma era el responsable de aquellas notas. Pero luego me di cuenta de que los fantasmas del castillo siempre se dejaban ver por los alumnos y profesores.

-¿Ho… hola?-susurré con la garganta seca. La melodía me había cautivado. Ojalá fuera capaz de escribirla en este papel. Pero es imposible. Sólo puedo expresar lo que sentía: tristeza, nostalgia, soledad… un cúmulo de sentimientos que rebosaban en mi interior y los cuales no me dejaban mediar más de dos palabras.

De repente, una luz plateada inundó la estancia. Me giré y delante de mi apareció un animal entrecano parecido a una cierva. Tragué saliva al ver el patronus. Me acerqué despacio y levanté la mano inconscientemente, sin desviar mis ojos de los del animal. Mis dedos traspasaron el halo humeante, haciéndome sentir una calidez peculiar.

- ¿Aún sigue pensando que soy un monstruo, profesora?

Aquella voz me sacó de mi ensimismamiento, haciendo que me sobresaltara. La cierva miró a su dueño y volvió sobre sus pasos. Cuando la luz natural del hechizo iluminó la fuente de aquella voz, la sangre se me heló en mis venas. Allí de pie, con un rictus de dolor cruzando su rostro, se encontraba Severus. Vestía su habitual túnica negra y sus manos jugueteaban con su varita. El pelo le caía desordenado sobre sus hombros, haciendo que, en conjunto, pareciera que tuviera muchísimos años… que hubiera envejecido de golpe.

-Severus…-susurré acercándome al hombre despacio. Pensar que él había estado todos aquellos meses tocando aquella melodía hacía que un escalofrío recorriera mi espina dorsal. El pocionista se levantó despacio e hizo que el patronus se convirtiera en una bola de luz plateada.

- ¿Aún piensa que la traicioné? ¿Que su muerte era el destino que quería para ella?

Ante tales palabras me quedé en silencio. Sabía que estaba hablando de Lily. Cada palabra pronunciada contenía una pizca de amargura y tristeza, haciendo que una punzada de dolor apareciera en mi pecho. Me acerqué más al profesor, el cual miraba fijamente la esfera blanquecina.

-Severus… yo sé que tú…

-Dumbledore no sabe guardar un secreto. Pero sí, yo fui quien la atacó en aquella batalla hiriendo su pierna, sin matarla cuando estaba indefensa... yo fui quien la rescató de aquella mazmorra y la trajo a Hogwarts, sana y salva… Yo fui el que buscó a su madre y el que ha estado recordando la memoria de Lily en estas cuatro paredes, sabiendo que la desvelaba de su sueño…

-Dumbledore no me dijo nada de eso. No sabía quién eras hasta esta noche… y lo de mi madre… bueno, me lo dijo ella misma.-hice una pausa. Estaba a pocos centímetros de él, casi podía sentir su respiración sobre mí-Yo… sólo quería agradecerte todo… y pedirte perdón. Fui una insensata al prejuzgarte sin saber bien…

Severus levantó la mano haciendo que el silencio me envolviera de golpe. Clavó sus ojos negros sobre los míos y frunció el ceño.

-No es su culpa. Los que estaban a tu alrededor crearon una imagen de mi pasado imposible de no creer. ¿Quién iba a admitir que un mortífago estaba trabajando para la Orden por plena voluntad? Pero toda mi vida ha estado sembrada de desconfianza y temor hacia mí. No la culpo, profesora, de desear lanzarme una maldición asesina cuando se enteró de lo que hice.

-Pero eres un buen hombre…-respondí, cortando su discurso-Eres una buena persona que sufre… por favor, deja que te ayude… deja que…

El hombre dio un pequeño respingo, deshaciendo la frialdad en el que estaba envuelto. Hizo desparecer el haz de luz, dejando la estancia casi en penumbras. Me encogí de miedo y di un paso atrás, temiendo por un momento lo peor. La melodía dejó de sonar.

-No puedes hacer nada. Mi alma está condenada para siempre. Más que ayudarme, lo que estás haciendo es torturarme. Ya te dije que te pareces demasiado a ella…

-Me parezco, pero no lo soy-respondí, haciendo acopio de mi valor-Ella no está, pero yo sí. Y puedo ayudarte. Porque yo… bueno… yo te quiero.

Esas últimas palabras retumbaron por toda la estancia. Sin pensarlo, me acerqué a él y me dispuse a rozar mis labios con los suyos… pero en el último momento, noté mis muñecas aprisionarse firmemente, evitando que siguiera avanzando.

-¿Qué está haciendo?-el desprecio de sus palabras me había dolido. Cerré los ojos, notando cómo la situación en la que estábamos empezaba a hacer mella en mis sentimientos, escociendo mis ojos para anunciar la aparición de varias lágrimas.

-Darte la oportunidad que perdiste con Lily…-murmuré con un nudo nuevo en la garganta.

Aquella respuesta pareció que le sorprendió a Severus. Aflojó el agarre de mis muñecas. No me moví, no me atrevía a hacerlo. Mis ojos no rompían el contacto visual con los suyos. De mis labios no volvió a salir una palabra más.

Pero no hizo falta. Presentí que había dado en el punto crucial del pocionista. Es por eso que, aprovechando aquella pequeña oportunidad, mis labios volvieron a acercarse a los suyos, teniendo el feliz final de rozarlos y depositar un pequeño beso en ellos.

Sentí que Severus acariciaba mi mejilla levemente y correspondía al beso. Pero, como si una corriente le recorriera el cuerpo, se irguió y salió de la sala con paso firme, dejándome sola…

… con el sabor de sus labios impregnando los míos.

Canción tocada por Severus: Secret Garden (piano y violín)

[N/A: perdonadme si este capítulo es algo más corto que los anteriores. La verdad es que quería reflejar esta escena en un solo capítulo, pues para mí, es demasiado perfecta. Espero que os haya gustado, y espero vuestras opiniones, críticas constructivas y consejos. ¡Un saludo!]