Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.
Capítulo 36
Tardaría mucho tiempo en acostumbrarse a esto, pero ciertamente estaba dispuesto a intentarlo. Le agradecía enormemente al cielo que su madre no lo estuviera viendo en ese momento, de lo contrario, ella ya se hubiera desmayado, claro, no sin antes darle su correspondiente reprimenda por tan osada escena.
El sol calentaba el ambiente con vehemencia en aquel mediodía, haciendo bastante calor en los pasillos y en los salones de la escuela, tanto él como Videl, prefirieron disfrutar del período de descanso en la azotea de la preparatoria. Refugiados dentro de la refrescante sombra que una amplia pared les ofrecía, ambos se aferraban uno al otro al disfrutar de sus interminables besos.
– ¿Vamos a estar haciendo esto cada vez que estemos solos? –ella, hablándole como si se hubiese contagiado de la timidez de Gohan, le preguntó luego de separar sus labios humedecidos de los de él.
– Yo, en realidad…
¡Sí!
Quería gritarlo, que el mundo entero lo escuchara, y más importante aún, que ella lo supiera. Cómo evitarlo, le era imposible hacerlo. Habiendo añorado volver a estar tal y cómo se encontraban ahora, para Gohan era inadmisible no desear abrazarla y besarla un millón de veces hasta que se quedara sin aliento.
Había peleado por ella.
Había sufrido por ella.
Había perdido la cabeza por ella.
¡Sí!
Definitivamente sí, harían eso cada vez que estuvieran solos.
– No me malinterpretes Gohan, no es que no me…atraigas–susurró mirando a un lado–es que esto es nuevo para mí, no estoy muy segura de cómo actuar, necesito, quiero ir con calma.
– Yo te entiendo, yo tampoco sé de estas cosas pero…no puedo evitarlo–lentamente volvió a abrazarla apretando su delicado cuerpo contra el suyo, su faceta saiyajin lo manipulaba nuevamente, otorgándole una valentía que naturalmente no posee–quiero besarte otra vez… ¿puedo Videl, puedo besarte?
Videl intentó decir que no, pero las palabras no salieron. Miró al suelo, después al paisaje citadino y muy paulatinamente, orientó sus pupilas a él. Maldijo en sus adentros, sabía perfectamente cuál era la respuesta correcta a esa pregunta. Poco a poco se convertía en una adicta, y él en su adicción. Por primera vez en su vida se sentía femenina, deseada, amada, y era él, el culpable de esto.
– Sí.
No pasó ni un segundo desde su contestación, y ya podía sentir su acuciosa boca robándole la cordura con sus febriles acciones. Le encantaba, para qué negarlo, le encantaba la sensación de ser besada, y también, de besar. Y extasiada por esas caricias furtivas y sagaces, ella no deseó quedarse atrás.
Enérgica, le regresó el abrazo, rodeándolo con sus delgados brazos mientras sus lenguas giraban al bailar. Dejándose llevar todavía más, Gohan la asió alzándola suavemente poniéndola a su altura. Santo Kamisama, ella era su perdición, era como si le robara la fuerza y la voluntad con el simple hecho de besarlo. Le fascinaba, Videl lo volvía loco.
¿Cuántos besos habían compartido esa mañana?
Honestamente no lo recordaba, de todas formas, no le importaban cuántos fueron, sino, cuántos más vendrán. Escuchando el grito mudo de sus pulmones, los dos se distanciaron sin ánimos de separarse. Gohan no le quitó la mirada de encima, ella respiraba con dificultad, sus mejillas brillaban rojizas, y sus ojos, le veían perdidos y hambrientos.
¡Aquello era una locura, y amaba muchísimo ser parte de ella!
– ¿Qué hora es? –tratando de recuperar la razón, Videl buscó cualquier tema de conversación.
– Son casi la una.
– El receso se terminará pronto.
– Sí.
– Gohan, necesitamos hablar de muchas cosas, tantas que no sé por dónde empezar–recuperando el aliento, Videl lo indagó con una expresión llena de curiosidad.
– Pues empieza por el principio.
– Ya sé que eres el Gran Saiyaman, aunque no puedo evitar preguntarme si también eres el guerrero dorado que apareció hace unos meses y luego se desvaneció.
– Escúchame Videl, yo ya no quiero mirarte sabiendo que te estoy mintiendo, así que a partir de hoy seré totalmente honesto contigo–Gohan, hablando con una solidez inusitada, se ganó por completo la atención de la justiciera–te contaré cosas que creerás que son mentira, pensarás que sólo te estoy tomando el pelo, quizás, pienses que soy un loco, pero te juro que todo lo que diré es la pura verdad.
– ¿Acaso piensas que no te voy a creer? –le preguntó sonriente–Gohan, por si no lo recuerdas estuve muerta…muerta, y ahora estoy viva gracias a un lagarto gigante que concede deseos, créeme, después de algo así estoy dispuesta a creer lo que sea.
– En ese caso, lo admitiré, sí, soy yo Videl, el guerrero dorado también soy yo.
– ¿Cómo es posible que puedas volar, de dónde sacas esa fuerza, dónde aprendiste a hacer todo eso? –disparando un torrente de cuestiones, Videl apeteció la verdad.
– Es una larga historia Videl, y me llevará algo de tiempo contártela, pero al final te prometo que no quedarán dudas en tu mente–Gohan, con sinceridad, se comprometió a revelarle los secretos que lo envolvían.
– Discúlpame si sueno demasiado exigente, pero no puedo conformarme con sólo palabras–la hija del campeón crujió sus nudillos con ansiedad–quiero que me enseñes a volar y a hacer todo lo demás.
– ¿Quieres que te enseñe?
– Sí, Gohan.
– Bueno, está bien, claro que te enseñaré Videl, aunque nunca le he enseñado nada a nadie.
– ¿Cuándo podemos empezar, podría ser hoy mismo? –Impaciente, se abalanzó hacia él–ya no puedo esperar por aprender a volar.
Y ahí estaba otra vez. El magnetismo, o tal vez, era la gravedad. Gohan no lo sabía con exactitud, pero la reducida distancia entre los dos los acercó como imanes de polos opuestos. Sin embargo, fue ella la que tomó la iniciativa: ¿quién habría pensado que aquella jovencita que rechazó las miles de invitaciones provenientes de Shapner, acabaría interesándose en un nerd inocentón?
Para Videl, aquello fue una revelación, encontrando dentro de sí gustos que yacían desconocidos por ella. Era lindo y algo torpe, pero tenía un atractivo peculiar. Era delgado, pésimo para mentir, poseía un halo de misterio e inocencia que capturaba su interés. Gohan no necesitaba ser un casanova o un galán, sencillamente con ser él mismo era suficiente para hechizarla.
No demoraron mucho en besarse. Lo hicieron después de que ella le regalara un beso en la barbilla, delineando su mentón con lentitud hasta fundir sus bocas de nuevo. No obstante, para su mutuo fastidio, la campana de la escuela sonó anunciando el reinicio de las clases. Guareciendo su faz en el cálido cuello de Gohan, Videl se esmeró en recobrar la compostura antes de regresar.
– Tenemos que irnos o se preguntarán dónde estamos.
Caminado al interior de la preparatoria, Videl fue la primera en emprender el camino hacia su salón. Gohan, más pausado, la siguió bajando por las escaleras de la terraza adentrándose en los ya vacíos pasillos de la edificación. Al pasar junto al casillero de Videl evocó la visión de éste convertido en un altar, decorado con cientos de flores y fotografías de la heroína fallecida.
Habiendo Videl resucitado hacía una semana, las cosas parecían retomar su natural andar. Con ciertas excepciones, gracias a Shenlong, nadie recordaba lo sucedido: ni su madre, ni Goten, ni Dende, ni Ireza, ni Shapner…nadie. Mr. Satán juró no volver a mentirle a su hija, tenerla a su lado era un milagro que apreciaría eternamente. Y entre ellos, las falsedades ya no podían existir.
Sin embargo, para Gohan, las imágenes de esos pandilleros y policías muriendo a consecuencia de su rabia, continuaban atormentándolo cada vez que cerraba sus párpados. Videl, de a poco, fue tomando el papel de una confidente, él se desahogaba con ella liberándose de la vergüenza y del remordimiento por sus actos nada heroicos.
Un héroe defiende ideales justos.
Un héroe toma decisiones que otros no pueden.
Un héroe protege a quién sea de lo que sea sin temor.
Un héroe hará lo que deba hacer si con eso logra que la maldad no triunfe.
Ser un héroe no siempre es bueno.
Ser un villano no siempre es malo.
El bien y el mal son sólo ideas, y en ocasiones, son más sinónimos que antónimos. Y Gohan, siendo dos personas en una: un humano y un saiyajin, daba testimonio de ello. Le dio la espalda a su naturaleza guerrera por demasiado tiempo, y si bien pelear no le agradaba, era hora se hacer las paces con su otro yo. Un yo que, quiera o no, estará con él hasta el final de su existencia.
– ¿Gohan, dónde estabas? –Su maestra de literatura lo reprendió al llegar tarde–la clase comenzó hace quince minutos.
– Lo siento profesora, es que fui al sanitario.
Las risas resonaron en las paredes.
– Ve a tu asiento, por favor.
– Sí.
Silencioso, así lo hizo.
– Oye, Videl…Videl–su amiga rubia le susurraba.
– ¿Qué?
– ¿Escuchaste que el jefe de policía se suicidó? –le cuestionó en voz baja y escondiéndose con su libro de texto–ustedes eran amigos, por qué crees que lo hizo.
– No tengo la menor idea–replicó apresurada, clavando sus retinas en el chico pelinegro que se aproximaba–y honestamente, no me interesa averiguarlo, cambiando de tema… ¿podríamos cambiar de asiento?
– ¿Cambiar de asiento?
– Por favor.
– Está bien, pero por qué.
– No es nada importante.
– ¿Videl, adónde vas? –Shapner inquirió al verla levantarse de su sitio normal–iba a invitarte a salir después de clases.
– Lo siento pero…ya tengo planes.
– ¿Planes?
– Un segundo–Ireza, viendo a Gohan y a Videl con una expresión llena de picardía, los señaló con un dedo– ¡aquí hay algo extraño y voy a descubrir qué es!
– No sé de qué hablas–Videl se sentó junto al álter ego del Gran Saiyaman–yo sólo quería un cambio de aires, nada más.
– Sí, cómo no–bufó Ireza.
– Yo te creo, Videl–presumido, Shapner comentó–sugerir que a Videl le puede interesar Gohan es la idea más absurda del mundo.
– Así es–Videl contuvo su risa–es la idea más absurda del mundo…
En ese mismo instante, mientras hablaba con sus camaradas de cabelleras doradas, y debajo de la madera de su pupitre, la delgada extremidad izquierda de Videl se entrelazaba con la de Gohan lentamente y con firmeza. Gohan no dijo ni media frase, únicamente apretó con ternura esos delicados dedos de mujer que buscaban cariño en él.
Y en su cabeza, agradeciéndole mentalmente, Gohan le dio las gracias a Videl por persuadirlo de no borrar sus propios recuerdos, porque así, al conservarlos, valoraría aún más tener el privilegio de tomarla de la mano. Videl le ofrecía normalidad a la extravagante vida de Gohan, y Gohan le brindaba aventura a la monotonía en la cual ella existía.
El verdadero premio del sacrificio es estar con quien más amas, y Gohan, al fin, recibía su justa recompensa.
Fin
Gracias, eso es lo primero que quiero decirles, gracias. Muchas gracias por haber leído esta historia, gracias por todas sus opiniones desde el principio. Cuando empecé el fic, jamás imaginé que llegaría a tener más de doscientos comentarios y esto se los debo a todos ustedes, las personas que están del otro lado leyendo y siguiendo la historia, nuevamente, muchas gracias.
Como llegué a decir al comienzo, este relato era un experimento y una exploración personal de mi personaje favorito de DB: Gohan. Siempre hemos visto a Gohan como el chico tímido, inocentón y torpe, y en mi caso, esas características a nivel personal me hacen sentirme más que identificado con él; sin embargo, Gohan también tiene otra faceta, su lado saiyajin.
Gohan ha luchado con androides, extraterrestres y demás criaturas malévolas, pero con este fic deseaba enfocarme en la idea de qué pasaría si él peleara con seres humanos ordinarios, ver cómo se comportaría al desear venganza por la muerte de Videl. Quería verlo llegando al límite de su paciencia, teniendo así, un conflicto interno por sus acciones y posteriores consecuencias.
En cuanto a Videl, siempre me pregunté qué pensarían los oficiales de policía con respecto a ella. Estamos más que claros que algunos la verían como una gran ayuda en sus labores, pero, también pensé que debían haber uniformados no muy contentos con sus intervenciones justicieras. Es decir, no creo que les alegre ver como una adolescente hace su trabajo mejor que ellos.
Kimura fue el reflejo de eso: un hombre que amaba, idolatraba su profesión, que veneraba su uniforme. Él vio cómo lo que más admiraba era "corrompido" por una heroína, y sin darse cuenta, su envidia y rencor lo corrompieron a él, llevándolo al extremo de fraguar los acontecimientos que la historia nos cuenta.
Espero que el final haya sido de su agrado y que no defraudara las expectativas que pudieran tener. Esto es un pasatiempo para mí, pero le pongo más empeño y cariño al saber que existen personas en otros rincones del mundo que van a leer las tonterías que se me ocurren. Por eso les agradezco tanto que lean mis palabras, en verdad, mi eterna gratitud para cada uno de ustedes.
Al revisar, ya sólo me queda un proyecto por concluir. El fic Amadeus ha permanecido en pausa por un par de años, ya es hora de que lo retome como debe ser. Primero deberé releerlo para capturar su esencia, ya he leído unas cuantas anotaciones que tenía guardadas. Les aviso que no lo actualizaré tan seguido, por cuestiones de tiempo, pero lo iré actualizando con calma.
Termino como inicié, gracias a todos los lectores por su apoyo, por ayudar a que esta simple historia creciera como lo hizo, un millón de gracias hasta Argentina, Chile, Colombia, España, Estados Unidos, Honduras, México, Perú, Venezuela y por último pero no menos importante, a Son-Cindy, quien me pidió esto, para ti, un enorme saludo hasta la República Dominicana.
Esto es todo por ahora, gracias por leer y hasta la próxima.
