Capítulo 33
La pérdida que jamás regresará
La tensión en el ambiente podía cortarse con un cuchillo, el aire frio que sacude las ramas de los árboles, el zumbido que callaba a los demás sonidos del bosque, la tierra temblando con cada paso fuerte o colisión en el suelo. La lucha entre el bien y el mal era presente en la ladera de la montaña, Zenki y los demás peleaban con valentía en contra de aquel monstruo compuesto de humo y niebla, pero aún con los esfuerzos y ataques en grupo era difícil darle un golpe por no decir imposible. Chiaki estaba cubierta por un campo de energía formado por Goki, ella recitaba un canto que impedía al oponente escapar del sitio. Todos los demás humanos presentes estaban concentrados en las tácticas que el grupo de guerreros usaba para combatir pero sus fuerzas eran inútiles contra algo etéreo e intangible. Las intenciones de la sombras eran claras, no quería luchar, esquivaba los ataques con agilidad y no contraatacaba, solo quería atravesar el escudo para llegar a la sacerdotisa y beber de su sangre. –Esto no está funcionando- la anciana del grupo observaba con atención y de inmediato dedujo la falla en su estrategia. No fue la única en darse cuenta a tiempo.
-Así es, ninguno de los ataques funcionan en su contra. El solo quiere llegar a Chiaki sin importarle la pelea- Kasue, estaba al lado de la sacerdotisa con su arma en mano, tenía que protegerla si llegara el caso de que el monstruo pudiese atacarlos.
-debe de existir algo que lo haga tangible para que puedan atacarle. A pesar de que Chiaki está recitando el conjuro, pareciera que no funcionara- todos observaron a la miko encerrada dentro de la cúpula de energía, recitaba con fervor cada parte del hechizo pero el sacerdote Takashi tenía razón, el conjuro no estaba surtiendo efecto y eso era una desventaja muy fuerte para ellos. La batalla continuo por unos minutos entre la frondosidad del bosque, ya los guerreros se cansaban de lanzar golpes al aire y sus poderes pero nada resultaba, el espíritu solo devolvía los ataques sin mayor problema, para él, el cansancio y el esfuerzo no existían. Pero, en un descuido de solos segundos, el monstruo pudo ver una abertura en su defensa capaz de otorgarle la cercanía a su objetivo, sin pensarlo dos veces, se arrojó como una avalancha de niebla sobre sus enemigos pasando a través de ellos con una agilidad sorprendente, en solo segundos Zenki pudo ver como su oponente avanzaba con rapidez hacia el grupo humano y llegaba a la barrera, la sombra se filtró como el aire por una abertura que nadie se enteró, rodeó a la hechicera que no detectó el peligro que la envolvía. -¡Chiaki!-
Una explosión los hizo volar por los aires a todos los cercanos al campo de energía, el guerrero pelirrojo corrió con premura hacia el lugar sin importarle nada de lo que le rodeaba, quería llegar y ver a su miko viva pero la realidad fue diferente. Una tormenta feroz se acercaba rápidamente al lugar desatándose con furia, las gotas de agua caían con fuerza sobre el cuerpo herido de la joven que se hallaba bajo un charco de sangre, todos se acercaron al lugar pero fue el demon rojo quien la tomó entre sus brazos y la acercó hasta su pecho. –Maldito… ¡Maldito!- su mirada llena de furia y cólera se posicionaba en la sombra que se convertía en un ser corpóreo varonil.
-su sangre… ¡Me ha dado una fuerza asombrosa! Siento en mis venas como corre el poder del hechicero y su shikigami… ¡soy invencible!- este se escapó volando hacia el firmamento perdiéndose entre las nubes tormentosas.
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El silencio sepulcral reinaba en la sala, los ánimos estaban por los suelos pero los sentimientos de duda y amargura pugnaban con la tristeza de una batalla perdida. Todos estaban sentados en diferentes posiciones del lugar pero solo faltaba el guerrero rojo y la cazadora de espíritus. –Ya ella está más estable y ahora solo duerme… en estos momentos está con Zenki- su semblante no compaginaba con las noticias que decía. –Sayaka, ¿Puedes decirnos por qué el monstruo dijo que corría por sus venas las sangre de Chiaki y su Shikigami?- el grupo miró sorprendido e impactado a la joven que observaba asustada a los presentes.
-¿Por qué tiene que ser ella la que te responda?- Inugami se levantó en defensa de su novia que solo pudo sollozar en silencio el mal presentimiento que oprimía su pecho.
-Kasue…- la científica respondió la pregunta silenciosa que le pedía por sus ojos llorosos, balanceó su cabeza de forma negativa y luego con un suspiro largo y triste, desvió su mirada al suelo.
-¿Me puedes decir que me perdí? Porque yo no entiendo nada- Sago preguntó en susurro a su hermana que estaba sentada a su lado. Ella elevó sus hombros en señal de desconocimiento del suceso. También estaba preocupada por su ama, porque la cantidad de sangre que derramó era muy grande pero no salía de ninguna herida importante.
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El pelirrojo estaba sentado a su lado agarrando su mano, la veía dormir tranquilamente pero en su rostro se visualizaba las heridas hechas por aquel monstruo, sus ojeras era signo de la pérdida de sangre que tuvo pero nada de eso se comparaba con el gran dolor que muy pronto sufriría apenas abriera sus ojos. Paseó su mano por sus mejillas y notó que se estaba despertando, intentó darle la mejor sonrisa que podía en esos momentos. -Zenki… ¿Dónde estamos?- exclamó con una voz ronca y reseca. Acercó su mano hasta la suya pero le preocupó la mirada sombría cuando pudo enfocarse en sus ojos.
-En la casa de la abuela Saki… ¿Cómo te sientes?-
-Me duele un poco la cabeza y mis piernas… ¿El enemigo escapó, cierto?-
-Eso no importa ahora, lo importante es que te recuperes- ella asintió y para estar segura de que su hijo estuviera bien, bajo su mano a su vientre pero una ola de temor la invadió al sentirlo más plano de lo normal. La miko se levantó aterrada apartando la sabana que la cubría, Zenki la tomó entre sus brazos intentando calmarla pero eso sería imposible ya que al instante comenzó a llorar con dolor, sus gemidos desgarrantes chocaban una y otra vez en el corazón del pelirrojo. Por más que intentara consolarla era irremediable, acababan de perder a su hijo.
Al día siguiente, Chiaki veía la ventana de su cuarto llena de dolencia, ya era de día y las hojas de los árboles se mecían con el vaivén del viento, sentía un vacío tan grande que no podía soportar. Sin percatarse, una pequeña de cabello blanco se acercó despacio con unas flores en sus manos, se detuvo a la orilla de la cama y aproximó su regalo a ella.- Las conseguí en el jardín. Pensé que te gustarían así que te traje las más bonitas- La sacerdotisa no pudo evitar esbozar una sonrisa por el gesto tan tierno que la niña le demostraba, tomó las flores para oler su aroma que le llenaban de calma a su turbio corazón. Kitsugu se subió a la cama al ver como ella colocaba las flores a un lado y extendía sus brazos pidiendo que la abrazara. La niña no tardó en hacer lo que le pedía rodeando su cuello con sus brazos, Chiaki la abrazó con fuerza mientras lloraba. –No llores, seguramente él volverá cuando tú y papá acaben con esa cosa mala-
-¿Eh?- ella la miró al rostro confundida por lo que comentó su pequeña inocente.
-Papá me dijo que estabas triste porque la cosa mala te quitó a tu bebé. Te escuché llorar anoche y me preocupé mucho por ti, así que esta mañana fui a buscarte unas flores para que te alegraras. Ya no sigas llorando, te aseguro que tu bebé va a volver cuando la cosa mala se muera-
-Mi pequeña, si todo fuera tan fácil como lo dices pero mi niño ya no regresará. Yo fui muy irresponsable en su protección y por mi culpa lo perdí-
-¿Recuerdas cuando yo perdí mi zapato y lloré mucho porque era un regalo de mi papá? Tú me dijiste que las cosas que se pierden siempre vuelven cuando sea el momento y cuando menos te los esperas. Yo encontré el zapato al día siguiente. Así encontrarás a tu bebé-
-Kitsu, eso pasa cuando perdemos algo material pero cuando es una vida, esta no vuelve sino que muere. Las personas cuando mueren se van para siempre y jamás regresan al mundo de los vivos. Mi bebé falleció por qué no lo protegí como debía-
-¿Entonces no regresará?- preguntó con los ojos apagados y la cara triste. Chiaki le negó en silencio su pregunta provocando que la niña la abrazara con fuerza, ella la rodeó con sus brazos meciéndola de un lado al otro, esta vez era la pequeña que lloraba junto a ella. Zenki no se imaginaba la clase de hija que tenía, con un corazón tan lleno de inocencia y ternura que podía provocar que cualquier persona se encariñara con esa pequeña. La sacerdotisa sintió esa sensación maternal y después de abrazarla un buen rato, la besó en su frente secándole las lagrimitas que se deslizaban por sus mejillas rosadas.
